PRAGMATISMO


Juan Rojo Moreno

El pragmatismo es una escuela filosófica creada en los Estados Unidos a finales del siglo XIX por Charles Sanders Peirce, John Dewey y William James.​ Su concepto de base es que solo es verdadero aquello que funciona, enfocándose así en el mundo real objetivo.

En 1907 se publica el libro de William James “Pragmatismo: un nuevo nombre para algunos viejos modos de pensar”, en el que resumen lo esencial de su filosofía. [1] El primer uso impreso del nombre de pragmatismo fue en 1898 por W. James, quien atribuyó a Peirce el haber acuñado el término en 1878 (sobre el pragmatismo información aquí).

W. James fue uno de los mejores difusores de esta corriente pues tenía formación tanto filosófica como psicológica así como en ciencias naturales (siendo médico aunque no ejerció).

Durante muchos años, pasados los primeros del siglo XX, pareció que el pragmatismo como corriente perdió fuerza, al adquirir especial relevancia, en esa época de grandes cambios e innovaciones, el empirismo (enfatiza el papel de la experiencia, ligada a la percepción sensorial, en la formación del conocimiento) y más adelante el positivismo (afirma que el conocimiento auténtico es el conocimiento científico y que tal conocimiento solamente puede surgir de la afirmación de las hipótesis a través del método científico).

Aunque no ha dejado de influir en los campos de la Lógica, Ética, Metafísica, Filosofía de la mente, Ciencias Sociales, Feminismo y Urbanismo, entre otros campos, en este siglo XXI adquiere de nuevo especial importancia. Nos recuerda la frase de Deng Xiaoping : “No importa que el gato sea blanco o negro; mientras pueda cazar ratones, es un buen gato”  (luego repetida en España por el Presidente Felipe González).

El pragmatismo considera solo qué efectos concebibles de orden práctico  se originan. A priori no se rechaza ningún concepto ni el de Dios, el Absoluto, la Materia, la Razón, pero como lo que se va a valorar en cada caso es su fin práctico, “las teorías” llegan a ser instrumentos pero no respuestas a enigmas.

El pragmatismo, dice James, no tiene prejuicios a priori contra la teología. Si las ideas teológicas prueban poseer valor para la vida, serán verdaderas en la medida en que lo consigan. No tiene dogmas ni doctrinas, excepto su método: “no supone resultados particulares sino solamente una actitud de orientación, la actitud de apartarse de las primeras cosas, principios, “categorías”, supuestas necesidades, y de mirar hacia las cosas últimas, frutos, consecuencias, hechos” (que se consideran útiles, prácticos).

Pero W. James se opone a que se considere el pragmatismo como una especie de racionalismo (que acentúa el papel de la razón en la adquisición del conocimiento) señalando: el pragmatismo quiere hechos, el racionalismo abstracciones, el pragmatista habla de las verdades en plural, sobre su utilidad y suficiencia, del éxito de su “actuación”, todo lo cual a la mente típicamente intelectualista le parece una grosera clase de verdad”.

También podemos preguntarnos si no estamos repitiendo en la historia de manera cíclica las mismas cosas (cierto con el fondo cultural, social y de progreso diferente en los distintos siglos). Las mismas épocas de contracción y disolución social… es decir el eterno retorno  .

En relación con esto W. James se plantea la posibilidad del libre albedrío, señalando que éste, pragmáticamente, significa novedades en el mundo, el derecho a esperar que en sus más profundos elementos como en sus más superficiales fenómenos el futuro no se repita imitando idénticamente el pasado. El libre albedrío es una teoría cosmológica general de promesa, carece de significado a menos que sea una doctrina de consuelo.

Cierto que nos podemos plantear y discutir la vivencia individual de tener libre albedrío para hacer elecciones propias en nuestra vida, en la libertad que señalaba Sartre hasta las últimas consecuencias, pero más allá de entrar en esta discusión lo que nos planteamos es si el ser humano en los últimos 2000 años ha cambiado algo en sus raíces estructurales para que “en sus más profundos elementos como en sus más superficiales fenómenos el futuro no se repita imitando idénticamente el pasado”. Yo en esto no estoy nada seguro.

Y si nos fijamos en los movimientos sociales en los diferentes países solo en lo que va del siglo XXI vemos la repetición de periodos anteriores, con idéntica caladura. Quizá la única diferencia es que la información ahora es corrediza y tiende, a pesar de los intentos de manipulación, a imponerse contrastada en la globalidad.

Pero la planetociedad supercomunicada también tiene problemas. Aún no hemos pasado el “sarampión” de la hipercomunicabilidad. Nos vemos desbordados de datos, de mensajes y de información. En cierto modo tenemos una cierta perplejidad de nuestro stand. La verdad se nos escapa y no sabemos a dónde agarrarnos que dure algo de tiempo. En EEUU el coste de la adicción a la hipercomunicabilidad es caro. Cada vez mueren más personas atropelladas por este motivo: distracted walking.

En este mundo tan comunicado, la verdad y qué es verdad se ha relativizado tanto que a veces en poco tiempo nos la presentan argumentativamente de forma opuesta. Cierto que la verdad, como señala W. James: “descansa en su mayor parte sobre su sistema de crédito. Nuestros pensamientos y creencias “pasan” en tanto no hay nadie que los ponga a prueba, del mismo modo que pasa un billete de banco en tanto que nadie lo rehúse. Las verdades emergen de los hechos, pero vuelven a sumirse en ellos de nuevo y los aumentan: esos hechos, otra vez, crean o revelan una nueva verdad y así indefinidamente. Los hechos mismos, mientras tanto, no son verdaderos. Son, simplemente. La verdad es la función de las creencias que comienzan y acaban entre ellos”. [2]

Pero ahora, en nuestros tiempos hay tantos y tantos hechos, tantas perspectivas para argumentar el mismo hecho, tanto marketing e ingeniería de la comunicación para mostrar lo que interesa de cada hecho relevante que son muchas verdades las que emergen de los hechos para sumirse de nuevo en ellos. Dice James que “la verdad es la función de las creencias que comienzan y acaban entre los hechos”. Pero ahora nuestro sistema creencial está en un constante estado sísmico por lo que los hechos no comienzan y no acaban desde nada estable ni seguro.

Los hechos “son, simplemente”, dice James, pero actualmente excepto los más objetivos naturales (un terremoto, un tsunami…) la mayoría de los hechos vitales que constituyen nuestra relación de otredad social pueden llegar a no “simplemente ser”, pues se suplanta el hecho por la interpretación del hecho, por la forma de comunicarlo (de nuevo la comunicación) y la fuerza a favor o en contra desde la “mass media” en relación con la interpretación del hecho.

Parece que este siglo XXI es muy pragmatista: igual se utiliza el positivismo, el empirismo o el racionalismo, según convenga, para justificar el sentido de lo que se propone. Y el pragmatismo consiste en eso, en no aferrarse a ninguno de estos métodos ni identificarse con ellos, pero no los anula si en momentos determinados son “prácticos”, útiles (según los principios pragmatistas -señala James- no podemos rechazar hipótesis alguna si de ella se desprenden consecuencias útiles para la vida).

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En la introducción que se hace a la edición de la obra que hemos tenido de referencia de W. James, posiblemente el traductor Luis Rodríguez Aranda o el editor (nadie firma esa introducción) señala que si bien en gran parte las contribuciones de James a la psicología y como científico de laboratorio han quedado superadas, no obstante el paso del tiempo ha agregado motivos de interés para acercarnos a su trabajo filosófico cuyo núcleo es el pragmatismo.

Y creo que no solo es de interés sino que está renaciendo con fuerza, aunque no se identifiquen explícitamente los que lo utilizan en amplios entramados sociales, económicos y de corrientes diversas. En la última mitad del siglo XX el péndulo de la historia se cargó mucho de positivismo, con grandes avances aplicados desde la ciencia y aunque aún sigue este avance, no obstante, los choques culturales, las migraciones a Europa desde África y Medio Oriente, el famoso “muro” de EEUU con México, la migración actual en Latinoamérica a países cercanos, etc., está originando, como ya señalé, que nuestro sistema creencial esté en un constante estado sísmico. Esto origina perplejidad, origina desconfianza y quizá fácilmente origina que se ofrezcan soluciones o ideas “entre aguas”. Quizá por esto el pragmatismo está modificando el movimiento pendular histórico.

Ya veremos hacia donde se dirige el péndulo histórico cuando se quiere usar el pragmatismo no como un método de comprensión, sino como un método de acción “global”: el tiempo lo dirá.

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[1] William James. Pragmatismo. Un nombre nuevo para viejos modos de pensar. Va a ser nuestra obra cifra de referencia. Utilizamos la edición de SARPE, Madrid,  1984.

[2] Para W. James la cuestión ¿qué es la verdad? no es una cuestión real (ya que no es relativa a ni ninguna condición) y toda la noción de la verdad es una abstracción del hecho de las verdades, en plural, una simple frase sumaria y útil.

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LAS ENSEÑANZAS SECRETAS DE LOS BUDISTAS TIBETANOS


Juan Rojo Moreno

         Alexandra David-Neel escribe esta obra  en 1961 (edición francesa) que es publicada al castellano en 1970 (Argentina) y a la que existe acceso libre en PDF. Nos va a servir como cifra de referencia. [1]

Ciertamente la autora ya nos avisa en el Prefacio a la Primera Edición que lo que nos va a mostrar es un “reportaje” que refiere a lo que se denominan las “enseñanzas secretas”, es decir, las que se transmiten de una manera no tan oficial como otras, y entre sus aportaciones recogeremos algunas que nos han servido para este comentario.

Comenta la autora que difícilmente se podrá escribir en el futuro un libro como este pues la ruidosa civilización también ha llegado al Tíbet dispersando a doctos meditadores y ermitaños contemplativos. Cierto, en un mundo interconectado, planetizado, parece que el hacer es mucho más importarte que el contemplar y la preocupación por el tener también mayor que por el Ser. Aunque yo no soy tan pesimista. Antes las ideas y la expresión de la reflexión quedaban restringidas a muy pocas personas e incluso a zonas geográficas concretas. Así ocurrió con la época intelectual dorada francesa, alemana, etc. en las que solo se citaban, y al parecer casi solo conocían, a los propios del país o lengua y poco más. Hoy en día podemos comunicarnos  a nivel mundial gracias a la RED y comprar libros ya agotados o leerlos gratis en internet.

Pero por otra parte la nueva filosofía que más cala en el mundo no es la que proviene de “los filósofos” sino de físicos o del mundo audiovisual. Con cierta razón le decía un erudito tibetano a David-Neel: “hábleles de verdades profundas, bostezan, y si se atreven la dejan sola, pero basta referirles absurdas fábulas, son puro ojos y oídos”. Quizá hoy en día en  el mundo de ficción se nos presenta, de manera agradable, muchos aspectos filosóficos que son más o menos digeridos por poblaciones abundantes. ¿Quién ha visto 2001 una Odisea del Espacio o Matrix, Avatar, Yo Robot o Divergente? Plantean curiosos problemas sobre estados de conciencia. Igualmente podríamos preguntar ¿Quién ha leído a Kant, a Kierkegaard, Sartre, Jaspers o Heidegger? Por no nombrar los clásicos. Si contamos los que han levantado la mano en un grupo y otro seguro que hay notable diferencia.

Porque “la humanidad se agita en el torbellino del mundo y en él encuentra su placer…” le decía el maestro. Y quizá hoy en día en ese torbellino es donde tenemos que acuñar las nuevas ideas filosóficas para que impregnen a esta humanidad acelerada, pero que es la que realmente patentiza el Ser. La filosofía del Ser no puede ser solo un proceso de individuación aislado, o con algún otro, ha de ser un cambio más o menos colectivo, y es en ese torbellino que ha de producirse, o no se producirá.

Ciertamente, las enseñanzas secretas y alcanzar el “ver más allá” (vista profunda, lhag thong) están destinadas a aquellos que están dotados de una inteligencia superior, excelente: “lotos cuyas flores se levantan por encima del agua”.[2]

¿Pero de qué clase de inteligencia estamos hablando? Está claro que si ibas al Tíbet y te aceptaban, la inteligencia tenía el filtro “escolar” pues el contacto era muy directo con el o los posibles maestros. Pero ahora por la intercomunicabilidad te encuentras múltiples facetas intelectivas emocionales y espirituales en personas con una agudeza, penetrancia y capacidad de absolver nuevas concepciones del mundo que no habría sido posible con un filtro escolar como el que existía antiguamente. Son los nuevos retos de los grupos ocultos que la intercomunicación plantea.

La adquisición de la vista profunda o penetrante no consiste en aprender ciertas cosas al alumno, en descubrirle ciertos secretos, sino en indicarle los medios de aprenderlos y descubrirlos él mismo. ¡Dudad! Es el primer principio básico. La duda inicia a la búsqueda y la búsqueda es la vía que lleva al conocimiento.

¿Y qué nos muestran las enseñanzas secretas respecto al mundo y al cosmos?

 Que todo es movimiento. Los objetos que nos aparecen no son sino movimiento (sucesión continua e infinitamente rápida de destellos de energía). El universo es movimiento y ese movimiento está hecho de contactos. Los contactos y sus efectos son el universo.

Y a partir de aquí todas las cosas que queramos elucubrar no van a ser sino eso, elucubraciones de nuestro espíritu. Los objetos sobre los que podemos pensar carecen de toda existencia real. Aunque todo va a estar interdependiente: “no hay en absoluto producción real, no hay sino interdependencia”.

La teoría de los orígenes interdependientes está íntimamente ligada a la de la instantaneidad de todos los fenómenos ya que éstos consisten, como hemos dicho, en destellos discontinuos de energía. Pero no quiere decir que éstos hayan engendrado a aquellos que surgen, pues los destellos de energía no tienen duración alguna que pueda permitirnos un acto real de producción. Por esto remarca David-Neel que “no aparece cosa alguna que se haya producido por si misma… pero la teoría de los Orígenes interdependientes apunta a esclarecer simplemente la existencia pasajera de ciertos fenómenos para que tal otro fenómenos llegue a existir”.

Esto no quiere decir que haya causas tal como las entendemos en física clásica sino que existe una conjugación, coexistencia e interdependencia y existe un fenómeno por el otro.

Aunque todo esto pertenece al Conocimiento milenario transmitido de maestro a discípulo, desde la antigüedad, pronto vemos que en la actualidad nos está resonando lo mismo cuando se habla en mecánica cuántica del Entrelazamiento Cuántico : “es un fenómeno cuántico, en el cual los estados cuánticos de dos o más objetos se deben describir mediante un estado único que involucra a todos los objetos del sistema, aún cuando los objetos estén separados espacialmente. Esto lleva a correlaciones entre las propiedades físicas observables. Esas fuertes correlaciones hacen que las medidas realizadas sobre un sistema parezcan estar influyendo instantáneamente en otros sistemas que están enlazados con él, y sugieren que alguna influencia se tendría que estar propagando instantáneamente entre los sistemas, a pesar de la separación entre ellos”.

Subyace la propiedad física de la no separabilidad y es la base de tecnologías tales como la computación cuántica o la criptografía cuántica, y se ha utilizado en experimentos de teleportación cuántica. Y ya incluso se ha llevado experimentalmente este fenómeno a nivel de elementos macroscópicos.

A partir de aquí será más fácil comprender por qué vemos a estos espirituales rezando u orando por la humanidad (en el cristianismo tiene otro sentido pues es a través de Dios que se conseguiría que “se hiciese su voluntad”).

En el budismo toda acción física, mental o espiritual da lugar a una emisión de energía. Este ergón (la expresión consagrada sería “semilla”) al igual que todas las energías materiales tiende, en circunstancias favorables, a producir “algo que existe”.

De este modo los “ergones” (energía-fuerza) proyectadas en el universo por el deseo, el amor, el odio, los sentimientos, tienden a reproducir “ergones” semejantes ya sean psíquicos o materiales: “no hay ni un grano de arena ni una brizna de hierba que no sea emisor de energía (“simiente”) por la actividad de su vida física, e igualmente para la actividad de una vida psíquica… no se produce el menor movimiento -en este mundo que es movimiento- sin que ese movimiento desencadene otros movimientos, otras manifestaciones de energía”. Por esto, todos nuestros movimientos físicos o mentales son el fruto de otros movimientos que provienen de todo el universo y que repercuten en todo el universo.

Como son muchos los actos y “ergones” (energía-fuerza) que intervienen en la aparición del nuevo acto, nunca el pasado se repetirá aunque pueda estar estructurando el futuro pero nunca será el mismo.[3]

Al estar todo conectado, con arreglo a las enseñanzas reservadas -señala David-Neel- es preciso llegar a comprender que no hay una corriente que sea mi espíritu, sino una corriente única que es el conjunto de la actividad mental que obra sin punto de partida cognoscible… todo es colectivo”.

Esto también nos recuerda al Inconsciente Colectivo de C. G Jung cuando señalaba que en él existen contenidos anímicos autónomos que son actuantes en nuestra vida cotidiana, arquetipos que son “la expresión psíquica de la identidad, de la estructura del cerebro, que trasciende todas las diferencias raciales”.

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 Alexandra David-Neel profundiza en su obra en muchos aspectos complejos del budismo y de las enseñanzas secretas: en el Vacío, en la Vía y la Liberación, etc. Pero aunque el contexto cambia, y también el lenguaje, en Occidente filósofos y existencialistas removieron las mismas conclusiones que desde milenios se patentizaban en otras culturas. Quizá el atractivo actual por las filosofías Orientales viene dado porque, dentro de su enigma, el lenguaje es más directo que muchos de nuestros existencialistas que escribían para ser leído por personas muy comprometidas con ese lenguaje. Quizá por esto ahora el lenguaje multimedia tenga más calado aunque realmente no sabemos si tendrá más penetrancia vital.

Si seguimos mirando la historia hasta hoy mismo el mundo está como está y, cierto, estamos interconectados pero no sé si realmente a nivel de la tan polémica “naturaleza humana” hemos avanzado algo.

En este sentido Alexandra David-Neel aporta su esfuerzo al acercarnos, con un lenguaje comprensible y bien explicado, las más profundas y complejas ideas de esas enseñanzas milenarias que ella tuvo la oportunidad de conocer.

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[1] Alexandra David-Neel. Las enseñanzas secretas de los buddhistas tibetanos. Editorial Kier, Buenos Aires, segunda edición, 1976.

[2] Literalmente lhag thong, señala David-Neel, significa ver “más”, ver “más allá”, más allá de los límites donde se detiene la vista de los espíritus ya cultos, hacer nacer el tercer ojo del Conocimiento, que los adeptos de las ciencias tántricas colocan en medio de la frente de sus Deidades simbólicas.

[3] El término “ergón” lo he utilizado pues parece mejor para nuestra lectura que utilizar el propio del saber secreto de “semilla”. No tiene nada que ver este neologismo con el “orgón” de Wilhelm Reich

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LA MEDICINA CON Y SIN EVIDENCIA


Juan Rojo Moreno

Juan Rof Carballo en Medicina y Actividad Creadora trata múltiple temas y no solo sobre la creatividad artística y los médicos sino que trata de la actividad clínica del día a día, y esta actividad se realiza sobre personas enfermas. Por esto no podemos separar nunca la medicina de un cierto humanismo personalizado. Y de ahí el paso es rápido hacia la sociedad: “no es raro oír de los más expertos que en la actualidad toda la sociedad está neurotizada, es `neurótica´”.

¿Pero todas las sociedades son neuróticas? ¿O este es un paradigma social que se ha desarrollado en nuestra cultura a partir de la “concienciación” de las influencias inconscientes puestas de manifiesto por el psicoanálisis desde principios de siglo XX?

¿Se usa el psicoanálisis en las sociedades asiáticas o quedó más bien para el desarrollo en base a nuestro fondo histórico-cultural occidental?

Rof Carballo trae a colación un estudio en el que se grabaron los primeros cinco minutos de la entrevista médico-paciente y se estudiaron por psiquiatras, antropólogos lingüistas y filólogos esas conversaciones y se valoraron, segundo a segundo, todos los matices que aparecían. Lo que se descubrió especialmente interesante fue que muchos hábitos paraverbales influyeron en la entrevista y cómo en tan breve espacio de tiempo se producía una extraordinaria densidad de interacciones emocionales Y eso que no se pudieron apreciar todos los demás elementos que intervienen en el lenguaje no verbal (fueron grabadas las entrevistas pero no fue video).

Pero ¿cómo se van a desarrollar estas interacciones emocionales con todo el bosquejo de lenguaje paraverbal (modismos, inflexiones, pausas…) y no verbal (lenguaje silencioso) cuando el médico tiene delante a personas inmigrantes del continente africano, Oriente Medio… que apenas si hablan el idioma del nuevo país en donde ahora residen?

No conozco un estudio comparativo en estos casos pero curiosamente Rof Carballo ya en los años 60 del pasado siglo se planteó en parte este problema. Rof cita a Mircea Eliade que ha hablado del nuevo encuentro de envergadura gigantesco que se produce en nuestro tiempo en Occidente: es entre dos mundos uno de los cuales pertenece a otras culturas u otras razas, y para Eliade es algo inevitable, siendo una cita que “está inscrita en la fatalidad de la historia”.

Ahora, comenta nuestro autor, Rof, que cuando todo parecía indicar que nuestro tiempo podía ser caracterizado por los hechos como la “era atómica” o bien como la historia del hombre de la ciencia y la técnica, no obstante  descubrimos con gran fuerza eficaz la irrupción de los pueblos no europeos.[1]

Todo aquello que fue anteriormente documentación humana de otras culturas, otras concepciones religiosas, mitos creencias y símbolos ahora son situaciones humanas que tienen el carácter de convivenciales.

Parafraseando a Eliade, el hombre occidental, quiéralo o no, va a tener que convivir con las viejas culturas tradicionales asiáticas y africanas y no solo en el plano utilitario sino también en el de los valores espirituales; estamos en los umbrales de una empresa fabulosa, acaso mucho más trascendente en la historia del hombre que la espectacular conquista del cosmos.

Y  no solo se trata de una convivencia de diferentes culturas, razas,  paradigmas, creencias y religiones sino que además, señala Rof Carballo, se confrontan diferentes subconscientes singulares, y siempre que en el curso de la historia los subconscientes colectivos que se entremezclan son demasiados heterogéneos la coexistencia de todos ellos sólo se realiza gracias al refuerzo de ese estamento ordenador y jerarquizante que recibe el nombre de “super-yo”.

Y volviendo a nuestra pregunta anterior, que es más concreta:

¿Qué tipo de entrevista médico-paciente le podemos ofrecer a esta avalancha de inmigrantes? Evidentemente la más accesible es la entrevista basada en la técnica y en las llamadas pruebas de “evidencia”. Pero la medicina basada en la evidencia (MBE)  tiene unas etapas que incluye:

  1. Convertir la necesidad de información como formulación de una pregunta clínica clara y precisa a partir de un problema clínico dado (acerca de prevención, diagnóstico, pronóstico, tratamiento, etc.).
  2. Búsqueda de la literatura de artículos originales relevantes y apropiados para poder contestar la pregunta clínica (la mejor evidencia disponible).
  3. Leer críticamente.Evaluación crítica de la validez y utilidad de los artículos encontrados (nivel de verosimilitud de las pruebas).
  4. Aplicación de los resultados a la práctica clínica al paciente tomando en cuenta su contexto y sus preferencias.
  5. Repasar el proceso.Repasar el proceso y hacer evaluación auto-crítica para corregir errores y mejorar el sistema de forma iterativa.

Nos encontraríamos con problemas en cómo se desarrollan los puntos 1 y 4.

Quizá, como señala Rof Carballo, lo más difícil será, en los casos que nos atañe, evitar “una Medicina mutilada sin clara visión sobre el universo emocional del hombre, una Medicina manca y tuerta”.

Esto no quiere decir, ni mucho menos, que no estemos agradecidos y muchas veces incluso sorprendidos por los magníficos avances científicos y como dijo Franz Alexander del científico: “ha descendido de su reclusión en el Olimpo para enseñar a los hombres el secreto del fuego”.

Un pueblo sin creatividad, señala Rof Carballo, está condenado a la miseria. E insiste nuestro autor en que la investigación en medicina no es cuestión de lujo de la que se puede o no prescindir, sino un problema vital para la práctica profesional; una Medicina que no produzca trabajos originales es estéril por mucho que se trate de disimular con revisiones o erudiciones.

Rof no quiere en ese momento (años 60) hacer una valoración de cómo está en este campo la medicina española. Igualmente, en el siguiente video muy interesante sobre el cuadro que está en el Prado “El cirujano” de Jan Handers van Hemesen que nos lo comenta Mariano Barbacid, investigador del CNIO, se plantea también ahora esta cuestión (ver aquí).

Rof Carballo trae a colación la conferencia sobre “la responsabilidad de la ciencia en nuestra época” dictada por el físico Carlos v. Weizsäcker profesor y director del instituto Max Planck: “la Medicina tiene que ver con el hombre de manera directa. Vive la tensión de nuestro tiempo como un enfrentamiento, por un lado, entre el análisis causal de los fenómenos asilados tal como procede la Medicina científico-natural y, por el otro, con la visión sobre el hombre entero, sobre la relación con el enfermo como persona consciente y responsable que padece… Es precisamente el médico que en todo enfermo acierta a ver el hombre total el que obtiene indicaciones más útiles para el análisis causal de la enfermedad… [para esto] es necesario el trabajo en común, pero este trabajo en común solo resulta fructífero si cada uno de los médicos procura y logra no perder jamás de vista la totalidad del hombre”.

Ya desde los orígenes míticos de la Medicina siempre han estado unidos el conocimiento y el sentimiento e incluso el sufrimiento. En Medicina nuestro referente es Asclepio (incesantemente benévolo) también conocido, para los romanos, como Esculapio, que vivió en el siglo XII a.C, y  porta el emblema médico: una vara de ciprés que tiene enroscada una serpiente (Zamenis longissimus)  cuya cabeza mira hacia la izquierda y también hay una rama de laurel y de roble.  Míticamente se le considera un dios, hijo de Apolo y de la ninfa Coronis. Pero según la mitología, Asclepio aprendió medicina en gran parte del padre real de la medicina, el centauro Quirón.

Una flecha de Heracles dirigida contra Elatos (otro centauro) alcanzó al centauro Quirón en su cueva de Males dejándole una incurable herida. Aunque era un dios, llevó esa herida incurable. Fue en su juventud cuando el propio Apolo le enseñó a obtener de las plantas zumos saludables y es el precursor de la medicina helénica, el padre de la medicina. Quirón educa a Asclepio enseñándole las artes curativas sobre todo las de las plantas. Mientras que el resto de centauros eran bestias muy rudas, el inmortal Quirón se distinguía por su carácter civilizado lleno de sabiduría, inteligencia y fraternidad. Era un gran músico y fue famoso por su extenso conocimiento en el campo de la medicina. Los héroes de la Ilíada no dejaban de alabar las pócimas de hierbas con que trataba las heridas de guerra. Gracias a Apolo, Quirón se convirtió en un extraordinario arquero. En Quirón se junta la sabiduría, frialdad en la razón, cordialidad, paciencia y el arte médico pero así mismo en él también tenemos el sufrimiento por la herida que padece hasta el punto que al final cede la inmortalidad para poder morir y escapar al dolor.

El nombre Quirón proviene de “mano”: dios de mano hábil para curar, buena mano, y se le considera también el padre mítico de la cirugía aunque fue uno de los hijos de Asclepio, Macaón (significa batalla), el primer médico que curaba heridas en la Ilíada, el primer cirujano.

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A veces puede que sea necesario aplicar el “principio de Tiresias” a nuestra actividad humana pues nos está dando deslumbrantes resultados puntuales.

Tiresias es llamado a resolver una disputa entre Júpiter y Juno. Como decide en contra de lo que Juno afirmaba, la diosa le castiga con la ceguera. Júpiter que no puede enmendar el castigo le compensa donando a Tiresias la videncia sobre las cosas ocultas.

A veces es necesario aplicar el principio de Tiresias -señala Rof- el sacrificio de la visión total, la ceguera que acaso sea inevitable siempre que acertamos a divisar dentro de la realidad riquísima, una nueva parcela de la verdad (ver menos para no quedarnos prendados en lo concreto, para “ver” lo más global del hombre enfermo).

Aunque bien está si a la vez tomamos conciencia de la ceguera acompañante y buscamos el modo de resolverla, lo que debe ser una constante finalidad para una buena práctica médica que avance hacia el hombre enfermo como totalidad.

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[1] Juan Rof Carballo. Medicina y actividad creadora. Edita Revista de Occidente, Madrid, 1964. Va a ser nuestra obra cifra de referencia.  Para ser fieles a lo que Rof Carballo señala cuando habla de la “irrupción de los pueblos no europeos” no se está refiriendo a la inmigración como tal sino al poder de estos para influí en la historia del mundo.

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A PROPÓSITO DE LOS EXISTENCIALISTAS: HEIDEGGER Y JASPERS


Juan Rojo Moreno

         Hay mucho escrito sobre Martin Heidegger, Karl Jaspers así como sobre Jean-Paul Sartre (entre otros muchos existencialistas) por lo que aquí queremos hacer algunos comentarios de los dos primeros pero no un resumen de sus obras, algo imposible en un espacio corto y que no es nuestro propósito.

Así, sobre Heidegger quien tenga interés en un resumen en un vídeo corto puede verlo aquí y sobre Jaspers aquí  (en italiano)

Es más difícil encontrar videos cortos sobre Jaspers al ser, quizá, su obra más plástica, siendo paradójico que si bien él intentó ser bastante comunicativo (a diferencia de Heidegger) actualmente es menos conocido o difundido.

Sara Bakewell nos introduce en su obra “En el café de los existencialistas” a partir de Sartre cuando él y Simone de Beauvoir (que fue su pareja en relación “abierta”) tuvieron conocimiento de una nueva manera de enfocar la filosofía: la fenomenología de E. Husserl,  [1]

La fenomenología se planteaba ir “a por la vida tal como se experimenta”.  Su lema “a las propias cosas” fundamentaba su método que era describir fenómenos “tal como se presentan a mi experiencia” eliminando de éstos todas las cosas innecesarias, llegando a conocer lo esencial. La fenomenología ayuda en medicina al permitir considerar los síntomas tal como los experimentan los pacientes en vez de considerarlos exclusivamente como procesos físicos.

La fenomenología, señala S. Bakewell, permitió que no estuviéramos enfrascados en la pregunta de si algo era real o no pues lo que importa es la vivencia  o percepción directa, y también nos libera de ideologías políticas y sociales y de todos los “ismos” (cientifismo, fundamentalismo, marxismo, fascismo…) pues al introducirnos en las esencias desaparecen esas consideraciones.

Otro fenomenólogo era Martín Heidegger que se preguntaba por el Ser. Realmente el propio Husserl esperaba que su discípulo Heidegger le sucediera en su puesto de director en Friburgo, y así fue. Pero no siguió la misma línea que Husserl y cuando éste leyó la obra principal de Heidegger “Ser y Tiempo” (incluso varias veces en un verano) vio que lo que planteaba era algo muy distinto a su método puro fenomenológico.

La obra Ser y Tiempo era la primera parte y la segunda (que nunca escribió) debería ser El Tiempo del Ser en la se suponía que “el sentido del Ser del Dasein es el tiempo”.

También Karl Jaspers en 1913 trabajaba como investigador en el hospital clínico de Psiquiatría de Heidelberg habiendo elegido la rama de psicología que le parecía más concreta que la filosofía clásica y también oyó hablar de la fenomenología.

Ambos investigadores del conocimiento coincidieron durante bastantes años y se completaron filosóficamente  pues su postura chocaba frontalmente con la filosofía clásica vigente hasta entonces. El primer cambio frente a esta filosofía clásica fue la fenomenología y en ella al principio los dos confluyeron

Para Heidegger el Ser no tiene definición (en algún momento incluso lo identificó con la “nada”). Él al igual que Jaspers evita toda referencia a conceptos teológicos o religiosos. No obstante al igual que ocurre en la teología negativa (podemos decir miles de cosas que no son Dios pero no definir a Dios)  podemos decir miles de cosas que no son el Ser pero no definirlo. Para Heidegger lo importante es que los seres humanos, las personas, somos concreciones del Ser (Dasein). Y por lo tanto Dasein es igual a existencia o igual a seres-en-el-mundo.

El mundo tiene sentido porque es iluminado por el Ser a través del Dasein. Es decir, nosotros concebimos un martillo, una casa o un árbol y todas las cosas esas son y tienen sentido porque nosotros se las damos. Si no hubiese ningún Dasein en el planeta esas cosas no tendrían significado propio. Por lo tanto, nosotros utilizamos las cosas (Ortega y Gasset también se refirió a esto diciendo que las cosas son prágmatas, es decir utilidades).

Como señala Bakewell, simplemente coger el hábito de decir Dasein te introduce ya a mitad de camino del mundo de Heidegger. Es un término tan importante que los traductores ingleses a veces tienden a dejarlo en el alemán original.

Con las “cosas” tenemos, pues, una relación práctica “ser a la mano”, de manera que un martillo es tal cuando lo tenemos para ese uso, pero también podemos tener una relación simplemente de ser-a-la-vista. Considera que un error de los filósofos ha sido el considerar todo como si fuera “a la vista” de manera que se han apartado de la vida diaria.

Además las cosas que son prácticas también tienen su historicidad. Si veo la mesa del comedor no solo es una mesa sino mi mesa en la que he comido anteriormente, igualmente he podido celebrar cumpleaños o mis padres comieron también. Todo es también social por la historicidad y en consecuencias somos ser-con (Mitsein). Cohabitamos con otros Dasein en un mundo-con (o Mitwelt).

Como el Dasein es una existencia (ex =fuera, sistere=estar, es decir está en el mundo, “está ahí”), ésta puede desarrollarse de múltiples formas o posibilidades, pero hay una forma autentica que es cuando asume que es un ser-para-la-muerte y otras formas inauténticas que es cuando queda prendado de las cosas (Dasman= el ellos) buscando el sentido en las cosas, saltando de una a otra y sin satisfacción en ninguna. Dasman es una forma de Dasein en la que se funciona por el “se”: hacemos las cosas como “se” hacen, pensamos como “se” piensa. Caemos en la banalidad.

Según Heidegger nos vemos arrojados al mundo y hay un momento que es inevitable: la muerte. Para él la existencia autentica, el ser-para-la-muerte, es un punto de avance supremo en el desarrollo del Dasein.

Jean Paul Sartre, por ejemplo, no está nada de acuerdo con esto pues para él la muerte es “una cancelación siempre posible de lo que puedo ser, lo cual está fuera de mis posibilidades” Para Sartre la muerte es accidental en su ocurrir y por tanto absurda. La muerte no puede ser mi posibilidad peculiar ni tan siquiera puede ser una de mis posibilidades. Es un hecho contingente que como tal se me escapa. No soy “libre para morir” (que diría Heidegger) sino un ser libre que muere (dice Sartre). No se puede preparar la muerte, ni puedo hacerla mía, no es algo con lo que se pueda ser decidido, ni algo que se pueda incorporar  y amaestrar.[2]

Heidegger escribió con un lenguaje complicado de entender, aunque eso no le importaba mucho pues consideraba que era un pago pequeño frente a la revolución filosófica que preconizaba. Quizá el que haya prevalecido tanto el pensamiento de Heidegger frente al de Jaspers ha sido porque una vez interpretado el primero ha sido muy práctico en el día a día. Así, señala Bakewell como en Ser y Tiempo lo más ontológico es el Ser cotidiano: el cuidado y la preocupación práctica son más primordiales que la reflexión, la utilidad viene antes que la contemplación: Ser-en-el-mundo y Ser-con-otros antes que Ser-solo. Así, por ejemplo, comenta esta autora, estoy dando  martillazos o escribiendo en el ordenador y apenas soy consciente del martillo o del PC, pero quizá de repente la cabeza del martillo se sale del mango o el ordenador se cuelga y me quedo perplejo mirando el martillo roto o viendo que escribo y no funciona nada. Lo que había sido un objeto-puesto-a-la-mano ha pasado repentinamente a ser-justo-presente y no más. Nos ha dejado perplejo la pérdida de su Ser-cosa-práctica que estaba utilizando la persona.

Karl Jaspers tuvo muchos puntos de contacto desde la filosofía con Heidegger y mantuvieron correspondencia y algunos encuentros. Habló de las situaciones límites (insuperables lógicamente) en las que podemos plantearnos o cerciorarnos de la Trascendencia (ésta tiene cierta equivalencia con el Ser de Heidegger).

Jaspers considera situaciones límites: la muerte, el sufrimiento, la lucha y la culpa: “Ante las situaciones límites no reaccionamos, por tanto, inteligentemente, mediante planes y cálculos para superarlas, sino por una actividad completamente distinta, llegando a ser la posible existencia que hay en nosotros; llegamos a ser nosotros mismos entrando en situaciones límite con los ojos bien abiertos. Estas solo son cognoscibles externamente para el saber; como realidades sólo pueden ser sentidas por la existencia. Experimentar las situaciones límites y existir son una misma cosa”.

La ciencia, al ser empírica, no puede llegar a conocer todo del hombre, pero es el fundamento necesario y la primera etapa de la filosofía. La filosofía empieza con la ciencia porque no existe ningún mundo independiente del mundo objetivo que explora la ciencia.

Para Jaspers hay tres formas de manifestarse el Ser:

estar-ahí,

ser-uno-mismo-

ser-en-sí.

Lo que él denomina “conciencia general” hace referencia al mundo de las cosas. Con este mundo general tenemos la relación de estar-ahí. Por lo tanto el mundo empírico es el estar-ahí (que es también el mundo de la ciencia). Pero más allá del estar-ahí el hombre puede avanzar (ser-uno-mismo) y llegar a cerciorarse de la Trascendencia (ser-en-sí).

Así pues, más allá de la vida en el mundo y las cosas, cuando me desarrollo en ejercitar mi libertad en el ámbito de ser-uno-mismo, es cuando reconozco que no puedo hallarme a mí mismo en los aspectos objetivos de mi existencia.

Al ser una posible existencia a la cual soy despertado y en cuanto me mantenga en el nivel de ser-uno-mismo, esto será “la conciencia de mi esencia”.

Pero la conciencia de la libertad que despierta al yo, en cuanto ser-uno-mismo,  ha de estar ligada a una concienciación en cuanto al yo en el mundo. Es decir, la evolución de la persona nunca supone apartarse del mundo.

Como señala H.S Blackham: La tensión ética que está en el corazón de la filosofía de Jaspers consiste en reconocer que hay una dualidad irreductible entre el ser-uno-mismo y el estar-ahí en el mundo. Y que al estar en el mundo hay una frustración en conseguir las tareas, fines e ideales. No obstante el único camino es el intentar alcanzar éstos como único medio de ser-uno-mismo y de lograr ser-en sí.

El ser-uno mismo  que se mantiene apartado del mundo empírico, el estar-ahí, o que se quedara al margen, sería estéril y autodestructivo.

El mundo objetivo, el estar-ahí, no es el Ser-en-sí (Trascendencia), la realidad fundamental, pero esta realidad no debe buscarse en ningún otro sitio.

Todo el esfuerzo de la filosofía está en acercarme desde el ser-uno-mismo a la Trascendencia,  y la existencia personal solo puede ser satisfecha con el ser-en-sí que es la existencia absoluta, que es la Transcendencia.

Concluye H.S Blackham en su síntesis sobre Jaspers que la filosofía de este existencialista no es una teología natural pero podría decirse que ocupa el lugar de una teología natural. La noción de Jaspers de la Trascendencia no es teísta ni tampoco es panteísta. Él rechaza tanto la religión como el ateísmo. La religión por cuanto se proclama autoritaria y se empeña en garantizar y administrar la experiencia de la Trascendencia y porque mantiene la idea de un más allá que es otro mundo, no un más allá que es el sentido oculto de este mundo. Cualquier cosa que venga a significar separación del mundo, o el trato de cualquier cosa del mundo como sagrada o privilegiada, es rechazada  radicalmente. Igualmente el positivismo ateo es rechazado porque niega la posibilidad de la Trascendencia y porque se dedica a buscar sustitutos que son falsos.

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Si se quiere ampliar más sobre Jaspers sin acudir a sus obras directamente  ya escribí anteriormente sobre su filosofía intentando utilizar el lenguaje más accesible posible  aquí  y aquí 

Para los muy interesados en la comparación entre estos dos autores, y que ya asimilan algo el lenguaje de los mismos, les puede interesar el trabajo de Hugo Campos-Winter  “Interpretación ontoepistemológica de Jaspers y Heidegger desde Holzapfel” (aquí)

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[1] Sarah Bakewell. En el café de los existencialistas (sexo, café y cigarrillos o cuando filosofar era provocador). Editorial Ariel, 2016. Va a ser nuestra primera obra cifra de referencia.

 [2] Algunas notas de estos autores y referencias de Sartre han sido tomadas también del libro “Seis pensadores existencialistas” de H.S. Blackham, editorial Oikos Tau, Barcelona, 1967 (segunda edición). Va a ser también nuestra segunda obra cita de referencia.

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MEDICINA PSICOSOMÁTICA. PASADO Y ESTADO


Juan Rojo Moreno

         La denominada Medicina Psicosomática es como la energía: está en todas partes y realmente nadie sabe qué es.

Si, ciertamente, el Diccionario de la Lengua Española (DLE) define psicosomática como: “Que afecta a la psique o que implica o da lugar a una acción de la psique sobre el cuerpo o al contrario” y como indica P. Laín también hay otra acepción mediata y plenaria: “la consideración científica de las afecciones morbosas conforme a la índole personal de su realización psicofísica”.[1]

Si entendemos estos conceptos de forma general, pareciera que siempre la medicina ha sido psicosomática, pero no se ha considerado como tal durante muchos siglos. Realmente la claridad de esta relación psique-soma nos viene de una manera definitiva desde finales de siglo XIX o principios del XX con S. Freud, pero no antes.

Pero si repasamos brevemente la historia (siguiendo a Laín) vemos que en la cultura asirio-babilónica el enfermo pensaba que la dolencia era siempre un castigo de los dioses: “la enfermedad era, primariamente, un pecado, una impureza moral… El hombre existía “para” los dioses, era un servidor de la divinidad”. Por esto señala Laín que los mecanismos por los que actuaban los dioses eran fundamentalmente tres: o bien una acción directa del dios enojado, o bien mediante un apartamiento de la divinidad (los dioses se separaban del hombre y le abandonaba siendo entonces presa de los espíritus malignos que constantemente le rondaban) o bien, en tercer lugar, podía haber ocurrido un encantamiento por cualquier hechicero como consecuencia del pecado.

El proceso “curativo” primero consistía en interrogar al paciente para encontrar la falta o pecado y si se consideraba culpable ya se sabía qué prácticas expiatorias había que hacer. Si no se encontraba su falta moral había que realizar ritos de adivinación.

En la cultura arcaica griega (como ejemplo en la Ilíada o en la Odisea) la enfermedad sigue siendo causada también por un pecado o transgresión moral contra los dioses, pero se impone una diferencia con la anterior asirio-babilónica: también se considera que hay una impureza corporal y física por lo que además de complacer a los dioses también ha de hacerse una purificación somática.

Esta diferencia, considera Laín, hizo que la medicina asirio-babilónica acabara en vía muerta mientras que en la griega arranca la visión de la enfermedad desde el punto de vista de lo que el hombre es “por naturaleza”.

A partir de este momento triunfa el naturalismo griego y ya tenemos con Alcmeón de Crotona en el 500 a.C la primera explicación “científica y natural” de lo que la enfermedad humana es en sí misma y con Hipócrates el único rector del médico son las sensaciones corporales.

Entonces la enfermedad ya es siempre, y solo, una desarmonía en la conmensuración de la physis (naturaleza) y los médicos han de ser ante todo physiólogos. El desorden de la physis del sujeto es la causa de todas las enfermedades que padece y de forma remota también se produce una alteración entre la physis individual y la universal. El castigo de los dioses se ha convertido en “desorden” de la divina naturaleza.

Este fue el avance “oficial” de la medicina griega, pero al mismo tiempo  en la calle, en su cultura del día a día, seguía permaneciendo una medicina creencial que buscaba curaciones en el culto al dios Dionysos, y conjuros terapéuticos mediante imposición de manos o mediante la repetición de palabras rituales.[2] A esta medicina acudían desahuciados, enfermos crónicos, desvalidos y gente menesterosa. Allí estaban en virtud del poder que los dioses les había ofrecido para obrar sobre la naturaleza. Señala Laín: si el médico fisiólogo puede porque sabe, el sanador “no fisiólogo” se ha creído que sabe porque puede.

Pero en todos los casos la condición moral del ser humano (intimidad, libertad, responsabilidad moral, etc.) fue considerada solo física y hasta solo somáticamente. Y un par de siglos más adelante, con la obra de Galeno, el triunfo histórico del naturalismo médico quedó asegurado. Pero la patología de Galeno no supo ser “biográfica” ni “personal”.

Así, de forma resumida, para el asirio el enfermo es ante todo un pecador, en la Grecia de Homero la ética ya tiene una expresión física y con Galeno se viene a sostener técnicamente que la física, la “fisiología”, constituye el solo fundamento de la ética.

Solo con S. Freud es cuando coinciden dos aspectos fundamentales:

 Por una parte el interrogatorio del paciente y lo que relata hace que sea considerado de forma completa a su modo personal: cada paciente es individualizado detalladamente. La psique ya no es más un atributo de la fisiología sino una parte “completa” de un individuo concreto. Su biografía su historia y sus circunstancias conforman su persona.

Por otra parte, además, Freud introduce el concepto de Conversión: la conversión supone que un impulso o conflicto psíquico se transforma en un correlato somático (mediante un mecanismo simbólico). Por lo tanto, no es que nos den un susto y tengamos taquicardia, sino que es más bien que una persona que tiene un conflicto en el trabajo, cada vez que va a salir de casa para ir al mismo al ir a abrir la puerta tenga un despeño diarreico.[3]

Como decía Von Weizsäcker: nada orgánico carece de sentido; nada psíquico carece de cuerpo. Lo que había que buscar era el “sentido”.

A partir de aquí, múltiples autores como Dumbar, Alexander, etc… estudiaron la elección de los órganos más psicosomáticos, la personalidad y otras características. Algunos órganos y sistemas son más sensibles a las manifestaciones psicosomáticas como el aparato digestivo, el respiratorio o la piel.

Y empezaron las investigaciones aplicando el método científico. Más y más investigaciones hasta nuestros días correlacionando por una parte datos exploratorios clínicos, por ejemplo colon irritable, asma, liquen plano bucal, glosodinia… y, por otra parte, test psicológicos que valoran ansiedad, depresión, personalidad… Y así han aparecido miles de resultados que “correlacionan” psique y soma. Así, por ejemplo, la ansiedad y la depresión aumentan la vulnerabilidad a  infecciones como la mononucleosis infecciosa o al herpes simple. Scheifer en 1980 demuestra la disminución de la trasformación linfoblástica en viudos recientes  y Riley en 1981 cómo por el estrés hay un aumento de infecciones o neoplasias.

Esto en principio ha dado cuerpo científico a la psicosomática pues como dice Rof Carballo: “Para acceder a las realidades que se ponen en evidencia en la llamada Patología psicosomática no hay más que proseguir hasta sus últimas consecuencias, con rigor, método y entusiasmo los caminos de la más estricta Medicina científico-natural. Cuando un método es continuado hasta sus últimas consecuencias acaba por mostrar hasta aquella realidad que el propio método no era capaz de descubrir. Esta realidad no descubierta aparece entonces como un “hueco”, como un “vacío”, pero aparece”.[4]

Y, cierto, esto es lo que ocurre actualmente con la medicina psicosomática no hace sino darnos relaciones y más relaciones pero no acaba de descubrir lo unitivo de la persona en su globalidad. Como decía a principio de este artículo: la denominada Medicina psicosomática es como la energía: está en todas partes y realmente nadie sabe qué es.

No conocemos los mecanismos profundos humanos biológicos que están ocurriendo en las patologías psicosomáticas más allá de las “relaciones”. Se estudia el colon irritable, el asma o el liquen plano bucal y hay cientos de artículos que los relacionan con la ansiedad, con el estrés, con múltiples características de personalidad y de nuevo otros cientos de nuevos test se aplican y también aparecen relaciones.

¿Pero qué sucede realmente para que se produzca esa conversión en la unidad, en lo unitivo, en toda la persona que padece el colon irritable, para que un problema de la vida cotidiana tenga esa inmensa repercusión orgánica? Eso lo desconocemos.

Como señala Ruiz Ogara (1987): “La explicación por mecanismos psicodinámicos o por mecanismos psicofisiológicos, no es un verdadero modelo patogénico psicosomático integrado, ya que superponen los hallazgos psíquicos y somáticos,  establecen correlaciones entre ellos, pero esto no es un verdadero modelo científico explicativo.  Y sigue diciéndonos este autor: “No se gana estatus y coherencia científica en psicosomática uniendo datos biológicos y psicológicos…. Cuando en numerosas investigaciones y teorías psicosomáticas encontramos datos que proceden de verificaciones biológicas unidos a datos que proceden de la conducta, en vez de estar contemplando un  modelo plurifactorial, lo que contemplamos es un verdadero disparate explicativo” [5]

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Con Laín hemos podido entender hasta qué punto antiguamente se consideraba (o no) la totalidad somatopsíquica del ser humano y cómo realmente es con Freud donde podemos empezar a considerar verdaderamente una Medicina psicosomática.

Pero luego en el estado actual de la misma llevamos más de 100 años haciendo una ciencia “de las relaciones soma-psique”. Realmente con la medicina psicosomática avanzamos mucho en el siglo XX para entender ciertas enfermedades, pero se ha quedado estancada. En realidad su estancamiento supone que sigue en sus investigaciones considerando la concepción antigua cartesiana de dos entidades muy conexionadas: la psique y el soma. No ha avanzado más.

No sabemos qué medicina se hará dentro de 50 o 100 años. Es de esperar unos avances espectaculares en el campo técnico de la misma. Esperemos que también se avance a la vez en esa medicina como un Todo sobre una persona enferma que también es un todo. Si no, seguro que aparecerán nuevas enfermedades “psicosomáticas” y nuevos retos  que la técnica no podrá solo ella curar.

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[1] P. Laín Entralgo. Enfermedad y Pecado. Ediciones Toray, Barcelona 1961. Va a ser nuestra obra cifra de referencia.

[2] Del dialogo tan conocido entre Sócrates y un Tracio, suele difundirse parte de él. Sócrates dice que no puede curarse el ojo sin curar la cabeza, y la cabeza sin curar todo el cuerpo. El tracio le responde: así tampoco el cuerpo sin curar el alma. Hasta aquí el dialogo parecería lo más puro psicosomático y sobre todo antropológico y que no sería viable la partición de la medicina entre una “somatoterapia” y una “psicoterapia”. Pero el fragmento sigue y el Tracio le sigue diciendo a Sócrates: “el alma debe ser tratada en primer término para que se hallen bien la cabeza y todo el cuerpo. Pero el alma, buen amigo, hay que tratarla mediante ciertos conjuros”. Para Platón el sentido de estos conjuros o ensalmos, señala Laín,  serían discursos que dan templanza y serenidad. Y en este sentido Platón se aleja de la postura oficial de la physis griega volviendo a introducir de nuevo el saber y el poder de la medicina creencial en esa conversación. Laín considera que la condición tracia del médico de la conversación y que haga una explicita mención (el tracio) a Zamolxis hacen más que probable que los conjuros a los que se refiere tengan que ver con el culto a Dionysos.

[3] ¿Por qué antes de Freud no hay una verdadera psicosomática? Tres razones señala Laín:

1- La primera, la más importante, es de orden principal: La indiscutible vigencia del naturalismo en la antropología “científica” de Occidente y por lo tanto en su patología.

2- Otra es metódica: la constante carencia de un método capaz de abrir la intimidad del paciente a la pesquisa clínica y a la ulterior reflexión patológica.

3- Otra, la tercera, ha sido la falta de paciencia necesaria para obtener mediante la inspección de la conducta del enfermo, o mediante el diálogo con él, hallazgos utilizables en una doctrina patológica y completa acerca del proceso morboso observado. Todos los médicos que a fines del siglo XIX comenzaron a estudiar la intimidad de los enfermos histéricos (Charcot, Janet, Breuer, Freud…) debieron comenzar siendo hombres de gran paciencia.

[4] Juan Rof Carballo. Medicina y actividad creadora. Edita Revista de Occidente, Madrid, 1964

[5] Y en relación con el paradigma psicosomático señala Ruiz Ogara (1987) : “No podemos, por lo tanto continuar con el paradigma actual que no distingue suficientemente los niveles explicativos de los trastornos psicosomáticos, sin destacar las  lagunas de conocimiento  e hiatos que existen  entre ellos, produciendo la falsa convicción de que existe un modelo científico válido y deduciendo de las correlaciones psicosomáticas la existencia de relaciones de causalidad, en vez de deducir que existen relaciones de implicación”.

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LA MÁQUINA DE LAVAR CEREBROS


Juan Rojo Moreno

Lajos Ruff, un húngaro que escapó en el momento de la revolución de Octubre de 1956,  tras estar prisionero durante varios años y que sufrió sobre sí mismo la insistencia del método de confesión de “lavado de cerebro”, escribió el libro que lleva el título de este artículo[1]

A lo largo de su experiencia de prisionero escribe: “los acusados debían reconocerse culpables, no a causa de la violencia que se ejercía sobre ellos, no por la razón de los golpes, sino porque era necesario que fuesen, en el fondo, realmente culpables. El acusado era el enemigo cuyo cuerpo y cuya alma había que quebrantar”.

Con pocas palabras define muy bien el núcleo principal del “lavado de cerebro” que tanto se utilizó en la época china de Mao sobre millones de personas y que consiguió “convertir o educar” a tantos de ellos.

Lo que nos trae interés hoy no es comentar el libro en sí, que es un magnífico, impresionante y recomendable relato, sino el fondo de la manipulación de los demás, de sus ideas.

Se ha discutido mucho sobre si existe o no el libre albedrío.  William James en su obra Pragmatismo  dice: “el libre albedrío es una teoría cosmológica general de promesa… carece de significado a menos que sea una doctrina de consuelo”.

Pero no podemos entrar en este tema que nos consumiría mucho tiempo aunque tengo amigos instruidos que escriben por estos lares sobre el libre albedrío y que pueden hacer algún comentario. También sería complicado desarrollar el campo de la Libertad en todas las circunstancias, por ejemplo en el sentido sartriano, cuando uno se ve sometido a un sistema estructurado de lavado de cerebro (Hsi Nao).

El término brainwashing (traducción literal del chino “cerebro lavado”) fue utilizado por primera vez por el periodista, y también agente de la CIA, Edward Hunter en 1950.

Un resumen acerca  de lo que suponía la técnica de lavado de cerebro es el siguiente:

1- Torturas. Con el noble objetivo de la rehabilitación.

2- Hambre.

3- Humillación y degradación.

4- Privación de privacidad. Comer juntos, dormir juntos, trabajar juntos, estudiar juntos… y por supuesto se deben registrar mutuamente los presos unos a otros, criticarse y exponer públicamente los avances o retrocesos del otro.

5- Confesión (Sheng fen: colocar los problemas sobre la mesa). Todos deben saber los pensamientos de los demás. Es el ideal del espíritu  social colmenario.

6- La autocrítica y el relato autoinculpatorio. Es una parte fundamental, pues el sujeto es reeducado ya que es culpable y ha de reconocerlo y escribir detalladamente sus crímenes, además de una forma verosímil: “tras un doloroso proceso que duraba uno o dos años entre la víctima y los interrogadores se llegaba a una confesión con ciertos visos de credibilidad. La elaboración del relato no concluía hasta que el juez se daba por satisfecho y estaba convencido de que la confesión era completa y completamente sincera” (P. Cubero, 2005). [2]

7- Privación del sueño y trabajos forzosos.

8- La arbitrariedad.

¿Pero actualmente de manera sutil no estamos sometidos a formas sociales de lavado de cerebro? (sin tener en cuenta a las sectas que en esos caso lo de “sutil” ya no lo es tanto).

Siguen existiendo tópicos históricos y sociales que hacen difícil enfrentarse a ellos pues el que lo hace es tachado de intelectualmente degenerado -o algo parecido- y es degradado por las “fuerzas vivas” que son actuantes. Veamos un ejemplo por encima.

En la última campaña de elecciones norteamericana, con ayuda de una organización que estudiaba qué mensajes tenían que darse en determinados distritos, un candidato consiguió vencer a su oponente. Otro ejemplo que no me atrevo a escribir es el de una breve canción infantil que se cantaba a modo de estribillo por niños en España hace 30 años y que no tenía ninguna  malicia, por entonces, y que hoy sería imposible de escribir o canturrear sin ser llamado xenófobo y machista.

Se utiliza constantemente el denominado Petitio Principii  o Petición de Principio (del latín petitio principii, “suponiendo el punto inicial“)  que es una falacia que se produce cuando la proposición que ha de ser probada se incluye implícita o explícitamente entre las premisas. Si parto diciendo “somos una sociedad solidaria” y por lo tanto… o “la banca nos roba” y por lo tanto… o “mi partido no es corrupto” pero otros… En todos estos casos ya partimos de un supuesto, y el resto de las argumentaciones que se dan a continuación solo hacen que apoyar el presupuesto, que no se analiza sino que se da por hecho.

Esta suposición del punto inicial o Petición de Principio impide un análisis tranquilo de las situaciones y es lo que impera en las sociedades actualmente. No es un sistema de lavado de cerebro coactivo, cierto,  pero desde que se ha aprendido a manejar a las gentes movilizando afectos más o menos inconscientes es más fácil promover actitudes y después movilizar votos o campañas. Y quien no esté de acuerdo es un “contra”…lo que sea (pero nada bueno ni para la sociedad ni para la humanidad… según ellos).

Lo que se movilizan son vivencias-fuerza, las denominadas visciencias,  que en definitiva son fundamentalmente estados emocionales. Vivencias pero aderezadas y complementadas con una retórica de pensamiento o argumentación (muchas, muchísimas veces basada en Petitio Principii) que hace parecer que en vez de transmitirse una vivencia-idea se transmite un razonamiento.

Podemos observar en este vídeo como argumenta “Educados para no pensar” el  escritor, humanista y economista español  José  Luis Sampedro

Si el siglo XI fue conocido como el “siglo de las cruzadas”, podríamos decir que el siglo XIX fue el del apogeo del Racionalismo derivado del fuerte empuje que le dio primero Descartes y luego Kant.

El siglo XX ha sido llamado el «Siglo de la Vanguardización»  : se caracterizó por los avances de la tecnología, medicina y ciencia, fin de la esclavitud en los llamados países subdesarrollados, liberación de la mujer en la mayor parte de los países occidentales…. Al decir de Walter Isaacson, director gerente de la revista Time: «Ha sido uno de los siglos más sorprendentes: inspirador, espantoso a veces, fascinante siempre»

Al siglo XXI no es posible darle un apelativo hasta que no acabe, pero hasta ahora podemos decir que ha sido el siglo del “choque emocional” (emotional crash, “em-crash”) Se están movilizando campos emocionales que chocan y se activan en política, en la sociedad y en actitudes que están adquiriendo características continentales.

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Solo decir, para terminar, que aunque queda mucho siglo para que podamos augurar lo que va a ocurrir y qué marcará este siglo, pero usando alguna de las palabras de Walter Isaacson yo veo hasta ahora  -para los que hemos vivido una parte importante del siglo XX-  que este siglo XXI es más apocalíptico que fascinante; lo de inspirador ya puede ser más o menos discutible.

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[1] Lajos Ruff. La máquina de lavar cerebros. Ediciones Índice. Testigos de Hoy, Madrid, 1958

[2] Cubero Bros P. (2005). El grupo paranoide. Ediciones Experiencia.

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CIRUGÍA Y PSIQUIATRÍA


Medicina de la Confianza

Juan Rojo Moreno

         ¡Cuántas y cuántas veces he reclamado que los avances técnicos no deben de eclipsar la necesidad de individualización del paciente!

Y en general la cirugía es dentro de las ciencias médicas una de las partes que más usa la técnica para conseguir sus fines. Me atrevería a decir que sus espectaculares avances se deben en un 90 % gracias a los avances técnicos. Pero hay, aunque pudiera parecer que no es así, una gran similitud entre psiquiatría y cirugía.

Cierto que la cirugía usa y ocasionalmente casi “abusa” de la técnica, y por otra parte la psiquiatría la utiliza poco dentro de sus procedimientos habituales (no así en sus estudios que manejan el método científico y la técnica). Pero entre un posible exceso de técnica en la cirugía y un posible defecto de la misma en psiquiatría se encuentra un común acuerdo y preocupación: el ser humano enfermo. Decir esto parece muy genérico pero esa es la gran realidad unitiva de todos los distintos procedimientos y perspectivas que encaran profesionalmente la problemática de la enfermedad en la persona.

También es cierto que en psiquiatría es muy importante la biohistoria y la psicobiografía para conocer bien qué patología  padece el paciente y no ocurre así en cirugía. Pero cuando vemos una operación quirúrgica nos damos cuenta que el aprendizaje que ha tenido que hacer el profesional para llegar a manejar la técnica operatoria no ha sido, cierto, en el manejo de su biohistoria, pero sí de su somatohistoria (de forma predominante).

Y separar biohistoria y somato-historia como si separásemos psique y soma nos retrotrae a la antigüedad cartesiana que ya nadie admite en medicina. El ser humano enfermo al que nos referíamos antes es algo unitivo que no se puede partir, aunque por cuestiones prácticas intervengamos en él desde diversos caminos.

Y hay otra cosa muy en común entre ambas intervenciones con el enfermo:

Por una parte,  el paciente va al psiquiatra y tenemos que esforzarnos en explicarle cuál es su enfermedad y muy a menudo poco entiende del método que hemos utilizado para definir claramente su patología, cuales son las variables de la evolución, de la clínica, de los antecedentes o de su historia personal que al final nos hace decir: “este es su diagnóstico”. Por fin hemos llegado al diagnóstico.

Pero el proceso médico sigue tras el diagnóstico psiquiátrico y entonces “para el paciente” como si fuéramos una especie de “brujos” decimos “éste es su tratamiento”. Esto es de tal manera que puede que anteriormente otro psiquiatra le hubiese dado otro tratamiento diferente aunque hubiese llegado al mismo diagnóstico.

Nos es muy difícil explicarle (aunque lo sepamos) por qué le damos ese tratamiento personificado, pues suele ser muy técnico el lenguaje explicativo para que el paciente lo comprendiera en su totalidad.

Por otra parte, algo parecido ocurre en cirugía. Me han operado hace poco de Colecistectomía (litiasis biliar) y me han extirpado la vesícula biliar mediante técnica laparoscópica[1]. Como médico he podido ver videos y entender en qué consiste la técnica, pero cualquier paciente que no esté versado en medicina no va a comprender fácilmente la operación (seguramente ni preguntará, ni tampoco le darán las explicaciones detalladas… extirpación del conducto cístico, de la arteria cística…). Sabrá que le hacen “unos agujeritos” y le sacan la vesícula. Y eso que no es una operación de alto riesgo, en otras más complicadas menos información técnica es posible que le llegue al paciente.

¿Tanto nos hemos distanciado con nuestros métodos específicos que no es posible explicarles a los pacientes nuestros procederes con detalle?

Realmente sí. Solo generalidades les podemos explicar.

Una vez más el centro está en el ser humano, en el paciente que pone toda su confianza en nuestras manos y en nuestro arte médico.

Al fin y al cabo la medicina es una profesión de la confianza. Pero no como el que confía sus ahorros a un inversor, pues aquí lo que confía es su salud (algo irreparable si se pierde completamente). La medicina es una profesión que se basa en la confianza vital.

De aquí el respeto clásico que los pacientes tenían hacia los médicos (y que en muchos países lo siguen teniendo) y así mismo el cuido empático que el profesional de la salud debe tener con sus pacientes, pues no siempre salen las cosas como quisiéramos y es necesario explicar una y otra vez hasta dónde llegan las posibilidades terapéuticas y donde no están resultando eficaces. Una y otra vez confianza vital.

Cierto, la técnica nos permite señalar que “los estudios” dicen que esto es lo que hay que hacer, y si no sale bien se entra en el porcentaje “que ya los estudios recogen” de fracasos posibles. Pero entonces eliminamos la relación de confianza vital, aunque a veces es la única salida en los casos en que ésta se haya basado solo en el resultado profesional médico y/o quirúrgico que se debe a la técnica y a la ciencia. y no a la relación viva entre el profesional y el paciente.

¿De brujos a burócratas? Me preguntaba en un artículo anterior refiriéndome a los psiquiatras: “La psiquiatría tuvo que luchar para que los avances de la medicina apuntalara nuestra realidad iatréica (médica), sin que ello supusiera que dejásemos de oír a los pacientes y preocuparnos por sus relaciones sociales, familiares, situacionales o históricas (psicobiográficas). Quizá por no tener tantas pruebas “objetivas” como otras ramas de la medicina ha parecido, a algunos, que la psiquiatría es algo más psíquica que médica, algo más brújica que científica. Pero la realidad es que tratamos enfermos y al ser una ciencia heteróclita (al decir de López Ibor) ciertamente, conectamos con la sociología, antropología, psicología, neurología y otras muchas ramas afines sin que seamos especialistas en ninguna de ellas, pero nos nutrimos de las mismas. Nuestra profesión tiene a la persona enferma enfrente de forma completa, no solo los síntomas, y el paciente psiquiátrico completo es abordable desde diferentes perspectivas: no hay un antidepresivo que sea el que cura “la depresión” y con diagnosticarla y darlo ya está todo hecho”.

Esto anterior, cierto, no es aplicable a la cirugía pero pensemos si podríamos hacer la pregunta igualmente: “Cirugía: ¿de brujos a tecnócratas?” Tendríamos que tener aquí a un cirujano para que pudiera responder en igualdad de condiciones a esta pregunta.[2]

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Con la técnica por una parte y con la interpretación de la realidad fenoménica del paciente por otra, creo que nos hemos especializado tanto ambas ramas de la medicina que al final nos parecemos mucho cuando el objeto real es el ser humano que tenemos delante sobre el que actuamos e intentamos curarlo, pero sin cosificarlo. Cuando intentamos explicarle con detalle qué le pasa al paciente, cirugía y psiquiatría son desde perspectivas diferentes estructuralmente muy parecidas en sus explicaciones. Tanto nos hemos especializado  que si no es con un gran esfuerzo (que requiere bastante tiempo) solo vagas explicaciones damos en ambos casos al enfermo.

No es la técnica pero si la tecno-ilusión la que sirve a muchos profesionales de pantalla para seguir actuando sin tener que dar esas explicaciones, costosas y ocupantes de tiempo en ambos casos

Pero claro, el tiempo… el tiempo… esa solución que tanto Einstein (físico) como Heidegger (filósofo) pensaban que era la clave de todo. El tiempo de dedicación al paciente habrá que introducirlo en una medicina más humanizada para que el paciente entienda más la enfermedad que padece y cómo se le interviene ya sea psiquiátrica o quirúrgicamente.

Entonces se le abrirán los conocimientos al paciente individualizado tanto de los planos fenomenológicos-biohistóricos y de neurotransmisión en psiquiatría y los correspondientes somato-bio-históricos en el paciente quirúrgico.

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[1] Quiero expresar mi agradecimiento a la buena labor profesional de la Dra. Elena Muñoz que realizó la intervención así como a los cirujanos  Bruno Camps y Joaquin Ortega. Hospital Clínico Universitario de Valencia. España

[2] “La cuestión concerniente a la tecnología” (Heidegger 1953) supone entender que ésta no es simplemente un conglomerado de dispositivos ingeniosos sino que revela algo fundamental sobre nuestra existencia. Por lo tanto hay que pensarla de una manera filosófica en lugar de simplemente técnica. La esencia de la tecnología, decía Heidegger, no es “nada tecnológica” pues investigada con propiedad nos lleva a cuestiones mucho más profundas sobre cómo trabajamos y cómo somos. (Comentario de Sarah Bakewell en su libro “En el café de los existencialistas” Editorial Ariel, 2016)

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