PSICOSIS Y NOVELA NEGRA


Juan Rojo Moreno

La psicosis es una enfermedad psíquica en la que aparecen síntomas heterónimos. Es decir, delirios y alucinaciones

¿Qué son los síntomas heterónimos y los síntomas homónimos?

         Cuando una persona sana se plantea que puede padecer una depresión o un trastorno de ansiedad o cuando ve a familiares o amigos con estas enfermedades hay cierta empatía con los síntomas. La ansiedad es entendida, erróneamente, como un fallo en el control y  la idea que subyace es “si me controlo bien no tendré ansiedad” pues entendemos que todos tenemos algún día con mayor o menor nerviosismo ante diversas circunstancias. Algo parecido ocurre con la depresión, considerada equivocadamente un trastorno de la “voluntad”. La idea que subyace es que con voluntad se pueden superar las malas etapas aunque, cierto, siempre hay momentos y días que estoy más o  menos triste o apesadumbrado. Los síntomas que padecen los trastornos de ansiedad y depresión se denominan homónimos que quiere decir que una persona sana puede sentir que los vivencia “algo”: puede sentirse triste como el depresivo o nervioso como el ansioso.

Algo muy distinto ocurre cuando hablamos de delirios y de pacientes psicóticos: esto parece que está fuera de mi rango vivencial normal. El psicótico, el delirante, es considerado más como una persona con vivencias extrañas, a veces como un “loco” que es apoderado por sus delirios y cuya conducta no es fiable. Por esto se dice que sus síntomas son heterónimos. Nadie sano tiene “un poco” de delirio de envenenamiento o de delirio de persecución o un poco de delirio de Capgras en el que se está seguro que han sustituido a los padres por sosias o de delirio licantrópico en el que se siente estar transformándose en lobo.

En la psicosis pues hay una pérdida de Stand, una pérdida de transitividad, se pierde la conexión comunicativa con los demás.

Se desconecta, usando ideas de Ortega, de la estructura común histórica creencial. Y por lo tanto de la estructura vivencial compartida.

¿Y qué tiene esto que ver con la Novela Negra?

La Novela Negra se asocia a un tipo de novela en la que la resolución del misterio no es el objetivo principal sino la elucidación no explícita de su motivación moral. La división entre buenos y malos de los personajes se difumina y la mayor parte de sus protagonistas son individuos derrotados o en decadencia en busca de la verdad o, cuando menos de algún atisbo de ella.

En ella lo que importan no son los hechos que ocurren. Interesan, claro, pero tienen menos importancia que el cómo se presentan. Y esto es, en principio, sin una conexión clara moral o decididamente motivada; a veces sin conexión.

Los hechos son parafuncionales, funcionan al lado del razonamiento normal, no es posible llegar a ellos con el razonamiento y la lógica habitual. De aquí que la intriga de la novela negra no sea igual a la del suspense en la que la apoteosis es poder saber “cómo” se soluciona el final. En la Novela Negra el centro principal está en entender (o exponer) cómo el protagonista o los protagonistas van a ir realizando pasos, a veces ilógicos, otras inducidos, otras veces inesperados, para enlazar los diferentes hechos.

En cierto modo el protagonista ha de saber vivenciar algo de la “psicosis”, algo del modo de pensar heteronímico del malvado. Él mismo ha de intuir o hacer alguna conexión afectiva o ponerse en lugar del malvado, en definitiva pseudopsicotizarse para poder alcanzar a entender las conexiones en principio acausales que se le presentan.

Esta es la parte media de la novela negra. Cómo el protagonista empatiza o  asimila la “psicosis” del que agrede. Pero a diferencias de las novelas de suspense que al final obtiene un resultado coherente y aliviador, en las novelas del género negro el protagonista no va a hace la labor de un terapeuta normal.

Sino  de un terapeuta muy especial.

Pues su labor no la realiza ni de forma semejante a la que hoy en día realizaría un terapeuta ya sea psiquiatra o psicólogo.

Su labor va a ser conseguir que los hechos al final se patenticen de forma neurótica y esto va a querer decir con síntomas homónimos, comprensibles, aunque no sean del todo “normales” o adaptados.

Aclaremos algo más esto

El protagonista es una especie de terapeuta especial: quiere resolver la “psicosis” y que la trama acabe en “neurosis”.

Veamos que ocurre en las neurosis.

En las neurosis, a diferencia de la psicosis, lo importante es la biografía del sujeto: en las neurosis la biografía ancla una serie de hechos clave que impiden la flexibilidad adaptativa, la flexibilidad que da la proporcionalidad de las cosas en el momento actual. Pero lo que ocurre es comprensible si conocemos los hechos clave que han sucedido.

Esa comprensión es lo que se busca en la trama final de la Novela Negra, pero da igual que la comprensión sea buena o mala. La trama se ha llevado todo el peso, la comprensión es solo un punto de apoyo final, a veces claro y normalizado, otras no es ético, otras no es más que sutil y otras veces no es más que una justificación.

Algo muy curioso ocurre en la Novela Negra  que nos traslada de una situación que patentiza metafóricamente enfermedad grave (psicótica) a otra quizá menos grave (neurótica) pero no cura al argumento, sino solo  lo alivia.

Eso como ya he dicho es algo que no ocurre en las novelas de suspense que siempre cura.

En las neurosis hay una conexión de sentido, aunque sea inadaptativo. Una persona decimos que es neurótica porque ha quedado sensibilizada por lo anterior (eslabones clave en su vida) y ahora adquieren mucha relevancia y fuerza eficaz hasta producirle ansiedad, obsesiones u otros síntomas que son  comprensibles en base a lo que ha ocurrido o vivenciado anteriormente.

La trama de la Novela Negra no siempre acaba bien, pero sí de forma comprensible: ahora se patentizan los eslabones de sentido que unen aquellos hechos que parecían no tener conexión. Ahora se revelan las intenciones y cuáles fueron las motivaciones que hizo que el fausto escribiente tecleara esas líneas y produjera aquellos hechos. Aunque sean motivaciones amorales

LOS PRINCIPALES

EL PROTAGONISTA

ES EL TERAPUTA QUE VA A REALIZAR UNA CURA DE MÍNIMOS. Más que nada va a conseguir con sus indagaciones transformar el deshilachado conjunto de datos sin sentido, “la psicosis”, en un conjunto al menos comprensible aunque siga siendo enfermizo (es decir, “neurótico”).

EL ADVERSARIO.

ENCARNA EL ARQUETIPO COSMICO-TANÁTICO.

ES DESTRUCOR, PERO CON UN SENTIDO NO ALCANZABLE. Su misión es, como Fausto, en el fondo buena. Da pistas para que la fuerza tremenda de lo tantico pueda ser conocida, pueda ser razonada. De alguna manera trae la fuerza cósmica a la tierra.

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La novela negra es una novela de la realidad inmisericorde que el hombre sufre atrapado en los vaivenes de la vida buscando como pez fuera del agua una gota de sentido aéreo que le permita vivir al menos con cordura aunque siga enfermo.

No da la cordura completa, no da la salud, pero nos alivia al comprobar que no estamos locos del todo.

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 [Para saber más sobre psicosis aquí video] https://www.youtube.com/watch?v=s_WSguhD4uE

 

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DESDE EL BURNOUT Y SUICIDIO HASTA LA ADICCIÓN


“Fentanilo become one of the leading opioid-related causes of death”

Juan Rojo Moreno

         En el último Congreso del APA (Asociación Americana de Psiquiatría) ha habido, como debe ser, un amplio espectro de temas para poder elegir.

Pero algunos me han llamado más la atención.

En este video podemos ver como los que ahora enarbolan la banderita antipsiquiatría, los de la Cienciología, como todos los años, se manifiestan en frente del Congreso APA. Pero lo hacen educadamente, como siempre.

(siento que el video esté de lado pero no he conseguido darle la vuelta)

Es una corriente radical muy cargada de irracionalidad y que nos estimula para seguir con la investigación en nuestra área que es lo que mejor demuestra el décalage histórico de este movimiento menor (aunque a veces haga ruido). También en el APA se trató el hecho de que algunos profesionales de renombre internacional han realizado mucho ruido mediático en este sentido, sobre todo en las Redes Sociales, pero una vez más el ruido no cura enfermedades, aunque sí que puede confundir a muchas personas. Recuerdo como un investigador en biomedicina expresó reiteradamente en Redes Sociales (y ha sido muy seguido) su pensamiento contra los psicofármacos, pero claro no había visto un paciente en toda su vida.

Señalaba Anita Everett, la presidenta del APA, el problema tan importante que está ocurriendo con el Burnout entre los profesionales médicos de Estados Unidos y el aumento de los casos de suicidio de éstos debido al mismo. Es un problema para los médicos en cualquier momento de su profesión, aunque parece ser algo menor entre los psiquiatras.

En este sentido Alfonso Casi (en su página de salud) escribe:

“El médico “quemado” en la era de la historia clínica electrónica: ¿estamos ignorando la causa real?

El desgaste del médico está alcanzando proporciones de crisis en los Estados Unidos. Los estudios han encontrado una creciente prevalencia de fatiga emocional. Un estudio sugirió que más de la mitad de los médicos en algunas disciplinas están quemados y que esta proporción está aumentando. El número de médicos que abandonan su trabajo representa una gran preocupación para los profesionales de la salud y para la salud de la nación. Muchos factores contribuyen, pero la interacción del médico con los registros electrónicos de salud (EHR) es especialmente importante ahora que los EHR son ampliamente adoptados en todo el país.  Aunque los EHR tienen un gran potencial para mejorar la atención, también pueden tener efectos perversos. Algunos estudios sugieren que los médicos de EE.UU pasan ahora tanto tiempo en la “medicina de escritorio” (interactuando con la computadora) como lo hacen cara a cara con los pacientes. Los proveedores deben dividir su atención entre los pacientes y el EHR, y muchos creen que esto compromete las relaciones entre el médico y el paciente. Aunque pocos médicos apoyan volver al papel, existe un sentimiento creciente dentro de la comunidad médica de que el los EHR están causando insatisfacción profesional y agotamiento. (Annals of Internal Medicine, Mayo 2018)

Ya lo médicos  de Atención Primaria de UK se plantearon hace algunos años el mismo problema.

Otra importante cuestión es la adicción a opiáceos que se ha producido en gran escala debido a la prescripción de los mismos por problemas álgicos hasta el punto que señala Nora Volkow cómo el Fentanilo (que usamos también de forma abundante en cualquier otra parte del mundo civilizado para el tratamiento el dolor) se ha convertido en una de las principales causa de muerte relacionadas con los opiáceos (“become one of the leading opioid-related causes of death”).

Muy interesante ha sido el acercamiento a las nuevas tecnologías que tanto nos maravillan hoy en día, pero nos debemos preguntar ¿qué es lo que está ocurriendo en nuestro pensamiento cuando muy a menudo lo que hacemos es simplemente sustituir conocimiento por información? Porque, ciertamente, nos adaptamos al ambiente pero el ambiente también es capaz de cambiar nuestro cerebro ¿pensarán y sentirán las nuevas generaciones tecnotrópicas con paradigmas semejantes a los  nuestros? Yo creo que no, pero aún no sabemos qué tipo de paradigma va a crear la humanidad tecnificada, que incorpora en su día a día los  constantes inputs técnicos, en el conocer, intuir y sentir del cerebro. Susan Greenfield se pregunta en este sentido: ¿cómo la mente, especialmente en los jóvenes, se está adaptando a estas nuevas realidades tecnotrópicas?

Habrá más información y comunicación pero nos preguntamos: ¿realmente hay menos soledad? ¿La comunicación con las nuevas tecnologías realmente son alteristas? Las nuevas tecnologías de la información puede que hagan de la otredad más un bit informativo que favorecer un sentimiento de comunidad.

Ha habido dos temas que me han interesado especialmente y en los que siempre espero encontrar un resultado más o menos definitivo, pero sigue sin ocurrir así:

Uno, es respecto al tratamiento de las enfermedades psíquicas en mujeres embarazadas. Al final siempre queda todo en lo mismo. En caso de alteración leve es posible utilizar técnicas de abordaje psicoterápico, cognitivo, relajación, mindfulness, terapia con la luz, yoga o incluso resonancia transcraneal magnética. Pero cuando la enfermedad ya es de un grado moderado o importante se dice “podría ser preferible tratar con medicación la enfermedad durante el embarazo”. Yo no diría “podría ser” sino que de forma definitiva los trabajos demuestran el perjuicio que tienen la Depresión y las Crisis de Angustia en el niño recién nacido, si no ha sido tratada la enfermedad  en la madre durante el embarazo, nos hace decir claramente “es necesario” tratar estas enfermedades durante el mismo.

Al igual que para la detección de los cuadros iniciales en adolescentes de las psicosis, una vez que se detecta una enfermedad psiquiátrica significativa durante el embarazo no es válido “esperar a ver qué pasa”. Por esto señala claramente K.E Driscoll: “the identification of mood disturbance is often delayed or undertreated during pregnancy”.

El segundo aspecto que siempre me ha interesado ha sido el de la depresión postparto. Una vez más los estudios dicen cosas diferentes: desde uno que recuerdo que solo lo relacionó con la falta del apoyo tras el parto, a otros muchos que la relacionan con los antecedentes afectivos de la mujer y otros solo con los antecedentes psiquiátricos:  “a family history of psychiatric disorders increases the risk of postpartum depression”. No hay aún unanimidad.

Y cualquier clínico puede ver que aparece esta depresión cuando menos te lo esperas en mujeres sin antecedentes algunos y, al contrario, puede haber un estado afectivo y emocional muy bueno, a veces rayando lo hipertímico, en otras que han tenido depresiones previas.

Muy interesante fue la aportación sobre la Clozapina (un neuroléptico especial) que es infrautilizado en casos de conductas violentas, y no solo que con su uso disminuye el número de suicidios sino también las ideas suicidas y los intentos de suicidio. Este debe ser más utilizado y tenido en cuenta pues a veces solo se usa como segunda opción.

También me llamó mucho la atención el número tan abundante de psicofármacos que están apareciendo en EEUU para tratar la Disquinesia Tardía, una complicación del tratamiento poco frecuente, y que aún aquí en  Europa no tenemos ese arsenal terapéutico para la misma.

Por último en una conferencia sobre la “relación terapéutica” centrada sobre todo en la psicosis (muy bien dirigida y disertada) solo quiero mencionar que me llamó la atención que se pusiera algún énfasis en estas frases:

Por una parte: “a pesar de todo somos médicos”. Bueno a mi entender no es “a pesar de todo”, los psiquiatras nos consideramos médicos sin ningún pesar.

Pero por otra parte, sí estuve de acuerdo en que un abordaje muy eficaz supone explicar la posibilidad cierta que el tratamientos sea indefinido. Ya va siendo hora que cada vez más los psiquiatras nos atrevamos a decir, sin problemas, esto a muchos pacientes psicóticos al igual que se hace con el tratamiento antidiabético o cardiológico en pacientes diabéticos o cardiópatas.

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LOS CUENTOS DE LA FILOSOFÍA Y LAS CUENTAS DE LA CIENCIA


Juan Rojo Moreno

El error es una verdad de la que se abusa.

Raimundo Paniker (1961)

Filosofía y Ciencia siguen con su batalla particular, pero las armas de la ciencia son más deslumbrantes y no paran de producir admiración pues cada día acceden sus logros a los medios de comunicación. Cierto, que desde el mundo pragmático y neo-filosófico también se alzan las voces de sus peligros. En nuestro caso vamos a utilizar la obra de Raimundo Paniker “Ontonomía de la Ciencia” como cifra de referencia para introducirnos en este campo.[1]

Para nuestro autor de referencia la síntesis entre ambas perspectivas de la misma realidad (la realidad es una y múltiple a la vez) exige una renuncia. La Ciencia ha de renunciar a su concepción de que toda la realidad es física y por su parte la filosofía ha de renunciar a su prejuicio de autosuficiencia al creerse que alcanza la última sabiduría y a pensar que pudiera desarrollarse sin los resultados que aporta la investigación científica.

No toda la realidad es descubierta por la filosofía o la ciencia (heteronomía) ni el conocimiento científico es ajeno al filosófico (autonomía) o viceversa.[2]

Ya anteriormente comenté que quizá sean los físicos los mejores filósofos en la actualidad (muchas veces a su pesar) y también analicé la relación entre Filosofía y Ciencia.

Y un cosmólogo, Lawrence Krauss, en su obra “Un Universo de la Nada (El Origen sin Creador)” utiliza datos y más datos, ciencia y más ciencia para llegar a un teo-cientifismo en donde sus conclusiones aunque parecen científicas son realmente filosóficas. Cómo señala Dawkins en el Postfacio que hace a esta obra: “los teólogos quizá quieran especular sobre los ángeles, los físicos tienen sus propios ángeles (cuantos, quarks, el “encanto”, la “extrañeza”, el “spin”). La ciencia quizá sea más extraña y menos comprensible que ninguna teología, pero la ciencia funciona, obtiene resultados” (sobre esto hablé en el artículo titulado El Fin y los Medios).

Vemos como en el siglo XXI sigue ocurriendo lo que ya señalaba Paniker. La tendencia heteronómica viene dada por querer imponer una concepción del universo y de toda la realidad por una parte, la ciencia; y parecería que la filosofía se haya enrocado en cierta “autonomía”, pero no es cierto. Hoy en día al igual que los físicos quieren hacer su Filosofía que no es la clásica, existe en paralelo toda otra filosofía “natural” que, frente a los datos y más datos, no se enroca sino que emerge heteronómicamente queriendo también cambiar al mundo convenciendo que la realidad es otra, apelando también a los datos pero asimismo al “sentir de la naturaleza”.

Ahora los cosmólogos y los filósofos de la naturaleza se encuentran ambos usando datos, pero en vez de sintetizarlos luchan para prevalecer o ignorarse mutuamente y entonces como señala Paniker: “el filósofo tacha al científico de inconsciente y de mentalidad infantil y el científico al filósofo de inútil e irreal”.[3]

Ciertamente, las ciencias han conseguido avanzar espectacularmente gracias a la experimentación. Este factor fundamental del método científico ha sido el que le ha dado la fuerza para apostillar su verdad al poderse verificar el experimento y repetirlo. Y aunque ya Descartes decía que todo conocimiento que pueda ser dudoso no merece el nombre de ciencia, no obstante, hoy en día se considera “ciencia” no solo al método experimental sino al desarrollo matemático, ecuacional, de la teoría hipotética. Así se han desarrollado nuevas concepciones físicas, cosmológicas y del universo, aunque no tantas de la realidad cotidiana y vivenciada del hombre.  Y se considera que si la ecuación es solvente, entonces, es suficiente por su resolución aunque a la hora de aplicarla no sea nunca posible hacerlo o por ahora imposible. Es decir, la ciencia no experimental en ciertos ámbitos sigue considerándose Ciencia y no Filosofía Numérica. La explicación cosmológica supone que la ciencia se convierte ella misma en Filosofía.[4]

Y esto hace, en el fondo, aún más enconada la diferencia entre  los dos ámbitos: “que el filósofo tiene que estar oyendo a cada paso -dice Paniker-  que no está en la realidad, prueba nuevamente la pobre idea de la realidad que se hace el hombre medio de esta cultura científica ¡Como si fuese más real una silla que un pensamiento, un átomo que una volición!… los científicos han confundido la claridad con la evidencia y la explicación funcional con la verdad”.

Y aunque no podemos entrar aquí de lleno en esta materia que nos desviaría mucho, no puedo más que asombrarme de la enconada (que no mesurada) postura de la llamada Medicina de la Evidencia (que también yo mismo apoyo, la medicina, no esa postura cuando es enconada) frente a las denominadas Medicinas Alternativas. La medicina de la evidencia es una forma datificada de la medicina pero no es toda la Medicina ni recupera por tal a todos los enfermos que sufren enfermedades. Ya escribí sobre las Pseudociencias.

Pero volviendo a nuestra pugna, hay un aspecto especialmente controvertido: el interés. Pareciera que el interés del planeta está por la Ciencia. Los países que mejor han desarrollado las aplicaciones y resultados  científicos son los que más han avanzado y han conseguido mayor nivel de bienestar para sus habitantes, los países en vías de desarrollo quieren utilizar los resultados científicos y copian muchos aspectos de los países desarrollados o emigran a éstos. Incluso algunos que tienen niveles muy elevados de ausencia de escolaridad o de falta en cumplimentación de necesidades básicas, intentan tener o tienen la Bomba Atómica que exige un avance significativo en la aplicación del modelo científico -y recursos- a ese menester.

El inicio del cientismo supone que la visión científica de las cosas pierde la conciencia de la parcialidad, abandona el saber filosófico y entonces la naturaleza es la cantidad o lo reducible a ella pues solo lo cuantificable es asimilable –inteligible- a los métodos que utiliza la Ciencia. Y entonces –señala Paniker- la naturaleza es la ley matemática de la realidad, aunque la naturaleza científica sea solo un aspecto de la verdadera naturaleza de las cosas materiales: “la ciencia moderna ha visto que solo podía avanzar renunciando a explicar la realidad que aparece delante del hombre corriente. Para poder mesurar y predecir ha tenido que renunciar a toda explicación despojando a los fenómenos físicos de toda su realidad ingenua para convertirlos en una gran inteligibilidad matemática… la ecuación establecida tiene plena validez científica, es decir cuantitativa, pero nada más”.

Pero, por otra parte, tenemos los movimientos religiosos más extremistas o políticos o sectas… que cubren a un también gran número de la población necesitada de un fin no exclusivamente material y cosificado (clásico) que son la caricatura grotesca de la necesidad del hombre por conocer más de lo que conoce, y que apuntan una insuficiencia, que puede ser satisfecha arbitrariamente por arquetipos sociales o religiosos que nutren satisfactoriamente ese hueco humano, pero sin renunciar a lo material.

Ahora quiere comprenderse el mundo espiritual desde lo material y antes era al revés, señala Paniker.

Y así la pugna sigue: unos con más datos pero siguen con sus cuentos y otros con más datos siguen con sus cuentas

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A la postre, para la persona que día a día vive sus alegrías y éxitos pero también sus desgracias y sufrimientos, esta pugna entre filosofía y ciencia no es, en definitiva, para el fenómeno humano, más que una espuria sinrazón.

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[1] Ontonomía de la Ciencia. Sobre el sentido de la ciencia y sus relaciones con la filosofía. Raimundo Paniker. Biblioteca Hispánica de Filosofía, Editorial Gredos, 1961. (Nihil obstat: El censor, doctor José M.ª Casciaro, Madrid 8 de Agosto de 1961)

[2] Paniker crea el término Ontonomía para referirse a una integración armoniosa de las distintas partes en el todo. Quiere avanzar así más allá de la Autonomía (que absolutiza las peculiaridades como si no existiesen otras. En la Autonomía subsiste un aislamiento) y de la Heteronomía (predomino de unas peculiaridades sobre otras. Subsiste una dominación).

[3] De aquí el título de este artículo “cuentos y cuentas” pues señala Paniker: “decía un amigo mío, en frase gráfica y mordaz, que todo el saber actual se dividía en cuentos y cuentas. Para el científico el mundo de las letras -y entre ellas descuella la Filosofía- no es sino un conjunto de cuentos. Para el hombre de letras, en cambio, las ciencias todas son vulgares cuentas”.

[4] El principal motivo por el que le matemático ha vencido es porque le hemos dejado dictar los términos del reglamento de la prueba. El destino de toda teoría del universo se decide mediante una prueba numérica: ¿Es que la suma sale bien? No creo que el matemático comprenda mejor nuestro mundo que el poeta o el místico. Quizá lo único que hay es que suma mejor. A. Eddington, Nuevos senderos de la ciencia. Montaner y Simón, S.A. Editores, Barcelona, 1945

 

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PSICOTERAPIA Y BIOTERAPIA


Juan Rojo Moreno

                   En las ciencias psicológicas es posible hablar de psicoterapia, y en las puramente biológicas habría que hablar de bioterapia. En medicina nadie se atreve a hacer esa distinción tan tajante (bueno, siempre hay atrevidos) y por eso es más fácil encontrarnos con que se habla en general de Terapias o de Tratamientos.

Dentro del campo médico es bastante difícil dar consejos puramente biológicos ya que siempre hay una variable individual que hace que la biología se module en cada enfermo o en determinados enfermos de una manera particular, por esto lo más acertado y también en cierto modo cómodo es acudir a la frase “la ciencia dice”. Claro, el modelo científico incluye limitadamente la particularidad y cuando ésta altera el resultado se admite como una variable más que la ciencia asume dentro de la propia incertidumbre científica. Por eso en toda media estadística se incluye una desviación estándar. Los modelos matemáticos que son en los que se basa fundamentalmente la ciencia y lógicamente la medicina científica, tienen también su perversión, pero sobre esto hablaremos en otro artículo más adelante, pues como señala Laín: “para la mente humana, lo cierto será siempre lo penúltimo y lo último siempre será incierto”[1].

Cuando damos un consejo médico basado en un efecto biológico lo más normal es que se haga en base a la tan denominada ahora “medicina de las evidencias” que tiene su sesgo, pero da seguridad y ocurre como con los modelos físicos: hasta que no se demuestre otro más abarcante es el actualmente preferido aunque sea incompleto.

Puede estudiarse que las personas que viven solas tiene más riesgo de recaer en una enfermedad física determinada o padecer más cáncer personas que presentan ciertas condiciones psicológicas, pero si no es posible la  modificación de esas condiciones (por ejemplo la soledad), el tratamiento seguirá igual sin contemplar esa variable que es conocida pero al final no efectiva (para las posibilidades del tratamiento).

Cuando entramos en el mundo de la psicoterapia tenemos que tener en  cuenta dos variables al menos: por una parte que toda relación médico-paciente es en sí misma una forma de psicoterapia en la que se manejan emociones, transferencia, contratransferencia, esperanzas y muchos lenguajes más allá del verbal, y esto no solo es válido para una entrevista psiquiátrica sino para cualquier relación médico-enfermo desde medicina general a cualquier especialidad. En todos los casos se use el medio que use para curar o intentar curar, el enfermo sigue siendo el paciente y el médico sigue siendo el providente y entre ambos siempre aparece esa especial relación proyectiva pues “vivir humanamente -escribe Pedro Laín Entralgo- es proyectar y preguntar; quien proyecta pregunta, y quien pregunta, proyecta”.

Pero, en segundo lugar, hay también una relación psicoterápica muy significativa que se da en psicólogos y en lo que el psiquiatra Francisco  Traver en su libro “Consejos al Joven Terapeuta” constantemente denomina los “psi”, y también la teoría “psi” o la vocación “psi”, técnica “psi”…

CONSEJOS AL JOVEN TERAPEUTAEn los distintos capítulos el Dr. Traver se implica directamente en aportar sus ideas y amplia experiencia sobre qué es psicoterapia, ¿quién es el terapeuta?, el sujeto de la psicoterapia, conceptos de interés y el encuadre terapéutico. También entra, como no va a ser así, en: cómo cura la psicoterapia, en valorar la sugestión y en las paradojas de la psicoterapia. Y algún capítulo más.

El fin que persigue es aportar su experiencia en este campo dando consejos a quien empieza, pero que verdaderamente sirven también para los empezados. Muchas veces la soberbia (¡ese maldito mal humano!) nos consume y creemos que un libro para los que se inician no nos sirve a los iniciados y no nos damos cuenta que los que ya llevamos tiempo en estos lares seguimos sin saber movernos con agilidad en muchísimos campos del conocimiento que “suponemos” sabemos. Hace poco aprendí el origen de la palabra Esquizotaxia al leer los apuntes de psiquiatría que se dan en una Universidad española diferente a la mía. Debo ser el único del mundo “psi” que no conocía el significado verdadero de ese término que por algún hiato gnósico quedó apartado durante tiempo. Pero lo cierto es que los alumnos de esa facultad sí lo conocían y yo no. Aprender de lo que aprenden los que se inician muchas veces es una fuente de gran valía.

Y así me ha ocurrido con el libro de Francisco Traver.

Da buenos consejos avisando que no hay que confundir la psicoterapia con el concepto médico de “cura” y advierte así mismo sobre la dificultad que hay a menudo para distinguir ente “los enfermos verdaderos” y los “pseudoenfermos”.

El siglo que viene va a ser el siglo de la filosofía, señala F. Traver: “la vuelta a los orígenes… de los que nos ocupamos los terapeutas: en qué consiste la libertad, qué es la conciencia, la ética como salvavidas de los dilemas humanos…” Y con esto nos hace reflexionar que frente a la vorágine que nos invade hoy en día la técnica, las nuevas velocidades de computación y datos, el big data, el dataísmo, las nano-dianas terapéuticas y genética humana, frente a toda esta idea de la bio-tecno-transformación del ser humano, nuestro autor hace una especie de Stop: ¿no nos estamos olvidando del hombre?

Yo en esto estoy completamente de acuerdo con F. Traver. No sé si será este siglo o si necesitamos saturarnos un siglo más de bio-tecno-totalidad para que volvamos a plantearnos que todo puede ser para el hombre pero sin el hombre. Sí, cierto, parece una frase muy manida, pero los esfuerzos no van hacia el individuo ni a conocer al hombre sino solo a una parte de él y generalmente a costa de que se abandone otra. Incluso la llamada medicina “personalizada” no se centra en “la persona” sino en tratamientos farmacológicos, genéticos, biológicos, etc. que sean más eficaces. Se quiere hacer más eficaz e individualizar el tratamiento mediante la bio-tecnología pero no considerar a la persona global como partícipe de esa individualización. Sí, quizá sea este siglo, o si no será el siguiente, pero algún tipo de “filosofía” tendrá que penetrar en la propia evolución planetaria.

La metacomunicación, algo que está más allá de la comunicación, también es atendida en uno de los capítulos de nuestra obra de referencia “Consejos al Joven Terapeuta”: “existe un salto matemático en el cerebro que hace que la aritmética no se cumpla, parece que la información que las neuronas intercambian no es acumulativa… la actividad cerebral no es solo información sino metainformación, esto es información sobre la información… la actividad mental es capaz de generar información (autopoyesis) e inventar la realidad, cambiarla”.

Y esta metainformación muy a menudo la usamos sin darnos cuenta no solo en el proceso psicoterapéutico sino en todo proceso también médico en general. ¿Acaso no todos los médicos, en general, no conocen igual cómo funcionan los antibióticos, qué antidepresivos hay que dar en la depresión o cómo diagnosticar un trastorno de ansiedad? Quizá no nos preguntemos, muchas veces, si además de matar bacterias con el antibiótico el médico está creando una metainformación (o no) que pueda favorecer por otros caminos el esquema individual inmunológico, o por qué tras unos diagnósticos determinados no siempre los mismos fármacos funcionan igual. No estamos acostumbrados a reconocer la metainformación que manejamos en nuestra relación terapéutica. Quizá suponga más tiempo del deseado para dedicar al paciente en esta sociedad kinética que disfrutamos y sufrimos.

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         Muchos de estos temas son sugeridos hábilmente por Francisco Traver, otros muchos diseccionados y otros comentados desde la profundidad que su dilatada experiencia es capaz de aportar.

Quiero terminar con algo que siempre me ha llamado la atención y que también él apunta acertadamente: es acerca de la necesidad que tenemos  en nuestra relación con los pacientes de explicarles de forma reiterativa lo que es evidente. Pero hasta que esa idea, ese concepto o esa decisión es “digerida” por la otra persona no basta con hacérsela saber, hay que buscarle multitud de matices y explicaciones; llega un momento que detectamos que no solo la ha oído y comprendido sino que la ha asimilado. O si la sabía, ahora es capaz de hacerla efectiva.

Esta experiencia que tenemos habitualmente en nuestra práctica clínica la explica muy bien Francisco Traver: “en terapia no basta con `descubrir´ los motivos del sufrimiento de un determinado paciente. Tiene que ser comunicado, explicitado y segmentado ante sus narices, con la precisión de un relojero, atendiendo a cada uno de los planos semánticos, para asegurarnos que el paciente ha entendido `qué le pasa´. Si la verdad tiene muchas caras es obvio que las explicaciones precisan de muchas repeticiones y ser abordadas desde distintos ángulos para que penetren en la comprensión del paciente y se interioricen adecuadamente”.

Una vez más, la palabra y el metamensaje serán claves en la terapia de la que Bergler denominó Neurosis de Destino.

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[1] Pedro Laín Entralgo. Cuerpo y Alma. Espasa Calpe, Madrid, 1991

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PSICOSIS. DELIRIOS, ALUCINACIONES, PARANOIA, SECTAS Y ESTIGMA


 (Prefacio, Prólogo, Programa ¿Qué me pasa doctor? e Índice)

Dr. Juan Rojo Moreno.

Editorial Pirámide (2018)

PREFACIO

         El delirio es una de las complicaciones médicas más frecuentes en personas hospitalizadas y en la vida común no es una enfermedad rara. Puede aparecer tanto relacionado con enfermedades psíquicas como con enfermedades somáticas (Alzheimer, infecciones, intoxicaciones, etc.).

Cuando una persona sana se plantea que puede padecer una depresión o un trastorno de ansiedad o cuando ve a familiares o amigos con estas enfermedades hay cierta empatía con los síntomas. La ansiedad es entendida, erróneamente, como un fallo en el control y  la idea que subyace es “si me controlo bien no tendré ansiedad”, pero entendemos que todos tenemos algún día con mayor o menor nerviosismo ante diversas circunstancias. Algo parecido ocurre con la depresión, considerada equivocadamente un trastorno de la “voluntad”. La idea que subyace es que con voluntad se pueden superar las malas etapas aunque, cierto, siempre hay momentos y días que estoy más o  menos triste o apesadumbrado. Los síntomas que padecen los trastornos de ansiedad y depresión se denominan homónimos que quiere decir que una persona sana puede sentir que los vivencia algo: puede sentirse triste como el depresivo o nervioso como el ansioso. Algo muy distinto ocurre cuando hablamos de delirios y de pacientes psicóticos: esto parece que está fuera de mi rango vivencial. El psicótico, el delirante, es considerado más como una persona con vivencias extrañas, a veces como un “loco” que es apoderado por sus delirios y cuya conducta no es fiable. Por esto se dice que sus síntomas son heterónimos. Nadie sano tiene “un poco” de delirio de envenenamiento o de delirio de persecución o un poco de delirio de Capgras en el que se está seguro que han sustituido a los padres por sosias.

En anteriores obras ya tratamos la depresión y la ansiedad en un lenguaje accesible para cualquier persona que esté interesada en estos asuntos y por supuesto para profesionales de psicología y de las ciencias de la educación y de la salud.[1] En esta ocasión hemos querido acercarnos a explicar desde esta perspectiva los delirios y las psicosis. Un amigo sin formación en ciencias de la salud que había leído las obras anteriores cuando le expliqué que tenía el propósito de escribir ésta me comentó que “eso era otra cosa”.  ¿Por qué es otra cosa? Me quedé meditando. Si, cierto, no es lo mismo decir que tu hijo, tu mujer o tu marido tiene depresión o ansiedad que decir que tiene una psicosis, una esquizofrenia o un trastorno delirante. El estigma de las enfermedades psíquicas abarca muchas categorías pero desde luego los psicóticos son una de las principales. Y no es fácil cambiar esto: como dijo A. Einstein: “¡triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”.

Por supuesto que hemos tratado en este libro la historia y cómo empiezan y evolucionan los delirios, las alucinaciones y la concepción antigua del “loco”, pero también hemos querido acercarnos al problema de las sectas, del estigma, y del sufrimiento no solo de los pacientes sino también de los familiares que han de cuidar y convivir con ellos cuando la enfermedad se hace crónica, y de los psiquiatras que han de tratar estas enfermedades.

El problema de los medios de comunicación es también importante. Cuántas veces vemos que ante un hecho inexplicable realizado por una persona (que estrella un avión voluntariamente, realiza una matanza en un colegio, etc.) lo primero que se plantea en los medios de comunicación es que ha de tratarse de un enfermo mental: lo que no podemos explicar de forma razonada ha de ser por la enfermedad psíquica que lo justifica. Justifica el acto pero a su vez lo carga de especial dramatismo, como señaló Peter Marzuk (1996): “de alguna manera es más tranquilizador saber que alguien fue asesinado a balazos en el robo a una tienda de comestibles que apuñalado hasta la muerte por un enfermo mental”.

Como ya escribí en otro lugar: “dejemos a los enfermos psíquicos en paz, que bastante tienen con su enfermedad, con el esfuerzo de curarse y con el sufrimiento de padecerla. No los mezclemos con todos estos majaderetas que lo único que consiguen, cuando los medios de comunicación los equiparan a los enfermos psíquicos, es degradar a estos últimos a niveles que no les corresponde”.

El enfermo psicótico, delirante, como un ser humano enfermo es, como cualquier otro, un paciente sufriente y comprender esta enfermedad es el primer paso que todos tenemos que hacer para así no asumirla como extraña y alejada de la persona. Esto subyace en el fondo del este libro: aumentar la información como fundamento del acrecimiento formativo y cultural que supone, como señaló S. Pufendorf, superar nuestro barbarismo original.

Para terminar, muchas personas, amigos y compañeros me han apoyado para que siguiera con este proyecto de acercar  en un lenguaje comprensible el mundo psicótico y delirante, pero especialmente quiero agradecer la revisión y correcciones del texto que han realizado Maria Adela Rojo, el psiquiatra Miguel Hernández Viadel, la Profesora M.L García Merita (que realiza el prólogo de ésta obra) y la Psiquiatra C. Valdemoro, que además de dar ideas y corregir errores, siendo mi mujer, me ha apoyado continuamente en todos los proyectos que he realizado.

Escribir un libro al mismo tiempo que se realiza un trabajo asistencial y universitario docente y de investigación supone muchas horas que le privas a la familia que siempre ha constituido mi constelación vital: Carlota mi mujer y mis hijos Miguel y Carlota.

Juan Rojo

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PRÓLOGO

El tema de la locura es algo que ha interesado, inquietado, asustado y desasosegado a mucha gente. Aunque es un término que está en desuso entre los profesionales de la salud, no ha dejado de utilizarse en el lenguaje vulgar o coloquial. Cuando oímos hablar de locura con gran probabilidad estamos escuchando algo que tiene que ver con psicóticos, delirantes y esquizofrénicos. Por ello, considero que el título de esta obra del Dr. Juan Rojo Moreno es muy apropiado para lo que pretende conseguir.

Aunque está escrito, fundamentalmente, para profesionales de la salud, Rojo lo hace en un lenguaje accesible para cualquier persona que esté interesada en estos asuntos. Baste mirar el índice de este libro para entender a qué me estoy refiriendo. Pero no nos llevemos a engaño: en absoluto es un libro solo de divulgación, muy al contrario, los profesionales de la salud pueden encontrar en sus páginas acertadas explicaciones científicas de los intrincados temas que aborda su autor.

Juan Rojo es Profesor Titular de Psiquiatría en la Universidad de Valencia desde 1986. Procede de una saga de grandes psiquiatras, cuya raíz es centro-europea. A través de su padre y principal maestro, el Profesor Miguel Rojo Sierra y de los maestros de este, sus raíces ascienden hasta grandes figuras de la psiquiatría, como Kleist, Bumke y Bonhoefer. Se ha formado en el saber de la Antropología Psiquiátrica de Binswanger y sus conocimientos en Filosofía y Psicología son patentes. Su concepción de la psiquiatría es holística. A través de sus publicaciones, tanto de orden biológico como fenomenológico, podemos ver como su interés es siempre integrativo. También hace incursiones al campo de la Física y de la Cibernética. Podría decir que Juan Rojo es un humanista del siglo XXI, pero me quedaría corta con esa definición, pues ante todo es un gran ser humano. Le caracteriza una gran autenticidad personal y su entrega frente al ser humano que sufre en esa especial relación médico-enfermo que él defiende. Esta dedicación es manifiesta en su larga trayectoria profesional ya que, junto a la docencia y la investigación, ejerce su actividad clínica psiquiátrica desde hace más de 30 años.

El Dr. Rojo dedica un primer capítulo a la historia de la enfermedad mental. Pero no lo hace como es lo habitual en los compendios de psiquiatría, sino que presenta una cara de esa historia que resulta altamente interesante y clarificadora. No se queda constreñido a la concepción europea, sino que también nos va a desentrañar como se veía esa locura en el antiguo Egipto, en India, en China o en la cultura judaica de la que somos en parte herederos. Para, poco a poco, ir desplegándose desde la antigua Grecia pasando por la cultura romana, hasta el retroceso que supuso la Edad Media (con notables excepciones como Tomas de Aquino), la llegada al Renacimiento y por fin a la actualidad.

Un segundo capítulo está dedicado a los Delirios. Se centra en aquellos que no están relacionados con enfermedades infecciosas o metabólicas, sino que aparecen en las enfermedades mentales. Utilizando sus propias palabras: “la palabra delirio proviene del término latino de-lirare que significa salir del surco cuando se labra la tierra. Ha tenido fundamentalmente dos derivas: una popular que hace referencia a que la persona dice cosas raras o es un extravagante o no se ajusta a lo que se considera verdadero o adecuado; y otra en psiquiatría y en medicina que hace referencia a una enfermedad”. Presenta aquí los tipos de delirios más frecuentes, de forma muy amena y plagada de ejemplos que el autor ha vivido en primera persona en su dilatada trayectoria como Psiquiatra.

En el capítulo tercero, explica como comienzan y evolucionan los delirios. Nuevamente en este apartado nos parece muy interesante la multitud de ejemplos con que nos clarifica este intrincado mundo que representan los Delirios.

Me gustaría destacar que el profesor Rojo no se queda adherido a la moda de los sistemas clasificatorios, moda que hace que si una enfermedad no está incluida en estos sistemas clasificatorios, no existe. Tal es el caso de las psicosis cicloides y los bouffées delirantes, con un mejor pronóstico que las esquizofrenias, y que, en el mejor de los casos, si es que no se han confundido con estas, los que las padecen sean clasificados de una manera marginal como otros trastornos de forma que el paciente quede marginado a recibir unos tratamientos poco adecuados. El autor hace mucho hincapié en lo importante que es un diagnóstico certero. Insiste en que para ello es necesario un profundo conocimiento de la psicopatología y contar con el tiempo suficiente de dedicación al paciente. Desgraciadamente ambas cosas son cada vez menos comunes en nuestros días.

Dedica el capítulo cuarto al estudio de la Personalidad Paranoide analizando Los grupos de contagio paranoide, los movimientos mesiánicos, las sectas y el lavado de cerebro.

Dice Juan Rojo que vivimos en un mundo que tiende, globalmente, a la paranoia y que, aunque se defiende de las sectas, no se da cuenta que en pleno siglo XXI tiene una tendencia global sectaria. Explicando, a continuación, los motivos en que se basa para hacer esta afirmación tan categórica.

No es demasiado frecuente el acercamiento que hace el autor al estudio de la Personalidad Paranoide. Normalmente los manuales de psiquiatría dedican más espacio a la Paranoia y a la Esquizofrenia Paranoide, mencionando muy de pasada la personalidad paranoide.

Diferencia el autor entre una cierta tendencia personal o rasgo temperamental paranoide, y la creación de un estado que facilita una actitud paranoide. Es en este segundo punto donde se va a extender más y de forma muy amena y documentada situará los aspectos más importantes de lo que él llama grupos de contagio paranoide, movimientos mesiánicos y sectas. Por último, en este capítulo dedica un apartado al Lavado de Cerebro. Nuevamente, nos sorprende gratamente la forma de abordar este importante aspecto tan olvidado en los manuales de psiquiatría y psicología. Subraya como las sectas y demás grupos mesiánicos realizan estas técnicas de una manera encubierta.

Termina este capítulo haciendo una incursión al mundo de la psicopatía, ya que defiende que el resultado extraño que aparece en los casos paranoides y sectarios ocurre porque se juntan, y en cierto modo friccionan, dos tendencias básicas del ser humano: La Tendencia Paranoide que proviene de la desconfianza existente aún entre nosotros y la Tendencia Psicopática que proviene de nuestro deseo primario de que los demás (y el mundo) se adapte a nuestras necesidades. Por ello presenta una introducción al modelo de desadaptación psicopático para terminar hablando de los denominados Grupos Paranoides Psicopatizados, que se comportan de forma muy distinta, tanto sean los pequeños grupos como los grandes grupos, a como lo hacen los individuos paranoides y/o psicópatas.

Puede percibirse en este capítulo la formación multidisciplinar de Juan Rojo ya que se atreve a presentar una serie de preguntas que se hace y contesta sobre la evolución humana con sus posibles caminos: bien por medio de la ingeniería biológica, la ingeniería ciborg o mediante la ingeniería de seres no orgánicos.  Termina el capítulo con unos sobrecogedores interrogantes: ¿es posible el salto del Homo a un tecno-humano, a un ciber-humano sin sistema creencial? ¿O solo lo será virtualmente engañado como el ejemplo Matrix? Porque si todos vamos a estar potenciados, si todos vamos a estar conectados a big-data y desaparecidos de nuestra mismidad ¿seremos todos iguales? o ¿la matriz de datos hará diferencias? Si la matriz de datos va a ser la estructura creencial ¿el ser humano sin conciencia dejará que haya niveles o se rebelará? Pero si se rebela ya tendrá conciencia. ¿Será entonces un paranoico?

El capítulo quinto está dedicado a las Alucinaciones. Las conceptualiza, explica lo que son, sus características, su historia y sus causas. Se remonta a la antigua Grecia y hace una revisión de acercamiento antropológico y cultural para estudiarlas. De hecho, afirma que el ser humano es neuro-cultural.

Dedica todo un apartado a describir las alteraciones perceptivas que aparecen en personas sanas y no son alucinaciones, aquellas otras que aparecen en pacientes psicóticos y tras el consumo de drogas y no son alucinaciones, describe las pseudoalucinaciones, ya muy patológicas, para terminar por fin con el estudio de las alucinaciones propiamente dichas. Nuevamente este capítulo está plagado de ejemplos extraídos de casos reales que el autor ha tratado personalmente. Que, insisto, hace que la lectura de este libro sea muy amena y clarificadora.

El capítulo sexto está dedicado a las Esquizofrenias y a la Psicosis Maniaca. Realiza, en primer lugar, una revisión histórica del vocablo de forma similar a como lo hacen casi todos los tratados de psiquiatría para luego volver a poner su impronta antropológico-cultural también en este tema. En este intento de conceptualización, de conocer las relaciones con la genética, la biología, la bioquímica…. termina afirmando con contundencia, ante las pocas respuestas que tenemos sobre este desconocido mal: Es más beneficioso tratar lo que sabemos que no acabamos de saber, que no tratar lo que es, aunque no sepamos exactamente qué es. Todo esto puede parecer un galimatías de palabras, pero de ellas deriva, a mi parecer, una de las verdades de la ciencia del ser humano: nos sentimos obligados a avanzar desde una incertidumbre que debemos asumir, ordenar e intentar esclarecer.

Esto tiene sus riesgos, pero en la otra orilla está cubrirnos de la certeza por ignorancia o, lo que es peor, simplemente por comodidad o interés.

Dedica a continuación un epígrafe a hablar sobre la posible cura de la esquizofrenia y sobre la supuesta peligrosidad de los esquizofrénicos. Para este último punto que tanta controversia social conlleva en infinidad de ocasiones, y que hace que muy frecuentemente estos enfermos sean marginados y temidos, tiene una contestación documentada que resume en esta frase: “Tras 33 años de trabajo nunca he sido agredido por un paciente psicótico ni, evidentemente, esquizofrénico. Realmente ni siquiera he sido amenazado por estos pacientes. La única vez que me agredió un paciente, recién terminada la especialización en psiquiatría, fue en urgencias hospitalarias y el enfermo estaba en un estado confuso debido a un cuadro infeccioso.

Con estos antecedentes, y pasando consulta diariamente durante tantos años, he de responder claramente que el paciente esquizofrénico no es violento ni peligroso.”

Habla a continuación de los tratamientos de la esquizofrenia, para ello repasa de una manera ágil y amena las diferentes estrategias terapéuticas, tanto médicas como psicológicas y sociales. Defiende, tras su revisión, que debemos plantearnos el tratamiento del paciente psicótico no solo en base a sus síntomas, síndrome, trastorno y familia, sino teniendo en cuenta que todo está enraizado en la individualidad del sujeto. Sin conocer bien cómo se ha desarrollado esa individualidad y, cuando mejora de los síntomas, sin actuar también sobre la individualidad de su estructura vital, solo tendremos acceso a una parte de la enfermedad, de los síntomas, del síndrome, pero no a al ser humano enfermo. Hay que tener en cuenta el enraizamiento de la enfermedad individual según los aspectos histórico-culturales, y así el tratamiento estará también incardinado con el enfermo singular. En esta postura da importancia y describe brevemente el papel de los Psicólogos Clínicos, los Trabajadores Sociales y la Enfermería Psiquiátrica, en el tratamiento de estos enfermos.

En un apartado describe los diferentes tipos de esquizofrenia o, mejor dicho, a las diferentes formas predominantes de aparición de la misma. No por ello deja de mencionar otras formas de clasificación al uso. A continuación, se introduce en el tema de la Psicosis Maniaca (Manía unipolar o fase exaltada del trastorno bipolar). Considera el autor que para entender al paciente maniaco es necesario partir de dos conceptos fundamentales: el de Vitalidad y el de tiempo vivenciado. Para su explicación va a recurrir al esquema desarrollado por su padre y maestro Miguel Rojo Sierra, aportando para su comprensión un caso clínico.

Vuelve al final de este capítulo a mostrar su gusto por contar al lector aspectos antropológicos, culturales, sociales o literarios que, como ya he señalado, hacen a este libro totalmente distinto al resto de manuales de psiquiatría. Así, nos cuenta el estudio del Dr. Alonso Fernández acerca de la patología manifestada por el Hidalgo Alonso Quijano transformado en Don Quijote. No sin aportar a este estudio sus comentarios y ampliaciones.

El capítulo siete está dedicado a describir los prejuicios y estigmatización de los pacientes psicóticos. Presenta Juan Rojo sus opiniones bien argumentadas y hace un llamamiento a la buena praxis. Termina el capítulo hablando de la inmigración y sus posibles consecuencias para la salud mental y las dificultades con las que los profesionales de la salud se encuentran a la hora de atender a estos pacientes.

Por último, el capítulo ocho se titula Enfermedad Mental y Sufrimiento. Justifica el Dr. Rojo la inclusión de un capítulo entero dedicado a este tema, dada la ausencia de su estudio en los manuales de psiquiatría. Es necesario, opina, hacer una referencia explícita a esta importante realidad del sufrimiento en la enfermedad mental. Lo esquematiza en tres apartados que vienen marcados por las características de Marginación, Aislamiento, y Desregulación. Pero no se queda solo en el sufrimiento del enfermo, sino que también analiza el sufrimiento de la familia y del propio psiquiatra.

Son muy acertadas sus palabras cuando señala que el psiquiatra (yo diría que también el psicólogo) tiene que conseguir un equilibrio entre una serie de aspectos. Debe sentir empatía con la crisis personal e histórica del paciente, pero sin sentirse inundado por la misma. Ser consciente de que aplicamos esquemas científicos y técnicos sobre enfermedades, pero no podemos garantizar los resultados.  No obstante, a pesar de lo dicho, el contacto continuo con las crisis vivenciales de los pacientes nos pone a prueba constantemente sobre nuestras propias crisis personales.  Por otra parte, insiste Rojo, si hacemos una negación de esto, entonces, nos hacemos fríos y distantes con el paciente y tendemos a cosificarlo, pero si por el contrario lo  exageramos, entonces nos angustiamos excesivamente en la relación médico-paciente.

En conclusión, estamos ante un libro de psiquiatría que aporta infinidad de aspectos y matices que no podemos encontrar en otros manuales. Su redacción está plagada de ejemplos reales que hacen más comprensibles los complicados temas que aquí se abordan, facilitando su lectura, especialmente, a aquellas personas que no sean profesionales de la salud mental. A través de sus páginas puede detectarse como Juan Rojo, no solo desmenuza con fluidez sus conocimientos psiquiátricos, sino que expone de manera viva aquello que él considera fundamental para todo psiquiatra (o psicólogo) que pretenda la curación de la enfermedad mental, especialmente cuando se trata del tipo de psicosis que se analizan en este libro. Porque, como constantemente insiste su autor, la curación no puede referirse solo a la eliminación de los síntomas, sino que también debemos tener presente la repercusión afectiva que está teniendo dicha enfermedad sobre el paciente e, incluso, la que en un futuro puede suponerle. Rojo se ha puesto muchas veces frente a la durísima prueba de enfrentarse con uno mismo, con nuestras inseguridades, con nuestros miedos… en ese especial tipo de relación con el ser humano que sufre y que es donde se forja el verdadero espíritu de un psicoterapeuta.

Marisa García Merita

 Catedrática Emérita de Psicopatología de la Universidad de Valencia

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PROGRAMA ¿QUÉ ME PASA DOCTOR?

         En este programa en el que el Dr. Bartolomé Bertrán desde hace años realiza el esfuerzo de generar una medicina comprensible y accesible tanto para todos los profesionales de las ciencias de la salud, que no podemos estar al día en todos los campos, como para personas que no están dedicadas profesionalmente a la salud pero sí significativamente interesadas en este universo, en este caso mediante el titulo PSICOSIS en el siguiente vídeo del programa (Link AQUÍ) nos introducimos en esta enfermedad de los delirios, alucinaciones, estigma…

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ÍNDICE

  1. La locura, los locos. 23

1.1.         La enfermedad mental en la antigüedad. 24

1.2.         La enfermedad mental en la Edad Media. 27

1.3.         El avance a «medio gas» de la psiquiatría en los siglos xv-xvi (Renacimiento) y xvii-xviii. 28

1.4.         Por fin el siglo xix (y el xx). 31

  1. Los delirios. 35

2.1.         Tipos de delirios más frecuentes. 36

2.1.1.      Delirio autorreferente, de significación alusiva, de persecución, de control. 36

2.1.2.      Delirio de grandeza (megalomanía). 39

2.1.3.      Delirios sexuales pasionales. 40

2.1.3.1.  Delirio celotípico. 40

2.1.3.2.  Delirio erotomaníaco. 42

2.1.4.      Delirios somáticos, nihilista y delirio licantrópico. 43

2.1.4.1.  Delirios somáticos. 43

2.1.4.2.  El delirio nihilista o de muerte o síndrome de Cotard. 45

2.1.4.3.  El delirio licantrópico. 47

2.1.5.      Delirio de ruina y de culpa. 49

2.1.6.      Delirio de sosias o de Capgras. 51

2.2.         La locura masturbatoria. 53

  1. Cómo comienzan y evolucionan los delirios. 59

3.1.         El temple o trema delirante. 59

3.2.         Psicosis agudas. 60

3.3.         Evolución de los delirios. 67

  1. La personalidad paranoide. Los grupos de contagio paranoide, movimientos mesiánicos y sectas. Lavado de cerebro. Sociedad y paranoia. 75

4.1.         La personalidad paranoide. 77 9

4.2.         Los grupos de contagio paranoide. Movimientos mesiánicos y sectas . 79

4.3.         El lavado de cerebro. 80

4.4.         Sociedad y paranoia. 83

4.4.1.      El modelo de desadaptación psicopática. 84

4.4.2.      Las dos esferas de los grupos paranoides Psicopatizados (GPP). 86

4.4.2.1.  El pequeño grupo paranoide psicopatizado (PGPP). 86

4.4.2.2.  Los grandes grupos paranoides Psicopatizados (GGPP). 87

4.5.         Evolución humana como ciberhumanos o tecnohumanos. ¿Existirá la paranoia?                                                                                                                                                      pág. 88

  1. Las alucinaciones. Si veo cosas que no hay, ¿tengo alucinaciones? 93

5.1.         Qué son las alucinaciones. Las «alucinaciones» en el ser humano no enfermo. La aparición de la conciencia reflexiva crítica. 93

5.2.         Algunas alteraciones perceptivas que aparecen en sujetos sanos y no son alucinaciones. 101

5.2.1.      La imagen eidética. 101

5.2.2.      La imagen alucinoide o alucinoidia. 102

5.3.         Algunas alteraciones perceptivas que aparecen en pacientes psicóticos tras el consumo de drogas y no son alucinaciones. 102

5.3.1.      Distorsiones formales perceptivas. 102

5.3.2.      Escisiones perceptivas. 103

5.4.         Las pseudoalucinaciones. 104

5.5.         Las alucinaciones. 105

5.5.1.      Las alucinaciones auditivas. 106

5.5.2.      Las alucinaciones visuales. 107

5.5.3.      Las alucinaciones cenestésicas. 108

5.5.4.      Las alucinaciones cinestésicas. 108

5.5.5.      Las alucinaciones funcionales. 108

5.5.6.      Las alucinaciones mixtas. 109

  1. Las esquizofrenias y la psicosis maníaca. 113

6.1.         ¿Qué es la esquizofrenia y cuándo apareció? 114

6.2.         ¿Por qué se habla de las esquizofrenias en plural? 118

6.3.         Detección del inicio de la psicosis. ¿De la psicosis vengo, a la psicosis voy? 122

6.3.1.      De la psicosis vengo. 122

6.3.2.      A la psicosis voy. 124

6.4.         ¿Se cura la esquizofrenia? ¿Son peligrosos los esquizofrénicos? Diferencia entre peligrosidad y riesgo. 126

6.4.1.      ¿Son peligrosos los esquizofrénicos?. 128

6.4.2.      Diferencia entre peligrosidad y riesgo. 131

6.5.         Tratamientos de la esquizofrenia. 133

6.5.1.      Tratamientos acompañantes y/o alternativos. 137

6.5.1.1.  Tratamiento psicosocial. 135

6.5.1.2.  Otros tratamientos. 142

6.5.2.      Tratamientos intramusculares de larga duración (de depósito). 144

6.5.3.      El paciente psicótico y su tratamiento. 146

6.5.3.1.  Una perspectiva individual. Tratamiento teniendo en cuenta la historicidad y cultura del paciente.146

6.5.4.      El papel del psicólogo clínico, enfermería psiquiátrica y trabajador social en el tratamiento. 153

6.5.4.1.  Psicología clínica. 153

6.5.4.2.  Enfermería psiquiátrica. 154

6.5.4.3.  Trabajo social. 155

6.6.         Resumen de los distintos tipos clínicos de esquizofrenia. 158

6.6.1.      Esquizofrenia simple. 159

6.6.2.      Esquizofrenia hebefrénica (predomina trastorno afectividad).159

6.6.3.      Esquizofrenia catatónica (predomina trastorno psicomotricidad).159

6.6.4.      Esquizofrenia paranoide. 161

6.6.5.      Otros conceptos clasificatorios. 162

6.6.5.1.  Esquizofrenia tipos I, II, trastorno esquizofreniforme y formas paranucleares. 162

6.6.5.2.  Trastorno esquizoafectivo. 163

6.7.         La psicosis maníaca (manía unipolar o fase exaltada del trastorno bipolar). 164

6.7.1.      Un caso clínico. 165

6.7.2.      Síntomas. 166

6.7.2.1.  Sentimientos somato-sensoriales. 166

6.7.2.2.  Sentimientos psicovitales. 167

6.7.2.3.  Percepción, memoria, pensamiento. 167

6.7.2.4.  Conciencia, motórica, expresión. 168

6.7.3.      El mundo del maníaco. Análisis antropológico-existencial. 170

6.7.4.      Don Quijote, ¿un psicótico maníaco?. 171

6.7.4.1.  Los maníacos Quijotes de hoy. 174

6.7.4.2.  El Quijote que no llega a ser en las adicciones. 174

  1. Prejuicios y estigmatización de los pacientes psicóticos. Emigración y enfermedad mental. 177

7.1.         El estigma del enfermo mental. 177

7.1.1.      La individualización del paciente. 178

7.1.2.      «El estigma del enfermo psiquiátrico». 181

7.2.         Emigración, exilio y enfermedad mental. 186

  1. Enfermedad mental y sufrimiento. 191

8.1.         El sufrimiento del enfermo psíquico. 193

8.1.1.      El sufrimiento en el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). 196

8.2.         El sufrimiento de los familiares del enfermo mental. 198

8.3.         El sufrimiento del psiquiatra. 201

Bibliografía. 205

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[1]  Comprender la ansiedad, las fobias y el estrés. Editorial Pirámide, 2011 y La enfermedad depresiva: conocer y entender la depresión en lenguaje para todos. Editorial Albatros, 2008.

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EL HOMBRE MATEMATIZADO


(Clopening and Clifdating)

Juan Rojo Moreno

         Armas de Destrucción Matemática (ADM) es el título del libro escrito por Cathy O´Neil doctorada en Matemáticas por Harvard que nos va a  servir como cifra de referencia.

Las matemáticas no solo valen para resolver y explicar el mundo, las cosas o el cosmos; desde que internet, luego las redes sociales y ahora los Smartphone no hacen más que aportar datos y más datos de las personas, de nosotros mismos, las matemáticas y el big-data ahora están sirviendo para analizar a los seres humanos y los matemáticos con sus aplicaciones aspiran a ser los nuevos filósofos de la humanidad capaces de decir lo que nos gusta, lo que nos conviene y también si estamos preparados para aquello que deseamos en la vida. Los nuevos dioses son los modelos matemáticos y señala O´Neil: los veredictos de sus sumos sacerdotes -los matemáticos y los informáticos- han sido indiscutibles e inapelables. Mediante el término Armas de destrucción Matemática dice esta autora: “bienvenidos al lado oscuro del big-data”.

El problema es que el modelo crece exponencialmente y además es opaco. Cuando vamos a pedir un crédito a un banco no nos dicen que datos han tenido en cuenta para aplicarnos un interés u otro diferente (aunque sabemos que el rango es amplio) y a medida que accedan a un mayor número de datos nuestros a partir de las redes sociales y códigos postales (geolocalización) sabrán automáticamente donde vivimos, en qué clase de barrio, qué amistades tenemos y cuáles son nuestras  preferencias. Es decir los matemáticos podrán hacer con sus algoritmos nuestro perfil humano no solo situacional sino incluso emocional.

No está esto tan lejano como pudiera parecernos. Refiere O’Neil cómo en relación con el examen SAT y las entrevistas para entrar en una Universidad estadounidense  existe “un campamento para mejorar la solicitud  de plaza” de cuatro días de duración que cuesta 16.000 dólares (alojamiento y comida aparte) en el que los jóvenes alumnos de secundaria mejoran su estilo de redacción, aprenden a “bordar” una entrevista y crean una “ficha de actividades” en la que resumen todos los premios, actividades deportivas… que los responsables de admisión en las universidades andan buscando”.

Esto anterior parece muy “americano” pero fijémonos en cualquier otro país avanzado en donde o bien te admiten para hacer una especialidad médica tras una entrevista (deberías prepararte) o bien has de formarte en medicina no solo para “saber” sino quizá más fundamentalmente para aprobar el MIR (en España, examen para especializarte como Médico Interno Residente) que supone un año de estar adscrito a una academia a propósito para “aprender” a responder este examen o incluso irte a algún sitio en donde al parecer te forman más específicamente. Cierto, nuestro sistema MIR no es una Arma de Destrucción Matemática (ADM) pues no es opaco, pero no olvidemos que estamos dedicando recursos desde los 18 años a aprender lo que el modelo matemático considera mejor opción (con escasa retroalimentación pues no existe alternativa).

La verificación de la bondad del modelo es muy importante; el inconveniente es cuando se crea el modelo y los datos solo sirven para  verificar las bondades del mismo pues no hay opción. El problema, señala O´Neil, está en que muchos de los sistemas que nos clasifican utilizando datos utilizan valores sustitutivos. Las calificaciones electrónicas no tienen en cuenta, por ejemplo, tu historia de pocos accidentes en la conducción para un seguro, sino que a través de un aluvión de datos según tu edad, el coche que te has comprado y donde vives y cuanto conduces, derivan de “casos similares” el resultado para aplicar al individuo. Y si el resultado de los “datos similares sustitutivos” dice que has de ser un delincuente, un holgazán o un mal conductor pues así se te aplicará el método. Puede que esto en general funcione bien pero el problema es cuando se aplica mal a una persona pues ésta se encontrará completamente indefensa ante ese resultado que es objetivo por los datos que se conocen. Señala O´Neil que las calificaciones electrónicas cuentan con escasos recursos para presentar una queja y aún menos para corregir un error en el sistema: “en el reino de las ADM, ellos son los daños colaterales…lo más probable es que la mayoría de las víctimas no descubran el error sino que lleguen a la sencilla conclusión de que la vida es simplemente así de injusta”.

Los trabajadores de las grandes corporaciones en Estados Unidos han inventado un nuevo verbo: clopening (close, “cerrar” y open, “abrir”) es lo que hace un empleado que trabaja hasta el cierre por la noche en una tienda o un bar y vuelve unas horas más tarde antes del amanecer para abrir. Genera horarios absurdos para el empleado  que además sufre alteraciones del sueño.

En el clopening el trabajador se ve arrastrado por el horario y no se tiene en cuenta ni su vida, ni su ritmo circadiano o su organización familiar: ha de cerrar y abrir  porque las necesidades mandan.

En el Clifdating (“Closure of Life by Data”) ahora nuestra vida queda estipulada, cercada, por los datos. Las perspectivas nos las dan las estadísticas que nos dicen qué es lo mejor y en las profesiones qué debemos hacer. Aparecen los árboles de decisiones y otros algoritmos aplicados a distintas profesiones que han de seguirse si no se quiere ver punido. No atender a los datos es como una especie de sociopatía o individualismo de alto riesgo. Todas las ciencias buscan datos y las que no son ciencias buscan datos para ser científicas.

Pero el método matemático, el algoritmo, no es capaz de detectar muchas variables. O´Neil pone el ejemplo del software de la empresa Cataphora que buscaba entre los trabajadores aquellos que tenían más capacidad de generar ideas. También detectó a los “conectores” que son los que mejor distribuyen y transmiten la información. Al llegar la crisis económica y tenerse que despedir a muchos trabajadores Cataphora mantuvo a estos dos grupos, pero no se pudo comprobar si se habían despedido a los que relajaban el ambiente o a los que tenían ideas “fantásticas” pero no las compartían en internet o en las redes o a los que eran cohesionadores del grupo… Es un ejemplo de cómo los datos nos cierran la vida (Clifdating) y al no retroalimentarse (no se hizo un seguimiento de las personas despedidas) se crea su propia realidad y con los datos posteriores se mantiene.

Las diferentes compañías están valorando utilizar las redes sociales como un elemento más para dar o no crédito: “Lenddo, Neo Finance, Affirm, ZestFinance y AvantCredit son algunas entre un creciente número de compañías otorgadoras de crédito que utilizan datos personales encontrados en redes sociales tales como Facebook, LinkedIn y Twitter para calificar el riesgo crediticio de los consumidores. Si usted es de las personas que tiene muchos amigos en Facebook, significa, en cierta medida, que usted es popular en algunos círculos. Ahora, para algunas entidades otorgadoras de crédito usted también puede ser merecedor de un crédito”.

En el mundo de las ADM, señala O´Neil, la privacidad se irá convirtiendo progresivamente en un lujo que solo los ricos se podrán permitir. Y “estos programas automáticos determinarán cada vez más cómo nos tratarán el resto de las máquinas: las que escogen los anuncios que vemos, deciden los precios que debemos pagar o confeccionan nuestras rutas”. Aún la gente cree que lo que escribe en Facebook o en las otras redes sociales no es intervenido por la compañía que da preferencia, según sus algoritmos, a unas noticias y a ciertas palabras frente a otras “la empresa decide conforme a sus propios intereses qué vemos y qué descubrimos en su red social”. O´Neil refiere el trabajo de la investigadora Karrie Karahalios (Universidad de Illinois) (2013) sobre el algoritmo de Facebook, en el que descubrió que el 62% de los encuestados no era consciente de que la compañía interviene en lo que aparece en el muro. “Pensaban que el sistema compartía inmediatamente todo lo que publicaban con todos sus amigos”. (Aún hoy el porcentaje debe ser similar o quizá mayor entre quienes siguen pensando eso).

El Clifdating, “cercado, vallado por los datos” avanza sin parar incluso a niveles de seguros médicos. Varios ejemplos señala O´Neil en este sentido, como el del Profesor de matemáticas de la Universidad de Washington que ha de conseguir en “salud y bienestar” 3.250 puntos o si no pagará 50 dólares mensuales más por su prima de seguro. Así mismo refiere como las empresas Michelin o la cadena de farmacias CVS ponen objetivos médicos (colesterol, triglicéridos, perímetro de la cintura, glucemia, presión sanguínea…) y si no los cumplen puede costarle el seguro desde 600 a 1000 dólares más al año al trabajador.

Estos programas de “salud y bienestar” no son ADM según O´Neil pues no son opacos pero si son opresivos, definitivamente son Clifdating.

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         El Big data no es ni bueno ni malo. O’Neil nos quiere mostrar el “lado oscuro” pues se ha hecho mucho énfasis en su lado bueno que posiblemente nos permitirá acceder a muchos datos sintéticos tras recopilar millones y millones semejantes y puede que en muchas ramas, como en medicina, nos permitan diagnósticos más rápidos, nos ayuden a tratamientos más eficaces y en otros muchos campos como en la misma conducción de vehículos nos ayuden a evitar errores humanos. Pero  también señala  esta matemática que las máquinas necesitan la comprensión del contexto, el sentido común y el sentido de la justicia que solo los seres humanos pueden aportar: “tenemos que imponer valores humanos en estos sistemas aunque sea a costa de la eficiencia… los datos no van a desaparecer ni tampoco los ordenadores…y aún menos las matemáticas”.

Pero lo importante no es solo que haya muchos datos y que se puedan relacionar y unir entre ellos en este Big-data, lo importante subraya O’Neil en la última página de su Capítulo Conclusión “son las decisiones que tomamos sobre cuáles son los datos a los que debemos prestar atención. Y estas decisiones no se refieren únicamente a cuestiones logísticas, de beneficio o eficiencia, sino que son fundamentalmente decisiones morales”.

En este video Cathy O´Neil expone en pocos minutos los aspectos fundamentales de la obra que nos ha servido de referencia.

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ASESINOS Y ENFERMEDAD MENTAL


Juan Rojo Moreno

         Es difícil no responder al constante y martilleante mensaje de que cuando ocurre un asesinato atroz con grave repercusión mundial o social pronto salen algún político y “entendidos” en los medios de comunicación diciendo que se trata de “enfermos mentales”. Ya comenté anteriormente en un artículo “El esquizofrénico agredido” este aspecto.

Pero con la matanza en un colegio de Florida (EEUU) (2018) vuelve a plantearse el mismo problema y ante mi estupefacción incluso el Presidente de Estados Unidos dice “Es un problema de enfermedad mental”. No dice que sea un problema de control de armas o de educación o de control de impulsos arcaicos o valores sociales… ¡No!: es un “problema de enfermedad mental”….

Pues bueno, ya cansa esto.

Cuando en 2015 un piloto alemán estrelló un avión que hacía la ruta Barcelona – Düsseldorf con 144 pasajeros, en medio de los Alpes, tras encerrarse en la cabina y dejarlo caer, de nuevo salió lo mismo: “enfermedad mental”, “había sido tratado de depresión” y en el caso del chico que hace la matanza en Florida igual, “había sido expulsado del colegio” y así una y otra vez.

¿Acaso los que padecen Ansiedad, Depresión, TLP… son, por tener esas enfermedades, potencialmente asesinos?

Lo respuesta es rotundamente NO.

En el libro que he publicado “Psicosis. Delirios, alucinaciones, paranoia, sectas y estigma”  (2018)  muestro algunos datos, entre los que entresaco: “no se halló patrones predecibles que vinculara la conducta criminal con los síntomas propios de la enfermedad mental (Peterson, 2014)”.

Así mismo comento este aspecto en mis conclusiones de la entrevista que la cadena de televisión española Antena 3- La Sexta me hizo este mes de febrero (2018) en el programa ¿Qué me pasa doctor? (Dr. Bartolomé Beltrán) sobre Psicosis en el que se tratan distintos aspectos de los delirios, estigma, sectas, lavado de cerebro, esquizofrenia…

Como ya he comentado en anteriores ocasiones, nosotros no queremos psiquiatrizar la vida (aquí). Pero tampoco tratamos  como psiquiatras a una gran variedad de personas anómalas que  carecen de valores sociales o los desarrollan de forma muy egodistónica y que realmente no son enfermos psíquicos pero sí capaces de hacer cualquier atrocidad ¿El terrorismo de ISIS es una enfermedad psíquica? ¿El grupo  Boko Haram  capaz de raptar y violar a cientos de mujeres, es también un grupo enfermo psíquico?

Y más cercano: todos aquellos que día a día en distintos países violan a mujeres, que se vengan de otras personas cruelmente, que agreden a otra persona hasta casi matarla por cualquier causa o por ir vestido de una forma que no es como ellos consideran, o que por pertenecer a otra opción política son agredidos… todas esa personas agresoras, que diariamente se ven y con los que te puedes encontrar, por desgracia, cualquier día en la calle, en un  partido de futbol, o cuando vas conduciendo, ¿son también enfermos psíquicos?

¡No! Sr. Presidente de Estados Unidos, no puede decirse que las atrocidades que producen todos lo que están en el corredor de la muerte son debidas a enfermedades mentales ni que cualquier animalidad brutal que nos conmueve a la sociedad o al ciudadano particular es también por la “enfermedad mental”.

Por favor, Sr. Presidente, -y otros tantos que antes y seguro que después seguirán manifestando con impunidad estos asertos-, por favor, no manchen la dignidad de los enfermos mentales, que bastante tienen con su enfermedad para que encima personas de relevancia social o incluso mundial los estigmatice más aún. Dejen en paz a los enfermos mentales, no los hagan “cabezas de turco” cuando quieren excusar una acción cruel que no pueden comprender.

Incluso en su propio país se lo dice una gran conocedora de este tema, la anterior Presidenta de la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) Renée Binder, M.D

“In an article published today in JAMA Psychiatry, APA Past President Renée Binder, M.D., and Matthew Hirschtritt, M.D., M.P.H., both of the University of California, San Francisco, wrote that while political rhetoric focusing the blame for mass shootings on individuals with serious mental illness may be “politically expedient,” such an approach “stigmatizes an already vulnerable and marginalized population, fails to identify individuals at the highest risk for committing violence with firearms, and distracts public attention from policy changes that are most likely to reduce the risk of gun violence”.  (aquí)

El enfermo mental es solo eso, un enfermo, no es un asesino, un homicida ni…otras cosas que se le atribuye ante lo incomprendido.

Y muchos “sanos anómalos” serán lo que se quiera que sean y deberá ser la sociología o la psicología quien los clasifique pero NO dentro de las enfermedades mentales.

En muy pocos casos se produce que pacientes psicóticos originen agresiones (ocasionalmente, si no están medicados y sobre todo si además consumen drogas) y esos pocos caso son un grano de arena frente al mundo agresivo y destructor, competitivo y aplastador en que nos movemos.

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Ya señalaba E. Fromm en 1962 cómo técnica e intelectualmente estamos viviendo en la Edad Atómica, pero emocionalmente vivimos todavía en la Edad de Piedra.

Bueno, habrá que mejorar las emociones, la ética, la pedagogía y  como decía Bonaparte: “la mejor educación que se le puede dar a un niño es la que se les da a sus padres 20 años antes de que él nazca”.

Bien, hagamos todo eso, pero si no lo hacemos no salgamos con el recorte fácil de la enfermedad mental para no tener que dar más explicaciones ni quitarse de encima las propias responsabilidades.

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