FUNDAMENTOS PSICODINAMICOS DEL COMPORTAMIENTO: FREUD, JUNG, ADLER


Los profesionales de la salud que no estamos adscritos a una escuela psicodinámica concreta siempre hemos tenido interés en conocer los fundamentos psicodinámicos o psicoanalíticos del comportamiento.

Cierto que el más conocido de todos los autores es Sigmund Freud, que revolucionó la psiquiatría a principios de siglo XX (y cuya influencia sigue vigente hasta hoy en día) no solo por alumbrar la importancia del inconsciente sobre el comportamiento y la salud o enfermedad sino que además “dignificó” muchas enfermedades ansiosas, obsesivas y reacciones comportamentales que en esa época eran consideradas como “cosas” sin importancia y casi no eran consideradas verdaderas “enfermedades” a diferencia de lo que ocurría con los pacientes psicóticos . Pero además creó una sistemática para tratar a estos pacientes (angustiosos, histéricos, funcionales…) es decir creó un tratamiento (y por lo tanto ya eran considerado como enfermos) y dio la esperanza a muchos de poder curarse. SIGMUND FREUD

La sociedad psicoanalítica creada por él adquirió gran relevancia gracias, también, a magníficos médicos y especialistas que matizaron muchas de las ideas de Freud y además aportaron nuevos puntos de vista.

Pero dos de los grandes discípulos de Freud, en primer lugar Alfred Adler y poco después C. G Jung, discreparon de la teoría fundamental de la libido freudiana como fundamento del comportamiento humano y tras separarse de  Freud crearon sus propias maneras de entender el análisis del inconsciente y de las patologías psíquicas.

Alfred Adler tuvo grandes disputas con Freud y su “Psicología Individual” se alejó del concepto de libido (sexualidad) de Freud y en base a conceptos como sentimiento primario de minusvalía-afán de poder y socialización de los impulsos, creó su propio sistema psicoanalítico y tuvo gran repercusión en otros autores posteriores, siendo, quizá, el primer médico que incorporó un sentido pedagógico en su análisis a tener en cuenta en la salud del ser humano la importancia de socializar al niño en los primeros 5-6 años de vida: el sentido social.ALFRED ADLER

Por su parte Carl Gustav Jung elaboró una tipología psíquica y también se distanció de Freud aportando conceptos tan novedosos como el  de Inconsciente Colectivo, los arquetipos y mediante su “Proceso de Individuación” desarrolló su método psicoanalítico. Jung se adentró en el estudio de diferentes profundidades inconscientes humanas y aportó también el concepto de “sincronicidad” y dado el carácter llamativo de las sincronicidades lanzó la idea de que tenía que intervenir un principio de conexión acasual desconocido para él.  Un físico y premio Nobel, W. Pauli escribió con Jung un libro en este sentido.Carl G. Jung

Como escribir sobre estos autores psicoanalíticos sería una extensa tarea pues hay una gran variedad de profesionales especializados en ellos y en las diversas escuelas, me decidí a hacer un resumen pedagógico de las principales características de sus fundamentos psicodinámicos, que será insuficiente para el gran conocedor de estas teorías y prácticas, pero puede ser muy útil para el profesional de la salud y para toda persona interesada que no está especializada ni significativamente formada en esos campos.

Por esto podemos ver en el siguiente enlace de manera estructurada LOS FUNDAMENTOS PSICODINAMICOS DEL COMPORTAMIENTO, según Freud, Jung y Adler

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LA IGNORANCIA LÚCIDA


(y la efectividad)

Juan Rojo Moreno

         Cada vez más sabemos algo de todo, aunque hay algunos que saben mucho de muy poco. La Ignorancia Lúcida es el título de la autobiografía del filósofo y antropólogo Luis Cencillo[1] y que nos sirve de referencia al plantearnos cuestiones sobre el conocimiento y el ser humano.

Cierto que ahora con el problema de la pandemia del Covid-19 hemos podido oír a los “expertos” de algo opinar de todo y a los que no son expertos opinar constantemente sobre algo. Definitivamente esta situación de crisis mundial nos ha enseñado que en gran parte no estamos en el “mundo de la información”, como jactanciosamente nos hemos creído, sino que más bien estamos en el “mundo de la opinión” pues gracias a la lucidez de nuestra ignorancia todos nos sentimos capaces de opinar con claro aserto sobre lo que está más allá de nuestro conocimiento. Nos hemos culturizado en opiniones.

Señala L. Cencillo que cuando se encuentra uno “existiendo”, emergiendo de una nada, instante tras instante, quiere saber a qué atenerse y compruebas que lo ignoras todo.

La ignorancia, frente  a la cultura del conocimiento, es una lacra que aún padece gran parte de la humanidad. Lo malo es cuando ignoramos con lucidez la ignorancia que tenemos, entonces a menudo el mañana es solo un hoy repetido. Como señala Sartre se piensa en mañana, es decir simplemente en un nuevo hoy; las ciudades solo disponen de una sola jornada que se repite, muy parecidas, todas las mañanas[2].

La lucidez de nuestra ignorancia evita plantearnos como hizo Emil du Bois-Reymond: “Ignoramus et Ignorabimus”: ignoramos y nunca sabremos.[3]

Bien, quizá ahora sí que creemos saber opinar y al igual que el “autodidacta” (de la novela de Sartre) que quiere aprender del mundo a través de la biblioteca leyendo libros y más libros por orden alfabético de la A a la Z, ahora nosotros gracias al mundo de las redes sociales y de los programas televisivos o de radio, somos autodidactas de la opinión.

Pero la realidad, señala Cencillo, es que nadie sabe de qué va su vida: a lo sumo las religiones y las “sapiencias” y filosofías tratan de orientarnos algo […] pero ignorándolo todo en los comienzos, suele acabarse, tras decenios de desazón y hasta de tedio, llevando un existir cargado de sentido, pero que no es vivido como sentido sino como carga.

Por esto para L. Cencillo lo real suele ser lo efectivo, pues en definitiva todo lo que puede producir cambio es eficaz. Y por lo tanto, en último término, el criterio para discernir lo real sería su efectividad. Y para él la categoría de la evolutividad histórica es un aspecto dimensional de la praxis. La verdadera realidad de algo, señala, no es sino su eficacia que es capaz de producir modificaciones, situaciones y relaciones en este mundo.

Puede que en nuestros tiempos esa efectividad sea la que busca la dirección opinada. Igual da que sea verdad o no, lo que importa es que alcancen fines mediáticos y que sean efectivos para los intereses primarios.

En esto se basa los mass-media o medios de comunicación de masas que son canales no personales de difusión de mensajes al público general. La opinión “personal” es la que en estos canales consideran que es eficaz porque puede modificar actitudes de la población, aunque esa opinión “personal” es solo la común de los que apuntan en una dirección. Actualmente, no tenemos más que ver debates sociales o políticos en medios audiovisuales para terminar al cabo de una o dos horas sin haber llegado a ninguna conclusión; y lo malo es que al día siguiente puede repetirse lo mismo con el mismo final, y al otro día y al otro…

Frente al mundo de la eficacia y de la directibilidad de nuestras convicciones debida a la “mass-opinion”, podemos convencernos a nosotros mismos de nuestra originalidad en base a los valores que hemos creado. Señala L. Cencillo que si no se asume una constelación de valores que nutra convicciones motivadoras, el sujeto no tiene medio alguno para no dejarse manipular y desfigurar su perfil de personalidad. Ya indicaba Huxley que “nadie puede probar  que los valores desempeñan una parte en el proceso de la evolución biológica, pero nadie puede negar que lo desempeñan en los asuntos humanos”[4]

 ¿Pero cómo construimos valores sólidos personales?

 Esto no es tan fácil. Como nada existe por sí mismo, ni  la belleza, ni las cosas, ni las leyes científicas, sino que siempre se requiere la participación humana, lo importante no es el valor en sí, sino la construcción de valores. Y hoy en día, nos dice Julia Marías: todo lo firme se ha vuelto vacilante… hay una inseguridad acerca de los valores y fines de la vida. La inseguridad, la zozobra y la impresión de vacío dominan al hombre en medio de la multitud de los conocimientos [y opiniones].[5]

Solo tenemos que comprobar los grandes movimientos electorales, políticos y sociales que se están produciendo en nuestro siglo XXI que se estructuran más sobre movilizaciones de deseos emocionales que sobre esquemas intelectuales.

Quizá por esto nos quejemos constantemente de la falta de valores. El problema no está en la carencia de los mismos sino en que los “valores” cambian en poco tiempo en un mundo tan interconectado, y esta concepción del mundo tan sensorial y fluyente no permite un contraste sosegado de los valores paradigmáticos (referenciales). No tenemos más que ver los movimientos que se han originado en el siglo XXI en los sistemas sociales en distintos países a medida que han tenido acceso cada vez más a la globalización rápida de la información (tanto la que producen como la que reciben) y cómo los modelos de pensamiento ahora se asimilan, casi a la “velocidad de la luz”, desde una parte a otra del globo terrestre, dejando perplejos a políticos, sociólogos y a sistemas comunitarios que realmente no saben cómo “encauzar” lo que tan rápidamente se mueve.

Y a menudo los manipuladores están perplejos pues con sus opiniones, repetidas hasta la saciedad, creen ser creadores de valores que suponen se estructuran sobre la base de lo que desea la población, pero no tienen en cuenta (o sí) que, como señala Cencillo “el psiquismo humano, en cuanto motor de la praxis, siempre se haya animado por el deseo infantilmente referido a objetos fantaseados”. Y crear valores humanos, cuando estamos en periodos de crisis, en base a deseos infantiles y fantasiosos no consigue una estructura o sentido estable por lo que el mensaje ha de ser repetido una y otra vez, o cambiado a otro que también será repetido obsesivamente. Pero sin conseguir definitivamente el objetivo que se busca (excepto para los acólitos de siempre).

Hay ciertos comportamientos -señala nuestro autor- que aunque favorezcan al colectivo o a algún sujeto privilegiado, no dan verdadero sentido a la gente (a su existencia) sino que más bien le quitan a la vida o a los actos y comportamientos de cada sujeto el poco y frívolo sentido que pudieron haber tenido.

Son actos y conductas que realmente hacen mal y daño inútil a otros, y solo por querer salirse con la suya disfrutan sádicamente de un trato ásperamente superior (o lo enmascaran  con técnicas de imagen  y con palabras “del bien común”). Amargan la vida, empequeñecen la autoestima y favorecen el odio. Pero indican que no debemos atrevernos a discutir sus criterios, opiniones y sus puntos de vista que muchas veces –dicen- están basadas en consejos de supuestos “expertos”.

Actualmente disentir de las opiniones “oficiales” o de los “valores” impuestos por la supuesta “verdad social” hace que estos valedores tiránicos nos quieran dejar, por disentir, cono horteras o cursis o desinformados. No es raro ver a personas privilegiadas querer ridiculizar a los que se manifiestan en contra de estos valedores, aunque ellos mismos tengan un nivel de vida privilegiado por sus viviendas o condición. Pero lo que importa en estos casos no es que se tengan valores sino utilizar los argumentos y medios para querer imponer, si pueden, que “su valor” es el verdadero.

Como señala Cencillo “la constancia y la tenacidad de esas conductas [y opiniones] gratuitamente destructivas de la confianza en sí, y su intervención en circunstancias decisivas, les presta su asombrosa eficacia para tiranizar infaliblemente el ánimo, las iniciativas y la autoestima de los “otros”.

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Luis Cencillo nos introduce en la filosofía vital de la efectividad en el mundo práctico que es la realidad. [6] En el pensamiento filosófico que muestra en su autobiografía, que casi terminó un mes antes de morir en 2008, se sigue preguntando sobre el hombre y su sentido: “El hombre es un ser sumamente extraño. Tiene como modo de estar en el mundo la praxis, pero en ella necesita proyectar. Tiene muy arraigada la idea de ser feliz y ¡nunca lo logra! Se imagina estar en circunstancias trascendentales a cada paso. Lo que le tiene perplejo es que lo que busca esté siempre en otra remota parte. A veces le parece que todo tiene suma importancia, otras que nada la tiene. A veces le alegra adivinar que todo se halla pleno de sentido, otras que nada lo tiene y que bracea inútilmente en el absurdo”.

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[1] Luis Cencillo. La ignorancia lúcida. Editorial Manuscritos, 2009

[2] Jean Paul Sartre. La Náusea. Editorial Losada, Buenos Aires, 1947. Hay muchas referencias a esta obra y resúmenes: http://es.wikipedia.org/wiki/La_n%C3%A1usea . Se puede descargar el libro gratuitamente en https://www.elejandria.com/libro/la-nausea/sartre-jean-paul/220

[3] “Ignoramus et Ignorabimus”.  Expresión latina difundida  por el médico berlinés Emil du Bois-Reymond.  En el año 1872 viajó de Berlín a Leipzig para dar una conferencia sobre el tema “Los Límites del Conocimiento de la Naturaleza”. Esta conferencia causó gran revuelo porque Du Bois-Reymond explicó que nunca se conseguiría hallar la solución de una serie de problemas científicos. Terminó su disertación con las siguientes palabras: `Ignoramus et Ignorabimus´ (ignoramos y nunca sabremos).

[4] Julian Huxley. Nuevos odres para vino nuevo. Editorial Hermes. Buenos Aires. 1959

[5] Comentario de  Juliá Marías-pág. 121 en: Teorías de las concepciones del mundo de Wilhelm Dilthey. Ediciones de la Revista de Occidente, Madrid, 1974.Traducción del alemán y Comentarios de Julián Marías

[6] Efectividad: La efectividad es el equilibrio entre eficacia y eficiencia, es decir, se es efectivo si se es eficaz y eficiente. La eficacia es lograr un resultado o efecto (aunque no sea el correcto). En cambio, eficiencia es la capacidad de lograr el efecto en cuestión con el mínimo de recursos posibles viables o sea el cómo. Ejemplo: matar una mosca de un cañonazo es eficaz (conseguimos el objetivo) pero poco eficiente (se gastan recursos desmesurados para la meta buscada). Pero acabar con su vida con un matamoscas, aparte de ser eficaz es eficiente, por lo tanto al cumplir satisfactoriamente ambos conceptos, entonces es efectivo.

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EL CAOS Y EL FUTURO


Juan Rojo Moreno

    Ilya PrigogineEl mundo se ha planetizado y se ha desequilibrado. No es que antes hubiera mucho equilibrio, pero no afectaba a tanta gente ni a tantas culturas. En las grandes batallas de Alejandro el Magno, en la época griega, en la romana o incluso en las múltiples guerras hasta la Segunda Mundial, todo era relativamente local. La segunda Guerra Mundial ya alcanzó a algo más lejos que Europa y ahora no habrá tantas guerras mundiales con armamentos pero la influencia de lo que ocurre en una parte del planeta es muy importante en la globalidad y la guerra ahora es informática, de manipulación y de control de medios, de las ideas y aspiraciones de los colectivos. Si en un país que tiene minerales especiales para que funciones los smartphones se produce un problema esto puede afectar a la comunicación global (en la actualidad los smartphone están compuestos por más de 200 minerales, 300 aleaciones y más de 80 elementos químicos. Minerales que en algunos casos son raros y escasos y que actualmente no tienen sustituto claro. La explotación de esos materiales en ciertos lugares del mundo está causando graves problemas sociales, ambientales y de salud).[1]

Señala Ilya Prigogine[2] que el caos no es “caótico” e incluso algunos autores hablan del “caos determinista” pues en el fondo siempre el caos tiene un orden y una finalidad.[3] ¿Cuál es la finalidad del caos que originan las revoluciones? Evidentemente, hacerlas con un orden interno que al final consiga un “equilibrio” que ahora será el “nuevo equilibrio” dominado por los que promovieron la revolución. Como señala Toffler: “lo que todos sabemos: los políticos actúan más veces en defensa de sus intereses que en defensa de los intereses de los otros”.

En la misma naturaleza hay un orden en los estados de desequilibrio que está activo constantemente. “El no-equilibrio es fuente de orden de coherencia; entre las unidades surgen correlaciones. El no-equilibrio como origen de orden se presenta ya como uno de los principios más generales que podemos formular”.

Y el papel que cada uno de nosotros tenemos en el mantenimiento de los sistemas sociales durante los tiempos de cierto equilibrio o para ampliar las fluctuaciones es cada vez más importante. Como señala Prigogine: “una sociedad es un sistema no lineal en el que lo que hace cada individuo repercute y se amplifica por efecto del socius y resulta que esta no linealidad ha aumentado espectacularmente como consecuencia de la intensificación de los intercambios de todo tipo”. Y ya lo vivimos con la influencia de los diversos sistemas de redes sociales y mass-media sobre hábitos, costumbres e ideas o convicciones.

El trinomio flujo/función/ estructura, explica nuestro autor, “implica una retroalimentación evolutiva”. Es decir, la aparición de desequilibrios y estructuras disipativas y fluctuaciones dentro del sistema puede originar nuevas estructuras que a su vez modifiquen el flujo, lo que a su vez posibilita la emergencia de nuevas estructuras. Si las estructuras creadas (dentro del sistema) no encuentran inserción social de forma adecuada para ser procesadas, entonces, aparece un malestar y angustia que se observa en todos los niveles. Y hoy tengamos en cuenta como esos nuevos flujos emergentes son potenciados por el sistema de comunicación global.

A partir de cierta distancia del equilibrio, de cierta intensidad de los procesos disipativos -señala Prigogine- no se garantiza la estabilidad y podemos definir un “umbral”, una distancia crítica respecto al equilibrio, a partir de la cual el sistema se hace inestable y entonces una fluctuación puede eventualmente no remitir, sino aumentar. Cuando en vez de desaparecer una fluctuación aumenta dentro de un sistema más allá del umbral crítico de estabilidad, el sistema experimenta una transformación profunda, adopta un modo de funcionamiento completamente distinto… y surge un proceso de auto-organización, una estructura disipativa.

Estas estructuras disipativas que se nutren para subsistir del medio (diríamos hoy trasladándolo al mundo social, de la mass-media, de las redes sociales, de los medios de influencia…), esta fluctuación puede ser la que seleccione el cambio del sistema. Ya lo dijo G. Tarde en 1922: “para restituir al Poder su antigua estabilidad propia de las épocas en que no se charlaba fuera del estrecho círculo familiar habría que empezar por instaurar el mutismo universal”[4].

Hoy en día también hay quien opina que “los medios de comunicación han de tener control público” y existen países (muchos) donde hay (o se intenta) un estrecho control de la información “no conveniente”. Esto parece muy extremo, pero para quienes les interese el tema del “control de la información”, persuasión, tasa de conversión, inteligencia conductual, control de los algoritmos persuasivos o Time Well Spent, es interesante este video aquí

medios comunicacion

Volviendo a Prigogine, señala que esta concepción (estructuras disipativas, fluctuaciones) es aplicable a las ciencias humanas y lo estamos viendo actualmente en este siglo XXI por doquier. Y no nos confundamos, no hay “un sistema” un famoso “establishment” como sistema “reversible” automantenido, pues algunas de las fluctuaciones que aparecen constantemente en el “sistema” se amplifican y constituye una nueva totalización, estableciendo una unidad de régimen.

Y algo muy actual que aportó Prigogine “el hombre en devenir debe romper con la naturaleza identificada con una materia pasiva, sometida a leyes deterministas, carente de toda posibilidad de innovación y transformación… nuestro mundo es un mundo de cambios, de intercambios y de innovación…. El desarrollo demográfico, las condiciones sociales y económicas exigen de nosotros una nueva evaluación de la postura del hombre, de su sociedad y de sus relaciones con la naturaleza”. Y nosotros estamos en esa naturaleza no frente a ella.

¿Y el futuro?: Un colega de Prigogine (Weinberg) dio una conferencia titulada “El final del todo” que aunque nuestro autor considera que suena excesivamente pesimista no obstante viene a aportar que la ancestral idea de la estabilidad de la materia ha encajado un duro golpe. Actualmente, si transportamos estas ideas a nuestra situación planetaria, ciertamente, el mundo tal como se concebía solo hace 70 años ha cambiado radicalmente. La planetización de las sociedades y la intercomunicabilidad está originando fluctuaciones auto-organizadas no controladas o por lo menos no reconocidas en sus efectos a medio o largo plazo. Las creencias y los valores mutan muy rápidamente y hay que buscar mecanismos globales (aún no encontrados) generadores de orden a partir del desorden.[5] En este avance de estructuras disipativas que son “ciclos límites” conviven expansionadores y contractores del sistema y se origina, entonces, competitividad entre fluctuaciones (creencias, fines, medios…). Esta es la enorme tensión social que dificulta el acuerdo y nubla la convivencia.

Como señala el propio Prigogine: “Algunos conceptos encuentran explicación simultáneamente en las ciencias y en las humanidades. Uno es el concepto de “no linealidad” que es fundamental en el proceso de las estructuras disipativas pero también lo es para entender cualquier forma de sociedad… de seres humanos. Probablemente el único modo de definir la sociedad sea por medio de la existencia de procesos de realimentación no lineales, lo que significa que todo lo que hace un miembro de la sociedad repercute en el conjunto del sistema social… El comportamiento imitativo no lineal constituye igualmente la base de la descripción de la sociedad humana. Qué duda cabe que en nuestra época de explosión demográfica [y transcultural] no existe un solo problema de mayor entidad que la relación global entre individuo y sociedad”.

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Quien tenga interés en la obra de Ilya Prigogine hay un magnífico video de una entrevistaque le realizaron en 1997. (Tras la introducción que hace el filósofo Ricardo Forster la entrevista empieza a partir del minuto 8).

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[1] ¿Sabes de que está compuesto tu smartphone?

[2] Ilya Prigogine. ¿Tan solo una ilusión? Una exploración del caos al orden. Tusquets Editores, Barcelona, segunda edición, 1988

[3] El tiempo y la “historia” aclarará la “finalidad” del caos actual que estamos viviendo con la pandemia del Covid-19. Ahora se habla de la “nueva normalidad” cuando se supere esta pandemia

[4] G. Tarde. L´opinion et la foule, Alcan, Paris, 1922

[5] Utilizamos algunas frases propias de la obra de Prigogine pero modificándolas para el interés que nos ocupa.

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LOS CUADROS DE DESCARGA TRAS EL COVID-19


(Y ¿Cómo fallecen nuestros Mayores en las residencias?)

COVID-19 LAS PROVINCIAS

La depresión de Descarga y los cuadros de Descarga.

Es significativa la capacidad de aguante y resistencia que tiene nuestro sistema nervioso. Quizá más que otros de nuestros órganos internos. Si nos excedemos en una comida pronto nos damos cuenta que estamos empachados o molestos digestivamente, si hacemos un sobreesfuerzo muscular pronto nos damos cuenta del dolor o la molestia que esto supone en nuestro sistema  músculo-esquelético. Pero por otra parte podemos mantener meses y meses un sobreesfuerzo psíquico, ya sea por exceso de trabajo, ya sea porque se nos juntan en un corto lapso de tiempo varios acontecimientos, problemas familiares o cuidado de familiares en hospitales, en casa u otros estresores, y “aguantamos”, a lo mejor durmiendo poco y mal, pero manteniendo “el tipo contra vientos y mareas”. Es decir, resistimos cumpliendo con lo que consideramos obligaciones personales, laborales o familiares, aunque sea en condiciones de gran sobreesfuerzo y estrés psicofísico.

En ocasiones puede aparecer una Depresión de Claudicación o agotamiento ( P. Kielholtz 1965) indicándonos que ya no podía más el sistema nervioso, o la compensación psíquica, que nos mantenía  aceptablemente sanos. Pero otras veces la persona es capaz de seguir aceptablemente “sano”, o por lo menos sin una descompensación clínicamente significativa, durante todo el tiempo que dura  el sobreesfuerzo y luego, como ocurre con las agujetas que cuando paramos de hacer el ejercicio es cuando las notamos, igualmente, una vez han pasado ya las circunstancias estresantes, entonces y solo entonces,  es como si ahora ya pudiese la persona permitirse caer enferma. Es cuando aparece  la enfermedad depresiva. Estas son las depresiones denominadas de Descarga por W. Schulte (1961). El paciente se pregunta ¿cómo es que enfermo ahora que ya todo vuelve a la normalidad?, ahora que ya se ha recuperado el familiar ingresado o ya ha cesado tras meses y meses el estrés laboral ¿ahora que todo debería ir bien me aparece la depresión?

Es como si la disposición a la depresión, favorecida  por el estrés mantenido, hubiese estado esperando a cumplir con su obligación existencial, con su obligación vivida según sus valores como necesaria y, entonces, como la batería de un coche que repentinamente se descarga, ya, una vez cumplida la misión puede aparecer la depresión que estaba esperando una disminución de la tensión interna para manifestarse.

Si generalizamos el término “descarga” no solo a las depresiones sino a otros cuadros ansiosos, somáticos o psicosomáticos, veremos posiblemente que después que pase la pandemia del Covid-19 aparecerán “cuadros diversos de descarga” bien en los profesionales de la salud y en las asistencias básicas de la sociedad que han tenido que mantenerse durante el sobresfuerzo (médicos, enfermería, auxiliares, policía, bomberos, cuerpos de seguridad, etc.) pero también en familiares de enfermos diversos y que ahora con el confinamiento en casa realizan más sobresfuerzo y no digamos de muchas personas a las que la reclusión obligatoria está originándole estados de estrés y alteraciones de ánimo que son “contenidas” por la situación general, por lo que llamaba Julian Marías la Estructura Empírica social que ahora es de “aguante”.[1]

Ya nos llegan manifestaciones de estas tensiones contenidas y muy posiblemente podamos verlas manifestarse de manera viva como un fogonazo que emerge al liberarse las reclusiones forzadas.

¿Se ha tenido en cuenta las necesidades emocionales y compensatorias durante el confinamiento en personas mayores de 70 u 80 años que viven solas?

Y ya que hablamos de las personas mayores que son consideradas las más vulnerables al Covid-19 y a las que se las quiere dejar recluidas hasta la última instancia, pero sin los apoyos psicológicos y familiares necesarios ¿qué está pasando o ha pasado con nuestro mayores que han fallecido en Residencias? Esta es una cuestión de la que no he oído planteamientos. No hacen más que dar números: fallecen 40 personas mayores en una residencia, en otra 60, en otra 20, en otra entran los cuerpos de seguridad y se encuentran varios cadáveres que no habían sido trasladados tras el fallecimiento. Sí cierto, cuando acabe la pandemia esperamos que la ley y la racionalidad se aplique a todos estos casos. ¿Quién nos cuenta en qué condiciones han padecido la agonía antes de la muerte? Cuando una persona mayor se pone enferma lo normal es llevarla a un hospital, pues todos sin excepción tenemos derecho a la mejor sanidad y calidad de vida (y muerte) que se nos pueda dar (y no hay diferencias ni por edad, sexo, raza…). Cuando en un hospital fallece una persona mayor ha tenido, como  es debido, los cuidados necesarios y la ayuda en su tránsito ¿y las personas mayores de las Residencias, también han tenido esa ayuda?

El futuro no es posible saberlo pues las adivinanzas, y más aún las profecías, no son sino especulaciones, y con la vida y la muerte no estamos en las condiciones actuales para especular. Queremos ciencia y más ciencia, y en eso todos estamos de acuerdo… pero ciencia para el hombre. Como decía von Weizsäcker, “cuanto más viejo me hago tanto más tengo la sensación de que en la ciencia académica aquello que en la religión se llama humildad ocupa aquí el lugar de la crítica” y el sentido de la ciencia (no su verdad) depende de la filosofía, decía el psiquiatra K. Jaspers.[2] Según qué filosofía del hombre tengamos así será la ciencia que apliquemos.

La pandemia del Covid-19 ha supuesto una crisis mundial sanitaria y económica (a unos más que a otros) pero no solo ha sido eso, también ha supuesto una crisis ética, de valores, que la axiología (disciplina filosófica que estudia los valores de las cosas) nos dirá hasta cuándo y cuánto ha cambiado el mundo cibernético-tecnotrónico- kinético que tanto nos ha hecho admirarnos a nosotros mismos.

La ciencia resolverá la pandemia del coronavirus Covid-19, pero como señala K. Jaspers “La ciencia sin filosofía no es fructífera, no es verdadera, sino simplemente precisa”.[3] Será precisa y necesaria, pero cuando solo se espera de ella los resultados y no es humanista señala Ortega: “El prodigio que la ciencia natural representa como conocimiento de cosas, contrasta brutalmente con el fracaso de esa ciencia natural ante lo humano. Lo humano se le escapa como el agua por una canastilla”.[4]

La experiencia de la pandemia de Covid-19 me hace temer más a la vejencia, pues si he de ir a una Residencia, con más de 80 años podré esperar en un momento dado una vital negligencia.

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[1] Julián Marías. Antropología Metafísica. Revista de Occidente, Madrid, 1970.  Esto es lo que se ha escapado a la doctrina sobre la vida humana, esta es la zona de la realidad que llamo estructura empírica. A ella pertenecen todas esas determinaciones que no son sucesos o contenidos azarosos, sino […] elementos empíricos pero estructurales previos. (Es nuestra referencia asumida social).

[2] Karl Jaspers Autobiografía filosófica. Editorial Sur. Buenos Aires, 1958 (lo escribió en 1953)

[3] Citado en  el Libro: Dilthey, Jaspers y la comprensión del enfermo mental. Luis Martín- Santos, Editorial Paz Montalvo, 1955

[4] José Ortega y Gasset.  Historia como sistema y otros ensayos de filosofía 1941. Revista de Occidente  en Alianza Editorial

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EL PERSONALISMO SOCIAL


(Opinión o Información)

Juan Rojo Moreno

         La corriente que  engloba al Personalismo es muy variada y muchos autores han desarrollado, con diferentes matices, su filosofía desde esta perspectiva,

La RAE define “Personalismo” en su 2ª, 3ºª y 4ª acepción como:

  • Adhesión a una persona o a las ideas o tendencias que ella representa, especialmente en política.
  • Tendencia a subordinar el interés común a miras personales.
  • Sistema filosófico en el cual la persona es el valor supremo.

Pero realmente la corriente Personalista buscó un equilibrio entre el Colectivismo y el Individualismo.

Cierto que pone el énfasis en la persona pero considerando al hombre como un ser relacional, esencialmente social y comunitario, un ser libre, trascendente y con un valor en sí mismo que le impide convertirse en un objeto como tal.  Y también es un ser moral, capaz de amar y de actuar en función de la actualización de sus potencias.

Por esto en la historia hay tantas corrientes Personalistas: el personalismo de Karol (wojtyla) o el de Mounier – que fue el fundador de la corriente como tal y escribió obras como El manifiesto personalista o El personalismo-. También grandes Personalistas han sido Marcel (Francia) Scheler (Alemania) Laín Entralgo (España) o Pareyson (Italia).

Nos explica muy bien esta corriente personalista Juan Manuel Burgos, Presidente de la Asociación Española de Personalismo (aquí)

Igualmente en este corto vídeo unos jóvenes nos resumen muy bien el Personalismo y la idea de Mounier (aquí)

Es una corriente que decayó a partir de los años 70 pero que ha adquirido de  nuevo actualidad y potencia.

Volver de nuevo al mundo de los valores y de la relación yo-comunidad y también yo-comunidad-planeta actualiza el papel de la persona no solo en relación con la sociedad sino con “las sociedades” pues la acción individual ya no puede ser responsable si no tiene en cuenta la planetización de las relaciones humanas.

Pero ¿cómo nos relacionamos con los otros, con la sociedad y la planetociedad? Dice B. Häring que “el más íntimo ser del hombre se rebela contra la filosofía del utilitarismo, contra la concepción de una humanidad manipulada”[1] ¿pero sabemos cómo somos manipulados cuando utilizan sofisticados métodos de manejo de la información, de la opinión y de las emociones?

Quizá actualmente ya hemos pasado del “mundo de la información” al de la opinión. No es la información sino más bien la “opinión” y las opiniones las que están calando en nuestra sociedad y siendo capaz de crear, mediante elaborada ingeniera social, patrones creenciales y paradigmas efímeros pero de gran fuerza eficaz.

La administración de la información y el manejo emocional de la gente hacen que cada persona esté convencida de su libertad de decisión y opinión. Pero la realidad es que estamos muchas veces desorientados y otras ideo-vapuleados de manera que hoy pensamos que es correcto una cosa y mañana o pasado nos convencen que lo correcto es la contraria.

En definitiva, hoy podemos tener vigencias sociales tan cambiantes en poco tiempo que solo son pseudovigencias, aunque vividas como históricas. Señala Ortega que los principios normativos de todo orden -en ciencia, arte, política…- han dejado de ser vigentes ¿Qué quiere decir esto? Cuando un principio goza de vigencia histórica actúa como una disciplina objetiva, como un cauce sobreindividual donde cada uno se instala respetuoso y confiado y firme. Sincera o ficticiamente todo el mundo lo acata y procura ajustarse a él.

La  vigencia y los usos sociales, las creencias y las ideas del momento histórico, se imponen automáticamente a los individuos y éstos se encuentran con ellos y con su presión impersonal y anónima y, aunque los rechacen o los acepten, la realidad es que son vigentes. Cada uno de nosotros tenemos que hacer la vida dentro de un mundo definido por un sistema de vigencias (usos, ideas, creencias, principios… que actúan sobre nosotros desde la sociedad, impersonalmente).[2]

El personalismo quiere dar autenticidad a la persona que no es un mero individuo y de esta manera el existencialismo personalista, señala Häring: “no tiene por sí un interés unilateral por ser y llegar a ser más y más uno mismo, sino que principalmente pone la mirada en un encuentro más auténtico con el otro”, como también enfatizaron filósofos como K. Jaspers, M. Heidegger o J. P. Sartre.

Pero la manipulación social consigue que a veces “el otro” sea ahora uno diferente al que puede ser mañana. No es posible solo hablar idílicamente de personalismo social sin hablar de manipulación social vigente que crea valores ahistóricos pero “actuales” de nuestros tiempos. Conviven en el mismo espacio las personas que tienen un espíritu supranacional e incluso supracontinental con los que aún siguen aferrados a su espíritu de la comunidad o a la que hubo en un momento histórico pasado

Tanto el personalismo filosófico como el existencial o el de Levinas parten de la responsabilidad, pero como el mismo Levinas señala existe muy a menudo una “desmoralización de la responsabilidad”

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El personalismo como entidad filosófica para algunos autores está adscrito fundamentalmente al cristianismo. Así señala J. M. Burgos que “persona” no es un sinónimo de hombre, sino un modo concreto y específico de entender al ser humano y “el personalismo una filosofía cristiana en cualquiera de los sentidos que pueda tener esta expresión. Lo es, ante todo, por la filiación religiosa de sus principales representantes…  hoy sabemos que nuestra precomprensión del mundo influye en la elaboración de la filosofía. No existen posiciones cartesianas puras ni absolutamente neutrales. Así, de una precomprensión cristiana ha surgido necesariamente una filosofía cristiana [personalismo]”[3].

Sí, cierto, para este último autor hay que hablar del personalismo y no de los personalismos pues en este último caso se habla y analiza tanto a la “persona” que se acaba nombrando solo al hombre, al ser humano.

Pienso que si el personalismo lo que exige es un compromiso con la otredad, con la sociedad y con la planetociedad (sociedad planetaria) no podrá llegar a tener fuerza social si no consigue ser una filosofía práctica que desde lo diverso tenga fuerza eficaz por alcanzar lo unitivo. Conceptos aportados por la psicología Individual de Adler, o el Personalismo de W. L. Stern psicólogo, intelectual y filósofo alemán que ha sido reconocido como pionero en el campo de la psicología de la personalidad, nos puede servir como ejemplo de cómo una filosofía ha servido para comprender realidades humanas y personales en el mundo de hoy. La filosofía de Stern fue expresada como forma de personalismo y escribió también sobre la personalidad de grupos de gente.  Arie de Geus lo citó en el libro holandés De levende Onderneming (“la compañía viva”)  que utiliza la filosofía de Stern para explicar la longevidad de ciertas compañías como Shell y Mitsubishi.

Psicología, psiquiatría, pedagogía, bioética y como vemos también economía, son entre otros ámbitos en los que puede desarrollarse esta corriente filosófica hasta ahora poco conocida.

Realmente se quejan los filósofos “personalistas” del bajo impacto que tiene esta corriente en el mundo actual. Pero su Kairos (la hora propicia, la oportunidad presente) lo alcanzará cuando el compromiso de la “persona” no solo sea con las otras personas, sino con el sentido que todos los seres vivos y las cosas tienen en el proceso de individuación. ¿O quizá si llega a esto ya será otra corriente filosófica diferente al personalismo?

Si el personalismo quiere evolucionar en parte desde la cristiandad tendrá que hacer caso a la frase tan utilizada por el Papa Juan XXIII “aggiornamento” (actualización) es decir vigilancia y atención a las señales de los tiempos en que vivimos. El personalismo huye de la moral de la situación  y como señala Häring ciertamente muchos problemas de la historia pasada (situacionales) no pueden volver a suscitarse ya y, así mismo, por otro lado, los hombres de este siglo no podemos proponer formulaciones que tengan  fácilmente validez para el hombre del siglo XXIII.

Quizá por esto el “mundo de la información” se está disipando y hundiéndose en uno de mas corto plazo (más finalista) pasando a confundirse con el  “mundo de la opinión”

Pero una filosofía de la vida que no esté en constante “aggiornamento”, en constante actualización de la realidades, inquietudes y preocupaciones también materiales y culturales del hombre de hoy solo propondrá un perspectivismo que no llenará los viejos odres del sufrimiento humano con vino nuevo.

¿El Papa es elegido por el Espíritu Santo?: Los cardenales tienen una gracia especial de estado, concedida por el Espíritu Santo, para cumplir bien su misión de electores, pero esa gracia no suprime su libertad. ¿Es infalible el Papa cuando habla ex-cathedra? (que no es lo mismo que  “ex officio”)[4]. ¿Y el Purgatorio? [5]. El limbo no existe desde 2005[6]. Aggiornamento.

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En definitiva como dice Valéry [7]: “Durée est construction, vie est construction” que, como apunta I. Prigogine, expresa nuestra responsabilidad en la construcción del futuro, no solo de nuestro futuro sino del futuro de la humanidad.

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[1] Bernhard Häring. La moral y la persona. Editorial Herder, Barcelona, 1973.

[2] José Ortega y Gasset. Historia como sistema y otros ensayos de filosofía. Revista de Occidente en Alianza Editorial. 1941.

[3] J.M. Burgos. El personalismo hoy

[4] Un Papa cuando habla y decreta “ex officio” en materia de Fe y de moral jamás puede errar,  pues Cristo confirmó a Pedro (y a sus sucesores) en la Fe (Lc 22,32). Afirmar que un verdadero Papa, fuera de las declaraciones “ex cathedra”, puede errar en materia de Fe o moral es decir que Cristo se engañó o le mintió a Pedro, lo cual sería una blasfemia. Si un supuesto Papa hablando y decretando “ex officio” se desviase de la Fe, pondría en evidencia que jamás ha sido Papa,  pues un verdadero Papa no puede apartarse jamás de la ortodoxia. Si se diera el caso de la elección de un candidato desviado de la Fe, la elección es nula como Papa. Esto se aplica a todos los “papas conciliares”, pues estos hablando “ex officio” cayeron en herejía con lo que queda demostrado que jamás fueron Papas.

[5] Para los que no sepan que es el Purgatorio: El Purgatorio es un concepto religioso con especial presencia en la teología católica y la copta. De acuerdo con esta doctrina, el purgatorio no es un espacio físico​ y se define como un estado del alma transitorio de purificación y expiación en el que, después de la muerte, las personas que han muerto en estado de gracia sufren la pena temporal que aún se debe a los pecados perdonados y, tal vez, expiar sus pecados veniales no perdonados para poder acceder a la visión beatífica de Dios. Más información en las diferentes religiones aquí

[6] El limbo era donde iban los niños no bautizados pero que tenían el “pecado original

[7] Paul Valéry, Oeuvres, II, Blbliothèque de la Pléiade. Editions  Gallimard, 1960.

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CANNABIS, OPINIONES Y CIENCIAS


Juan Rojo Moreno

Director de la Revista Española de Drogodependencias

(Publicado en: Revista española de Drogodependencias. Editorial 44 (4) 5-9. 2019 https://www.aesed.com/upload/files/v44n4_Editorial1_jrojo.pdf

RESUMEN

Reflexionamos sobre el debate que existe en la comunidad científica sobre los artículos de opinión que plantean valorar el posible uso terapéutico que puede tener el consumo regulado del Cannabis y por otra parte los estudios que muestran la relación entre el consumo de esta sustancia y el riesgo de enfermedad mental. Se diferencia entre “riesgo de enfermedad” y causalidad y se explica el concepto de estocasticidad en psiquiatría Debemos valorar así mismo “el coste de oportunidad que está suponiendo que el debate sobre el cannabis se siga planteando como un conflicto bélico entre partidarios y detractores del uso de esta sustancia milenaria y compleja”.

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        En las ciencias de la salud las cosas casi nunca son blancas o negras y la estructura empírica, el momento histórico, nos hace valorar debidamente unos aspectos por delante de otros. Lo cual cambia cuando el paradigma de referencia muta.

Por esto siempre ha sido bueno, en estas ciencias, el perspectivismo (que ya postuló nuestro filosofo Ortega y Gasset) que nos permite un balance en cada momento de lo que existe, pero sin olvidarnos que el sufriente es un ser humano.

Con las drogas siempre ha ocurrido algo parecido. En su momento el opio fue un vehículo social, en otro momento sus derivados han sido medicamentos que han (y siguen) aliviando sufrimientos humanos y en otras circunstancias es una droga muy adictiva. Pero igual ha ocurrido con la talidomida, sustancia denostada por los terribles defectos genéticos natales que originaba cuando, en embarazos, se tomaba para evitar náuseas y vómitos y que ahora ha renacido con nuevas y esperanzadoras propiedades terapéuticas (eritema nodoso lepromatoso, mieloma…) y así mismo con la fenilciclidina (PCP) que se usó como anestésico, también como tranquilizante, luego en veterinaria y luego como droga (Polvo de ángel) o la Ketamina (derivada de la fenilciclidina) usada como anestésico, luego como droga (“Special K”, “Gato”,”Ketchup” o “Kit Kat”) y ahora renace pudiendo ayudar en el síndrome de abstinencia de la cocaína (Dakwar, 2019)[1] o bien una modificación de la misma es un potente antidepresivo que puede evitar suicidios (Esketamina) y así podríamos seguir con un largo etcétera.

¿Y el Cannabis? (Hachís, marihuana…)

Aquí hay que diferenciar múltiples perspectivas, que desde la “razón histórica” no deben anularse o competir entre sí, sino complementarse.

Por una parte están los múltiples estudios científicos que demuestran una y otra vez que existe una relación y/o un mayor riesgo (que no quiere decir un efecto causal) entre el consumo de cannabis y cuadros psicóticos, alteraciones comportamentales y amotivacionales, alteración de la concentración o síntomas cognitivos, etc. No se suelen poner en duda estas investigaciones que se realizan con gran rigor científico.

Pero aunque ya sea conocido vale recordar los conceptos de casualidad de forma resumida para evitar confusiones:

Causa finalis: El futuro es la causa. Lo que sucede se hace para o dirigido a conseguir una meta futura.

Causa efficiens (es la que nos interesa). El pasado como causa. Algo pasado origina lo actual. 3 características:

  1. Univoca: Un suceso A origina uno B y el suceso B es causado por A.
  2. Es necesaria: solo se produce B si antes se ha dado A
  3. Es suficiente: bastará que se produzca A para que se produzca B.

Las investigaciones que relacionan los efectos del cannabis y psicopatología psiquiátrica no hacen referencia a causalidad sino a riesgo y/o relación evidente.

Por esto más que de causalidad, en psiquiatría hablamos de estocasticidad. Una relación entre A y B es estocástica cuando la probabilidad de que un hecho B suceda, dado previamente A, es mayor que el azar (se pueden presumir o considerar las probabilidades de que algo suceda o no).

Por lo tanto dejamos zanjada la cuestión científicamente demostrada de la relación (no causalidad) entre el consumo de cannabis y riesgo a alteraciones psiquiátricas.

Por otra parte hemos de tener en cuenta la opinión de personas formadas y expertas en este campo y que abogan por una valoración “naturalística” de la regulación del uso del cannabis. Sus opiniones han de ser tenidas en cuenta. No están en contra de la evidencia científica pero muchas veces en artículos de opinión se preguntan cuestiones tales como: si los estudios científicos no hacen más que demostrar esa posible relación ¿no se entenderá al final, por muchos, como una causalidad sin ser esto cierto?

En la denominada falacia de la casualidad inversa se infiere que existe una relación causal entre dos o más eventos por haberse observado una correlación estadística entre ellos. Esta falacia muchas veces se refuta mediante la frase «correlación no implica causalidad».[2] Se puede, entonces, confundir la causa con el efecto, encadenando “causas” injustificadamente (Leiner López, 2017)[3], pues como señala J. M Huerta (2018) [4]: una derivada de la falacia “post hoc, ergo proter hoc” es la de deducir la causalidad de la correlación. Consiste en demostrar estadísticamente que dos posibles sucesos están correlacionados y entonces determinar que uno es causa del otro. Esto no suele ser un problema que abunde en los estudios científicos serios pero se plantean los expertos en opinión ¿y su influencia en la realidad social?

Autores cualificados expertos que escriben artículos de opinión pueden poner en cuestión la universalidad y el cientismo de la misma ciencia cuando se aplica a la totalidad del ser humano y al todo de la salud, pero hay que tener en cuenta que un escrito de opinión supone: a) su objetivo fundamental es expresar una postura y ofrecer valoraciones, opiniones y análisis sobre temas de interés b) siempre va firmado por su autor que goza de formación profesional en determinados temas o áreas de conocimiento c) tiende a ser una exposición de carácter argumentativo y persuasivo en torno a un asunto d) trata temas variados que son actuales y pertinentes y d) su principal objetivo es influir con su opinión en sus lectores para que puedan llegar a una reflexión propia en base a lo que se encuentran leyendo.

Nos hemos encontrado que en alguna ocasión se han levantado airadas protestas por reputados científicos profesionales ante artículos de opinión, tildándolos de “falta de evidencia científica” o de “cierta especulación” (aunque no veo, sensu stricto, el problema en esto último pues etimológicamente especular alude a realizar suposiciones sobre lo observado y también expresar lo observado). Realmente, en definitiva, protestas ante un artículo “de opinión” que evidentemente no ha de ser estrictamente científico, sino que, valga la redundancia, opina, observa y expone.

Los datos apuntan a que cerca de 190 millones de personas han utilizado el cannabis en 2017 y según el Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías en 2016 aproximadamente 23,5 millones de europeos habrían consumido cannabis, de los cuales casi tres millones serían españoles. Esto  hace que algún experto opine que es lícito plantearse tanto los efectos beneficiosos que puede tener el cannabis en determinados casos, así como los perjudiciales en otros muchos ¿debemos abandonar ahora el estudio para conocer el posible potencial terapéutico y dejarlo para los siglos venideros?

Como señala Álvarez Roldan, (2018)[5] en relación con la legalización del cannabis y en el contexto de una revisión que forma parte del proyecto de investigación “Consumo intensivo y regular de cannabis en España: diferencias de género, patrones de adquisición y uso, motivaciones y problemas percibidos (CIRCE)”, financiado por la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas (2017): “la distinción entre usos terapéuticos y recreativos es difusa. La mayoría de los usuarios que dicen hacer un uso terapéutico de la marihuana reconocen que la consumen con fines recreativos. Además es muy probable que una buena parte de las personas que dicen que la consumen sólo para pasarlo bien estén en realidad auto-medicándose para paliar estados psicosomáticos desagradables o aumentar su bienestar, o incluso satisfacer las exigencias de un poderoso hábito resultante del uso reiterado, motivos todos difíciles de separar en el consumo regular de psicoactivos”.

Convendría valorar el coste de oportunidad que está suponiendo que el debate sobre el cannabis se siga planteando como un conflicto bélico entre partidarios y detractores del uso de esta sustancia milenaria y compleja” (Álvarez Roldan, 2018).

 

BIBLIOGRAFÍA

[1]   Elias Dakwar, Edward V. Nunes, Carl L. Hart, et als. A Single Ketamine Infusion Combined With Mindfulness-Based Behavioral Modification to Treat Cocaine Dependence: A Randomized Clinical Trial. Am. Journal of Psychiatry, Jun 2019: https://doi.org/10.1176/appi.ajp.2019.18101123

[2] Cum hoc ergo propter hoc (en latín, “Con esto, por tanto a causa de esto”)  https://es.wikipedia.org/wiki/Cum_hoc_ergo_propter_hoc

[3]Falsa relación causal by Leiner Lopez Reza , https://prezi.com/81nxxelxhor4/falsa-relacion-causal/

[4] José M Huerta (2018) https://josehuerta.es/gestion/personas/tecnicasdebate/tdd-falacia-de-la-falsa-causalidad

[5] Roldán A,  Gamella JF, Parra I. La legalización del cannabis: un experimento americano de consecuencias globales. Revista española de drogodependencias 43 (4): 22-38, 2018

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EL ORDEN Y EL TIEMPO


Juan Rojo Moreno

Escribir sobre el caos, la caología o las estructuras disipativas… es redundar en información que ya existe abundante en la Red. Pero no me he podido sustraer a hacer algún comentario después de leer el libro de Ilya Prigogine  (Premio Nobel de Química 1977) ¿Tan solo una ilusión? Una exploración del caos al orden, que es una antología de diez ensayos (elaborados entre 1972 y 1982).[1]

Se esfuerza en hacer de la ciencia una aportación que ha de estar en la naturaleza y en cada uno de nosotros: “La ciencia es un dialogo con la naturaleza. La ciencia debe insistir en nuestra pertenencia a la naturaleza”. La verdad es que estamos “rodeados”, avasallados, por la  cultura científica pero al mismo tiempo estamos, en cierto modo, fuera de la ciencia. Vemos que ahora hay televisores Q-LED ¿sabemos qué es realmente Q-LED cuando compramos uno de estos artilugios? Ahora las potencias económicas luchan por imponer la comunicación “5G” ¿Y qué es eso? Sí, podemos conocer una definición genérica pero la mayoría está muy alejada de comprender tan solo como funciona un televisor LED o un teléfono Smartphone, por poner unos ejemplos de uso diario, ya no digo un frigorífico o las mil maravillas electrónicas que nos aportan los automóviles actuales y que no funcionan si se estropea un chip.

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¿Que tenemos mucha información sobre esto? Bien está oír lo que nos dice Jorge Wagensberg en el prólogo a la obra de referencia: “Muchas personas deploran la imparable especialización de la ciencia, John Ziman, por ejemplo, advierte el inquietante éxito de la consigna: saber cada vez más aunque de menos cosas. Una cierta (mucha) filosofía moderna se escora curiosamente en sentido inverso; tiende a convertirse en una especie de periodismo de lujo que simpatiza con el lema: saber cada vez menos pero de muchas cosas. Ambas tendencias tienen un límite patético: saber todo de nada -o sea nada- en el caso de la ciencia o bien saber nada de todo -o sea igualmente nada- en el caso de la filosofía”.

Sufrimos las consecuencias del divorcio entre ciencia y filosofía. Aunque, señala Prigogine, cada vez somos más conscientes de que a todos los niveles desde las partículas elementales hasta la cosmología la ciencia redescubre el tiempo.

Para Einstein el tiempo era una ilusión y como escribía en una carta de pésame al hijo de su amigo Michele Besso: “Ahora que se ha apartado de este extraño mundo un poco por delante de mí. Aquello no significa nada. La gente como nosotros, quienes creen en la física, saben que la distinción entre el pasado, el presente y el futuro es sólo una ilusión obstinadamente persistente.”

Pero Prigogine se plantea la “Flecha del tiempo” ¿o es que no envejecemos o no han pasado cosas en la historia o no murieron los dinosaurios? O, simplemente, no fue ayer cuando me rompí el tobillo. No está de acuerdo que sea solo un fenómeno, una cuestión de fenomenológica, sino que el tiempo humano es un ejemplo particular del tiempo de la naturaleza “la  existencia de este tiempo humano, la dirección del tiempo humano y la innovación asociada al tiempo humano son propiedades universales”.

Y ciertamente, si nos acercamos incluso al mundo cuántico solo pueden explicarse muchos fenómenos teniendo en cuenta el factor tiempo. Así, por ejemplo, en el Principio de Superposición las cosas pueden estar en dos sitios al mismo tiempo. Dos posibilidades a la vez. Nos dice que todas las posibilidades existen al mismo tiempo. El principio de superposición funciona hasta que alguien observa el objeto superpuesto. El simple hecho de mirar neutraliza la superposición. Es el colapso de la superposición.   También se dice que “Como se trataba de una partícula cuántica al soltarla no pasó por la izquierda “o” la derecha sino que se produjo una superposición pasando por la izquierda “y” la derecha al mismo tiempo”. O, los protones en el mundo cuántico ¿aparecen de la nada al azar, durante un tiempo, desparecen de nuevo y reaparecen en algún otro lugar? Y de donde aparecen y desparecen ¿es la nada? Y para terminar de ejemplos: incluso lo que consideramos como espacio vacío está lleno de partículas que se mueven en bucles espacio-temporales cerrados, es decir, avanzan en el tiempo por un lado del ciclo y hacia atrás en el tiempo en el otro lado.

Para Prigogine el tiempo tiene relación con la  irreversibilidad y la ruptura de la simetría que ocurre constantemente en el mundo y en el cosmos en evolución: “Descubrimos una jerarquía de propiedades: inestabilidad (clásica o cuántica) que conduce a un comportamiento nuevo en términos de proceso aleatorio y de ruptura de simetría que expresa, en términos matemáticos, la sensación intuitiva que constantemente tenemos del tiempo que no es manipulable a voluntad”.

La mayoría de los procesos del universo son irreversibles, quiere decir que sobre ellos actúa el factor tiempo y se degradan. La entropía hacer referencia al grado de desorden, y a medida que pasa el tiempo, la entropía (el desorden, el caos) es cada vez mayor a no ser que apliquemos una energía o un mecanismo ordenador. Si dejamos una ciudad sin normas se caotiza, si la circulación no tiene normas se hace un caos y si las plantaciones agrícolas no se cuidan se hacen silvestres mezclándose todo tipo de plantas.

Ciertamente, señala nuestro autor: la irreversibilidad no es una propiedad universal, sin embargo el mundo en su conjunto parece pertenecer a esos complejos sistemas de azar intrínseco para los que la irreversibilidad es significativa y es a esta categoría de sistemas con ruptura de simetrías temporales a la que pertenecen todos los fenómenos vitales y por consiguiente la existencia humana.

Entropía en griego significa evolución (o cualidad de cambio interno) y por lo tanto en toda evolución ha de haber un grado de desorden y desorganización. Cuando se vuelve de nuevo a un equilibrio ya no es lo mismo que lo que había antes. La figura del eterno retorno, que Prigogine la menciona y con la que está de acuerdo, no la entiende como que siempre se repite en la historia la misma cosa sino que siempre en la historia y en la evolución aparecen, cuando hay periodos de equilibrio, unas fluctuaciones que si son pequeñas el sistema de equilibrio las absorberá, pero si aumentan y pasan de un nivel crítico de fluctuación, entonces ocurren crisis y el desorden (lo que denomina las estructuras disipativas) se imponen. Pero en ese desorden hay, dentro del mismo, un cierto orden y cuando aparece el equilibrio de nuevo ya no es el equilibrio antiguo sino el que ha surgido de las estructuras disipativas, del caos: “eterno retorno de lo diferente, eterna repetición de la producción de lo diverso como tal”.

Solo lo artificial es determinista, reversible y para Prigogine lo natural contiene elementos esenciales de azar e irreversibilidad. Por esa actividad espontánea es necesario hablar de un nuevo dialogo del hombre con la naturaleza.

Y, evidentemente, nuestro autor de referencia hace las oportunas comparaciones entre lo que descubre en la materia, en la química en las estructuras disipativas y las fluctuaciones que aparecen en los sistemas en equilibrio y la realidad social  y en nuestra evolución histórica.

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[1] Ilya Prigogine. ¿Tan solo una ilusión? Una exploración del caos al orden. Tusquets Editores, Barcelona, segunda edición, 1988

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HISTORIAS DE LA PSIQUIATRÍA


Juan Rojo Moreno

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La psiquiatría es una ciencia médica que tiene una especial peculiaridad: necesitamos el diálogo frente al paciente durante un prolongado tiempo para poder delimitar bien su sintomatología y cuál es la enfermedad que padece. Esto, si bien es necesario en toda Medicina, no obstante la ayuda de las pruebas complementarias (análisis, radiografías, tac, etc.) ha facilitado que en muchas ocasiones el dialogo puede ser menor en otras ramas de la ciencia del sanar.

Y no es porque no podamos llegar pronto a una idea general del diagnóstico pues se ha comprobado que el psiquiatra es capaz de hacer el diagnóstico certero de la enfermedad en el 90% de los casos en los primeros 10 minutos de entrevista. Pero en psiquiatría cuando entrevistamos por primera vez a un paciente hacemos automáticamente, al menos, dos sistematizaciones clínicas. Por una parte la detección de los síntomas en su contexto actual (personal, familiar, laboral) y evolución de la enfermedad (desde cuando la padece) y, por otra parte, valoramos su historia personal, su biohistoria, teniendo en cuenta factores que puedan relacionarse con la enfermedad y que han acontecido durante la infancia, escolaridad, adolescencia o hayan sido factores sensibilizantes posteriores. Así tenemos un conjunto biohistórico y situacional (Campo Etiopatogénico).

En la entrevista clínica el psiquiatra realiza el papel de observador participante. Pero esto no siempre ha ocurrido en la historia de la psiquiatría. Lo de “escuchar” al paciente es relativamente  cercano.

Realmente hasta Freud no se prestó atención en serio a la historia y narrativa del paciente, a su vida. Aunque mucho tiempo antes claro que sí se informaba de los síntomas, pero lo que era escucharlos no se hacía. En este sentido señala Laín: Por una parte el interrogatorio del paciente y lo que relata hace que sea considerado de forma completa a su modo personal: cada paciente es individualizado detalladamente. La psique ya no es más un atributo de la fisiología sino una parte “completa” de un individuo concreto. Su biografía su historia y sus circunstancias conforman su persona.[1],[2]

Señala E. Novella [3] como a principios del siglo XVIII una de las grandes figuras de la medicina, Herman Boerhaave, decía que era inútil interesarse por “las inconsistentes ideas de los locos”. Pero a finales del XVIII y principios del XIX Philippe Pinel desarrolla el “tratamiento moral” de los enfermos psíquicos buscando el análisis clínico de lo que refieren estos pacientes y la humanización de los mismos.

Discípulo de Pinel, J.E.D. Esquirol a principios de XIX además de desarrollar el tratamiento moral hace una interesante anotación: La locura se manifiesta en ideas, errores, pasiones… solo se diferencia de lo que puede encontrarse en el “tumulto del mundo” por una cuestión de grado.

En este sentido ya decía F. Leuret (1797-1851) “cuando yo examino todas las ideas de los hombres, los absurdos que ellos pueden decir y sus ideas más extravagantes, quedo como avergonzado y me parece que nuestros enfermos (psíquicos)  están a menudo menos locos que sus semejantes”.[4]

Por esto, señala Novella que uno de los correlatos más significativo de este ideario fue la pretensión de los médicos de tomar como objeto al ser humano en su totalidad, tanto al “hombre físico” como al “hombre intelectual y moral” Y en este sentido otro médico que influyó significativamente en Esquirol fue P.J.C Cabanis (1804)  que señalaba “¡Desgraciado sin duda el médico que no ha aprendido a leer en el corazón del hombre tanto y tan bien como a conocer su estado febril … que no sabe distinguir en sus facciones, en su mirada y en sus palabras los signos de un entendimiento perturbado o de un corazón ulcerado!

Es muy interesante la influencia que tuvieron sobre la salud mental los cambios tan acelerados a nivel social, ético y cultural que en el XVIII se producen con la Ilustración y que podemos compararlos con los que se están produciendo ahora de nuevo en nuestra sociedad tecnotrópica.

Señala nuestro autor de referencia cómo desde el XVIII y más en el XIX se hace hincapié por los médicos en la fragilidad de los individuos para afrontar las exigencias de una sociedad en transformación y aparecen factores que favorecen los trastornos mentales, por el mayor desarrollo cultural, la artificiosidad de la vida social o las convulsiones políticas del momento.

Las enfermedades de los nervios aumentan en todas las naciones en relación con el refinamiento de sus costumbres y el nivel de su cultura, de manera que apenas las encontramos en los pueblos primitivos, decía el médico alemán J.C. Reil (1802).

Y hoy en día el psicólogo social Kenneth Gergen (1992) considera que debido fundamentalmente al cambio tecnológico y a las “tecnologías de saturación social” se han producido profundas mutaciones en la conciencia postmoderna: “a medida que avanza la saturación social […] el yo de cada cual se embebe cada vez más del carácter de todos los otros, se coloniza… y el individuo se escinde en una multiplicidad de investiduras de su yo”.

Consecuencia de todo esto es la “multifrenia”. Se sustituye la identidad personal por la conciencia de que lo que somos es el resultado de cómo somos construidos socialmente de forma que, explica Novella, de este modo la “vieja” institución del yo da paso en nuestros días a la realidad de la relación, y el yo individual al yo relacional.

No tenemos más que mirar la identificación con las valoraciones y las relaciones que hace gran número de la población en las redes sociales para comprender esto. Hasta existe la frase del tipo “si no estás ahí (redes sociales, Internet) no existes”.

Por esto dice C. Lasch (1979): “vivir el momento es la pasión predominante […] estamos perdiendo rápidamente el sentido de la continuidad histórica, el sentido de pertenencia a una sucesión de generaciones”. Igualmente se refiere a esto Sennett (2000): ¿cómo decidimos lo que es de valor duradero en nosotros en una sociedad impaciente y centrada en lo inmediato?

Pero volvamos a la escucha de los pacientes psiquiátricos. Es muy curioso que ya Pinel se habría iniciado en el arte de escuchar y conversar con los locos y algunos de sus discípulos como Leuret no dudaron en cumplimentar sus obras con abundantes reproducciones del discurso de los enfermos (Leuret, 1834).

En síntesis, señala Novella, los pioneros de la medicina mental entablaron un novedoso “dialogo con el insensato” y cultivaron una “clínica de la escucha” pero siempre tuvo un carácter secundario con respecto a la “clínica de la mirada”. Dicha escucha no condujo a una reflexión sobre el sentido de la singularidad de los síntomas de la locura [ni del sentido de la singularidad del paciente] en cuanto a creaciones del sujeto, ni dotó a la psicopatología de un carácter “interpretativo” sino que tan solo [aunque ni más ni menos] abrió la puerta del interés por la subjetividad.

Realmente tendremos que esperar, como hemos señalado antes, prácticamente a finales del XIX y principios del XX cuando sea Sigmund Freud con su método psicoanalítico el primero que se interese claramente por el relato de la vida del paciente y el significado que tienen para él las vivencias. Luego ya se desarrollaría la medicina psicosomática y especialmente la antropológica en la que su más claro exponente Viktor von Weizsäcker cuyo lema sería “ante todo los enfermos” postuló: “porque la esencia de la enfermedad es biográfica, por eso, también el conocimiento de la enfermedad solo puede ser biográfico…: nada orgánico carece de sentido; nada psíquico carece de cuerpo·. Lo que había que buscar era el “sentido”. Todo esto impensable en los tiempos de la “escucha” de Pinel y en los siglos posteriores hasta el comienzo con Freud.

El suicido también es un problema que nos planteamos en la sociedad actual en cuanto a cuán de patológico tiene en ciertas ocasiones, y a finales del XVIII se transformó en una cuestión casi epidémica. Aunque algunos pioneros franceses como Pinel (1809) y Falret (1822) consideraban que había una enfermedad propia que inducía al suicidio e incluso una “melancolía suicida” o como apuntaba Bourdin (1845) el suicidio siempre es “un hecho patológico y a menudo constituye el primer acto delirante de una monomanía incipiente”.

No obstante, por otra parte ya Esquirol pensaba que había suicidios no patológicos pues “era un fenómeno consecutivo a un gran número de causas diversas” y tiene la capacidad de valorar la perspectiva cultural: “cuanto más desarrollada se encuentra una civilización… cuanto más se incrementan las necesidades y los deseos son más imperiosos, cuanto más se multiplican las causas de los pesares… más suicidios debe haber”. Y Brierre (1850) muestra como la modernidad y en particular el materialismo, entre otros motivos, originan un tedio generado por “una civilización enervada en la que el hombre absorbido en sí mismo y compadeciéndose de su propio destino, se aísla de sus semejantes y concentra toda su existencia en un orgullo estéril y lastimero… en la época actual no es necesario estar loco para ser mordido en el corazón por el tedio y el fastidio de la vida”. Este autor durante 10 años estudió 4.595 expedientes de suicidios consumados y en su monografía en 1856 le parece incontestable que muchos de ellos  mantenían “la conciencia del acto y la libertad de la voluntad”.

Y vemos que estamos hablando igualmente del siglo XIX como del XXI, pues en nuestro tiempo como señala A. Solomon autor del best seller El demonio de la depresión (2001): las tasas cada vez más elevadas de depresión son incuestionablemente consecuencia de la modernidad. El ritmo de vida, el caos tecnológico, la alienación, la ruptura de las estructuras familiares tradicionales, la soledad endémica y el fracaso de los sistemas de creencias (religiosas, morales, políticas, sociales, todo lo que alguna vez pareció dar sentido y orientación a la vida) nos ha llevado a una situación catastrófica.

Y qué ocurrió con la melancolía. Pues lo mismo, entre finales del siglo XVI y principios del XVII se escriben muchos manuales de melancolía (incluso  una Melancolía erótica por J. Ferrand en 1610). Al igual que ahora en el XXI en el llamado “El siglo de la depresión”, pero entonces fue propio del cambio de la época medieval a la Edad Moderna y por lo tanto con gran inestabilidad social, política y económica, la quiebra del orden teocrático y un clima cultural dominado por el desasosiego, el pesimismo y los temores escatológicos (pues más o menos como ahora).[5]

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En estas “Historias de la Psiquiatría” es interesante que nos planteemos cómo los ciclos se repiten y las repercusiones en las personas suelen referirse a un patrón parecido haya pasado dos o cinco siglos. Si no aprendemos de cómo se resolvieron las crisis humanas siempre estaremos llenando nuevos odres con vino añejo.[6]

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[1] P. Laín Entralgo. Enfermedad y Pecado. Ediciones Toray, Barcelona 1961. Todos los médicos que a fines del siglo XIX comenzaron a estudiar la intimidad de los enfermos histéricos (Charcot, Janet, Breuer, Freud…) debieron comenzar siendo hombres de gran paciencia. La palabra deja de ser solo un instrumento de pesquisa y se convierte en agente terapéutico: Freud introduce en medicina con una importancia inédita la psicoterapia verbal. (en Internet aquí)

[2] P. Laín Entralgo señala: Frente a la actitud “visiva” de los médicos Freud postula una “auditiva”. La histeria “ex visu” de Charcot se trasforma en histeria “ex auditu” de Freud. (La historia Clínica, CSIC, Madrid, 1950).

[3] Enric Novella. El discurso psicopatológico de la modernidad. Ensayos de historia de la psiquiatría. Editorial Catarata, 2018. Va a ser nuestra obra cifra de referencia.

[4] Leuret F. Citado por H. Ey, Estudio sobre los delirios, Madrid, Paz Montalvo, 1950.

[5] Las referencias que solo tienen la fecha entre paréntesis están extraídas de nuestra obra de referencia de Enric Novella señalada arriba.

[6] Parafraseando a Julian Huxley en su obra Hacia un Nuevo Humanismo (1957) “Nuevos odres para vino nuevo”

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NUESTRO LENGUAJE CULTURAL


“Latín Lovers”

Juan Rojo  Moreno

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         Hablar no es solo una cuestión de palabras, lo que decimos está impregnado de nuestra cultura, los sentidos subliminales y sus orígenes. Por esto es tan difícil aprender como un nativo otro idioma si no hay una inmersión realmente cultural, por los giros y por las formas de utilizar el lenguaje no verbal “idiomático”.

Que el lenguaje es más que palabras ya lo dice K. Jaspers, tal como ocurre entre dos muy buenos amigos en los que el lenguaje íntimo que les ha sintonizado es el que emana de lo original de cada uno, de sus “existencias”.[1]

Pero en el mismo origen del lenguaje ya está la facilidad de comunicarnos y en este sentido Emilio del Rio en su obra Latín Lovers nos acerca a entender nuestra comunicación intracultural.[2]

Porque nuestro origen idiomático desde el latín o el griego llega a lugares lejanos. Así señala nuestro autor cómo hablar del Brexit que parece que es una palabra inglesa realmente es originaria latina pues Britannia  es como llamaron los romanos a la isla y Exit proviene de Éxitum que también es latín.

En nuestra cultura  (y en la oriental) se toma cerdo como un manjar y esta palabra viene del latín saeta que significa  pelo áspero, fuerte, grueso, de donde tenemos la palabra cerda, por ejemplo las de una brocha. El jamón es la pata de cerdo (viene del latín a través del francés) y también hablamos del pernil (aún se usa en Cataluña) que viene del latín perna que significa pierna (de los animales)

¿Tiene nuestro congreso la “cámara baja y la cámara alta” los techos abovedados? Si no es así deberían tenerlos pues la raíz latina camba viene de Kamb que en griego significa “curva” y nos lleva a la palabra griega Kamára “techumbre abovedada”.

En nuestra cultura (y en la oriental) el silencio es una forma de lenguaje, como dice Francesc Torralba: La práctica de la soledad, el gusto por el silencio, la contemplación, el ejercicio de filosofar, captar lo espiritual en el arte, saber no hacer nada (como actividad), la meditación y la solidaridad.[3] Y además del silencio, en la otra cara de la misma moneda, está el constante preguntar propio de nuestro instinto epistemológico (como decía M. Klein respecto a la curiosidad de los niños) y como señala P. Laín: “La pregunta es la expresión racional del proyecto; el proyecto es el fundamento vital o existencial de la pregunta”.

Vamos alternando del latín a la pregunta y al silencio, pero eso es lo que marca nuestro “carácter” cultural, nuestra razón histórica que señalaba Ortega.

Hoy la sociedad se encuentra terremotizada, los valores cambian en pocas décadas y parece que “el mundo” en general tome decisiones al (buen) tuntún. Y creo que es de lo más cierto en su significado literal como señala Emilio del Rio “es hacer las cosas sin reflexión y viene del latín litúrgico de unos salmos que se citaban en misa: `Ad vultum tuum deprecabantur omnes plebis´ y los practicantes que no entendían latín derivaron de `ad vultum tuum´, tuntún o buen tuntún aunque no tenga ninguna relación”.

Pareciera absurdo lo anterior y que ahora sí que todos entendemos lo que los “expertos” en tecnología en las redes, en la política… lo que los expertos sociales y económicos nos dicen y nos manejan, pero como señala  A. Toffler: Ahora estamos retrocediendo de nuevo hacia un sistema global más heterogéneo en un mundo rápidamente cambiante y repleto de alta tecnología y comunicación instantánea… en el que un inmenso salto nos lleva hacia adelante y hacia atrás al mismo tiempo (la tecnología hacia adelante, los separacionismos, la disgregación, la desconfianza, los fanatismos, hacia atrás).[4]

Y realmente necesitamos cada vez más argumentos (que no argucias que es lo que más hay) y menos eslóganes que también es de lo que más hay. Esto lo explica muy bien Emilio del Rio: El verbo arguo, argúere da en español argüir, es “demostrar, probar, dejar claro”, literalmente sacar brillo a una idea. Argumentar es sacar brillo a las ideas, hacer que brille el pensamiento. Es preciosa esta etimología, señala, porque lo que necesitamos son más argumentos, es decir “hacer brillar las ideas” y menos eslóganes. ¿Por qué? Porque eslogan viene del celta y significa “grito de guerra”: no hay nada detrás de un eslogan y siempre es preferible hacer brillar una idea que un grito de guerra. Del mismo verbo argúere tenemos en latín argútia, en castellano argucia, un argumento falso presentado con agudeza, con brillantez.

Miremos a nuestro alrededor y hagamos un balance de cuanto predominan los argumentos, los eslóganes o las argucias en este mundo de la comunicación y mediatización.

El feminismo tampoco escapa de su origen latino. ¿Qué significa feliz? comenta nuestro autor de referencia, Felix viene de la raíz indoeuropea que aparece en el griego *thlé que significa “teta”. La raíz es*dhe y significa “mamar, chupar” y a partir de esta raíz tenemos fémina que significa originariamente `la que amamanta´ y después cualquier mujer, y de fémina tenemos hembra (igual que fáminen da hambre). Junto a hembra tenemos los derivados cultos feminismo y femenino (que aparece en el español en 1438 y señala Del Rio: está tomado directamente del latín feminus y significa propio de la hembra).

La felicidad por lo tanto está etimológicamente unida a lo femenino, a mamar, “es lo que siente un bebé, una criatura, cuando mama”.

El lenguaje es culturalmente tan importante, como se puede ver en el caso de Helen Keller una niña que quedó completamente ciega y sorda desde los 19 meses de edad entrando en un estado autista, rehusando ser acariciada, no habiendo forma de conseguir su afecto o su simpatía. A partir de los 7 años inició un programa de enseñanza (con su maestra Anne Sullivan) consiguiendo con signos táctiles y alfabéticos llegar no solo a entender conceptos a partir de símbolos, como el agua, y posteriormente muchos más, sino que escribió varios libros y se desarrolló intelectual y afectivamente normal, con extraordinarias capacidades en el uso de la lengua y la cultura. Diríamos, con Bartra,[5] que consiguió conectar con los símbolos y estructuras socioculturales que hasta la edad de 7 años le estaban vedados. Por eso dice ella sobre sí misma que antes de conocer el lenguaje era una “no persona”, un Fantasma.

Porque el lenguaje, con las raíces simbólicas y estructurales que conlleva, señala el neurocientífico Robert Wilson (2004), a semejanza de Bartra, supone una conciencia como un proceso que se encuentra sostenido por un andamiaje ambiental y cultural externo y encarnado en un cuerpo por lo tanto empotrado en un medio ambiente. Bartra amplia la idea en el sentido que considera que el andamiaje ambiental y cultural externo es fundamentalmente un sistema simbólico que compensa incapacidades del sistema cerebral.

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         La obra de Emilio del Rio “Latín Lovers” que nos ha servido de referencia es muy interesante, amena y emocionante. Nos muestra nuestra magnífica herencia y evolución desde pilares sólidos latinos y griegos, que a veces nos olvidamos, en esta época de terremotismo cultural. Para comprender algo humano personal o colectivo -señala Ortega- es preciso contar una historia. Este hombre, esta nación, hace tal o cual cosa y es así porque antes hizo tal otra y fue de tal otro modo. La vida solo se vuelve algo transparente ante la razón histórica.[6]

Y en este sentido también apunta Julian Marías: “Los hombres occidentales han caído en la cuenta de esa fugacidad y aceleración de la vida histórica, el presente se desvanece, se adelgaza hasta convertirse en el instante. No hay donde poner pie; el hombre siente que flota en lo movible. Además no tienes escape, es inútil volver a tierra firme, porque estamos irremediablemente en medio del agua: estamos historizados. Y esta situación no podemos refutarla, no podemos más que aceptar la situación e intentar dar razón de ella y por ello en estos años la razón ha de ser razón histórica”.[7]

Pero si bien ahora el status sociocultural es muy cambiante e impredecible, no obstante, eso no quita que olvidemos “al tuntún” nuestro lenguaje cultural que no es solo cuestión de idioma, sino que es un existencial.

Y es que saber sobre nuestro lenguaje cultural es algo  más que tener buen gusto. Como señala Del Rio: Sápere significa tener gusto, distinguir, percibir por el gusto `tener buen gusto´. El sabio no es el que tiene muchos conocimientos, eso es un erudito, sino el que los tiene y tiene criterio para distinguir.

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[1] Karl Jaspers. Filosofía. Tomo I. Ediciones de la Universidad de Puerto Rico. Revista de Occidente, Madrid, 1959.

[2] Emilio del Rio. Latín Lovers. La lengua que hablamos (aunque no nos demos cuenta). Editorial Planeta, 2019.

[3] Francesc Torralba. Inteligencia Espiritual. Editorial Plataforma. 4ª edición, 2011.

[4] Alvin. Toffler. El cambio de poder. Powershift. Conocimientos, bienestar y violencia en el umbral del siglo XXI. Plaza y Janes editores, 1990.

[5] Roger Bartra. Antropología del cerebro. La conciencia y los sistemas simbólicos. Editorial Pre-textos 2006.

[6] José Ortega y Gasset.  Historia como sistema y otros ensayos de filosofía. Revista de Occidente en Alianza Editorial, 1941.

[7] Julián Marías. El método histórico de las generaciones. Edita Selecta de Revista de Occidente, 1967 (2ª Ed).

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EL SHOCK DEL PRESENTE


Juan Rojo Moreno

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Alvin Toffler escribió la primera obra de su trilogía, El Shock del Futuro, en 1970, luego apareció La Tercera Ola (1980) y en 1990 la que nos va a servir como referencia El Cambio del Poder. Mucho de lo que escribió entonces sigue vigente veinte años después y en otras cosas ha tenido buena capacidad para la previsión de acontecimientos. Es un magnífico analista y observador que sabe intuir la anticipación.[1]

El mundo está cambiando tan velozmente que los dirigentes mundiales se ven barridos por los acontecimientos en vez de imponer orden sobre ellos. Para Toffler el acontecimiento más importante ha sido el nacimiento de un sistema para crear riqueza que no se basa ya en la fuerza sino en la mente. No es ya trabajar sobre cosas, sino personas que actúan sobre la información y la información que actúa sobre las personas.

Los imperios del futuro son imperios de la mente dijo W. Churchill, y parece que va siendo verdad ¿pero qué va a pasar con los miles de millones de personas que no están capacitados para manejar información?

El problema no es tener mayor o menor capacidad intelectual sino que es ser más o menos capaz de manejar la información. Aparece el paradigma de la “eficiencia”, conseguir la meta con los menores recursos posibles y también el ideal de los mass-media o medios de comunicación: conseguir que a las otras partes les guste nuestro programa de actuación y, lo mejor de todo, que crea la otra parte que es ella quien ha pensado o llegado a esa conclusión.

Señala Toffler que hay una diferencia crucial entre la violencia, la riqueza y el conocimiento. La fuerza y el dinero por definición son propiedad de los más fuertes pero el conocimiento también puede adquirirlo el débil y el pobre, lo que explica por qué todo aquel que ostenta poder desea controlar la cantidad, calidad y distribución del conocimiento dentro de sus dominios.

Siempre ha habido quien ha dicho que “hay que controlar a los medios de difusión de comunicación” pues, evidentemente, consideran que hay que hacerlo pues no dicen “la verdad”, “confunden”… todo lo que puede ir en contra de mantener “su poder”.

El control del conocimiento, señala nuestro autor,  es el punto capital de la lucha mundial por el poder que se entabla en todas y cada una de las instituciones humanas.[2]

Con toda la revolución tecnológica y el cambio que supone en los puestos de trabajo, muchos de éstos se quedan obsoletos. Nadie compra una acción o un teléfono Samsung o IPhone, o de las emergidas tecnológicas chinas como Huawei o Xiaomi por los activos materiales, máquinas o edificios de sus compañías, sino más por su capacidad de innovación, por sus ideas, por sus “mentes” y por la competitividad calidad-prestaciones-velocidad- precio.

El capital, y por lo tanto el poder, depende más que de lo que existe tangible y material, más bien de informaciones, previsiones, e incluso hasta de notificaciones que puede hacer un presidente de EEUU vía Twitter. Los denominados “derivados” son valores que te pueden vender basados en varios índices y además están los activos “sintéticos” y… otros que si te lo los venden sin tener ni idea de qué son puede ser hasta una “preferente” que te arruine. En definitiva, que para manejar capital hay que tener de él y además hay que tener… información y capacidad de entender la información. Por esto dice Toffler “el capital pasa a ser `supersimbólico´ a marchas forzadas”. Algo que ya en 1650 William Potter fue capaz de adelantar con más de 300 años al decir que “una riqueza simbólica ocupará el lugar de la riqueza real”.

Toffler habla de la evolución que denomina del “proletariado al cognitariado”. Aunque el término no ha calado mucho desde 1990 hasta ahora, no obstante, plantea lo mismo que Harari en su obra Homo Deus[3], que una gran cantidad de desempleo parece insoluble: “aunque hubiera 10 ofertas de empleo por cada trabajador parado, aunque hubiera 10 millones de puestos vacantes y solo un millón de desempleados, este millón no podría desempeñar los cometidos propios de los puestos de trabajo disponibles a menos que tuviera una capacitación -conocimiento- acorde a las exigencias técnicas de esos nuevos puestos de  trabajo. Estas técnicas son ahora tan variadas y cambian tan de prisa que los trabajadores no pueden intercambiarse como en el pasado”.

Para atender en el sector de servicios hay que estar preparado, para la agricultura hay que manejar ordenadores, el empleado de archivo mueve información, el conductor de paquetería también usa un ordenador que lleva consigo y lo mismo ocurre en los hoteles y en las fábricas. Los que están desapareciendo son los puestos de trabajo manuales, los que no aplican conocimientos adaptados y manejo de la información, porque, señala nuestro autor, cualquier tarea que sea repetitiva y sencilla que se pueda realizar sin pensar es, en último extremo, una candidata a la robotización.[4]

Por esto, señala Toffler, que la “neurolización” de la economía no ha hecho más que empezar y de la “manufactura” estamos pasando a la “mentefactura”. Pero hoy en día en que además de la economía todo se maneja con redes sociales y el flujo de información es mayestático ¿Quién pone los límites éticos al flujo de la comunicación? Nos vemos bombardeados con múltiples, contrapuestos y mediatizados mensajes comerciales, culturales y políticos. La interconexión planetaria no ha servido para una mayor homogeneización de valores y principios éticos, todo lo contrario; es tan desbordante la autopista informativa que nos llega a cada uno de nosotros que el propio individuo se ve impelido a utilizar sus propios “principios” para crear un sistema de valores que a veces solo es compartido por su grupo afín (o por el que es “sensible” a las mismas creencias compartidas o influidas).

El establecimiento de estas normas éticas de la información, señala nuestro autor, es extremadamente complicado pues además el mundo está triseccionado en economías que aún funcionan con base fundamental agraria, otras aún con base industrial y otras postindustrializadas y además tenemos que tener en cuenta el remolino multicultural.

Del multiculturalismo que nació en Canadá y que ha sido un esfuerzo común en los países civilizados se ha ido desarrollando, en realidad,  el concepto que Toffler denomina de “ensaladera”: “recipiente en el que los diversos ingredientes conservan su identidad aunque contribuyen al efecto general”. Existe pues un mosaico de poblaciones que mantienen su identidad en los diferentes países con sus propios barrios y costumbres: barrio chino, japonés, libanés, etc. En este artículo una interesantes reflexión sobre estos aspectos multiculturales en España

Pero ciertamente, algo que parecía impensable en 1990, sí que supo verlo Toffler para nuestros días en relación con el fanatismo (a lo que ayuda la cacofonía informativa y de valores). En este sentido señala que “debido a una desfasada concepción del progreso muchos de los habitantes del mundo occidental opinan que las ideologías fanáticas irracionales propagadoras del odio desaparecerán de la faz de la tierra a medida que las sociedades se hagan más “civilizadas”. Nada de esto, dice el Profesor Y. Dror de la Universidad Hebrea de Jerusalén, los conflictos confesionales, las “guerras santas” los cruzados comprometidos y los guerreros buscadores del martirio no son meras reliquias del pasado.

Es fácil exigirle un “comportamiento ético” a la economía y a la sociedad en general, pero ni muchos Estados (algunos modernos) ni los dirigentes principales son capaces de aprobar, en su gran mayoría, en este aspecto. Como señala Toffler: “lo que todos sabemos: los políticos actúan más veces en defensa de sus intereses que en defensa de los intereses de los otros”.

¿Y es que nuestros inteligentes políticos de la geo-mundialización y con sus miles de “expertos” asesores no han sabido ver en 20 años lo que ya señalaba Toffler respecto a la emigración? Señala nuestro autor  (1990) que cuando una migración a gran escala intensifica los temores de desarraigo cultural, la identidad pasa a ser una cuestión explosiva. Precisamente porque la nueva economía exporta desempleo, contaminación y cultura acompañados de productos de servicios, es de esperar violentas reacciones junto al renacimiento de nacionalismos en el mundo de la tecnología.

En Alemania ya había en 1990 un partido (Republikaner) que proclamaba “Alemania primero”, ahora Donald Trump: ‘America first, America first’. En 1990 ya había movimientos similares en Bélgica, Francia o Italia y el sentimiento en EEUU contra la inmigración mexicana y ahora… más aún.

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En un vídeo de Conversatorios en Casa de América (TVE) (2019) el Presidente de la OIT, Guy Ryder, en el aniversario del centenario de esta organización nos plantea muy lucidamente los problemas de la migración, del cambio de los sistemas de trabajo y la necesidad de educar para adaptarse a una forma diferente de trabajar a lo que se hacía en el siglo XX. Comenta entre otros aspectos la “soberanía del tiempo de trabajo” o cómo “no estamos preparados para esta nueva realidad” y que “un bebé danés que nace hoy trabajará hasta los 70 años”. La sostenibilidad de los sistemas de protección social, el problema de los trabajos forzosos (en nuestros nuevos tiempos) y tanto la brecha salarial como la inclusión de las personas con discapacidad y la aprobación por la ONU en Noviembre de 2018 de un “pacto mundial sobre migración” son también otros de los múltiples temas tratados. Video aquí

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[1] Alvin Toffler. El cambio del poder. Powershift. Conocimiento, bienestar y violencia en el umbral del siglo XXI. Plaza y Janes, 1990

[2] En 1990 Toffler escribía que Donald Trump o Lee Iacocca se habían convertido en símbolos del poder empresarial e incluso que habían sido mencionados como potenciales candidatos a la presidencia de Estados Unidos  -quizá un montaje de ellos mismos- apuntaba Toffler. Evidentemente uno de ellos supo manejar la transmisión de la información y comunicación y hoy en día está ahí. Igual leyó el libro del autor y se asesoró bien.

[3] Yuval Noah Harari. Homo Deus. Breve historia del mañana. Editorial Debate, 2016

[4] Vemos en muchos Expedientes de Regulación de Empleo (ERE) http://queaprendemoshoy.com/%c2%bfque-es-un-ere/  de empresas, Bancos y Cajas de Ahorros lo que ya señalaba en 1990 Toffler: “Las empresas más desarrolladas funcionan bajo el supuesto de que la productividad y los beneficios se dispararán si el trabajo carente de contenido mental se reduce al mínimo o se transfiere a la tecnología avanzada, aprovechando todo el potencial del trabajador. La meta es una masa trabajadora mejor retribuida, pero más reducida y más capacitada”

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