ADICCIÓN  Y NEURO-CULTURA


 Juan Rojo Moreno[1]

Este artículo  ha sido publicado como Editorial en Revista Española de Drogodependencias Volumen 43 (2), 2018 con el título de “Interdisciplinaria y Adicción Neurocultural

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En una anterior editorial (drogodependencia y concepción del mundo)[2]  ya nos planteábamos que la antinomia conceptual “objetivo” y “subjetivo” es un mero artefacto de la abstracción, y por esto mismo la memoria, el pensamiento, la percepción… no son más que emergencias vivenciadas de la relación yo-mundo; en definitiva emergencias de la “concepción” del mundo que tenemos. Nuestra realidad que vivimos es, por lo tanto, una concepción existencial, una concepción del mundo. Normalmente en la salud, tenemos puentes fluidos participantes de esta concepción del mundo con las otras “concepciones” que son las propias de las personas que nos rodean, pero en la enfermedad estos puentes se hacen muy débiles o incluso desaparecen. Esto no es solo psicología; esto es también biología, pues todo lo anteriormente dicho supone un sustrato biológico y neurotransmisor cerebral y de todo el organismo que es interviniente de forma Unitiva.

Las adicciones han tenido sus características históricas. Hace cien años no había adicciones al bingo o a maquinitas porque no existían éstas. Igualmente, entonces, la adicción al sexo es difícil que existiera tal como la consideramos hoy en día.

En nuestros días tenemos un marco general bastante estable de adicciones (pero internamente muy cambiante). Ahora aparecen adicciones a internet, a redes sociales, al móvil, a la tablet, a la televisión o a los videojuegos que hace solo 20 años no eran posible.

Por esto, la adicción se ha definido como el “hábito de conductas peligrosas o de consumo de determinados productos, en especial drogas, y del que no se puede prescindir o resulta muy difícil hacerlo por razones de dependencia psicológica o incluso fisiológica” (adicción a las drogas, al tabaco, al juego, a los opiáceos). Mas, también, en una segunda acepción: afición desmesurada a algo (a los deportes de riesgo, al gimnasio…).

Pero van apareciendo otras variables que nos indican que hemos de plantearnos de un nuevo modo esta definición básica.

Así, por ejemplo, en el caso del Karoshi, un fenómeno fundamentalmente  japonés que significa “muerte por exceso de trabajo”: ¿es una adicción individual? ¿Del estilo de vida? ¿Empresarial o social? No solo ha ocurrido en Japón sino también en empresas japonesas en España, México, etc.

Rojo-Sierra apunta cómo Von Gebsattel (1966) consideró la tiranía exclavizante del tóxico como un caso particular de lo que en alemán se denomina “sucht”. Esta palabra señala a una avidez incontrolable que arrastra a la persona. No solo incluye a los tóxicos sino que puede darse por la sexualidad, por el trabajo u otras conductas. Von Gebsattel llega a la conclusión que la esencia del “sucht” es un cambio de estado, en el que lo que importa de forma máxima es sentir la experiencia de dicho cambio.[3]

Pero, evidentemente, este cambio tiene que ver con la neurobiología cerebral. Señala Nora Volkow que para evitar la estigmatización del paciente adicto a drogas es necesario que se considere la adicción como una enfermedad cerebral. [4]

Totalmente de acuerdo, pero ¿qué ocurre en el caso del Karoshi? ¿Solo vamos a tener en cuenta las modificaciones neurobiológicas?

¡Evidentemente no! Como hemos indicado antes con el concepto de “sucht” de Von Gebsattel y también indicamos cuando hablamos, en otra ocasión, de “adicciones y conciencia avatar”, el problema no queda reducido a la bioneurología. Es más amplio. El problema abarca al estado de Conciencia.[5] 

Y al hablar del estado de conciencia nos lleva necesariamente a tres aspectos fundamentales: 1- a la conciencia del Yo, 2- a la conciencia social y 3- a la conciencia colectiva.

Así, por ejemplo, la adicción al trabajo aparece en nuestras sociedades civilizadas no por una conciencia del yo, sino por una conciencia social. El Yo, definitivamente, hemos de entenderlo como un “Yo Neurocultural”.

Ortega y Gasset ya en 1939 habla de las cosas “consabidas”. Dice Ortega: en la medida en que existan “cosas consabidas” hay unidad social y comunidad. Pues hay cosas que no solo las sabemos cada uno de nosotros sino además sabemos que las saben también los demás. Esto que sabemos junto con otros, lo consabemos, y por ello es consabido y nos permite la comunicación.[6] Con este concepto orteguiano ya nos acercamos a lo social que sin reflexionarlo, automáticamente, nos integra de forma común con los otros.  Y en este campo común “consabido” germinan las Creencias. Para Ortega “las creencias  no surgen en tal día y en tal hora dentro de nuestras vidas, no son pensamientos ni ocurrencias ni razonamientos. Cabe decir que no son ideas que tenemos sino ideas que somos. Con las creencias propiamente no hacemos nada, sino que simplemente estamos en ellas. No llegamos a ellas tras una faena de entendimiento sino que operan ya en  nuestro fondo cuando nos ponemos a pensar en algo”.[7]

Por lo tanto, por las creencias sin ser conscientes de una serie de cosas, que nos son dadas por la cultura y la sociedad, no obstante las tenemos incorporadas a nuestra vida consciente. Es más, las creencias forman parte de nuestra conciencia reflexiva; cuando nos preguntamos por nosotros mismos y reflexionamos sobre lo que sentimos y vivimos (autoconciencia) estamos incorporando sin darnos cuenta estas creencias que nos rodean y que son producto del proceso socio-cultural.

Pues bien, resulta que estas aportaciones muchos años después han sido desarrolladas y ampliadas en los tiempos más modernos, de forma novedosa, por el antropólogo Roger Bartra para apoyar la idea que nuestra conciencia reflexiva realmente no está solo en nuestro cerebro sino en un continuum interior–exterior, por lo que habla del exocerebro.[8]

La conciencia no radica en percatarse del mundo exterior sino en que “una parte de ese contorno externo funciona como si fuese parte de los circuitos neuronales”. Por lo tanto  la incapacidad del cerebro es compensada por funcionalidades y capacidades de índole cultural. La hipótesis de Bartra es que ciertas regiones del cerebro adquieren genéticamente dependencia neurofisiológica con un sistema simbólico que proviene de mecanismos sociales y culturales.

Y si seguimos esta línea, ya avanzamos que por supuesto la adicción es una enfermedad cerebral, pero también en este sentido se patentiza no solo a nivel bio-social sino fundamentalmente en el nivel neurocultural.

El neurocientífico Robert Wilson (2004) a semejanza de Bartra concibe la conciencia como un proceso que se encuentra sostenido por un andamiaje ambiental y cultural externo y encarnado en un cuerpo, por lo tanto empotrado en un medio ambiente. Bartra amplia la idea en el sentido que considera que el andamiaje ambiental y cultural externo es fundamentalmente un sistema simbólico que compensa incapacidades del sistema cerebral.

Aun así, yo creo que el concepto de exocerebro confunde, tal como la explica Bartra. La idea que queremos alcanzar realmente es que esa red neurocultural está de forma unitiva conformada tanto en el exterior como en nuestro propio cerebro. Y la autoconciencia es un continuum de todo este complejo unitivo cerebro-red neurocultural (conciencia neurocultural).

Considerando el Yo, la conciencia como neurocultural y el todo unitivo con la historicidad colectiva ¿las adicciones ancladas en el cerebro solo las podemos valorar desde los aspectos bio-psico-sociales?

Creo que, como he señalado anteriormente, evidentemente no.

Cuando consideramos la evolución posible de la humanidad en tecnohumanos y ciberhumanos [9] ¿Qué ocurrirá con el concepto de adicción y drogodependencia cuando nuestro Yo y nuestras creencias estén definidas por una sinfinita interacción de datos (el llamado dataísmo)?

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El concepto de adicción ha de ser generado y crecer estructuralmente, en el futuro, desde la “interdisciplinaridad”. Ha de ser un nuevo concepto emergente  desde las diversas actitudes profesionales, la biología, la cultura y la sociedad… entre otros muchos campos propios del heteroclicismo de lo que nos estamos manejando. Nos hace necesario estar abiertos a las aportaciones limítrofes de lo que podíamos llamar las drogodependencias y adicciones en el marco bio-neuro-cultural.

La adicción no es un concepto que recae sobre un sujeto “adicto”, sino sobre un sujeto que es parte de una conciencia neurocultural a la que tenemos que estar abiertos y conocedores si no queremos seguir fracasando en los tratamientos de tantos pacientes con esta enfermedad -o disritmia bio-neuro-cultural-.

El mundo que viene no es el mundo de tu casa, tu ciudad o tu país, va a ser un mundo de datos y otros muchos avances que el hombre de la calle no conocerá sino por la influencia que en él tendrán. El tratamiento de la adicción bio-neuro-cultural no puede seguir trabajando solo en el ámbito bio-psico-social. Necesita de la interdisciplinaridad para que entendamos cada vez más qué le pasa al hombre hoy, y entonces qué le pasa al hombre adicto hoy. La bio-neuro-cultura no está al alcance de nuestra conciencia, es un movimiento de insight planetario. El tratamiento de la adicción padecidas por personas arrastradas por la bio-neuro-cultura, o se hace gen-éticamente interdisciplinaria o seguirá cada vez más impotente ante este reto del ser humano y sus adherencias morbosas insanas.

Hoy ya no es solo el hombre adicto en sus circunstancias concretas, lo es desde su Yo Neurocultural.

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[1] Director Revista Española de Drogodependencias. Profesor Titular de Psiquiatría Universidad de Valencia

[2] Editorial en la Revista Española de Drogodependencias, volumen, 37-número 3, 2012 

[3] Von Gebsattel F. Antropología Médica. Ed. Rialp, Madrid, 1966

[4] NIDA Director Nora Volkow, M.D., Calls for Humane Psychiatric Response to Addiction as a Brain Disorder. http://www.psychnews.org/update/update_AM_15_3_a.html

[5] Adicción y conciencia avatar. Editorial del Número 2 del Volumen 40, de la Revista Española de Drogodependencias (Addiction and Avatar Consciousness http://www.aesed.com/descargas/revistas/v40n2_editorial_english.pdf )

[6] Discurso 16  Noviembre 1939 en el XXV aniversario de la Institución Cultural Española en Buenos Aires. Publicado en: José Ortega y Gasset. Meditación del pueblo Joven. EMECÉ editores. Biblioteca de la Revista de Occidente, 1958

[7] Ideas y creencias. José Ortega y Gasset Ed. Espasa Calpe. 1940

[8] Roger Bartra. Antropología del cerebro. La conciencia y los sistemas simbólicos. Editorial Pre-textos 2006. A mi entender el termino exocerebro me parece que no es el que mejor aclara la idea de Bartra. Nos hace pensar en una contraposición entre un endocerebro (que parecería como si fuera el propio) y el exocerebro que estaría fuera, dando la  impresión de “distinto a nosotros” y creo no es esa la idea de Bartra. No obstante es el término que usa.

[9] Como desarrolla Yuval Noah Harari en su obra Homos Deus, Editorial Debate, 2016

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TELETERAPIAS Y CHARLOTERAPIAS EN LAS CIENCIAS PSÍQUICAS


Juan Rojo Moreno

         El otro día  comentando con un compañero psicólogo la conveniencia de hacer  psicoterapia “a distancia” con los medios que permiten la técnica audiovisual (Skype …) creo que acertadamente me apuntó que en el caso de un tratamiento psicológico, cuando ya has establecido varias sesiones personales con el paciente, no veía especial dificultad para que pudieran realizarse sesiones de este tipo, pero que en un paciente que no conocías y que no has visto anteriormente, entonces, iniciar la psicoterapia con estos métodos no lo veía adecuado pues no se detectaban muchos perfiles de expresión, actitudes, gestos y otra mucha información que nos da el paciente cuando lo tenemos cara a cara.

Ya M. Berta señalaba, en relación con las psicoterapias, que “el puro `conocimiento sensorial´ nos procura la llamada `verdad de los hechos´. Dar importancia exclusiva al descubrimiento de hechos sin el suficiente apoyo inteligible conduce a lo que Demócrito llamó forma bastarda de conocimiento[1]

Berta considera que hay que aprender varias técnicas psicoterápicas para adecuar la psicoterapia a cada paciente de manera que el terapeuta ha de realizar entrenamientos formativos politécnicos abiertos pues considera que “la unilateralidad tecnológica aplicada, siempre y de modo rígido, por el psicoterapeuta conduce a la formación de una Neurosis Tecnológica del propio terapeuta, que queda atrapado en una técnica y filosofía particular tal como el neurótico queda atrapado por sus fobias, obsesiones, compulsiones, modo de pensar, etc.”

No voy a dedicar muchas líneas a comentar lo que opino sobre esta posibilidad desde la psicoterapia realizada por psicólogos pues creo que ellos serán los que mejor valoren la idoneidad del cuándo, cómo y por qué realizarla o no.

Pero si quisiera hacer algún comentario desde el punto de vista psiquiátrico. Es cierto que se ha realizado y se sigue realizando por psiquiatras del ámbito psicoanalítico (que yo conozca para seguimiento en pacientes que ya habían avanzado en su terapia de análisis y que habían sido vistos inicialmente de forma personal) pero los psicoanalistas no suelen  prescribir fármacos. Mirando en un buscador de internet aparecen nueve (9) resultados si entrecomillamos “consultas psiquiátricas Online” pero 14.000 sin lo que entrecomillamos es “psiquiatras Online”. He podido ver que existen múltiples plataformas y también profesionales autónomos, que fundamentalmente dan consejos, seguimientos  y diagnósticos ¿Recetarán  psicofármacos Online?[2]

En el caso del psiquiatra que ejerce un trabajo habitual con pacientes, cuando detecta una enfermedad en el sufriente, lo frecuente es que prescriba algún psicofármaco para tratar la misma (independientemente que pueda de una manera bifronte acompañar el tratamiento global con alguna técnica psicoterápica, muy a menudo realizada a la par por un psicólogo psicoterapeuta, más allá de la “psicoterapia” que el propio psiquiatra realiza durante la entrevista y explicando al paciente su enfermedad y sus síntomas). En este caso veo complicado el uso de estos métodos tele-iátricos (tele-médicos). Un psiquiatra amigo que abrió una consulta Online me comentó que no había podido avanzar más que en dar consejos o segundas opiniones médicas, pero no pudo realizar verdaderas acciones médicas y consideraba insoluble la cuestión de la prescripción farmacológica.

¿Qué hacemos los psiquiatras ante esta posibilidad?

No he visto aún trabajos en este sentido ni consejos desde las distintas sociedades psiquiátricas a las que pertenezco. Entiendo que este aspecto está “adormecido”, en el sentido que hasta ahora debido a las responsabilidades deontológicas, no parece claramente viable en cuanto a que podamos prescribir psicofármacos sin haber visto y explorado directamente al paciente y, como no es “urgente”, obvian el problema.

Aun así creo que se está abandonando mucho pues ya existen plataformas en este sentido al igual que ha ocurrido, por ejemplo, con la exploración médica y neurológica del paciente psiquiátrico. Se puede ver en este artículo   lo que pienso al respecto de la exploración neurológica en psiquiatría, y creo que es un craso error que no se realice con cierto sistematismo esa exploración.[3]

¿Podrá realizarse en un futuro fácilmente una tele-psiquiatría?

         Creo que es una de las posibilidades que el futuro puede ofrecer en psiquiatría como en Psicología Clínica cuando avance la telemetría de datos de salud y sobre todo la posibilidad de representarnos al paciente delante tridimensionalmente. El Big-data, el Dataísmo y los avances tecnológicos pueden que permitan que algunas de las sesiones psiquiátricas se hagan sin tener al paciente delante. Pero va a ser más difícil que hacer una consulta cardiológica, por ejemplo, a distancia.

¿Los métodos diagnósticos de clasificaciones internacionales DSM o CIE favorecen esta posibilidad o la dificultan?

         Creo que estos métodos dificultan esta posibilidad de entrevista psiquiátrica a distancia pues hacen más impersonal la individualización del paciente por lo que en el caso que el enfermo no mejore poco podrá hacer el psiquiatra al no tenerlo delante.

Berta (1999) señalaba cómo en psicoterapia hay una situación paradojal: existe diversidad infinita de pacientes y de reacciones personales y frente a esta diversidad la psicoterapia ofrece a cada paciente la práctica de una técnica determinada a través de escuelas especializadas. No porque no existan múltiples posibilidades pues hay centenares de técnicas psicoterápicas posibles sino porque son muy poco frecuentes los psicoterapeutas que emplean varias técnicas […] “si el hombre es un `sistema abierto´ ¿cómo es posible que el terapeuta opere con un sistema mecánico-técnico y filosófico cerrado, como si el hombre fuera una máquina?”

Algo igual a lo que expone Berta podemos trasladar al DSM Y CIE. Existe un sinfinito tipo de pacientes psíquicos y no podemos categorizarlos tan simplemente por unos códigos generales aplicados a todos sin individualización. Parafraseando a Künkel: “hoy en día utilizar solo como técnica un diagnostico general es un error de técnica”[4]

En un trabajo se señalaba como el psiquiatra era capaz de diagnosticar en los 10 primero minutos al 90% de los enfermos y como en más del 80% de los casos confirmaba este juicio diagnóstico al final de la entrevista. Esto puede ser válido para un diagnóstico de “grupo” tipo Trastorno de  Ansiedad, Esquizofrenia, Trastorno Depresivo, etc. Pero ¿Cómo variarán los porcentajes si no se tiene al paciente físicamente delante? ¿En qué porcentaje al final de la entrevista se confirmará con el tele-diagnóstico? Y lo que es más importante ¿Será capaz el profesional de hacer un diagnóstico más fino sin tener al paciente presente?

Y sobre todo ¿modificaría su prescripción médica si tiene al paciente presente versus a un tele-diagnostico?

Y, para terminar ¿Serán los resultados terapéuticos finales los mismos y la indicación de psicoterapia bifronte (si es necesaria) la misma en un tipo y otro de diagnóstico?

Demasiadas preguntas por responder.

Necesitamos que la ciencia avance y que nosotros cuando se plantee esta posibilidad sepamos definir bien qué y a quién queremos diagnosticar y tratar.

Ya lo decía el psiquiatra E. Ey: “No es posible que el psiquiatra (y el psicólogo, agrega Berta) pase su tiempo haciendo terapia activa sin plantearse la cuestión de saber lo que él hace…”

Y esta cuestión con la tele-terapia nos la tenemos que plantear definitiva y honestamente.

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[1] Berta M. ¿Cuál es la “mejor psicoterapia”? Trabajo presentado en la Sociedad Uruguaya de Ensueño Dirigido a Hipnosis (Julio 1999). Impreso en El Toboso SRL Montevideo, 1999

[2] He preguntado a tres sociedades psiquiátricas españolas qué es lo que opinan o tienen considerado sobre estas “Terapias Online”. Les pregunté exactamente: “Ante el auge de las consultas psiquiátricas Online, estoy interesado en saber si nuestras sociedades tienen alguna postura en relación con este fenómeno”.  Hasta ahora ninguna de las tres asociaciones psiquiátricas españolas me han dado respuesta.  Una ni siquiera me ha dado acuse de recibir la pregunta (y la han recibido) y las otras dos me han dicho que acusan recibo y dan trámite interno para la contestación. Si en el futuro me dan alguna respuesta la añadiré aquí.

[3] En ciertos sistemas sanitarios en los que llega el paciente “remitido” por otro profesional médico (muchas veces por un médico formado en medicina general) se sobreentiende que éste primero es el que ha hecho la exploración médica-neurológica básica y ha descartado patología previa en estos campos. Lo cual no siempre es cierto para el apartado neurológico.

[4] Mario Berta cita a F. Künkel quien declaró “Hoy en día, el empleo de una técnica es un error de técnica”.

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LAS ESQUIZOFRENIAS QUE YA NO EXISTEN


Juan Rojo Moreno

         Al principio la enfermedad era la Demencia Precoz, luego pasó a tener más aceptación el término de Bleuler de Esquizofrenia. Luego pasó esta enfermedad a ser las Esquizofrenias (en plural) pues se vio que había diferentes tipos (más allá de la clasificación clásica) y luego pasó a dejar de ser una enfermedad para transformarse en un Trastorno, que solo se identificaba por unos síntomas y un tiempo de evolución (patocronia), pero sin tener en cuenta las características del individuo. Ya estamos en la “Era” de la generalización de las clasificaciones internacionales tipo DSM-número romano, III, IV) o CIE-10 (clasificación de la OMS). Y ahora con la nueva clasificación de la Sociedad Americana de Psiquiatría DSM 5 (número arábico) ya ni siquiera es un trastorno y se generaliza al “espectro de la esquizofrenia” pero sigue sin tenerse en cuenta la enfermedad como tal, individualizada.

El individuo desaparece con su enfermedad propia pero es bien clasificado. Evidentemente todas estas clasificaciones también tienen ventajas pero ahora no es el momento de entrar en ese debate. Pero sí en que antes de la generalización de estas clasificaciones, con códigos, la posibilidad de individualización de la enfermedad en cada paciente era mayor. En este sentido nos va a servir como referencia un artículo clásico del Dr. Cabaleiro Goas titulado Esquizofrenias Seudoneuróticas.[1]

Plantea Cabaleiro Goas que hay algunas formas de esquizofrenia que pueden presentar en su comienzo y en la mayor parte de su curso un “aspecto”, una “fachada” neurótica, es decir, que parezca que algún conflicto psíquico sin resolver y que ha sensibilizado al paciente, ha sido el que está originando la enfermedad. Pero -insiste Cabaleiro- una detenida y meticulosa exploración del enfermo nos pone de relieve que se trata de un auténtico esquizofrénico.

Estas formas son de gran interés por lo difícil de su diagnóstico, al menos en primera intención, si no se lleva  a cabo una exploración detenida de sus vivencias de características neuróticas [conflictivas] y no son bien analizadas  especialmente desde el punto de vista fenomenológico.

Con estas palabras de Cabaleiro Goas ya vemos la intención y la necesidad del análisis fino, individualizado, de todo paciente psíquico y en el caso que nos ocupa del paciente esquizofrénico. No solo hay que conseguir un diagnóstico, sino además conocer y explorar sus vivencias y su fenomenología que es lo que lo va a hacer especial, único, al paciente,  siendo él quien padece su enfermedad.

A veces estos pacientes son confundidos con ansioso, depresivos, asténicos, psicosomáticos u obsesivos, pero se puede ver cómo en ellos se revela la enfermedad psicótica que existe de forma primaria.[2]

La casuística que presenta nuestro autor en la que la sintomatología surge como reacción a una situación traumática o conflictiva (que se considera neurótica) supone que de 1500 esquizofrénicos controlados, el 18,1 % (272 pacientes) mostraron una forma de comienzo seudoneurótica.

De estos 272 pacientes el 18,4 % presentaron una forma de comienzo histérica (funcional, disociativa). El comienzo de tipo esquizoide-depresivo-inseguro corresponde al 23,9 % de los pacientes, la forma obsesiva al 14,3 % y las que comienzan como seudoneurosis de angustia (ansiedad) el 22,8 %. Por último las seudoorganoneurosis (síntomas somáticos) el 20,6 %. [3]

En relación con la esquizofrenia seudoneurótica histérica (18,4 %) ya Claude hizo relaciones entre la esquizofrenia y la histeria (recuerdo cómo cuando estudiaba Medicina me nombraron las esquizoneurosis de Claude aunque parece ser que el término se debe a H. Ey).

Señala Cabaleiro que en las formas en que tras traumas psíquicos aparece sintomatología disociativa o histérica, si de fondo hay primariamente una esquizofrenia, no tarda mucho en surgir los síntomas claros psicóticos. Aunque si los síntomas histéricos y disociativos son muy floridos puede tardar algo más en verse claramente el fondo real esquizofrénico, no obstante, cuando aquellos se atenúan aparecen los psicóticos de forma determinante.

El grupo más numeroso, el de los seudoneuróticos esquizoide-depresivo-inseguros (que él llama psicasténicos), es el más difuso y que puede incluir variados desarrollos de la personalidad.

Quizá más interesante es el grupo de la seudoneurosis obsesiva (14,3%) que aunque sea la menos frecuente de su casuística, es importante valorar cuando en el contexto de sus obsesiones y compulsiones emergen otras imposiciones del pensamiento pero que ya no las vivencia como propias.

El obsesivo se angustia mucho y se ve imposibilitado de controlar su pensamientos o ideas que le angustian a veces “como una maquineta”, otras veces son ideas o imágenes religiosas, blasfemias, y en  otros casos miedos a impulsos incontrolables (el problema es el miedo a realizar el impulso, que nunca realizan, pero les angustia el poder hacerlo). En todos los caso la propiedad es de su pensamiento, no es impuesto por nadie de fuera ni vecinos, ni agentes extraños. Si aparecen pensamientos o vivencias de imposición en palabras o actos “por alguien de fuera” ya nos pone sobre aviso del problema psicótico.

La seudoneurosis de angustia es la segunda en frecuencia de las formas de inicio de estas esquizofrenias (22,8 %). Tras un trauma psíquico aparecen los síntomas típicos de ansiedad-angustia pero los síntomas no mejoran con los tratamientos habituales y se  intensifican hasta que aparecen síntomas claramente psicóticos, y no es suficiente con que aparezca la vivencia de despersonalización o desrrealización.

En el caso de las seudoorganoneurosis (20,6 %) se inician múltiples quejas somáticas que suelen ser tratadas en medicina general hasta que aparecen los síntomas delirantes.

Pero además de esta interesante aportación de Cabaleiro Goas, que como señalé nos pone el acento en la individualización del paciente psiquiátrico, también se plantea la estructura del hombre-esquizofrénico seudoneurótico. Sobre este punto en el que Cabaleiro pone el guion uniendo hombre-esquizofrénico (una vez más acentuando lo individual) hemos de tener en cuenta dos aspectos:

 Por una parte la repercusión que la enfermedad va a tener en el desarrollo de la personalidad del individuo: “la personalidad utiliza en cada caso aquellos mecanismos de que dispone o puede disponer. De ahí la diversidad de reacciones ante la enfermedad que señala Mayer Gross”… “La actitud reactiva psicógena frente a su situación psicótica qué duda cabe [que  va a influir en] la evolución y en el pronóstico de la esquizofrenia en cada caso concreto y estará en relación -en gran parte- con estas posturas de la personalidad del hombre esquizofrénico y con sus posibilidades reaccionales”.

Ciertamente la estructura de la personalidad prepsicótica y sus relaciones con el mundo va a influir en la estructura general que ha de superponerse al cuadro clínico procesal esquizofrénico que hace que siempre tenga la enfermedad ese carácter personal que la hace única “sui generis” en cada caso.

Por otra parte, algo se deriva del anterior punto: según la estructura de la personalidad  (global) prepsicótica y teniendo en cuenta no solo sus rasgos sino su ser-en-el-mundo con todos los factores de compensación, o no, bio-psico-sociales, todo esto va a matizar siempre la individualidad del proceso. Pero así mismo, la reacción ante la enfermedad va a suponer colorear patoplásticamente (modificar la forma de presentarse) todo lo puramente esquizofrénico. Todo esto se manifestará siempre con mayor o menor fuerza a lo largo de sus mejorías, remisiones, curación sintomática o empeoramiento del desarrollo de la enfermedad.

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 Y algo más en lo que ya no entra Cabaleiro Goas, todo esto ha de ayudarnos a saber elegir los tratamientos adecuados que se acoplen no solo a su enfermedad sino a su individualidad. Ni todas las esquizofrenias son iguales, ni todos los antipsicóticos son iguales ni, por supuesto, todos los esquizofrénicos son iguales. No nos quedemos en buscar solo los diagnósticos cada vez más personalizados, sino también hallemos los tratamientos cada vez más personalizados (y no me estoy refiriendo solo a esa medicina personalizada que solo lo mira desde la genética o bio-farmacología con marcadores).

A veces hay que acompañar a los antipsicóticos con otras medidas necesarias para complementar la individualidad del tratamiento en el paciente con su enfermedad enraizada en su estructura personal e histórica. Como se ha dicho con frecuencia quien mejor conoce al esquizofrénico es quien le trata años y años, pues no solo conoce su sintomatología sino también su trasfondo personal, familiar, bio social y, añadimos, neurocultural.

Y, para el tratamiento, el desarrollo de la enfermedad no es solo histórico-sintomatológico sino fundamentalmente histórico-vital.

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[1] Cabaleiro Goas M. Esquizofrenias Seudoneuróticas. Gráficas Iberia, Orense, 1958.

[2] Hace notar Cabaleiro Goas que no es que se vayan transformando de neuróticos en esquizofrénicos pero sí que en ellos se revela con más nitidez la enfermedad primaria que es la esquizofrenia. A veces al principio puede confundirse el diagnóstico por figurar en un primer plano los síntomas aparentemente no psicóticos.  [Definición y origen del término aquí ]

Y tenemos que traer también a colación la dificultad que existe en el diagnóstico certero de los denominados “primeros episodios psicóticos” o más concretamente de los estadios iniciales de la psicosis.

[3] El grupo más numeroso corresponde al que hemos denominado “esquizoide-depresivo-inseguro”. Este grupo Cabaleiro Goas lo denomina Psicasténico pero este es un término que ya no se usa y que según Jaspers podía incluir algunos casos de esquizofrenia y Vallejo Nájera valora en estos pacientes la incapacidad de separar contenidos internos de los externos (hipotonía de la conciencia de Berze). Cabaleiro Goas dice literalmente “Mantenemos que muchos de los casos diagnosticados de Psicastenia son realmente esquizofrenias “mitis” cuya característica reside en la relación alterada del Yo con el mundo y ella sólo como consecuencia de una transformación sufrida por la personalidad, siempre y cuando aquella sea vivenciada por el propio enfermo”. El caso que pone como ejemplo empieza con síntomas depresivos, insomnio e inseguridad.

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PSICOSIS Y NOVELA NEGRA


Juan Rojo Moreno

La psicosis es una enfermedad psíquica en la que aparecen síntomas heterónimos. Es decir, delirios y alucinaciones

¿Qué son los síntomas heterónimos y los síntomas homónimos?

         Cuando una persona sana se plantea que puede padecer una depresión o un trastorno de ansiedad o cuando ve a familiares o amigos con estas enfermedades hay cierta empatía con los síntomas. La ansiedad es entendida, erróneamente, como un fallo en el control y  la idea que subyace es “si me controlo bien no tendré ansiedad” pues entendemos que todos tenemos algún día con mayor o menor nerviosismo ante diversas circunstancias. Algo parecido ocurre con la depresión, considerada equivocadamente un trastorno de la “voluntad”. La idea que subyace es que con voluntad se pueden superar las malas etapas aunque, cierto, siempre hay momentos y días que estoy más o  menos triste o apesadumbrado. Los síntomas que padecen los trastornos de ansiedad y depresión se denominan homónimos que quiere decir que una persona sana puede sentir que los vivencia “algo”: puede sentirse triste como el depresivo o nervioso como el ansioso.

Algo muy distinto ocurre cuando hablamos de delirios y de pacientes psicóticos: esto parece que está fuera de mi rango vivencial normal. El psicótico, el delirante, es considerado más como una persona con vivencias extrañas, a veces como un “loco” que es apoderado por sus delirios y cuya conducta no es fiable. Por esto se dice que sus síntomas son heterónimos. Nadie sano tiene “un poco” de delirio de envenenamiento o de delirio de persecución o un poco de delirio de Capgras en el que se está seguro que han sustituido a los padres por sosias o de delirio licantrópico en el que se siente estar transformándose en lobo.

En la psicosis pues hay una pérdida de Stand, una pérdida de transitividad, se pierde la conexión comunicativa con los demás.

Se desconecta, usando ideas de Ortega, de la estructura común histórica creencial. Y por lo tanto de la estructura vivencial compartida.

¿Y qué tiene esto que ver con la Novela Negra?

La Novela Negra se asocia a un tipo de novela en la que la resolución del misterio no es el objetivo principal sino la elucidación no explícita de su motivación moral. La división entre buenos y malos de los personajes se difumina y la mayor parte de sus protagonistas son individuos derrotados o en decadencia en busca de la verdad o, cuando menos, de algún atisbo de ella.

En ella lo que importan no son los hechos que ocurren. Interesan, claro, pero tienen menos importancia que el cómo se presentan. Y esto es, en principio, sin una conexión clara moral o decididamente motivada; a veces sin conexión.

Los hechos son parafuncionales, funcionan al lado del razonamiento normal, no es posible llegar a ellos con el razonamiento y la lógica habitual. De aquí que la intriga de la novela negra no sea igual a la del suspense en la que la apoteosis es poder saber “cómo” se soluciona el final. En la Novela Negra el centro principal está en entender (o exponer) cómo el protagonista o los protagonistas van a ir realizando pasos, a veces ilógicos, otras inducidos, otras veces inesperados, para enlazar los diferentes hechos.

En cierto modo el protagonista ha de saber vivenciar algo de la “psicosis”, algo del modo de pensar heteronímico del malvado. Él mismo ha de intuir o hacer alguna conexión afectiva o ponerse en lugar del malvado, en definitiva pseudopsicotizarse para poder alcanzar a entender las conexiones en principio acausales que se le presentan.

Esta es la parte media de la novela negra. Cómo el protagonista empatiza o  asimila la “psicosis” del que agrede. Pero a diferencias de las novelas de suspense que al final obtiene un resultado coherente y aliviador, en las novelas del género negro el protagonista no va a hacer la labor de un terapeuta normal.

Sino  de un terapeuta muy especial.

Pues su labor no la realiza ni de forma semejante a la que hoy en día realizaría un terapeuta ya sea psiquiatra o psicólogo.

Su labor va a ser conseguir que los hechos al final se patenticen de forma neurótica y esto va a querer decir con síntomas homónimos, comprensibles, aunque no sean del todo “normales” o adaptados.

Aclaremos algo más esto

El protagonista es una especie de terapeuta especial: quiere resolver la “psicosis” y que la trama acabe en “neurosis”.

Veamos que ocurre en las neurosis.

En las neurosis, a diferencia de la psicosis, lo importante es la biografía del sujeto: en las neurosis la biografía ancla una serie de hechos clave que impiden la flexibilidad adaptativa, la flexibilidad que da la proporcionalidad de las cosas en el momento actual. Pero lo que ocurre es comprensible si conocemos los hechos clave que han sucedido.

Esa comprensión es lo que se busca en la trama final de la Novela Negra, pero da igual que la comprensión sea buena o mala. La trama se ha llevado todo el peso, la comprensión es solo un punto de apoyo final, a veces claro y normalizado, otras no es ético, otras no es más que sutil y otras veces no es más que una justificación.

Algo muy curioso ocurre en la Novela Negra  que nos traslada de una situación que patentiza metafóricamente enfermedad grave (psicótica) a otra quizá menos grave (neurótica) pero no cura al argumento, sino solo  lo alivia.

Eso, como ya he dicho, es algo que no ocurre en las novelas de suspense que siempre curan.

En las neurosis hay una conexión de sentido, aunque sea inadaptativo. Una persona decimos que es neurótica porque ha quedado sensibilizada por lo anterior (eslabones clave en su vida) y ahora adquieren mucha relevancia y fuerza eficaz hasta producirle ansiedad, obsesiones u otros síntomas que son  comprensibles en base a lo que ha ocurrido o vivenciado anteriormente.

La trama de la Novela Negra no siempre acaba bien, pero sí de forma comprensible: ahora se patentizan los eslabones de sentido que unen aquellos hechos que parecían no tener conexión. Ahora se revelan las intenciones y cuáles fueron las motivaciones que hizo que el fausto escribiente tecleara esas líneas y produjera aquellos hechos. Aunque sean motivaciones amorales

LOS PRINCIPALES

EL PROTAGONISTA

ES EL TERAPEUTA QUE VA A REALIZAR UNA CURA DE MÍNIMOS. Más que nada va a conseguir con sus indagaciones transformar el deshilachado conjunto de datos sin sentido, “la psicosis”, en un conjunto al menos comprensible aunque siga siendo enfermizo (es decir, “neurótico”).

EL ADVERSARIO.

ENCARNA EL ARQUETIPO COSMICO-TANÁTICO.

ES DESTRUCTOR, PERO CON UN SENTIDO NO ALCANZABLE. Su misión es, como Fausto, en el fondo buena. Da pistas para que la fuerza tremenda de lo tanático pueda ser conocida, pueda ser razonada. De alguna manera trae la fuerza cósmica a la tierra.

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La novela negra es una novela de la realidad inmisericorde que el hombre sufre atrapado en los vaivenes de la vida buscando como pez fuera del agua una gota de sentido aéreo que le permita vivir al menos con cordura aunque siga enfermo.

No da la cordura completa, no da la salud, pero nos alivia al comprobar que no estamos locos del todo.

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 [Para saber más sobre psicosis aquí video] https://www.youtube.com/watch?v=s_WSguhD4uE

 

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DESDE EL BURNOUT Y SUICIDIO HASTA LA ADICCIÓN


“Fentanilo become one of the leading opioid-related causes of death”

Juan Rojo Moreno

         En el último Congreso del APA (Asociación Americana de Psiquiatría) ha habido, como debe ser, un amplio espectro de temas para poder elegir.

Pero algunos me han llamado más la atención.

En este video podemos ver como los que ahora enarbolan la banderita antipsiquiatría, los de la Cienciología, como todos los años, se manifiestan en frente del Congreso APA. Pero lo hacen educadamente, como siempre.

(siento que el video esté de lado pero no he conseguido darle la vuelta)

Es una corriente radical muy cargada de irracionalidad y que nos estimula para seguir con la investigación en nuestra área que es lo que mejor demuestra el décalage histórico de este movimiento menor (aunque a veces haga ruido). También en el APA se trató el hecho de que algunos profesionales de renombre internacional han realizado mucho ruido mediático en este sentido, sobre todo en las Redes Sociales, pero una vez más el ruido no cura enfermedades, aunque sí que puede confundir a muchas personas. Recuerdo como un investigador en biomedicina expresó reiteradamente en Redes Sociales (y ha sido muy seguido) su pensamiento contra los psicofármacos, pero claro no había visto un paciente en toda su vida.

Señalaba Anita Everett, la presidenta del APA, el problema tan importante que está ocurriendo con el Burnout entre los profesionales médicos de Estados Unidos y el aumento de los casos de suicidio de éstos debido al mismo. Es un problema para los médicos en cualquier momento de su profesión, aunque parece ser algo menor entre los psiquiatras.

En este sentido Alfonso Casi (en su página de salud) escribe:

“El médico “quemado” en la era de la historia clínica electrónica: ¿estamos ignorando la causa real?

El desgaste del médico está alcanzando proporciones de crisis en los Estados Unidos. Los estudios han encontrado una creciente prevalencia de fatiga emocional. Un estudio sugirió que más de la mitad de los médicos en algunas disciplinas están quemados y que esta proporción está aumentando. El número de médicos que abandonan su trabajo representa una gran preocupación para los profesionales de la salud y para la salud de la nación. Muchos factores contribuyen, pero la interacción del médico con los registros electrónicos de salud (EHR) es especialmente importante ahora que los EHR son ampliamente adoptados en todo el país.  Aunque los EHR tienen un gran potencial para mejorar la atención, también pueden tener efectos perversos. Algunos estudios sugieren que los médicos de EE.UU pasan ahora tanto tiempo en la “medicina de escritorio” (interactuando con la computadora) como lo hacen cara a cara con los pacientes. Los proveedores deben dividir su atención entre los pacientes y el EHR, y muchos creen que esto compromete las relaciones entre el médico y el paciente. Aunque pocos médicos apoyan volver al papel, existe un sentimiento creciente dentro de la comunidad médica de que el los EHR están causando insatisfacción profesional y agotamiento. (Annals of Internal Medicine, Mayo 2018)

Ya lo médicos  de Atención Primaria de UK se plantearon hace algunos años el mismo problema.

Otra importante cuestión es la adicción a opiáceos que se ha producido en gran escala debido a la prescripción de los mismos por problemas álgicos hasta el punto que señala Nora Volkow cómo el Fentanilo (que usamos también de forma abundante en cualquier otra parte del mundo civilizado para el tratamiento el dolor) se ha convertido en una de las principales causa de muerte relacionadas con los opiáceos (“become one of the leading opioid-related causes of death”).

Muy interesante ha sido el acercamiento a las nuevas tecnologías que tanto nos maravillan hoy en día, pero nos debemos preguntar ¿qué es lo que está ocurriendo en nuestro pensamiento cuando muy a menudo lo que hacemos es simplemente sustituir conocimiento por información? Porque, ciertamente, nos adaptamos al ambiente pero el ambiente también es capaz de cambiar nuestro cerebro ¿pensarán y sentirán las nuevas generaciones tecnotrópicas con paradigmas semejantes a los  nuestros? Yo creo que no, pero aún no sabemos qué tipo de paradigma va a crear la humanidad tecnificada, que incorpora en su día a día los  constantes inputs técnicos, en el conocer, intuir y sentir del cerebro. Susan Greenfield se pregunta en este sentido: ¿cómo la mente, especialmente en los jóvenes, se está adaptando a estas nuevas realidades tecnotrópicas?

Habrá más información y comunicación pero nos preguntamos: ¿realmente hay menos soledad? ¿La comunicación con las nuevas tecnologías realmente son alteristas? Las nuevas tecnologías de la información puede que hagan de la otredad más un bit informativo que favorecer un sentimiento de comunidad.

Ha habido dos temas que me han interesado especialmente y en los que siempre espero encontrar un resultado más o menos definitivo, pero sigue sin ocurrir así:

Uno, es respecto al tratamiento de las enfermedades psíquicas en mujeres embarazadas. Al final siempre queda todo en lo mismo. En caso de alteración leve es posible utilizar técnicas de abordaje psicoterápico, cognitivo, relajación, mindfulness, terapia con la luz, yoga o incluso resonancia transcraneal magnética. Pero cuando la enfermedad ya es de un grado moderado o importante se dice “podría ser preferible tratar con medicación la enfermedad durante el embarazo”. Yo no diría “podría ser” sino que de forma definitiva los trabajos demuestran el perjuicio que tienen la Depresión y las Crisis de Angustia en el niño recién nacido, si no ha sido tratada la enfermedad  en la madre durante el embarazo, nos hace decir claramente “es necesario” tratar estas enfermedades durante el mismo.

Al igual que para la detección de los cuadros iniciales en adolescentes de las psicosis, una vez que se detecta una enfermedad psiquiátrica significativa durante el embarazo no es válido “esperar a ver qué pasa”. Por esto señala claramente K.E Driscoll: “the identification of mood disturbance is often delayed or undertreated during pregnancy”.

El segundo aspecto que siempre me ha interesado ha sido el de la depresión postparto. Una vez más los estudios dicen cosas diferentes: desde uno que recuerdo que solo lo relacionó con la falta del apoyo tras el parto, a otros muchos que la relacionan con los antecedentes afectivos de la mujer y otros solo con los antecedentes psiquiátricos:  “a family history of psychiatric disorders increases the risk of postpartum depression”. No hay aún unanimidad.

Y cualquier clínico puede ver que aparece esta depresión cuando menos te lo esperas en mujeres sin antecedentes algunos y, al contrario, puede haber un estado afectivo y emocional muy bueno, a veces rayando lo hipertímico, en otras que han tenido depresiones previas.

Muy interesante fue la aportación sobre la Clozapina (un neuroléptico especial) que es infrautilizado en casos de conductas violentas, y no solo que con su uso disminuye el número de suicidios sino también las ideas suicidas y los intentos de suicidio. Este debe ser más utilizado y tenido en cuenta pues a veces solo se usa como segunda opción.

También me llamó mucho la atención el número tan abundante de psicofármacos que están apareciendo en EEUU para tratar la Disquinesia Tardía, una complicación del tratamiento poco frecuente, y que aún aquí en  Europa no tenemos ese arsenal terapéutico para la misma.

Por último en una conferencia sobre la “relación terapéutica” centrada sobre todo en la psicosis (muy bien dirigida y disertada) solo quiero mencionar que me llamó la atención que se pusiera algún énfasis en estas frases:

Por una parte: “a pesar de todo somos médicos”. Bueno a mi entender no es “a pesar de todo”, los psiquiatras nos consideramos médicos sin ningún pesar.

Pero por otra parte, sí estuve de acuerdo en que un abordaje muy eficaz supone explicar la posibilidad cierta que el tratamientos sea indefinido. Ya va siendo hora que cada vez más los psiquiatras nos atrevamos a decir, sin problemas, esto a muchos pacientes psicóticos al igual que se hace con el tratamiento antidiabético o cardiológico en pacientes diabéticos o cardiópatas.

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LOS CUENTOS DE LA FILOSOFÍA Y LAS CUENTAS DE LA CIENCIA


Juan Rojo Moreno

El error es una verdad de la que se abusa.

Raimundo Paniker (1961)

Filosofía y Ciencia siguen con su batalla particular, pero las armas de la ciencia son más deslumbrantes y no paran de producir admiración pues cada día acceden sus logros a los medios de comunicación. Cierto, que desde el mundo pragmático y neo-filosófico también se alzan las voces de sus peligros. En nuestro caso vamos a utilizar la obra de Raimundo Paniker “Ontonomía de la Ciencia” como cifra de referencia para introducirnos en este campo.[1]

Para nuestro autor de referencia la síntesis entre ambas perspectivas de la misma realidad (la realidad es una y múltiple a la vez) exige una renuncia. La Ciencia ha de renunciar a su concepción de que toda la realidad es física y por su parte la filosofía ha de renunciar a su prejuicio de autosuficiencia al creerse que alcanza la última sabiduría y a pensar que pudiera desarrollarse sin los resultados que aporta la investigación científica.

No toda la realidad es descubierta por la filosofía o la ciencia (heteronomía) ni el conocimiento científico es ajeno al filosófico (autonomía) o viceversa.[2]

Ya anteriormente comenté que quizá sean los físicos los mejores filósofos en la actualidad (muchas veces a su pesar) y también analicé la relación entre Filosofía y Ciencia.

Y un cosmólogo, Lawrence Krauss, en su obra “Un Universo de la Nada (El Origen sin Creador)” utiliza datos y más datos, ciencia y más ciencia para llegar a un teo-cientifismo en donde sus conclusiones aunque parecen científicas son realmente filosóficas. Cómo señala Dawkins en el Postfacio que hace a esta obra: “los teólogos quizá quieran especular sobre los ángeles, los físicos tienen sus propios ángeles (cuantos, quarks, el “encanto”, la “extrañeza”, el “spin”). La ciencia quizá sea más extraña y menos comprensible que ninguna teología, pero la ciencia funciona, obtiene resultados” (sobre esto hablé en el artículo titulado El Fin y los Medios).

Vemos como en el siglo XXI sigue ocurriendo lo que ya señalaba Paniker. La tendencia heteronómica viene dada por querer imponer una concepción del universo y de toda la realidad por una parte, la ciencia; y parecería que la filosofía se haya enrocado en cierta “autonomía”, pero no es cierto. Hoy en día al igual que los físicos quieren hacer su Filosofía que no es la clásica, existe en paralelo toda otra filosofía “natural” que, frente a los datos y más datos, no se enroca sino que emerge heteronómicamente queriendo también cambiar al mundo convenciendo que la realidad es otra, apelando también a los datos pero asimismo al “sentir de la naturaleza”.

Ahora los cosmólogos y los filósofos de la naturaleza se encuentran ambos usando datos, pero en vez de sintetizarlos luchan para prevalecer o ignorarse mutuamente y entonces como señala Paniker: “el filósofo tacha al científico de inconsciente y de mentalidad infantil y el científico al filósofo de inútil e irreal”.[3]

Ciertamente, las ciencias han conseguido avanzar espectacularmente gracias a la experimentación. Este factor fundamental del método científico ha sido el que le ha dado la fuerza para apostillar su verdad al poderse verificar el experimento y repetirlo. Y aunque ya Descartes decía que todo conocimiento que pueda ser dudoso no merece el nombre de ciencia, no obstante, hoy en día se considera “ciencia” no solo al método experimental sino al desarrollo matemático, ecuacional, de la teoría hipotética. Así se han desarrollado nuevas concepciones físicas, cosmológicas y del universo, aunque no tantas de la realidad cotidiana y vivenciada del hombre.  Y se considera que si la ecuación es solvente, entonces, es suficiente por su resolución aunque a la hora de aplicarla no sea nunca posible hacerlo o por ahora imposible. Es decir, la ciencia no experimental en ciertos ámbitos sigue considerándose Ciencia y no Filosofía Numérica. La explicación cosmológica supone que la ciencia se convierte ella misma en Filosofía.[4]

Y esto hace, en el fondo, aún más enconada la diferencia entre  los dos ámbitos: “que el filósofo tiene que estar oyendo a cada paso -dice Paniker-  que no está en la realidad, prueba nuevamente la pobre idea de la realidad que se hace el hombre medio de esta cultura científica ¡Como si fuese más real una silla que un pensamiento, un átomo que una volición!… los científicos han confundido la claridad con la evidencia y la explicación funcional con la verdad”.

Y aunque no podemos entrar aquí de lleno en esta materia que nos desviaría mucho, no puedo más que asombrarme de la enconada (que no mesurada) postura de la llamada Medicina de la Evidencia (que también yo mismo apoyo, la medicina, no esa postura cuando es enconada) frente a las denominadas Medicinas Alternativas. La medicina de la evidencia es una forma datificada de la medicina pero no es toda la Medicina ni recupera por tal a todos los enfermos que sufren enfermedades. Ya escribí sobre las Pseudociencias.

Pero volviendo a nuestra pugna, hay un aspecto especialmente controvertido: el interés. Pareciera que el interés del planeta está por la Ciencia. Los países que mejor han desarrollado las aplicaciones y resultados  científicos son los que más han avanzado y han conseguido mayor nivel de bienestar para sus habitantes, los países en vías de desarrollo quieren utilizar los resultados científicos y copian muchos aspectos de los países desarrollados o emigran a éstos. Incluso algunos que tienen niveles muy elevados de ausencia de escolaridad o de falta en cumplimentación de necesidades básicas, intentan tener o tienen la Bomba Atómica que exige un avance significativo en la aplicación del modelo científico -y recursos- a ese menester.

El inicio del cientismo supone que la visión científica de las cosas pierde la conciencia de la parcialidad, abandona el saber filosófico y entonces la naturaleza es la cantidad o lo reducible a ella pues solo lo cuantificable es asimilable –inteligible- a los métodos que utiliza la Ciencia. Y entonces –señala Paniker- la naturaleza es la ley matemática de la realidad, aunque la naturaleza científica sea solo un aspecto de la verdadera naturaleza de las cosas materiales: “la ciencia moderna ha visto que solo podía avanzar renunciando a explicar la realidad que aparece delante del hombre corriente. Para poder mesurar y predecir ha tenido que renunciar a toda explicación despojando a los fenómenos físicos de toda su realidad ingenua para convertirlos en una gran inteligibilidad matemática… la ecuación establecida tiene plena validez científica, es decir cuantitativa, pero nada más”.

Pero, por otra parte, tenemos los movimientos religiosos más extremistas o políticos o sectas… que cubren a un también gran número de la población necesitada de un fin no exclusivamente material y cosificado (clásico) que son la caricatura grotesca de la necesidad del hombre por conocer más de lo que conoce, y que apuntan una insuficiencia, que puede ser satisfecha arbitrariamente por arquetipos sociales o religiosos que nutren satisfactoriamente ese hueco humano, pero sin renunciar a lo material.

Ahora quiere comprenderse el mundo espiritual desde lo material y antes era al revés, señala Paniker.

Y así la pugna sigue: unos con más datos pero siguen con sus cuentos y otros con más datos siguen con sus cuentas

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A la postre, para la persona que día a día vive sus alegrías y éxitos pero también sus desgracias y sufrimientos, esta pugna entre filosofía y ciencia no es, en definitiva, para el fenómeno humano, más que una espuria sinrazón.

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[1] Ontonomía de la Ciencia. Sobre el sentido de la ciencia y sus relaciones con la filosofía. Raimundo Paniker. Biblioteca Hispánica de Filosofía, Editorial Gredos, 1961. (Nihil obstat: El censor, doctor José M.ª Casciaro, Madrid 8 de Agosto de 1961)

[2] Paniker crea el término Ontonomía para referirse a una integración armoniosa de las distintas partes en el todo. Quiere avanzar así más allá de la Autonomía (que absolutiza las peculiaridades como si no existiesen otras. En la Autonomía subsiste un aislamiento) y de la Heteronomía (predomino de unas peculiaridades sobre otras. Subsiste una dominación).

[3] De aquí el título de este artículo “cuentos y cuentas” pues señala Paniker: “decía un amigo mío, en frase gráfica y mordaz, que todo el saber actual se dividía en cuentos y cuentas. Para el científico el mundo de las letras -y entre ellas descuella la Filosofía- no es sino un conjunto de cuentos. Para el hombre de letras, en cambio, las ciencias todas son vulgares cuentas”.

[4] El principal motivo por el que le matemático ha vencido es porque le hemos dejado dictar los términos del reglamento de la prueba. El destino de toda teoría del universo se decide mediante una prueba numérica: ¿Es que la suma sale bien? No creo que el matemático comprenda mejor nuestro mundo que el poeta o el místico. Quizá lo único que hay es que suma mejor. A. Eddington, Nuevos senderos de la ciencia. Montaner y Simón, S.A. Editores, Barcelona, 1945

 

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PSICOTERAPIA Y BIOTERAPIA


Juan Rojo Moreno

                   En las ciencias psicológicas es posible hablar de psicoterapia, y en las puramente biológicas habría que hablar de bioterapia. En medicina nadie se atreve a hacer esa distinción tan tajante (bueno, siempre hay atrevidos) y por eso es más fácil encontrarnos con que se habla en general de Terapias o de Tratamientos.

Dentro del campo médico es bastante difícil dar consejos puramente biológicos ya que siempre hay una variable individual que hace que la biología se module en cada enfermo o en determinados enfermos de una manera particular, por esto lo más acertado y también en cierto modo cómodo es acudir a la frase “la ciencia dice”. Claro, el modelo científico incluye limitadamente la particularidad y cuando ésta altera el resultado se admite como una variable más que la ciencia asume dentro de la propia incertidumbre científica. Por eso en toda media estadística se incluye una desviación estándar. Los modelos matemáticos que son en los que se basa fundamentalmente la ciencia y lógicamente la medicina científica, tienen también su perversión, pero sobre esto hablaremos en otro artículo más adelante, pues como señala Laín: “para la mente humana, lo cierto será siempre lo penúltimo y lo último siempre será incierto”[1].

Cuando damos un consejo médico basado en un efecto biológico lo más normal es que se haga en base a la tan denominada ahora “medicina de las evidencias” que tiene su sesgo, pero da seguridad y ocurre como con los modelos físicos: hasta que no se demuestre otro más abarcante es el actualmente preferido aunque sea incompleto.

Puede estudiarse que las personas que viven solas tiene más riesgo de recaer en una enfermedad física determinada o padecer más cáncer personas que presentan ciertas condiciones psicológicas, pero si no es posible la  modificación de esas condiciones (por ejemplo la soledad), el tratamiento seguirá igual sin contemplar esa variable que es conocida pero al final no efectiva (para las posibilidades del tratamiento).

Cuando entramos en el mundo de la psicoterapia tenemos que tener en  cuenta dos variables al menos: por una parte que toda relación médico-paciente es en sí misma una forma de psicoterapia en la que se manejan emociones, transferencia, contratransferencia, esperanzas y muchos lenguajes más allá del verbal, y esto no solo es válido para una entrevista psiquiátrica sino para cualquier relación médico-enfermo desde medicina general a cualquier especialidad. En todos los casos se use el medio que use para curar o intentar curar, el enfermo sigue siendo el paciente y el médico sigue siendo el providente y entre ambos siempre aparece esa especial relación proyectiva pues “vivir humanamente -escribe Pedro Laín Entralgo- es proyectar y preguntar; quien proyecta pregunta, y quien pregunta, proyecta”.

Pero, en segundo lugar, hay también una relación psicoterápica muy significativa que se da en psicólogos y en lo que el psiquiatra Francisco  Traver en su libro “Consejos al Joven Terapeuta” constantemente denomina los “psi”, y también la teoría “psi” o la vocación “psi”, técnica “psi”…

CONSEJOS AL JOVEN TERAPEUTAEn los distintos capítulos el Dr. Traver se implica directamente en aportar sus ideas y amplia experiencia sobre qué es psicoterapia, ¿quién es el terapeuta?, el sujeto de la psicoterapia, conceptos de interés y el encuadre terapéutico. También entra, como no va a ser así, en: cómo cura la psicoterapia, en valorar la sugestión y en las paradojas de la psicoterapia. Y algún capítulo más.

El fin que persigue es aportar su experiencia en este campo dando consejos a quien empieza, pero que verdaderamente sirven también para los empezados. Muchas veces la soberbia (¡ese maldito mal humano!) nos consume y creemos que un libro para los que se inician no nos sirve a los iniciados y no nos damos cuenta que los que ya llevamos tiempo en estos lares seguimos sin saber movernos con agilidad en muchísimos campos del conocimiento que “suponemos” sabemos. Hace poco aprendí el origen de la palabra Esquizotaxia al leer los apuntes de psiquiatría que se dan en una Universidad española diferente a la mía. Debo ser el único del mundo “psi” que no conocía el significado verdadero de ese término que por algún hiato gnósico quedó apartado durante tiempo. Pero lo cierto es que los alumnos de esa facultad sí lo conocían y yo no. Aprender de lo que aprenden los que se inician muchas veces es una fuente de gran valía.

Y así me ha ocurrido con el libro de Francisco Traver.

Da buenos consejos avisando que no hay que confundir la psicoterapia con el concepto médico de “cura” y advierte así mismo sobre la dificultad que hay a menudo para distinguir ente “los enfermos verdaderos” y los “pseudoenfermos”.

El siglo que viene va a ser el siglo de la filosofía, señala F. Traver: “la vuelta a los orígenes… de los que nos ocupamos los terapeutas: en qué consiste la libertad, qué es la conciencia, la ética como salvavidas de los dilemas humanos…” Y con esto nos hace reflexionar que frente a la vorágine que nos invade hoy en día la técnica, las nuevas velocidades de computación y datos, el big data, el dataísmo, las nano-dianas terapéuticas y genética humana, frente a toda esta idea de la bio-tecno-transformación del ser humano, nuestro autor hace una especie de Stop: ¿no nos estamos olvidando del hombre?

Yo en esto estoy completamente de acuerdo con F. Traver. No sé si será este siglo o si necesitamos saturarnos un siglo más de bio-tecno-totalidad para que volvamos a plantearnos que todo puede ser para el hombre pero sin el hombre. Sí, cierto, parece una frase muy manida, pero los esfuerzos no van hacia el individuo ni a conocer al hombre sino solo a una parte de él y generalmente a costa de que se abandone otra. Incluso la llamada medicina “personalizada” no se centra en “la persona” sino en tratamientos farmacológicos, genéticos, biológicos, etc. que sean más eficaces. Se quiere hacer más eficaz e individualizar el tratamiento mediante la bio-tecnología pero no considerar a la persona global como partícipe de esa individualización. Sí, quizá sea este siglo, o si no será el siguiente, pero algún tipo de “filosofía” tendrá que penetrar en la propia evolución planetaria.

La metacomunicación, algo que está más allá de la comunicación, también es atendida en uno de los capítulos de nuestra obra de referencia “Consejos al Joven Terapeuta”: “existe un salto matemático en el cerebro que hace que la aritmética no se cumpla, parece que la información que las neuronas intercambian no es acumulativa… la actividad cerebral no es solo información sino metainformación, esto es información sobre la información… la actividad mental es capaz de generar información (autopoyesis) e inventar la realidad, cambiarla”.

Y esta metainformación muy a menudo la usamos sin darnos cuenta no solo en el proceso psicoterapéutico sino en todo proceso también médico en general. ¿Acaso no todos los médicos, en general, no conocen igual cómo funcionan los antibióticos, qué antidepresivos hay que dar en la depresión o cómo diagnosticar un trastorno de ansiedad? Quizá no nos preguntemos, muchas veces, si además de matar bacterias con el antibiótico el médico está creando una metainformación (o no) que pueda favorecer por otros caminos el esquema individual inmunológico, o por qué tras unos diagnósticos determinados no siempre los mismos fármacos funcionan igual. No estamos acostumbrados a reconocer la metainformación que manejamos en nuestra relación terapéutica. Quizá suponga más tiempo del deseado para dedicar al paciente en esta sociedad kinética que disfrutamos y sufrimos.

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         Muchos de estos temas son sugeridos hábilmente por Francisco Traver, otros muchos diseccionados y otros comentados desde la profundidad que su dilatada experiencia es capaz de aportar.

Quiero terminar con algo que siempre me ha llamado la atención y que también él apunta acertadamente: es acerca de la necesidad que tenemos  en nuestra relación con los pacientes de explicarles de forma reiterativa lo que es evidente. Pero hasta que esa idea, ese concepto o esa decisión es “digerida” por la otra persona no basta con hacérsela saber, hay que buscarle multitud de matices y explicaciones; llega un momento que detectamos que no solo la ha oído y comprendido sino que la ha asimilado. O si la sabía, ahora es capaz de hacerla efectiva.

Esta experiencia que tenemos habitualmente en nuestra práctica clínica la explica muy bien Francisco Traver: “en terapia no basta con `descubrir´ los motivos del sufrimiento de un determinado paciente. Tiene que ser comunicado, explicitado y segmentado ante sus narices, con la precisión de un relojero, atendiendo a cada uno de los planos semánticos, para asegurarnos que el paciente ha entendido `qué le pasa´. Si la verdad tiene muchas caras es obvio que las explicaciones precisan de muchas repeticiones y ser abordadas desde distintos ángulos para que penetren en la comprensión del paciente y se interioricen adecuadamente”.

Una vez más, la palabra y el metamensaje serán claves en la terapia de la que Bergler denominó Neurosis de Destino.

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[1] Pedro Laín Entralgo. Cuerpo y Alma. Espasa Calpe, Madrid, 1991

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