RELACIÓN ENTRE EL TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIÓN CON HIPERACTIVIDAD Y EL TRASTORNO POR CONSUMO DE SUSTANCIAS (REVISIÓN)


Carlota Rojo-Valdemoro, Juan Rojo-Moreno, Jesús A. Santolaya Prego de Oliver

Publicado en: Revista Española de Drogodependencias 46 (1) 21-41. 2021.

Introducción:

Existe una elevada comorbilidad entre el trastorno por déficit de atención e hiperactividad
(TDAH) y el trastorno por consumo de sustancias, asociando una mayor gravedad
de las adicciones, menor edad de inicio del consumo, así como una mayor cronicidad de la
drogodependencia. En los pacientes con patología dual el tratamiento resulta ser una tarea compleja, por lo que la eficacia farmacológica ha sido objeto de múltiples estudios académicos en las últimas décadas. Objetivos: El objetivo principal es realizar una revisión bibliográfica acerca de esta comorbilidad, para conocer si el TDAH se considera un factor de riesgo en el desarrollo de un Trastorno por Consumo de Sustancias (TCS) en la adolescencia y en la edad adulta. También se pretende examinar si el tratamiento farmacológico del TDAH previene el desarrollo de TCS y si es segura su prescripción en pacientes con dicha comorbilidad. Metodología: Se realizó una búsqueda bibliográfica principalmente en la base de datos PubMed, en la que se introdujeron las palabras clave y se aplicaron los criterios de inclusión y de exclusión. Resultados: Los pacientes con TDAH tienen más riesgo de desarrollar dependencia al alcohol (OR 2,31), a la nicotina (OR 2,28) y al cannabis (OR 1,73); así como de desarrollar un TCS (OR 2,49) en la edad adulta.

Conclusiones:
El TDAH es un factor de riesgo para padecer un TCS, siendo seguro el tratamiento en
pacientes con patología dual además de mejorar la drogodependencia.

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Introduction:

There is a high comorbidity between attention deficit hyperactivity disorder (ADHD) and substance use disorder, with a higher severity of addictions, an earlier age on the onset of the consumption, as well as an increased chronic drug dependence. In patients with dual pathology treatment appears to be a complex task, causing the pharmacological efficacy to be object of study of multiple academic studies in the recent decades.

Objectives:
The main objective is to carry out a literature review on this comorbidity, in order to know
if ADHD is considered a risk factor in the development of a Substance use disorders (SUD)
in adolescence and adulthood. It is also intended to analyze whether the pharmacological
treatment of ADHD prevents from the development of SUD and whether its prescription
is safe in patients with such comorbidity. Methodology: A bibliographic research was carried
out mainly in the PubMed database, in which the keywords were introduced, and the inclusion
and exclusion criteria applied. Results: Patients with ADHD are at greater risk of developing
dependence on alcohol (OR 2.31), nicotine (OR 2.28) and cannabis (OR 1.73); and developing
a substance abuse disorder (SUD) (OR 2.49) in adulthood.

Conclusions:

Attention deficit hyperactivity disorder is a risk factor for developing a substance abuse disorder, being the treatment safe in patients with dual pathology as well as improving the drug dependence.

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Para ver el artículo completo publicado en: Revista Española de Drogodependencias 46 (1) 21-41. 2021 v46n1_rojo.pdf (aesed.com)

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ENAMORAMIENTO Y AMOR (DESDE ORTEGA Y GASSET)


Juan Rojo Moreno

J. Ortega y Gasset realizó diversos planteamientos sobre el amor y Revista de Occidente en su colección “el Arquero” recoge los diversos ensayos que nos sirven como referencia, sin ser esta aportación un resumen de la obra. [1]

La manera como ahora entendemos el amor  (con todas las variantes que le han dado tanto los literatos, poetas…) no ha sido ni mucho menos la forma de significarlo en la historia. Realmente  señala Ortega como en la corte papal de Avignon (siglo XIV) fue la primera vez que entraron las damas a formar parte de la “sociedad”. Constituida en su mayor parte por dignatarios célibes, apareció en ella un tipo original de mujeres que llevaban una vida independiente y cultivada: eran las “cortesanas”.

Luego aparece el mágico poder de “encantar” en las mujeres y aún en el siglo XIX el concepto fundamental era que el hombre valía por lo que hacía, pero la mujer por lo que era: encanto.

Y Ortega a principios del siglo XX expresa esas ideas que venían arrastradas desde el XIX y que hoy en el s. XXI parecen -al menos en ciertas sociedades civilizadas, que no es así en toda la planetociedad (sociedad planetaria)-  en cierto modo caducas en relación con el desarrollo de la individualidad humana de los últimos 100 años, pero que están acorde con el contexto de su época, y así dice (1924): “el fuerte de la mujer no es saber, sino sentir… y unas mujeres certeramente apostadas en una sociedad, educan, pulen su persona, hasta hacer de ella un perfecto diapasón de humanidad, un aparato de precisión sentimental, un órgano de aguda sensibilidad…”. Pero aparte de estas ideas, tengamos en cuenta que el análisis profundo que hace del enamoramiento sirve igual para la actualidad.

Señala Ortega que: “un ensayo sobre el amor es obra sobremanera desagradecida. Si un médico habla sobre la digestión la gente escucha con modestia y curiosidad. Pero si un psicólogo habla del amor, todos lo oyen con desdén, mejor dicho, no le oyen, porque todos se creen doctores en la materia… existen razones sobradas para que las cuestiones de las que todo el mundo presume entender, amor y política, sean las que menos han progresado y prefieren callar los que mejor hubieran hablado”.

El enamoramiento lo concibe el psicoanalista C. G. Jung como una irrupción abrupta de un arquetipo inconsciente, que cada persona tiene del sexo opuesto al principal que se manifiesta en su personalidad. Así los varones tendrán un  arquetipo sexual femenino (lo denomina Anima) y las mujeres tendrán un arquetipo sexual masculino (lo denomina Animus). En el enamoramiento proyectamos nuestro propio arquetipo sexual en la persona objeto de él, y de ahí la perfección que se descubre en el enamorado o enamorada. Por esto cuando aparece la crisis del enamoramiento, a partir del primer año, lo que ocurre es que se retira el arquetipo (proyectado en el otro) y entonces se encuentra con la otra persona “real”. Ortega en 1924, sin entrar en factores inconscientes, ya señalaba que hay “dentro del alma femenina un imaginario perfil, el cual aplica sobre cada hombre: toda mujer lleva en su intimidad preformada una figura de varón, solo que ella no suele saber que lo lleva”.

 Ortega no abunda más ni desarrolla este concepto de forma igual para el hombre, como haría más adelante C. G Jung. Pero sí especifica que el “amor del enamoramiento” se caracteriza por sentirse “encantado” por otro ser y el sentirse absorbido por él hasta la raíz de nuestra persona, y señala (1925) que el enamorado vive, no desde sí mismo sino desde el otro.

En el enamoramiento no se produce, pues, un acto de voluntad  más o menos preformado, y por esto no podemos enamorarnos de quien no es posible, ni con la voluntad desenamorarnos cuando queramos.  Señala Ortega como en la práctica si vemos que en la persona amada la voluntad funciona, que “se hace reflexiones”, que encuentra motivos muy respetables para amar o amar menos, suele ser el síntoma más inequívoco de que en efecto no ama [no está enamorado].[2]

Ya anteriormente en el magnífico libro Del Amor, Stendhal (1822) desarrolla su teoría de la “cristalización” que coincide en gran manera con lo que refirió luego, de forma más elaborada, C. G Jung. Nos enamoramos (señala Stendhal) cuando sobre otra persona nuestra imaginación proyecta inexistentes perfecciones. Un día la fantasmagoría se desvanece y con ella muere el amor.

La teoría de la “cristalización” es idealista -señala Ortega- porque hace del objeto externo, hacia el cual vivimos, una mera proyección del sujeto; en esta teoría se reconoce que el hombre solo ama [se enamora] de lo amable, lo digno de ser amado, mas no habiéndolo en la realidad tiene que imaginarlo. Esas perfecciones fantaseadas son las que suscitan el amor [enamoramiento].[3]

Para Ortega el enamoramiento es un estado de miseria mental en el que la vida de nuestra conciencia se estrecha, empobrece y paraliza. Muchas veces se llama amor al “enamoramiento” que es un estado del alma complejísimo donde el amor, en sentido estricto, tiene un papel secundario. No se trata en el enamoramiento de un enriquecimiento de nuestra vida mental, sino todo lo contrario. Hay una progresiva eliminación de las cosas que antes nos ocupaban. Sin embargo, el enamorado tiene la impresión de que su vida de conciencia es más rica. Al reducirse su mundo se concentra más.

La elección de la persona amada supone que ha de donarse una relación de intus a intus, de ambas interioridades, por lo que no puede perdurar si no hay una cierta selección compatible con algunas características de nuestra intimidad. Y ha de recaer en alguien que también sea receptiva de nuestros propios aspectos íntimos.

 Por esto señala Ortega que en la elección de la amada revela su fondo esencial el varón; en la elección del amado la mujer. Es, pues, el amor, por su misma esencia, elección. Y como brota del centro personal de la profundidad anímica, los principios selectivos que la deciden son a la vez las preferencias más íntimas y arcanas que forman nuestro carácter individual.[4]

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En esta obra de Ortega y Gasset se nos introduce en la dificultad de hablar del amor. No es una recopilación de ensayos sobre el amor al uso, de poesía, etc. Creemos saber mucho sobre el amor cuando en realidad sobre él realmente mucho es lo que desconocemos: como, por ejemplo, cómo lo entendían los etruscos, de los que proviene la palabra amor, y en los romanos que la adquirieron siendo para Platón solo entendible en la relación varón con varón y difícil de imaginar entre los dos sexos diferentes (hombre, mujer). Luego se siguió utilizando esta palabra sin que tuviera el significado actual sino es a partir del siglo XII.

Bueno, lo de “significado actual” tampoco está muy claro pues ni a principios del siglo XX se podría haber leído cómo entienden el amor, y el enamoramiento los neurobiólogos, relacionado todo con la dopamina, la serotonina, la oxitocina…

A final no será cuestión de “amor” sino cuestión de neurotransmisión…

Para los interesados en  amor y neutransmisión, ver el documental “el amor más que un sentimiento”


[1] J. Ortega y Gasset. Estudios sobre el amor. Revista de Occidente 1966. La primera edición fue en 1940 pero es a partir de la 10ª que se recogen un número más amplio de estos ensayos.

[2] Al final del Capítulo sobre “Amor en Stendhal” señala Ortega que “al terminar este ensayo me importa recordar que he intentado en él exclusivamente describir un solo estadio del gran proceso amoroso: el “enamoramiento”. El amor es operación mucho más amplia y profunda. Todo amor transita por la zona frenética del “enamoramiento”; pero en cambio existe “enamoramiento” al cual no sigue auténtico amor: No confundamos, pues, la parte con el todo.

[3] Ortega en nuestra obra de referencia dedica todo un capítulo de “homenaje” a Stendhal, aunque no está de acuerdo en muchos de los conceptos de Stendhal, pero tengamos en cuenta que Ortega escribe este capítulo en 1926 y Jung tras la ruptura con Freud en 1914 es cuando se dedica a desarrollar más sistemáticamente sus ideas sobre el Inconsciente Colectivo y los Arquetipos hacia 1930, como por ejemplo: “Sobre los arquetipos de lo el inconsciente colectivo” (1934/1954) o “El concepto de inconsciente colectivo” (1936).

[4] Cierto que, señala Ortega, contra esta idea que en la elección amorosa revelamos nuestro más auténtico fondo cabrían innumerables objeciones, mas nuestro autor indica que las que él ha conocido le han parecido inoperantes, poco rigurosas o improvisadas por un juicio sin cautela.

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ANTROPOLOGÍA NEUROCULTURAL Y CUÁNTICA


(ANTROPOLÓGICAS)

Juan Rojo Moreno

Luis Cencillo escribe en 1978 su obra El Hombre, Noción Científica en la que nos plantea interesantes cuestiones antropológicas.[1]

La investigación de lo humano (Antropología) ha sido tan prolífera y complicada en cada una de las múltiples áreas que ocurre como con los coches modernos que sabemos qué es un automóvil, sabemos que tiene motor, ruedas, asientos… pero si tuviéramos que comprender cómo funcionan todos los microchips y todas las partes nos vemos tan perdidos como conocer cómo funciona una televisión “Q-led”. Igualmente hay tanto escrito sobre “lo humano” que más allá de saber que somos humanos no entendemos sino parcialidades que nos aportan distintas ciencias y saberes sobre nosotros mismos sin comprender realmente qué somos.

Por esto dice acertadamente Cencillo que “se impone un cambio de concepción, de intención y de métodos en la Antropología semejante a la que supuso para la Física y la Química tradicionales la revolución einsteniana y cuántica”. La paradoja de la antropología es que disponiendo de sinfinitas vías de penetración para conocer al hombre, no nos acaba de decir qué es el hombre y en qué consisten los proceso humanos, a diferencia de la Física que con muchas menos vías de penetración se atreve situarnos, sin apocamiento, en múltiples universos paralelos y con “teorías de las cuerdas” o la Teoría M del entendimiento “total” del universo tras el descubrimiento del Bosón de Higgs… que son indemostrables experimentalmente, siendo todo muy científico y haciendo autentico cosmo-humanismo y hasta teología sobre si existe o no Dios. La antropología, más “miedosa”, solo se atreve con parcialidades humanas a las que poder aplicarle el método científico, sin alcanzar a definir su propio estatus de complejidad.

Señala L. Cencillo que la denominada ciencia exige una cuantificación fisicomatemática (cuantificación, verificación, modelización matemática…) y cuando una investigación sociológica, antropológica, psicológica o clínica se aparta de este proceder se le considera como acientífica o incluso como “literaria”.

Es necesario que aparezca una nueva ciencia que incorpore todos los campos del saber “o se arbitran métodos específicos, con igual valor científico que la fisicomatemática, más adaptados al fenómenos humano o el fenómeno humano y el hombre no serán en absoluto susceptibles de reflexión científica”. En ella la modelización no ha de ser forzosamente matemática ni la verificación solo cuantificadora y el dato no ha de reducirse exclusivamente a medida.

 Sería perfectamente absurdo -insiste Cencillo- que el hombre y sus procesos y fenómenos no pudieran ser conocidos por el hombre mismo con el mismo rigor y control que los procedimientos científicos exigen, en su genuidad total… y quizá sea necesario arbitrar otro tipo de saber, igualmente riguroso y controlado, pero que no se llame “ciencia”. Lo que está en estos malentendidos es el prejuicio, nada justificado, de que una ciencia ha de versar acerca de objetos cósicos, tangibles y medibles y que los fenómenos más complejos y menos físicos no son susceptibles de un conocimiento riguroso, controlado y preciso.

La “verdad” científica, sigue nuestro autor, no es nunca absoluta ni definitiva y puede coexistir con otros “valores de verdad”. Hacer de la ciencia la base única de la certeza y el único modo de obtener conocimientos absolutamente válidos en todos los órdenes es absurdo pues no puede explicar totalidades complejas, porque no existe una ciencia total de la totalidad, y se limita a campos a puntos muy concretos de cada región. Esto es lo científicamente serio aunque no impide que en las distintas áreas científicas se construyan generalizaciones que no son verificables sino a gusto personal de los cultivadores de una disciplina concreta. [2]

Este problema es abundante en ámbitos de encaramiento ante lo humano, como ha ocurrido en la sociología, la psicología y la psiquiatría. En el primer campo las encuestas de opinión y de valoración permiten transmutar en números lo que la gente “piensa”, pero luego “se manejan” los números dando resultados en ocasiones sorprendentes. Realmente a muchos encuestadores no les interesa la opinión real sino la “orientación” (evidentemente hay otras ramas de la sociología más “serias”). En psicología ocurre algo parecido cuando usamos test y técnicas concretas de intervención psicológica: un profesional aplica una técnica y unos test determinados y puede trabajar con la persona desde una perspectiva, pero otro profesional utiliza otros test y diferente técnica y la perspectiva de trabajo cambia totalmente (y hasta cierto punto la “concepción” del hombre). En psiquiatría tenemos también un tanto cuando se utilizan solo criterios clasificatorios (tipo DSM o CIE) para definir la enfermedad y aplicar el tratamiento sin determinar el padecimiento en la biohistoria individual y situacional. Este problema ha hecho incluso que aparezca una corriente denominada “Nueva Psiquiatría” que no es tan nueva ni sólo psiquiatría pero significa una protesta ante la cosificación diagnóstica del enfermo psíquico (corrientes de este tipo ya ha vivido la psiquiatría en su historia: son “nuevos odres para vino añejo”).

Por ello, señala L. Cencillo: exigir de la Psicología o de la Antropología procedimientos experimentales exclusiva o prevalentemente para su validación como tales “ciencias positivas” es una ingenuidad metodológica pues entre otras cosas el objeto (el ser humano) además tiene historia.

Podemos preguntarnos ¿por qué existen tantas “antropologías”? Existe una antropología social, también cultural, existencial, filosófica…, y si bien estamos de acuerdo con lo expresado por nuestro autor, pero el problema de lo humano lo soslaya (en parte) cuando dice “primero asumir el objeto de la investigación [el hombre] y en función de él construir el método más adecuado a su naturaleza peculiar”. Ahí está uno de los grandes problemas del porqué se han fragmentado las antropológicas. ¿Cuál es la naturaleza del ser humano? Este asunto aún queda indeterminado, y como en el caso de la Teología Negativa que dice todo lo que NO es Dios, pero no llega a definir a Dios, pues aquí ocurre algo parecido: el ser humano (su naturaleza) NO es la bondad, la inteligencia, el habla, la fantasía, el pensar… siempre encontraremos algún ser humano cruel, malvado, menos inteligente, de mucho hacer (faber) y poco pensar o reflexionar… Si la antropología quiere que se le aplique una “Ciencia Total” antes deberá definir claramente  en qué consiste el objeto/sujeto al que se le aplica, es decir, su naturaleza.

Por esto señala Cencillo “no vamos a comenzar afirmando que existe un ser que es el hombre, tal como se le percibe sensorialmente y con unas propiedades muy determinadas. Pero lo que sí tenemos que afirmar es que a todos los niveles se nos da como objeto de percepción, de reflexión y de investigación un tipo especial de fenómenos específicos que clasificamos de humanos”.

 Siguiendo la tesis de Mühlmann de que “naturaleza y cultura no son planos antitéticos, sino meramente dispares: Naturaleza es solamente un potencial, mientras que Cultura es la manifestación del mismo”, considera Cencillo que es un error considerar ambas cosas separadamente como si alguna vez en la historia humana hubiese vivido algún pueblo en “estado de naturaleza” o como si en el ser humano se pudiese prácticamente localizar una “naturaleza” independiente de los demás aspectos comunicacionales, sociales diferenciados, psíquicos y, en definitiva, culturales.

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Luis Cencillo en su voluminosa obra, que nos ha servido de referencia, hace un profundo, intenso y apasionado intento de vislumbrar una nueva “ciencia” que fuese capaz de acercarnos al complejo ser que es lo humano.

Y en este sentido señala: ¿se nos hace necesario renunciar a una verdadera ciencia del hombre en cuanto humano?, ¿o habrá que contentarse con un saber científico pero reduccionista del objeto hombre (lo social, lo biológico, lo ecológico…)  que lo mutile y nos dé una “ciencia” no del hombre sino de un objeto imaginario y constructo convencionalmente preparado por el científico y por su ideología?

Un saber que no dejará de ser útil pues arroja unos resultados parciales válidos hasta cierto punto, y en determinadas regiones realizaría avances del conocimiento acerca del fenómeno humano. Pero no podría llamarse con propiedad Antropología pues no estudiaría al hombre en cuanto tal. Dado que el saber y la ciencia orientan la planificación de la vida colectiva y su ejecución y el objeto presentado por ella se constituye en paradigma de la praxis, el objeto de la antropología si aparece mutilado y falseado por la ciencia misma, tendrá como consecuencia inevitable la mutilación y la falsificación de los hombres concretos y vivos.

Se impone un modelo totalizador propio y específico de la antropología, un método que no provenga de ninguna otra ciencia (como ha venido sucediendo) sino de la antropología misma de acuerdo con la especificidad de su objeto: lo humano.

A mi entender, aún no ha fraguado esta posibilidad. Quizá con el tiempo y gracias a las mayores capacidades de integración que nos permiten los análisis dimensionales y cualitativos (y otros que desconozco) se pueda a partir del conocido Big-data (o nuevas creatividades) tener una imagen más cercana y real del todo humano o de los filtros humanos.

Y quizá, para conocer una imagen del hombre no solo nos venga bien lo vivencial, lo situacional, lo biológico, lo neurocultural…, quizá tengamos que llegar a integrar en esa “nueva ciencia” cómo crea en su naturaleza incluso lo más minúsculo de su constitución: el mundo cuántico. Quizá la Antropología (completa) haya de nutrirse también de una parte aún olvidada para ella e inalcanzada: de una Antropología cuántica.

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[1] Luis Cencillo Ramírez. El hombre, noción científica. Ediciones Pirámide, Madrid 1978. Es nuestra obra de referencia. Agradezco a un “amigo” de años del mundo de la comunicación la recomendación de leer a L. Cencillo.

[2] Ya lo decía Gabriel Marcel en “Los Hombres contra lo Humano”: la civilización occidental, en su última fase de progreso, ya no es consciente del individuo, y nada permite esperar que alguna vez llegue a serlo. Esta sociedad no conoce únicamente más que algunas de las dimensiones del individuo; para ella, no existe el hombre integral tomado individualmente. El occidente ha creado una sociedad semejante a la máquina. Obliga a los hombres a vivir en el seno de esta sociedad y a adaptarse a las leyes de la máquina. Cuando los hombres se parezcan a las máquinas, entonces no quedará ya hombre sobre la tierra”.

Hoy ya no es solo la “sociedad occidental”. Si nos descuidamos igual los hombres conseguimos vencer a “lo humano”, aunque no sabemos si como “máquinas” seremos capaces de sobrevivir.

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DESDE LA SALPETRIER A LA PSICOLOGÍA Y PSIQUIATRÍA “DE LAS MASCARILLAS”


J. Rojo-Moreno

ML. García-Merita

Las distintas revoluciones en la relación profesional ante la enfermedad han supuesto desde tener que defender al enfermo, creándose por primera vez en Valencia (España) por el Padre Jofré en 1409 la primera institución que protegía a los “locos” y marginados de la sociedad, a que unos siglos después se produjera la tremenda y simbólica liberación de las cadenas de los enfermos en la Salpêtrière realizada por Pinel.

Ciertamente -señala G. Didi-Huberman (2018)- Pinel liberó a las locas de la Salpêtrière, las sustrajo de su puro secuestro, pero esta apertura supuso también una inserción: inventó el Asilo como “pequeño gobierno”, según solía llamarlo, con su “jefe de policía interna” y siempre con sus “celdas”, “celdillas”, “calabozos”, “jaulas de locos y mazmorras”. E incluso en calidad, no de médico, sino de vigilante fue como entró Esquirol (discípulo de Pinel) en la Salpêtrière en 1811.

Cuidar ahora sin cadenas era “internar” y se justifica que ya no se les “somete” a la organización del asilo, sino que sencillamente entran allí.

La psiquiatría que se desarrollaba en esas épocas era en relación con el paciente totalmente ex-visu. Se les veía, clasificaba y si era preciso se les internaba o entraban en el asilo correspondiente. Poco se conocía del paciente: sus síntomas, su demencia o idiocia, como ocurría con las tres mil mujeres encerradas en la Salpêtrière desde 1690 “diagnosticadas” de vagabundas, “mujeres caducas”, “viejas pueriles”, epilépticas, “mujeres chochas”, contrahechas e incorregibles…

En este brevísimo recorrido histórico tenemos que saltar ya hasta Sigmund Freud cuando aplica un método a los pacientes no solo “ex visu”, sino fundamentalmente “ex auditu”. Es decir, ya por primera vez en la historia se realiza una escucha del paciente, de su patología y de aspectos de la vida que interesaban al psicoanálisis. Al menos el avance fundamental es que el paciente es escuchado como persona que tiene historia.

         El diálogo anamnésico anterior a Freud era solo testifical; el enfermo contaba o describía al médico algo de lo que había sido testigo pasivo, una enfermedad infantil, un dolor lumbar, etc. Por obra de Freud la anamnesis se hace también interpretativa y el coloquio anamnésico se extiende a zonas de la intimidad del enfermo hasta entonces inexploradas (proyectos de vida, creencias, sentimientos y recuerdos recónditos, etc.). Además, la palabra deja de ser solo un instrumento de pesquisa y se convierte en agente terapéutico: Freud introduce en medicina con una importancia inédita la psicoterapia verbal.

Esta línea fue luego más desarrollada por el psiquiatra K. Jaspers cuando realiza su método de “la comprensión” de los motivos de la vida para entender la enfermedad y cuando un poco más adelante Max Scheler aporta también la comprensión emocional.

Todo esto supuso que la relación profesional en la salud fuese a la vez visual, teniendo al paciente delante, y muy auditiva que complementaba a la visual y además histórica-emocional. El paciente era psicobiografiado para conocer el sentido de su enfermedad y cómo los acontecimientos pasados eran expresados. Con V. von Weizsäcker culmina todo esto en la concepción de una Medicina Antropológica.

Desde entonces psicólogos y psiquiatras hemos trabajado conjuntamente para detectar y curar las enfermedades que la vida nos originaba escuchando al paciente, pero también mirando su cara, es decir atendiendo a la comunicación no verbal. Mirando sus gestos y su expresión general podríamos no solo entender mejor su enfermedad, sino también valorar el grado de sufrimiento de estas enfermedades. Como señala Emmanuel Levinas (1961) en relación con “el rostro”: “el rostro se ha vuelto hacia mí y esa es su misma desnudez… hay allí entre el otro y yo una relación que está más allá de la retórica”.

         La relación terapeuta-paciente no es solo del paciente dirigida hacia el terapeuta, sino que también el terapeuta, ya sea psicólogo o psiquiatra, en su manera de responder a las expresiones del paciente establece un vínculo terapéutico nuevo que es interaccionante.

El terapeuta no solo interpreta lo que dice el paciente sino además cómo lo dice. Es decir, atender a la comunicación no verbal es tan importante como la escucha de la verbal.  Pero, no solo es importante que el terapeuta atienda a la comunicación no verbal de su paciente, también él puede transmitirle al paciente aspectos cruciales para la cura, a través del lenguaje no verbal. De forma que el paciente ingiere los rasgos del profesional, su énfasis, sus tonos de voz, sus expresiones, la “seguridad” de que puede curarse cuando el terapeuta en su tono, en su cara y en su voz le está diciendo que sí es posible. De hecho, el establecimiento del rapport, tan importante para toda psicoterapia, se logra en gran medida con la comunicación no verbal del terapeuta. Todo esto es método terapéutico, más allá de que “el primer acto del tratamiento es el acto de dar la mano al paciente” (Von Leyden).

Cómo responde el paciente ante el terapeuta, ante los gestos que realiza, el énfasis en la voz, el cómo le mira y la sonrisa de comprensión o la expresión de desacuerdo, entra en al ámbito terapéutico. Más allá de que le recetemos o no una medicación, en el caso del psiquiatra. Cosa que nunca la hacemos, a un humano robotizado como si fuera un programa  informático, sino a un humano sufriente que está expresando su enfermedad y detectando nuestra respuesta ante la misma. En el caso del psicólogo, no solo entra en el ámbito terapéutico, sino que es fundamental a lo largo de todo el proceso. No hay nada más negativo para la relación terapeuta-enfermo que un rostro amímico. Lo que diríamos en lenguaje vulgar “poner cara de póker”.

Ahora se ha producido una nueva revolución impuesta por las circunstancias de la pandemia Covid 19 que está asolando a toda la humanidad. Ahora, por obligación, tenemos que trabajar con mascarillas tanto los pacientes como los terapeutas (excepto en las consultas mediante video llamadas, pero esto es otro tema que también tiene sus importantes limitaciones al no ver al paciente en su totalidad sino solo su cara, fundamentalmente, y además se pierde la naturalidad de la “presencia” delante uno con el otro).

El uso de mascarillas en el contexto terapeuta-paciente dificulta significativamente una parte importante de la comprensión de la enfermedad. Los diagnósticos genéricos tipo DSM o CIE que se basan en unos cuantos síntomas determinados y en una relación de tiempo, quizá no sean difíciles de alcanzar, en principio, cuando oímos al paciente expresar sus quejas o síntomas. Pero la relación terapéutica no es solo diagnosticar, sino que en todo su contexto se establece una conexión de intimidad, una empatía que se detecta en posturas y fundamentalmente en las expresiones que nos manifiesta el paciente, tanto las verbales como las paraverbales. E igualmente ocurre con las expresiones que el terapeuta manifiesta, no solo las que dice sino cómo las dice y cómo llegan a ser entendidas por el paciente. Con el uso de mascarillas en la entrevista profesional no detectamos muchas de estas interacciones. A más de uno nos ha ocurrido que cuando nos despedimos del paciente nos queda un sinsabor de no poder detectar real y claramente la satisfacción o no del mismo ante las pautas terapéuticas o su sentimiento ante el pronóstico que le estamos ofreciendo tras la entrevista.

Con las mascarillas, en el contexto terapéutico en psicología y psiquiatría, volvemos más a esa concepción auditiva ya antigua que empezó a desarrollarse a finales del siglo XIX, pero perdemos la calidad de la relación “ex visu”, aunque ahora tengamos más recursos para los tratamientos.

La aportación desde Freud de añadir a la terapéutica tanto la significación ex visu, que ya venía de antiguo, como también la “ex auditu” supuso un avance importante. Ahora se queda esa relación hipertrofiada en lo que “oímos” desde el paciente y nos oye a nosotros, pero sin la complementariedad visual completa. Solo contactamos con los ojos, y ya sabemos que la mirada, en ocasiones, puede resultar inquisitiva o amenazante. En diversos estudios antropológicos se ha comprobado que el mirar fijamente tiene efecto amenazante (Eibl-Eibesfeldt). Por ello, cuando no existe esa intención, se producen ciertos gestos apaciguadores, como bajar los párpados, sonreír, inclinar la cabeza. Esa conducta innata podemos observarla cualquiera de nosotros cuando alguien nos saluda desde lejos. La persona que nos mira, eleva ligeramente las cejas, echando la cabeza para atrás, y nos enseña una mano levantada con la palma hacia nosotros, al mismo tiempo que realiza una leve sonrisa.

Además, aún no tenemos práctica para manejar la mirada sin la ayuda del resto del rostro. Es por ello que esa falta de complementariedad visual provoca que se establezca  una mayor frialdad en la relación terapéutica. 

Habrá que valorar, con el tiempo, cómo esta obligación de usar mascarillas ha influido en la relación terapeuta-enfermo por el anonimato mímico.

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ESCUELAS FREUDIANAS: K. Abraham, M. Klein, O. Rank, F. Alexander


Juan Rojo Moreno

         Sigmund Freud marcó el inicio de una época en la que la psiquiatría se hizo fundamentalmente “auditiva”, no solo había que observar los comportamientos de los enfermos psíquicos sino además escucharles y no solo sus vivencias sino también su historia vital. Realmente no fueron historias piscobiografiadas, pero si tenidos en cuenta los elementos de la vida que el paciente expresaba en relación a la interpretación y relación con la libido (o sexualidad) en el caso freudiano. Alrededor de Freud surgieron grandes psicoanalistas, algunos como C. G. Jung y A. Adler acabaron formando sus propias escuelas muy diferenciadas de Freud. Pero también otros grandes psicoanalistas “más o menos” mantuvieron la estructura de Freud para entender el inconsciente y la patología en los pacientes. Cuatro de ellos fueron K. Abraham, M. Klein, O. Rank y F. Alexander.

Estos apartados los he desarrollado más ampliamente y lo más pedagógicamente posible y esquematizados en este enlace en PDF 

Haciendo aquí un resumen:

KARL ABRAHAM (1877-1925)KARL ABRAHAM

Hizo aportes significativos en relación con la evolución de libido y las psicosis maniaco-depresivas. Quizá una de sus aportaciones más importantes se refiere a la formación del carácter y a la evolución del mismo. Para esta autor al existir las Fases Oral, Anal y Uretral, existirían unos rasgos que determinados por estas fases quedarían vinculados al ellas. Así habló del Carácter Oral, Carácter Oral y Carácter Uretral o Fálico.   

MELANIE KLEIN (1882- 1960)

MELANIE KLEINEsta autora ya escribió que “una de las muchas experiencias interesantes y sorprendentes del principiante en el análisis de los niños, es encontrar incluso en niños muy pequeños una capacidad de visión que a menudo es mucho mayor que la de los adultos”.

Trabajó sobre todo con niños neuróticos con edades comprendidas entre los 3,4 años y los 12 años. Afirmó que el acontecimiento decisivo (que Freud reconocía en el Complejo de Edipo) para ella era anterior a la etapa genital y que se podía enmarcar en la Fase Oral entre los 3 y los 6 meses de vida.

La vida mental del lactante es rica en fantasías inconscientes y a los 6 meses de edad ya es capaz de amar, odiar, desear y agredir.

A este respecto señala A. Sánchez-Barranco Ruiz,2004 que para Klein el conflicto intrapsíquico no es fruto del enfrentamiento entre el deseo pulsional y la defensa (entre el ello y el yo/superyó), sino más bien una encarnizada lucha entre las pulsiones de amor y odio respecto a los objetos, lo que aboca en el establecimiento de las dos posiciones básicas del primer año de la vida, las cuales quedan definidas por sus particulares deseos, ansiedades y defensas, conduciendo a unas específicas fantasías, que expresan las más variadas conflictivas tanto con los objetos internos como con los externos.

OTTO RANK (1884- 1939)

         OTTO RANK Considera que el acontecimiento decisivo para la producción de la angustia primaria y la posterior formación de síntomas neuróticos era el “Trauma del Parto”, entendido no desde el punto de vista físico sino desde el punto de la vivencia psíquica pues se producen una serie de factores emocionales en el nacimiento.

En relación con la Voluntoterapia. Para hacer frente a esta angustia el ser humano tiene la Voluntad “una organización directriz de la persona capaz tanto de utilizar creativamente como inhibir sus impulsos”.

Su método “el tratamiento por la voluntad” o Voluntoterapia, consiste en lograr que el individuo ejerza su voluntad positiva. Se hace un análisis en profundidad del paciente para que conozca y haga un uso gradual de los tres tipos de voluntades:

1) La fase de voluntad negativa o contra-voluntad.

2) La fase de voluntad competitiva

3) La fase de voluntad positiva.

FRANZ ALEXANDER (1861-1994)

FRANZ ALEXANDERSe le considera el “padre” de la psicosomática psicoanalítica y cofundador de la criminología psicoanalítica. Distingue 3 funciones fundamentales:

1) La ingestión, relacionada con la parte superior del tracto gastrointestinal, predomina en las primeras fases de la vida.

2) La retención, relacionada con las zonas medias del tracto (estómago e intestino delgado) se da fundamentalmente en las etapas finales de la vida.

3) La eliminación. Tramos finales del tubo digestivo (intestino grueso, recto, ano) se presenta fundamentalmente en la etapa productiva del individuo.

En su concepto de Neurosis, rechaza las teorías del Eros y Tánatos de Freud, sustituyéndolas por una “Concepción metabólica de la vida”, como un proceso consistente en una “construcción anabólica y una destrucción catabólica” continua de biomoléculas complejas.

Explicó las líneas psicopatológicas de la úlcera y también de la diarrea, de la hipertensión…

Cierto que Alexander prosigue de una forma consecuente el positivismo freudiano, pero al representar los conflictos como tensiones emocionales desatiende totalmente los problemas acerca de la estructura (instancias) y de la diversidad cualitativa y cuantitativa del Ello, del Yo y del super-Yo y solo emplea los resultados obtenidos por Freud como medio dialéctico.

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Como he señalado al principio estos autores están  esquematizados con más detalles acerca de sus teorías en este enlace

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CONSUMO DE DROGAS Y CONFINAMIENTO/ESTADO DE ALARMA COVID-19


Juan Rojo Moreno

Director  de la Revista Española de Drogodependencias.

(publicado como Editorial en la Revista Española de Drogodependencias https://www.aesed.com/upload/files/v45n3_editorial.pdf )

         No va a ser fácil conocer lo que ha ocurrido durante los confinamientos/ estados de Alarma/ Emergencia/Calamidad y el consumo de drogas. Evidentemente las conductas adictivas han seguido en todo el mundo y como se señala en el Informe sobre el consumo de drogas en cuarentena (encuesta a 1239 consumidores): “La cuarentena ha implicado un cambio en la manera como las personas se relacionan con las sustancias psicoactivas desde su adquisición hasta su consumo. Este cambio abrupto ha tenido un impacto directo sobre la salud pública, que se manifiesta en el aumento del consumo, la abstinencia, la productividad y el teletrabajo, el manejo de la ansiedad, la sobredosis y la convivencia”.[1]

Más que respuestas obtenidas con estudios controlados, tenemos sobre todo preguntas, muchas sin responder, y la información nos viene dada por distintos organismos.

Así, Núria Calzada coordinadora del proyecto Energy Control-ABD, en Marzo de 2020 señala que podrían darse problemas en el tráfico de drogas debido a la interrupción de la importación de precursores, sustancias a través de las cuáles se sintetiza las drogas y que proceden, en su mayoría, de China: “Dependerá de la sustancia, no es lo mismo el cannabis que se puede producir a nivel local que la cocaína que es importada…El éxtasis, que se consume en locales de ocio nocturno, ha caído”. Igualmente la directora de la entidad Metzineres en Barcelona, Aura Roig, constata que “el precio está subiendo muchísimo y los traficantes son más selectivos con los clientes”.[2]

En Junio de este año, el Informe mundial sobre las drogas 2020 de la UNODC señala que COVID-19 tiene un impacto de gran alcance en los mercados mundiales de drogas y la pandemia ha provocado escasez de opioides, lo que a su vez puede hacer que las personas busquen sustancias más fácilmente disponibles, como alcohol, benzodiacepinas o que se mezclen con drogas sintéticas.  Y también las operaciones de interceptación y la cooperación internacional pueden perder prioridad, lo que facilita la operación de los traficantes.[3]

En relación con el consumo de alcohol no tenemos datos  directos de las grandes empresas de alimentación, aunque siguiendo la idea de UNODC debemos suponer que ha habido un aumento de las ventas y consumo del mismo. La  OMS sensible a este problema ya señaló en Abril de 2020 que el consumo de alcohol aumenta el riesgo de lesiones y violencia, incluida la violencia de pareja. En momentos de encierro durante la pandemia de COVID-19, el consumo de alcohol puede exacerbar la vulnerabilidad de la salud, las conductas de riesgo, los problemas de salud mental y la violencia, y además  recuerda la OMS que beber alcohol no protege del COVID-19 y alienta a los gobiernos a hacer cumplir las medidas que limitan este consumo.[4]

Los datos que se aportan por la breve encuesta europea sobre consumo de drogas en el contexto de la pandemia por COVID-19 (Mini-EWSD-COVID-19), realizada por el EMCDDA (Observatorio Europeo de las Drogas y las Adicciones) entre el 8 de abril y el 31 de mayo de 2020 a través de internet, parece indicar que en conjunto ha disminuido el consumo de alcohol (pero se está refiriendo a la población general que haría en muchos casos un consumo moderado o esporádico en bares y restaurantes por lo que no sabemos qué ha ocurrido en los consumidores más habituales de cantidades significativas).[1] Ha aumentado el consumo de videojuegos y debemos entender que también las adicciones comportamentales vía internet. No obstante concluye este estudio que “estos resultados preliminares sugieren que las medidas impuestas para el control de la epidemia por COVID-19 han tenido un impacto sobre los consumidores de sustancias psicoactivas que, en términos generales, han cesado o reducido su consumo, si bien el consumo tecnológico se habría visto incrementado. Sin embargo, a la hora de interpretar estos resultados es importante tener en cuenta las limitaciones que presentan las fuentes disponibles, que no permiten realizar generalizaciones al conjunto de la población española”.[5]

Señala el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (NIDA) en EEUU que las personas con trastornos por el abuso de drogas son más susceptibles al Covid19 y a sus complicaciones. Además, la investigación publicada en ‘Molecular Psychiatry’, financiada por los Institutos Nacionales de la Salud, aboga por desarrollar planes de acción para ayudar a protegerlos de infecciones. Si bien los individuos con trastornos por abuso constituían el 10,3% de la población total del estudio, no obstante, representaban el 15,6% de los casos de COVID-19. Los pulmones y el sistema cardiovascular a menudo están comprometidos en personas con TUS (Trastorno por Uso de Sustancias), lo que puede explicar parcialmente su mayor susceptibilidad al COVID-19. Otro factor que contribuye es la marginación de las personas con adicción, lo que les dificulta el acceso a los servicios de atención médica. [6]

La crisis mundial que empezó en 2008 fue motivada primariamente por un problema de “salud del sistema económico”. Produjo un impacto muy negativo y miserias en la mayoría de los países del mundo y en consecuencia las “instituciones” han intentado reforzar los sistemas bancarios y económicos para que estén prevenidos y no ocurra otro desastre como aquel. La crisis mundial del Covid-19 ha sido motivada primariamente por un problema sanitario “de salud” que ha originado un alto nivel de pérdidas y sufrimientos humanos así como un nuevo desastre económico aún mayor que en el caso de 2008. ¿Tomarán  iguales medidas los sistemas sanitarios y de prevención a nivel planetario para que una cosa así no vuelva a ocurrir o seamos capaces de minimizar sus efectos?

¿Ha habido más muertes por infarto de miocardio durante esta pandemia debido a la falta de atención de estos pacientes? ¿Ha habido muchos más casos de ansiedad, agotamiento y depresión, menos diagnosticados y tratados debido también a la pandemia? ¿Y casos de cáncer que han aparecido en fases más avanzadas o que han dejado de tratarse? Y así seguiríamos con un largo etcétera de preguntas.

¿Ha habido muchos más casos de adicciones que no han sido diagnosticadas y tratadas, o que han sido dejadas de tratar, debido a esta crisis sanitaria?

Las respuestas con datos y trabajos rigurosos no las tenemos aún pero la experiencia clínica parece mostrar que las respuestas irán en la dirección de un “sí” para la desatención de muchas enfermedades.

Los sistemas sanitarios han de preparase para controlar o minimizar otra epidemia totalizadora (pandemia), pero no solo es cuestión de atender los sufrimientos y desastres sanitarios de los afectados por la epidemia/pandemia en concreto, sino también de las otras patologías.

¿Cuántas patologías respiratorias, digestivas, traumatológicas, psiquiátricas… no han sido atendidas?

Muchas preguntas aun sin responder. Pero la sanidad ha de ser un sistema de detección, prevención y curación de “todas las enfermedades”. Esperemos que seamos capaces de mejorar, en un futuro, el sistema sanitario para “todos” los pacientes, pues tanta verdad hay en el fallecimiento de una persona por Covid-19, como en la que se suicida o en la que tiene un infarto… y no es digno que esto pueda ocurrir por desatención.

Y todo esto es válido para todas las clases sociales y profesionales pues como señala la American Psychiatric Association  en sus continuos comunicados: Los médicos experimentan tasas más altas de angustia psicológica e ideación suicida que la población general…, e informa que los pacientes con Covid-19 también muestran síntomas de trastornos psiquiátricos, incluidos psicosis y depresión. Una encuesta de más de 1200 enfermeras y médicos que trabajan en hospitales reveló que más del 50% tuvo síntomas de depresión y más del 70% informó síntomas de angustia psicológica.

Y esto seguro que podrá ser aplicable, con estadísticas, a profesionales y pacientes de las distintas ramas de la medicina y a sus patologías.

BIBLIOGRAFÍA


[1] En la encuesta ya mencionada, el Informe sobre el consumo de drogas en cuarentena (encuesta a 1239 consumidores) entre los consumidores las sustancias más consumidas en la cuarentena son en orden: marihuana (25%), alcohol (19%), café (14%), cigarrillo (11%) y té (8%), frente a las que descendieron en su consumo como los alucinógenos (6%), bebidas energizantes (3%), cocaína (2%) y MDMA (2%).


[1]  http://www.echelecabeza.com/wp-content/uploads/2020/04/informedrugscuarentena-3_compressed.pdf

[2] https://www.metropoliabierta.com/informacion-municipal/sucesos/precio-droga-dispara-confinamiento_25632_102.html

[3] https://www.unodc.org/unodc/press/releases/2020/June/media-advisory—global-launch-of-the-2020-world-drug-report.html

[4] https://www.euro.who.int/en/health-topics/disease-prevention/alcohol-use/news/news/2020/04/alcohol-does-not-protect-against-covid-19-access-should-be-restricted-during-lockdown/_recache?fbclid=IwAR2lkIQcxfDdziOa7esAbXO-caLv66wvhmP4JxoDwXQd5z14X02jAmHZulg

[5]https://pnsd.sanidad.gob.es/noticiasEventos/actualidad/2020_Coronavirus/pdf/20200715_Informe_IMPACTO_COVID-19_OEDA_final.pdf

[6] https://www.masteradiccionesonline.com/las-personas-con-trastornos-por-uso-de-drogas-son-mas-susceptibles-al-covid-19/

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¿EXISTE UNA NUEVA PSIQUIATRÍA?


Juan Rojo Moreno

          Una amiga periodista que tenía que hacer un trabajo sobre un tema complejo me preguntó si la denominada “Nueva Psiquiatría” era lo mismo que la denominada “Antipsiquiatría”.

En cierto modo ambas tienen bastantes cosas en común. Sus propuestas aparecen como crítica a lo que es o ha sido la psiquiatría imperante. En el caso de la antipsiquiatría no existían “enfermos” sino que era la sociedad y el “establishment” quien otorgaba esos términos cuando solo eran personas que tenían otra manera de entender o vivenciar la concepción del mundo consensuada.

La que se ha autodenominado Nueva Psiquiatría viene a mantener planteamientos como: “muchos paciente y familiares prisioneros del sistema psiquiátrico actualmente vigente…en España dos millones de pacientes sufriendo un diagnóstico psiquiátrico grave… la mayoría de ellos no solo no mejoran con el tratamiento médico que se les aplica sino que evolucionan cada vez a peor… son sustancias (los psicofármacos) tranquilizantes que mantienen al sujeto en estado de inhibición psíquica y de modorra permanente y global”.

          Al fin y al cabo, de todo esto ya se viene hablando desde hace muchos años y al modelo puramente “médico” de la psiquiatría se ha incorporado desde hace ya tiempo la perspectiva bio-psico-social (y cultural). Por esto la concepción de “Nueva Psiquiatría” nos acaece como nuevos odres para vino añejo.

Pero es muy interesante la actualización que desde esta perspectiva plantea Javier Álvarez. Por varios motivos: un primer motivo es que el autor es psiquiatra y con muchos años de ejercicio profesional por lo que tiene la autoridad de poder hablar desde el conocimiento de nuestra especialidad. Como decía un antiguo profesor de psiquiatría “para ser anti-algo primero hay que ser algo”. Un segundo motivo es que además de una amplia formación médica también la tiene en el mundo cultural general, y un tercer motivo es que saca a colación (como han hecho muchos otros psiquiatras en todos estos años) dos aspectos importantes y que también, a mi modo de ver, son significativos. Un aspecto, es el de la excesiva concepción de la enfermedad como producida solo por una alteración de los neurotransmisores cerebrales y el otro aspecto es el excesivo diagnóstico mediante la clasificación internacional DSM.[1]

Sobre estos temas ya escribí artículos hace tiempo como por ejemplo: Los sanos enfermos, la paradoja de la salud (aquí), Normalidad y anormalidad psíquica (aquí) o Psiquiatría de la población o tratar enfermedades de la vida (aquí) y son innumerables los psiquiatras que se han planteado esta cuestión, solo por poner algún ejemplo: Alberto Ortiz Lobo en su libro Hacia una Psiquiatría Crítica (2013) o Francisco Traver en su múltiples artículos en su blog, como por ejemplo, “La falacia DSM” (2012) (aquí) y tendríamos que continuar con una larguísimo etcétera.

Con esto quiero decir, como ya señalé, que la aportación de la auto denominada Nueva Psiquiatría ya es un “vino viejo” aunque se le quiera dar un odre nuevo.[2]

Volviendo a nuestro autor de referencia J. Álvarez, crea un término, “la Hiperia”, que sería un estado de conciencia hipersincrónico que haría que muchos de los que denominamos enfermos mentales no sean tales sino un estado de conciencia diferente. Se refiere a una expansión de la conciencia ordinaria y que según el autor: “es el estado de conciencia que nos permite contactar con esa otra conciencia que todos llevamos dentro y que nos mantiene unidos con el Todo, con lo Universal, con lo Divino”. Y en este sentido también señala: “opino que el Homo sapiens está destinado a evolucionar a Homo spiritualis y que la hiperia es la función psíquica que nos permite atravesar la frontera que separa lo físico de lo espiritual”. Con otras palabras, está coincidiendo, en cierto modo, con el físico D. Bohm y sus conceptos de Orden Implicado y Orden Explicado (o desplegado) (1980) o con los conceptos de Arquetipos de C.G Jung (1916) o con la Conciencia Cósmica de M. Rojo Sierra (1999) o la Inteligencia Espiritual de Francesc Torralba (2011).

Refiere nuestro autor con el concepto de Hiperia que hay muchos estados psíquicos “no normales pero frecuentes” que en determinadas personas o culturas no son patológicos. Si bien aclara: “si es hiperia no es enfermedad y si es enfermedad no es hiperia”.

Así, podemos referirnos a los estados de conciencia que aparecieron en San Juan de la Cruz, en Dostoievski (que era epiléptico) y en múltiples grandes filósofos y creadores de la humanidad. También tengamos en cuenta que en un estudio sobre personas “sanas” en 7.717 hombres el 7,8% habían experimentado alucinaciones y en 7.599 mujeres fue el 12%, aunque muchas personas no lo dicen para que no las consideren “locas”.

Igualmente, la cultura influye de tal manera que el “sentido” de las alucinaciones es también moldeado. Se han comparado las alucinaciones auditivas en tres culturas diferentes; en el trabajo de T. M. Luhrmann (2015) un antropólogo y varios psiquiatras entrevistaron a participantes de EE. UU, India y Ghana. Cada muestra se componía de 20 personas que escuchaban voces y cumplían con los criterios de esquizofrenia si tenemos en cuenta la experiencia de escuchar voces. Los participantes en EE.UU se mostraron más propensos a usar etiquetas diagnósticas y señalar ideas violentas, mientras que los de la India y Ghana se mostraron más propensos a vivenciar relaciones ricas con sus voces y menos propensos a describirlas como indicativas de una violación mental. El ser humano es absolutamente neurocultural.

Las dos críticas más importantes, a mi entender, que hace J. Álvarez a la situación de la psiquiatría actual hacen referencia, en primer lugar, a la identificación de la naturaleza de enfermedad psiquiátrica y su explicación solamente en base a los neurotransmisores cerebrales (explicación bioquímica) y en segundo lugar a las clasificaciones internacionales, especialmente al DSM.

Con respecto a la bioquímica cerebral en las enfermedades psiquiátricas señala que “decir que el trastorno bipolar y la esquizofrenia son el resultado de una alteración bioquímica del cerebro (neurotransmisores) viene seguido y completado con otro mensaje falaz: disponemos de medicamentos específicos para mantener controlado el desequilibrio de la neurotransmisión”. La verdad, señala, es que de la neutransmisión neuronal y de cómo funcionan e interaccionan los miles de neurotransmisores que existen conocemos poco (evidentemente muchísimo más que hace 100 años). Apenas sabemos -señala- como se comportan una veintena de neutrotransmisores en algunas áreas cerebrales, y los fármacos que se recetan para esos trastornos de específicos no tienen nada.

En esto coincido con el autor de referencia. Quizá cuando miren dentro de 50 o 100 años lo que hacemos con los medicamentos en general, en medicina, y con los psicofármacos en particular, pueden que nos vean como “elefantes entrando en una cacharrería”. Esto posiblemente será cierto. Pero no olvidemos que cuando no había psicofármacos la situación de los enfermos psiquiátricos era desastrosa y muy lamentable y que  gracias a los psicofármacos tenemos múltiples opciones de tratar a los pacientes que no existían hace tan solo 100 años. Ya decía K. Jaspers que a principios de siglo XX apenas podíamos hacer con muchos pacientes psiquiátricos más que cuidarlos de las enfermedades comunes.

En relación con las clasificaciones internacionales, especialmente el DSM, se han ampliado tanto las categorías que en 2005 afirmaba Kessler como “la mitad de los americanos reúnen los criterios del DSM-IV para ser diagnosticados de un trastorno psiquiátrico” y se lamenta J. Álvarez de que “El DSM junto a la falacia neurotransmisora constituyen desde hace 40 años la base fundamental de la formación que reciben los Médicos Residentes que se están formando para ser psiquiatras”.

Y, ciertamente, como señala Enrique Echeburúa (2014): “No deja de ser significativo, por ejemplo, que la primera edición del DSM en 1952 contenía 106 trastornos mentales y que la actual (DSM-5, 2013) recoja 216.[3]

Con cada nueva edición los posibles trastornos mentales siempre aumentan, pero nunca se reducen. No parece razonable pensar que en el plazo de 60 años los trastornos mentales se hayan multiplicado por dos. ¿Cómo pueden aparecer más de 200 enfermedades nuevas en psiquiatría en tan solo 61 años? En Estados Unidos hay más de 4 millones de niños o adolescentes diagnosticados de TDAH ¿y cuantos de ellos toman anfetaminas que se considera tratamiento adecuado? No vamos a criticar el tratamiento, pero sigue la discusión, a día de hoy, si hay un sobre-diagnóstico de esta enfermedad (para unos) o un infra-diagnóstico (para otros) lo cual evidencia la dificultad de diagnosticarla claramente.

Hay, para terminar, algo en lo que estoy completamente de acuerdo con J. Álvarez, y es el tiempo necesario que hay que dedicar a los pacientes psiquiátricos. Señala este autor (2019) como afortunadamente hay profesionales que consideran muy importante y necesario dedicar tiempo suficiente a escuchar las dificultades de sus pacientes.

Este aspecto me ha preocupado sobremanera y he señalado en múltiples artículos y libros desde 2008 que nuestra experiencia en la psiquiatría diaria nos muestra que dedicándole el tiempo suficiente al acto médico podemos llegar a facilitar que el paciente “entienda” su enfermedad y cómo se ha conformado su estado actual. Uno de los problemas de la sobremedicación de la vida viene dado porque no hacemos un diagnostico individual de cada paciente integrándolo en su totalidad biográfica. Pero para eso ya no tendríamos que hablar de “trastornos” (ese horrible palabro, me dijo en una ocasión el Prof. Valentín Conde) sino de enfermedades. Y eso significa algo muy importante: tener que dedicar más tiempo a cada paciente para hacer un diagnóstico individualizado no solo de su clínica y su evolución sino del sentido biográfico que la enfermedad tiene en él. Tiempo de dedicación al paciente… otro gran problema en esta sociedad tecnotrópica y acelerada

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Ciertamente, desde hace muchos años se habla de la “crisis” de la psiquiatría. La psiquiatría, como la sociedad, siempre está en crisis porque está en evolución constante, pues tanto una como la otra se refieren a lo más profundo del ser humano. La obra de J. Álvarez nos ha servido para actualizar el problema de la sobremedicación, de los diagnósticos psiquiátricos y del tiempo de dedicación al paciente y así mismo que la enfermedad psiquiátrica no es “solo” neurobiología alterada.

 Pero no queramos volver a hace 100 años o a los tiempos en que la antipsiquiatría hacía sociopolítica de la enfermedad psiquiátrica y que gracias a los avances en los conocimientos de la neurotransmisión pudo prácticamente hacer desaparecer esa corriente “anti” pues la enfermedad no es solo cuestión de filosofía del alma o de la sociedad. Como bien dice K. Jaspers (1949): “si bien la práctica del médico psiquiatra abarca territorios que rebasan el puro conocer científico… [no obstante] sin la ciencia hoy no cabe moverse en el plano de la verdad. Perdida la ciencia, crecen los escrúpulos, la media luz, los sentimientos oscuramente edificantes y las resoluciones fanáticas de una obstinada ceguera”.[4]

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[1] J. Álvarez. Una Nueva Psiquiatría. Edita Javier Álvarez 2019.

[2] Las referencias a nuevos odres para vino añejo la hago parafraseando el libro de Julián Huxley “Nuevos odres para vino nuevo”

[3] Enrique Echeburúa, Karmele Salaberría y Marisol Cruz-Sáez. Aportaciones y Limitaciones del DSM-5 desde la Psicología Clínica. Ter. Psicol. vol.32 no.1 Santiago abr. 2014

[4] Karl Jaspers. La Filosofía. Edita Fondo de Cultura Económica, México 1957 (primera edición alemana 1949).

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SOBRE LA CONDICION HUMANA


Independencia, libertad, rebeldía y autoridad

Juan Rojo Moreno

         Señala Erich Fromm que mientras que en siglos anteriores el carácter social mostraba fuertes tendencias a la explotación y acumulación, actualmente el carácter del hombre se orienta más en ser un consumidor eterno: “se traga” bebidas, alimentos, cigarrillos, conferencias, cuadros, libros, películas; consume todo, engulle todo… el mundo no es más que una gran mamadera, una gran manzana, un pecho opulento y el hombre se ha convertido en lactante eternamente expectante y eternamente frustrado.

Además del mercado también es importante el cómo se considera el hombre, siendo necesario que se sienta libre e independiente aunque esté dispuesto a ser mandado, a hacer lo previsto y a encajar sin roces en la máquina social: “su única meta es la de continuar en movimiento, funcionando, avanzando…ha llegado a ser un átomo económico que danza al compás de la dirección automatizada”.

Y esto no es aplicable solo al “obrero” sino a todos nosotros, que en el mundo de la dirección automatizada y matematizada somos, en regímenes diferentes, obreros iguales. Hoy tanto el trabajador menos cualificado como el alto ejecutivo viaja al extranjero, ve pinturas en museos, tiene vacaciones, ven los mismos programas de televisión y sienten o sufren por igual las consignas sociales. Y todos tienen encima a “alguien” o algo que dirige la dirección vital, social o incluso personal. Aunque cada uno se sienta independiente y en libertad en este mundo tan compartido actualmente por las redes sociales y la mass-media.

Al arte de manejar a la gente que trabaja “se le denomina arte de las relaciones humanas, cuando en realidad tenemos que habérnoslas con las relaciones más inhumanas entre autómatas que se han convertido en abstracciones… y nunca me encuentro solo conmigo mismo pues siempre estoy ocupado, ya sea trabajando o divirtiéndome.”[1]

Y por esto, insiste Fromm, en que somos un sistema de deseos y satisfacciones; debo trabajar para poder satisfacer mis deseos y estos mismos deseos son constantemente estimulados y dirigidos…los hombres son cada vez más autómatas que fabrican máquinas que actúan como hombres y producen hombres que funcionan como máquinas.

         Sí, cierto, pero hoy en día con la difusión tan tremenda de la mass-media y las redes sociales, el control de los hombre se hace en base a estudios psicológicos de intereses, deseos, satisfacciones y estudios de mercado o mediante fuertes instrumentos de encuestas, muchas “oficiales” que permiten que el sujeto se vea inmerso y con dificultad de criticar el llamado “sentido común” el cual a menudo repite una y otra vez el mismo disparate y que tiene sentido sólo porque todo el mundo lo repite.

Aquí viene el problema de la autoridad que es la que se entiende que nos da los parámetros referenciales de lo que hay que hacer y lo que no.

Fromm hace un análisis interesante de la persona autoritaria: “La persona autoritaria se siente fuerte cuando se puede someter y ser parte de una autoridad que (hasta cierto punto respaldada por la realidad) es inflada y endiosada, y cuando al mismo tiempo tal persona puede hincharse incorporando a aquellos sometidos a su autoridad. Trátese de un estado de simbiosis sado-masoquista que le proporciona un sentimiento de fuerza y un sentimiento de identidad. Al ser parte del grande (cualquiera que sea) se hace grande; si estuviera solo, sin nadie, se reduciría a nada. Por esta razón, una amenaza a la autoridad y una amenaza a su estructura personal autoritaria es para este carácter una amenaza a sí mismo”.

Claro que hoy en día los autoritarismos se ponen piel de otra cosa, a veces de “revolucionarios”, otras veces de rebeldes. Pero un rebelde -señala Fromm- es alguien que desea echar abajo la autoridad a causa de su resentimiento y como resultado asumir él mismo la autoridad en lugar de la que ha derribado. Y es frecuente que en el preciso momento que alcance su meta establezca amistad con la misma autoridad que antes había combatido con tanto encono.

Con qué facilidad podemos identificar hoy en día esa “rebeldía” autoritaria y hacer nuestro lo que ya señalaba Fromm: “se puede decir que la vida política actual es un cementerio que contiene las tumbas morales de gentes que empezaron como supuestos revolucionarios y resultaron ser nada más que rebeldes oportunistas”.

Esa rebeldía autoritaria se transforma muchas veces en un fanatismo del que señala Fromm que es una persona excesivamente narcisista que ha elegido una causa, no importa cuál sea ésta: política, religiosa o cualquier otra, y vive para endiosarla. Ha convertido esta causa en un ídolo y al someterse plenamente a su ídolo le encuentra un sentido vehemente a la vida, una razón para vivir, porque en su sumisión se identifica con el ídolo al que ha inflado y convertido en su absoluto… Muchas veces en la historia el fanático ha adoptado la pose del revolucionario, pues a menudo lo que dice es exactamente -o suena exactamente como tal- lo que podría decir un revolucionario… En verdad todos estos movimientos que usan la palabra “revolucionario” proclaman metas muy similares, a saber, que luchan por la libertad y la independencia. Pero en realidad algunos lo hacen y otros no. Otros se valen del slogan “revolucionario” para luchar por el establecimiento de regímenes autoritarios, pero con las riendas en manos de una élite diferente.

Miremos al mundo de hoy y cuantos “revolucionarios” están o quieren estar en el poder, aunque hoy en día digan una cosa y luego, al ser diferente el interés, digan la contraria y otro día ni una ni otra o las dos a la vez.

Como señala Fromm “hay muchos que pretenden ser revolucionarios cuando en realidad son rebeldes autoritarios u oportunistas políticos” sin más, o ni más ni menos pues llegan a tocar resortes del poder.

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Hemos estado hablando de la condición humana, no de la “naturaleza humana”. Es muy difícil hablar de una naturaleza humana sin hacer como en la teología negativa (que dice todo lo que NO es Dios, pero no define a Dios) y, entonces, decir que cientos o miles de elementos NO son esa naturaleza: ¿es la bondad la naturaleza humana, el amor, el ayudar a otros, la caridad, el altruismo…? Encontramos por doquier millares de personas que no tienen estos atributos y seguimos diciendo que son seres humanos. ¿El desarmado y frio asesino múltiple no es humano? No tenemos más que ver los rebrotes que aparecen en los distintos países en esta enfermedad de nuestro tiempo, el Covid-19, favorecidos por los desmadres de unos cuantos que no tienen en cuenta el interés general de salud ¿no son humanos? O sectas que han raptado a cientos de niñas para su beneplácito e interés particular ¿tampoco son humanos? No hay más que ver cuando existe una guerra en un país como se “transforman” los seres humanos y aparece en esa condición otra “naturaleza” que sigue siendo humana, como ocurrió en la Alemania Nazi, en la guerra de los Balcanes y en realidad en cualquier guerra en la que el hasta entonces amigable vecino de toda la vida se transforma ahora en un asesino “por los ideales” o el por bien común.

Como mencionamos antes ya E. Fromm decía que somos “átomos económicos que danzan al compás de la dirección automatizada” y quién va a ser capaz de llevarle la contraria a las encuestas o a los estudios de campo o como señala nuestro autor ¿Quién es capaz de desobedecer a una computadora electrónica? Ya no es una persona quien no te concede un crédito o un medicamento “es el ordenador y el programa quien lo impide”.

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[1] Erich Fromm. La Condición Humana. Biblioteca del hombre contemporáneo, Editorial Paidós, Buenos Aires, 1970 (es nuestra obra de referencia) (Publicada también en El Dogma de Cristo, 1964)

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LA SOCIEDAD Y EL INTELECTO DE VAPOR


Juan Rojo Moreno

         Un problema que se plantea Bertrand Russell es si podrá sobrevivir la ciencia tal como la concebimos hoy en día y cuando la separemos de las supersticiones y fantasías que aún persisten desde su infancia.[1]

¿Hay superstición en la ciencia que tiene ese riguroso método científico?

Desde luego que sí. La ciencia ha conseguido tan grandes avances que se ha idolizado como aquello que ha de resolver todos los males del mundo. Ahora con la pandemia Covid-19 ante el desastre humano y económico no son tantos (aunque seguro que los hay) los que hacen un análisis global del cómo y porqué de esta repercusión inconmensurable, más allá de que la ciencia nos muestre que es un virus, que está identificado y codificado y que ha descubierto cómo se expansiona o infecta de manera tan rápida y subrepticia.

         Y mientras padecemos esta pandemia lo único que nos queda es esperar a que la ciencia a todo galope encuentre una vacuna y ya se resolvió todo el problema (?). Una vez más la ciencia va a ser la solución del sufrimiento de la humanidad.

Por esto señala Russell que “la ciencia en su estado actual es en parte agradable y en parte desagradable. Es agradable por el poder que nos da para manejar lo que nos rodea. Es desagradable porque, a pesar de nuestros esfuerzos por disimularlo, es de un determinismo que acarrea, teóricamente, el poder de predecir los actos humanos”, de manera que restringe nuestra libertad sobre nosotros mismos y lo que nos rodea, al ser nuestra creencia irracional en la causalidad lo que domina.

Ahora llegará el momento de tomar medidas correctoras sociales y económicas obligadas por los “expertos e intelectuales” aunque como menciona Russell: “el intelecto es realmente un instrumento de la parcialidad”. Pero se asignarán a las decisiones gestos emocionales que hagan empatizar al reo con su ejecutor, aunque en gran medida la mala gestión del administrador sea “la causa” de gran parte del desastre personal y social.

Como señala Russell: “una habilidad política especial consiste en saber qué pasiones pueden despertarse y como impedir que una vez despiertas puedan dirigirse contra uno mismo o contra sus partidarios… Si algún partido político observa una conducta según la cual tiene que hacer mucho mal para lograr un fin bueno, la necesidad del escepticismo es grande en vista de lo dudoso de los cálculos políticos…Cualquier movimiento político que aspire al éxito apelará instintivamente a la envidia, a la rivalidad o al odio, y nunca a la necesidad de cooperación. Queremos a alguien a quien odiar cuando sufrimos. Deprime tanto el pensar que sufrimos por necios y, sin embargo, esa es la verdad con respecto al género humano. Esa es la causa de que ningún partido pueda adquirir fuerza si no es por medio del odio; tiene que presentar a alguien a quien condenar”.

Bueno, en este tiempo tan convulso hay que nombrar que aparecen incluso los “antivacunas” y los “antimascarillas” (o negacionistas), pero no les dediquemos más tiempo pues bien señala nuestro autor cómo “el irracionalismo nace casi siempre del deseo de afirmar algo para lo cual no hay evidencia o de negar algo evidente”.

Russell que ha sido un liberal muy inteligente, si bien apostilla nuestra obra de referencia como “ensayos sin optimismo”, realmente es muy optimista cuando considera que al ser una persona racional la que por su inteligencia modula y regula sus deseos, entonces el gobierno de nuestros actos por la inteligencia es, en último término, lo más importante y lo único que hará posible la vida social a medida que la ciencia aumente nuestro poder destructivo para con los demás. Si bien entiende que “la educación, la prensa, la política y la religión están al lado de la irracionalidad, no obstante acudimos a la inteligencia cada vez más extendida para el remedio de los males que sufre la humanidad”.

Si  damos por supuesto que realmente está aumentando la inteligencia de la humanidad (lo cual es dudoso) quizá debamos pensar con E. Fromm que “la razón se deteriora a la vez que crece la inteligencia, dando así lugar a la peligrosa situación de proporcionar al hombre la fuerza material más poderosa sin la sabiduría para emplearla”.[2]

La mecanización, la informática, los microchips han alterado nuestra manera de vivir pero no nuestros instintos. No hay más que ver lo que se publica en alguna red como Twitter (con bastante anonimato) en la que no son raros los deseos de muerte o de desgracia para los que no piensan como uno. La autodisciplina moral y la prohibición externa -señala Russell- no son los mejores métodos para luchar con nuestros instintos destructivos. Habrá que buscar, de una vez por todas, en este siglo XXI, un método pedagógico que sea capaz de enseñarles ya a los niños antes de los 5-6 años la bondad de lo unitivo frente a lo tánico.[3]

Para Russell la solución frente a los instintos destructivos está en que la ciencia si bien ha hecho maravillas en el dominio de las leyes físicas: “pero nuestra propia naturaleza es menos comprendida que la de las estrellas o electrones. Cuando aprenda a comprender la naturaleza humana, entonces podrá traer felicidad a nuestras vidas, felicidad que la mecanización y las ciencias físicas no han podido crear” [optimista lo veo yo].

Peacock se refirió a “la sociedad con intelecto de vapor” criticando el avance de la ciencia mecánica en el siglo XIX.[4] Hoy nadie va a criticar en extremo los beneficios que los grandes avances científicos nos han aportado y muy significativamente en el siglo XX y algo (por estar empezando) en este XXI. Pero esa frase de Peacock es útil para que, pasado más de un siglo desde que la pronunciara, nos volvamos a plantear si hemos ido dejando nuestro futuro y destino, no en relación con nuestro propio proceso de individuación socio-cultural, sino en su mayoría prácticamente en espera de que el resultado de la “mecanización” nos marque el rumbo a seguir. Y cuando ésta no funciona y el ser humano y la sociedad sufre, lo más fácil es culpar a la estructura superior, ya sea Estado, Europa, Norte o Sur América, China, Rusia, o al planeta entero que no es capaz de acomodarse a nuestros deseos programados.

Como señala Russell “se cree que la felicidad la proporcionará los ingresos económicos y aunque algunos, y no siempre convencidos,  rebaten esta idea en nombre de la religión o la moral, no obstante, se alegran si los ingresos les aumentan”.

Todo esto siempre subrayando como ya hicieron Julian Huxley o Teilhard de Chardin que no es posible plantearnos una evolución humana creativa sin que estén asegurados los recursos mínimos de subsistencia [y la escolarización]. Pues es a partir de que se tienen aseguradas las necesidades básicas cuando vemos, en las sociedades avanzadas, cómo muchas personas descubren y fertilizan su deseo de conocer enseñanzas interiorizantes, o el arte o las ciencias cuando éstas son explicadas con cierta gracia para todo el mundo. Solo así comprendemos como han tenido tanto éxito libros como Breve Historia del Tiempo, El Gran Diseño o el Universo en una Cáscara de Nuez de Stephen Hawking sobre física y el universo, por poner un ejemplo.

Esto es bien llamativo, y en este sentido sí que parece que se sugiera un “aumento” de la inteligencia y de sus capacidades en las sociedades más avanzadas. Pero creo que es como cuando se ve una pantalla en blanco de un televisor (de los antiguos) que no sintoniza ningún canal con múltiples puntos moviéndose (la radiación de fondo de microondas) pero la verdad es que la pantalla sigue siendo blanca.[5]

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La obra de Bertrand Russell Ciencia, Filosofía y Política nos ha servido para analizar cuestiones fundamentales y estructurales y a la vez para reflexionar sobre la actualidad en este siglo XXI. Esta obra comprende ocho ensayos que él califica de no optimistas y se considera especialmente cauto en relación a lo que pueda pasar en el futuro. En sus propias palabras: “Hay dos maneras de escribir sobre el futuro: la utópica y la científica. La científica trata de descubrir lo probable; la utópica expone lo que le gustaría al autor. En una ciencia bien desarrollada como la astronomía nadie escogerá la utópica: no se profetizan eclipses por el mero hecho de que sería bonito observarlos. Pero en los asuntos sociales los que creen haber descubierto leyes generales que les permiten vaticinar el futuro no son tan científicos como lo pretenden”.

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[1] Bertrand Russell. Ciencia, filosofía y política. Ensayos sin optimismo. Editorial Aguilar, 1968. Va a ser nuestra obra de referencia.

[2] Erich Fromm. La Condición Humana. Biblioteca del hombre contemporáneo, Editorial Paidós, Buenos Aires, 1970 (es nuestra obra de referencia) (Publicada también en El Dogma de Cristo, 1964)

[3] Para Russell la época más importante para la educación va desde la concepción hasta los 4 años (aun no ve viable cómo hacer la educación prenatal): “hoy sabemos que lo que se tiene por `naturaleza humana´ se compone de un décimo de naturaleza humana y nueve décimos de educación. Lo que se llama naturaleza humana es susceptible de ser cambiado completamente por la educación en los primeros años.” En conjunto coincide con otros autores como Melanie Klein y con Alfred Adler siendo este último, quizá el primero de todos, quien subrayó la importancia de la educación y pedagogía del “sentido social” en el periodo infante antes de los 5-6 años.

[4] Esta referencia de Russell debe ser de T. M Peacock uno de los autores satíricos más representativos de la transición al siglo XIX https://es.wikipedia.org/wiki/Thomas_Love_Peacock

[5] En cosmología, la radiación de fondo de microondas (en inglés Cosmic Microwave Background o CMB) es una forma de radiación electromagnética descubierta en 1965 que llena el Universo por completo. http://www.dipler.org/2009/05/el-big-bang-en-tu-television/

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FUNDAMENTOS PSICODINAMICOS DEL COMPORTAMIENTO: FREUD, JUNG, ADLER


Los profesionales de la salud que no estamos adscritos a una escuela psicodinámica concreta siempre hemos tenido interés en conocer los fundamentos psicodinámicos o psicoanalíticos del comportamiento.

Cierto que el más conocido de todos los autores es Sigmund Freud, que revolucionó la psiquiatría a principios de siglo XX (y cuya influencia sigue vigente hasta hoy en día) no solo por alumbrar la importancia del inconsciente sobre el comportamiento y la salud o enfermedad sino que además “dignificó” muchas enfermedades ansiosas, obsesivas y reacciones comportamentales que en esa época eran consideradas como “cosas” sin importancia y casi no eran consideradas verdaderas “enfermedades” a diferencia de lo que ocurría con los pacientes psicóticos . Pero además creó una sistemática para tratar a estos pacientes (angustiosos, histéricos, funcionales…) es decir creó un tratamiento (y por lo tanto ya eran considerado como enfermos) y dio la esperanza a muchos de poder curarse. SIGMUND FREUD

La sociedad psicoanalítica creada por él adquirió gran relevancia gracias, también, a magníficos médicos y especialistas que matizaron muchas de las ideas de Freud y además aportaron nuevos puntos de vista.

Pero dos de los grandes discípulos de Freud, en primer lugar Alfred Adler y poco después C. G Jung, discreparon de la teoría fundamental de la libido freudiana como fundamento del comportamiento humano y tras separarse de  Freud crearon sus propias maneras de entender el análisis del inconsciente y de las patologías psíquicas.

Alfred Adler tuvo grandes disputas con Freud y su “Psicología Individual” se alejó del concepto de libido (sexualidad) de Freud y en base a conceptos como sentimiento primario de minusvalía-afán de poder y socialización de los impulsos, creó su propio sistema psicoanalítico y tuvo gran repercusión en otros autores posteriores, siendo, quizá, el primer médico que incorporó un sentido pedagógico en su análisis a tener en cuenta en la salud del ser humano la importancia de socializar al niño en los primeros 5-6 años de vida: el sentido social.ALFRED ADLER

Por su parte Carl Gustav Jung elaboró una tipología psíquica y también se distanció de Freud aportando conceptos tan novedosos como el  de Inconsciente Colectivo, los arquetipos y mediante su “Proceso de Individuación” desarrolló su método psicoanalítico. Jung se adentró en el estudio de diferentes profundidades inconscientes humanas y aportó también el concepto de “sincronicidad” y dado el carácter llamativo de las sincronicidades lanzó la idea de que tenía que intervenir un principio de conexión acasual desconocido para él.  Un físico y premio Nobel, W. Pauli escribió con Jung un libro en este sentido.Carl G. Jung

Como escribir sobre estos autores psicoanalíticos sería una extensa tarea pues hay una gran variedad de profesionales especializados en ellos y en las diversas escuelas, me decidí a hacer un resumen pedagógico de las principales características de sus fundamentos psicodinámicos, que será insuficiente para el gran conocedor de estas teorías y prácticas, pero puede ser muy útil para el profesional de la salud y para toda persona interesada que no está especializada ni significativamente formada en esos campos.

Por esto podemos ver en el siguiente enlace de manera estructurada LOS FUNDAMENTOS PSICODINAMICOS DEL COMPORTAMIENTO, según Freud, Jung y Adler

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