REFLEXIONES DESDE LA MEDITACIÓN DE ORTEGA Y GASSET DEL PUEBLO JOVEN


Comunicación y circunstancias.

Juan Rojo Moreno

Las estancias que hizo J. Ortega y Gasset a partir de 1916 a Latinoamérica le indujeron a reflexionar sobre diversos aspectos. Esa obra está en Internet en forma libre (descargar aquí) pero nosotros vamos solamente a utilizar unas reflexiones que nos acontecen entrando en ella.[1]

Casi ningún país se encuentra contento con su “estado” o situación actual (hay quien exceptuaría a Islandia). Los unos porque tienen muchos impuestos, otros porque tienen mucha migración, otros por su pobreza o falta de libertades y otros porque sienten que diversos países influyen demasiado en su protagonismo. Señala Ortega que la historia humana es obra del descontento, que es una especie de amor sin amado y como un dolor que sentimos en miembros que no existen.

Curiosamente, existe una gran paradoja en este mundo internacionalizado, interconectado y supracomunicado, y es que si bien aparentemente todo el mundo habla con otro todo mundo pero, aun así, lo que más existen son los monólogos. Los vemos constantemente en las tertulias televisivas, por poner un ejemplo, uno suelta su speech, discurso o incluso arenga y la mayoría de las veces es atendido pacientemente por los demás contertulianos (en muchas ocasiones no existe ni siquiera ese mínimo de educación) y cuando acaba o se le hace acabar, el nuevo locutor ahora suelta su discurso que en su mayor tiempo no tendrá apenas nada que ver con el anterior (solo la temática que se está hablando) y cuando acaba, otro interlocutor o el anterior responde o inicia un nuevo discurso que son monólogos. En el fondo  se cree (y posiblemente tengan razón) que la audiencia va a recibir el impacto emocional de sus argumentos y así poder movilizar una idea o una ideología.

Por esto en lo regímenes totalitarios, y en los partidos políticos que aspiran a ello, el control de los medios de comunicación es tan importante.

Ya nos decía Ortega que el pensamiento honesto es siempre en tal sentido dialéctico y la dialéctica es colaboración y que “la vida intelectual española [ahora ampliable a muchos otros países por la interconexión] cruza por una etapa de audaz monologuismo. Cuando se interrumpe este no es para el diálogo, sino al contrario, para ejecutar alguna estúpida agresión. Nadie se otorga el lujo de comprender al otro y, partiendo de esa comprensión, tal vez rebatirle”.

Es cierto que, en definitiva, cada uno de nosotros tenemos la valoración y decisión última, como señala Ortega, si bien nuestra existencia nos aparece constituida por un conjunto de circunstancias que nos obligan e imponen un régimen de forzosidad. Pero esto  no supone en nuestro vivir que deba ir éste rigiéndose por una trayectoria ineludible y mecánica sino que deja siempre un margen a la decisión. Todo hombre tiene que tomar en peso su destino [sus circunstancias] y plasmarlo con su albedrío.

Ciertamente, no hay vivir si no se acepta la circunstancia dada, pero sobre esta circunstancia tenemos que hacer malabares para entre lo estipulado, lo que nos estipulan, lo que creemos que es nuestro y es inyectado, y entre lo más verdadero nuestro, al final en la autognosis, en el autoconocimiento, uno debe sacar su propia conclusión. Es a menudo difícil pues tenemos que estar constantemente andando y saber cuándo hay que parar. Este equilibrio es parecido al que decía Nietzsche, refiriéndose al poeta, que es una persona que “danza encadenado”.

Todos tenemos problemas, los pueblos y naciones tienen problemas y debemos entrenarnos -lo cual no es fácil- para vivir la vida y saber sobrevivir ante o frente a nuestras circunstancias y el mundo que nos rodea, con sus tensiones y complejidades.

La palabra entrenamiento no es sino la traducción del vocablo askesis, ascetismo, que usaban los griegos en los juegos atléticos y con el cual denominaban al régimen de difíciles ejercicios al que se sometían para mantenerse “en forma”. Señala Ortega que este constante entrenamiento es el único capaz de hacernos creativos y hemos de mantenernos en constante entrenamiento, y para esto es necesario que las circunstancias nos inciten.

¿Pero realmente nos entrenamos para la vida [más allá de haber recibido, por fortuna, una educación al menos básica y obligatoria]? ¿O simplemente nos dejamos llevar por las circunstancias como el kayak que baja por un rio turbulento y no más que intentamos no ahogarnos entre nuestras ideas, nuestras creencias, la opresión de las estructuras y nuestras circunstancias personales o familiares?

Es difícil mantener una tabla de entrenamiento en un mundo tan politizado e ideologizado que además está hiperconectado ¡Política de ideas!

Señala Ortega que nuestras sociedades tienden siempre a que todo en ellas se convierta en política y entonces acontece que viven sólo de un centro creador de historia: la política, careciendo de otras instancias y centros de equilibrio a los cuales recurrir. Esa otra instancia –señala Ortega- tiene que ser la vida intelectual… pero no os hagáis ilusiones, la pura inteligencia es enemiga del puro político.

¿Cabría hoy poder encontrar, en nuestros días, en este siglo XXI, una sociedad como la  francesa de principios de siglo XX “Union pour la vérité” que publicaba unos cuadernos donde los hombres de ciencia y de letras discutían entre sí, de espaldas al público, sin tolerarse vanos aspavientos, felonías ni otras ruindades inspiradas por el afán de quedar encima? Un riguroso imperativo de veracidad presidía a la polémica. Una insolencia, una pedantería, una deslealtad, serían automáticamente castigadas con la exclusión.[2]

Si existiese una sociedad parecida en nuestros días más de uno se apuntaría, aunque para muchos parecería disarmónica con los tiempos de la popularización de opiniones diversas y, si posible, de la imposición de las mismas.

Pero aunque no exista, hay algo parecido que no se dice ni se escribe, de gran importancia en nuestras sociedades y que nuestro autor de referencia denomina: “las cosas consabidas”. Por esto hay unidad social, hay comunidad -quiérase o no- cualquiera que sea la independencia y aun la autoridad de los estados. Pues hay cosas que no solamente las sabemos cada uno de nosotros, sino que además sabemos que las saben también los demás. Esto que sabemos junto con otros lo consabemos.

Ese tesoro de lo consabido -sigue Ortega- de lo que hemos vivido juntos (por ejemplo el estado de alarma durante la pandemia Covid-19 y lo que sigue ocurriendo, el problema sanitario, económico, humanitario…) de lo nuestro por ustedes, de los de ustedes por nosotros, no nos lo puede quitar nadie ni siquiera nuestra propia voluntad. El hombre no es sino “lo que le pasa”, y ese pasado que le ha pasado a uno, a nosotros, al hombre, no es algo que se fue sino al contrario: porque nos pasó, queda operante dentro de nosotros.

Esto que no se divulga en las noticias nos une, no solo a un país sino hoy en día por la hiperconectividad también a los europeos, americanos y otros países de occidente y oriente. Realmente a toda la humanidad. Lo consabido no suele ser portada de periódico pero actúa como dulce o amargo amanecer dando luz a un sentido planetario que aún se resiste a deslumbrar, no por fallo en el imaginario popular, sino por la sinrazón de los que en uno y otro lado ostentan o determina el poder. No el poder militar, sino hoy más que nunca el poder de la información, de los datos y de la manipulación.

¿O es que, como señala Ortega, podría uno preguntarse si no habremos venido los hombres a este mundo precisamente para no entendernos? porque no cabe negar que el no entendernos es cosa que sabemos hacer concienzudamente.

C. G Jung ya habló del Inconsciente Colectivo, estructuras arquetípicas que  compartimos toda la humanidad y “aparentemente”  este inconsciente es silencioso. Lo consabido tiene también algo de silencio, quizá un murmullo bajo del que no llega a entenderse ni oírse bien sus palabras.

Nos consabemos vitalmente los unos a los otros -señala Ortega-, nos consabemos o somos lo consabido recíprocamente. Y lo demás es ganas de hablar y hablar, es casi siempre no entenderse. Nos entendemos más por lo que damos por supuesto y callamos que por lo que efectivamente decimos. De donde resulta una extraña pero inevitable paradoja: que el hablar, el auténtico hablar se compone principalmente de silencio.

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[1] José Ortega y Gasset. Meditación del pueblo joven. Revista de Occidente, Madrid 1962. Es la edición que hemos alcanzado. En otras ediciones se titula “Meditación del pueblo joven y otros ensayos sobre América”.

[2] Asociación de “educación filosófica y cívica mutua”, fundada a finales del siglo XIX. Publicó un Boletín – Unión por la Acción Moral entre 1892 y 1905. En 1896, La Unión se hizo conocida por el público a través de una rotunda campaña de comunicación al exhibir en las paredes de París una letra grande encargada a Puvis de Chavannes después de su decoración del Panteón (Sainte Geneviève) y grabada por Auguste Lauzet. Este “cartel moral”, destinado a traer belleza a la gente, es alabado o burlado en una gran prensa y da visibilidad a la acción de Desjardins y sus amigos. La Unión se disolvió durante el asunto Dreyfus, dando a luz la Unión por la Verdad, por un lado, y la Acción francesa de Henri Vaugeois y Maurice Pujo por el otro. Paul Desjardins asumió la dirección de la Unión para la Vérité: https://fr.wikipedia.org/wiki/Paul_Desjardins

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BIOGÉNESIS HUMANA TRASCENDENTE


NEUROBIOLOGÍA DE DIOS

Juan Rojo Moreno

Leer a neurobiólogos casi siempre es gratificante y más aún si éste es David Linden, Profesor de Neurociencias de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, que además intenta en muchas de sus obras facilitar la comprensión siguiendo la máxima de Max Delbrück “imaginaos que el público al que os dirigís tiene cero conocimientos, pero una inteligencia infinita”. La lectura de los textos de neurobiología muchas veces nos animan con la ley de los tres “casi”: casi nos descubren como funcionamos los seres humanos, casi nos dicen cual puede ser el futuro del ser humano y (cuando se atreven) casi nos dicen si somos o no seres espirituales.

El libro que ha caído en mis manos “El cerebro accidental” de David Linden nos plantea muy bien estas cuestiones y se atreve con la última de ellas[1]. De forma resumida viene a explicar como el cerebro es lo que llama un kludge[2]. Es una aglomeración ineficiente y poco elegante de materia, pero que sorprendentemente funciona muy bien. Explica el autor cómo el cerebro es capaz de hacer predicciones, por ejemplo, predecir dónde nos vamos a hacer cosquillas uno a sí mismo y por eso no es posible hacerlas, y así mismo observa que la mayoría de las sinapsis del cerebro no son fiables sino que son fundamentalmente dispositivos probabilísticos.

El cerebro no tiene un “diseño previo” sino que ha ido añadiendo capas (como bolas de un helado, unas encima de otras) de complejidad evolutiva apañándose con lo que tenía desde el principio. “El cerebro humano -dice Linden- se ha desarrollado principalmente por aglomeración”. La diferencia de nuestro cerebro y el de un lagarto o el de un ratón, está en que hemos añadido alguna capa nueva evolutiva sobre la estructura prexistente. Para funcionar bien necesita un número grandísimo de neuronas y procesar simultáneamente mucha información en paralelo; además necesita de la plasticidad cerebral (la experiencia modela sutilmente las conexiones sinápticas). Esto último renueva el circuito y permite que sea eficiente un dispositivo tan impresionante a partir de unas partes de calidad tan escasa. La influencia del entorno (en su sentido más amplio) puede ser tan importante, que incluso las hormonas producidas durante el embarazo por un gemelo puede influir en el desarrollo encefálico del otro. Pero como la cabeza del bebé ha de pasar por el canal del parto, la mayoría del crecimiento cerebral y de sus interconexiones se tiene que producir después del mismo. Los detalles sutiles de la interconexión cerebral se producen desde el final del embarazo hasta los primeros 20 años de la vida (cien mil millones de neuronas y quinientos billones de sinapsis). Desde el nacimiento hasta los 20 años de edad el cerebro ha incrementado en más del 300 por ciento su tamaño.

¿Quiere esto decir que nuestro cerebro ya está rigidificado a partir de los 20 años, que ha adquirido su máximo tamaño?

Puede que no sea así y conozcamos porqué. Veamos dos cosas curiosas.

Por una parte:

Si bien en esos años, desde el nacimiento hasta los 20, ha aumentado mucho el tamaño del cerebro y las interconexiones neuronales, sin embargo no ha aumentado el número de neuronas sino que más bien se han perdido unas cien mil millones de neuronas sobrantes. Esto es debido a que las neuronas compiten por las funciones y aquellas que no activan sus sinapsis se atrofian o desaparecen. Por lo tanto el medio ambiente, la educación, la experiencia durante la infancia y adolescencia, el entorno en definitiva, va a ser quien realice la selección entre un conjunto prexistente de sinapsis y neuronas. Las que sobreviven son las activas eléctricamente. Las experiencias pueden hacer que surjan nuevas ramificaciones en los axones que luego desarrollarán nuevas terminaciones sinápticas y también esto ocurre a nivel postsináptico. Esto, ya vimos, es la plasticidad neuronal. Evidentemente, todo esto tiene unos límites y hasta ahora se conoce que una vez que el entorno (como las vitaminas) es apto y ya se cumplen las dosis mínimas o suficientes, no por más estimular aparecen personas superdotadas o mejores intelectualmente. Lo interesante es que ahora se ha comprobado que la plasticidad neuronal sigue durante toda la vida del sujeto.

En segundo lugar, por otra parte:

En el caso de la sinestesia (que un sonido provoque un sabor o un color) se admite que de algún modo las conexiones sinápticas aberrantes (por ejemplo, de áreas auditivas a áreas del color) que no llegan a ser eliminadas en las primeras etapas del desarrollo postnatal, dada su conservación y elaboración en etapas posteriores de la vida, esto conduce a una experiencia sinestésica particular. Podemos preguntarnos: en cada uno de nosotros ¿han quedado destruidas estas posibilidades?, o como dice  D. Linden hay genes que pueden activarse o desactivarse en determinados puntos del desarrollo, o como respuesta a señales particulares; es decir la expresión génica es el proceso a través del que los genes se activan o desactivan. Esto nos sugiere volver a la consecuente pregunta ¿y esta expresión génica será capaz de activar genes “dormidos” a lo largo de nuestra vida? Por lo que hemos obtenido de D. Linden:

–         Dado que tenemos potencialmente millones de neuronas y sinapsis que con la “estimulación clásica o natural” no se activan y quedan latentes o muertas, si el ser humano evolucionase de una manera que la estimulación natural permitiese que parte de esas neuronas y sinapsis se mantuviesen sin que a cambio se eliminaran otras “significativas”, ¿no cambiaría la concepción del mundo que este ser humano adquiriría? [3]

¿Podría aparecer una concepción y capacidad  diferente, propia de un salto evolutivo?

¿Esto solo puede ocurrir en los primeros 20 años o quedan latentes estructuras genómicas potenciarias que pueden desarrollarse a lo largo de la vida, y aparecer en la adultez la patentización genética de esa nueva cosmovisión? o ¿por el contrario ya a partir de una edad hay cierta rigidez para tal aventura humana?

¿Y que tiene todo esto que ver con Dios? Aquí vamos a ver como psicología, filosofía y neurobiología se unen.

Ya Bergson creyó que la naturaleza desarrolló lo que él llamaba religión estática, que sería un  fenómeno implícito en el proceso evolutivo, y por lo tanto anclada en la biología. C.G. Jung, aunque psicoanalista, al hablar de los arquetipos del inconsciente colectivo (arquetipo Luz, Trascendente) pensaba que se transmitían no solo por tradición sino también por herencia. Como señala Julio V. Maffei[4] el hombre deviene religioso por un proceso de evolución en el que lo genético ha de interpretarse como de orden estructural. Y ahora el mismo David Linden ya comenta “la predisposición al pensamiento religioso deriva de este cerebro ineficiente y extraño que ha sido modelado a lo largo de nuestra historia evolutiva” [5]

El argumento que mantiene D. Linden es que la presencia de la religión en todas las culturas convierte a ésta en un universal cultural. No existe cultura alguna que carezca de prácticas o ideas religiosas. Y la conclusión a la que llega Linden es que el cerebro ha necesitado adaptarse mediante la creación de “historias coherentes, sin lagunas” y que esta propensión a la creación de relatos forma parte de lo que predispone a los seres humanos al pensamiento religioso. Explica como en el caso de amnesias que se rellenan con confabulaciones o en el caso de personas con los hemisferios cerebrales desconectados uno del otro, el cerebro ante “el vacío” construye un relato o narración que sea coherente con lo que se le pregunta o vivencia. Llega a la conclusión que ante la realidad subconsciente que tenemos, aunque no la conozcamos, cargada de símbolos, falta de lógica, y sin causalidad, e incluso ante una realidad consciente que no siempre es causal, la corteza del hemisferio izquierdo patentiza la predisposición como especie al pensamiento religioso, dado el caos irrazonable y a-cognitivo de la herencia evolutiva que compartimos como seres humanos.

“Nuestro cerebro ha evolucionado para hacernos creer” y de esta manera “el amor, la predisposición al pensamiento religioso son el resultado de una aglomeración particular de soluciones ad hoc que se han ido amontonando a lo largo de millones de años de historia evolutiva”. Al final D. Linden está coincidiendo con A. Vergote cuando señalaba en 1969 que la religión es una realidad dinámica y evolutiva, como la persona y la cultura, y también coincide con William James que escribió “oramos porque no podemos evitarlo”, solo que D. Linden como buen Neurobiólogo asume estos principios pero apostillándolos en el más puro sentido bi-etimológico de la palabra religión: Sí a la religión, pero atada o dependiente a la evolución de la corteza cerebral y del hemisferio izquierdo, que teniendo que dar coherencia a todo lo que el ser humano recibe sin coherencia, ha creado una narrativa coherente que le “predispone” al pensamiento acerca de lo divino (que luego podrá rechazar, intelectualizar, aceptar…). [6]

Realmente, siguiendo el esquema de Welte[7], D. Linden, envalentándose al tratar el campo religioso desde la neurobiología, efectivamente plantea un ateísmo positivo, pues al fin y al cabo la necesidad religiosa, para él, solo es una necesidad evolutiva que el cerebro ha creado para dar coherencia a la concepción del mundo incoherente que es la realidad histórica. David Linden con su esquema neurobiológico evolutivo que da “coherencia” al mundo incoherente hace explicable, a su manera, esta frase de Moeller “el misterio no es lo paradójico… ni lo impreciso o incognoscible o impensable; es, por el contrario, una realidad que tiene una razón positiva para no manifestarse en una presencia objetiva”.[8] Con Linden, diríamos que no se manifiesta pues necesitamos el misterio como una parte del relato que da en cierto modo sentido al contenido de la realidad que vivimos. Pero también podemos tomar la postura de Linden desde la concepción de J. Huxley que considerando el humanismo evolucionista no elimina la “materia” de la  ecuación ante lo trascendente.

Puede que las ideas de David Linden nos sirvan para entender una trascendencia en uno mismo desde la materia. Refiere Linden cómo los ciegos, con lesiones en áreas superiores del cerebro, pueden “ver” [9] gracias a antiguas partes del cerebro que no son conscientes; y de la misma forma nos podemos preguntar: ¿Esa predisposición a lo espiritual o religiosa ha de quedarse en las neuronas, en el hemisferio izquierdo y las sinapsis? O este mundo al que me voy a referir ahora: el mundo cuántico, también aparentemente incoherente (y que sigue siendo material), con otro parámetro temporal, otro sentido, que está “debajo y dentro” de las neuronas y de las sinapsis, pero existente en todos nosotros, y en las sinapsis aunque no sepamos cómo actúa efectivamente: ¿no será también un camino-mensajero hacia lo trascendente, que sin darnos cuenta nos está informando en nosotros mismos (desde los trascendente y desde nosotros mismos) y nos dirige, como a los ciegos, cuando nuestra inteligencia germinal está predispuesta, hacia la categorización de valores morales?

Como señalaba Teilhard de Chardin “sagrada emoción del átomo que descubre en el fondo de sí mismo el rostro del Universo”[10]. Porque cuando hablamos de “materia” tenderemos que empezar a definir donde empieza y donde termina la “materia” que somos en el cosmos, que no deja de ser nuestra realidad actuante. Quizá un día la neurobiología se atreva también con el mundo cuántico para explicar al ser humano y su trascendencia.

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[1]  El cerebro accidental. La evolución de la mente y el origen de los sentimientos Editorial Paidós, 2010

[2] Palabra formada por las iniciales de los adjetivos klumsy (torpe), lame (poco convincente), ugly (feo), dumb (tonto), [but]  good enough ([pero] (bastante bueno)

[3] Ya en 1951 P. Teilhard de Chardin comentaba “sin salir del plano de la anatomía individual, nada prueba (ni mucho menos) que disponibilidades evolutivas importantes no se hallen en reserva dentro de la sustancia de nuestros cerebros”. En el libro “La visión del Pasado” (ed. Taurus, 1958).

[4] Psicología evolutiva y religión. Editorial Latinoamericana Libros srl, 1981.

[5]   Ya Teilhard de Chardin en “La visión del pasado” correlacionó la “biogénesis” con la “cerebración”.

[6] Dos formas de entender la etimología de la palabra “religión”: San Agustín la entiende como “religare” es decir “atar o hacer dependiente” y Cicerón prefirió como origen del vocablo “relegere”, es decir, cuidado y atención que se pone en observar todo lo referente a las cosas divinas.

[7] Este teólogo alemán diferencia entre un ateísmo negativo (solo existe lo que se puede comprender), un ateísmo crítico (lo espiritual o divino  es objeto de critica mientras no responda a todas las preguntas) y un ateísmo positivo (acepta que el hombre tiene necesidad natural de lo infinito, pero niega que esa necesidad provenga de nada superior a él mismo)

[8] Moeller Ch. Literatura del siglo XX y Cristianismo (T. IV) Gredos , Madrid, 1960 (citado por  Maffei)

[9] No ven con la vista pues son ciegos, pero “saben” donde están objetos luminosos que se les colocan delante,  a veces acertando a cogerlos en 9 de 10 intentos.

[10] Teilhard de Chardin. La visión del pasado. Editorial Taurus, 1958

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CARLOS VALDEMORO GARCÍA


(Prócer más allí)

Juan Rojo Moreno

Conocer a personas egregias es un lujo y una suerte, y no es porque en todos los tiempos no hayan existido esas personas cuya existencia ilumina, sino porque hemos de coincidir con ellos en el espacio y en el tiempo y además que se pueda producir una sincronía emocional.

Conocí a Carlos Valdemoro en 1975 cuando acababa mi adolescencia y siempre admiré que siendo persona de gran experiencia y cultura tuviera esa pasión por su pueblo en Teruel, uno pequeño, de nombre Torres de Albarracín.

Haciendo las modificaciones oportunas podría asemejarse mi impresión a la que refiere Ortega y Gasset cuando conoce a Mestanza: “Le conocí yo, siendo casi adolescente hacia 1902. Visité por primera vez a Albarracín. Esta caduca ciudad lanza a las alturas su increíble perfil alucinado, agarrada a un cerco de piedra caliza que bajo el sol parece de plata. La entonces humilde y polvorienta carretera renunciaba a subir hasta ella y pasaba el cerro por un túnel. Allí junto al túnel, empotrada en la roca había una posada de cuento, tenida por una legendaria viejecita. En aquel tugurio encontré a Mestanza…”[1]

Y tenemos que reconocer sobre todo los aciertos de estas personas próceres, pues como señala Mestanza: “Todo está claro, ferozmente diáfano: cada cosa es lo que es y nada más”.

He querido compartir de forma resumida los que significó para muchos la existencia de esta persona en las breves líneas de abajo:

Carlos Valdemoro García, hijo menor de D. José María Valdemoro Barrio y Dª. Aurora García Delgado nació en Torres de Albarracín (Teruel) el 30 de junio de 1922.

Sus primeros años de estudios se realizaron en los Escolapios de Albarracín. Posteriormente se trasladó a Madrid donde siguió sus estudios y en esta época de su infancia hizo profunda amistad con los tres hermanos Dominguín (apellidados de verdad González Lucas y de forma artística “Dominguín”) Su íntima amistad con la familia Dominguín y su contacto estrecho con Luis Miguel Dominguín (realmente llamado Miguel, el añadido Luis fue artístico) promovió que tuviese una ganadería de Toros bravos, “Carlos Valdemoro”, y de adulto los convenció para que se hicieran cargo como empresarios de la Plaza de Toros de Teruel siendo en ese periodo cuando en la Feria del Angel acudieron las figuras más relevantes de la tauromaquia española por Teruel. Apadrinó junto con Dominguín varios toreros que triunfaron.

Tras acabar Bachillerato y realizar el examen de Estado para poder acceder a la Universidad empezó los estudios de Medicina en Madrid y luego continuó los estudios de licenciatura en la Facultad de Medicina de Valencia.

Durante las Milicias Universitarias IMEC (Instrucción Militar Escala Complemento) en Ronda estableció intima amistad con Jose Luis Villar Palasí (que luego fue ministro de Educación), amistad que duró toda la vida.

 Estableció profunda amistad con eminentes profesionales de la medicina como el Catedrático D.  Manuel Beltrán Báguena, el Catedrático D. Rafael Báguena Candela, el Dr. José Báguena Candela (director del Hospital la Fe), con el Catedrático de otorrinolaringología D. Jaime Marco y con el dermatólogo Dr. Juan Peris Asins.

La gran amistad, que llegó a ser casi familiar, con el eminente médico, oriundo de Teruel Dr. Luis García Ibáñez fue además de la magnífica relación que tuvo con los médicos de Teruel en la que había varias familias de médicos como los Adán, Buñuel y la familia Pizarro (farmacéutico) y de manera muy significativa también con el oculista Tomás García Marco y con los hermanos Belenguer (urólogo y traumatólogo).

 Se casó con Dª. Milagros García Nebot con la que tuvo tres hijas, dos de las cuales siguieron la tradición familiar (Carlota hizo Medicina como su padre y Maria Soledad se licenció en Derecho como su abuelo y bisabuelo).

 Retornó a su pueblo natal, Torres de Albarracín, dedicándose a los negocios familiares.

Fue Presidente de la Caja Rural de Teruel durante 11 años y así mismo Alcalde del meritado pueblo durante un tiempo extenso y Diputado Provincial.

Por el interés altruista por beneficiar a su pueblo natal, Torres de Albarracín, aprovechó igualmente sus amistades profundas con Enrique de la Mata (Presidente de la Cruz Roja Internacional y Diputado de UCD por la circunscripción de Teruel) y así mismo con Cruz Martínez Esteruelas (que había sido Ministro de Educación). Entre otras muchas cosas, al menos señalar que consiguió entre 1957 y 1958 reformar la Iglesia, el Ayuntamiento, la Plaza Mayor (hoy Plaza del Ayuntamiento) y dentro de las mejoras continuas sociales hay que reconocerle que se desprendió de su Central Eléctrica, que abastecía desde Torres de Albarracín a múltiples pueblos, para conseguir que Hidroeléctrica Española instalara luz eléctrica. Renunció a sus derechos y pidió que los trabajadores de la antigua central tuvieran luz gratis durante toda su vida, pero él no. Igualmente canalizó el agua potable y gratuitamente introdujo un grifo en cada casa, reformó el cementerio y como se desbordaba frecuentemente el río casi todas las primaveras lo canalizó (zona conocida como cauce nuevo) dividiendo en dos una de sus mejores fincas para que se entendiese claro que no tenía ningún provecho personal.

Su padre construyó a principios del siglo pasado la fábrica Harinera del Carmen con la intención clara de mejorar la empleabilidad de esa pequeña localidad, siendo la empresa más significativa del entorno durante su vigencia, y que presidió él durante muchos años.

Conocido entre sus amigos en diputación y ministerios como “el pedigüeño para su pueblo” su obra social desinteresada, aunque no siempre reconocida, solo supuso beneficio para la localidad sin lucro personal alguno ni endeudamiento del ayuntamiento.

Falleció en Valencia el 30 de mayo de 1999 y cumpliéndose sus manifestados deseos reposa en Torres de Albarracín.

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He querido hacer esta reseña de Carlos Valdemoro y la he subtitulado “más allí” pues buscando en internet sus referencias y el pueblo Torres de Albarracín casi no se le menciona a pesar de su monumental obra en bien de la población.

Hay que resolver y poner a la luz existencias y realidades humanas que durante su tiempo vital hicieron un bien por aquellos que le rodeaban y que muchas veces se intenta olvidar, incluso por los que han sido beneficiados por compartir su ciclo vital. Parafraseando a Max Pulver se trata de una injusticia o del resultado de la envidia ajena.[2]

Y creo que es importante valorar el “tiempo humano” que realizó Carlos Valdemoro, tiempo que G. Berger denominó “tiempo abierto”, esencialmente vertido al futuro próximo y lejano. Su futuro fue una dimensión humana. No fue ya lo que iba a suceder sino lo que realizó en el conjunto del mundo. Fue su tiempo “operatorio”, el tiempo de actuación: proyectos y realización de posibilidades.[3]

Fue su línea vital entre 1922 y 1999 y como señala Julián Marías: “una de las consecuencias más azorantes de la `conciencia histórica´ es que todo nombre propio necesita ir enmarcado entre dos fechas… estamos historizados y esta situación no podemos refutarla, no podemos más que aceptar la situación e intentar dar razón de ella”[4]

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[1] José Ortega y Gasset. Ideas y Creencias- Memorias de Mestanza (D. Gaspar de Mestanza), pág.128. Ed. Espasa Calpe. 1940

[2] Max Pulver. Persona, Carácter, Destino. Editorial Victoriano Suarez. 1962. Traducción de la segunda edición alemana por el Dr. Gorgonio Rueda (primera edición alemana 1944).

[3] G. Berger. Citado por J. Rubio Carracedo en Antropología Prospectiva. (Inspirada en los ensayos de Teilhard de Chardin). Studium Ediciones, Madrid, 1973

[4] Julián Marías. El método histórico de las generaciones. Edita Selecta de Revista de Occidente, 1967 (2ª Ed).

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EL HOMBRE DESFONDADO


“El hombre es un ser viviente que actúa en el riesgo de hacerlo indebidamente respecto a los fines que se propone y esto es una propiedad muy extraña de su praxis” (L. Cencillo)

Juan Rojo Moreno

         La Antropología ha de tener en cuenta todo lo operante en el ser humano y señala Luis Cencillo: aunque sea la magia, la astrología, el espiritismo, la sexualidad, la agresividad, la mística  o la religión.[1]

Y en este sentido señala Cencillo que por su multitud de dimensiones cualitativamente diferentes de las físicas propiamente dichas, es el hombre un viviente constitutivamente práctico.

         Esto a veces se olvida en diferentes campos (aunque tengan sus razones fundadas los estamentos oficiales) como es en el caso de las denominadas pseudociencias o las “medicinas alternativas”, que si bien no tienen verificaciones científicas, no obstante, la postura que se ha tomado oficialmente es la de en vez de conocerlas mejor considerando a los representantes más honoríficos o cualificados, lo que se hace es simplemente relegarlos al “oscurantismo” y lo que se consigue es que sigan funcionando en un paralelismo, entonces sí, descontrolado.

Desgraciadamente los movimientos fanáticos anti-vacunas, anti-mascarillas, anti-pandemia… dificultan enormemente, con su sinrazón y falta de alternativas (excepto ser “anti-”) frente a la realidad, un entendimiento con esos campos paracientíficos.

No obstante, como señala Cencillo: “cualquier mentalidad, cualquier estado de opinión y de creencia, cualquier formalización cultural del mundo y de su compresión pueden ser criticadas por otro individuo o por otro grupo, por mucho que se intente descalificarlos como herejes, revisionistas o anticientíficos”. Incluso cualquier individuo o grupo, por muy arraigado que se halle en sus creencias, convicciones y opiniones, desde las cuales valora y opta, ha de reconocer, si no se trata de fanáticos, la más o menos remota posibilidad de que las concepciones y mentalidades ajenas gocen de algún grado de probabilidad, o de que por lo menos, todos participen de algún [posible] grado de verdad”.

Y por esto la Medicina debería de aplicarse lo que dice Cencillo de la antropología “ha de tratar de hacerse con toda la información posible y a todos sus niveles de procedencia que refleje las dimensiones, naturaleza, funciones y propiedades complexivas de su objeto”. Y en ambos ámbitos se trata del ser humano, que en el caso de la Medicina está enfermo.

El ser humano sano o enfermo se sustenta en la complejidad del ámbito neurocultural. Y la medicina no puede olvidarse de la necesidad de respuesta socio-cultural en la enfermedad ni de las influencias de otras culturas en la actualidad: “la cultura no es la resultante casual de una actividad humana periférica, sino la objetivación de toda la fuerza vital, mental, emocional, expresiva y económica del grupo y del individuo.

 Cultura significa un modo de realidad [una concepción del mundo] y si suprimimos con la imaginación todo lo cultural, el mundo en el que el hombre se mueve y vive se desintegra por completo y no es posible imaginar siquiera a un solo hombre existiendo fuera de la matriz cultural”.

Y sigue nuestro autor: “las energías individuales sin las canalizaciones  colectivas se dispersarían amorfamente, pero las canalizaciones colectivas sin las energías individuales se quedarían en cauces secos que nada fecundan: les faltaría precisamente la energía productiva”.

Y tengamos además en cuenta, que no todo es ciencia y no todos los procesos humanos son tecnificables, ni mediante la técnica llegamos a comprender todo lo que le ocurre al sujeto sano o enfermo. Como señala nuestro autor: téngase muy en cuenta que sin el acompañamiento o colaboración del inconsciente en todas las operaciones humanas, ninguna de éstas iría lo suficientemente vitalizada de espontaneidad ni de proyectividad. Sin esta verdadera anticipación irrefleja y activa de la intimidad preconsciente el ser humano no acertaría nunca con la realidad ni con las respuestas debidas a sus solicitaciones. En virtud de su inconsciente el ser humano se organiza en un sistema de respuestas coherente con la realidad que las más de las veces  y, según se dice vulgarmente, “como por un instinto u olfato especial” se precede y se anticipa a la reflexión.

La tendencia de jóvenes generaciones de descalificar las vigencias sociales llamándolas “convencionales” -señala nuestro autor- es banal y confunde frívolamente algunos aspectos fundamentales de la realidad humana. Sin el arrastre histórico de las vigencias sociales cada individuo por sí solo no hubiese sido jamás capaz de rebasar el estadio de lo mágico o, tal vez, el del prehomínido. Hasta la satisfacción de las mismas necesidades biológicas es de carácter tradicional y aprendido desde una sociedad determinada. El “salto”, más allá de la pura animalidad, dotó al hombre de una estructura psíquica específicamente humana que no habría llegado nunca a activarse, hasta hacerla capaz de rendimientos culturales característicos humanos, de no haberse ido acumulando a lo largo de siglos o milenios una experiencia colectiva, es decir, creando vigencias históricas.

Y gracias a su historicidad, a diferencia de los animales, el ser humano se plantea, cuando ha de enfrentarse a nuevas circunstancias no previstas ni determinadas, si debe o no debe hacerlo y si es necesario el cambio o la abolición de lo actualmente fáctico. El hombre es capaz en esta dialéctica tanto de asumir vigencias históricas como de abolir versiones distintas de su probable actualidad.

Al decir de Cencillo el ser humano “gracias a su “negatividad” puede anular o recrear realidades que rechaza, aunque corre riesgos pues la capacidad que las realidades tienen para ser negadas es limitada.

Aquí viene al caso todas las “negaciones” psicológicas que se producen como mecanismos psíquicos de defensa y que en ocasiones originan verdaderos problemas psiquiátricos cuando se crea un conflicto entre ésta y la imposición fáctica ineludible. A veces incluso la necesidad de evitar la angustia es tan potente que se produce una realización fantástica de la realidad, con las consecuencias de inadaptación a lo que le es impuesto necesariamente por las vigencias o por las circunstancias.

La negación y la realización fantástica suponen la inexistencia de algo para el negante, pero no por eso deja de existir lo negado, y si la fricción con la realidad es muy grande implica así mismo una inadaptación inviable.

El problema muchas veces está en la autenticidad del proyecto vital, en la capacidad de cada persona de elección genuina. Y esto  hay que hacerlo dentro de nuestro contexto neurocultural. En este sentido señala Cencillo cómo el ser humano tanto a nivel individual como de grupo y de generación ha de elegir, y con esta elección se conforma una concepción de sí mismo y del estilo de vida, y así la historia en una gran parte resulta de la evolución de las concepciones mismas del hombre y de la vida (sociedad, política…).

La libertad en la que el hombre existe si bien de un lado le hace superior a sus condicionamientos biopsicosociales, de otro le sitúa en una posición constante de inseguridad, de no poder atenerse nunca a lo dado fijo y experimentado y -señala Cencillo-  sobre todo le coloca en el disparadero de proyectarse vanamente sobre la nada, de polarizar sus energías hacia lo irreal e irrealizable y así formalizarse mundos falsos.

 Y esto puede ocurrir también cuando la técnica y el mundo afín a ella le provee de un cúmulo de necesidades que no puede satisfacer: “la técnica no puede satisfacer las necesidades del hombre sino creándole otras nuevas… pues la técnica viene a suponer una objetivación material y gratificante de las posibilidades humanas, y se crea en él la ilusión de que se está realizando, autorrealizando, cuanto más se enajena en su meras obras”.

Y así se produce el desfondamiento humano. Este concepto estructural y vital que desarrolla L. Cencillo es una de las claves para entender su preocupación por lo humano.

Absolutamente todo flota en la indeterminación y ambivalencia del desfondamiento humano.

 No estaría desfondado si se encontrarse en posesión de un fondo determinado de ideas, de criterios y de tendencias, fijo de una vez para siempre e inamovible, que respaldase su proceso histórico, sus comportamientos y sus opiniones. Mas, este fondo nunca le viene dado de modo espontáneo sino que es cada individuo o cada grupo o generación quien ha de asumirlo libremente con el riesgo de equivocarse.

Es, pues, necesario asumir convicciones y aun criterios lógicos, pero ninguna convicción o criterio se impone necesariamente. Esta absoluta inestabilidad del hombre que no puede situarse relajadamente ni siquiera en la pura negación de toda tensión y toda certeza es lo más puro del desfondamiento que le caracteriza.

El hecho de que el ser humano carece de una base naturalmente dada, de una vez para siempre es lo que denominaremos desfondamiento, y no se trata de un sentimiento y menos aún de una “crisis” de convicciones, sino de una condición universal e inmutable del ser humano en cuanto tal.

La lucha que mantiene el mismo hombre consigo para clarificarse es la que motiva la evolución de la filosofía, las ciencias, las religiones, los mitos y las ideologías, durante la cual la mente humana flota en la incertidumbre. Y todo ello no es sino la manifestación más evidente del desfondamiento de la consciencia y de la mente humana.

En virtud de su desfondamiento, el ser humano no puede proceder exclusivamente a base de principios lógicos y éticos abstractos o de certezas científicas.

Pero en definitiva, este desfondamiento que nos ha originado tanta inestabilidad e incertidumbre, y en determinadas épocas se hace más patente, como en la actual, aunque siempre esté ahí, no es negatividad, pues por su parte positiva obliga a un esfuerzo por avanzar por encima de las fijezas naturales. Por esto señala Cencillo: “el ser humano es en sí mismo desfondamiento creador de impactos culturales en sus circunstancias”. La cultura es un pivote necesario pues nos da una perspectiva donde enfocar “la infinitud desfondada de la realidad del hombre”[2]

Y con ello, para terminar, nos veríamos obligados ahora a plantearnos en todos los supuestos que hemos hablado cómo quedan éstos en el mundo planetizado multicultural. Pero eso ya es otra, difícil, cuestión.

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[1]   Luis Cencillo Ramírez. El hombre, noción científica. Ediciones Pirámide, Madrid 1978. Es nuestra obra de referencia.

[2] La mayoría de las frases que hacen referencia al desfondamiento están escogidas literal o casi literalmente de la obra de Luis Cencillo.

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RELACIÓN ENTRE EL TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIÓN CON HIPERACTIVIDAD Y EL TRASTORNO POR CONSUMO DE SUSTANCIAS (REVISIÓN)


Carlota Rojo-Valdemoro, Juan Rojo-Moreno, Jesús A. Santolaya Prego de Oliver

Publicado en: Revista Española de Drogodependencias 46 (1) 21-41. 2021.

Introducción:

Existe una elevada comorbilidad entre el trastorno por déficit de atención e hiperactividad
(TDAH) y el trastorno por consumo de sustancias, asociando una mayor gravedad
de las adicciones, menor edad de inicio del consumo, así como una mayor cronicidad de la
drogodependencia. En los pacientes con patología dual el tratamiento resulta ser una tarea compleja, por lo que la eficacia farmacológica ha sido objeto de múltiples estudios académicos en las últimas décadas. Objetivos: El objetivo principal es realizar una revisión bibliográfica acerca de esta comorbilidad, para conocer si el TDAH se considera un factor de riesgo en el desarrollo de un Trastorno por Consumo de Sustancias (TCS) en la adolescencia y en la edad adulta. También se pretende examinar si el tratamiento farmacológico del TDAH previene el desarrollo de TCS y si es segura su prescripción en pacientes con dicha comorbilidad. Metodología: Se realizó una búsqueda bibliográfica principalmente en la base de datos PubMed, en la que se introdujeron las palabras clave y se aplicaron los criterios de inclusión y de exclusión. Resultados: Los pacientes con TDAH tienen más riesgo de desarrollar dependencia al alcohol (OR 2,31), a la nicotina (OR 2,28) y al cannabis (OR 1,73); así como de desarrollar un TCS (OR 2,49) en la edad adulta.

Conclusiones:
El TDAH es un factor de riesgo para padecer un TCS, siendo seguro el tratamiento en
pacientes con patología dual además de mejorar la drogodependencia.

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Introduction:

There is a high comorbidity between attention deficit hyperactivity disorder (ADHD) and substance use disorder, with a higher severity of addictions, an earlier age on the onset of the consumption, as well as an increased chronic drug dependence. In patients with dual pathology treatment appears to be a complex task, causing the pharmacological efficacy to be object of study of multiple academic studies in the recent decades.

Objectives:
The main objective is to carry out a literature review on this comorbidity, in order to know
if ADHD is considered a risk factor in the development of a Substance use disorders (SUD)
in adolescence and adulthood. It is also intended to analyze whether the pharmacological
treatment of ADHD prevents from the development of SUD and whether its prescription
is safe in patients with such comorbidity. Methodology: A bibliographic research was carried
out mainly in the PubMed database, in which the keywords were introduced, and the inclusion
and exclusion criteria applied. Results: Patients with ADHD are at greater risk of developing
dependence on alcohol (OR 2.31), nicotine (OR 2.28) and cannabis (OR 1.73); and developing
a substance abuse disorder (SUD) (OR 2.49) in adulthood.

Conclusions:

Attention deficit hyperactivity disorder is a risk factor for developing a substance abuse disorder, being the treatment safe in patients with dual pathology as well as improving the drug dependence.

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Para ver el artículo completo publicado en: Revista Española de Drogodependencias 46 (1) 21-41. 2021 v46n1_rojo.pdf (aesed.com)

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ENAMORAMIENTO Y AMOR (DESDE ORTEGA Y GASSET)


Juan Rojo Moreno

J. Ortega y Gasset realizó diversos planteamientos sobre el amor y Revista de Occidente en su colección “el Arquero” recoge los diversos ensayos que nos sirven como referencia, sin ser esta aportación un resumen de la obra. [1]

La manera como ahora entendemos el amor  (con todas las variantes que le han dado tanto los literatos, poetas…) no ha sido ni mucho menos la forma de significarlo en la historia. Realmente  señala Ortega como en la corte papal de Avignon (siglo XIV) fue la primera vez que entraron las damas a formar parte de la “sociedad”. Constituida en su mayor parte por dignatarios célibes, apareció en ella un tipo original de mujeres que llevaban una vida independiente y cultivada: eran las “cortesanas”.

Luego aparece el mágico poder de “encantar” en las mujeres y aún en el siglo XIX el concepto fundamental era que el hombre valía por lo que hacía, pero la mujer por lo que era: encanto.

Y Ortega a principios del siglo XX expresa esas ideas que venían arrastradas desde el XIX y que hoy en el s. XXI parecen -al menos en ciertas sociedades civilizadas, que no es así en toda la planetociedad (sociedad planetaria)-  en cierto modo caducas en relación con el desarrollo de la individualidad humana de los últimos 100 años, pero que están acorde con el contexto de su época, y así dice (1924): “el fuerte de la mujer no es saber, sino sentir… y unas mujeres certeramente apostadas en una sociedad, educan, pulen su persona, hasta hacer de ella un perfecto diapasón de humanidad, un aparato de precisión sentimental, un órgano de aguda sensibilidad…”. Pero aparte de estas ideas, tengamos en cuenta que el análisis profundo que hace del enamoramiento sirve igual para la actualidad.

Señala Ortega que: “un ensayo sobre el amor es obra sobremanera desagradecida. Si un médico habla sobre la digestión la gente escucha con modestia y curiosidad. Pero si un psicólogo habla del amor, todos lo oyen con desdén, mejor dicho, no le oyen, porque todos se creen doctores en la materia… existen razones sobradas para que las cuestiones de las que todo el mundo presume entender, amor y política, sean las que menos han progresado y prefieren callar los que mejor hubieran hablado”.

El enamoramiento lo concibe el psicoanalista C. G. Jung como una irrupción abrupta de un arquetipo inconsciente, que cada persona tiene del sexo opuesto al principal que se manifiesta en su personalidad. Así los varones tendrán un  arquetipo sexual femenino (lo denomina Anima) y las mujeres tendrán un arquetipo sexual masculino (lo denomina Animus). En el enamoramiento proyectamos nuestro propio arquetipo sexual en la persona objeto de él, y de ahí la perfección que se descubre en el enamorado o enamorada. Por esto cuando aparece la crisis del enamoramiento, a partir del primer año, lo que ocurre es que se retira el arquetipo (proyectado en el otro) y entonces se encuentra con la otra persona “real”. Ortega en 1924, sin entrar en factores inconscientes, ya señalaba que hay “dentro del alma femenina un imaginario perfil, el cual aplica sobre cada hombre: toda mujer lleva en su intimidad preformada una figura de varón, solo que ella no suele saber que lo lleva”.

 Ortega no abunda más ni desarrolla este concepto de forma igual para el hombre, como haría más adelante C. G Jung. Pero sí especifica que el “amor del enamoramiento” se caracteriza por sentirse “encantado” por otro ser y el sentirse absorbido por él hasta la raíz de nuestra persona, y señala (1925) que el enamorado vive, no desde sí mismo sino desde el otro.

En el enamoramiento no se produce, pues, un acto de voluntad  más o menos preformado, y por esto no podemos enamorarnos de quien no es posible, ni con la voluntad desenamorarnos cuando queramos.  Señala Ortega como en la práctica si vemos que en la persona amada la voluntad funciona, que “se hace reflexiones”, que encuentra motivos muy respetables para amar o amar menos, suele ser el síntoma más inequívoco de que en efecto no ama [no está enamorado].[2]

Ya anteriormente en el magnífico libro Del Amor, Stendhal (1822) desarrolla su teoría de la “cristalización” que coincide en gran manera con lo que refirió luego, de forma más elaborada, C. G Jung. Nos enamoramos (señala Stendhal) cuando sobre otra persona nuestra imaginación proyecta inexistentes perfecciones. Un día la fantasmagoría se desvanece y con ella muere el amor.

La teoría de la “cristalización” es idealista -señala Ortega- porque hace del objeto externo, hacia el cual vivimos, una mera proyección del sujeto; en esta teoría se reconoce que el hombre solo ama [se enamora] de lo amable, lo digno de ser amado, mas no habiéndolo en la realidad tiene que imaginarlo. Esas perfecciones fantaseadas son las que suscitan el amor [enamoramiento].[3]

Para Ortega el enamoramiento es un estado de miseria mental en el que la vida de nuestra conciencia se estrecha, empobrece y paraliza. Muchas veces se llama amor al “enamoramiento” que es un estado del alma complejísimo donde el amor, en sentido estricto, tiene un papel secundario. No se trata en el enamoramiento de un enriquecimiento de nuestra vida mental, sino todo lo contrario. Hay una progresiva eliminación de las cosas que antes nos ocupaban. Sin embargo, el enamorado tiene la impresión de que su vida de conciencia es más rica. Al reducirse su mundo se concentra más.

La elección de la persona amada supone que ha de donarse una relación de intus a intus, de ambas interioridades, por lo que no puede perdurar si no hay una cierta selección compatible con algunas características de nuestra intimidad. Y ha de recaer en alguien que también sea receptiva de nuestros propios aspectos íntimos.

 Por esto señala Ortega que en la elección de la amada revela su fondo esencial el varón; en la elección del amado la mujer. Es, pues, el amor, por su misma esencia, elección. Y como brota del centro personal de la profundidad anímica, los principios selectivos que la deciden son a la vez las preferencias más íntimas y arcanas que forman nuestro carácter individual.[4]

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En esta obra de Ortega y Gasset se nos introduce en la dificultad de hablar del amor. No es una recopilación de ensayos sobre el amor al uso, de poesía, etc. Creemos saber mucho sobre el amor cuando en realidad sobre él realmente mucho es lo que desconocemos: como, por ejemplo, cómo lo entendían los etruscos, de los que proviene la palabra amor, y en los romanos que la adquirieron siendo para Platón solo entendible en la relación varón con varón y difícil de imaginar entre los dos sexos diferentes (hombre, mujer). Luego se siguió utilizando esta palabra sin que tuviera el significado actual sino es a partir del siglo XII.

Bueno, lo de “significado actual” tampoco está muy claro pues ni a principios del siglo XX se podría haber leído cómo entienden el amor, y el enamoramiento los neurobiólogos, relacionado todo con la dopamina, la serotonina, la oxitocina…

A final no será cuestión de “amor” sino cuestión de neurotransmisión…

Para los interesados en  amor y neutransmisión, ver el documental “el amor más que un sentimiento”


[1] J. Ortega y Gasset. Estudios sobre el amor. Revista de Occidente 1966. La primera edición fue en 1940 pero es a partir de la 10ª que se recogen un número más amplio de estos ensayos.

[2] Al final del Capítulo sobre “Amor en Stendhal” señala Ortega que “al terminar este ensayo me importa recordar que he intentado en él exclusivamente describir un solo estadio del gran proceso amoroso: el “enamoramiento”. El amor es operación mucho más amplia y profunda. Todo amor transita por la zona frenética del “enamoramiento”; pero en cambio existe “enamoramiento” al cual no sigue auténtico amor: No confundamos, pues, la parte con el todo.

[3] Ortega en nuestra obra de referencia dedica todo un capítulo de “homenaje” a Stendhal, aunque no está de acuerdo en muchos de los conceptos de Stendhal, pero tengamos en cuenta que Ortega escribe este capítulo en 1926 y Jung tras la ruptura con Freud en 1914 es cuando se dedica a desarrollar más sistemáticamente sus ideas sobre el Inconsciente Colectivo y los Arquetipos hacia 1930, como por ejemplo: “Sobre los arquetipos de lo el inconsciente colectivo” (1934/1954) o “El concepto de inconsciente colectivo” (1936).

[4] Cierto que, señala Ortega, contra esta idea que en la elección amorosa revelamos nuestro más auténtico fondo cabrían innumerables objeciones, mas nuestro autor indica que las que él ha conocido le han parecido inoperantes, poco rigurosas o improvisadas por un juicio sin cautela.

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ANTROPOLOGÍA NEUROCULTURAL Y CUÁNTICA


(ANTROPOLÓGICAS)

Juan Rojo Moreno

Luis Cencillo escribe en 1978 su obra El Hombre, Noción Científica en la que nos plantea interesantes cuestiones antropológicas.[1]

La investigación de lo humano (Antropología) ha sido tan prolífera y complicada en cada una de las múltiples áreas que ocurre como con los coches modernos que sabemos qué es un automóvil, sabemos que tiene motor, ruedas, asientos… pero si tuviéramos que comprender cómo funcionan todos los microchips y todas las partes nos vemos tan perdidos como conocer cómo funciona una televisión “Q-led”. Igualmente hay tanto escrito sobre “lo humano” que más allá de saber que somos humanos no entendemos sino parcialidades que nos aportan distintas ciencias y saberes sobre nosotros mismos sin comprender realmente qué somos.

Por esto dice acertadamente Cencillo que “se impone un cambio de concepción, de intención y de métodos en la Antropología semejante a la que supuso para la Física y la Química tradicionales la revolución einsteniana y cuántica”. La paradoja de la antropología es que disponiendo de sinfinitas vías de penetración para conocer al hombre, no nos acaba de decir qué es el hombre y en qué consisten los proceso humanos, a diferencia de la Física que con muchas menos vías de penetración se atreve situarnos, sin apocamiento, en múltiples universos paralelos y con “teorías de las cuerdas” o la Teoría M del entendimiento “total” del universo tras el descubrimiento del Bosón de Higgs… que son indemostrables experimentalmente, siendo todo muy científico y haciendo autentico cosmo-humanismo y hasta teología sobre si existe o no Dios. La antropología, más “miedosa”, solo se atreve con parcialidades humanas a las que poder aplicarle el método científico, sin alcanzar a definir su propio estatus de complejidad.

Señala L. Cencillo que la denominada ciencia exige una cuantificación fisicomatemática (cuantificación, verificación, modelización matemática…) y cuando una investigación sociológica, antropológica, psicológica o clínica se aparta de este proceder se le considera como acientífica o incluso como “literaria”.

Es necesario que aparezca una nueva ciencia que incorpore todos los campos del saber “o se arbitran métodos específicos, con igual valor científico que la fisicomatemática, más adaptados al fenómenos humano o el fenómeno humano y el hombre no serán en absoluto susceptibles de reflexión científica”. En ella la modelización no ha de ser forzosamente matemática ni la verificación solo cuantificadora y el dato no ha de reducirse exclusivamente a medida.

 Sería perfectamente absurdo -insiste Cencillo- que el hombre y sus procesos y fenómenos no pudieran ser conocidos por el hombre mismo con el mismo rigor y control que los procedimientos científicos exigen, en su genuidad total… y quizá sea necesario arbitrar otro tipo de saber, igualmente riguroso y controlado, pero que no se llame “ciencia”. Lo que está en estos malentendidos es el prejuicio, nada justificado, de que una ciencia ha de versar acerca de objetos cósicos, tangibles y medibles y que los fenómenos más complejos y menos físicos no son susceptibles de un conocimiento riguroso, controlado y preciso.

La “verdad” científica, sigue nuestro autor, no es nunca absoluta ni definitiva y puede coexistir con otros “valores de verdad”. Hacer de la ciencia la base única de la certeza y el único modo de obtener conocimientos absolutamente válidos en todos los órdenes es absurdo pues no puede explicar totalidades complejas, porque no existe una ciencia total de la totalidad, y se limita a campos a puntos muy concretos de cada región. Esto es lo científicamente serio aunque no impide que en las distintas áreas científicas se construyan generalizaciones que no son verificables sino a gusto personal de los cultivadores de una disciplina concreta. [2]

Este problema es abundante en ámbitos de encaramiento ante lo humano, como ha ocurrido en la sociología, la psicología y la psiquiatría. En el primer campo las encuestas de opinión y de valoración permiten transmutar en números lo que la gente “piensa”, pero luego “se manejan” los números dando resultados en ocasiones sorprendentes. Realmente a muchos encuestadores no les interesa la opinión real sino la “orientación” (evidentemente hay otras ramas de la sociología más “serias”). En psicología ocurre algo parecido cuando usamos test y técnicas concretas de intervención psicológica: un profesional aplica una técnica y unos test determinados y puede trabajar con la persona desde una perspectiva, pero otro profesional utiliza otros test y diferente técnica y la perspectiva de trabajo cambia totalmente (y hasta cierto punto la “concepción” del hombre). En psiquiatría tenemos también un tanto cuando se utilizan solo criterios clasificatorios (tipo DSM o CIE) para definir la enfermedad y aplicar el tratamiento sin determinar el padecimiento en la biohistoria individual y situacional. Este problema ha hecho incluso que aparezca una corriente denominada “Nueva Psiquiatría” que no es tan nueva ni sólo psiquiatría pero significa una protesta ante la cosificación diagnóstica del enfermo psíquico (corrientes de este tipo ya ha vivido la psiquiatría en su historia: son “nuevos odres para vino añejo”).

Por ello, señala L. Cencillo: exigir de la Psicología o de la Antropología procedimientos experimentales exclusiva o prevalentemente para su validación como tales “ciencias positivas” es una ingenuidad metodológica pues entre otras cosas el objeto (el ser humano) además tiene historia.

Podemos preguntarnos ¿por qué existen tantas “antropologías”? Existe una antropología social, también cultural, existencial, filosófica…, y si bien estamos de acuerdo con lo expresado por nuestro autor, pero el problema de lo humano lo soslaya (en parte) cuando dice “primero asumir el objeto de la investigación [el hombre] y en función de él construir el método más adecuado a su naturaleza peculiar”. Ahí está uno de los grandes problemas del porqué se han fragmentado las antropológicas. ¿Cuál es la naturaleza del ser humano? Este asunto aún queda indeterminado, y como en el caso de la Teología Negativa que dice todo lo que NO es Dios, pero no llega a definir a Dios, pues aquí ocurre algo parecido: el ser humano (su naturaleza) NO es la bondad, la inteligencia, el habla, la fantasía, el pensar… siempre encontraremos algún ser humano cruel, malvado, menos inteligente, de mucho hacer (faber) y poco pensar o reflexionar… Si la antropología quiere que se le aplique una “Ciencia Total” antes deberá definir claramente  en qué consiste el objeto/sujeto al que se le aplica, es decir, su naturaleza.

Por esto señala Cencillo “no vamos a comenzar afirmando que existe un ser que es el hombre, tal como se le percibe sensorialmente y con unas propiedades muy determinadas. Pero lo que sí tenemos que afirmar es que a todos los niveles se nos da como objeto de percepción, de reflexión y de investigación un tipo especial de fenómenos específicos que clasificamos de humanos”.

 Siguiendo la tesis de Mühlmann de que “naturaleza y cultura no son planos antitéticos, sino meramente dispares: Naturaleza es solamente un potencial, mientras que Cultura es la manifestación del mismo”, considera Cencillo que es un error considerar ambas cosas separadamente como si alguna vez en la historia humana hubiese vivido algún pueblo en “estado de naturaleza” o como si en el ser humano se pudiese prácticamente localizar una “naturaleza” independiente de los demás aspectos comunicacionales, sociales diferenciados, psíquicos y, en definitiva, culturales.

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Luis Cencillo en su voluminosa obra, que nos ha servido de referencia, hace un profundo, intenso y apasionado intento de vislumbrar una nueva “ciencia” que fuese capaz de acercarnos al complejo ser que es lo humano.

Y en este sentido señala: ¿se nos hace necesario renunciar a una verdadera ciencia del hombre en cuanto humano?, ¿o habrá que contentarse con un saber científico pero reduccionista del objeto hombre (lo social, lo biológico, lo ecológico…)  que lo mutile y nos dé una “ciencia” no del hombre sino de un objeto imaginario y constructo convencionalmente preparado por el científico y por su ideología?

Un saber que no dejará de ser útil pues arroja unos resultados parciales válidos hasta cierto punto, y en determinadas regiones realizaría avances del conocimiento acerca del fenómeno humano. Pero no podría llamarse con propiedad Antropología pues no estudiaría al hombre en cuanto tal. Dado que el saber y la ciencia orientan la planificación de la vida colectiva y su ejecución y el objeto presentado por ella se constituye en paradigma de la praxis, el objeto de la antropología si aparece mutilado y falseado por la ciencia misma, tendrá como consecuencia inevitable la mutilación y la falsificación de los hombres concretos y vivos.

Se impone un modelo totalizador propio y específico de la antropología, un método que no provenga de ninguna otra ciencia (como ha venido sucediendo) sino de la antropología misma de acuerdo con la especificidad de su objeto: lo humano.

A mi entender, aún no ha fraguado esta posibilidad. Quizá con el tiempo y gracias a las mayores capacidades de integración que nos permiten los análisis dimensionales y cualitativos (y otros que desconozco) se pueda a partir del conocido Big-data (o nuevas creatividades) tener una imagen más cercana y real del todo humano o de los filtros humanos.

Y quizá, para conocer una imagen del hombre no solo nos venga bien lo vivencial, lo situacional, lo biológico, lo neurocultural…, quizá tengamos que llegar a integrar en esa “nueva ciencia” cómo crea en su naturaleza incluso lo más minúsculo de su constitución: el mundo cuántico. Quizá la Antropología (completa) haya de nutrirse también de una parte aún olvidada para ella e inalcanzada: de una Antropología cuántica.

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[1] Luis Cencillo Ramírez. El hombre, noción científica. Ediciones Pirámide, Madrid 1978. Es nuestra obra de referencia. Agradezco a un “amigo” de años del mundo de la comunicación la recomendación de leer a L. Cencillo.

[2] Ya lo decía Gabriel Marcel en “Los Hombres contra lo Humano”: la civilización occidental, en su última fase de progreso, ya no es consciente del individuo, y nada permite esperar que alguna vez llegue a serlo. Esta sociedad no conoce únicamente más que algunas de las dimensiones del individuo; para ella, no existe el hombre integral tomado individualmente. El occidente ha creado una sociedad semejante a la máquina. Obliga a los hombres a vivir en el seno de esta sociedad y a adaptarse a las leyes de la máquina. Cuando los hombres se parezcan a las máquinas, entonces no quedará ya hombre sobre la tierra”.

Hoy ya no es solo la “sociedad occidental”. Si nos descuidamos igual los hombres conseguimos vencer a “lo humano”, aunque no sabemos si como “máquinas” seremos capaces de sobrevivir.

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DESDE LA SALPETRIER A LA PSICOLOGÍA Y PSIQUIATRÍA “DE LAS MASCARILLAS”


J. Rojo-Moreno

ML. García-Merita

Las distintas revoluciones en la relación profesional ante la enfermedad han supuesto desde tener que defender al enfermo, creándose por primera vez en Valencia (España) por el Padre Jofré en 1409 la primera institución que protegía a los “locos” y marginados de la sociedad, a que unos siglos después se produjera la tremenda y simbólica liberación de las cadenas de los enfermos en la Salpêtrière realizada por Pinel.

Ciertamente -señala G. Didi-Huberman (2018)- Pinel liberó a las locas de la Salpêtrière, las sustrajo de su puro secuestro, pero esta apertura supuso también una inserción: inventó el Asilo como “pequeño gobierno”, según solía llamarlo, con su “jefe de policía interna” y siempre con sus “celdas”, “celdillas”, “calabozos”, “jaulas de locos y mazmorras”. E incluso en calidad, no de médico, sino de vigilante fue como entró Esquirol (discípulo de Pinel) en la Salpêtrière en 1811.

Cuidar ahora sin cadenas era “internar” y se justifica que ya no se les “somete” a la organización del asilo, sino que sencillamente entran allí.

La psiquiatría que se desarrollaba en esas épocas era en relación con el paciente totalmente ex-visu. Se les veía, clasificaba y si era preciso se les internaba o entraban en el asilo correspondiente. Poco se conocía del paciente: sus síntomas, su demencia o idiocia, como ocurría con las tres mil mujeres encerradas en la Salpêtrière desde 1690 “diagnosticadas” de vagabundas, “mujeres caducas”, “viejas pueriles”, epilépticas, “mujeres chochas”, contrahechas e incorregibles…

En este brevísimo recorrido histórico tenemos que saltar ya hasta Sigmund Freud cuando aplica un método a los pacientes no solo “ex visu”, sino fundamentalmente “ex auditu”. Es decir, ya por primera vez en la historia se realiza una escucha del paciente, de su patología y de aspectos de la vida que interesaban al psicoanálisis. Al menos el avance fundamental es que el paciente es escuchado como persona que tiene historia.

         El diálogo anamnésico anterior a Freud era solo testifical; el enfermo contaba o describía al médico algo de lo que había sido testigo pasivo, una enfermedad infantil, un dolor lumbar, etc. Por obra de Freud la anamnesis se hace también interpretativa y el coloquio anamnésico se extiende a zonas de la intimidad del enfermo hasta entonces inexploradas (proyectos de vida, creencias, sentimientos y recuerdos recónditos, etc.). Además, la palabra deja de ser solo un instrumento de pesquisa y se convierte en agente terapéutico: Freud introduce en medicina con una importancia inédita la psicoterapia verbal.

Esta línea fue luego más desarrollada por el psiquiatra K. Jaspers cuando realiza su método de “la comprensión” de los motivos de la vida para entender la enfermedad y cuando un poco más adelante Max Scheler aporta también la comprensión emocional.

Todo esto supuso que la relación profesional en la salud fuese a la vez visual, teniendo al paciente delante, y muy auditiva que complementaba a la visual y además histórica-emocional. El paciente era psicobiografiado para conocer el sentido de su enfermedad y cómo los acontecimientos pasados eran expresados. Con V. von Weizsäcker culmina todo esto en la concepción de una Medicina Antropológica.

Desde entonces psicólogos y psiquiatras hemos trabajado conjuntamente para detectar y curar las enfermedades que la vida nos originaba escuchando al paciente, pero también mirando su cara, es decir atendiendo a la comunicación no verbal. Mirando sus gestos y su expresión general podríamos no solo entender mejor su enfermedad, sino también valorar el grado de sufrimiento de estas enfermedades. Como señala Emmanuel Levinas (1961) en relación con “el rostro”: “el rostro se ha vuelto hacia mí y esa es su misma desnudez… hay allí entre el otro y yo una relación que está más allá de la retórica”.

         La relación terapeuta-paciente no es solo del paciente dirigida hacia el terapeuta, sino que también el terapeuta, ya sea psicólogo o psiquiatra, en su manera de responder a las expresiones del paciente establece un vínculo terapéutico nuevo que es interaccionante.

El terapeuta no solo interpreta lo que dice el paciente sino además cómo lo dice. Es decir, atender a la comunicación no verbal es tan importante como la escucha de la verbal.  Pero, no solo es importante que el terapeuta atienda a la comunicación no verbal de su paciente, también él puede transmitirle al paciente aspectos cruciales para la cura, a través del lenguaje no verbal. De forma que el paciente ingiere los rasgos del profesional, su énfasis, sus tonos de voz, sus expresiones, la “seguridad” de que puede curarse cuando el terapeuta en su tono, en su cara y en su voz le está diciendo que sí es posible. De hecho, el establecimiento del rapport, tan importante para toda psicoterapia, se logra en gran medida con la comunicación no verbal del terapeuta. Todo esto es método terapéutico, más allá de que “el primer acto del tratamiento es el acto de dar la mano al paciente” (Von Leyden).

Cómo responde el paciente ante el terapeuta, ante los gestos que realiza, el énfasis en la voz, el cómo le mira y la sonrisa de comprensión o la expresión de desacuerdo, entra en al ámbito terapéutico. Más allá de que le recetemos o no una medicación, en el caso del psiquiatra. Cosa que nunca la hacemos, a un humano robotizado como si fuera un programa  informático, sino a un humano sufriente que está expresando su enfermedad y detectando nuestra respuesta ante la misma. En el caso del psicólogo, no solo entra en el ámbito terapéutico, sino que es fundamental a lo largo de todo el proceso. No hay nada más negativo para la relación terapeuta-enfermo que un rostro amímico. Lo que diríamos en lenguaje vulgar “poner cara de póker”.

Ahora se ha producido una nueva revolución impuesta por las circunstancias de la pandemia Covid 19 que está asolando a toda la humanidad. Ahora, por obligación, tenemos que trabajar con mascarillas tanto los pacientes como los terapeutas (excepto en las consultas mediante video llamadas, pero esto es otro tema que también tiene sus importantes limitaciones al no ver al paciente en su totalidad sino solo su cara, fundamentalmente, y además se pierde la naturalidad de la “presencia” delante uno con el otro).

El uso de mascarillas en el contexto terapeuta-paciente dificulta significativamente una parte importante de la comprensión de la enfermedad. Los diagnósticos genéricos tipo DSM o CIE que se basan en unos cuantos síntomas determinados y en una relación de tiempo, quizá no sean difíciles de alcanzar, en principio, cuando oímos al paciente expresar sus quejas o síntomas. Pero la relación terapéutica no es solo diagnosticar, sino que en todo su contexto se establece una conexión de intimidad, una empatía que se detecta en posturas y fundamentalmente en las expresiones que nos manifiesta el paciente, tanto las verbales como las paraverbales. E igualmente ocurre con las expresiones que el terapeuta manifiesta, no solo las que dice sino cómo las dice y cómo llegan a ser entendidas por el paciente. Con el uso de mascarillas en la entrevista profesional no detectamos muchas de estas interacciones. A más de uno nos ha ocurrido que cuando nos despedimos del paciente nos queda un sinsabor de no poder detectar real y claramente la satisfacción o no del mismo ante las pautas terapéuticas o su sentimiento ante el pronóstico que le estamos ofreciendo tras la entrevista.

Con las mascarillas, en el contexto terapéutico en psicología y psiquiatría, volvemos más a esa concepción auditiva ya antigua que empezó a desarrollarse a finales del siglo XIX, pero perdemos la calidad de la relación “ex visu”, aunque ahora tengamos más recursos para los tratamientos.

La aportación desde Freud de añadir a la terapéutica tanto la significación ex visu, que ya venía de antiguo, como también la “ex auditu” supuso un avance importante. Ahora se queda esa relación hipertrofiada en lo que “oímos” desde el paciente y nos oye a nosotros, pero sin la complementariedad visual completa. Solo contactamos con los ojos, y ya sabemos que la mirada, en ocasiones, puede resultar inquisitiva o amenazante. En diversos estudios antropológicos se ha comprobado que el mirar fijamente tiene efecto amenazante (Eibl-Eibesfeldt). Por ello, cuando no existe esa intención, se producen ciertos gestos apaciguadores, como bajar los párpados, sonreír, inclinar la cabeza. Esa conducta innata podemos observarla cualquiera de nosotros cuando alguien nos saluda desde lejos. La persona que nos mira, eleva ligeramente las cejas, echando la cabeza para atrás, y nos enseña una mano levantada con la palma hacia nosotros, al mismo tiempo que realiza una leve sonrisa.

Además, aún no tenemos práctica para manejar la mirada sin la ayuda del resto del rostro. Es por ello que esa falta de complementariedad visual provoca que se establezca  una mayor frialdad en la relación terapéutica. 

Habrá que valorar, con el tiempo, cómo esta obligación de usar mascarillas ha influido en la relación terapeuta-enfermo por el anonimato mímico.

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ESCUELAS FREUDIANAS: K. Abraham, M. Klein, O. Rank, F. Alexander


Juan Rojo Moreno

         Sigmund Freud marcó el inicio de una época en la que la psiquiatría se hizo fundamentalmente “auditiva”, no solo había que observar los comportamientos de los enfermos psíquicos sino además escucharles y no solo sus vivencias sino también su historia vital. Realmente no fueron historias piscobiografiadas, pero si tenidos en cuenta los elementos de la vida que el paciente expresaba en relación a la interpretación y relación con la libido (o sexualidad) en el caso freudiano. Alrededor de Freud surgieron grandes psicoanalistas, algunos como C. G. Jung y A. Adler acabaron formando sus propias escuelas muy diferenciadas de Freud. Pero también otros grandes psicoanalistas “más o menos” mantuvieron la estructura de Freud para entender el inconsciente y la patología en los pacientes. Cuatro de ellos fueron K. Abraham, M. Klein, O. Rank y F. Alexander.

Estos apartados los he desarrollado más ampliamente y lo más pedagógicamente posible y esquematizados en este enlace en PDF 

Haciendo aquí un resumen:

KARL ABRAHAM (1877-1925)KARL ABRAHAM

Hizo aportes significativos en relación con la evolución de libido y las psicosis maniaco-depresivas. Quizá una de sus aportaciones más importantes se refiere a la formación del carácter y a la evolución del mismo. Para esta autor al existir las Fases Oral, Anal y Uretral, existirían unos rasgos que determinados por estas fases quedarían vinculados al ellas. Así habló del Carácter Oral, Carácter Oral y Carácter Uretral o Fálico.   

MELANIE KLEIN (1882- 1960)

MELANIE KLEINEsta autora ya escribió que “una de las muchas experiencias interesantes y sorprendentes del principiante en el análisis de los niños, es encontrar incluso en niños muy pequeños una capacidad de visión que a menudo es mucho mayor que la de los adultos”.

Trabajó sobre todo con niños neuróticos con edades comprendidas entre los 3,4 años y los 12 años. Afirmó que el acontecimiento decisivo (que Freud reconocía en el Complejo de Edipo) para ella era anterior a la etapa genital y que se podía enmarcar en la Fase Oral entre los 3 y los 6 meses de vida.

La vida mental del lactante es rica en fantasías inconscientes y a los 6 meses de edad ya es capaz de amar, odiar, desear y agredir.

A este respecto señala A. Sánchez-Barranco Ruiz,2004 que para Klein el conflicto intrapsíquico no es fruto del enfrentamiento entre el deseo pulsional y la defensa (entre el ello y el yo/superyó), sino más bien una encarnizada lucha entre las pulsiones de amor y odio respecto a los objetos, lo que aboca en el establecimiento de las dos posiciones básicas del primer año de la vida, las cuales quedan definidas por sus particulares deseos, ansiedades y defensas, conduciendo a unas específicas fantasías, que expresan las más variadas conflictivas tanto con los objetos internos como con los externos.

OTTO RANK (1884- 1939)

         OTTO RANK Considera que el acontecimiento decisivo para la producción de la angustia primaria y la posterior formación de síntomas neuróticos era el “Trauma del Parto”, entendido no desde el punto de vista físico sino desde el punto de la vivencia psíquica pues se producen una serie de factores emocionales en el nacimiento.

En relación con la Voluntoterapia. Para hacer frente a esta angustia el ser humano tiene la Voluntad “una organización directriz de la persona capaz tanto de utilizar creativamente como inhibir sus impulsos”.

Su método “el tratamiento por la voluntad” o Voluntoterapia, consiste en lograr que el individuo ejerza su voluntad positiva. Se hace un análisis en profundidad del paciente para que conozca y haga un uso gradual de los tres tipos de voluntades:

1) La fase de voluntad negativa o contra-voluntad.

2) La fase de voluntad competitiva

3) La fase de voluntad positiva.

FRANZ ALEXANDER (1861-1994)

FRANZ ALEXANDERSe le considera el “padre” de la psicosomática psicoanalítica y cofundador de la criminología psicoanalítica. Distingue 3 funciones fundamentales:

1) La ingestión, relacionada con la parte superior del tracto gastrointestinal, predomina en las primeras fases de la vida.

2) La retención, relacionada con las zonas medias del tracto (estómago e intestino delgado) se da fundamentalmente en las etapas finales de la vida.

3) La eliminación. Tramos finales del tubo digestivo (intestino grueso, recto, ano) se presenta fundamentalmente en la etapa productiva del individuo.

En su concepto de Neurosis, rechaza las teorías del Eros y Tánatos de Freud, sustituyéndolas por una “Concepción metabólica de la vida”, como un proceso consistente en una “construcción anabólica y una destrucción catabólica” continua de biomoléculas complejas.

Explicó las líneas psicopatológicas de la úlcera y también de la diarrea, de la hipertensión…

Cierto que Alexander prosigue de una forma consecuente el positivismo freudiano, pero al representar los conflictos como tensiones emocionales desatiende totalmente los problemas acerca de la estructura (instancias) y de la diversidad cualitativa y cuantitativa del Ello, del Yo y del super-Yo y solo emplea los resultados obtenidos por Freud como medio dialéctico.

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Como he señalado al principio estos autores están  esquematizados con más detalles acerca de sus teorías en este enlace

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CONSUMO DE DROGAS Y CONFINAMIENTO/ESTADO DE ALARMA COVID-19


Juan Rojo Moreno

Director  de la Revista Española de Drogodependencias.

(publicado como Editorial en la Revista Española de Drogodependencias https://www.aesed.com/upload/files/v45n3_editorial.pdf )

         No va a ser fácil conocer lo que ha ocurrido durante los confinamientos/ estados de Alarma/ Emergencia/Calamidad y el consumo de drogas. Evidentemente las conductas adictivas han seguido en todo el mundo y como se señala en el Informe sobre el consumo de drogas en cuarentena (encuesta a 1239 consumidores): “La cuarentena ha implicado un cambio en la manera como las personas se relacionan con las sustancias psicoactivas desde su adquisición hasta su consumo. Este cambio abrupto ha tenido un impacto directo sobre la salud pública, que se manifiesta en el aumento del consumo, la abstinencia, la productividad y el teletrabajo, el manejo de la ansiedad, la sobredosis y la convivencia”.[1]

Más que respuestas obtenidas con estudios controlados, tenemos sobre todo preguntas, muchas sin responder, y la información nos viene dada por distintos organismos.

Así, Núria Calzada coordinadora del proyecto Energy Control-ABD, en Marzo de 2020 señala que podrían darse problemas en el tráfico de drogas debido a la interrupción de la importación de precursores, sustancias a través de las cuáles se sintetiza las drogas y que proceden, en su mayoría, de China: “Dependerá de la sustancia, no es lo mismo el cannabis que se puede producir a nivel local que la cocaína que es importada…El éxtasis, que se consume en locales de ocio nocturno, ha caído”. Igualmente la directora de la entidad Metzineres en Barcelona, Aura Roig, constata que “el precio está subiendo muchísimo y los traficantes son más selectivos con los clientes”.[2]

En Junio de este año, el Informe mundial sobre las drogas 2020 de la UNODC señala que COVID-19 tiene un impacto de gran alcance en los mercados mundiales de drogas y la pandemia ha provocado escasez de opioides, lo que a su vez puede hacer que las personas busquen sustancias más fácilmente disponibles, como alcohol, benzodiacepinas o que se mezclen con drogas sintéticas.  Y también las operaciones de interceptación y la cooperación internacional pueden perder prioridad, lo que facilita la operación de los traficantes.[3]

En relación con el consumo de alcohol no tenemos datos  directos de las grandes empresas de alimentación, aunque siguiendo la idea de UNODC debemos suponer que ha habido un aumento de las ventas y consumo del mismo. La  OMS sensible a este problema ya señaló en Abril de 2020 que el consumo de alcohol aumenta el riesgo de lesiones y violencia, incluida la violencia de pareja. En momentos de encierro durante la pandemia de COVID-19, el consumo de alcohol puede exacerbar la vulnerabilidad de la salud, las conductas de riesgo, los problemas de salud mental y la violencia, y además  recuerda la OMS que beber alcohol no protege del COVID-19 y alienta a los gobiernos a hacer cumplir las medidas que limitan este consumo.[4]

Los datos que se aportan por la breve encuesta europea sobre consumo de drogas en el contexto de la pandemia por COVID-19 (Mini-EWSD-COVID-19), realizada por el EMCDDA (Observatorio Europeo de las Drogas y las Adicciones) entre el 8 de abril y el 31 de mayo de 2020 a través de internet, parece indicar que en conjunto ha disminuido el consumo de alcohol (pero se está refiriendo a la población general que haría en muchos casos un consumo moderado o esporádico en bares y restaurantes por lo que no sabemos qué ha ocurrido en los consumidores más habituales de cantidades significativas).[1] Ha aumentado el consumo de videojuegos y debemos entender que también las adicciones comportamentales vía internet. No obstante concluye este estudio que “estos resultados preliminares sugieren que las medidas impuestas para el control de la epidemia por COVID-19 han tenido un impacto sobre los consumidores de sustancias psicoactivas que, en términos generales, han cesado o reducido su consumo, si bien el consumo tecnológico se habría visto incrementado. Sin embargo, a la hora de interpretar estos resultados es importante tener en cuenta las limitaciones que presentan las fuentes disponibles, que no permiten realizar generalizaciones al conjunto de la población española”.[5]

Señala el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (NIDA) en EEUU que las personas con trastornos por el abuso de drogas son más susceptibles al Covid19 y a sus complicaciones. Además, la investigación publicada en ‘Molecular Psychiatry’, financiada por los Institutos Nacionales de la Salud, aboga por desarrollar planes de acción para ayudar a protegerlos de infecciones. Si bien los individuos con trastornos por abuso constituían el 10,3% de la población total del estudio, no obstante, representaban el 15,6% de los casos de COVID-19. Los pulmones y el sistema cardiovascular a menudo están comprometidos en personas con TUS (Trastorno por Uso de Sustancias), lo que puede explicar parcialmente su mayor susceptibilidad al COVID-19. Otro factor que contribuye es la marginación de las personas con adicción, lo que les dificulta el acceso a los servicios de atención médica. [6]

La crisis mundial que empezó en 2008 fue motivada primariamente por un problema de “salud del sistema económico”. Produjo un impacto muy negativo y miserias en la mayoría de los países del mundo y en consecuencia las “instituciones” han intentado reforzar los sistemas bancarios y económicos para que estén prevenidos y no ocurra otro desastre como aquel. La crisis mundial del Covid-19 ha sido motivada primariamente por un problema sanitario “de salud” que ha originado un alto nivel de pérdidas y sufrimientos humanos así como un nuevo desastre económico aún mayor que en el caso de 2008. ¿Tomarán  iguales medidas los sistemas sanitarios y de prevención a nivel planetario para que una cosa así no vuelva a ocurrir o seamos capaces de minimizar sus efectos?

¿Ha habido más muertes por infarto de miocardio durante esta pandemia debido a la falta de atención de estos pacientes? ¿Ha habido muchos más casos de ansiedad, agotamiento y depresión, menos diagnosticados y tratados debido también a la pandemia? ¿Y casos de cáncer que han aparecido en fases más avanzadas o que han dejado de tratarse? Y así seguiríamos con un largo etcétera de preguntas.

¿Ha habido muchos más casos de adicciones que no han sido diagnosticadas y tratadas, o que han sido dejadas de tratar, debido a esta crisis sanitaria?

Las respuestas con datos y trabajos rigurosos no las tenemos aún pero la experiencia clínica parece mostrar que las respuestas irán en la dirección de un “sí” para la desatención de muchas enfermedades.

Los sistemas sanitarios han de preparase para controlar o minimizar otra epidemia totalizadora (pandemia), pero no solo es cuestión de atender los sufrimientos y desastres sanitarios de los afectados por la epidemia/pandemia en concreto, sino también de las otras patologías.

¿Cuántas patologías respiratorias, digestivas, traumatológicas, psiquiátricas… no han sido atendidas?

Muchas preguntas aun sin responder. Pero la sanidad ha de ser un sistema de detección, prevención y curación de “todas las enfermedades”. Esperemos que seamos capaces de mejorar, en un futuro, el sistema sanitario para “todos” los pacientes, pues tanta verdad hay en el fallecimiento de una persona por Covid-19, como en la que se suicida o en la que tiene un infarto… y no es digno que esto pueda ocurrir por desatención.

Y todo esto es válido para todas las clases sociales y profesionales pues como señala la American Psychiatric Association  en sus continuos comunicados: Los médicos experimentan tasas más altas de angustia psicológica e ideación suicida que la población general…, e informa que los pacientes con Covid-19 también muestran síntomas de trastornos psiquiátricos, incluidos psicosis y depresión. Una encuesta de más de 1200 enfermeras y médicos que trabajan en hospitales reveló que más del 50% tuvo síntomas de depresión y más del 70% informó síntomas de angustia psicológica.

Y esto seguro que podrá ser aplicable, con estadísticas, a profesionales y pacientes de las distintas ramas de la medicina y a sus patologías.

BIBLIOGRAFÍA


[1] En la encuesta ya mencionada, el Informe sobre el consumo de drogas en cuarentena (encuesta a 1239 consumidores) entre los consumidores las sustancias más consumidas en la cuarentena son en orden: marihuana (25%), alcohol (19%), café (14%), cigarrillo (11%) y té (8%), frente a las que descendieron en su consumo como los alucinógenos (6%), bebidas energizantes (3%), cocaína (2%) y MDMA (2%).


[1]  http://www.echelecabeza.com/wp-content/uploads/2020/04/informedrugscuarentena-3_compressed.pdf

[2] https://www.metropoliabierta.com/informacion-municipal/sucesos/precio-droga-dispara-confinamiento_25632_102.html

[3] https://www.unodc.org/unodc/press/releases/2020/June/media-advisory—global-launch-of-the-2020-world-drug-report.html

[4] https://www.euro.who.int/en/health-topics/disease-prevention/alcohol-use/news/news/2020/04/alcohol-does-not-protect-against-covid-19-access-should-be-restricted-during-lockdown/_recache?fbclid=IwAR2lkIQcxfDdziOa7esAbXO-caLv66wvhmP4JxoDwXQd5z14X02jAmHZulg

[5]https://pnsd.sanidad.gob.es/noticiasEventos/actualidad/2020_Coronavirus/pdf/20200715_Informe_IMPACTO_COVID-19_OEDA_final.pdf

[6] https://www.masteradiccionesonline.com/las-personas-con-trastornos-por-uso-de-drogas-son-mas-susceptibles-al-covid-19/

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