ESCUELAS FREUDIANAS: K. Abraham, M. Klein, O. Rank, F. Alexander


Juan Rojo Moreno

         Sigmund Freud marcó el inicio de una época en la que la psiquiatría se hizo fundamentalmente “auditiva”, no solo había que observar los comportamientos de los enfermos psíquicos sino además escucharles y no solo sus vivencias sino también su historia vital. Realmente no fueron historias piscobiografiadas, pero si tenidos en cuenta los elementos de la vida que el paciente expresaba en relación a la interpretación y relación con la libido (o sexualidad) en el caso freudiano. Alrededor de Freud surgieron grandes psicoanalistas, algunos como C. G. Jung y A. Adler acabaron formando sus propias escuelas muy diferenciadas de Freud. Pero también otros grandes psicoanalistas “más o menos” mantuvieron la estructura de Freud para entender el inconsciente y la patología en los pacientes. Cuatro de ellos fueron K. Abraham, M. Klein, O. Rank y F. Alexander.

Estos apartados los he desarrollado más ampliamente y lo más pedagógicamente posible y esquematizados en este enlace en PDF 

Haciendo aquí un resumen:

KARL ABRAHAM (1877-1925)KARL ABRAHAM

Hizo aportes significativos en relación con la evolución de libido y las psicosis maniaco-depresivas. Quizá una de sus aportaciones más importantes se refiere a la formación del carácter y a la evolución del mismo. Para esta autor al existir las Fases Oral, Anal y Uretral, existirían unos rasgos que determinados por estas fases quedarían vinculados al ellas. Así habló del Carácter Oral, Carácter Oral y Carácter Uretral o Fálico.   

MELANIE KLEIN (1882- 1960)

MELANIE KLEINEsta autora ya escribió que “una de las muchas experiencias interesantes y sorprendentes del principiante en el análisis de los niños, es encontrar incluso en niños muy pequeños una capacidad de visión que a menudo es mucho mayor que la de los adultos”.

Trabajó sobre todo con niños neuróticos con edades comprendidas entre los 3,4 años y los 12 años. Afirmó que el acontecimiento decisivo (que Freud reconocía en el Complejo de Edipo) para ella era anterior a la etapa genital y que se podía enmarcar en la Fase Oral entre los 3 y los 6 meses de vida.

La vida mental del lactante es rica en fantasías inconscientes y a los 6 meses de edad ya es capaz de amar, odiar, desear y agredir.

A este respecto señala A. Sánchez-Barranco Ruiz,2004 que para Klein el conflicto intrapsíquico no es fruto del enfrentamiento entre el deseo pulsional y la defensa (entre el ello y el yo/superyó), sino más bien una encarnizada lucha entre las pulsiones de amor y odio respecto a los objetos, lo que aboca en el establecimiento de las dos posiciones básicas del primer año de la vida, las cuales quedan definidas por sus particulares deseos, ansiedades y defensas, conduciendo a unas específicas fantasías, que expresan las más variadas conflictivas tanto con los objetos internos como con los externos.

OTTO RANK (1884- 1939)

         OTTO RANK Considera que el acontecimiento decisivo para la producción de la angustia primaria y la posterior formación de síntomas neuróticos era el “Trauma del Parto”, entendido no desde el punto de vista físico sino desde el punto de la vivencia psíquica pues se producen una serie de factores emocionales en el nacimiento.

En relación con la Voluntoterapia. Para hacer frente a esta angustia el ser humano tiene la Voluntad “una organización directriz de la persona capaz tanto de utilizar creativamente como inhibir sus impulsos”.

Su método “el tratamiento por la voluntad” o Voluntoterapia, consiste en lograr que el individuo ejerza su voluntad positiva. Se hace un análisis en profundidad del paciente para que conozca y haga un uso gradual de los tres tipos de voluntades:

1) La fase de voluntad negativa o contra-voluntad.

2) La fase de voluntad competitiva

3) La fase de voluntad positiva.

FRANZ ALEXANDER (1861-1994)

FRANZ ALEXANDERSe le considera el “padre” de la psicosomática psicoanalítica y cofundador de la criminología psicoanalítica. Distingue 3 funciones fundamentales:

1) La ingestión, relacionada con la parte superior del tracto gastrointestinal, predomina en las primeras fases de la vida.

2) La retención, relacionada con las zonas medias del tracto (estómago e intestino delgado) se da fundamentalmente en las etapas finales de la vida.

3) La eliminación. Tramos finales del tubo digestivo (intestino grueso, recto, ano) se presenta fundamentalmente en la etapa productiva del individuo.

En su concepto de Neurosis, rechaza las teorías del Eros y Tánatos de Freud, sustituyéndolas por una “Concepción metabólica de la vida”, como un proceso consistente en una “construcción anabólica y una destrucción catabólica” continua de biomoléculas complejas.

Explicó las líneas psicopatológicas de la úlcera y también de la diarrea, de la hipertensión…

Cierto que Alexander prosigue de una forma consecuente el positivismo freudiano, pero al representar los conflictos como tensiones emocionales desatiende totalmente los problemas acerca de la estructura (instancias) y de la diversidad cualitativa y cuantitativa del Ello, del Yo y del super-Yo y solo emplea los resultados obtenidos por Freud como medio dialéctico.

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Como he señalado al principio estos autores están  esquematizados con más detalles acerca de sus teorías en este enlace

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CONSUMO DE DROGAS Y CONFINAMIENTO/ESTADO DE ALARMA COVID-19


Juan Rojo Moreno

Director  de la Revista Española de Drogodependencias.

(publicado como Editorial en la Revista Española de Drogodependencias https://www.aesed.com/upload/files/v45n3_editorial.pdf )

         No va a ser fácil conocer lo que ha ocurrido durante los confinamientos/ estados de Alarma/ Emergencia/Calamidad y el consumo de drogas. Evidentemente las conductas adictivas han seguido en todo el mundo y como se señala en el Informe sobre el consumo de drogas en cuarentena (encuesta a 1239 consumidores): “La cuarentena ha implicado un cambio en la manera como las personas se relacionan con las sustancias psicoactivas desde su adquisición hasta su consumo. Este cambio abrupto ha tenido un impacto directo sobre la salud pública, que se manifiesta en el aumento del consumo, la abstinencia, la productividad y el teletrabajo, el manejo de la ansiedad, la sobredosis y la convivencia”.[1]

Más que respuestas obtenidas con estudios controlados, tenemos sobre todo preguntas, muchas sin responder, y la información nos viene dada por distintos organismos.

Así, Núria Calzada coordinadora del proyecto Energy Control-ABD, en Marzo de 2020 señala que podrían darse problemas en el tráfico de drogas debido a la interrupción de la importación de precursores, sustancias a través de las cuáles se sintetiza las drogas y que proceden, en su mayoría, de China: “Dependerá de la sustancia, no es lo mismo el cannabis que se puede producir a nivel local que la cocaína que es importada…El éxtasis, que se consume en locales de ocio nocturno, ha caído”. Igualmente la directora de la entidad Metzineres en Barcelona, Aura Roig, constata que “el precio está subiendo muchísimo y los traficantes son más selectivos con los clientes”.[2]

En Junio de este año, el Informe mundial sobre las drogas 2020 de la UNODC señala que COVID-19 tiene un impacto de gran alcance en los mercados mundiales de drogas y la pandemia ha provocado escasez de opioides, lo que a su vez puede hacer que las personas busquen sustancias más fácilmente disponibles, como alcohol, benzodiacepinas o que se mezclen con drogas sintéticas.  Y también las operaciones de interceptación y la cooperación internacional pueden perder prioridad, lo que facilita la operación de los traficantes.[3]

En relación con el consumo de alcohol no tenemos datos  directos de las grandes empresas de alimentación, aunque siguiendo la idea de UNODC debemos suponer que ha habido un aumento de las ventas y consumo del mismo. La  OMS sensible a este problema ya señaló en Abril de 2020 que el consumo de alcohol aumenta el riesgo de lesiones y violencia, incluida la violencia de pareja. En momentos de encierro durante la pandemia de COVID-19, el consumo de alcohol puede exacerbar la vulnerabilidad de la salud, las conductas de riesgo, los problemas de salud mental y la violencia, y además  recuerda la OMS que beber alcohol no protege del COVID-19 y alienta a los gobiernos a hacer cumplir las medidas que limitan este consumo.[4]

Los datos que se aportan por la breve encuesta europea sobre consumo de drogas en el contexto de la pandemia por COVID-19 (Mini-EWSD-COVID-19), realizada por el EMCDDA (Observatorio Europeo de las Drogas y las Adicciones) entre el 8 de abril y el 31 de mayo de 2020 a través de internet, parece indicar que en conjunto ha disminuido el consumo de alcohol (pero se está refiriendo a la población general que haría en muchos casos un consumo moderado o esporádico en bares y restaurantes por lo que no sabemos qué ha ocurrido en los consumidores más habituales de cantidades significativas).[1] Ha aumentado el consumo de videojuegos y debemos entender que también las adicciones comportamentales vía internet. No obstante concluye este estudio que “estos resultados preliminares sugieren que las medidas impuestas para el control de la epidemia por COVID-19 han tenido un impacto sobre los consumidores de sustancias psicoactivas que, en términos generales, han cesado o reducido su consumo, si bien el consumo tecnológico se habría visto incrementado. Sin embargo, a la hora de interpretar estos resultados es importante tener en cuenta las limitaciones que presentan las fuentes disponibles, que no permiten realizar generalizaciones al conjunto de la población española”.[5]

Señala el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (NIDA) en EEUU que las personas con trastornos por el abuso de drogas son más susceptibles al Covid19 y a sus complicaciones. Además, la investigación publicada en ‘Molecular Psychiatry’, financiada por los Institutos Nacionales de la Salud, aboga por desarrollar planes de acción para ayudar a protegerlos de infecciones. Si bien los individuos con trastornos por abuso constituían el 10,3% de la población total del estudio, no obstante, representaban el 15,6% de los casos de COVID-19. Los pulmones y el sistema cardiovascular a menudo están comprometidos en personas con TUS (Trastorno por Uso de Sustancias), lo que puede explicar parcialmente su mayor susceptibilidad al COVID-19. Otro factor que contribuye es la marginación de las personas con adicción, lo que les dificulta el acceso a los servicios de atención médica. [6]

La crisis mundial que empezó en 2008 fue motivada primariamente por un problema de “salud del sistema económico”. Produjo un impacto muy negativo y miserias en la mayoría de los países del mundo y en consecuencia las “instituciones” han intentado reforzar los sistemas bancarios y económicos para que estén prevenidos y no ocurra otro desastre como aquel. La crisis mundial del Covid-19 ha sido motivada primariamente por un problema sanitario “de salud” que ha originado un alto nivel de pérdidas y sufrimientos humanos así como un nuevo desastre económico aún mayor que en el caso de 2008. ¿Tomarán  iguales medidas los sistemas sanitarios y de prevención a nivel planetario para que una cosa así no vuelva a ocurrir o seamos capaces de minimizar sus efectos?

¿Ha habido más muertes por infarto de miocardio durante esta pandemia debido a la falta de atención de estos pacientes? ¿Ha habido muchos más casos de ansiedad, agotamiento y depresión, menos diagnosticados y tratados debido también a la pandemia? ¿Y casos de cáncer que han aparecido en fases más avanzadas o que han dejado de tratarse? Y así seguiríamos con un largo etcétera de preguntas.

¿Ha habido muchos más casos de adicciones que no han sido diagnosticadas y tratadas, o que han sido dejadas de tratar, debido a esta crisis sanitaria?

Las respuestas con datos y trabajos rigurosos no las tenemos aún pero la experiencia clínica parece mostrar que las respuestas irán en la dirección de un “sí” para la desatención de muchas enfermedades.

Los sistemas sanitarios han de preparase para controlar o minimizar otra epidemia totalizadora (pandemia), pero no solo es cuestión de atender los sufrimientos y desastres sanitarios de los afectados por la epidemia/pandemia en concreto, sino también de las otras patologías.

¿Cuántas patologías respiratorias, digestivas, traumatológicas, psiquiátricas… no han sido atendidas?

Muchas preguntas aun sin responder. Pero la sanidad ha de ser un sistema de detección, prevención y curación de “todas las enfermedades”. Esperemos que seamos capaces de mejorar, en un futuro, el sistema sanitario para “todos” los pacientes, pues tanta verdad hay en el fallecimiento de una persona por Covid-19, como en la que se suicida o en la que tiene un infarto… y no es digno que esto pueda ocurrir por desatención.

Y todo esto es válido para todas las clases sociales y profesionales pues como señala la American Psychiatric Association  en sus continuos comunicados: Los médicos experimentan tasas más altas de angustia psicológica e ideación suicida que la población general…, e informa que los pacientes con Covid-19 también muestran síntomas de trastornos psiquiátricos, incluidos psicosis y depresión. Una encuesta de más de 1200 enfermeras y médicos que trabajan en hospitales reveló que más del 50% tuvo síntomas de depresión y más del 70% informó síntomas de angustia psicológica.

Y esto seguro que podrá ser aplicable, con estadísticas, a profesionales y pacientes de las distintas ramas de la medicina y a sus patologías.

BIBLIOGRAFÍA


[1] En la encuesta ya mencionada, el Informe sobre el consumo de drogas en cuarentena (encuesta a 1239 consumidores) entre los consumidores las sustancias más consumidas en la cuarentena son en orden: marihuana (25%), alcohol (19%), café (14%), cigarrillo (11%) y té (8%), frente a las que descendieron en su consumo como los alucinógenos (6%), bebidas energizantes (3%), cocaína (2%) y MDMA (2%).


[1]  http://www.echelecabeza.com/wp-content/uploads/2020/04/informedrugscuarentena-3_compressed.pdf

[2] https://www.metropoliabierta.com/informacion-municipal/sucesos/precio-droga-dispara-confinamiento_25632_102.html

[3] https://www.unodc.org/unodc/press/releases/2020/June/media-advisory—global-launch-of-the-2020-world-drug-report.html

[4] https://www.euro.who.int/en/health-topics/disease-prevention/alcohol-use/news/news/2020/04/alcohol-does-not-protect-against-covid-19-access-should-be-restricted-during-lockdown/_recache?fbclid=IwAR2lkIQcxfDdziOa7esAbXO-caLv66wvhmP4JxoDwXQd5z14X02jAmHZulg

[5]https://pnsd.sanidad.gob.es/noticiasEventos/actualidad/2020_Coronavirus/pdf/20200715_Informe_IMPACTO_COVID-19_OEDA_final.pdf

[6] https://www.masteradiccionesonline.com/las-personas-con-trastornos-por-uso-de-drogas-son-mas-susceptibles-al-covid-19/

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¿EXISTE UNA NUEVA PSIQUIATRÍA?


Juan Rojo Moreno

          Una amiga periodista que tenía que hacer un trabajo sobre un tema complejo me preguntó si la denominada “Nueva Psiquiatría” era lo mismo que la denominada “Antipsiquiatría”.

En cierto modo ambas tienen bastantes cosas en común. Sus propuestas aparecen como crítica a lo que es o ha sido la psiquiatría imperante. En el caso de la antipsiquiatría no existían “enfermos” sino que era la sociedad y el “establishment” quien otorgaba esos términos cuando solo eran personas que tenían otra manera de entender o vivenciar la concepción del mundo consensuada.

La que se ha autodenominado Nueva Psiquiatría viene a mantener planteamientos como: “muchos paciente y familiares prisioneros del sistema psiquiátrico actualmente vigente…en España dos millones de pacientes sufriendo un diagnóstico psiquiátrico grave… la mayoría de ellos no solo no mejoran con el tratamiento médico que se les aplica sino que evolucionan cada vez a peor… son sustancias (los psicofármacos) tranquilizantes que mantienen al sujeto en estado de inhibición psíquica y de modorra permanente y global”.

          Al fin y al cabo, de todo esto ya se viene hablando desde hace muchos años y al modelo puramente “médico” de la psiquiatría se ha incorporado desde hace ya tiempo la perspectiva bio-psico-social (y cultural). Por esto la concepción de “Nueva Psiquiatría” nos acaece como nuevos odres para vino añejo.

Pero es muy interesante la actualización que desde esta perspectiva plantea Javier Álvarez. Por varios motivos: un primer motivo es que el autor es psiquiatra y con muchos años de ejercicio profesional por lo que tiene la autoridad de poder hablar desde el conocimiento de nuestra especialidad. Como decía un antiguo profesor de psiquiatría “para ser anti-algo primero hay que ser algo”. Un segundo motivo es que además de una amplia formación médica también la tiene en el mundo cultural general, y un tercer motivo es que saca a colación (como han hecho muchos otros psiquiatras en todos estos años) dos aspectos importantes y que también, a mi modo de ver, son significativos. Un aspecto, es el de la excesiva concepción de la enfermedad como producida solo por una alteración de los neurotransmisores cerebrales y el otro aspecto es el excesivo diagnóstico mediante la clasificación internacional DSM.[1]

Sobre estos temas ya escribí artículos hace tiempo como por ejemplo: Los sanos enfermos, la paradoja de la salud (aquí), Normalidad y anormalidad psíquica (aquí) o Psiquiatría de la población o tratar enfermedades de la vida (aquí) y son innumerables los psiquiatras que se han planteado esta cuestión, solo por poner algún ejemplo: Alberto Ortiz Lobo en su libro Hacia una Psiquiatría Crítica (2013) o Francisco Traver en su múltiples artículos en su blog, como por ejemplo, “La falacia DSM” (2012) (aquí) y tendríamos que continuar con una larguísimo etcétera.

Con esto quiero decir, como ya señalé, que la aportación de la auto denominada Nueva Psiquiatría ya es un “vino viejo” aunque se le quiera dar un odre nuevo.[2]

Volviendo a nuestro autor de referencia J. Álvarez, crea un término, “la Hiperia”, que sería un estado de conciencia hipersincrónico que haría que muchos de los que denominamos enfermos mentales no sean tales sino un estado de conciencia diferente. Se refiere a una expansión de la conciencia ordinaria y que según el autor: “es el estado de conciencia que nos permite contactar con esa otra conciencia que todos llevamos dentro y que nos mantiene unidos con el Todo, con lo Universal, con lo Divino”. Y en este sentido también señala: “opino que el Homo sapiens está destinado a evolucionar a Homo spiritualis y que la hiperia es la función psíquica que nos permite atravesar la frontera que separa lo físico de lo espiritual”. Con otras palabras, está coincidiendo, en cierto modo, con el físico D. Bohm y sus conceptos de Orden Implicado y Orden Explicado (o desplegado) (1980) o con los conceptos de Arquetipos de C.G Jung (1916) o con la Conciencia Cósmica de M. Rojo Sierra (1999) o la Inteligencia Espiritual de Francesc Torralba (2011).

Refiere nuestro autor con el concepto de Hiperia que hay muchos estados psíquicos “no normales pero frecuentes” que en determinadas personas o culturas no son patológicos. Si bien aclara: “si es hiperia no es enfermedad y si es enfermedad no es hiperia”.

Así, podemos referirnos a los estados de conciencia que aparecieron en San Juan de la Cruz, en Dostoievski (que era epiléptico) y en múltiples grandes filósofos y creadores de la humanidad. También tengamos en cuenta que en un estudio sobre personas “sanas” en 7.717 hombres el 7,8% habían experimentado alucinaciones y en 7.599 mujeres fue el 12%, aunque muchas personas no lo dicen para que no las consideren “locas”.

Igualmente, la cultura influye de tal manera que el “sentido” de las alucinaciones es también moldeado. Se han comparado las alucinaciones auditivas en tres culturas diferentes; en el trabajo de T. M. Luhrmann (2015) un antropólogo y varios psiquiatras entrevistaron a participantes de EE. UU, India y Ghana. Cada muestra se componía de 20 personas que escuchaban voces y cumplían con los criterios de esquizofrenia si tenemos en cuenta la experiencia de escuchar voces. Los participantes en EE.UU se mostraron más propensos a usar etiquetas diagnósticas y señalar ideas violentas, mientras que los de la India y Ghana se mostraron más propensos a vivenciar relaciones ricas con sus voces y menos propensos a describirlas como indicativas de una violación mental. El ser humano es absolutamente neurocultural.

Las dos críticas más importantes, a mi entender, que hace J. Álvarez a la situación de la psiquiatría actual hacen referencia, en primer lugar, a la identificación de la naturaleza de enfermedad psiquiátrica y su explicación solamente en base a los neurotransmisores cerebrales (explicación bioquímica) y en segundo lugar a las clasificaciones internacionales, especialmente al DSM.

Con respecto a la bioquímica cerebral en las enfermedades psiquiátricas señala que “decir que el trastorno bipolar y la esquizofrenia son el resultado de una alteración bioquímica del cerebro (neurotransmisores) viene seguido y completado con otro mensaje falaz: disponemos de medicamentos específicos para mantener controlado el desequilibrio de la neurotransmisión”. La verdad, señala, es que de la neutransmisión neuronal y de cómo funcionan e interaccionan los miles de neurotransmisores que existen conocemos poco (evidentemente muchísimo más que hace 100 años). Apenas sabemos -señala- como se comportan una veintena de neutrotransmisores en algunas áreas cerebrales, y los fármacos que se recetan para esos trastornos de específicos no tienen nada.

En esto coincido con el autor de referencia. Quizá cuando miren dentro de 50 o 100 años lo que hacemos con los medicamentos en general, en medicina, y con los psicofármacos en particular, pueden que nos vean como “elefantes entrando en una cacharrería”. Esto posiblemente será cierto. Pero no olvidemos que cuando no había psicofármacos la situación de los enfermos psiquiátricos era desastrosa y muy lamentable y que  gracias a los psicofármacos tenemos múltiples opciones de tratar a los pacientes que no existían hace tan solo 100 años. Ya decía K. Jaspers que a principios de siglo XX apenas podíamos hacer con muchos pacientes psiquiátricos más que cuidarlos de las enfermedades comunes.

En relación con las clasificaciones internacionales, especialmente el DSM, se han ampliado tanto las categorías que en 2005 afirmaba Kessler como “la mitad de los americanos reúnen los criterios del DSM-IV para ser diagnosticados de un trastorno psiquiátrico” y se lamenta J. Álvarez de que “El DSM junto a la falacia neurotransmisora constituyen desde hace 40 años la base fundamental de la formación que reciben los Médicos Residentes que se están formando para ser psiquiatras”.

Y, ciertamente, como señala Enrique Echeburúa (2014): “No deja de ser significativo, por ejemplo, que la primera edición del DSM en 1952 contenía 106 trastornos mentales y que la actual (DSM-5, 2013) recoja 216.[3]

Con cada nueva edición los posibles trastornos mentales siempre aumentan, pero nunca se reducen. No parece razonable pensar que en el plazo de 60 años los trastornos mentales se hayan multiplicado por dos. ¿Cómo pueden aparecer más de 200 enfermedades nuevas en psiquiatría en tan solo 61 años? En Estados Unidos hay más de 4 millones de niños o adolescentes diagnosticados de TDAH ¿y cuantos de ellos toman anfetaminas que se considera tratamiento adecuado? No vamos a criticar el tratamiento, pero sigue la discusión, a día de hoy, si hay un sobre-diagnóstico de esta enfermedad (para unos) o un infra-diagnóstico (para otros) lo cual evidencia la dificultad de diagnosticarla claramente.

Hay, para terminar, algo en lo que estoy completamente de acuerdo con J. Álvarez, y es el tiempo necesario que hay que dedicar a los pacientes psiquiátricos. Señala este autor (2019) como afortunadamente hay profesionales que consideran muy importante y necesario dedicar tiempo suficiente a escuchar las dificultades de sus pacientes.

Este aspecto me ha preocupado sobremanera y he señalado en múltiples artículos y libros desde 2008 que nuestra experiencia en la psiquiatría diaria nos muestra que dedicándole el tiempo suficiente al acto médico podemos llegar a facilitar que el paciente “entienda” su enfermedad y cómo se ha conformado su estado actual. Uno de los problemas de la sobremedicación de la vida viene dado porque no hacemos un diagnostico individual de cada paciente integrándolo en su totalidad biográfica. Pero para eso ya no tendríamos que hablar de “trastornos” (ese horrible palabro, me dijo en una ocasión el Prof. Valentín Conde) sino de enfermedades. Y eso significa algo muy importante: tener que dedicar más tiempo a cada paciente para hacer un diagnóstico individualizado no solo de su clínica y su evolución sino del sentido biográfico que la enfermedad tiene en él. Tiempo de dedicación al paciente… otro gran problema en esta sociedad tecnotrópica y acelerada

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Ciertamente, desde hace muchos años se habla de la “crisis” de la psiquiatría. La psiquiatría, como la sociedad, siempre está en crisis porque está en evolución constante, pues tanto una como la otra se refieren a lo más profundo del ser humano. La obra de J. Álvarez nos ha servido para actualizar el problema de la sobremedicación, de los diagnósticos psiquiátricos y del tiempo de dedicación al paciente y así mismo que la enfermedad psiquiátrica no es “solo” neurobiología alterada.

 Pero no queramos volver a hace 100 años o a los tiempos en que la antipsiquiatría hacía sociopolítica de la enfermedad psiquiátrica y que gracias a los avances en los conocimientos de la neurotransmisión pudo prácticamente hacer desaparecer esa corriente “anti” pues la enfermedad no es solo cuestión de filosofía del alma o de la sociedad. Como bien dice K. Jaspers (1949): “si bien la práctica del médico psiquiatra abarca territorios que rebasan el puro conocer científico… [no obstante] sin la ciencia hoy no cabe moverse en el plano de la verdad. Perdida la ciencia, crecen los escrúpulos, la media luz, los sentimientos oscuramente edificantes y las resoluciones fanáticas de una obstinada ceguera”.[4]

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[1] J. Álvarez. Una Nueva Psiquiatría. Edita Javier Álvarez 2019.

[2] Las referencias a nuevos odres para vino añejo la hago parafraseando el libro de Julián Huxley “Nuevos odres para vino nuevo”

[3] Enrique Echeburúa, Karmele Salaberría y Marisol Cruz-Sáez. Aportaciones y Limitaciones del DSM-5 desde la Psicología Clínica. Ter. Psicol. vol.32 no.1 Santiago abr. 2014

[4] Karl Jaspers. La Filosofía. Edita Fondo de Cultura Económica, México 1957 (primera edición alemana 1949).

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SOBRE LA CONDICION HUMANA


Independencia, libertad, rebeldía y autoridad

Juan Rojo Moreno

         Señala Erich Fromm que mientras que en siglos anteriores el carácter social mostraba fuertes tendencias a la explotación y acumulación, actualmente el carácter del hombre se orienta más en ser un consumidor eterno: “se traga” bebidas, alimentos, cigarrillos, conferencias, cuadros, libros, películas; consume todo, engulle todo… el mundo no es más que una gran mamadera, una gran manzana, un pecho opulento y el hombre se ha convertido en lactante eternamente expectante y eternamente frustrado.

Además del mercado también es importante el cómo se considera el hombre, siendo necesario que se sienta libre e independiente aunque esté dispuesto a ser mandado, a hacer lo previsto y a encajar sin roces en la máquina social: “su única meta es la de continuar en movimiento, funcionando, avanzando…ha llegado a ser un átomo económico que danza al compás de la dirección automatizada”.

Y esto no es aplicable solo al “obrero” sino a todos nosotros, que en el mundo de la dirección automatizada y matematizada somos, en regímenes diferentes, obreros iguales. Hoy tanto el trabajador menos cualificado como el alto ejecutivo viaja al extranjero, ve pinturas en museos, tiene vacaciones, ven los mismos programas de televisión y sienten o sufren por igual las consignas sociales. Y todos tienen encima a “alguien” o algo que dirige la dirección vital, social o incluso personal. Aunque cada uno se sienta independiente y en libertad en este mundo tan compartido actualmente por las redes sociales y la mass-media.

Al arte de manejar a la gente que trabaja “se le denomina arte de las relaciones humanas, cuando en realidad tenemos que habérnoslas con las relaciones más inhumanas entre autómatas que se han convertido en abstracciones… y nunca me encuentro solo conmigo mismo pues siempre estoy ocupado, ya sea trabajando o divirtiéndome.”[1]

Y por esto, insiste Fromm, en que somos un sistema de deseos y satisfacciones; debo trabajar para poder satisfacer mis deseos y estos mismos deseos son constantemente estimulados y dirigidos…los hombres son cada vez más autómatas que fabrican máquinas que actúan como hombres y producen hombres que funcionan como máquinas.

         Sí, cierto, pero hoy en día con la difusión tan tremenda de la mass-media y las redes sociales, el control de los hombre se hace en base a estudios psicológicos de intereses, deseos, satisfacciones y estudios de mercado o mediante fuertes instrumentos de encuestas, muchas “oficiales” que permiten que el sujeto se vea inmerso y con dificultad de criticar el llamado “sentido común” el cual a menudo repite una y otra vez el mismo disparate y que tiene sentido sólo porque todo el mundo lo repite.

Aquí viene el problema de la autoridad que es la que se entiende que nos da los parámetros referenciales de lo que hay que hacer y lo que no.

Fromm hace un análisis interesante de la persona autoritaria: “La persona autoritaria se siente fuerte cuando se puede someter y ser parte de una autoridad que (hasta cierto punto respaldada por la realidad) es inflada y endiosada, y cuando al mismo tiempo tal persona puede hincharse incorporando a aquellos sometidos a su autoridad. Trátese de un estado de simbiosis sado-masoquista que le proporciona un sentimiento de fuerza y un sentimiento de identidad. Al ser parte del grande (cualquiera que sea) se hace grande; si estuviera solo, sin nadie, se reduciría a nada. Por esta razón, una amenaza a la autoridad y una amenaza a su estructura personal autoritaria es para este carácter una amenaza a sí mismo”.

Claro que hoy en día los autoritarismos se ponen piel de otra cosa, a veces de “revolucionarios”, otras veces de rebeldes. Pero un rebelde -señala Fromm- es alguien que desea echar abajo la autoridad a causa de su resentimiento y como resultado asumir él mismo la autoridad en lugar de la que ha derribado. Y es frecuente que en el preciso momento que alcance su meta establezca amistad con la misma autoridad que antes había combatido con tanto encono.

Con qué facilidad podemos identificar hoy en día esa “rebeldía” autoritaria y hacer nuestro lo que ya señalaba Fromm: “se puede decir que la vida política actual es un cementerio que contiene las tumbas morales de gentes que empezaron como supuestos revolucionarios y resultaron ser nada más que rebeldes oportunistas”.

Esa rebeldía autoritaria se transforma muchas veces en un fanatismo del que señala Fromm que es una persona excesivamente narcisista que ha elegido una causa, no importa cuál sea ésta: política, religiosa o cualquier otra, y vive para endiosarla. Ha convertido esta causa en un ídolo y al someterse plenamente a su ídolo le encuentra un sentido vehemente a la vida, una razón para vivir, porque en su sumisión se identifica con el ídolo al que ha inflado y convertido en su absoluto… Muchas veces en la historia el fanático ha adoptado la pose del revolucionario, pues a menudo lo que dice es exactamente -o suena exactamente como tal- lo que podría decir un revolucionario… En verdad todos estos movimientos que usan la palabra “revolucionario” proclaman metas muy similares, a saber, que luchan por la libertad y la independencia. Pero en realidad algunos lo hacen y otros no. Otros se valen del slogan “revolucionario” para luchar por el establecimiento de regímenes autoritarios, pero con las riendas en manos de una élite diferente.

Miremos al mundo de hoy y cuantos “revolucionarios” están o quieren estar en el poder, aunque hoy en día digan una cosa y luego, al ser diferente el interés, digan la contraria y otro día ni una ni otra o las dos a la vez.

Como señala Fromm “hay muchos que pretenden ser revolucionarios cuando en realidad son rebeldes autoritarios u oportunistas políticos” sin más, o ni más ni menos pues llegan a tocar resortes del poder.

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Hemos estado hablando de la condición humana, no de la “naturaleza humana”. Es muy difícil hablar de una naturaleza humana sin hacer como en la teología negativa (que dice todo lo que NO es Dios, pero no define a Dios) y, entonces, decir que cientos o miles de elementos NO son esa naturaleza: ¿es la bondad la naturaleza humana, el amor, el ayudar a otros, la caridad, el altruismo…? Encontramos por doquier millares de personas que no tienen estos atributos y seguimos diciendo que son seres humanos. ¿El desarmado y frio asesino múltiple no es humano? No tenemos más que ver los rebrotes que aparecen en los distintos países en esta enfermedad de nuestro tiempo, el Covid-19, favorecidos por los desmadres de unos cuantos que no tienen en cuenta el interés general de salud ¿no son humanos? O sectas que han raptado a cientos de niñas para su beneplácito e interés particular ¿tampoco son humanos? No hay más que ver cuando existe una guerra en un país como se “transforman” los seres humanos y aparece en esa condición otra “naturaleza” que sigue siendo humana, como ocurrió en la Alemania Nazi, en la guerra de los Balcanes y en realidad en cualquier guerra en la que el hasta entonces amigable vecino de toda la vida se transforma ahora en un asesino “por los ideales” o el por bien común.

Como mencionamos antes ya E. Fromm decía que somos “átomos económicos que danzan al compás de la dirección automatizada” y quién va a ser capaz de llevarle la contraria a las encuestas o a los estudios de campo o como señala nuestro autor ¿Quién es capaz de desobedecer a una computadora electrónica? Ya no es una persona quien no te concede un crédito o un medicamento “es el ordenador y el programa quien lo impide”.

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[1] Erich Fromm. La Condición Humana. Biblioteca del hombre contemporáneo, Editorial Paidós, Buenos Aires, 1970 (es nuestra obra de referencia) (Publicada también en El Dogma de Cristo, 1964)

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LA SOCIEDAD Y EL INTELECTO DE VAPOR


Juan Rojo Moreno

         Un problema que se plantea Bertrand Russell es si podrá sobrevivir la ciencia tal como la concebimos hoy en día y cuando la separemos de las supersticiones y fantasías que aún persisten desde su infancia.[1]

¿Hay superstición en la ciencia que tiene ese riguroso método científico?

Desde luego que sí. La ciencia ha conseguido tan grandes avances que se ha idolizado como aquello que ha de resolver todos los males del mundo. Ahora con la pandemia Covid-19 ante el desastre humano y económico no son tantos (aunque seguro que los hay) los que hacen un análisis global del cómo y porqué de esta repercusión inconmensurable, más allá de que la ciencia nos muestre que es un virus, que está identificado y codificado y que ha descubierto cómo se expansiona o infecta de manera tan rápida y subrepticia.

         Y mientras padecemos esta pandemia lo único que nos queda es esperar a que la ciencia a todo galope encuentre una vacuna y ya se resolvió todo el problema (?). Una vez más la ciencia va a ser la solución del sufrimiento de la humanidad.

Por esto señala Russell que “la ciencia en su estado actual es en parte agradable y en parte desagradable. Es agradable por el poder que nos da para manejar lo que nos rodea. Es desagradable porque, a pesar de nuestros esfuerzos por disimularlo, es de un determinismo que acarrea, teóricamente, el poder de predecir los actos humanos”, de manera que restringe nuestra libertad sobre nosotros mismos y lo que nos rodea, al ser nuestra creencia irracional en la causalidad lo que domina.

Ahora llegará el momento de tomar medidas correctoras sociales y económicas obligadas por los “expertos e intelectuales” aunque como menciona Russell: “el intelecto es realmente un instrumento de la parcialidad”. Pero se asignarán a las decisiones gestos emocionales que hagan empatizar al reo con su ejecutor, aunque en gran medida la mala gestión del administrador sea “la causa” de gran parte del desastre personal y social.

Como señala Russell: “una habilidad política especial consiste en saber qué pasiones pueden despertarse y como impedir que una vez despiertas puedan dirigirse contra uno mismo o contra sus partidarios… Si algún partido político observa una conducta según la cual tiene que hacer mucho mal para lograr un fin bueno, la necesidad del escepticismo es grande en vista de lo dudoso de los cálculos políticos…Cualquier movimiento político que aspire al éxito apelará instintivamente a la envidia, a la rivalidad o al odio, y nunca a la necesidad de cooperación. Queremos a alguien a quien odiar cuando sufrimos. Deprime tanto el pensar que sufrimos por necios y, sin embargo, esa es la verdad con respecto al género humano. Esa es la causa de que ningún partido pueda adquirir fuerza si no es por medio del odio; tiene que presentar a alguien a quien condenar”.

Bueno, en este tiempo tan convulso hay que nombrar que aparecen incluso los “antivacunas” y los “antimascarillas” (o negacionistas), pero no les dediquemos más tiempo pues bien señala nuestro autor cómo “el irracionalismo nace casi siempre del deseo de afirmar algo para lo cual no hay evidencia o de negar algo evidente”.

Russell que ha sido un liberal muy inteligente, si bien apostilla nuestra obra de referencia como “ensayos sin optimismo”, realmente es muy optimista cuando considera que al ser una persona racional la que por su inteligencia modula y regula sus deseos, entonces el gobierno de nuestros actos por la inteligencia es, en último término, lo más importante y lo único que hará posible la vida social a medida que la ciencia aumente nuestro poder destructivo para con los demás. Si bien entiende que “la educación, la prensa, la política y la religión están al lado de la irracionalidad, no obstante acudimos a la inteligencia cada vez más extendida para el remedio de los males que sufre la humanidad”.

Si  damos por supuesto que realmente está aumentando la inteligencia de la humanidad (lo cual es dudoso) quizá debamos pensar con E. Fromm que “la razón se deteriora a la vez que crece la inteligencia, dando así lugar a la peligrosa situación de proporcionar al hombre la fuerza material más poderosa sin la sabiduría para emplearla”.[2]

La mecanización, la informática, los microchips han alterado nuestra manera de vivir pero no nuestros instintos. No hay más que ver lo que se publica en alguna red como Twitter (con bastante anonimato) en la que no son raros los deseos de muerte o de desgracia para los que no piensan como uno. La autodisciplina moral y la prohibición externa -señala Russell- no son los mejores métodos para luchar con nuestros instintos destructivos. Habrá que buscar, de una vez por todas, en este siglo XXI, un método pedagógico que sea capaz de enseñarles ya a los niños antes de los 5-6 años la bondad de lo unitivo frente a lo tánico.[3]

Para Russell la solución frente a los instintos destructivos está en que la ciencia si bien ha hecho maravillas en el dominio de las leyes físicas: “pero nuestra propia naturaleza es menos comprendida que la de las estrellas o electrones. Cuando aprenda a comprender la naturaleza humana, entonces podrá traer felicidad a nuestras vidas, felicidad que la mecanización y las ciencias físicas no han podido crear” [optimista lo veo yo].

Peacock se refirió a “la sociedad con intelecto de vapor” criticando el avance de la ciencia mecánica en el siglo XIX.[4] Hoy nadie va a criticar en extremo los beneficios que los grandes avances científicos nos han aportado y muy significativamente en el siglo XX y algo (por estar empezando) en este XXI. Pero esa frase de Peacock es útil para que, pasado más de un siglo desde que la pronunciara, nos volvamos a plantear si hemos ido dejando nuestro futuro y destino, no en relación con nuestro propio proceso de individuación socio-cultural, sino en su mayoría prácticamente en espera de que el resultado de la “mecanización” nos marque el rumbo a seguir. Y cuando ésta no funciona y el ser humano y la sociedad sufre, lo más fácil es culpar a la estructura superior, ya sea Estado, Europa, Norte o Sur América, China, Rusia, o al planeta entero que no es capaz de acomodarse a nuestros deseos programados.

Como señala Russell “se cree que la felicidad la proporcionará los ingresos económicos y aunque algunos, y no siempre convencidos,  rebaten esta idea en nombre de la religión o la moral, no obstante, se alegran si los ingresos les aumentan”.

Todo esto siempre subrayando como ya hicieron Julian Huxley o Teilhard de Chardin que no es posible plantearnos una evolución humana creativa sin que estén asegurados los recursos mínimos de subsistencia [y la escolarización]. Pues es a partir de que se tienen aseguradas las necesidades básicas cuando vemos, en las sociedades avanzadas, cómo muchas personas descubren y fertilizan su deseo de conocer enseñanzas interiorizantes, o el arte o las ciencias cuando éstas son explicadas con cierta gracia para todo el mundo. Solo así comprendemos como han tenido tanto éxito libros como Breve Historia del Tiempo, El Gran Diseño o el Universo en una Cáscara de Nuez de Stephen Hawking sobre física y el universo, por poner un ejemplo.

Esto es bien llamativo, y en este sentido sí que parece que se sugiera un “aumento” de la inteligencia y de sus capacidades en las sociedades más avanzadas. Pero creo que es como cuando se ve una pantalla en blanco de un televisor (de los antiguos) que no sintoniza ningún canal con múltiples puntos moviéndose (la radiación de fondo de microondas) pero la verdad es que la pantalla sigue siendo blanca.[5]

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La obra de Bertrand Russell Ciencia, Filosofía y Política nos ha servido para analizar cuestiones fundamentales y estructurales y a la vez para reflexionar sobre la actualidad en este siglo XXI. Esta obra comprende ocho ensayos que él califica de no optimistas y se considera especialmente cauto en relación a lo que pueda pasar en el futuro. En sus propias palabras: “Hay dos maneras de escribir sobre el futuro: la utópica y la científica. La científica trata de descubrir lo probable; la utópica expone lo que le gustaría al autor. En una ciencia bien desarrollada como la astronomía nadie escogerá la utópica: no se profetizan eclipses por el mero hecho de que sería bonito observarlos. Pero en los asuntos sociales los que creen haber descubierto leyes generales que les permiten vaticinar el futuro no son tan científicos como lo pretenden”.

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[1] Bertrand Russell. Ciencia, filosofía y política. Ensayos sin optimismo. Editorial Aguilar, 1968. Va a ser nuestra obra de referencia.

[2] Erich Fromm. La Condición Humana. Biblioteca del hombre contemporáneo, Editorial Paidós, Buenos Aires, 1970 (es nuestra obra de referencia) (Publicada también en El Dogma de Cristo, 1964)

[3] Para Russell la época más importante para la educación va desde la concepción hasta los 4 años (aun no ve viable cómo hacer la educación prenatal): “hoy sabemos que lo que se tiene por `naturaleza humana´ se compone de un décimo de naturaleza humana y nueve décimos de educación. Lo que se llama naturaleza humana es susceptible de ser cambiado completamente por la educación en los primeros años.” En conjunto coincide con otros autores como Melanie Klein y con Alfred Adler siendo este último, quizá el primero de todos, quien subrayó la importancia de la educación y pedagogía del “sentido social” en el periodo infante antes de los 5-6 años.

[4] Esta referencia de Russell debe ser de T. M Peacock uno de los autores satíricos más representativos de la transición al siglo XIX https://es.wikipedia.org/wiki/Thomas_Love_Peacock

[5] En cosmología, la radiación de fondo de microondas (en inglés Cosmic Microwave Background o CMB) es una forma de radiación electromagnética descubierta en 1965 que llena el Universo por completo. http://www.dipler.org/2009/05/el-big-bang-en-tu-television/

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FUNDAMENTOS PSICODINAMICOS DEL COMPORTAMIENTO: FREUD, JUNG, ADLER


Los profesionales de la salud que no estamos adscritos a una escuela psicodinámica concreta siempre hemos tenido interés en conocer los fundamentos psicodinámicos o psicoanalíticos del comportamiento.

Cierto que el más conocido de todos los autores es Sigmund Freud, que revolucionó la psiquiatría a principios de siglo XX (y cuya influencia sigue vigente hasta hoy en día) no solo por alumbrar la importancia del inconsciente sobre el comportamiento y la salud o enfermedad sino que además “dignificó” muchas enfermedades ansiosas, obsesivas y reacciones comportamentales que en esa época eran consideradas como “cosas” sin importancia y casi no eran consideradas verdaderas “enfermedades” a diferencia de lo que ocurría con los pacientes psicóticos . Pero además creó una sistemática para tratar a estos pacientes (angustiosos, histéricos, funcionales…) es decir creó un tratamiento (y por lo tanto ya eran considerado como enfermos) y dio la esperanza a muchos de poder curarse. SIGMUND FREUD

La sociedad psicoanalítica creada por él adquirió gran relevancia gracias, también, a magníficos médicos y especialistas que matizaron muchas de las ideas de Freud y además aportaron nuevos puntos de vista.

Pero dos de los grandes discípulos de Freud, en primer lugar Alfred Adler y poco después C. G Jung, discreparon de la teoría fundamental de la libido freudiana como fundamento del comportamiento humano y tras separarse de  Freud crearon sus propias maneras de entender el análisis del inconsciente y de las patologías psíquicas.

Alfred Adler tuvo grandes disputas con Freud y su “Psicología Individual” se alejó del concepto de libido (sexualidad) de Freud y en base a conceptos como sentimiento primario de minusvalía-afán de poder y socialización de los impulsos, creó su propio sistema psicoanalítico y tuvo gran repercusión en otros autores posteriores, siendo, quizá, el primer médico que incorporó un sentido pedagógico en su análisis a tener en cuenta en la salud del ser humano la importancia de socializar al niño en los primeros 5-6 años de vida: el sentido social.ALFRED ADLER

Por su parte Carl Gustav Jung elaboró una tipología psíquica y también se distanció de Freud aportando conceptos tan novedosos como el  de Inconsciente Colectivo, los arquetipos y mediante su “Proceso de Individuación” desarrolló su método psicoanalítico. Jung se adentró en el estudio de diferentes profundidades inconscientes humanas y aportó también el concepto de “sincronicidad” y dado el carácter llamativo de las sincronicidades lanzó la idea de que tenía que intervenir un principio de conexión acasual desconocido para él.  Un físico y premio Nobel, W. Pauli escribió con Jung un libro en este sentido.Carl G. Jung

Como escribir sobre estos autores psicoanalíticos sería una extensa tarea pues hay una gran variedad de profesionales especializados en ellos y en las diversas escuelas, me decidí a hacer un resumen pedagógico de las principales características de sus fundamentos psicodinámicos, que será insuficiente para el gran conocedor de estas teorías y prácticas, pero puede ser muy útil para el profesional de la salud y para toda persona interesada que no está especializada ni significativamente formada en esos campos.

Por esto podemos ver en el siguiente enlace de manera estructurada LOS FUNDAMENTOS PSICODINAMICOS DEL COMPORTAMIENTO, según Freud, Jung y Adler

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LA IGNORANCIA LÚCIDA


(y la efectividad)

Juan Rojo Moreno

         Cada vez más sabemos algo de todo, aunque hay algunos que saben mucho de muy poco. La Ignorancia Lúcida es el título de la autobiografía del filósofo y antropólogo Luis Cencillo[1] y que nos sirve de referencia al plantearnos cuestiones sobre el conocimiento y el ser humano.

Cierto que ahora con el problema de la pandemia del Covid-19 hemos podido oír a los “expertos” de algo opinar de todo y a los que no son expertos opinar constantemente sobre algo. Definitivamente esta situación de crisis mundial nos ha enseñado que en gran parte no estamos en el “mundo de la información”, como jactanciosamente nos hemos creído, sino que más bien estamos en el “mundo de la opinión” pues gracias a la lucidez de nuestra ignorancia todos nos sentimos capaces de opinar con claro aserto sobre lo que está más allá de nuestro conocimiento. Nos hemos culturizado en opiniones.

Señala L. Cencillo que cuando se encuentra uno “existiendo”, emergiendo de una nada, instante tras instante, quiere saber a qué atenerse y compruebas que lo ignoras todo.

La ignorancia, frente  a la cultura del conocimiento, es una lacra que aún padece gran parte de la humanidad. Lo malo es cuando ignoramos con lucidez la ignorancia que tenemos, entonces a menudo el mañana es solo un hoy repetido. Como señala Sartre se piensa en mañana, es decir simplemente en un nuevo hoy; las ciudades solo disponen de una sola jornada que se repite, muy parecidas, todas las mañanas[2].

La lucidez de nuestra ignorancia evita plantearnos como hizo Emil du Bois-Reymond: “Ignoramus et Ignorabimus”: ignoramos y nunca sabremos.[3]

Bien, quizá ahora sí que creemos saber opinar y al igual que el “autodidacta” (de la novela de Sartre) que quiere aprender del mundo a través de la biblioteca leyendo libros y más libros por orden alfabético de la A a la Z, ahora nosotros gracias al mundo de las redes sociales y de los programas televisivos o de radio, somos autodidactas de la opinión.

Pero la realidad, señala Cencillo, es que nadie sabe de qué va su vida: a lo sumo las religiones y las “sapiencias” y filosofías tratan de orientarnos algo […] pero ignorándolo todo en los comienzos, suele acabarse, tras decenios de desazón y hasta de tedio, llevando un existir cargado de sentido, pero que no es vivido como sentido sino como carga.

Por esto para L. Cencillo lo real suele ser lo efectivo, pues en definitiva todo lo que puede producir cambio es eficaz. Y por lo tanto, en último término, el criterio para discernir lo real sería su efectividad. Y para él la categoría de la evolutividad histórica es un aspecto dimensional de la praxis. La verdadera realidad de algo, señala, no es sino su eficacia que es capaz de producir modificaciones, situaciones y relaciones en este mundo.

Puede que en nuestros tiempos esa efectividad sea la que busca la dirección opinada. Igual da que sea verdad o no, lo que importa es que alcancen fines mediáticos y que sean efectivos para los intereses primarios.

En esto se basa los mass-media o medios de comunicación de masas que son canales no personales de difusión de mensajes al público general. La opinión “personal” es la que en estos canales consideran que es eficaz porque puede modificar actitudes de la población, aunque esa opinión “personal” es solo la común de los que apuntan en una dirección. Actualmente, no tenemos más que ver debates sociales o políticos en medios audiovisuales para terminar al cabo de una o dos horas sin haber llegado a ninguna conclusión; y lo malo es que al día siguiente puede repetirse lo mismo con el mismo final, y al otro día y al otro…

Frente al mundo de la eficacia y de la directibilidad de nuestras convicciones debida a la “mass-opinion”, podemos convencernos a nosotros mismos de nuestra originalidad en base a los valores que hemos creado. Señala L. Cencillo que si no se asume una constelación de valores que nutra convicciones motivadoras, el sujeto no tiene medio alguno para no dejarse manipular y desfigurar su perfil de personalidad. Ya indicaba Huxley que “nadie puede probar  que los valores desempeñan una parte en el proceso de la evolución biológica, pero nadie puede negar que lo desempeñan en los asuntos humanos”[4]

 ¿Pero cómo construimos valores sólidos personales?

 Esto no es tan fácil. Como nada existe por sí mismo, ni  la belleza, ni las cosas, ni las leyes científicas, sino que siempre se requiere la participación humana, lo importante no es el valor en sí, sino la construcción de valores. Y hoy en día, nos dice Julián Marías: todo lo firme se ha vuelto vacilante… hay una inseguridad acerca de los valores y fines de la vida. La inseguridad, la zozobra y la impresión de vacío dominan al hombre en medio de la multitud de los conocimientos [y opiniones].[5]

Solo tenemos que comprobar los grandes movimientos electorales, políticos y sociales que se están produciendo en nuestro siglo XXI que se estructuran más sobre movilizaciones de deseos emocionales que sobre esquemas intelectuales.

Quizá por esto nos quejemos constantemente de la falta de valores. El problema no está en la carencia de los mismos sino en que los “valores” cambian en poco tiempo en un mundo tan interconectado, y esta concepción del mundo tan sensorial y fluyente no permite un contraste sosegado de los valores paradigmáticos (referenciales). No tenemos más que ver los movimientos que se han originado en el siglo XXI en los sistemas sociales en distintos países a medida que han tenido acceso cada vez más a la globalización rápida de la información (tanto la que producen como la que reciben) y cómo los modelos de pensamiento ahora se asimilan, casi a la “velocidad de la luz”, desde una parte a otra del globo terrestre, dejando perplejos a políticos, sociólogos y a sistemas comunitarios que realmente no saben cómo “encauzar” lo que tan rápidamente se mueve.

Y a menudo los manipuladores están perplejos pues con sus opiniones, repetidas hasta la saciedad, creen ser creadores de valores que suponen se estructuran sobre la base de lo que desea la población, pero no tienen en cuenta (o sí) que, como señala Cencillo “el psiquismo humano, en cuanto motor de la praxis, siempre se haya animado por el deseo infantilmente referido a objetos fantaseados”. Y crear valores humanos, cuando estamos en periodos de crisis, en base a deseos infantiles y fantasiosos no consigue una estructura o sentido estable por lo que el mensaje ha de ser repetido una y otra vez, o cambiado a otro que también será repetido obsesivamente. Pero sin conseguir definitivamente el objetivo que se busca (excepto para los acólitos de siempre).

Hay ciertos comportamientos -señala nuestro autor- que aunque favorezcan al colectivo o a algún sujeto privilegiado, no dan verdadero sentido a la gente (a su existencia) sino que más bien le quitan a la vida o a los actos y comportamientos de cada sujeto el poco y frívolo sentido que pudieron haber tenido.

Son actos y conductas que realmente hacen mal y daño inútil a otros, y solo por querer salirse con la suya disfrutan sádicamente de un trato ásperamente superior (o lo enmascaran  con técnicas de imagen  y con palabras “del bien común”). Amargan la vida, empequeñecen la autoestima y favorecen el odio. Pero indican que no debemos atrevernos a discutir sus criterios, opiniones y sus puntos de vista que muchas veces –dicen- están basadas en consejos de supuestos “expertos”.

Actualmente disentir de las opiniones “oficiales” o de los “valores” impuestos por la supuesta “verdad social” hace que estos valedores tiránicos nos quieran dejar, por disentir, cono horteras o cursis o desinformados. No es raro ver a personas privilegiadas querer ridiculizar a los que se manifiestan en contra de estos valedores, aunque ellos mismos tengan un nivel de vida privilegiado por sus viviendas o condición. Pero lo que importa en estos casos no es que se tengan valores sino utilizar los argumentos y medios para querer imponer, si pueden, que “su valor” es el verdadero.

Como señala Cencillo: la constancia y la tenacidad de esas conductas [y opiniones] gratuitamente destructivas de la confianza en sí, y su intervención en circunstancias decisivas, les presta su asombrosa eficacia para tiranizar infaliblemente el ánimo, las iniciativas y la autoestima de los “otros”.

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Luis Cencillo nos introduce en la filosofía vital de la efectividad en el mundo práctico que es la realidad. [6] En el pensamiento filosófico que muestra en su autobiografía, que casi terminó un mes antes de morir en 2008, se sigue preguntando sobre el hombre y su sentido: “El hombre es un ser sumamente extraño. Tiene como modo de estar en el mundo la praxis, pero en ella necesita proyectar. Tiene muy arraigada la idea de ser feliz y ¡nunca lo logra! Se imagina estar en circunstancias trascendentales a cada paso. Lo que le tiene perplejo es que lo que busca esté siempre en otra remota parte. A veces le parece que todo tiene suma importancia, otras que nada la tiene. A veces le alegra adivinar que todo se halla pleno de sentido, otras que nada lo tiene y que bracea inútilmente en el absurdo”.

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[1] Luis Cencillo. La ignorancia lúcida. Editorial Manuscritos, 2009

[2] Jean Paul Sartre. La Náusea. Editorial Losada, Buenos Aires, 1947. Hay muchas referencias a esta obra y resúmenes: http://es.wikipedia.org/wiki/La_n%C3%A1usea . Se puede descargar el libro gratuitamente en https://www.elejandria.com/libro/la-nausea/sartre-jean-paul/220

[3] “Ignoramus et Ignorabimus”.  Expresión latina difundida  por el médico berlinés Emil du Bois-Reymond.  En el año 1872 viajó de Berlín a Leipzig para dar una conferencia sobre el tema “Los Límites del Conocimiento de la Naturaleza”. Esta conferencia causó gran revuelo porque Du Bois-Reymond explicó que nunca se conseguiría hallar la solución de una serie de problemas científicos. Terminó su disertación con las siguientes palabras: `Ignoramus et Ignorabimus´ (ignoramos y nunca sabremos).

[4] Julian Huxley. Nuevos odres para vino nuevo. Editorial Hermes. Buenos Aires. 1959

[5] Comentario de  Julián Marías-pág. 121 en: Teorías de las concepciones del mundo de Wilhelm Dilthey. Ediciones de la Revista de Occidente, Madrid, 1974.Traducción del alemán y Comentarios de Julián Marías

[6] Efectividad: La efectividad es el equilibrio entre eficacia y eficiencia, es decir, se es efectivo si se es eficaz y eficiente. La eficacia es lograr un resultado o efecto (aunque no sea el correcto). En cambio, eficiencia es la capacidad de lograr el efecto en cuestión con el mínimo de recursos posibles viables o sea el cómo. Ejemplo: matar una mosca de un cañonazo es eficaz (conseguimos el objetivo) pero poco eficiente (se gastan recursos desmesurados para la meta buscada). Pero acabar con su vida con un matamoscas, aparte de ser eficaz es eficiente, por lo tanto al cumplir satisfactoriamente ambos conceptos, entonces es efectivo.

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EL CAOS Y EL FUTURO


Juan Rojo Moreno

    Ilya PrigogineEl mundo se ha planetizado y se ha desequilibrado. No es que antes hubiera mucho equilibrio, pero no afectaba a tanta gente ni a tantas culturas. En las grandes batallas de Alejandro el Magno, en la época griega, en la romana o incluso en las múltiples guerras hasta la Segunda Mundial, todo era relativamente local. La segunda Guerra Mundial ya alcanzó a algo más lejos que Europa y ahora no habrá tantas guerras mundiales con armamentos pero la influencia de lo que ocurre en una parte del planeta es muy importante en la globalidad y la guerra ahora es informática, de manipulación y de control de medios, de las ideas y aspiraciones de los colectivos. Si en un país que tiene minerales especiales para que funciones los smartphones se produce un problema esto puede afectar a la comunicación global (en la actualidad los smartphone están compuestos por más de 200 minerales, 300 aleaciones y más de 80 elementos químicos. Minerales que en algunos casos son raros y escasos y que actualmente no tienen sustituto claro. La explotación de esos materiales en ciertos lugares del mundo está causando graves problemas sociales, ambientales y de salud).[1]

Señala Ilya Prigogine[2] que el caos no es “caótico” e incluso algunos autores hablan del “caos determinista” pues en el fondo siempre el caos tiene un orden y una finalidad.[3] ¿Cuál es la finalidad del caos que originan las revoluciones? Evidentemente, hacerlas con un orden interno que al final consiga un “equilibrio” que ahora será el “nuevo equilibrio” dominado por los que promovieron la revolución. Como señala Toffler: “lo que todos sabemos: los políticos actúan más veces en defensa de sus intereses que en defensa de los intereses de los otros”.

En la misma naturaleza hay un orden en los estados de desequilibrio que está activo constantemente. “El no-equilibrio es fuente de orden de coherencia; entre las unidades surgen correlaciones. El no-equilibrio como origen de orden se presenta ya como uno de los principios más generales que podemos formular”.

Y el papel que cada uno de nosotros tenemos en el mantenimiento de los sistemas sociales durante los tiempos de cierto equilibrio o para ampliar las fluctuaciones es cada vez más importante. Como señala Prigogine: “una sociedad es un sistema no lineal en el que lo que hace cada individuo repercute y se amplifica por efecto del socius y resulta que esta no linealidad ha aumentado espectacularmente como consecuencia de la intensificación de los intercambios de todo tipo”. Y ya lo vivimos con la influencia de los diversos sistemas de redes sociales y mass-media sobre hábitos, costumbres e ideas o convicciones.

El trinomio flujo/función/ estructura, explica nuestro autor, “implica una retroalimentación evolutiva”. Es decir, la aparición de desequilibrios y estructuras disipativas y fluctuaciones dentro del sistema puede originar nuevas estructuras que a su vez modifiquen el flujo, lo que a su vez posibilita la emergencia de nuevas estructuras. Si las estructuras creadas (dentro del sistema) no encuentran inserción social de forma adecuada para ser procesadas, entonces, aparece un malestar y angustia que se observa en todos los niveles. Y hoy tengamos en cuenta como esos nuevos flujos emergentes son potenciados por el sistema de comunicación global.

A partir de cierta distancia del equilibrio, de cierta intensidad de los procesos disipativos -señala Prigogine- no se garantiza la estabilidad y podemos definir un “umbral”, una distancia crítica respecto al equilibrio, a partir de la cual el sistema se hace inestable y entonces una fluctuación puede eventualmente no remitir, sino aumentar. Cuando en vez de desaparecer una fluctuación aumenta dentro de un sistema más allá del umbral crítico de estabilidad, el sistema experimenta una transformación profunda, adopta un modo de funcionamiento completamente distinto… y surge un proceso de auto-organización, una estructura disipativa.

Estas estructuras disipativas que se nutren para subsistir del medio (diríamos hoy trasladándolo al mundo social, de la mass-media, de las redes sociales, de los medios de influencia…), esta fluctuación puede ser la que seleccione el cambio del sistema. Ya lo dijo G. Tarde en 1922: “para restituir al Poder su antigua estabilidad propia de las épocas en que no se charlaba fuera del estrecho círculo familiar habría que empezar por instaurar el mutismo universal”[4].

Hoy en día también hay quien opina que “los medios de comunicación han de tener control público” y existen países (muchos) donde hay (o se intenta) un estrecho control de la información “no conveniente”. Esto parece muy extremo, pero para quienes les interese el tema del “control de la información”, persuasión, tasa de conversión, inteligencia conductual, control de los algoritmos persuasivos o Time Well Spent, es interesante este video aquí

medios comunicacion

Volviendo a Prigogine, señala que esta concepción (estructuras disipativas, fluctuaciones) es aplicable a las ciencias humanas y lo estamos viendo actualmente en este siglo XXI por doquier. Y no nos confundamos, no hay “un sistema” un famoso “establishment” como sistema “reversible” automantenido, pues algunas de las fluctuaciones que aparecen constantemente en el “sistema” se amplifican y constituye una nueva totalización, estableciendo una unidad de régimen.

Y algo muy actual que aportó Prigogine “el hombre en devenir debe romper con la naturaleza identificada con una materia pasiva, sometida a leyes deterministas, carente de toda posibilidad de innovación y transformación… nuestro mundo es un mundo de cambios, de intercambios y de innovación…. El desarrollo demográfico, las condiciones sociales y económicas exigen de nosotros una nueva evaluación de la postura del hombre, de su sociedad y de sus relaciones con la naturaleza”. Y nosotros estamos en esa naturaleza no frente a ella.

¿Y el futuro?: Un colega de Prigogine (Weinberg) dio una conferencia titulada “El final del todo” que aunque nuestro autor considera que suena excesivamente pesimista no obstante viene a aportar que la ancestral idea de la estabilidad de la materia ha encajado un duro golpe. Actualmente, si transportamos estas ideas a nuestra situación planetaria, ciertamente, el mundo tal como se concebía solo hace 70 años ha cambiado radicalmente. La planetización de las sociedades y la intercomunicabilidad está originando fluctuaciones auto-organizadas no controladas o por lo menos no reconocidas en sus efectos a medio o largo plazo. Las creencias y los valores mutan muy rápidamente y hay que buscar mecanismos globales (aún no encontrados) generadores de orden a partir del desorden.[5] En este avance de estructuras disipativas que son “ciclos límites” conviven expansionadores y contractores del sistema y se origina, entonces, competitividad entre fluctuaciones (creencias, fines, medios…). Esta es la enorme tensión social que dificulta el acuerdo y nubla la convivencia.

Como señala el propio Prigogine: “Algunos conceptos encuentran explicación simultáneamente en las ciencias y en las humanidades. Uno es el concepto de “no linealidad” que es fundamental en el proceso de las estructuras disipativas pero también lo es para entender cualquier forma de sociedad… de seres humanos. Probablemente el único modo de definir la sociedad sea por medio de la existencia de procesos de realimentación no lineales, lo que significa que todo lo que hace un miembro de la sociedad repercute en el conjunto del sistema social… El comportamiento imitativo no lineal constituye igualmente la base de la descripción de la sociedad humana. Qué duda cabe que en nuestra época de explosión demográfica [y transcultural] no existe un solo problema de mayor entidad que la relación global entre individuo y sociedad”.

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Quien tenga interés en la obra de Ilya Prigogine hay un magnífico video de una entrevistaque le realizaron en 1997. (Tras la introducción que hace el filósofo Ricardo Forster la entrevista empieza a partir del minuto 8).

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[1] ¿Sabes de que está compuesto tu smartphone?

[2] Ilya Prigogine. ¿Tan solo una ilusión? Una exploración del caos al orden. Tusquets Editores, Barcelona, segunda edición, 1988

[3] El tiempo y la “historia” aclarará la “finalidad” del caos actual que estamos viviendo con la pandemia del Covid-19. Ahora se habla de la “nueva normalidad” cuando se supere esta pandemia

[4] G. Tarde. L´opinion et la foule, Alcan, Paris, 1922

[5] Utilizamos algunas frases propias de la obra de Prigogine pero modificándolas para el interés que nos ocupa.

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LOS CUADROS DE DESCARGA TRAS EL COVID-19


(Y ¿Cómo fallecen nuestros Mayores en las residencias?)

COVID-19 LAS PROVINCIAS

La depresión de Descarga y los cuadros de Descarga.

Es significativa la capacidad de aguante y resistencia que tiene nuestro sistema nervioso. Quizá más que otros de nuestros órganos internos. Si nos excedemos en una comida pronto nos damos cuenta que estamos empachados o molestos digestivamente, si hacemos un sobreesfuerzo muscular pronto nos damos cuenta del dolor o la molestia que esto supone en nuestro sistema  músculo-esquelético. Pero por otra parte podemos mantener meses y meses un sobreesfuerzo psíquico, ya sea por exceso de trabajo, ya sea porque se nos juntan en un corto lapso de tiempo varios acontecimientos, problemas familiares o cuidado de familiares en hospitales, en casa u otros estresores, y “aguantamos”, a lo mejor durmiendo poco y mal, pero manteniendo “el tipo contra vientos y mareas”. Es decir, resistimos cumpliendo con lo que consideramos obligaciones personales, laborales o familiares, aunque sea en condiciones de gran sobreesfuerzo y estrés psicofísico.

En ocasiones puede aparecer una Depresión de Claudicación o agotamiento ( P. Kielholtz 1965) indicándonos que ya no podía más el sistema nervioso, o la compensación psíquica, que nos mantenía  aceptablemente sanos. Pero otras veces la persona es capaz de seguir aceptablemente “sano”, o por lo menos sin una descompensación clínicamente significativa, durante todo el tiempo que dura  el sobreesfuerzo y luego, como ocurre con las agujetas que cuando paramos de hacer el ejercicio es cuando las notamos, igualmente, una vez han pasado ya las circunstancias estresantes, entonces y solo entonces,  es como si ahora ya pudiese la persona permitirse caer enferma. Es cuando aparece  la enfermedad depresiva. Estas son las depresiones denominadas de Descarga por W. Schulte (1961). El paciente se pregunta ¿cómo es que enfermo ahora que ya todo vuelve a la normalidad?, ahora que ya se ha recuperado el familiar ingresado o ya ha cesado tras meses y meses el estrés laboral ¿ahora que todo debería ir bien me aparece la depresión?

Es como si la disposición a la depresión, favorecida  por el estrés mantenido, hubiese estado esperando a cumplir con su obligación existencial, con su obligación vivida según sus valores como necesaria y, entonces, como la batería de un coche que repentinamente se descarga, ya, una vez cumplida la misión puede aparecer la depresión que estaba esperando una disminución de la tensión interna para manifestarse.

Si generalizamos el término “descarga” no solo a las depresiones sino a otros cuadros ansiosos, somáticos o psicosomáticos, veremos posiblemente que después que pase la pandemia del Covid-19 aparecerán “cuadros diversos de descarga” bien en los profesionales de la salud y en las asistencias básicas de la sociedad que han tenido que mantenerse durante el sobresfuerzo (médicos, enfermería, auxiliares, policía, bomberos, cuerpos de seguridad, etc.) pero también en familiares de enfermos diversos y que ahora con el confinamiento en casa realizan más sobresfuerzo y no digamos de muchas personas a las que la reclusión obligatoria está originándole estados de estrés y alteraciones de ánimo que son “contenidas” por la situación general, por lo que llamaba Julian Marías la Estructura Empírica social que ahora es de “aguante”.[1]

Ya nos llegan manifestaciones de estas tensiones contenidas y muy posiblemente podamos verlas manifestarse de manera viva como un fogonazo que emerge al liberarse las reclusiones forzadas.

¿Se ha tenido en cuenta las necesidades emocionales y compensatorias durante el confinamiento en personas mayores de 70 u 80 años que viven solas?

Y ya que hablamos de las personas mayores que son consideradas las más vulnerables al Covid-19 y a las que se las quiere dejar recluidas hasta la última instancia, pero sin los apoyos psicológicos y familiares necesarios ¿qué está pasando o ha pasado con nuestro mayores que han fallecido en Residencias? Esta es una cuestión de la que no he oído planteamientos. No hacen más que dar números: fallecen 40 personas mayores en una residencia, en otra 60, en otra 20, en otra entran los cuerpos de seguridad y se encuentran varios cadáveres que no habían sido trasladados tras el fallecimiento. Sí cierto, cuando acabe la pandemia esperamos que la ley y la racionalidad se aplique a todos estos casos. ¿Quién nos cuenta en qué condiciones han padecido la agonía antes de la muerte? Cuando una persona mayor se pone enferma lo normal es llevarla a un hospital, pues todos sin excepción tenemos derecho a la mejor sanidad y calidad de vida (y muerte) que se nos pueda dar (y no hay diferencias ni por edad, sexo, raza…). Cuando en un hospital fallece una persona mayor ha tenido, como  es debido, los cuidados necesarios y la ayuda en su tránsito ¿y las personas mayores de las Residencias, también han tenido esa ayuda?

El futuro no es posible saberlo pues las adivinanzas, y más aún las profecías, no son sino especulaciones, y con la vida y la muerte no estamos en las condiciones actuales para especular. Queremos ciencia y más ciencia, y en eso todos estamos de acuerdo… pero ciencia para el hombre. Como decía von Weizsäcker, “cuanto más viejo me hago tanto más tengo la sensación de que en la ciencia académica aquello que en la religión se llama humildad ocupa aquí el lugar de la crítica” y el sentido de la ciencia (no su verdad) depende de la filosofía, decía el psiquiatra K. Jaspers.[2] Según qué filosofía del hombre tengamos así será la ciencia que apliquemos.

La pandemia del Covid-19 ha supuesto una crisis mundial sanitaria y económica (a unos más que a otros) pero no solo ha sido eso, también ha supuesto una crisis ética, de valores, que la axiología (disciplina filosófica que estudia los valores de las cosas) nos dirá hasta cuándo y cuánto ha cambiado el mundo cibernético-tecnotrónico- kinético que tanto nos ha hecho admirarnos a nosotros mismos.

La ciencia resolverá la pandemia del coronavirus Covid-19, pero como señala K. Jaspers “La ciencia sin filosofía no es fructífera, no es verdadera, sino simplemente precisa”.[3] Será precisa y necesaria, pero cuando solo se espera de ella los resultados y no es humanista señala Ortega: “El prodigio que la ciencia natural representa como conocimiento de cosas, contrasta brutalmente con el fracaso de esa ciencia natural ante lo humano. Lo humano se le escapa como el agua por una canastilla”.[4]

La experiencia de la pandemia de Covid-19 me hace temer más a la vejencia, pues si he de ir a una Residencia, con más de 80 años podré esperar en un momento dado una vital negligencia.

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[1] Julián Marías. Antropología Metafísica. Revista de Occidente, Madrid, 1970.  Esto es lo que se ha escapado a la doctrina sobre la vida humana, esta es la zona de la realidad que llamo estructura empírica. A ella pertenecen todas esas determinaciones que no son sucesos o contenidos azarosos, sino […] elementos empíricos pero estructurales previos. (Es nuestra referencia asumida social).

[2] Karl Jaspers Autobiografía filosófica. Editorial Sur. Buenos Aires, 1958 (lo escribió en 1953)

[3] Citado en  el Libro: Dilthey, Jaspers y la comprensión del enfermo mental. Luis Martín- Santos, Editorial Paz Montalvo, 1955

[4] José Ortega y Gasset.  Historia como sistema y otros ensayos de filosofía 1941. Revista de Occidente  en Alianza Editorial

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EL PERSONALISMO SOCIAL


(Opinión o Información)

Juan Rojo Moreno

         La corriente que  engloba al Personalismo es muy variada y muchos autores han desarrollado, con diferentes matices, su filosofía desde esta perspectiva,

La RAE define “Personalismo” en su 2ª, 3ºª y 4ª acepción como:

  • Adhesión a una persona o a las ideas o tendencias que ella representa, especialmente en política.
  • Tendencia a subordinar el interés común a miras personales.
  • Sistema filosófico en el cual la persona es el valor supremo.

Pero realmente la corriente Personalista buscó un equilibrio entre el Colectivismo y el Individualismo.

Cierto que pone el énfasis en la persona pero considerando al hombre como un ser relacional, esencialmente social y comunitario, un ser libre, trascendente y con un valor en sí mismo que le impide convertirse en un objeto como tal.  Y también es un ser moral, capaz de amar y de actuar en función de la actualización de sus potencias.

Por esto en la historia hay tantas corrientes Personalistas: el personalismo de Karol (wojtyla) o el de Mounier – que fue el fundador de la corriente como tal y escribió obras como El manifiesto personalista o El personalismo-. También grandes Personalistas han sido Marcel (Francia) Scheler (Alemania) Laín Entralgo (España) o Pareyson (Italia).

Nos explica muy bien esta corriente personalista Juan Manuel Burgos, Presidente de la Asociación Española de Personalismo (aquí)

Igualmente en este corto vídeo unos jóvenes nos resumen muy bien el Personalismo y la idea de Mounier (aquí)

Es una corriente que decayó a partir de los años 70 pero que ha adquirido de  nuevo actualidad y potencia.

Volver de nuevo al mundo de los valores y de la relación yo-comunidad y también yo-comunidad-planeta actualiza el papel de la persona no solo en relación con la sociedad sino con “las sociedades” pues la acción individual ya no puede ser responsable si no tiene en cuenta la planetización de las relaciones humanas.

Pero ¿cómo nos relacionamos con los otros, con la sociedad y la planetociedad? Dice B. Häring que “el más íntimo ser del hombre se rebela contra la filosofía del utilitarismo, contra la concepción de una humanidad manipulada”[1] ¿pero sabemos cómo somos manipulados cuando utilizan sofisticados métodos de manejo de la información, de la opinión y de las emociones?

Quizá actualmente ya hemos pasado del “mundo de la información” al de la opinión. No es la información sino más bien la “opinión” y las opiniones las que están calando en nuestra sociedad y siendo capaz de crear, mediante elaborada ingeniera social, patrones creenciales y paradigmas efímeros pero de gran fuerza eficaz.

La administración de la información y el manejo emocional de la gente hacen que cada persona esté convencida de su libertad de decisión y opinión. Pero la realidad es que estamos muchas veces desorientados y otras ideo-vapuleados de manera que hoy pensamos que es correcto una cosa y mañana o pasado nos convencen que lo correcto es la contraria.

En definitiva, hoy podemos tener vigencias sociales tan cambiantes en poco tiempo que solo son pseudovigencias, aunque vividas como históricas. Señala Ortega que los principios normativos de todo orden -en ciencia, arte, política…- han dejado de ser vigentes ¿Qué quiere decir esto? Cuando un principio goza de vigencia histórica actúa como una disciplina objetiva, como un cauce sobreindividual donde cada uno se instala respetuoso y confiado y firme. Sincera o ficticiamente todo el mundo lo acata y procura ajustarse a él.

La  vigencia y los usos sociales, las creencias y las ideas del momento histórico, se imponen automáticamente a los individuos y éstos se encuentran con ellos y con su presión impersonal y anónima y, aunque los rechacen o los acepten, la realidad es que son vigentes. Cada uno de nosotros tenemos que hacer la vida dentro de un mundo definido por un sistema de vigencias (usos, ideas, creencias, principios… que actúan sobre nosotros desde la sociedad, impersonalmente).[2]

El personalismo quiere dar autenticidad a la persona que no es un mero individuo y de esta manera el existencialismo personalista, señala Häring: “no tiene por sí un interés unilateral por ser y llegar a ser más y más uno mismo, sino que principalmente pone la mirada en un encuentro más auténtico con el otro”, como también enfatizaron filósofos como K. Jaspers, M. Heidegger o J. P. Sartre.

Pero la manipulación social consigue que a veces “el otro” sea ahora uno diferente al que puede ser mañana. No es posible solo hablar idílicamente de personalismo social sin hablar de manipulación social vigente que crea valores ahistóricos pero “actuales” de nuestros tiempos. Conviven en el mismo espacio las personas que tienen un espíritu supranacional e incluso supracontinental con los que aún siguen aferrados a su espíritu de la comunidad o a la que hubo en un momento histórico pasado

Tanto el personalismo filosófico como el existencial o el de Levinas parten de la responsabilidad, pero como el mismo Levinas señala existe muy a menudo una “desmoralización de la responsabilidad”

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El personalismo como entidad filosófica para algunos autores está adscrito fundamentalmente al cristianismo. Así señala J. M. Burgos que “persona” no es un sinónimo de hombre, sino un modo concreto y específico de entender al ser humano y “el personalismo una filosofía cristiana en cualquiera de los sentidos que pueda tener esta expresión. Lo es, ante todo, por la filiación religiosa de sus principales representantes…  hoy sabemos que nuestra precomprensión del mundo influye en la elaboración de la filosofía. No existen posiciones cartesianas puras ni absolutamente neutrales. Así, de una precomprensión cristiana ha surgido necesariamente una filosofía cristiana [personalismo]”[3].

Sí, cierto, para este último autor hay que hablar del personalismo y no de los personalismos pues en este último caso se habla y analiza tanto a la “persona” que se acaba nombrando solo al hombre, al ser humano.

Pienso que si el personalismo lo que exige es un compromiso con la otredad, con la sociedad y con la planetociedad (sociedad planetaria) no podrá llegar a tener fuerza social si no consigue ser una filosofía práctica que desde lo diverso tenga fuerza eficaz por alcanzar lo unitivo. Conceptos aportados por la psicología Individual de Adler, o el Personalismo de W. L. Stern psicólogo, intelectual y filósofo alemán que ha sido reconocido como pionero en el campo de la psicología de la personalidad, nos puede servir como ejemplo de cómo una filosofía ha servido para comprender realidades humanas y personales en el mundo de hoy. La filosofía de Stern fue expresada como forma de personalismo y escribió también sobre la personalidad de grupos de gente.  Arie de Geus lo citó en el libro holandés De levende Onderneming (“la compañía viva”)  que utiliza la filosofía de Stern para explicar la longevidad de ciertas compañías como Shell y Mitsubishi.

Psicología, psiquiatría, pedagogía, bioética y como vemos también economía, son entre otros ámbitos en los que puede desarrollarse esta corriente filosófica hasta ahora poco conocida.

Realmente se quejan los filósofos “personalistas” del bajo impacto que tiene esta corriente en el mundo actual. Pero su Kairos (la hora propicia, la oportunidad presente) lo alcanzará cuando el compromiso de la “persona” no solo sea con las otras personas, sino con el sentido que todos los seres vivos y las cosas tienen en el proceso de individuación. ¿O quizá si llega a esto ya será otra corriente filosófica diferente al personalismo?

Si el personalismo quiere evolucionar en parte desde la cristiandad tendrá que hacer caso a la frase tan utilizada por el Papa Juan XXIII “aggiornamento” (actualización) es decir vigilancia y atención a las señales de los tiempos en que vivimos. El personalismo huye de la moral de la situación  y como señala Häring ciertamente muchos problemas de la historia pasada (situacionales) no pueden volver a suscitarse ya y, así mismo, por otro lado, los hombres de este siglo no podemos proponer formulaciones que tengan  fácilmente validez para el hombre del siglo XXIII.

Quizá por esto el “mundo de la información” se está disipando y hundiéndose en uno de mas corto plazo (más finalista) pasando a confundirse con el  “mundo de la opinión”

Pero una filosofía de la vida que no esté en constante “aggiornamento”, en constante actualización de la realidades, inquietudes y preocupaciones también materiales y culturales del hombre de hoy solo propondrá un perspectivismo que no llenará los viejos odres del sufrimiento humano con vino nuevo.

¿El Papa es elegido por el Espíritu Santo?: Los cardenales tienen una gracia especial de estado, concedida por el Espíritu Santo, para cumplir bien su misión de electores, pero esa gracia no suprime su libertad. ¿Es infalible el Papa cuando habla ex-cathedra? (que no es lo mismo que  “ex officio”)[4]. ¿Y el Purgatorio? [5]. El limbo no existe desde 2005[6]. Aggiornamento.

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En definitiva como dice Valéry [7]: “Durée est construction, vie est construction” que, como apunta I. Prigogine, expresa nuestra responsabilidad en la construcción del futuro, no solo de nuestro futuro sino del futuro de la humanidad.

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[1] Bernhard Häring. La moral y la persona. Editorial Herder, Barcelona, 1973.

[2] José Ortega y Gasset. Historia como sistema y otros ensayos de filosofía. Revista de Occidente en Alianza Editorial. 1941.

[3] J.M. Burgos. El personalismo hoy

[4] Un Papa cuando habla y decreta “ex officio” en materia de Fe y de moral jamás puede errar,  pues Cristo confirmó a Pedro (y a sus sucesores) en la Fe (Lc 22,32). Afirmar que un verdadero Papa, fuera de las declaraciones “ex cathedra”, puede errar en materia de Fe o moral es decir que Cristo se engañó o le mintió a Pedro, lo cual sería una blasfemia. Si un supuesto Papa hablando y decretando “ex officio” se desviase de la Fe, pondría en evidencia que jamás ha sido Papa,  pues un verdadero Papa no puede apartarse jamás de la ortodoxia. Si se diera el caso de la elección de un candidato desviado de la Fe, la elección es nula como Papa. Esto se aplica a todos los “papas conciliares”, pues estos hablando “ex officio” cayeron en herejía con lo que queda demostrado que jamás fueron Papas.

[5] Para los que no sepan que es el Purgatorio: El Purgatorio es un concepto religioso con especial presencia en la teología católica y la copta. De acuerdo con esta doctrina, el purgatorio no es un espacio físico​ y se define como un estado del alma transitorio de purificación y expiación en el que, después de la muerte, las personas que han muerto en estado de gracia sufren la pena temporal que aún se debe a los pecados perdonados y, tal vez, expiar sus pecados veniales no perdonados para poder acceder a la visión beatífica de Dios. Más información en las diferentes religiones aquí

[6] El limbo era donde iban los niños no bautizados pero que tenían el “pecado original

[7] Paul Valéry, Oeuvres, II, Blbliothèque de la Pléiade. Editions  Gallimard, 1960.

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