HISTORIAS DE LA PSIQUIATRÍA


Juan Rojo Moreno

         La psiquiatría es una ciencia médica que tiene una especial peculiaridad: necesitamos el diálogo frente al paciente durante un prolongado tiempo para poder delimitar bien su sintomatología y cuál es la enfermedad que padece. Esto, si bien es necesario en toda Medicina, no obstante la ayuda de las pruebas complementarias (análisis, radiografías, tac, etc.) ha facilitado que en muchas ocasiones el dialogo puede ser menor en otras ramas de la ciencia del sanar.

Y no es porque no podamos llegar pronto a una idea general del diagnóstico pues se ha comprobado que el psiquiatra es capaz de hacer el diagnóstico certero de la enfermedad en el 90% de los casos en los primeros 10 minutos de entrevista. Pero en psiquiatría cuando entrevistamos por primera vez a un paciente hacemos automáticamente, al menos, dos sistematizaciones clínicas. Por una parte la detección de los síntomas en su contexto actual (personal, familiar, laboral) y evolución de la enfermedad (desde cuando la padece) y, por otra parte, valoramos su historia personal, su biohistoria, teniendo en cuenta factores que puedan relacionarse con la enfermedad y que han acontecido durante la infancia, escolaridad, adolescencia o hayan sido factores sensibilizantes posteriores. Así tenemos un conjunto biohistórico y situacional (Campo Etiopatogénico).

En la entrevista clínica el psiquiatra realiza el papel de observador participante. Pero esto no siempre ha ocurrido en la historia de la psiquiatría. Lo de “escuchar” al paciente es relativamente  cercano.

Realmente hasta Freud no se prestó atención en serio a la historia y narrativa del paciente, a su vida. Aunque mucho tiempo antes claro que sí se informaba de los síntomas, pero lo que era escucharlos no se hacía. En este sentido señala Laín: Por una parte el interrogatorio del paciente y lo que relata hace que sea considerado de forma completa a su modo personal: cada paciente es individualizado detalladamente. La psique ya no es más un atributo de la fisiología sino una parte “completa” de un individuo concreto. Su biografía su historia y sus circunstancias conforman su persona.[1],[2]

Señala E. Novella [3] como a principios del siglo XVIII una de las grandes figuras de la medicina, Herman Boerhaave, decía que era inútil interesarse por “las inconsistentes ideas de los locos”. Pero a finales del XVIII y principios del XIX Philippe Pinel desarrolla el “tratamiento moral” de los enfermos psíquicos buscando el análisis clínico de lo que refieren estos pacientes y la humanización de los mismos.

Discípulo de Pinel, J.E.D. Esquirol a principios de XIX además de desarrollar el tratamiento moral hace una interesante anotación: La locura se manifiesta en ideas, errores, pasiones… solo se diferencia de lo que puede encontrarse en el “tumulto del mundo” por una cuestión de grado.

En este sentido ya decía F. Leuret (1797-1851) “cuando yo examino todas las ideas de los hombres, los absurdos que ellos pueden decir y sus ideas más extravagantes, quedo como avergonzado y me parece que nuestros enfermos (psíquicos)  están a menudo menos locos que sus semejantes”.[4]

Por esto, señala Novella que uno de los correlatos más significativo de este ideario fue la pretensión de los médicos de tomar como objeto al ser humano en su totalidad, tanto al “hombre físico” como al “hombre intelectual y moral” Y en este sentido otro médico que influyó significativamente en Esquirol fue P.J.C Cabanis (1804)  que señalaba “¡Desgraciado sin duda el médico que no ha aprendido a leer en el corazón del hombre tanto y tan bien como a conocer su estado febril … que no sabe distinguir en sus facciones, en su mirada y en sus palabras los signos de un entendimiento perturbado o de un corazón ulcerado!

Es muy interesante la influencia que tuvieron sobre la salud mental los cambios tan acelerados a nivel social, ético y cultural que en el XVIII se producen con la Ilustración y que podemos compararlos con los que se están produciendo ahora de nuevo en nuestra sociedad tecnotrópica.

Señala nuestro autor de referencia cómo desde el XVIII y más en el XIX se hace hincapié por los médicos en la fragilidad de los individuos para afrontar las exigencias de una sociedad en transformación y aparecen factores que favorecen los trastornos mentales, por el mayor desarrollo cultural, la artificiosidad de la vida social o las convulsiones políticas del momento.

Las enfermedades de los nervios aumentan en todas las naciones en relación con el refinamiento de sus costumbres y el nivel de su cultura, de manera que apenas las encontramos en los pueblos primitivos, decía el médico alemán J.C. Reil (1802).

Y hoy en día el psicólogo social Kenneth Gergen (1992) considera que debido fundamentalmente al cambio tecnológico y a las “tecnologías de saturación social” se han producido profundas mutaciones en la conciencia postmoderna: “a medida que avanza la saturación social […] el yo de cada cual se embebe cada vez más del carácter de todos los otros, se coloniza… y el individuo se escinde en una multiplicidad de investiduras de su yo”.

Consecuencia de todo esto es la “multifrenia”. Se sustituye la identidad personal por la conciencia de que lo que somos es el resultado de cómo somos construidos socialmente de forma que, explica Novella, de este modo la “vieja” institución del yo da paso en nuestros días a la realidad de la relación, y el yo individual al yo relacional.

No tenemos más que mirar la identificación con las valoraciones y las relaciones que hace gran número de la población en las redes sociales para comprender esto. Hasta existe la frase del tipo “si no estás ahí (redes sociales, Internet) no existes”.

Por esto dice C. Lasch (1979): “vivir el momento es la pasión predominante […] estamos perdiendo rápidamente el sentido de la continuidad histórica, el sentido de pertenencia a una sucesión de generaciones”. Igualmente se refiere a esto Sennett (2000): ¿cómo decidimos lo que es de valor duradero en nosotros en una sociedad impaciente y centrada en lo inmediato?

Pero volvamos a la escucha de los pacientes psiquiátricos. Es muy curioso que ya Pinel se habría iniciado en el arte de escuchar y conversar con los locos y algunos de sus discípulos como Leuret no dudaron en cumplimentar sus obras con abundantes reproducciones del discurso de los enfermos (Leuret, 1834).

En síntesis, señala Novella, los pioneros de la medicina mental entablaron un novedoso “dialogo con el insensato” y cultivaron una “clínica de la escucha” pero siempre tuvo un carácter secundario con respecto a la “clínica de la mirada”. Dicha escucha no condujo a una reflexión sobre el sentido de la singularidad de los síntomas de la locura [ni del sentido de la singularidad del paciente] en cuanto a creaciones del sujeto, ni dotó a la psicopatología de un carácter “interpretativo” sino que tan solo [aunque ni más ni menos] abrió la puerta del interés por la subjetividad.

Realmente tendremos que esperar, como hemos señalado antes, prácticamente a finales del XIX y principios del XX cuando sea Sigmund Freud con su método psicoanalítico el primero que se interese claramente por el relato de la vida del paciente y el significado que tienen para él las vivencias. Luego ya se desarrollaría la medicina psicosomática y especialmente la antropológica en la que su más claro exponente Viktor von Weizsäcker cuyo lema sería “ante todo los enfermos” postuló: “porque la esencia de la enfermedad es biográfica, por eso, también el conocimiento de la enfermedad solo puede ser biográfico…: nada orgánico carece de sentido; nada psíquico carece de cuerpo·. Lo que había que buscar era el “sentido”. Todo esto impensable en los tiempos de la “escucha” de Pinel y en los siglos posteriores hasta el comienzo con Freud.

El suicido también es un problema que nos planteamos en la sociedad actual en cuanto a cuán de patológico tiene en ciertas ocasiones, y a finales del XVIII se transformó en una cuestión casi epidémica. Aunque algunos pioneros franceses como Pinel (1809) y Falret (1822) consideraban que había una enfermedad propia que inducía al suicidio e incluso una “melancolía suicida” o como apuntaba Bourdin (1845) el suicidio siempre es “un hecho patológico y a menudo constituye el primer acto delirante de una monomanía incipiente”.

No obstante, por otra parte ya Esquirol pensaba que había suicidios no patológicos pues “era un fenómeno consecutivo a un gran número de causas diversas” y tiene la capacidad de valorar la perspectiva cultural: “cuanto más desarrollada se encuentra una civilización… cuanto más se incrementan las necesidades y los deseos son más imperiosos, cuanto más se multiplican las causas de los pesares… más suicidios debe haber”. Y Brierre (1850) muestra como la modernidad y en particular el materialismo, entre otros motivos, originan un tedio generado por “una civilización enervada en la que el hombre absorbido en sí mismo y compadeciéndose de su propio destino, se aísla de sus semejantes y concentra toda su existencia en un orgullo estéril y lastimero… en la época actual no es necesario estar loco para ser mordido en el corazón por el tedio y el fastidio de la vida”. Este autor durante 10 años estudió 4.595 expedientes de suicidios consumados y en su monografía en 1856 le parece incontestable que muchos de ellos  mantenían “la conciencia del acto y la libertad de la voluntad”.

Y vemos que estamos hablando igualmente del siglo XIX como del XXI, pues en nuestro tiempo como señala A. Solomon autor del best seller El demonio de la depresión (2001): las tasas cada vez más elevadas de depresión son incuestionablemente consecuencia de la modernidad. El ritmo de vida, el caos tecnológico, la alienación, la ruptura de las estructuras familiares tradicionales, la soledad endémica y el fracaso de los sistemas de creencias (religiosas, morales, políticas, sociales, todo lo que alguna vez pareció dar sentido y orientación a la vida) nos ha llevado a una situación catastrófica.

Y qué ocurrió con la melancolía. Pues lo mismo, entre finales del siglo XVI y principios del XVII se escriben muchos manuales de melancolía (incluso  una Melancolía erótica por J. Ferrand en 1610). Al igual que ahora en el XXI en el llamado “El siglo de la depresión”, pero entonces fue propio del cambio de la época medieval a la Edad Moderna y por lo tanto con gran inestabilidad social, política y económica, la quiebra del orden teocrático y un clima cultural dominado por el desasosiego, el pesimismo y los temores escatológicos (pues más o menos como ahora).[5]

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En estas “Historias de la Psiquiatría” es interesante que nos planteemos cómo los ciclos se repiten y las repercusiones en las personas suelen referirse a un patrón parecido haya pasado dos o cinco siglos. Si no aprendemos de cómo se resolvieron las crisis humanas siempre estaremos llenando nuevos odres con vino añejo.[6]

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[1] P. Laín Entralgo. Enfermedad y Pecado. Ediciones Toray, Barcelona 1961. Todos los médicos que a fines del siglo XIX comenzaron a estudiar la intimidad de los enfermos histéricos (Charcot, Janet, Breuer, Freud…) debieron comenzar siendo hombres de gran paciencia. La palabra deja de ser solo un instrumento de pesquisa y se convierte en agente terapéutico: Freud introduce en medicina con una importancia inédita la psicoterapia verbal. (en Internet aquí)

[2] P. Laín Entralgo señala: Frente a la actitud “visiva” de los médicos Freud postula una “auditiva”. La histeria “ex visu” de Charcot se trasforma en histeria “ex auditu” de Freud. (La historia Clínica, CSIC, Madrid, 1950).

[3] Enric Novella. El discurso psicopatológico de la modernidad. Ensayos de historia de la psiquiatría. Editorial Catarata, 2018. Va a ser nuestra obra cifra de referencia.

[4] Leuret F. Citado por H. Ey, Estudio sobre los delirios, Madrid, Paz Montalvo, 1950.

[5] Las referencias que solo tienen la fecha entre paréntesis están extraídas de nuestra obra de referencia de Enric Novella señalada arriba.

[6] Parafraseando a Julian Huxley en su obra Hacia un Nuevo Humanismo (1957) “Nuevos odres para vino nuevo”

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NUESTRO LENGUAJE CULTURAL


“Latín Lovers”

Juan Rojo  Moreno

         Hablar no es solo una cuestión de palabras, lo que decimos está impregnado de nuestra cultura, los sentidos subliminales y sus orígenes. Por esto es tan difícil aprender como un nativo otro idioma si no hay una inmersión realmente cultural, por los giros y por las formas de utilizar el lenguaje no verbal “idiomático”.

Que el lenguaje es más que palabras ya lo dice K. Jaspers, tal como ocurre entre dos muy buenos amigos en los que el lenguaje íntimo que les ha sintonizado es el que emana de lo original de cada uno, de sus “existencias”.[1]

Pero en el mismo origen del lenguaje ya está la facilidad de comunicarnos y en este sentido Emilio del Rio en su obra Latín Lovers nos acerca a entender nuestra comunicación intracultural.[2]

Porque nuestro origen idiomático desde el latín o el griego llega a lugares lejanos. Así señala nuestro autor cómo hablar del Brexit que parece que es una palabra inglesa realmente es originaria latina pues Britannia  es como llamaron los romanos a la isla y Exit proviene de Éxitum que también es latín.

En nuestra cultura  (y en la oriental) se toma cerdo como un manjar y esta palabra viene del latín saeta que significa  pelo áspero, fuerte, grueso, de donde tenemos la palabra cerda, por ejemplo las de una brocha. El jamón es la pata de cerdo (viene del latín a través del francés) y también hablamos del pernil (aún se usa en Cataluña) que viene del latín perna que significa pierna (de los animales)

¿Tiene nuestro congreso la “cámara baja y la cámara alta” los techos abovedados? Si no es así deberían tenerlos pues la raíz latina camba viene de Kamb que en griego significa “curva” y nos lleva a la palabra griega Kamára “techumbre abovedada”.

En nuestra cultura (y en la oriental) el silencio es una forma de lenguaje, como dice Francesc Torralba: La práctica de la soledad, el gusto por el silencio, la contemplación, el ejercicio de filosofar, captar lo espiritual en el arte, saber no hacer nada (como actividad), la meditación y la solidaridad.[3] Y además del silencio, en la otra cara de la misma moneda, está el constante preguntar propio de nuestro instinto epistemológico (como decía M. Klein respecto a la curiosidad de los niños) y como señala P. Laín: “La pregunta es la expresión racional del proyecto; el proyecto es el fundamento vital o existencial de la pregunta”.

Vamos alternando del latín a la pregunta y al silencio, pero eso es lo que marca nuestro “carácter” cultural, nuestra razón histórica que señalaba Ortega.

Hoy la sociedad se encuentra terremotizada, los valores cambian en pocas décadas y parece que “el mundo” en general tome decisiones al (buen) tuntún. Y creo que es de lo más cierto en su significado literal como señala Emilio del Rio “es hacer las cosas sin reflexión y viene del latín litúrgico de unos salmos que se citaban en misa: `Ad vultum tuum deprecabantur omnes plebis´ y los practicantes que no entendían latín derivaron de `ad vultum tuum´, tuntún o buen tuntún aunque no tenga ninguna relación”.

Pareciera absurdo lo anterior y que ahora sí que todos entendemos lo que los “expertos” en tecnología en las redes, en la política… lo que los expertos sociales y económicos nos dicen y nos manejan, pero como señala  A. Toffler: Ahora estamos retrocediendo de nuevo hacia un sistema global más heterogéneo en un mundo rápidamente cambiante y repleto de alta tecnología y comunicación instantánea… en el que un inmenso salto nos lleva hacia adelante y hacia atrás al mismo tiempo (la tecnología hacia adelante, los separacionismos, la disgregación, la desconfianza, los fanatismos, hacia atrás).[4]

Y realmente necesitamos cada vez más argumentos (que no argucias que es lo que más hay) y menos eslóganes que también es de lo que más hay. Esto lo explica muy bien Emilio del Rio: El verbo arguo, argúere da en español argüir, es “demostrar, probar, dejar claro”, literalmente sacar brillo a una idea. Argumentar es sacar brillo a las ideas, hacer que brille el pensamiento. Es preciosa esta etimología, señala, porque lo que necesitamos son más argumentos, es decir “hacer brillar las ideas” y menos eslóganes. ¿Por qué? Porque eslogan viene del celta y significa “grito de guerra”: no hay nada detrás de un eslogan y siempre es preferible hacer brillar una idea que un grito de guerra. Del mismo verbo argúere tenemos en latín argútia, en castellano argucia, un argumento falso presentado con agudeza, con brillantez.

Miremos a nuestro alrededor y hagamos un balance de cuanto predominan los argumentos, los eslóganes o las argucias en este mundo de la comunicación y mediatización.

El feminismo tampoco escapa de su origen latino. ¿Qué significa feliz? comenta nuestro autor de referencia, Felix viene de la raíz indoeuropea que aparece en el griego *thlé que significa “teta”. La raíz es*dhe y significa “mamar, chupar” y a partir de esta raíz tenemos fémina que significa originariamente `la que amamanta´ y después cualquier mujer, y de fémina tenemos hembra (igual que fáminen da hambre). Junto a hembra tenemos los derivados cultos feminismo y femenino (que aparece en el español en 1438 y señala Del Rio: está tomado directamente del latín feminus y significa propio de la hembra).

La felicidad por lo tanto está etimológicamente unida a lo femenino, a mamar, “es lo que siente un bebé, una criatura, cuando mama”.

El lenguaje es culturalmente tan importante, como se puede ver en el caso de Helen Keller una niña que quedó completamente ciega y sorda desde los 19 meses de edad entrando en un estado autista, rehusando ser acariciada, no habiendo forma de conseguir su afecto o su simpatía. A partir de los 7 años inició un programa de enseñanza (con su maestra Anne Sullivan) consiguiendo con signos táctiles y alfabéticos llegar no solo a entender conceptos a partir de símbolos, como el agua, y posteriormente muchos más, sino que escribió varios libros y se desarrolló intelectual y afectivamente normal, con extraordinarias capacidades en el uso de la lengua y la cultura. Diríamos, con Bartra,[5] que consiguió conectar con los símbolos y estructuras socioculturales que hasta la edad de 7 años le estaban vedados. Por eso dice ella sobre sí misma que antes de conocer el lenguaje era una “no persona”, un Fantasma.

Porque el lenguaje, con las raíces simbólicas y estructurales que conlleva, señala el neurocientífico Robert Wilson (2004), a semejanza de Bartra, supone una conciencia como un proceso que se encuentra sostenido por un andamiaje ambiental y cultural externo y encarnado en un cuerpo por lo tanto empotrado en un medio ambiente. Bartra amplia la idea en el sentido que considera que el andamiaje ambiental y cultural externo es fundamentalmente un sistema simbólico que compensa incapacidades del sistema cerebral.

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         La obra de Emilio del Rio “Latín Lovers” que nos ha servido de referencia es muy interesante, amena y emocionante. Nos muestra nuestra magnífica herencia y evolución desde pilares sólidos latinos y griegos, que a veces nos olvidamos, en esta época de terremotismo cultural. Para comprender algo humano personal o colectivo -señala Ortega- es preciso contar una historia. Este hombre, esta nación, hace tal o cual cosa y es así porque antes hizo tal otra y fue de tal otro modo. La vida solo se vuelve algo transparente ante la razón histórica.[6]

Y en este sentido también apunta Julian Marías: “Los hombres occidentales han caído en la cuenta de esa fugacidad y aceleración de la vida histórica, el presente se desvanece, se adelgaza hasta convertirse en el instante. No hay donde poner pie; el hombre siente que flota en lo movible. Además no tienes escape, es inútil volver a tierra firme, porque estamos irremediablemente en medio del agua: estamos historizados. Y esta situación no podemos refutarla, no podemos más que aceptar la situación e intentar dar razón de ella y por ello en estos años la razón ha de ser razón histórica”.[7]

Pero si bien ahora el status sociocultural es muy cambiante e impredecible, no obstante, eso no quita que olvidemos “al tuntún” nuestro lenguaje cultural que no es solo cuestión de idioma, sino que es un existencial.

Y es que saber sobre nuestro lenguaje cultural es algo  más que tener buen gusto. Como señala Del Rio: Sápere significa tener gusto, distinguir, percibir por el gusto `tener buen gusto´. El sabio no es el que tiene muchos conocimientos, eso es un erudito, sino el que los tiene y tiene criterio para distinguir.

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[1] Karl Jaspers. Filosofía. Tomo I. Ediciones de la Universidad de Puerto Rico. Revista de Occidente, Madrid, 1959.

[2] Emilio del Rio. Latín Lovers. La lengua que hablamos (aunque no nos demos cuenta). Editorial Planeta, 2019.

[3] Francesc Torralba. Inteligencia Espiritual. Editorial Plataforma. 4ª edición, 2011.

[4] Alvin. Toffler. El cambio de poder. Powershift. Conocimientos, bienestar y violencia en el umbral del siglo XXI. Plaza y Janes editores, 1990.

[5] Roger Bartra. Antropología del cerebro. La conciencia y los sistemas simbólicos. Editorial Pre-textos 2006.

[6] José Ortega y Gasset.  Historia como sistema y otros ensayos de filosofía. Revista de Occidente en Alianza Editorial, 1941.

[7] Julián Marías. El método histórico de las generaciones. Edita Selecta de Revista de Occidente, 1967 (2ª Ed).

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EL SHOCK DEL PRESENTE


Juan Rojo Moreno

Alvin Toffler escribió la primera obra de su trilogía, El Shock del Futuro, en 1970, luego apareció La Tercera Ola (1980) y en 1990 la que nos va a servir como referencia El Cambio del Poder. Mucho de lo que escribió entonces sigue vigente veinte años después y en otras cosas ha tenido buena capacidad para la previsión de acontecimientos. Es un magnífico analista y observador que sabe intuir la anticipación.[1]

El mundo está cambiando tan velozmente que los dirigentes mundiales se ven barridos por los acontecimientos en vez de imponer orden sobre ellos. Para Toffler el acontecimiento más importante ha sido el nacimiento de un sistema para crear riqueza que no se basa ya en la fuerza sino en la mente. No es ya trabajar sobre cosas, sino personas que actúan sobre la información y la información que actúa sobre las personas.

Los imperios del futuro son imperios de la mente dijo W. Churchill, y parece que va siendo verdad ¿pero qué va a pasar con los miles de millones de personas que no están capacitados para manejar información?

El problema no es tener mayor o menor capacidad intelectual sino que es ser más o menos capaz de manejar la información. Aparece el paradigma de la “eficiencia”, conseguir la meta con los menores recursos posibles y también el ideal de los mass-media o medios de comunicación: conseguir que a las otras partes les guste nuestro programa de actuación y, lo mejor de todo, que crea la otra parte que es ella quien ha pensado o llegado a esa conclusión.

Señala Toffler que hay una diferencia crucial entre la violencia, la riqueza y el conocimiento. La fuerza y el dinero por definición son propiedad de los más fuertes pero el conocimiento también puede adquirirlo el débil y el pobre, lo que explica por qué todo aquel que ostenta poder desea controlar la cantidad, calidad y distribución del conocimiento dentro de sus dominios.

Siempre ha habido quien ha dicho que “hay que controlar a los medios de difusión de comunicación” pues, evidentemente, consideran que hay que hacerlo pues no dicen “la verdad”, “confunden”… todo lo que puede ir en contra de mantener “su poder”.

El control del conocimiento, señala nuestro autor,  es el punto capital de la lucha mundial por el poder que se entabla en todas y cada una de las instituciones humanas.[2]

Con toda la revolución tecnológica y el cambio que supone en los puestos de trabajo, muchos de éstos se quedan obsoletos. Nadie compra una acción o un teléfono Samsung o IPhone, o de las emergidas tecnológicas chinas como Huawei o Xiaomi por los activos materiales, máquinas o edificios de sus compañías, sino más por su capacidad de innovación, por sus ideas, por sus “mentes” y por la competitividad calidad-prestaciones-velocidad- precio.

El capital, y por lo tanto el poder, depende más que de lo que existe tangible y material, más bien de informaciones, previsiones, e incluso hasta de notificaciones que puede hacer un presidente de EEUU vía Twitter. Los denominados “derivados” son valores que te pueden vender basados en varios índices y además están los activos “sintéticos” y… otros que si te lo los venden sin tener ni idea de qué son puede ser hasta una “preferente” que te arruine. En definitiva, que para manejar capital hay que tener de él y además hay que tener… información y capacidad de entender la información. Por esto dice Toffler “el capital pasa a ser `supersimbólico´ a marchas forzadas”. Algo que ya en 1650 William Potter fue capaz de adelantar con más de 300 años al decir que “una riqueza simbólica ocupará el lugar de la riqueza real”.

Toffler habla de la evolución que denomina del “proletariado al cognitariado”. Aunque el término no ha calado mucho desde 1990 hasta ahora, no obstante, plantea lo mismo que Harari en su obra Homo Deus[3], que una gran cantidad de desempleo parece insoluble: “aunque hubiera 10 ofertas de empleo por cada trabajador parado, aunque hubiera 10 millones de puestos vacantes y solo un millón de desempleados, este millón no podría desempeñar los cometidos propios de los puestos de trabajo disponibles a menos que tuviera una capacitación -conocimiento- acorde a las exigencias técnicas de esos nuevos puestos de  trabajo. Estas técnicas son ahora tan variadas y cambian tan de prisa que los trabajadores no pueden intercambiarse como en el pasado”.

Para atender en el sector de servicios hay que estar preparado, para la agricultura hay que manejar ordenadores, el empleado de archivo mueve información, el conductor de paquetería también usa un ordenador que lleva consigo y lo mismo ocurre en los hoteles y en las fábricas. Los que están desapareciendo son los puestos de trabajo manuales, los que no aplican conocimientos adaptados y manejo de la información, porque, señala nuestro autor, cualquier tarea que sea repetitiva y sencilla que se pueda realizar sin pensar es, en último extremo, una candidata a la robotización.[4]

Por esto, señala Toffler, que la “neurolización” de la economía no ha hecho más que empezar y de la “manufactura” estamos pasando a la “mentefactura”. Pero hoy en día en que además de la economía todo se maneja con redes sociales y el flujo de información es mayestático ¿Quién pone los límites éticos al flujo de la comunicación? Nos vemos bombardeados con múltiples, contrapuestos y mediatizados mensajes comerciales, culturales y políticos. La interconexión planetaria no ha servido para una mayor homogeneización de valores y principios éticos, todo lo contrario; es tan desbordante la autopista informativa que nos llega a cada uno de nosotros que el propio individuo se ve impelido a utilizar sus propios “principios” para crear un sistema de valores que a veces solo es compartido por su grupo afín (o por el que es “sensible” a las mismas creencias compartidas o influidas).

El establecimiento de estas normas éticas de la información, señala nuestro autor, es extremadamente complicado pues además el mundo está triseccionado en economías que aún funcionan con base fundamental agraria, otras aún con base industrial y otras postindustrializadas y además tenemos que tener en cuenta el remolino multicultural.

Del multiculturalismo que nació en Canadá y que ha sido un esfuerzo común en los países civilizados se ha ido desarrollando, en realidad,  el concepto que Toffler denomina de “ensaladera”: “recipiente en el que los diversos ingredientes conservan su identidad aunque contribuyen al efecto general”. Existe pues un mosaico de poblaciones que mantienen su identidad en los diferentes países con sus propios barrios y costumbres: barrio chino, japonés, libanés, etc. En este artículo una interesantes reflexión sobre estos aspectos multiculturales en España

Pero ciertamente, algo que parecía impensable en 1990, sí que supo verlo Toffler para nuestros días en relación con el fanatismo (a lo que ayuda la cacofonía informativa y de valores). En este sentido señala que “debido a una desfasada concepción del progreso muchos de los habitantes del mundo occidental opinan que las ideologías fanáticas irracionales propagadoras del odio desaparecerán de la faz de la tierra a medida que las sociedades se hagan más “civilizadas”. Nada de esto, dice el Profesor Y. Dror de la Universidad Hebrea de Jerusalén, los conflictos confesionales, las “guerras santas” los cruzados comprometidos y los guerreros buscadores del martirio no son meras reliquias del pasado.

Es fácil exigirle un “comportamiento ético” a la economía y a la sociedad en general, pero ni muchos Estados (algunos modernos) ni los dirigentes principales son capaces de aprobar, en su gran mayoría, en este aspecto. Como señala Toffler: “lo que todos sabemos: los políticos actúan más veces en defensa de sus intereses que en defensa de los intereses de los otros”.

¿Y es que nuestros inteligentes políticos de la geo-mundialización y con sus miles de “expertos” asesores no han sabido ver en 20 años lo que ya señalaba Toffler respecto a la emigración? Señala nuestro autor  (1990) que cuando una migración a gran escala intensifica los temores de desarraigo cultural, la identidad pasa a ser una cuestión explosiva. Precisamente porque la nueva economía exporta desempleo, contaminación y cultura acompañados de productos de servicios, es de esperar violentas reacciones junto al renacimiento de nacionalismos en el mundo de la tecnología.

En Alemania ya había en 1990 un partido (Republikaner) que proclamaba “Alemania primero”, ahora Donald Trump: ‘America first, America first’. En 1990 ya había movimientos similares en Bélgica, Francia o Italia y el sentimiento en EEUU contra la inmigración mexicana y ahora… más aún.

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En un vídeo de Conversatorios en Casa de América (TVE) (2019) el Presidente de la OIT, Guy Ryder, en el aniversario del centenario de esta organización nos plantea muy lucidamente los problemas de la migración, del cambio de los sistemas de trabajo y la necesidad de educar para adaptarse a una forma diferente de trabajar a lo que se hacía en el siglo XX. Comenta entre otros aspectos la “soberanía del tiempo de trabajo” o cómo “no estamos preparados para esta nueva realidad” y que “un bebé danés que nace hoy trabajará hasta los 70 años”. La sostenibilidad de los sistemas de protección social, el problema de los trabajos forzosos (en nuestros nuevos tiempos) y tanto la brecha salarial como la inclusión de las personas con discapacidad y la aprobación por la ONU en Noviembre de 2018 de un “pacto mundial sobre migración” son también otros de los múltiples temas tratados. Video aquí

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[1] Alvin Toffler. El cambio del poder. Powershift. Conocimiento, bienestar y violencia en el umbral del siglo XXI. Plaza y Janes, 1990

[2] En 1990 Toffler escribía que Donald Trump o Lee Iacocca se habían convertido en símbolos del poder empresarial e incluso que habían sido mencionados como potenciales candidatos a la presidencia de Estados Unidos  -quizá un montaje de ellos mismos- apuntaba Toffler. Evidentemente uno de ellos supo manejar la transmisión de la información y comunicación y hoy en día está ahí. Igual leyó el libro del autor y se asesoró bien.

[3] Yuval Noah Harari. Homo Deus. Breve historia del mañana. Editorial Debate, 2016

[4] Vemos en muchos Expedientes de Regulación de Empleo (ERE) http://queaprendemoshoy.com/%c2%bfque-es-un-ere/  de empresas, Bancos y Cajas de Ahorros lo que ya señalaba en 1990 Toffler: “Las empresas más desarrolladas funcionan bajo el supuesto de que la productividad y los beneficios se dispararán si el trabajo carente de contenido mental se reduce al mínimo o se transfiere a la tecnología avanzada, aprovechando todo el potencial del trabajador. La meta es una masa trabajadora mejor retribuida, pero más reducida y más capacitada”

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EL MUNDO QUE NO EXISTE. EL NUEVO REALISMO DE MARKUS GABRIEL


Juan Rojo Moreno

         El filósofo alemán M. Gabriel escribe en 2015 Porqué el mundo no existe desarrollando lo que él denomina “una nueva corriente filosófica denominada Nuevo Realismo”. [1]

Ya desde el principio de su obra Gabriel insiste en que el mundo no existe pues no somos capaces de captar la totalidad de lo que ocurre en él ya que nuestra realidad no es “el mundo” y por lo tanto como tal no se nos presenta (existencia= manifestarse fuera = existir). No tenemos la conciencia ni la vivencia de todo lo que ocurre en el mundo y por lo tanto no tenemos una “realidad” del mismo y en consecuencia no existe.

En el mundo, actualmente y en cada momento, ocurren muchas cosas entre los animales, en la selva, entre los insectos, en cada ciudad, en cada casa, hay elecciones locales, duendes (todos son ámbitos objetuales) y no tengo noticia de todo eso y no está todo interconectado en una realidad única. Por esto es por lo que podrá haber una sinfinitud de mundos pero no “un mundo”, pues “no hay regla o fórmula que describa la totalidad del mundo y eso -dice- no se debe a que no se haya hallado todavía, sino al hecho de que no puede existir”.

Para él no es que hagamos una interpretación de la realidad, no es que nuestro cerebro intérprete lo que vemos u oímos sino que lo vivimos como real pues es la realidad misma. Rechaza por lo tanto el denominado postmodernismo o el constructivismo señalando que lo que nos importa cuando tengo hambre no es que nuestro cerebro esté haciendo fisiología  sino que la realidad y el hecho real es que “tengo hambre” y cuando veo una manzana no estoy viendo átomos dispersos ni corpúsculos ni analizando lo que veo, sino que hay un hecho: “veo una Manzana”.

Para Gabriel nuestros sentidos no son subjetivos “no los llevamos implantados bajo la piel ni pegados a ella sino que son estructuras objetivas en las que nos encontramos. Cuando oigo que  alguien llama a la puerta capto una estructura objetiva y no una impresión de mis sentidos alojada en el interior de mi cuerpo, ya que no es mi cuerpo lo que se golpea sino la puerta… el sentido no está dentro de nuestro cuerpo sino `ahí fuera, en la realidad´”

El nuevo realismo va a los hechos mismos “conocemos el mundo tal como es en sí”. Incluso mis sentimientos son hechos, mis fantasías y mis creencias, todo son hechos para mí y reales. Para Gabriel no hay un mundo sin hechos. Ni siquiera hay nada, sin que sea un hecho que no hay nada. Nada ni nadie puede escapar a los hechos. Tampoco Dios puede escapar a los hechos ya que en cualquier caso sería un hecho que Él/Ella/Ello es Dios.

El mundo es un  contexto global de hechos “el Mundo es una gama de ámbitos, el ámbito global que alberga a todos los ámbitos objetuales, en él aparecen todos los ámbitos existentes”.

Cuando conocemos algo, conocemos hechos, que son a menudo hechos en sí que perduran incluso sin nosotros.

Ya Julian Marías comentó hace tiempo: “el mundo no es simplemente un mundo de cosas, sino el mundo en el que se vive, tiene pues un carácter vital y circunstancial, definido por el individuo para quien es mundo. [2] Y en este sentido Gabriel suprime la palabra “mundo” y también quiere suprimir que sea el individuo quien lo defina. Solamente es su realidad, lo abarcante -que diría Jaspers- pero un abarcante sin entrar en analizarlo sino que se nos “presenta”. En este presentarse es lo que para Gabriel está el sentido.

El mundo como “todo el mundo” no existe pues señala: “yo nunca lo he visto, sentido o saboreado. Yo puedo pensar en el mundo y al mismo tiempo hay otras cosas en él como son lluvias y dolores de muela, de las que no tengo conocimiento ni me influyen ni forman parte de mi… nunca podemos comprender todo, el mundo no puede existir, en principio, porque no aparece en el mundo”. [3]

Para Gabriel la Existencia es la aparición de una representación, es que aparece algo (existencia para Gabriel = aparición de un campo de sentido. Campo de sentido = lugar donde aparece algo)

Se aleja por lo tanto en su concepto de existencia de los existencialistas como Heidegger, Kierkegaard, Jaspers o Sartre, aunque nombra a los dos primeros. Y para que puedan aparecer las cosas éstas han de pertenecer a ese lugar donde aparecen. Las cosas por lo tanto “son”, tienen autonomía independiente del sujeto.

Su término “campo de sentido” puede resultar confuso ya que se está refiriendo simplemente a un lugar en donde aparece algo y denomina sentido = la forma en que aparece un objeto y denomina hecho = algo que es cierto.[4]

Insiste que el mundo no existe, al igual que yo no puedo verme a mí mismo en la calle o en un paisaje, y si me tomo una fotografía, viendo el paisaje al hacerla, ya el que sale en ella no soy el yo activo que está viendo el paisaje. Igualmente en el mundo se dan todas las representaciones y hechos, pero el mundo no puede verse a sí mismo y por eso no existe pues no puede representarse.

Si existe todo es porque el mundo no existe- señala nuestro autor- y es porque incluso nuestros pensamientos sobre el mundo están dentro del mundo, son representaciones dentro del mundo, pero no hay nada fuera de las representaciones. Todo es parte del mundo pero él no puede mirarse a sí mismo. [5]

Como para Gabriel Existencia = aparición de una representación, el universo es inalcanzable para nosotros y no puede ser representado luego no existe y de igual manera una visión general de la totalidad es imposible porque la totalidad ni siquiera existe.

¿Y qué es nuestra vida? Para nuestro autor es “un movimiento continuo por diferentes campos de sentido cuyas relaciones mutuas imaginamos o descubrimos”, es decir un trasiego continuo de representaciones. Estoy leyendo y de pronto me acuerdo que el otro día fui a comprar (ya he cambiado de campo de sentido o representación), me centro en la lectura y luego me viene a la cabeza la imagen de un amigo (ya he cambiado a otra representación) y ahora levanto la cabeza y veo el edificio de enfrente (otro cambio de campo de sentido), etc.

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Husserl se planteó en la primera parte del siglo XX que había que repensar la filosofía, que ya no era útil la filosofía clásica para los acontecimientos del hombre y para el hombre en la actualidad y creó la escuela que denominó Fenomenología cuyo lema fundamental era “a las cosas mismas”. Había que centrarse en los hechos que ocurrían y no divagar tanto como había hecho la filosofía clásica. Husserl intenta llegar a la esencia de los hechos, de las cosas y de las vivencias y va eliminando lo accesorio de cada una de ellas hasta llegar a comprender que lo más irreductible es el acto de conciencia.

Ya escribí en Fenomenología, Fenotropía y Ciencia  (aquí)  que era necesario actualizar la fenomenología a los tiempos que son actuales en el siglo XXI. Realmente el trabajo de M. Gabriel se impregna en parte de un realismo fenomenológico actualizado a los tiempos kinéticos del hoy en día, que él llama “Nuevo Realismo” y al que se podría aplicar el mismo lema de la fenomenología “a las cosas mismas” solo que él diría “a los hechos mismos” (llamando hechos por esta autor a “algo que es cierto”). Solo que él no quiere entrar en buscar la esencia sino la realidad de la vivencia del hecho en sí: esa es su realidad, es el nuevo realismo: si veo a dos personas subirse a un tren no es una cuestión cerebral ni de neurotransmisión ni es el cerebro quien lo está viendo sino Yo, lo veo y es un hecho real y cierto (y ya está).

En su obra nombra a menudo a Heidegger, alguna vez  a Kierkegaard y solo cita los nombres sin más referencias de Sartre o K. Jaspers, pero en ningún momento nombra a Husserl (lo cual tiene cierta lógica pues Husserl buscaba la esencia de los fenómenos y Gabriel da por reales la representaciones directa de los mismos).

K. Jaspers se planteó prácticamente lo mismo que Gabriel cuando dice en la relación del hombre con los hechos, es decir en la relación yo-mundo: “Se da un estar-frente-a, que es vivido. Él vive inmediata, ingenua, irreflexivamente todos los posibles objetos como sus objetos. La vivencia es inmediata. La relación sujeto-objeto es vivida en tanto que está ahí, en cada momento como un `estar frente a´, sencillo, claro”.[6]

No hay una línea, por así decirlo, desde el sujeto al objeto, sino numerosas.

Gabriel sí que considera falsas todas las demás posturas filosóficas (es falsa la metafísica y el constructivismo también -al no reconocer que existen hechos en sí-, el materialismo es “simplemente falso”) y por supuesto la manera de concebir la realidad de los físicos señalando sobre Stephen Hawking:

“… un físico británico un tanto sobrevalorado como intelectual, declaró hace poco, en lo que quizá hay que entender más como una provocación que como penosa expresión de ignorancia lo siguiente: `… ¿cuál es la naturaleza de la realidad? ¿Necesitó el universo un Creador?…Tradicionalmente esas son cuestiones para la filosofía, pero la filosofía ha muerto. La filosofía no se ha mantenido al corriente de los desarrollos modernos de la ciencia… los científicos se han convertido en los portadores de la antorcha del descubrimiento en nuestra búsqueda de conocimiento´”.

Según Gabriel, Hawking subestima a la filosofía porque no tiene una idea adecuada de lo que trata.

Si la ciencia tuviera que explicarnos la realidad no sería válida para explicar por qué existe la República Federal de Alemania, ni el futuro, ni los números, ni  mis sueños, apunta Gabriel.[7]

También para Gabriel todas las concepciones del mundo son falsas porque suponen que hay un mundo del que formarse una imagen. Por esto mismo tanto la concepción científica del mundo como la religiosa están equivocadas al ser concepciones del mundo.

Al considerar automáticamente los hechos como realidades nos tendremos que preguntar en este “nuevo realismo” ¿qué significan las realidades? Porque las cosas, dice son en sí ¿pero qué son en sí? Por ejemplo cita Georges Friedmann como cuando se dio por primera vez a ciertos indígenas de África una carretilla empezaron queriéndola llevar en la cabeza.[8] Claro está que la carretilla es una cosa en sí, una representación real, un hecho, pero para los indígenas realmente no era una “carretilla”. Todo esto es una falsedad para M. Gabriel pues “cada vez que nos encontramos con la expresión `concepción del mundo´ debemos asumir que nos hallamos en un área de influencia del constructivismo y es absurdo”.

La creación de este “Nuevo Realismo” por M. Gabriel se origina, según el propio autor, el 23 de Junio de 2011 a las 13.30 horas (segundo más segundo menos), siendo cuando según su obra habría que datar el comienzo de la nueva Era Filosófica.

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[1] Markus Gabriel. Por qué el mundo no existe. Editorial Pasado y Presente (2019) (primera edición en alemán 2015)

[2] Julián Marías,  comentario, página 41 en: Teorías de las concepciones del mundo de Wilhelm Dilthey. Ediciones de la Revista de Occidente, Madrid, 1974 Traducción del alemán y Comentarios de Julián Marías.

[3] M Gabriel señala en su introducción que no aparecerán en su obra términos monstruosos o pomposos, pero no puede evitar decir por ejemplo: “Existe lo que no existe, solo que no existe en el mismo ámbito o dominio”. Por supuesto está en contra de entenderlo con los pasos que ya explicaron los físicos David Peat y David Bohm sobre los tres niveles: 1- el material de las partículas, 2- el nivel subatómico o cuántico y 3- el “orden primario” o tercer nivel de sentido. Y además que entre los tres niveles ha de haber una conexión e influencia que se nos escapa a nuestro conocimiento actual. También dice Gabriel: El Mundo es el ámbito global que alberga a todos los ámbitos objetuales a diferencia del universo que solo alberga el ámbito de las ciencias naturales.

[4] Las definiciones están sacadas del glosario de términos de su obra al final de la misma.

[5] También considera falso o erróneo el “superpensamiento” que reflexiona sobre el mundo en su totalidad y que Hegel denominó “la idea absoluta”. El idealismo absoluto es erróneo -dice Gabriel- pues para que pudiera ser cierto debería existir ¿pero en qué campo de sentido aparece? (en qué lugar aparece). El superpensamiento no puede aparecer en sí mismo.

[6] K. Jaspers. Psicología de las concepciones del mundo.

[7] Realmente su afirmación de que “no existe el mundo” es un juego de palabras pues su concepto no es equivalente ni se está refiriendo a lo mismo que otros autores. Así, ve insuficiente la concepción de Heidegger de Ser en el mundo como Dasein (=existencia, damos sentido al mundo) o cuando Jaspers se refiere a las concepciones del mundo como: “La concepciones del mundo auténticas están, además íntimamente unidas con la vida total del individuo, no están adheridas a él superficialmente. Solo se puede hablar de psicología de concepción del mundo en la época de la individuación. Para épocas comprometidas en la que una concepción del mundo es la misma para todos como algo lógico, solo puede darse una psicología social de la concepción del mundo”. Tampoco nombra a Dilthey que ya dijo: la comprensión de la realidad brota de la experiencia de la vida, de la estructura de nuestra totalidad psíquica. Toda concepción del mundo está condicionada históricamente. Gabriel considera falsa cualquier cosmovisión o concepción del mundo pues el mundo no existe.

[8] Georges Friedmann. El hombre y la técnica. Editorial Ariel (1970) (primera edición francesa 1966).

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A PROPÓSITO DE RAZA, EVOLUCIÓN Y COMPORTAMIENTO SEGÚN RUSHTON


Juan Rojo Moreno

         En 1999 J. Philippe Rushton escribe una edición resumida de su obra Raza Evolución y Comportamiento publicada en 1995. Hasta 2015 hemos tenido reediciones de esta edición resumida y que también se encuentra en internet  [1]

Es un tema complejo que da fácilmente pie a múltiples respuestas favorables o desfavorables y muchas de ellas con gran carga emocional más que científica.

De todas manera Rushton lo que plantea fundamentalmente es que en la evolución del ser humano, sobre todo en los últimos 100.000 años y más en los últimos 40.000, la interacción genes-medioambiente ha sido fundamental para orientar un desarrollo diferente neuro-genético-cultural según las necesidades localizacionistas.

Es decir las personas que habitan África debido a sus características medioambientales tuvieron con el paso de los milenios unos desarrollos corporales adaptativos generales diferentes a los que fueron a lugares más fríos, de poca luz y mucha nubosidad como los europeos y también diferentes a los que fueron a lugares orientales muchas veces incluso más fríos que en el norte de Europa pero con menos capa nubosa y mayor luz solar. Los dos últimos grupos tuvieron que esforzarse más evolutivamente para sobrevivir: más difícil era conseguir alimento, obtener refugio, fabricar vestuario para defenderse del frio y criar niños. Esto no solo exigió una adaptación de la piel para defenderse o aprovechar las circunstancias lumínicas y solares sino que también, según Rushton, la capacidad intelectual, la sexualidad, el desarrollo psicomotor y de la pubertad y en definitiva el desarrollo emocional fue diferente entre estos tres modelos generales que él adopta: los Orientales, los Blancos y los Negros.

Aporta múltiples datos que solo podrían ser contrastados por la ciencia antropológica que debería posicionarse sobre la realidad o no de la investigación científica del autor. Realmente Rushton quiere basarse en datos científicos y no en apreciaciones generales. El mismo autor es profesor de psicología de la Universidad de Ontario y por lo tanto da a su trabajo un carácter científico que por lo menos nos hace pensar.

Son evidentes las diferencias generales anatómicas entres estas tres “razas”, pero además se plantea dónde se han formado núcleos culturales avanzados en la historia de la humanidad y donde no, de manera que relaciona raza, evolución-inteligencia y cultura.

Para no entrar en polémica sobre el concepto de Raza, quien quiera información aceptable la puede leer en Wikipedia (aquí) , pero vamos a seguir con la idea que nos aporta Rushton.

De forma muy resumida el autor considera funcionalmente más ventajoso al desarrollo humano Oriental, luego en medio estaría el Caucásico-Blanco y luego en tercer lugar por debajo estaría el desarrollo adaptativo de las zonas con piel negra. Claro, que por esto dice que la raza es algo más que la piel pues considera que tanto en capacidad craneal, como en millones de neuronas corticales, logros culturales y sociabilidad los Orientales serían los más aventajados.

En relación con diversos aspectos encuentra nuestro autor que, independientemente de donde habiten, las mujeres de raza negra tienen ciclos mensuales más cortos y producen más frecuentemente dos óvulos en los ciclos menstruales de manera que el índice de mellizos por cada 1000 nacimientos es de 4 para los Orientales, 8 para los Blancos y 16 para los Negros.

Una curiosa aportación que hace Rushton es el concepto de “retroceso promedio” o Ley del Retroceso al Promedio. Viene a decir, por ejemplo, que cada raza tiene en muchos aspectos un “promedio” hacia el que se tiende. Si, por ejemplo, el promedio de una raza es medir 1,60 metros si tus padres miden más los hijos tenderán a medir menos para acercarse al promedio “racial” y si los padres son muy bajitos los hijos serán más altos para acercarse también al promedio. Claro que Rushton sitúa en general un promedio global evolutivo (intelectual, social…) más alto para los Orientales, intermedio para los Blancos y más bajo para los de raza negra.

La pregunta que no queda resuelta es: ¿es un promedio estático? Evidentemente no debería ser así pues en tal caso los europeos y americanos medirían en altura lo mismo (promedio) que los Blancos de hace 5 siglos y no ha sido así.  Claro es fácil entonces decir que en la altura la raza ha aumentado el promedio por la mejora de las condiciones de vida y alimentación, etc., pero ¿tenemos cada raza un promedio intelectual determinado? Para Rushton así es y de esta manera los Orientales tenderán (es un promedio, no tiene en cuenta individualidades) a mantener un promedio de Cociente Intelectual más alto que los Blancos y estos a su vez más alto que los Negros sea el lugar donde se viva (al final sería una cuestión racial no ambiental) y aporta distintos estudios de gemelos bivitelinos (mellizos= fraternal twins) así como de adopciones trans-raciales, entre otros estudios, para apoyar esta idea utilizando, por ejemplo, el test de CI de Matrices Progresivas de Raven que no tiene influencia cultural.

Según esta Ley del Retroceso al Promedio si tus padres tiene un Cociente Intelectual mayor al que le corresponde por raza, entonces los hijos tenderán a disminuirlo y, al contrario, si lo tienen inferior los hijos tenderán a aumentarlo. Nos plantea diversas dudas ¿es que la evolución de 40.000 años en zonas localizadas planetarias ha creado un promedio inmutable? Si el promedio intelectual de los Orientales es superior al del resto de los habitantes del planeta ¿no han tenido tiempo en 40.000 años de hacerse con el dominio del todo planetario? Y otra pegunta ¿al final, en 1000 años más, por ejemplo, si sobrevivimos, con la planetocidad (planetización de la sociedad) se llegará a un cociente Intelectual promedio para toda la humanidad? y seguimos… ¿de eso va a depender el futuro de la humanidad?

Creo que puede ser demasiado fácil hacer esta asociación, que hace Rushton, según la cual cada Raza tiene un promedio intelectual diferente y por lo tanto los rendimientos escolares y también la creatividad estará más en relación evolutiva directa con la raza que con el desarrollo de capacidades intrasociales. No debemos confundir “inteligencia” con Cociente Intelectual. Un mejor Cociente Intelectual (instrumental) ayuda pero no asegura la creatividad humana. Evidentemente un bajo Cociente Intelectual, a partir de un límite, dificulta significativamente la creatividad humana pues aunque apareciera la inspiración creadora tendría gran imposibilidad de articular el sujeto el proceso de verificación de la misma.[2]

Muchas habilidades intelectuales no son detectadas en los test de Cociente Intelectual y además se detecta un incremento de los resultados de los test de inteligencia con el paso de los años debido a diversos efectos ambientales. A este fenómeno se le denomina Efecto Flynn . Para los interesados en este tema está bastante aceptable la información en Wikipedia sobre Cociente Intelectual que también referencia los diferentes problemas y polémicas (aquí)  .

Por ultimo traer a colación otra de las aportaciones de Rushton que es muy interesante: La teoría de la Historia de la vida r-K.

La denominada estrategia “r” significa ser muy activos sexualmente y tener mucha descendencia. Es una manera de supervivencia de la naturaleza: las tortugas pueden poner desde 50 a 400 huevos pues el 90 % son muchas veces destruidos por mapaches y distintas aves. Las ostras pueden poner hasta 500 millones de huevos anuales y los peces 8.000.

La teoría K significa tener menos descendientes pero con el padre y la madre proporcionándoles más cuidados: la pantera puede dar a luz dos veces al año y el gorila una vez al año.

El biólogo E.O Wilson (U. Harvard) fue el primero en utilizar el término Teoría de la Historia de Vida r-K aplicándolo a las plantas y a los animales y Rushton lo aplica a las razas humanas, señalando que los humanos es la especie más K de todas y algunos humanos son mejores estrategas K que otros.

Por lo tanto la estrategia “r” supone prole numerosa, poco cuidado paterno, reproducción sexual precoz, pubertad temprana, elevado esfuerzo reproductivo, características sexuales primarias y secundarias más desarrolladas, actitudes sexuales más permisivas, débil competencia, bajo altruismo… Y la estrategia K supone prole escasa, baja mortalidad infantil, mucho cuidado paterno, reproducción sexual tardía, volumen demográfico estable, fuerte competencia, organización social superior, elevado altruismo.

Como es de esperar Rushton considera que la raza oriental es la más K, la Blanca está en sitio intermedio y la Negra es la menos K.

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         Bertrand Russell en una de sus obras hace referencia al movimiento que existió a principios de siglo XX sobre la castración o apartamiento de las personas con alteraciones mentales o debilidad mental para que no afectara a la evolución de la sociedad. Estas ideas no solo fueron desbordantes en el caso del nazismo sino que también estuvieron presentes en EEUU y otros países que argumentaban sobre la necesidad de mantener cierta pureza genética social. Sobre esta cuestión recuerdo que ante toda la información que había en aquel momento a favor de esta postura (que era muy predominante) Russell comentó algo así como: “no podré ahora desarrollar muchos argumentos en contra de todo este movimientos sobre los enfermos mentales y débiles mentales pero sé en mi interior que no está bien” (parafraseado).

Algo parecido me ocurre con la obra de Rushton. La evidencia científica confirmará con el tiempo o rechazará su estructura teórica científica fundamental pero tal como la presenta con esas diferencias tan marcadas entre las razas dudo que sea correcto. Tampoco tengo las evidencias científicas para contrarrestar sus ideas al no ser antropólogo de profesión, pero la realidad del mundo y su heterogeneidad en el desarrollo personal me hace pensar que no podemos estar tan cosificados por una situación estructurada genéticamente condicionada por la raza.

Pero el tiempo dirá, al igual que le dio la razón a Russell, si el sentimiento sobre el ser humano y la realidad de su desarrollo es más polimorfo que por el contrario concausado tal como señala Rushton.

Al fin y al cabo como señala el propio Russell “Las controversias sobre los fines no pueden resolverse como las controversias científicas acudiendo a los hechos; deben resolverse procurando cambiar los sentimientos de los hombres”. [3] Esto parecería que quisiera zanjar el final con una bonita frase filosófica pero no es así. El fin evolutivo del ser humano como especie tendrá muchos contrapesos pero lo construido, lo creativo, los cambios geniales en la historia no se han producido concausados sino emergidos como un novum ante situaciones que muchas veces parecían enquistadas.

El patrón que utiliza Rushton nos parece muy interesante como referencia y siempre, seguro, algo de verdad hay en los análisis científicos de la realidad. Pero tal como el mundo está planetizándose multiculturalmente solo debemos darle un respiro al planeta sin que lo destruyamos y podamos vivir en él sin catástrofes humanitarias destructivas para que en poco tiempo, en 50, puede que en 100 años (tal como evoluciona todo a nivel exponencial) nos tengamos que plantear otra visión de los habitantes mucho más compleja que la concausalidad racial (hablar de 300 o 500 años es a día de hoy más que una ilusión, pura fantasía o ficción).

Pero de todas maneras lo fácil e inicuo es tras leer a un autor que utiliza métodos científicos para desarrollar sus hipótesis tacharlo de racista o que es un tema incomodo social. La ciencia no tiene incomodidades, plantea los hechos y los verifica o no.

Si alguien hace mediciones con un telescopio de la distancia de la tierra a la luna y le aparece que hay 10.000 kilómetros aunque haya hecho muy bien su medida otros científicos harán la medida y si era acertada es que los dos astros van a chocar y si ha fallado de nuevo la ciencia le dice que no.

La respuesta a los estudios que aportan datos científicos solo puede ser desde la misma ciencia (y en las referencias que he indicado a lo largo del texto se puede acceder a las polémicas entre los antropólogos sobre este tema).

Las conclusiones pueden ser en muchos casos diferentes pues solo puede que parte de la hipótesis se pueda comprobar y en otra parte surjan discrepancias.

Al fin y al cabo estamos midiendo fenómenos y el lema del fenomenólogo Husserl y su escuela era “a las cosas mismas”.

En ese lema está el valor de la obra de J. Philippe Rushton y a quien no le guste lo que dice que investigue así mismo científicamente “a las cosas mismas” y puede que encuentre otras. En esto consiste la dialéctica tesis-antítesis.

(Mis excusas si la exposición ha sido un poco larga pero el tema es para pensar y controvertir)

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[1] Raza, evolución y comportamiento. Es fácil encontrar múltiples resúmenes de la obra en internet, como por ejemplo https://qbitacora.wordpress.com/2008/01/10/jp-rushton-raza-evolucion-y-comportamiento-resumen/ y también otras muchas críticas favorables y desfavorables y emocionales.

[2] Para la creatividad es imprescindible la formación previa de la persona. Yo puedo tener un sueño que podría ser una gran revelación física pero no soy capaz de detectarlo ni identificarlo como tal al no tener conocimientos suficientes sobre física. Así es el ejemplo del Químico alemán Kekulé y su famoso sueño para descubrir la estructura química atómica del benceno (aquí). Pero aunque se inspiró en un sueño, como él bien dijo en una conferencia 25 años después de su famoso sueño:  “Aprendamos a soñar, caballeros, así podremos encontrar la verdad, pero guardémonos de publicar nuestros sueños hasta que han sido probados por entender el despertar”.

[3] Bertrand Russell. El poder en los hombres y en los pueblos. Editorial Losada, Buenos Aires, 1953

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EL HOMBRE Y LA TÉCNICA


Juan Rojo Moreno

         Georges Friedmann sociólogo francés publicó un libro con este título que nos hace reflexionar sobre realidades que siguen vigentes hoy en día aunque lo escribiese en 1966. [1]

Es especialmente interesante la obra de nuestro autor de referencia porque la escribe en un momento de transición en que estaba desarrollándose el cine, la televisión y las comunicaciones de una manera muy rápida y se plantea hasta donde nos ayudará la técnica para ser más felices o tener mejor calidad de vida. Ahora que ha pasado tiempo podemos valorar las interesantes aportaciones. Por ejemplo dice de la televisión “que pronto formará parte de la decoración cotidiana en Europa” y se plantea hasta donde nos pueden influenciar en nuestra libertad de elección o inducirnos en nuestras ideas.

Evidentemente, no nos lo planteamos ahora solo con la televisión ¿y con Internet y las redes sociales? ¿Cuánto han influido en la elección Presidencial norteamericana, en el Brexit, en las elecciones españolas? Quizá aún no somos conscientes de cómo pueden sesgar la información y orientar el mismo dato informativo de muy diversa manera. No tenemos más que ver las tertulias políticas que aparecen en un canal televisivo y en otro de diferente “orientación” para comprobarlo. Al final nos crean un cliché y nos abundan con frases repetidas que de tanto decirlas “los expertos” acabamos creyéndolas.

Bueno eso de los “expertos” es otro tema a considerar. Como señala Markus Gabriel: “La vida moderna… suponemos que es racional, que los fundamentos de nuestro orden social están respaldados por métodos científicos. Tenemos la impresión de que la sociedad en su conjunto está en manos de expertos: expertos en gestión, expertos científicos o expertos legales. Esta es la hipótesis ilusoria o ideológica que Weber llamó el “desencantamiento del mundo”. El desencantamiento es un proceso social consistente en que suponemos que el orden social es racional.”[2]

Otra cuestión es la velocidad con que vivimos, el mundo kinético tecnológico y tecnificado. La técnica nos ha dado más herramientas para acceder más rápidamente a la información (sobre todo desde que apareció Internet) para viajar más rápido (nuestros abuelos tardaban varios días en recorrer un trayecto de 100 kilómetros), para obtener comida rápida, para alcanzar muchos servicios casi instantáneamente… pero los trabajos “a ritmo” se han hecho muchas veces casi insoportables, la presión vital-laboral es en muchas ocasiones (o en la mayoría) en los países desarrollados un modelo de supervivencia. Como señala Friedmann: la civilización técnica no es una civilización del trabajo sino del consumo y el bienestar. Para un número muy elevado de individuos el trabajo ya no incluye “fines” que le sean propios sino que pasa a ser un medio de consumir, de satisfacer “necesidades” cada vez más extensas.

Señala nuestro autor que los pasos lógicos de pensamiento en los contemporáneos de Lutero (s. XV- XVI) no son los mismos que en los usuarios del cine, televisión, y ahora también Internet y redes sociales. Evidentemente el marco socio-cultural influía significativamente en esos pasos. Pero creo que ahora, en el fondo, los pasos son los mismos solo que nos movilizan los afectos, ponen a prueba nuestra inteligencia emocional para que creamos que somos nosotros los que realizamos solos esos “pasos lógicos” que nos convencen de lo bueno y acertado de nuestra postura o nuestra concepción del mundo y de la realidad. El final del proceso es un autoconvencimiento lógico, pero en medio se ha producido fundamentalmente un procedimiento emocional. Si no ¿cómo es posible oír tantas estupideces y contradicciones  a responsables institucionales que lo repiten una y otra vez? Porque lo que importa no es el mensaje lógico sino el emocional.

El ritmo vital, la velocidad, impregna todo, no solo a nivel laboral. Es curioso la mención que hace este autor a las comidas. Para muchos de los jóvenes o relativamente jóvenes que puedan leer esto pueden considerar normal comer rápido, a veces  “de pie sobre un trozo de mesa”, dice Friedmann, o alimentos precocinados, o conservas o en casa cada uno come a una hora distinta o en un lugar distinto. Hoy en día vemos toda esta variedad del comer. Y eso que “comer” proviene del latín com-edere que significa comer-con. Y ese “con” hace referencia a que no deberíamos comer solos: es un acto social.[3] Este sentido social-familiar de la comida era habitual  hasta hace 50 años.

Hacemos esfuerzo para adaptarnos a este nuevo mundo hiperconectado, cambiante constantemente “en plena evolución, rápida, imperiosa y caótica, que impone al hombre una superabundancia heterogénea de estímulos exteriores”. Y curiosamente, ante tanta conectividad y conocimiento de lo que pasa en todas partes del mundo era de pensar que las personas estarían cada vez más unidas, más empáticas y solidarias con la diversidad de desastres y desgracias humanas que ahora conocemos están constantemente aquí y acullá.

¿Realmente desde que Internet y las redes sociales  se han planetizado estamos más unidos? Solo hay que mirar lo que ha ocurrido en estos 20 primeros años del siglo XXI en Europa con el Brexit, en Italia con la migración, en EEUU con Trump, la ruptura de los tratados de libre comercio y de control armamentístico y la imposibilidad de que el planeta se ponga de acuerdo en un control climático, y en los países árabes que parecían una muralla irrompible… bueno y hasta ahora (y lo que dure) en REA de Hong Kong con sus protestas por la libertad o mejor por su “paréntesis de libertad”. Claro esto no ocurre en los países en donde la denominada “libertad de expresión” es válida mientras no vaya contra el establishment.

Quizá nuestra tecnificación, como señala Friedmann, se ha traducido en una forma de intelectualismo seco, descarnado, privado de contacto con la sensibilidad… pero deberíamos añadir: con una estrategia de sensibilización emocional que nos haga pensar en la “dirección” asistida y que además seamos nosotros los que creamos que hemos llegado a esa conclusión motu proprio.

Otro problema que plantea Friedmann es el de la adaptación social y laboral en los periodos de transición: “Durante este periodo los antiguos automatismos están en plena decadencia bajo los efectos de las trasformaciones del medio, que evoluciona a través de profundas conmociones económicas, técnicas, científicas y sociales. Están en decadencia porque ya no tienen ocasión de ejercerse, porque ya no son solicitados por el medio y, porque entre tanto, aún no han surgido otros automatismos para reemplazar  a los primeros”.

Ya en 1931 hubo una huelga de aguadores en Murcia (España). Los aguadores eran los que llevaban el agua desde las fuentes hasta las casas antes de que se canalizara el agua potable a los domicilios. A día de hoy evidentemente la adaptación a los avances hizo que desapareciera esa antigua profesión. En este sentido se pregunta Harari ¿Es necesaria la conciencia para conducir un taxis o para construir automóviles en una fábrica? ¿Las impresoras 3D harán mejor las casas que los albañiles, y más baratas? ¿Cuántos agentes comerciales y de viajes necesitamos si podemos organizarnos casi todos nuestros viajes usando teléfonos, programas inteligentes y algoritmos? Los humanos no mejorados serán completamente inútiles ¿qué hacer con toda la gente superflua que serán “económicamente inútiles?” [4]

Por su parte valorando los posibles efectos negativos del Big Data escribe Cathy O’Neil su libro Armas de Destrucción Matemática: “bienvenidos al lado oscuro del big-data”.[5]

¿Sabrán los recopiladores de datos-poder con el esperado, y no sé si tan absolutamente deseable 5G (luego vendrá 6G, 7G)  lo que desayuno y lo que compro en el supermercado? Ahora ya saben dónde estoy y por donde paso y si me paro a comer en algún restaurante. ¿Y todos los médicos, taxistas, farmacéuticos y personal de servicios varios subsistirán igual que hasta ahora?

El hombre se transforma en la medida en que nacen y envejecen las civilizaciones, dice Friedmann que también considera que “lo único cierto es que el hombre no permanece igual a sí mismo. El hombre cambia”. La verdad yo no estoy tan seguro de esto.

Cuando sí que es posible que se trasforme el hombre es cuando está de vacaciones. Las vacaciones pagadas es un invento reciente de 1936  ¿por qué necesitamos desconectar? ¿No se dice que “el trabajo dignifica al hombre”? (K. Marx) y hasta Dios puso al hombre a trabajar (Génesis 2,15) y el trabajo es “para la persona y no para el producto” decía el Papa Juan Pablo II. Con todo esto solo un 1% vuelve más feliz de las vacaciones que cuando se fue.

Al final de todo está la búsqueda de la felicidad, algo que a finales del siglo XVIII era una “idea nueva” en Europa según expresión de Saint-Just.

Hedonismo vs. esfuerzo, esa balanza tan difícil de equilibrar: “un rasgo significativo de la civilización técnica es que los medios de felicidad están disponibles, que la felicidad es teóricamente posible”. Pero con esfuerzo continuado como señalaba el filósofo y psiquiatra K Jaspers “Querer un humanismo futuro es consentir en penar sin fin para asimilar y dominar la técnica, un campo ilimitado abierto al esfuerzo humano”.[6]

¿Todo lo que es eficaz es también bueno para el hombre y contribuye a su “buena vida”?

 termina preguntándose nuestro autor de referencia.

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[1] Georges Friedmann. El hombre y la Técnica. .Editorial Ariel, 1970 (primera edición francés 1966). Es una recopilación de varios estudios previos desde 1942 hasta 1963 y alguno inédito.

[2]   Markus Gabriel. Por qué el mundo no existe. Editorial Pasado y Presente (2019) (primera edición en alemán 2015)

[3] Etimología de comer: http://etimologias.dechile.net/?comer

[4] Yuval Noah Harari. Homo Deus. Breve historia del mañana. Editorial Debate, 2016.

[5] Cathy O’Neil.  Armas de destrucción matemática. Cómo el big data aumenta la desigualdad y amenaza la democracia. Capitán Swing, 2018

[6] K. Jaspers. Pour un nouvel humanisme, (Conditions et possibilités d’un nouvel humanisme).Neuchâtel, La Baconnière, 1949

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HACIA LA SALUD TOTAL


Juan Rojo Moreno

         Ramón Marqués, médico profundamente comprometido con el conocimiento profundo del ser humano y de sus enfermedades, publicó en 1997 un libro denominado Psicología Perenne que aunque pareciera que se trata de una obra psicológica realmente está en la línea del transhumanismo o de la comprensión del ser humano más allá de lo material, acercándose a la búsqueda de la comprensión total a partir del mundo cuántico.[1]

Ya señalaba Sonia Fernández Vidal [2] :  “No solo los humanos están preparados para conocer el camino cuántico y ampliar su conciencia, sino que dependen de ello para no acabar autodestruyéndose, por eso es esencial romper el sello que mantiene alejados a los humanos de este mundo y conocimiento. Hay que restablecer el equilibrio entre el mundo clásico y el universo cuántico y así se desarrollará la inteligencia cuántica”. Para ir a donde no se sabe hay que ir por donde no se sabe (San Juan de la Cruz).[3]

Ramón Marqués en su entendimiento de la “salud total” y la comprensión, por lo tanto, del todo unitivo humano sigue los pasos que ya explicaron los físicos David Peat y David Bohm sobre los tres niveles: 1- el material de las partículas, 2- el nivel subatómico o cuántico y 3- el “orden primario” o tercer nivel de sentido. Y además que entre los tres niveles ha de haber una conexión e influencia que se nos escapa a nuestro conocimiento actual. Sobre esto ya hablé en el artículo sobre “sincronicidad” (aquí) .

En esta línea señala Marqués cómo el actual paradigma científico ha hecho posible todo el progreso técnico del que disfrutamos pero su aspecto negativo es que se ha centrado en la cara observable de la realidad, en lo que se puede medir, y  lo que no entra en su paradigma ha dado la impresión de que no existía.

Pero ya lo decía Moeller “el misterio no es lo paradójico… ni impreciso o incognoscible o impensable; es, por el contrario, una realidad que tiene una razón positiva para no manifestarse en una presencia objetiva”. [4]

Ya hoy sabemos que lo que denominarnos el “vacío” es una realidad muy llena. El mundo subatómico, cuántico, es un mundo de ondas, de vibraciones (solo cuando el observador con conciencia observa el mundo cuántico se produce el colapso del sistema onda y aparecen las partículas) con otros parámetros espacio-temporales. En las mismas neuronas este mundo cuántico, con otro parámetro temporal y otro sentido, está “debajo y dentro” de ellas y de las sinapsis, aunque no sepamos cómo actúa efectivamente: ¿no será también un camino-mensajero hacia un nivel aún más complejo de orden y sentido que sin darnos cuenta nos está informando en nosotros mismos (desde el sentido y desde nosotros mismos)?

Ramón Marqués lo expresa diciendo: “he comprendido que detrás de la materia y detrás del campo vibracional existe el campo puro… formando un continuum inseparable, la materia no puede existir sin lo vibracional y lo vibracional no puede existir sin el campo puro”. El mundo es una realidad vibracional que nuestra conciencia hace tridimensional, señala Marqués.[5]

Las partículas subatómicas desaparecen y aparecen pero no van a “la nada” sino que también van y vienen del futuro: así, actualmente un antielectrón (llamado positrón) ya no se explica como un hueco en un mar de electrones inobservables sino más bien como un electrón de energía negativa que se propaga hacia atrás en el tiempo (propuesta de Feynman).

Y así Borja Peropadre y los investigadores del Instituto de Física Fundamental del CSIC, en su trabajo que se publicó en la revista Physical Review Letters,  aprovechado la tecnología de circuitos superconductores y haciendo interaccionar fuertemente dos átomos P (pasado) y F (futuro) con el vacío de un campo cuántico en distintos instantes de tiempo, han encontrado que P y F acaban fuertemente entrelazados. “Gracias a las fluctuaciones, es posible hacer que el vacío esté entrelazado en el tiempo. Es decir, el vacío que hay ahora y el que habrá en un instante de tiempo posterior, presentan fuertes correlaciones cuánticas”. “Es importante señalar que no sólo es que los átomos no hayan interaccionado entre ellos, sino que en un mundo clásico, ni siquiera sabrían de su existencia mutua”, comentan los investigadores.

Esta conexión a través del tiempo se podría emplear en el futuro como memoria cuántica: “Codificando el estado de un átomo P en el vacío de un campo cuántico, podremos recuperarlo pasado un tiempo, en el átomo F. Esa información de P, que está siendo ‘memorizada’ por el vacío, será transferida después al átomo F sin pérdida de información”, ha concluido Peropadre.

Y en esta línea, señala Marqués, hay que reconocer la validez de la intuición, sea de los grandes conocimientos intuidos universales, sea de las más modestas intuiciones de cada uno, cuya consciencia es una ventana abierta al “vacío”.

Y de forma semejante se expresa Sonia Fernández: “El camino de la verdad: un laberinto se interpone ante el conocimiento de la verdad. El laberinto se transforma constantemente. Cómo saber qué camino seguir ¡aquí solo sirve la intuición!”.

El procedimiento científico -señala Marqués- debe aprovechar los métodos intuitivos y las capacidades intuitivas evaluando incluso sus posibilidades estadísticamente como algo que hay que considerar conjuntamente con el método clásico de la información, lógica y raciocinio.

Porque a nivel humano Marqués, al igual que Bohm o Peat, considera “que todo el orden e inteligencia precisa de lo que está en el mundo sutil vibracional y del campo que es su base”.

Resumiendo, para Marqués tenemos:

1- Una realidad material basada en el fenómeno partícula (propiedades corpusculares).

2- Una realidad vibracional basada en el fenómeno onda (propiedades vibratorias).

3- Una realidad más allá de lo vibracional basada en el fenómeno campo (propiedades de campo).

Y por lo tanto se hace imprescindible considerar un orden que provenga no solamente de cada parte hacia el todo, sino también del todo hacia cada una de las partes.[6]

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Entender la “salud total”, más allá de solamente la salud física o mental, ha sido una aspiración que el evolucionismo humano del tipo Transhumanismo propone como algo alcanzable mediante un “salto evolutivo”. Pero sin adherirse explícitamente a esta concepción originada por Julian Huxley, y que en el caso de Hawking considera que ha de ser mediante potenciación electrocerebral, en el caso de Ramón Marqués se apoya al igual que otros muchos autores en las aportaciones de David Bohm, David Peat o del caólogo Ilya Prigogine. Al final nuestro autor de referencia (R. Marqués) no define ni dedica capitulo alguno a la “salud total” pero da a entender que el equilibrio de estos tres niveles (corpuscular, vibracional y de campo puro) es el factor fundamental de la salud. Plantea unos capítulos sobre depresión, neurosis o psicosomática basados fundamentalmente en la alteración de la “energía psíquica”.

Yo me he adherido (en las referencias que he puesto) y me adhiero al cuerpo fundamental de su concepción. Lo vemos en las curaciones de los enfermos psíquicos que muchas veces no sabemos cómo se producen cuando profundizamos más  (y un segundo más) y tampoco sabemos por qué no se producen otras curaciones que tratamos aparentemente (eso es, aparentemente, corpuscularmente) de la misma manera. No somos capaces de identificar, conocer  y aprovechar o mejorar los caminos de estos tres niveles entrelazados en lo unitivo, pues al fin y al cabo ascendente y descendentemente son una misma cosa.

Y no solo ocurre en psiquiatría, ocurre en medicina general cuando cualquier profesional se sorprende de lo inesperado de una curación o del fracaso de otro paciente que se esperaba buena respuesta al tratamiento.

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[1] Ramón Marqués. Psicología Perenne. Ediciones Indigo, 1997.

[2] Sonia Fernández Vidal. La puerta de los tres cerrojos. Edita La Galera (Narrativa Singular), 2011

[3] El nombre de Psicología Perenne se debe a Ken Wilber, 1975.

San Juan de la Cruz  escribe:

Yo no supe dónde estaba,

pero cuando allí me vi,

sin saber dónde estaba,

grandes cosas entendí;

No diré lo que sentí,

que me quedé no sabiendo,

toda sciencia transcendiendo.

[4] Moeller Ch. Literatura del siglo XX y Cristianismo (T. IV) Gredos , Madrid, 1960

[5] La tridimensional es la única forma en la que se puede dar la vida, como explica Hawking, pues las leyes físicas no permitirían un desarrollo de la vida en un mundo bidimensional ni en uno cuatridimensional (por lo menos en nuestro universo). Pero esto es para el mundo macro, en el cuántico (segundo nivel) y en un presumible tercer nivel no hay espacio ni tiempo como en el primero (macro- partículas).

[6] Y para quien tenga interés en el Mundo Cuántico, resulta que incluso los “saltos cuánticos” no son instantáneos parecen tener cierta continuidad y es posible predecirlos

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