ÉTICA, SEGURIDAD, LIBERTAD


Juan Rojo Moreno

La obra de Adela Cortina “Ética cosmopolita. Una apuesta para la cordura en tiempos de pandemia”, analiza magistralmente los aspectos del título y otros diversos[1].

Muchos nos hemos dado cuenta que en la “era de internet” que ha supuesto una revolución en la comunicación humana, también se esperaba de ella que al estar más intercomunicadas todas las partes del planeta fuese, entonces, más fácil la democratización y mejoría de los valores éticos y sociales, aunque solo fuera por el contraste entre lo que ocurre en tu continente, país o ciudad y lo que ocurre en otros. Pero ya han pasado más de 30 años de comunicación social, de planetociedad, y lo que vemos es casi lo contrario.

 Algunos países que se habían “democratizado” han vuelto a formas pseudodemocráticas, en los que si bien hay unas elecciones populares en las que “el pueblo” puede votar a sus dirigentes, no obstante, o bien se encarcela antes a la oposición o se anulan medios de difusión informativa de los que no apoyan al “poder”. Nos sirve como ejemplo lo que ha ocurrido (y ocurre) en Rusia, Bielorrusia, Venezuela, Nicaragua y algún otro país. Son las llamadas “democracias iliberales”.

Como señala A. Cortina “el progreso no es lineal, venimos viviendo desde el cambio de siglo el retroceso del mejor de los sistemas políticos, venimos viviendo una recesión democrática… parece que los medios sociales que nacieron con la promesa de fortalecer la democracia, dado su funcionamiento, están ayudando a socavarla en muy buena medida.”.

Quizá en gran parte con tanta planetización hayan menguado valores universales y el problema de fondo sea que nos hemos saturado de técnicas, conocimientos y multicultura, sin que tengamos una jerarquía de valores consensuada.

 Recuerda Philip Pettit que los mecanismos de control de una sociedad moderna son fundamentalmente tres: la mano invisible de la economía de mercado, la mano visible del Estado y la mano intangible de los valores. En el mismo sentido Levitsky y Ziblatt (2018) señalan que, aunque las democracias cuentan con constituciones y reglas escritas, no obstante, funcionan mejor y son más duraderas en los países en los que están reforzadas con reglas del juego no escritas que son códigos de conducta que la comunidad acepta y respeta.

Fijémonos, incluso en países con democracias plenas (que no son tantas en el mundo) que puntuaciones o valoraciones suelen tener la “clase” o líderes políticos… y, entonces, entendemos como la transmisión de valores jerárquicos positivos se encuentra menguada. Como señala Cortina “en el mundo del marketing económico está prohibido tratar de vender el propio producto desacreditando a los contrarios; en la política diaria es, por desgracia, el método habitual… y es descorazonador que la destrucción sistemática del adversario genere votos y que las pruebas palmarias de que algunos políticos han mentido abiertamente o han difundido bulos, no merezcan ningún castigo en las urnas… el esquema simplista nosotros/ellos resultan sumamente rentable”.

Las encuestas de calidad de los representantes y estructura políticas muestran constantemente un problema que no solo no se ha resuelto, sino que ha ido aumentando: la desafección de la gente por sus estructuras y representantes. Es necesario, señala Cortina, construir credibilidad, generar confianza y capital social, crear amistad cívica.

Pero por desgracia cuando en una encuesta un representante político tiene una puntuación de 2,5 sobre 10, lo que más le importa “parece ser” es que el opuesto tenga un 3,2 y el otro un 2,1. No se plantean que una puntuación tan baja es de por sí ya un problema social.

Otra cuestión que trata con mucho acierto A. Cortina es el problema de la gerontofobia y nos lleva este asunto al triaje médico que se ha hecho con los mayores en el periodo más álgido de saturación hospitalaria y UCI.

Ya escribí en su momento sobre la edad mayor o “vejencia«. Si vivimos mucho somos considerados como una especie “de cáncer social” , como unos Viejos Crónicos  y que como toda enfermedad crónica la mejor “curación” que tiene es que desaparezca lo antes posible (lo agudo, es decir los recién viejos son más soportables, pero su duración, su cronicidad, es perjudicial) y señalaba como con los achaques, físicos y psíquicos, no siempre esta edad ha sido bienaventurada pues como decía Gracián “hemos llegado sin sentir a los helados dominios de la vejencia, con sus honores y horrores”.

Sí, cierto, se lleva mucho tiempo haciendo triaje en Medicina sobre todo en urgencias médicas y en la elección de ciertos tratamientos oncológicos, cirugías, etcétera. Salió repetidamente la noticia en los informativos que no se trataban del Covid19 a ancianos de residencias y que muchos médicos llorando les decían a familiares que no ingresaban en UCI a personas tan mayores pues tenían menos posibilidades de supervivencia y había déficit importante de recursos.

No es lo mismo hacer un “triaje” en urgencias para detectar que es lo realmente urgente, que hacerlo segregando por edad un tratamiento contra una enfermedad. El triaje, trillaje o cribado, del francés “triage” significa cribado o clasificación; con la misma etimología que el español trillado «separación del grano de la paja». Es un método de selección y clasificación de pacientes, empleado en enfermería y en medicina de emergencias y desastres. Evalúa las prioridades de atención, privilegiando la posibilidad de supervivencia, de acuerdo con las necesidades terapéuticas y los recursos disponibles. En una guerra tras un bombardeo y un solo médico que tenga que atender a los heridos no será lo mismo asistir a un paciente con 10 impactos de bala que a otro con 2 impactos siendo que el primero esté a punto de morir y el segundo pueda ser salvado. No es esto lo mismo que “por ser anciano”, por tener Alzheimer, por estar en una residencia, automáticamente te hagan el filtro de la no atención hospitalaria o en UCI.

Tenemos que ponernos de acuerdo: ¿hay gerontofobia? ¿A los pacientes con Alzheimer, aunque estén respiratoriamente bien, les hacemos triaje y a morirse?”. Un capitulo dedica A. Cortina en nuestra obra de referencia, titulándolo: “Gerontofobia. Un atentado suicida contra la dignidad humana”. En este capítulo explica muy bien, entre otras cosas, la necesidad de individualización clínica, diagnóstica, pronóstico y calidad de vida si se plantea la necesidad de un triaje. Pero muy acertadamente señala: “Triaje. Toda vida humana tiene igual valor… y se prescribe explícitamente no discriminar por razón de edad o discapacidad… los pacientes de mayor edad deben ser tratados en las mismas condiciones que el resto de la población, atendiendo a cada caso particular, y lo mismo sucede con las personas con discapacidad o demencia”.

Quizá en la pandemia y ante las exigencias de triaje más de uno de nuestros dirigentes pudo pensar, en su intimidad, como el ministro japonés de finanzas en 2013 que se explica a continuación (aunque como puede haberlo pensado en su intimidad nunca lo sabremos con seguridad a diferencia de Taro Aso que lo dijo explícitamente).

Parece muy rudo, es lo menos que puede decirse, que en su momento (2013) el ministro japonés de finanzas Taro Aso pidió a los ancianos “que se den prisa y se mueran” para así aliviar la carga fiscal que originan por su atención médica: “clamó contra las unidades de reanimación y los tratamientos para prolongar la vida”, según el diario The Guardian, que le cita explicando que le sentaría mal que le ayudaran a prolongar su vida, más si cabe sabiendo que ese tratamiento lo paga el Estado. Taro Aso, ministro japonés, sobre los ancianos: «¡Que se den prisa y se mueran!» (telecinco.es)

Como señala Cortina “la mentalidad griega y la latina desprecia a quien no se basta a sí mismo, sea anciano o enfermo, porque al enfermo se le tiene por infirmus, débil, pusilánime y la falta de firmeza no merece aprecio” y por esto, señala, cuidar a vulnerables, a los débiles y a los enfermos que hubieran perecido sin remedio en la lucha y el conflicto entre los más fuertes ha sido y es el mayor timbre de gloria de los seres humanos.

Mucho tenemos que reflexionar en esta era tan acelerada, tan comunicada pero que apenas da tiempo para uno mismo.

 Hay que exigir reflexiones tanto de los problemas de la gerontología, de la vejez, que ahora no es político denominarla así sino solo como “edad mayor” (adulto mayor es un término reciente que se le da a las personas que tienen más de 65 años de edad) o de la gerontofobia y  de toda la “guerra” actual en las redes, del poder de los datos, del uso de nuestra privacidad y si pueden incluso de nuestra intimidad.

Muchas de estas reflexiones y otras más que han sido muy bien desarrolladas por A. Cortina en su obra que es de agradecer.

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[1] Adela Cortina; Ética cosmopolita, Una apuesta para la cordura en tiempos de pandemia. Editorial Paidós (Estado y sociedad), 2021. [no haceos resumen de esta obra sino solo nos ha servido como guía]

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PSIQUIATRIA, BIOLOGICA, SOCIAL Y ONLINE


Nueva Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental

Juan Rojo Moreno

Acaba de realizarse el XXIV Congreso Nacional de Psiquiatría, esta vez en Valencia. Hemos tenido la posibilidad de hacerlo online, pero también presencial, y de nuevo el gusto de estar sentado en las salas de presentaciones y tratar de nuevo con cierta normalidad entre unos y otros compañeros de manera “presencial”.

Por mi parte he podido comprobar, como siempre en los congreso de las asociaciones españolas de psiquiatría, un buen programa, diverso, actualizado y con diversas opciones, como viene siendo ya habitual en estos congresos en donde las sesiones paralelas en el mismo horario permite ampliar el número de opciones y facilitar la elección.

         Solamente quisiera hacer 4 comentarios  a propósito.[1]

1-   Un primer comentario  es que en este Congreso la Sociedad Española de Psiquiatría y la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica van a celebrar sendas Asambleas Generales Extraordinarias al efecto de aprobar, en su caso, la fusión SEP-SEPB en una única entidad denominada Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental.

Me ha alegrado mucho que por fin cuajara esa idea que ya propuse  en una de las Asambleas hace más de 30 años (creo que fue en un congreso en Sevilla). Me dijeron, más o menos, en confianza, que eso no era posible y que mi propuesta, o pregunta, venía a propósito dada mi juventud e ingenuidad.

Veía complicado y poco práctico en esa época que cada 2 años fuera el Congreso de la Sociedad Española de Psiquiatría y cada año el de  Psiquiatría Biológica, de manera que el año que coincidían los dos, por ejemplo en Mayo era uno en una ciudad y el Junio el otro en otra, suponía unos costes considerables y que solo eran asumidos (y cada vez con más reticencia sobre todo en relación con los congresos de la SEP) por las ayudas a Congresos que aportaba la industria farmacológica, tanto a los participantes como a las Asociaciones con sus stands publicitarios.

En 1993 se decide hacer en un solo Congreso ambas asociaciones y el primero que ser realiza se denominó “Sevilla -95”.

Me hubiera gustado tener hace 30 años la comunicación que el Presidente de la SEPB aporta aquí Víctor Pérez Solá, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica. – YouTube  o la carta de ambas sociedades aquí SEP-SEPB (mailchi.mp).

De todas formas quizá se necesitaba ese periodo de “juventud”, y no sé si tanto de ingenuidad, para que llegase ahora lo que ya planteé entonces. Quizá cada momento tiene su tiempo y puede que esta pandemia también haya obligado a replantearse muchas cosas que antes de la misma eran solo pensables con más superficialidad.

2- Un segundo comentario hace referencia al Simposio sobre “La llegada de la Psiquiatría Digital, Apps e Inteligencia Artificial”, muy interesante, actual y bien desarrollado por sus presentadores, como no podía ser de otra forma. Pero, no obstante, quizá este campo aun tenga mucha juventud y alguna ingenuidad. Así fue un comentario acerca de la extrañeza que no esté todo el mundo en esta “área digital psiquiátrica”, cuando hay que tener en cuenta que atañerá “a todos” si el tiempo lo dice. Siempre hay maneras de hacer psiquiatría que es una disciplina heteróclita, decía López- Ibor, y por lo tanto nutrida de otras muchas especialidades, que permite diferentes formas de encarar la clínica, todas ellas igualmente válidas.

 Se realizó la consideración, con la que no estoy nada de acuerdo, de que en psiquiatría “existe la ventaja de que no tenemos por qué tocar al paciente ni explorarlo”.  No considero que eso sea correcto para la psiquiatría, ni para la profesión ni para el profesional.

Se desarrollaron varias líneas, entre ellas es curioso que existe un efecto placebo digital con un 50% de abandonos y el profesional “tiene que estar convencido que funciona”.

Ya he escrito mucho anteriormente sobe la necesidad de un “tiempo suficiente de dedicación” al paciente psiquiátrico, de la necesidad de su exploración física y del contacto interpersonal.

Esta área de las apps y de la tecnología wearable (para llevar puesto) es tan interesante, novedosa e importante que incluso nos aportaron a todos los congresistas una revista (Psychiatric Times, número 4, 2021) en la que uno de los artículos era exactamente “Cómo la tecnología puede mejora la práctica psiquiátrica”. Lo veo muy adecuado y se estudia lo que mide la tecnología wearable, lo que proporcionan los smartphones y los datos que se proporcionan por el sujeto cerca de un evento (Ecological Momentary Assessment), y se concluye que la tecnología puede ser muy útil como “complemento de obtención de la información” pero, añado yo, tendremos que tener cuidado en no querer transformar al paciente de manera completa en un big-data.

3- En tercer lugar vi muy interesante,  así mismo, el simposio sobre “Lifestyle Psychiatry: encarando el futuro, volviendo al pasado” en el que se subraya la reconexión con al naturaleza en los tratamientos psiquiátricos, Psiquiatria de la vida saludable, gestión del estrés…

En Valencia he tenido la suerte de compartir Unidad de Psiquiatría con el Dr. V. Balanzá que nos ha introducido en este campo con múltiples trabajos nacionales e internacionales y dirección de investigaciones.

Aun así, recuerdo que me llamó la atención que hace más de 15 años en un Congreso de la Asociación Americana de Psiquiatría ya unos “residentes” hicieron una aportación y revisión sobre este campo, amplia y novedosa.

Pues, aun así tiene mucho más impacto la bio-farmacoterapia que la bio-naturoterapia. Quizá se necesiten más canales de difusión en este campo del “contacto con la naturaleza”, terapia forestal, psiquiatría nutricional…

4- Por último, en cuarto lugar, he de nombrar que asistí a los homenajes IN MEMORIAN de varios psiquiatras o profesionales españoles con grandes aportaciones en el campo de la psiquiatría, como Carlos Carbonell, Eduardo Cuenca, Juan Gilbert o Carlos Ballús pero quisiera recordar  especialmente al Prof. Carlos Ballús con el que siempre tuve una vivencia de confianza por su parte y de verdadera empatía, y con el que los recuerdos me vienen desde nada más terminar medicina y hacer la especialidad.

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[1] Evidentemente, hubieron muchos Simposio, trabajos y reuniones científicas diferentes y yo aquí me limito a comentar alguna, sin quitar la más mínima importancia o relevancia a otras muchas se hicieron

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SOCIEDAD ESPAÑOLA DE PSIQUIATRÍA


Sobre la Ley de Salud Mental propuesta por Unidas Podemos

La Sociedad Española de Psiquiatría está trabajando en un posicionamiento sobre la Ley consensuado con otras sociedades científicas, pero cree conveniente adelantar estos comentarios preliminares.

Ante la admisión a trámite de la Proposición de Ley General de Salud Mental, la Sociedad Española de Psiquiatría, como sociedad científica que agrupa al mayor número de psiquiatras de España, considera necesario realizar una serie de observaciones a la misma.

La Sociedad Española de Psiquiatría está trabajando en un posicionamiento sobre la Ley consensuado con otras sociedades científicas, pero cree conveniente adelantar estos comentarios preliminares.

El problema principal de esta Propuesta de Ley es que, de aprobarse, conseguirá lo que, en teoría, dice querer evitar:

  1.       La estigmatización de los trastornos mentales y de la salud mental frente a otras áreas de salud. El tener una ley específica, el regular lo que no se hace en otras áreas de la medicina, el dar por sentado que las personas con trastornos mental deben recibir un trato distinto al del resto de personas, o que los profesionales de la salud mental, incluidos los psiquiatras, no hacen una buena labor o debe protegerse a la sociedad de los mismos, son todos ejemplo de estigma. 

  2.        Al no distinguir entre síntomas y trastornos mentales se conseguirá la psicologización y psiquiatrización de fenómenos que nada tienen que ver con los trastornos mentales como los define la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esta ley, centrada en la pobreza, la opresión social, el patrono opresor, etc. está tan alejada de la práctica clínica habitual y de los problemas reales de las personas con trastornos mentales graves, que lo único que conseguirá será diluir las carencias actuales de la atención en salud mental con otros problemas de la sociedad, alejados de lo que se considera patológico.

Hay que señalar que no se habla en todo el documento de los trastornos mentales graves, que son los que ocupan el quehacer principal de la atención en salud mental de nuestro país, y los que sufren las carencias del sistema en número de profesionales: recursos intermedios, listas de espera, plazas de hospitales de día y centros de rehabilitación, políticas de integración en la vida laboral, etc.

Se cita continuamente los “malestares psicosociales y malestares de la vida cotidiana”, pero no se nombra ni una vez la esquizofrenia, el trastorno bipolar, el autismo, las demencias o los trastornos obsesivos-compulsivos.

¿Busca realmente esta Ley la prevención y el mejor tratamiento y cuidado de estas personas o se usa la terminología “salud mental” para otros intereses alejados de las necesidades reales de las personas, y más cercanos a aspectos sociales, económicos y laborales del conjunto de la población?

La ley está plagada de apriorismos falsos y contrarios a los datos y evidencia de años de investigación en este campo. La única vez que se hace referencia a dicha evidencia se habla de filósofos contemporáneos vinculados a sistemas filosóficos muy concretos. Lo que no hace más que reforzar la idea de que esta es una ley más del ámbito de la filosofía y sociología que de los trastornos mentales; al menos como los entiende la OMS y el resto del mundo civilizado.

Una búsqueda detallada hace que se encuentre la palabra social 77 veces frente a 0 veces la palabra biopsicosocial (o ninguna vez la palabra cerebro, trastorno mental mayor, esquizofrenia, autismo, trastorno bipolar, innovación, guías clínicas o terapéuticas, evidencia científica, estándares internacionales, etc.). Se intenta dar la impresión de que los trastornos mentales (aunque de lo que realmente se habla es de síntomas; “malestar subjetivo”), son producto de problemas sociales, dando una explicación reduccionista a un problema mucho más complejo.

Desde hace décadas, toda evidencia científica demuestra que cualquier trastorno mental tiene componentes biopsicosociales, y no solo de cada una de estas dimensiones. Desde la exposición de motivos, la Propuesta de Ley está impregnada de apriorismos no sustentados por la evidencia científica. Por ejemplo, cuando se afirma (pág. 2) que “Otros factores culturales, como la difusión de discursos individualistas que ponen el foco en la autoexigencia y en la hiperresponsabilización individual, obviando las causas y estructuras sociales, contribuyen a perfilar una sociedad del cansancio en la que las personas tornan en empresarias de si? mismas, como han diagnosticado algunos filósofos contemporáneos”.

Si fuera como aparece en el texto, los países más desarrollados tendrían menos (o simplemente no tendrían) trastornos mentales. Esto no solo no es cierto, si no que en muchos casos es lo contrario. La mortalidad por trastorno mental es mayor en el Reino Unido que en Bulgaria, hay más prevalencia de trastornos mentales en Francia que en Rumanía (OECD and Global Burden of Disease data, 2021). Si los trastornos mentales fueran causados exclusivamente por aspectos sociales (pobreza, opresión, …) su aumento en estos últimos dos años hablaría muy mal de la gestión del Gobierno de España. Incluso hay patologías como los trastornos de la conducta alimentaria o las adicciones comportamentales que ocurren más en países desarrollados. No parece que niveles socioeconómicos altos protejan de dichos trastornos o influyan en la aparición de otros trastornos mentales graves.

Los estudios confirman, por ejemplo, que la incidencia de esquizofrenia es similar en países de distinto nivel socioeconómico (Saha S, Welham J, Chant D, McGrath J. Incidence of schizophrenia does not vary with economic status of the country: evidence from a systematic review. Soc Psychiatry Psychiatr Epidemiol. 2006 May;41(5):338-40).

Incluso el trastorno por déficit de atención e hiperactividad tiene una prevalencia similar entre países, culturas y regiones del mundo cuando se controla por los diversos factores de confusión. (Polanczyk G, Lima MS, Horta BL, Biederman J, Rohde LA. The worldwide prevalence of ADHD: a systematic review and metaregression analysis. Am J Psychiatry. 2007; 164:942–948. doi: 10.1176/appi.ajp.164.6.942; Willcutt EG. The prevalence of DSM-IV attention-deficit/hyperactivity disorder: a meta-analytic review. Neurotherapeutics. 2012; 9(3):490-499. doi: 10.1007/s13311-012-0135-8).

En suma, la Propuesta de Ley está impregnada de aseveraciones que provienen de terrenos alejados a la atención clínica de los trastornos mentales, y confunde sistemáticamente la respuesta adaptativa del ser humano a las dificultades o la mera aparición de síntomas (cansancio, descontento, preocupación, malestar, etc.) con los trastornos mentales.

Aspectos específicos:

Hay numerosos apartados que consisten en vaguedades que podrían incluirse en cualquier ley. Ejemplo, página 2: “La salud mental, como la salud en general, debe ser promovida con políticas públicas integrales que erradiquen la pobreza, la exclusión y las desigualdades sociales y garanticen los derechos sociales y laborales”. Quién no firmaría que se debe erradicar la pobreza, al igual que quién no firmaría que se debe erradicar el cáncer de mama o los infartos de miocardio. El incluir esto en una ley de salud mental no es más que otro ejemplo de estigmatización.

No se entiende lo que se quiere decir en la frase (pág. 4): “Contamos con una atención fragmentada, insuficiente, biologicista y centrada en la reducción sintomatológica”. ¿Atención biologicista?, ¿reducción sintomatológica? Lamentablemente muchos de los trastornos mentales graves son patologías crónicas, al igual que en otras áreas de la medicina; y la reducción de los síntomas, por los que se definen los diagnósticos, es el mejor tratamiento posible. ¿Se haría esta crítica de la atención a otras patologías en nuestro sistema sanitario, como la reducción del dolor en las patologías dolorosas crónicas? Más estigma.

En su artículo 4 (pág. 8) se define el suicidio como “acto deliberado, voluntario y consciente realizado con la intención de quitarse la vida que acaba en muerte”. “Un acto voluntario”, obviando que las personas que mueren por suicidio lo hacen, en su mayoría, impulsadas por un estado mental alterado fruto de una patología que limita, modifica o anula su libertad de acción y voluntariedad,  ya que en más de un 90% de los suicidios consumados puede demostrarse que existe un trastorno mental activo (ref.: Henriksson, M. M., Aro, H. M., Marttunen, M. J., Heikkinen, M. E., Isometsa, E. T., Kuoppasalmi, K. I., et al. (1993): “Mental disorders and comorbidity in suicide”, Am J Psychiatr, 150, pp. 935-940; Sociedad Española de Psiquiatría (SEP), Sociedad Española de Psiquiatría Biológica (SEPB) y Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental (FEPSM). (2020). Depresión y Suicidio 2020. Documento estratégico para la promoción de la Salud Mental).

Varios apartados de la Propuesta de Ley se refieren a leyes de rango superior (Ley de Enjuiciamiento Civil) o de cómo se regula el uso de medicamentos en este país.  Ejemplos de esto son las alusiones a las “personas referentes” o la “defensoría de la persona con problemas de salud mental” (sic). De nuevo, el no diferenciar “síntomas”, “problemas” o trastornos, definidos por la OMS, llevaría a que toda persona en este país necesitara designar su “defensor”. ¿Ante qué?, de nuevo el estigma.

El artículo 16 (pág. 11) dice: “Cualquier tratamiento farmacológico potencialmente inadecuado en la clínica, así como la utilización preventiva de medicación neuroléptica o antipsicótica, sin sintomatología franca, deberá ser comunicado previamente a la Defensoría de la persona con problemas de salud mental.” Se obvia que estos fármacos son eficaces. Una revisión sistemática concluyó, al contrario de lo que algunos falsos prejuicios pueden hacer creer, que los psicofármacos, en conjunto, no son menos eficaces que cualquier otro fármaco médico general (Leucht et al. British J Psych, 2012). Los ejemplos en práctica clínica son innumerables y ampliamente respaldados por literatura científica. A modo de ejemplo, el mayor predictor de recaída después de un primer episodio psicótico es dejar de tomar la medicación antipsicótica en personas con trastornos psicóticos (ejemplo: esquizofrenia, trastorno bipolar, trastorno esquizoafectivo) estables sin sintomatología “franca” (Maintenance antipsychotic treatment versus discontinuation strategies following remission from first episode psychosis: systematic review. Thompson A, Winsper C, Marwaha S, Haynes J, Alvarez-Jimenez M, Hetrick S, Realpe A, Vail L, Dawson S, Sullivan SA BJPsych Open. 2018 Jul; 4(4):215-225.)

Es un hecho que la buena adherencia al tratamiento psiquiátrico se asocia, no solo con mejor control de la enfermedad, si no con menor riesgo de suicidio e incluso menor mortalidad general en enfermedades como la depresión, la esquizofrenia o el trastorno bipolar (Krivoy A, Balicer RD, Feldman B, Hoshen M, Zalsman G, Weizman A, Shoval G. Adherence to antidepressants is associated with lower mortality: a 4-year population-based cohort study. J Clin Psychiatry. 2016 May;77(5): e566-72; Taipale H, Tanskanen A, Mehtälä J, Vattulainen P, Correll CU, Tiihonen J. 20-year follow-up study of physical morbidity and mortality in relationship to antipsychotic treatment in a nationwide cohort of 62,250 patients with schizophrenia (FIN20). World Psychiatry. 2020;19(1):61-68; Chakrabarti S. Treatment-adherence in bipolar disorder: A patient-centred approach. World J Psychiatry. 2016;6(4):399-409. Published 2016 Dec 22. doi:10.5498/ wjp.v6.i4.399).

Este punto va en contra de todas las guías clínicas internacionales y del criterio de todas las agencias reguladoras. ¿Se va a regular por ley en contra de los criterios de las agencias reguladoras, AEMPS, EMA, etc.? ¿Se haría esto en cualquier otra rama de la medicina? De nuevo, el estigma.

El mismo artículo dice (pág. 11): “Las personas medicadas con fármacos psiquiátricos que deseen reducir su consumo o dejar de consumirlos tendrán derecho a un acompañamiento especializado por parte de profesionales sanitarios para la reducción progresiva de la medicación, destinado a evitar las situaciones de crisis derivadas de los síndromes de abstinencia por interrupción brusca de la medicación psiquiátrica.” Esto denota un perjuicio claro contra los fármacos psicótropos en general. Sólo las benzodiacepinas (no “la medicación psiquiátrica” sic), utilizadas mayoritariamente en atención primaria, producen síndrome de abstinencia. (Ohayon MM, Lader MH. Use of psychotropic medication in the general population of France, Germany, Italy, and the United Kingdom. J Clin Psychiatry. 2002;63(9):817–825).

El riesgo de abuso y dependencia está claramente relacionado con un uso inadecuado, como automedicación y fuera de prescripción y seguimiento de un facultativo (Kan CC, Hilberink SR, Breteler MH. Determination of the main risk factors for benzodiazepine dependence using a multivariate and multidimensional approach. Compr Psychiatry. 2004 Mar-Apr;45(2):88-94. doi: 10.1016/j.comppsych.2003.12.007. PMID: 14999658).

Y, desde luego, no son el grupo más representativo de medicaciones para tratar los trastornos mentales, especialmente los trastornos mentales más graves, para los que contamos con intervenciones psicofarmacológicas contrastadamente eficaces.

En el artículo 21, sobre prevención primaria, se habla solo de “factores psicológicos y sociales”. ¿No se pretende hacer prevención primaria reduciendo factores de riesgo biológicos (ejemplo, entre otros muchos, consumo de fármacos antiepilépticos o alcohol durante el embarazo …)?

El artículo 22 es una antología a la contrariedad. Se dice una cosa y la contraria en varias ocasiones. Véase (pág. 13): “Protección contra la psiquiatrización y medicalización del niño, niña y adolescente, promoviendo una atención orientada a la resiliencia desde los recursos comunitarios. Se prohíbe la medicalización preventiva.” Por cierto, ¿la medicalización preventiva de qué? ¿Se está criminalizando o acusando de algo a los profesionales de la salud mental (psiquiatras, psicólogos clínicos)?

Asimismo, “Se reforzarán los espacios de colaboración y coordinación entre los dos niveles asistenciales, compartiendo la responsabilidad de los cuidados profesionales entre atención primaria de salud y atención especializada, permitiendo dar respuesta a los llamados malestares psicosociales o malestares de la vida cotidiana y frenando los cada vez más frecuentes procesos de psicologización, psiquiatrización o medicalización de la vida cotidiana de las personas.” ¡Precisamente es la atención a los malestares de la vida cotidiana que sufre toda la población la que conseguirá lo contrario de lo que se quiere evitar, la psicologización de la vida cotidiana!

Pág. 4: “El estigma aún presente en torno a la cuestión de la salud mental provoca, en primer lugar, que los datos epidemiológicos sean incompletos”. Es cierto que el estigma influye en diversos ámbitos, no así a nivel científico, donde hay larga evidencia sobre la epidemiología de los trastornos mentales a nivel mundial.

Artículo 6 a 13 (pág. 9). Entendemos que el resto de los pacientes médicos también tienen ese derecho. ¿Por qué hay que separar las personas con problemas de salud mental?

Las personas con trastornos mentales de este país necesitan que se incremente, en los Presupuestos Generales del Estado, la inversión en la prevención y tratamiento de los mismos, asimilándolos al menos a la media de la Unión Europea; y que no se les estigmatice (ni a ellos ni a los profesionales de la salud mental) ni se les utilice para proponer leyes que conseguirán lo contrario de lo que en teoría se pretende conseguir.

El Comité Ejecutivo, en Madrid, a 13 de octubre de 2021

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LAS NEUROSIS DE RENTA. SINISTROSIS


Juan Rojo Moreno

 Los psiquiatras no solemos ver estos pacientes, neuróticos de renta, que antaño sí eran evaluados y valorados por nosotros. Ahora o bien son las mutuas de accidentes quienes los valoran o se transforma en un problema médico-legal.

Bien señala Pablo Guerreiro, fisioterapeuta, en el portal de una mutua, Asepeyo, diferenciando al simulador del neurótico de renta[1]: si partimos de la base de que cada uno tiene un código diferente en la CIE (Clasificación Internacional de Enfermedades, de la OMS), Simulador/a; CIE10 Z76.5 y Neurosis de renta; CIE10 F68, queda claro que no es lo mismo, entonces ¿por qué nos cuesta tanto identificarlos y con frecuencia nos empeñamos en tratarlos por igual?

Para el neurótico de renta su fin es la búsqueda de una compensación, ya sea económica o personal por lo ocurrido (normalmente un accidente), por la mala relación laboral pasada o presente, bien por una mala atención prestada al inicio del proceso; también por la insatisfacción con el resultado del tratamiento o por la decepción con el grado de atención personal recibida en medios sanitarios. Es decir, cree justa esa compensación y la necesita para resarcirse de los problemas causados. Aunque en algunos casos parece existir una clara motivación derivada de la posibilidad de obtener indemnizaciones consecutivas a accidentes o lesiones “el síndrome no remite necesariamente con rapidez cuando el litigio ha sido exitoso.[2]

L.M Iruela (cit. Pablo Guerrero) da algunos consejos útiles para el profesional sanitario que detecta una posible simulación o neurosis de renta.

En primer lugar, que nuestra misión es ayudar al que sufre, diagnosticando y tratando de acuerdo con los estándares y procedimientos científicos y profesionales aceptados. Añade que el diagnostico de simulación es forense y en eso no estoy completamente de acuerdo. Serán, en justicia, médico-legales o forenses las consecuencias que pueda querer obtener el simulador o la valoración de la demanda de indemnización del neurótico de renta, pero nuestro diagnóstico médico puede incluir tanto simulación como neurosis “de renta”, aunque no, claro, las consecuencias o demandas que haga.

Por esto veo muy acertados, en segundo lugar, los siguientes apuntes que hace Iruela: entrevistas cálidas y empáticas, ahondar en la psicobiografía del enfermo, comprender, ayudar y aconsejar [dentro de los postulados médicos, he de añadir], derivar al paciente a psicoterapia.

Un trabajo centrado en este tema realizado por el psiquiatra Dr. Alfredo Calcedo Ordoñez, especialista en psiquiatría legal, nos sirve de referencia con su aportación: “Las llamadas Neurosis de Renta”[3].Estas neurosis suponen: a) tener síntomas neuróticos b) aparecer o relacionarse con un accidente c) en un contexto legal que proponga la posibilidad de una indemnización.

También se le ha llamado enfermedad de Erichsen, cirujano inglés que fue el primero en 1866 en estudiar de forma sistemática varios casos relacionados con accidentes (ferrocarril, carruajes, …). Y en 1908 Brissaud describe con el nombre de sinistrosis una especie de “delirio razonante” que arranca de una idea falsa de reivindicación. No deriva en sí del accidente, sino de la opinión errónea sobre la cuantía o del tipo de reparación que estima le es debida. El termino neurosis de renta aparece en la escuela alemana a partir de 1926, “Rentenneurose”.

Los síntomas son muy diversos, algunos de aspecto hipocondriacos, otros depresivos, otros de cansancio, mareos, vértigos… y no aparecen inmediatamente sino después de un periodo de latencia tras el accidente.

Detrás del accidente ha de aparecer la posibilidad de que la sociedad haya viabilizado una indemnización. No se dan estas neurosis de renta cuando no hay esa posibilidad de indemnización, y por lo tanto son más frecuentes en trabajadores de grandes instituciones que en autónomos o en trabajadores liberales.

Se diferenció de la simulación pues en esta el sujeto simula (muchas veces exageradamente o sin los detalles necesarios) una patología y lo hace de modo consciente para obtener un beneficio. No quieren dar muchos detalles de sus padecimientos y eluden en lo posible las visitas médicas. En el caso de las neurosis de renta todo lo contrario, quieren explicar las molestias y síntomas que tienen relacionados con el accidente y quieren toda la ayuda posible e incluso que se le hagan el mayor número de pruebas posibles.

No siempre cuando consiguen la indemnización desaparecen los síntomas en estas neurosis.

Hay un paso importante en la conceptualización de este trastorno cuando Viktor von Weizsäcker en 1929 (cit. Calcedo) plantea que el deseo de renta y la representación de estar enfermo son visiones demasiados simples para comprender las neurosis de renta. Indemnización y sintomatología son elementos de segundo orden, lo verdaderamente importante es la privación de lo que estima que son sus derechos y por esto la denomina “neurosis de derecho”, en vez de neurosis de renta.

Por lo tanto se está ya más claramente diferenciando del simulador que conscientemente busca un beneficio o fin con su “simulación” y ahora, si bien es cierto que para que se dé la neurosis de renta es necesario que haya en la sociedad una posibilidad de indemnización y un accidente, pero ya con Weizsäcker supone que empecemos a valorar la individualización de cada caso, las personalidad, la psicobiografía, circunstancias sensibilizantes previas, y también los factores sociales, los sistemas de salud y sus coberturas es decir aquí hay que individualizar sujeto-ambiente-sanidad.

Podemos decir que la neurosis de renta es verdaderamente una neurosis de reivindicación de derecho: es decir lo que reivindica el paciente es un derecho que tiene a ser valorado médicamente, socialmente y económicamente, en base a lo que le ha ocurrido y sobre todo a lo que le afecta.

Por esto dice Calcedo que las neurosis de renta son el prototipo de enfermedad social, sea desencadenada por accidente de trabajo o de otro tipo… y si el médico rechaza o se muestra escéptico sobre los trastornos, lo que en realidad hace es ahondar más la ofensa y por consiguiente reforzar la lucha por el derecho.

Los hallazgos objetivos en las pruebas exploratorias que se realizan son escasos o nulos y si aparecen no justifican la afectación tan importante que tiene el paciente.

Para Calcedo lo más importante es la vivencia de insuficiencia que tiene el paciente frente a las solicitaciones fundamentalmente laborales del ambiente que antes resolvía sin dificultad. La conexión entre vivencia de insuficiencia y el accidente se establece pronto.

Hay varios motivos por los que antaño no existían las neurosis de renta: uno, que no había indemnizaciones, otro, que el medio familiar y profesional eran más cordiales. López Ibor (1966) insistió sobre el carácter de eficacia y mayor rendimiento de las sociedades industrializadas y sobre la menor protección que tienen “sobre el aspecto vital” de cada uno de los miembros.

Por esto Calcedo insiste en que la “actitud” de renta es por una parte la manifestación de queja, reivindicación del sujeto a cuenta de lo que ha pasado (accidente…), y también por otra parte es consecuencia de legislaciones que protegen y amparan frente a posibles secuelas.   En el fondo siempre está la vivencia de insuficiencia ante las situaciones de esfuerzo. El deseo de indemnización es una actitud, pero no un síntoma.

En resumen, apunta Calcedo:

1-Hace falta un accidente o traumatismo.

2-Este ha de resultar indemnizable.

3-Vivencia de insuficiencia ante el esfuerzo, con desproporción entre la sintomatología subjetiva tan incapacitante y los hallazgos objetivos.

4-La neurosis de renta no es un concepto médico en sentido estricto, sino médico-jurídico.

Y por esto señala Calcedo: “claro está que al principio los síntomas son función del accidente, pero después resulta que lo son en función del paciente […] El diagnóstico no está exento de dificultades, implica naturalmente diferenciar y excluir los cuadros similares de base orgánica y la simulación”.

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Cierto que normalmente los psiquiatras no nos planteamos la finalidad de indemnización o no, que corresponde a la medicina legal y que para nosotros el paciente, su sintomatología y bio-situación son aspectos preferentes.

Pero todos conocemos, en nuestra especialidad, la vivencia de desamparo que algunos pacientes sufren cuando ante su sintomatología claramente psiquiátrica y la justa retribución económica que deberían percibir como enfermedad crónica, en bastantes ocasiones, se les deniega como si fuera una “invención” o una exageración. Recuerdo el caso de un comercial que había trabajado, como le corresponde, viajando mucho y que ahora padeciendo un trastorno agorafóbico no era apenas capaz de salir de su casa si no iba acompañado. Por supuesto ni alejarse de casa ni del barrio ni conducir un automóvil. Con la correspondiente medicación y psicoterapia conseguimos en 6-8 meses que ya pudiese salir sólo dando una vuelta a su casa o a lugares muy concretos que le daban seguridad cerca de casa. Se le denegó cualquier ayuda dándole el alta médica que desde luego fue imposible de cumplimentar incorporándose al trabajo.

En ocasiones, como ya está “previsto”, habrá un número de enfermos que, ellos y sus familiares, asumirán esa “alta laboral” como un mal inevitable, pero otros si tienen recursos económicos y formativos (cultura, siempre a más cultura más igualdad y más conocimiento) podrán recurrir legalmente para que un juez determine al final del proceso, con todos los informes, el veredicto definitivo.  ¡Lamentable discriminación!

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[1] Pablo Guerreiro. Fisioterapeuta del centro asistencial de Móstoles. Portal Sanitario Asepeyo

[2] Iruela LM. Neurosis postraumática. En valoración del daño corporal. Fundación MAPFRE. Madrid, 1996.

[3] Alfredo Calcedo Ordoñez. Las llamadas neurosis de renta. Memoria galardonada con el Premio de la Real Academia de Medicina 1975. Instituto de España. Real Academia Nacional de Medicina, 1975

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REFLEXIONES DESDE LA MEDITACIÓN DE ORTEGA Y GASSET DEL PUEBLO JOVEN


Comunicación y circunstancias.

Juan Rojo Moreno

Las estancias que hizo J. Ortega y Gasset a partir de 1916 a Latinoamérica le indujeron a reflexionar sobre diversos aspectos. Esa obra está en Internet en forma libre (descargar aquí) pero nosotros vamos solamente a utilizar unas reflexiones que nos acontecen entrando en ella.[1]

Casi ningún país se encuentra contento con su “estado” o situación actual (hay quien exceptuaría a Islandia). Los unos porque tienen muchos impuestos, otros porque tienen mucha migración, otros por su pobreza o falta de libertades y otros porque sienten que diversos países influyen demasiado en su protagonismo. Señala Ortega que la historia humana es obra del descontento, que es una especie de amor sin amado y como un dolor que sentimos en miembros que no existen.

Curiosamente, existe una gran paradoja en este mundo internacionalizado, interconectado y supracomunicado, y es que si bien aparentemente todo el mundo habla con otro todo mundo pero, aun así, lo que más existen son los monólogos. Los vemos constantemente en las tertulias televisivas, por poner un ejemplo, uno suelta su speech, discurso o incluso arenga y la mayoría de las veces es atendido pacientemente por los demás contertulianos (en muchas ocasiones no existe ni siquiera ese mínimo de educación) y cuando acaba o se le hace acabar, el nuevo locutor ahora suelta su discurso que en su mayor tiempo no tendrá apenas nada que ver con el anterior (solo la temática que se está hablando) y cuando acaba, otro interlocutor o el anterior responde o inicia un nuevo discurso que son monólogos. En el fondo  se cree (y posiblemente tengan razón) que la audiencia va a recibir el impacto emocional de sus argumentos y así poder movilizar una idea o una ideología.

Por esto en lo regímenes totalitarios, y en los partidos políticos que aspiran a ello, el control de los medios de comunicación es tan importante.

Ya nos decía Ortega que el pensamiento honesto es siempre en tal sentido dialéctico y la dialéctica es colaboración y que “la vida intelectual española [ahora ampliable a muchos otros países por la interconexión] cruza por una etapa de audaz monologuismo. Cuando se interrumpe este no es para el diálogo, sino al contrario, para ejecutar alguna estúpida agresión. Nadie se otorga el lujo de comprender al otro y, partiendo de esa comprensión, tal vez rebatirle”.

Es cierto que, en definitiva, cada uno de nosotros tenemos la valoración y decisión última, como señala Ortega, si bien nuestra existencia nos aparece constituida por un conjunto de circunstancias que nos obligan e imponen un régimen de forzosidad. Pero esto  no supone en nuestro vivir que deba ir éste rigiéndose por una trayectoria ineludible y mecánica sino que deja siempre un margen a la decisión. Todo hombre tiene que tomar en peso su destino [sus circunstancias] y plasmarlo con su albedrío.

Ciertamente, no hay vivir si no se acepta la circunstancia dada, pero sobre esta circunstancia tenemos que hacer malabares para entre lo estipulado, lo que nos estipulan, lo que creemos que es nuestro y es inyectado, y entre lo más verdadero nuestro, al final en la autognosis, en el autoconocimiento, uno debe sacar su propia conclusión. Es a menudo difícil pues tenemos que estar constantemente andando y saber cuándo hay que parar. Este equilibrio es parecido al que decía Nietzsche, refiriéndose al poeta, que es una persona que “danza encadenado”.

Todos tenemos problemas, los pueblos y naciones tienen problemas y debemos entrenarnos -lo cual no es fácil- para vivir la vida y saber sobrevivir ante o frente a nuestras circunstancias y el mundo que nos rodea, con sus tensiones y complejidades.

La palabra entrenamiento no es sino la traducción del vocablo askesis, ascetismo, que usaban los griegos en los juegos atléticos y con el cual denominaban al régimen de difíciles ejercicios al que se sometían para mantenerse “en forma”. Señala Ortega que este constante entrenamiento es el único capaz de hacernos creativos y hemos de mantenernos en constante entrenamiento, y para esto es necesario que las circunstancias nos inciten.

¿Pero realmente nos entrenamos para la vida [más allá de haber recibido, por fortuna, una educación al menos básica y obligatoria]? ¿O simplemente nos dejamos llevar por las circunstancias como el kayak que baja por un rio turbulento y no más que intentamos no ahogarnos entre nuestras ideas, nuestras creencias, la opresión de las estructuras y nuestras circunstancias personales o familiares?

Es difícil mantener una tabla de entrenamiento en un mundo tan politizado e ideologizado que además está hiperconectado ¡Política de ideas!

Señala Ortega que nuestras sociedades tienden siempre a que todo en ellas se convierta en política y entonces acontece que viven sólo de un centro creador de historia: la política, careciendo de otras instancias y centros de equilibrio a los cuales recurrir. Esa otra instancia –señala Ortega- tiene que ser la vida intelectual… pero no os hagáis ilusiones, la pura inteligencia es enemiga del puro político.

¿Cabría hoy poder encontrar, en nuestros días, en este siglo XXI, una sociedad como la  francesa de principios de siglo XX “Union pour la vérité” que publicaba unos cuadernos donde los hombres de ciencia y de letras discutían entre sí, de espaldas al público, sin tolerarse vanos aspavientos, felonías ni otras ruindades inspiradas por el afán de quedar encima? Un riguroso imperativo de veracidad presidía a la polémica. Una insolencia, una pedantería, una deslealtad, serían automáticamente castigadas con la exclusión.[2]

Si existiese una sociedad parecida en nuestros días más de uno se apuntaría, aunque para muchos parecería disarmónica con los tiempos de la popularización de opiniones diversas y, si posible, de la imposición de las mismas.

Pero aunque no exista, hay algo parecido que no se dice ni se escribe, de gran importancia en nuestras sociedades y que nuestro autor de referencia denomina: “las cosas consabidas”. Por esto hay unidad social, hay comunidad -quiérase o no- cualquiera que sea la independencia y aun la autoridad de los estados. Pues hay cosas que no solamente las sabemos cada uno de nosotros, sino que además sabemos que las saben también los demás. Esto que sabemos junto con otros lo consabemos.

Ese tesoro de lo consabido -sigue Ortega- de lo que hemos vivido juntos (por ejemplo el estado de alarma durante la pandemia Covid-19 y lo que sigue ocurriendo, el problema sanitario, económico, humanitario…) de lo nuestro por ustedes, de los de ustedes por nosotros, no nos lo puede quitar nadie ni siquiera nuestra propia voluntad. El hombre no es sino “lo que le pasa”, y ese pasado que le ha pasado a uno, a nosotros, al hombre, no es algo que se fue sino al contrario: porque nos pasó, queda operante dentro de nosotros.

Esto que no se divulga en las noticias nos une, no solo a un país sino hoy en día por la hiperconectividad también a los europeos, americanos y otros países de occidente y oriente. Realmente a toda la humanidad. Lo consabido no suele ser portada de periódico pero actúa como dulce o amargo amanecer dando luz a un sentido planetario que aún se resiste a deslumbrar, no por fallo en el imaginario popular, sino por la sinrazón de los que en uno y otro lado ostentan o determina el poder. No el poder militar, sino hoy más que nunca el poder de la información, de los datos y de la manipulación.

¿O es que, como señala Ortega, podría uno preguntarse si no habremos venido los hombres a este mundo precisamente para no entendernos? porque no cabe negar que el no entendernos es cosa que sabemos hacer concienzudamente.

C. G Jung ya habló del Inconsciente Colectivo, estructuras arquetípicas que  compartimos toda la humanidad y “aparentemente”  este inconsciente es silencioso. Lo consabido tiene también algo de silencio, quizá un murmullo bajo del que no llega a entenderse ni oírse bien sus palabras.

Nos consabemos vitalmente los unos a los otros -señala Ortega-, nos consabemos o somos lo consabido recíprocamente. Y lo demás es ganas de hablar y hablar, es casi siempre no entenderse. Nos entendemos más por lo que damos por supuesto y callamos que por lo que efectivamente decimos. De donde resulta una extraña pero inevitable paradoja: que el hablar, el auténtico hablar se compone principalmente de silencio.

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[1] José Ortega y Gasset. Meditación del pueblo joven. Revista de Occidente, Madrid 1962. Es la edición que hemos alcanzado. En otras ediciones se titula “Meditación del pueblo joven y otros ensayos sobre América”.

[2] Asociación de «educación filosófica y cívica mutua», fundada a finales del siglo XIX. Publicó un Boletín – Unión por la Acción Moral entre 1892 y 1905. En 1896, La Unión se hizo conocida por el público a través de una rotunda campaña de comunicación al exhibir en las paredes de París una letra grande encargada a Puvis de Chavannes después de su decoración del Panteón (Sainte Geneviève) y grabada por Auguste Lauzet. Este «cartel moral», destinado a traer belleza a la gente, es alabado o burlado en una gran prensa y da visibilidad a la acción de Desjardins y sus amigos. La Unión se disolvió durante el asunto Dreyfus, dando a luz la Unión por la Verdad, por un lado, y la Acción francesa de Henri Vaugeois y Maurice Pujo por el otro. Paul Desjardins asumió la dirección de la Unión para la Vérité: https://fr.wikipedia.org/wiki/Paul_Desjardins

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BIOGÉNESIS HUMANA TRASCENDENTE


NEUROBIOLOGÍA DE DIOS

Juan Rojo Moreno

Leer a neurobiólogos casi siempre es gratificante y más aún si éste es David Linden, Profesor de Neurociencias de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, que además intenta en muchas de sus obras facilitar la comprensión siguiendo la máxima de Max Delbrück “imaginaos que el público al que os dirigís tiene cero conocimientos, pero una inteligencia infinita”. La lectura de los textos de neurobiología muchas veces nos animan con la ley de los tres “casi”: casi nos descubren como funcionamos los seres humanos, casi nos dicen cual puede ser el futuro del ser humano y (cuando se atreven) casi nos dicen si somos o no seres espirituales.

El libro que ha caído en mis manos “El cerebro accidental” de David Linden nos plantea muy bien estas cuestiones y se atreve con la última de ellas[1]. De forma resumida viene a explicar como el cerebro es lo que llama un kludge[2]. Es una aglomeración ineficiente y poco elegante de materia, pero que sorprendentemente funciona muy bien. Explica el autor cómo el cerebro es capaz de hacer predicciones, por ejemplo, predecir dónde nos vamos a hacer cosquillas uno a sí mismo y por eso no es posible hacerlas, y así mismo observa que la mayoría de las sinapsis del cerebro no son fiables sino que son fundamentalmente dispositivos probabilísticos.

El cerebro no tiene un “diseño previo” sino que ha ido añadiendo capas (como bolas de un helado, unas encima de otras) de complejidad evolutiva apañándose con lo que tenía desde el principio. “El cerebro humano -dice Linden- se ha desarrollado principalmente por aglomeración”. La diferencia de nuestro cerebro y el de un lagarto o el de un ratón, está en que hemos añadido alguna capa nueva evolutiva sobre la estructura prexistente. Para funcionar bien necesita un número grandísimo de neuronas y procesar simultáneamente mucha información en paralelo; además necesita de la plasticidad cerebral (la experiencia modela sutilmente las conexiones sinápticas). Esto último renueva el circuito y permite que sea eficiente un dispositivo tan impresionante a partir de unas partes de calidad tan escasa. La influencia del entorno (en su sentido más amplio) puede ser tan importante, que incluso las hormonas producidas durante el embarazo por un gemelo puede influir en el desarrollo encefálico del otro. Pero como la cabeza del bebé ha de pasar por el canal del parto, la mayoría del crecimiento cerebral y de sus interconexiones se tiene que producir después del mismo. Los detalles sutiles de la interconexión cerebral se producen desde el final del embarazo hasta los primeros 20 años de la vida (cien mil millones de neuronas y quinientos billones de sinapsis). Desde el nacimiento hasta los 20 años de edad el cerebro ha incrementado en más del 300 por ciento su tamaño.

¿Quiere esto decir que nuestro cerebro ya está rigidificado a partir de los 20 años, que ha adquirido su máximo tamaño?

Puede que no sea así y conozcamos porqué. Veamos dos cosas curiosas.

Por una parte:

Si bien en esos años, desde el nacimiento hasta los 20, ha aumentado mucho el tamaño del cerebro y las interconexiones neuronales, sin embargo no ha aumentado el número de neuronas sino que más bien se han perdido unas cien mil millones de neuronas sobrantes. Esto es debido a que las neuronas compiten por las funciones y aquellas que no activan sus sinapsis se atrofian o desaparecen. Por lo tanto el medio ambiente, la educación, la experiencia durante la infancia y adolescencia, el entorno en definitiva, va a ser quien realice la selección entre un conjunto prexistente de sinapsis y neuronas. Las que sobreviven son las activas eléctricamente. Las experiencias pueden hacer que surjan nuevas ramificaciones en los axones que luego desarrollarán nuevas terminaciones sinápticas y también esto ocurre a nivel postsináptico. Esto, ya vimos, es la plasticidad neuronal. Evidentemente, todo esto tiene unos límites y hasta ahora se conoce que una vez que el entorno (como las vitaminas) es apto y ya se cumplen las dosis mínimas o suficientes, no por más estimular aparecen personas superdotadas o mejores intelectualmente. Lo interesante es que ahora se ha comprobado que la plasticidad neuronal sigue durante toda la vida del sujeto.

En segundo lugar, por otra parte:

En el caso de la sinestesia (que un sonido provoque un sabor o un color) se admite que de algún modo las conexiones sinápticas aberrantes (por ejemplo, de áreas auditivas a áreas del color) que no llegan a ser eliminadas en las primeras etapas del desarrollo postnatal, dada su conservación y elaboración en etapas posteriores de la vida, esto conduce a una experiencia sinestésica particular. Podemos preguntarnos: en cada uno de nosotros ¿han quedado destruidas estas posibilidades?, o como dice  D. Linden hay genes que pueden activarse o desactivarse en determinados puntos del desarrollo, o como respuesta a señales particulares; es decir la expresión génica es el proceso a través del que los genes se activan o desactivan. Esto nos sugiere volver a la consecuente pregunta ¿y esta expresión génica será capaz de activar genes “dormidos” a lo largo de nuestra vida? Por lo que hemos obtenido de D. Linden:

–         Dado que tenemos potencialmente millones de neuronas y sinapsis que con la “estimulación clásica o natural” no se activan y quedan latentes o muertas, si el ser humano evolucionase de una manera que la estimulación natural permitiese que parte de esas neuronas y sinapsis se mantuviesen sin que a cambio se eliminaran otras “significativas”, ¿no cambiaría la concepción del mundo que este ser humano adquiriría? [3]

¿Podría aparecer una concepción y capacidad  diferente, propia de un salto evolutivo?

¿Esto solo puede ocurrir en los primeros 20 años o quedan latentes estructuras genómicas potenciarias que pueden desarrollarse a lo largo de la vida, y aparecer en la adultez la patentización genética de esa nueva cosmovisión? o ¿por el contrario ya a partir de una edad hay cierta rigidez para tal aventura humana?

¿Y que tiene todo esto que ver con Dios? Aquí vamos a ver como psicología, filosofía y neurobiología se unen.

Ya Bergson creyó que la naturaleza desarrolló lo que él llamaba religión estática, que sería un  fenómeno implícito en el proceso evolutivo, y por lo tanto anclada en la biología. C.G. Jung, aunque psicoanalista, al hablar de los arquetipos del inconsciente colectivo (arquetipo Luz, Trascendente) pensaba que se transmitían no solo por tradición sino también por herencia. Como señala Julio V. Maffei[4] el hombre deviene religioso por un proceso de evolución en el que lo genético ha de interpretarse como de orden estructural. Y ahora el mismo David Linden ya comenta “la predisposición al pensamiento religioso deriva de este cerebro ineficiente y extraño que ha sido modelado a lo largo de nuestra historia evolutiva” [5]

El argumento que mantiene D. Linden es que la presencia de la religión en todas las culturas convierte a ésta en un universal cultural. No existe cultura alguna que carezca de prácticas o ideas religiosas. Y la conclusión a la que llega Linden es que el cerebro ha necesitado adaptarse mediante la creación de “historias coherentes, sin lagunas” y que esta propensión a la creación de relatos forma parte de lo que predispone a los seres humanos al pensamiento religioso. Explica como en el caso de amnesias que se rellenan con confabulaciones o en el caso de personas con los hemisferios cerebrales desconectados uno del otro, el cerebro ante “el vacío” construye un relato o narración que sea coherente con lo que se le pregunta o vivencia. Llega a la conclusión que ante la realidad subconsciente que tenemos, aunque no la conozcamos, cargada de símbolos, falta de lógica, y sin causalidad, e incluso ante una realidad consciente que no siempre es causal, la corteza del hemisferio izquierdo patentiza la predisposición como especie al pensamiento religioso, dado el caos irrazonable y a-cognitivo de la herencia evolutiva que compartimos como seres humanos.

“Nuestro cerebro ha evolucionado para hacernos creer” y de esta manera “el amor, la predisposición al pensamiento religioso son el resultado de una aglomeración particular de soluciones ad hoc que se han ido amontonando a lo largo de millones de años de historia evolutiva”. Al final D. Linden está coincidiendo con A. Vergote cuando señalaba en 1969 que la religión es una realidad dinámica y evolutiva, como la persona y la cultura, y también coincide con William James que escribió “oramos porque no podemos evitarlo”, solo que D. Linden como buen Neurobiólogo asume estos principios pero apostillándolos en el más puro sentido bi-etimológico de la palabra religión: Sí a la religión, pero atada o dependiente a la evolución de la corteza cerebral y del hemisferio izquierdo, que teniendo que dar coherencia a todo lo que el ser humano recibe sin coherencia, ha creado una narrativa coherente que le “predispone” al pensamiento acerca de lo divino (que luego podrá rechazar, intelectualizar, aceptar…). [6]

Realmente, siguiendo el esquema de Welte[7], D. Linden, envalentándose al tratar el campo religioso desde la neurobiología, efectivamente plantea un ateísmo positivo, pues al fin y al cabo la necesidad religiosa, para él, solo es una necesidad evolutiva que el cerebro ha creado para dar coherencia a la concepción del mundo incoherente que es la realidad histórica. David Linden con su esquema neurobiológico evolutivo que da “coherencia” al mundo incoherente hace explicable, a su manera, esta frase de Moeller “el misterio no es lo paradójico… ni lo impreciso o incognoscible o impensable; es, por el contrario, una realidad que tiene una razón positiva para no manifestarse en una presencia objetiva”.[8] Con Linden, diríamos que no se manifiesta pues necesitamos el misterio como una parte del relato que da en cierto modo sentido al contenido de la realidad que vivimos. Pero también podemos tomar la postura de Linden desde la concepción de J. Huxley que considerando el humanismo evolucionista no elimina la “materia” de la  ecuación ante lo trascendente.

Puede que las ideas de David Linden nos sirvan para entender una trascendencia en uno mismo desde la materia. Refiere Linden cómo los ciegos, con lesiones en áreas superiores del cerebro, pueden “ver” [9] gracias a antiguas partes del cerebro que no son conscientes; y de la misma forma nos podemos preguntar: ¿Esa predisposición a lo espiritual o religiosa ha de quedarse en las neuronas, en el hemisferio izquierdo y las sinapsis? O este mundo al que me voy a referir ahora: el mundo cuántico, también aparentemente incoherente (y que sigue siendo material), con otro parámetro temporal, otro sentido, que está “debajo y dentro” de las neuronas y de las sinapsis, pero existente en todos nosotros, y en las sinapsis aunque no sepamos cómo actúa efectivamente: ¿no será también un camino-mensajero hacia lo trascendente, que sin darnos cuenta nos está informando en nosotros mismos (desde los trascendente y desde nosotros mismos) y nos dirige, como a los ciegos, cuando nuestra inteligencia germinal está predispuesta, hacia la categorización de valores morales?

Como señalaba Teilhard de Chardin “sagrada emoción del átomo que descubre en el fondo de sí mismo el rostro del Universo”[10]. Porque cuando hablamos de “materia” tenderemos que empezar a definir donde empieza y donde termina la “materia” que somos en el cosmos, que no deja de ser nuestra realidad actuante. Quizá un día la neurobiología se atreva también con el mundo cuántico para explicar al ser humano y su trascendencia.

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[1]  El cerebro accidental. La evolución de la mente y el origen de los sentimientos Editorial Paidós, 2010

[2] Palabra formada por las iniciales de los adjetivos klumsy (torpe), lame (poco convincente), ugly (feo), dumb (tonto), [but]  good enough ([pero] (bastante bueno)

[3] Ya en 1951 P. Teilhard de Chardin comentaba “sin salir del plano de la anatomía individual, nada prueba (ni mucho menos) que disponibilidades evolutivas importantes no se hallen en reserva dentro de la sustancia de nuestros cerebros”. En el libro “La visión del Pasado” (ed. Taurus, 1958).

[4] Psicología evolutiva y religión. Editorial Latinoamericana Libros srl, 1981.

[5]   Ya Teilhard de Chardin en “La visión del pasado” correlacionó la “biogénesis” con la “cerebración”.

[6] Dos formas de entender la etimología de la palabra “religión”: San Agustín la entiende como “religare” es decir “atar o hacer dependiente” y Cicerón prefirió como origen del vocablo “relegere”, es decir, cuidado y atención que se pone en observar todo lo referente a las cosas divinas.

[7] Este teólogo alemán diferencia entre un ateísmo negativo (solo existe lo que se puede comprender), un ateísmo crítico (lo espiritual o divino  es objeto de critica mientras no responda a todas las preguntas) y un ateísmo positivo (acepta que el hombre tiene necesidad natural de lo infinito, pero niega que esa necesidad provenga de nada superior a él mismo)

[8] Moeller Ch. Literatura del siglo XX y Cristianismo (T. IV) Gredos , Madrid, 1960 (citado por  Maffei)

[9] No ven con la vista pues son ciegos, pero “saben” donde están objetos luminosos que se les colocan delante,  a veces acertando a cogerlos en 9 de 10 intentos.

[10] Teilhard de Chardin. La visión del pasado. Editorial Taurus, 1958

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CARLOS VALDEMORO GARCÍA


(Prócer más allí)

Juan Rojo Moreno

Conocer a personas egregias es un lujo y una suerte, y no es porque en todos los tiempos no hayan existido esas personas cuya existencia ilumina, sino porque hemos de coincidir con ellos en el espacio y en el tiempo y además que se pueda producir una sincronía emocional.

Conocí a Carlos Valdemoro en 1975 cuando acababa mi adolescencia y siempre admiré que siendo persona de gran experiencia y cultura tuviera esa pasión por su pueblo en Teruel, uno pequeño, de nombre Torres de Albarracín.

Haciendo las modificaciones oportunas podría asemejarse mi impresión a la que refiere Ortega y Gasset cuando conoce a Mestanza: “Le conocí yo, siendo casi adolescente hacia 1902. Visité por primera vez a Albarracín. Esta caduca ciudad lanza a las alturas su increíble perfil alucinado, agarrada a un cerco de piedra caliza que bajo el sol parece de plata. La entonces humilde y polvorienta carretera renunciaba a subir hasta ella y pasaba el cerro por un túnel. Allí junto al túnel, empotrada en la roca había una posada de cuento, tenida por una legendaria viejecita. En aquel tugurio encontré a Mestanza…”[1]

Y tenemos que reconocer sobre todo los aciertos de estas personas próceres, pues como señala Mestanza: “Todo está claro, ferozmente diáfano: cada cosa es lo que es y nada más”.

He querido compartir de forma resumida los que significó para muchos la existencia de esta persona en las breves líneas de abajo:

Carlos Valdemoro García, hijo menor de D. José María Valdemoro Barrio y Dª. Aurora García Delgado nació en Torres de Albarracín (Teruel) el 30 de junio de 1922.

Sus primeros años de estudios se realizaron en los Escolapios de Albarracín. Posteriormente se trasladó a Madrid donde siguió sus estudios y en esta época de su infancia hizo profunda amistad con los tres hermanos Dominguín (apellidados de verdad González Lucas y de forma artística “Dominguín”) Su íntima amistad con la familia Dominguín y su contacto estrecho con Luis Miguel Dominguín (realmente llamado Miguel, el añadido Luis fue artístico) promovió que tuviese una ganadería de Toros bravos, “Carlos Valdemoro”, y de adulto los convenció para que se hicieran cargo como empresarios de la Plaza de Toros de Teruel siendo en ese periodo cuando en la Feria del Angel acudieron las figuras más relevantes de la tauromaquia española por Teruel. Apadrinó junto con Dominguín varios toreros que triunfaron.

Tras acabar Bachillerato y realizar el examen de Estado para poder acceder a la Universidad empezó los estudios de Medicina en Madrid y luego continuó los estudios de licenciatura en la Facultad de Medicina de Valencia.

Durante las Milicias Universitarias IMEC (Instrucción Militar Escala Complemento) en Ronda estableció intima amistad con Jose Luis Villar Palasí (que luego fue ministro de Educación), amistad que duró toda la vida.

 Estableció profunda amistad con eminentes profesionales de la medicina como el Catedrático D.  Manuel Beltrán Báguena, el Catedrático D. Rafael Báguena Candela, el Dr. José Báguena Candela (director del Hospital la Fe), con el Catedrático de otorrinolaringología D. Jaime Marco y con el dermatólogo Dr. Juan Peris Asins.

La gran amistad, que llegó a ser casi familiar, con el eminente médico, oriundo de Teruel Dr. Luis García Ibáñez fue además de la magnífica relación que tuvo con los médicos de Teruel en la que había varias familias de médicos como los Adán, Buñuel y la familia Pizarro (farmacéutico) y de manera muy significativa también con el oculista Tomás García Marco y con los hermanos Belenguer (urólogo y traumatólogo).

 Se casó con Dª. Milagros García Nebot con la que tuvo tres hijas, dos de las cuales siguieron la tradición familiar (Carlota hizo Medicina como su padre y Maria Soledad se licenció en Derecho como su abuelo y bisabuelo).

 Retornó a su pueblo natal, Torres de Albarracín, dedicándose a los negocios familiares.

Fue Presidente de la Caja Rural de Teruel durante 11 años y así mismo Alcalde del meritado pueblo durante un tiempo extenso y Diputado Provincial.

Por el interés altruista por beneficiar a su pueblo natal, Torres de Albarracín, aprovechó igualmente sus amistades profundas con Enrique de la Mata (Presidente de la Cruz Roja Internacional y Diputado de UCD por la circunscripción de Teruel) y así mismo con Cruz Martínez Esteruelas (que había sido Ministro de Educación). Entre otras muchas cosas, al menos señalar que consiguió entre 1957 y 1958 reformar la Iglesia, el Ayuntamiento, la Plaza Mayor (hoy Plaza del Ayuntamiento) y dentro de las mejoras continuas sociales hay que reconocerle que se desprendió de su Central Eléctrica, que abastecía desde Torres de Albarracín a múltiples pueblos, para conseguir que Hidroeléctrica Española instalara luz eléctrica. Renunció a sus derechos y pidió que los trabajadores de la antigua central tuvieran luz gratis durante toda su vida, pero él no. Igualmente canalizó el agua potable y gratuitamente introdujo un grifo en cada casa, reformó el cementerio y como se desbordaba frecuentemente el río casi todas las primaveras lo canalizó (zona conocida como cauce nuevo) dividiendo en dos una de sus mejores fincas para que se entendiese claro que no tenía ningún provecho personal.

Su padre construyó a principios del siglo pasado la fábrica Harinera del Carmen con la intención clara de mejorar la empleabilidad de esa pequeña localidad, siendo la empresa más significativa del entorno durante su vigencia, y que presidió él durante muchos años.

Conocido entre sus amigos en diputación y ministerios como “el pedigüeño para su pueblo” su obra social desinteresada, aunque no siempre reconocida, solo supuso beneficio para la localidad sin lucro personal alguno ni endeudamiento del ayuntamiento.

Falleció en Valencia el 30 de mayo de 1999 y cumpliéndose sus manifestados deseos reposa en Torres de Albarracín.

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He querido hacer esta reseña de Carlos Valdemoro y la he subtitulado “más allí” pues buscando en internet sus referencias y el pueblo Torres de Albarracín casi no se le menciona a pesar de su monumental obra en bien de la población.

Hay que resolver y poner a la luz existencias y realidades humanas que durante su tiempo vital hicieron un bien por aquellos que le rodeaban y que muchas veces se intenta olvidar, incluso por los que han sido beneficiados por compartir su ciclo vital. Parafraseando a Max Pulver se trata de una injusticia o del resultado de la envidia ajena.[2]

Y creo que es importante valorar el “tiempo humano” que realizó Carlos Valdemoro, tiempo que G. Berger denominó “tiempo abierto”, esencialmente vertido al futuro próximo y lejano. Su futuro fue una dimensión humana. No fue ya lo que iba a suceder sino lo que realizó en el conjunto del mundo. Fue su tiempo “operatorio”, el tiempo de actuación: proyectos y realización de posibilidades.[3]

Fue su línea vital entre 1922 y 1999 y como señala Julián Marías: “una de las consecuencias más azorantes de la `conciencia histórica´ es que todo nombre propio necesita ir enmarcado entre dos fechas… estamos historizados y esta situación no podemos refutarla, no podemos más que aceptar la situación e intentar dar razón de ella”[4]

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[1] José Ortega y Gasset. Ideas y Creencias- Memorias de Mestanza (D. Gaspar de Mestanza), pág.128. Ed. Espasa Calpe. 1940

[2] Max Pulver. Persona, Carácter, Destino. Editorial Victoriano Suarez. 1962. Traducción de la segunda edición alemana por el Dr. Gorgonio Rueda (primera edición alemana 1944).

[3] G. Berger. Citado por J. Rubio Carracedo en Antropología Prospectiva. (Inspirada en los ensayos de Teilhard de Chardin). Studium Ediciones, Madrid, 1973

[4] Julián Marías. El método histórico de las generaciones. Edita Selecta de Revista de Occidente, 1967 (2ª Ed).

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EL HOMBRE DESFONDADO


“El hombre es un ser viviente que actúa en el riesgo de hacerlo indebidamente respecto a los fines que se propone y esto es una propiedad muy extraña de su praxis” (L. Cencillo)

Juan Rojo Moreno

         La Antropología ha de tener en cuenta todo lo operante en el ser humano y señala Luis Cencillo: aunque sea la magia, la astrología, el espiritismo, la sexualidad, la agresividad, la mística  o la religión.[1]

Y en este sentido señala Cencillo que por su multitud de dimensiones cualitativamente diferentes de las físicas propiamente dichas, es el hombre un viviente constitutivamente práctico.

         Esto a veces se olvida en diferentes campos (aunque tengan sus razones fundadas los estamentos oficiales) como es en el caso de las denominadas pseudociencias o las “medicinas alternativas”, que si bien no tienen verificaciones científicas, no obstante, la postura que se ha tomado oficialmente es la de en vez de conocerlas mejor considerando a los representantes más honoríficos o cualificados, lo que se hace es simplemente relegarlos al “oscurantismo” y lo que se consigue es que sigan funcionando en un paralelismo, entonces sí, descontrolado.

Desgraciadamente los movimientos fanáticos anti-vacunas, anti-mascarillas, anti-pandemia… dificultan enormemente, con su sinrazón y falta de alternativas (excepto ser “anti-”) frente a la realidad, un entendimiento con esos campos paracientíficos.

No obstante, como señala Cencillo: “cualquier mentalidad, cualquier estado de opinión y de creencia, cualquier formalización cultural del mundo y de su compresión pueden ser criticadas por otro individuo o por otro grupo, por mucho que se intente descalificarlos como herejes, revisionistas o anticientíficos”. Incluso cualquier individuo o grupo, por muy arraigado que se halle en sus creencias, convicciones y opiniones, desde las cuales valora y opta, ha de reconocer, si no se trata de fanáticos, la más o menos remota posibilidad de que las concepciones y mentalidades ajenas gocen de algún grado de probabilidad, o de que por lo menos, todos participen de algún [posible] grado de verdad”.

Y por esto la Medicina debería de aplicarse lo que dice Cencillo de la antropología “ha de tratar de hacerse con toda la información posible y a todos sus niveles de procedencia que refleje las dimensiones, naturaleza, funciones y propiedades complexivas de su objeto”. Y en ambos ámbitos se trata del ser humano, que en el caso de la Medicina está enfermo.

El ser humano sano o enfermo se sustenta en la complejidad del ámbito neurocultural. Y la medicina no puede olvidarse de la necesidad de respuesta socio-cultural en la enfermedad ni de las influencias de otras culturas en la actualidad: “la cultura no es la resultante casual de una actividad humana periférica, sino la objetivación de toda la fuerza vital, mental, emocional, expresiva y económica del grupo y del individuo.

 Cultura significa un modo de realidad [una concepción del mundo] y si suprimimos con la imaginación todo lo cultural, el mundo en el que el hombre se mueve y vive se desintegra por completo y no es posible imaginar siquiera a un solo hombre existiendo fuera de la matriz cultural”.

Y sigue nuestro autor: “las energías individuales sin las canalizaciones  colectivas se dispersarían amorfamente, pero las canalizaciones colectivas sin las energías individuales se quedarían en cauces secos que nada fecundan: les faltaría precisamente la energía productiva”.

Y tengamos además en cuenta, que no todo es ciencia y no todos los procesos humanos son tecnificables, ni mediante la técnica llegamos a comprender todo lo que le ocurre al sujeto sano o enfermo. Como señala nuestro autor: téngase muy en cuenta que sin el acompañamiento o colaboración del inconsciente en todas las operaciones humanas, ninguna de éstas iría lo suficientemente vitalizada de espontaneidad ni de proyectividad. Sin esta verdadera anticipación irrefleja y activa de la intimidad preconsciente el ser humano no acertaría nunca con la realidad ni con las respuestas debidas a sus solicitaciones. En virtud de su inconsciente el ser humano se organiza en un sistema de respuestas coherente con la realidad que las más de las veces  y, según se dice vulgarmente, “como por un instinto u olfato especial” se precede y se anticipa a la reflexión.

La tendencia de jóvenes generaciones de descalificar las vigencias sociales llamándolas “convencionales” -señala nuestro autor- es banal y confunde frívolamente algunos aspectos fundamentales de la realidad humana. Sin el arrastre histórico de las vigencias sociales cada individuo por sí solo no hubiese sido jamás capaz de rebasar el estadio de lo mágico o, tal vez, el del prehomínido. Hasta la satisfacción de las mismas necesidades biológicas es de carácter tradicional y aprendido desde una sociedad determinada. El “salto”, más allá de la pura animalidad, dotó al hombre de una estructura psíquica específicamente humana que no habría llegado nunca a activarse, hasta hacerla capaz de rendimientos culturales característicos humanos, de no haberse ido acumulando a lo largo de siglos o milenios una experiencia colectiva, es decir, creando vigencias históricas.

Y gracias a su historicidad, a diferencia de los animales, el ser humano se plantea, cuando ha de enfrentarse a nuevas circunstancias no previstas ni determinadas, si debe o no debe hacerlo y si es necesario el cambio o la abolición de lo actualmente fáctico. El hombre es capaz en esta dialéctica tanto de asumir vigencias históricas como de abolir versiones distintas de su probable actualidad.

Al decir de Cencillo el ser humano “gracias a su “negatividad” puede anular o recrear realidades que rechaza, aunque corre riesgos pues la capacidad que las realidades tienen para ser negadas es limitada.

Aquí viene al caso todas las “negaciones” psicológicas que se producen como mecanismos psíquicos de defensa y que en ocasiones originan verdaderos problemas psiquiátricos cuando se crea un conflicto entre ésta y la imposición fáctica ineludible. A veces incluso la necesidad de evitar la angustia es tan potente que se produce una realización fantástica de la realidad, con las consecuencias de inadaptación a lo que le es impuesto necesariamente por las vigencias o por las circunstancias.

La negación y la realización fantástica suponen la inexistencia de algo para el negante, pero no por eso deja de existir lo negado, y si la fricción con la realidad es muy grande implica así mismo una inadaptación inviable.

El problema muchas veces está en la autenticidad del proyecto vital, en la capacidad de cada persona de elección genuina. Y esto  hay que hacerlo dentro de nuestro contexto neurocultural. En este sentido señala Cencillo cómo el ser humano tanto a nivel individual como de grupo y de generación ha de elegir, y con esta elección se conforma una concepción de sí mismo y del estilo de vida, y así la historia en una gran parte resulta de la evolución de las concepciones mismas del hombre y de la vida (sociedad, política…).

La libertad en la que el hombre existe si bien de un lado le hace superior a sus condicionamientos biopsicosociales, de otro le sitúa en una posición constante de inseguridad, de no poder atenerse nunca a lo dado fijo y experimentado y -señala Cencillo-  sobre todo le coloca en el disparadero de proyectarse vanamente sobre la nada, de polarizar sus energías hacia lo irreal e irrealizable y así formalizarse mundos falsos.

 Y esto puede ocurrir también cuando la técnica y el mundo afín a ella le provee de un cúmulo de necesidades que no puede satisfacer: “la técnica no puede satisfacer las necesidades del hombre sino creándole otras nuevas… pues la técnica viene a suponer una objetivación material y gratificante de las posibilidades humanas, y se crea en él la ilusión de que se está realizando, autorrealizando, cuanto más se enajena en su meras obras”.

Y así se produce el desfondamiento humano. Este concepto estructural y vital que desarrolla L. Cencillo es una de las claves para entender su preocupación por lo humano.

Absolutamente todo flota en la indeterminación y ambivalencia del desfondamiento humano.

 No estaría desfondado si se encontrarse en posesión de un fondo determinado de ideas, de criterios y de tendencias, fijo de una vez para siempre e inamovible, que respaldase su proceso histórico, sus comportamientos y sus opiniones. Mas, este fondo nunca le viene dado de modo espontáneo sino que es cada individuo o cada grupo o generación quien ha de asumirlo libremente con el riesgo de equivocarse.

Es, pues, necesario asumir convicciones y aun criterios lógicos, pero ninguna convicción o criterio se impone necesariamente. Esta absoluta inestabilidad del hombre que no puede situarse relajadamente ni siquiera en la pura negación de toda tensión y toda certeza es lo más puro del desfondamiento que le caracteriza.

El hecho de que el ser humano carece de una base naturalmente dada, de una vez para siempre es lo que denominaremos desfondamiento, y no se trata de un sentimiento y menos aún de una “crisis” de convicciones, sino de una condición universal e inmutable del ser humano en cuanto tal.

La lucha que mantiene el mismo hombre consigo para clarificarse es la que motiva la evolución de la filosofía, las ciencias, las religiones, los mitos y las ideologías, durante la cual la mente humana flota en la incertidumbre. Y todo ello no es sino la manifestación más evidente del desfondamiento de la consciencia y de la mente humana.

En virtud de su desfondamiento, el ser humano no puede proceder exclusivamente a base de principios lógicos y éticos abstractos o de certezas científicas.

Pero en definitiva, este desfondamiento que nos ha originado tanta inestabilidad e incertidumbre, y en determinadas épocas se hace más patente, como en la actual, aunque siempre esté ahí, no es negatividad, pues por su parte positiva obliga a un esfuerzo por avanzar por encima de las fijezas naturales. Por esto señala Cencillo: “el ser humano es en sí mismo desfondamiento creador de impactos culturales en sus circunstancias”. La cultura es un pivote necesario pues nos da una perspectiva donde enfocar “la infinitud desfondada de la realidad del hombre”[2]

Y con ello, para terminar, nos veríamos obligados ahora a plantearnos en todos los supuestos que hemos hablado cómo quedan éstos en el mundo planetizado multicultural. Pero eso ya es otra, difícil, cuestión.

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[1]   Luis Cencillo Ramírez. El hombre, noción científica. Ediciones Pirámide, Madrid 1978. Es nuestra obra de referencia.

[2] La mayoría de las frases que hacen referencia al desfondamiento están escogidas literal o casi literalmente de la obra de Luis Cencillo.

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RELACIÓN ENTRE EL TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIÓN CON HIPERACTIVIDAD Y EL TRASTORNO POR CONSUMO DE SUSTANCIAS (REVISIÓN)


Carlota Rojo-Valdemoro, Juan Rojo-Moreno, Jesús A. Santolaya Prego de Oliver

Publicado en: Revista Española de Drogodependencias 46 (1) 21-41. 2021.

Introducción:

Existe una elevada comorbilidad entre el trastorno por déficit de atención e hiperactividad
(TDAH) y el trastorno por consumo de sustancias, asociando una mayor gravedad
de las adicciones, menor edad de inicio del consumo, así como una mayor cronicidad de la
drogodependencia. En los pacientes con patología dual el tratamiento resulta ser una tarea compleja, por lo que la eficacia farmacológica ha sido objeto de múltiples estudios académicos en las últimas décadas. Objetivos: El objetivo principal es realizar una revisión bibliográfica acerca de esta comorbilidad, para conocer si el TDAH se considera un factor de riesgo en el desarrollo de un Trastorno por Consumo de Sustancias (TCS) en la adolescencia y en la edad adulta. También se pretende examinar si el tratamiento farmacológico del TDAH previene el desarrollo de TCS y si es segura su prescripción en pacientes con dicha comorbilidad. Metodología: Se realizó una búsqueda bibliográfica principalmente en la base de datos PubMed, en la que se introdujeron las palabras clave y se aplicaron los criterios de inclusión y de exclusión. Resultados: Los pacientes con TDAH tienen más riesgo de desarrollar dependencia al alcohol (OR 2,31), a la nicotina (OR 2,28) y al cannabis (OR 1,73); así como de desarrollar un TCS (OR 2,49) en la edad adulta.

Conclusiones:
El TDAH es un factor de riesgo para padecer un TCS, siendo seguro el tratamiento en
pacientes con patología dual además de mejorar la drogodependencia.

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Introduction:

There is a high comorbidity between attention deficit hyperactivity disorder (ADHD) and substance use disorder, with a higher severity of addictions, an earlier age on the onset of the consumption, as well as an increased chronic drug dependence. In patients with dual pathology treatment appears to be a complex task, causing the pharmacological efficacy to be object of study of multiple academic studies in the recent decades.

Objectives:
The main objective is to carry out a literature review on this comorbidity, in order to know
if ADHD is considered a risk factor in the development of a Substance use disorders (SUD)
in adolescence and adulthood. It is also intended to analyze whether the pharmacological
treatment of ADHD prevents from the development of SUD and whether its prescription
is safe in patients with such comorbidity. Methodology: A bibliographic research was carried
out mainly in the PubMed database, in which the keywords were introduced, and the inclusion
and exclusion criteria applied. Results: Patients with ADHD are at greater risk of developing
dependence on alcohol (OR 2.31), nicotine (OR 2.28) and cannabis (OR 1.73); and developing
a substance abuse disorder (SUD) (OR 2.49) in adulthood.

Conclusions:

Attention deficit hyperactivity disorder is a risk factor for developing a substance abuse disorder, being the treatment safe in patients with dual pathology as well as improving the drug dependence.

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Para ver el artículo completo publicado en: Revista Española de Drogodependencias 46 (1) 21-41. 2021 v46n1_rojo.pdf (aesed.com)

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