RESPUESTAS PSIQUIÁTRICAS. PSICOSIS


Juan Rojo Moreno

 

ARTICULO LIBRO PSICOSIS LAS PROVINCIAS-2

Escribir un libro sobre PSICOSIS en lenguaje que sea comprensible para cualquier profesional de las Ciencias de la Salud, pero también para cualquier persona que tenga interés sobre estos temas, ya sean pedagogos, educadores o que tengan cualquier actividad, y a la vez para pacientes, familiares o personas cercanas, es un reto complicado.

No solo porque hay que cuidar el lenguaje que se utiliza al escribir  sino además porque hay que dar una información que sea útil transversal y longitudinalmente: es decir, ha de servir tanto a los más informados como a los menos, en el mundo de las Ciencias de la Salud, pero que estén interesados, y ha de favorecer una comunicación clara entre las diversas capas de lectores.

Además, y esto es muy importante, el libro tiene que ser fluido e interesante cuando se lee. No puede ser solo un libro  que dé formación e informe sobre esta enfermedad, sino que además debe “meterte” e interesar al lector cuando está ocupado en él.

Por esto es de agradecer el comentario que del mismo hace la periodista Laura Garcés del diario Las Provincias, de la Comunidad Valenciana (España), y que hemos puesto al principio.

Enlace Las Provincias, 24 de febrero 2018, página. 48:

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¿PODRÁ SOBREVIVIR EL HOMBRE?


Juan Rojo Moreno

         Erich Fromm escribió este libro en 1962 haciendo una valoración político-económica -y social-, de las circunstancias que se daban entre las grandes potencias (EEUU y Rusia) en los años 60, que nos podían llevar a la catástrofe planetaria.[1]

Pero lo que nos interesa ahora no es comentar el libro que solo lo usamos como referencia. Más en cuanto que hace poco comenté, en un artículo, una obra del cosmólogo L. Krauss, Un universo de la nada, (aquí)   que nos planteaba cómo la física y las partículas “virtuales” eran el origen del universo y cómo acabaría el mismo en Nada por su expansión a mayor velocidad que la luz. Coincidió que al terminar de leer esta obra de Krauss tuve a mano la de Fromm y claro frente a tantos datos y especulación físico-dato-profética, con Fromm nos vemos  ahora vueltos súbitamente a lo “real” del ser humano aquí y ahora, al ser humano que sufre, que puede morir y que está siendo manejado por los poderes sociales, políticos  y económicos en su día a día. Es decir del hombre histórico que siente, piensa y sufre.

La sociedad está cambiando y a diferencia de antaño, que los cambios eran más lentos (o bien bruscos y revolucionarios no pacíficos), ahora el cambio ha sido desde finales de siglo XX y lo que llevamos del XXI no solo vertiginoso sino abrumador y muchas veces hasta, para algunos o muchos, perplejizante.

Pero en el fondo el esquema es el mismo. El cambio más o menos brusco es promovido, a menudo, por personas vitalizadas por un ideal que se opone frontalmente al sistema imperante. Pero cuando avanza algo el cambio, cuando consiguen las más mínimas metas, ya entonces esas personas convierten su idea en una ideología. En la ideología se sigue parafraseando el ideal pero éste ya les ha abandonado en su vitalismo. Ahora lo que quieren es imponer “las ideas”, realmente la ideología, y ser ellos el sistema “ideal” que realmente está ideologizado. Es decir, otro sistema. O como los cuentos infantiles de antaño de Iznogud, ser “califa en lugar del califa”. Con las ideologías -señala Fromm- “la idea se ha alienado, se convierte en un ídolo que se emplea para encubrir y racionalizar sus actos más irracionales e inmorales… y como contiene en sí misma la idea congelada, por así decirlo, satisface a los adherentes del sistema; ellos creen estar compenetrados íntimamente con las más fundamentales necesidades del hombre, con el amor, la libertad, la igualdad, la fraternidad, porque oyen y dicen esas palabras”.

Porque la dificultad en conllevar bien estos cambios -señala Fromm- en lo esencial es si: “somos o no capaces de aplicar la inteligencia de la historia a la acción política”.  Y por lo que se ve pocas veces se es capaz, salvo algunas -pocas- magníficas excepciones.

Porque ahora cuando la idea se transforma en idealismo se impregna de lo material, del consumismo o del “managerialismo”. Este último término “Managerialism” (sic) es un neologismo creado por Fromm derivado de manager, administrador, y que es caracterizado por la actitud deshumanizada de quienes acostumbrados al manejo de las cosas -y podemos decir también de las ideas-, no solo manejan éstas sino también a las personas como si fueran cosas.

Las ideologías pueden llevar a un pensamiento insano, e igualmente que existe una “Folie a deux” (una locura a dos, compartida) la insania de millones y el consenso en el error no transforma el error en verdad. Fromm pone por ejemplo la cacería de brujas durante la Edad Media y el odio contra los “hunos” durante la Primera Guerra Mundial. “Les Huns” – los hunos- era la designación invariable que la prensa francesa daba a los alemanes dando a entender que emulaban la barbarie y ferocidad de las hordas de Atila, matando a niños inocentes…. Y en este sentido, sigue nuestro autor señalando como puede ser difícil reconocer el pensamiento paranoide cuando es compartido por millones de personas y aprobado por autoridades que las dirigen (nos es fácil reconocer circunstancias recientes en este siglo XXI). El enemigo es entonces la encarnación de todo lo malo y el resultado es la indignación y el odio contra el “otro” y la autoglorificación y falta de crítica narcisista del “uno” propio.

En 1962 señalaba Fromm que la producción y el consumo se habían convertido en fines en sí mismos antes que en medios para una vida más humana, y que en este sentido “alcanzar al Occidente” se convierte para muchos países de simple slogan en una realidad. Señala, ese mismo año, cómo técnica e intelectualmente estamos viviendo en la Edad Atómica, pero emocionalmente vivimos todavía en la Edad de Piedra. Ahora en el siglo XXI, casi 60 años después, las cosas han cambiado sustancialmente. No solo los países menos desarrollados quieren alcanzar la productividad y bienestar de Occidente, sino que ya no es que vivamos en la edad “atómica” sino en la subatómica, en la cuántica, en la tecnotrópica y de la comunicación planetaria. Cualquier sociedad o mandatario que quiera mantener su dictadura ha de prohibir o limitar el acceso a la información, no solo política sino global, ha de prohibir o limitar el acceso a internet, a las redes de toda la planetociedad.

Ya hay satélites “cuánticos” y televisores cuánticos”. Vamos a la era de intentar hacernos con el mundo de los cuarks y del dataísmo. Aquí seguro que se preguntaría Fromm ¿y dónde está el hombre?

Para Fromm la solución política que debería aplicarse en los países “no alineados” era la de un Socialismo Democrático Humanista pero, como digo, casi 60 años después con la caída del comunismo soviético, la desaparición de la URSS, el “gato blanco, gato negro, da igual si caza ratones”  de los chinos y el desastre de la revolución democrática en los países árabes, además del destrozo y casi aniquilación de algunos de ellos por el denominado Estado Islámico, se plantea un cambio radical del escenario.

Quizá podamos considerar que con todos estos cambios la razón vital (orteguiana), aquello que nos mueve, ha dejado de ser de forma generalizada las ideas religiosas-políticas (más antiguamente) y la fe en la técnica y el progreso no hace tanto tiempo. Ahora quizá podamos distinguir cuatro grupos muy marcados: 1- El grupo que encuentra su razón vital en la religión, 2- El grupo que encuentra su razón vital en las ideologías, 3- El grupo que encuentra su razón vital en el materialismo y 4- El grupo (bastante numeroso) que encuentra su razón vital en no plantearse nada (más allá de la cotidianeidad y el costumbrismo ad hoc), en vivir solamente.

Y cada uno de ellos es muy razonante, muy racionalizador, pero ciertamente como dijo Fromm en todos los casos seguimos viviendo emocionalmente en la Edad de Piedra. Nuestros avances técnicos han llegado a lo Cuántico, los avances del desarrollo humanista individual, ético y moral, no han mejorado en miles de años (si eliminamos la variable impositiva social).

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Erich Fromm en 1962 cuando se plantea si podrá sobrevivir el hombre lo hace  fundamentalmente en base al problema de la guerra nuclear. Solo tenían bombas atómicas EEUU, Rusia, Gran Bretaña y Francia. China no detonaría su primera bomba nuclear hasta 1964. Y se planteaba las posibilidades de sobrevivir a una guerra nuclear, la guerra fría, etc. En 1961 se había producido la Invasión de Bahía de Cochinos   y en 1962 se produce la crisis de los misiles de Cuba (también llamada crisis del Caribe y crisis de Octubre) siendo una de las veces que más cerca se estuvo de una guerra nuclear. De hecho sólo dos veces en la historia se ha alcanzado una condición de defensa DEFCON 2 en Estados Unidos.

Hoy en día esta no es la preocupación primera cuando se hacen encuestas poblacionales; la llamada “guerra fría” en su modo más extremo ya terminó y los problemas diplomáticos son de otra forma y, por desgracia, excesivamente cambiantes en la globalidad.[2]

Si bien actualmente la pregunta de Fromm es igual de válida ¿Podrá sobrevivir el hombre?, no obstante la perspectiva con la que debemos plantearla no es aquella sino ¿qué tipo de hombre?

Si no destruimos al planeta o la vida nuestra en ella (aunque no sea por el camino de la guerra nuclear) ¿habrá seres humanos naturales, otros bio-tecno-estimulados y otros genético-modificados? Con la situación de planetociedad cultural y religiosa mezclada ¿habrá síntesis? ¿Solo convivencia? ¿Preponderancia de una? ¿O habrá una anomia histórico-cultural y prevalecerán los que solo quieren vivir la cotidianeidad y el costumbrismo ad hoc?

Fromm en las conclusiones de su libro es optimista:

“Hay tiempo todavía para anticiparse al desarrollo histórico próximo y para cambiar su curso”

¿Pero seremos capaces de hacer lo que importa?

“Lo que hoy importa es preservar el mundo, pero para preservarlo han de hacerse ciertos cambios y para hacer esos cambios, las tendencias históricas han de ser comprendidas y anticipadas”

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[1] Erich Fromm. Podrá sobrevivir el hombre. Paidós, Bs. As. 1ra edición 1962 (la edición que utilizo es la 8ª de 1978 y nos va a servir como cifra de referencia)

[2] Cierto, la guerra ”fría” ya terminó en el S. XX, pero ahora se plantea si con los existentes mandatarios, a día de hoy, en EEUU y Rusia, no se está volviendo de nuevo al rearme nuclear y a algún tipo nuevo de “guerra fría”.

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LA DEPRESIÓN


Juan Rojo Moreno

articulo depresion provincias m.rojo

Hace 26 años, en 1992, M. Rojo Sierra escribía este pequeño artículo en el diario Las Provincias, en Valencia (España). En él con pocas palabras se hacen unos apuntes muy certeros sobre la depresión, que pasado ese tiempo realmente no han cambiado sustancialmente. Y nos llama la atención como en pocos años hay avances tan rápidos en unas áreas pero en otras seguimos algo estancados.

Seguimos en nuestra sociedad sin avanzar demasiado en conseguir evitar la estigmatización del enfermo psíquico. Y no solo nos estamos refiriendo al paciente psicótico sino que la depresión, la ansiedad a veces, también, siguen siendo enfermedades que las padecen “otros”. Cierto, el “depre” aún existe. Aún sigue habiendo quien cree que la depresión no es una enfermedad sino cosa de la “voluntad”. Y hay que ver que se han escrito no solo manuales de psiquiatría sino que hay fácil acceso serio a diversas publicaciones y libros sobre la depresión que se han realizado por psiquiatras (y psicólogos desde su perspectiva) intentando acercar el conocimiento de este padecimiento no solo a los diversos participantes y profesionales de las Ciencias de la Salud sino al público en general interesado por esta realidad humana de la enfermedad. Solo por nombrar algún psiquiatra español que se ha esforzado en esto:  J. A. Vallejo Nájera (que quizá fue el pionero con su Introducción a la Psiquiatría, 1976) que ha servido de referencia a múltiples profesionales durante muchos años, al Dr. E. Rojas que también ha realizado y sigue realizando una amplia divulgación  (La Depresión: como curar la melancolía, Adiós Depresión…) y en este campo  aporté un libro: “La enfermedad depresiva: conocer y entender la depresión en lenguaje para todos” (aquí).

Pero de una u otra forma sigue sin haber, en amplios sectores de la población, una claridad evidente que los que padecen ésta enfermedad no son ni más ni menos que eso: enfermos.

Cierto que, como comenta Rojo Sierra, también han habido factores comerciales dado que quien investiga fundamentalmente en este campo (y en múltiples otros de la salud y sus tratamientos) no son los gobiernos ni las instituciones  públicas sino empresas internacionales.  En este sentido cada vez son mayores las regulaciones que estas mismas empresas se imponen y que además les imponen los países o en su caso la Unión Europea en nuestro continente. Pero en el otro extremo aún vemos publicados a día de hoy (y esto resulta realmente increíble) cosas como: “Los `antidepresivos´ no son antidepresivos, inducen un estado mental cuyo efecto beneficioso no supera al placebo de manera reseñable”. Claro, las Redes Sociales hoy permiten decir lo que se quiera.

Ya Rojo Sierra en 1992 hacía referencia al marketing que podían hacer las multinacionales para al final tratar con antidepresivos lo que fuera. Un ejemplo de esto fue cuando un laboratorio quiso (y en principio lo consiguió) que se pusiera a su antidepresivo ISRS (inhibidor selectivo de la recaptación de la serotonina) la indicación de “timidez”, pero gracias a los colegios profesionales y a las críticas de las instituciones médicas tuvo que retirarse pronto esa “indicación”.

Pero en el otro extremo ahora estamos en el periodo de los que no quieren vacunar a sus hijos, de los que no quieren llevar a éstos a las escuelas y de los que no quieren dar antipsicóticos para las Psicosis ni antidepresivos para la Depresión cuando estas enfermedades son tales. Eso ocurría obligadamente a principios del siglo XX (y antes claro) al no existir estos medicamentos y no voy a repetir las manifestaciones de desvalimiento y desamparo que manifestaban los profesionales médicos en aquellas circunstancias (que ya he comentado en algún artículo anterior) y que rápidamente se ve cuando se lee a nuestros compañeros de esas épocas.

Diagnosticar con seriedad nuestras enfermedades por profesionales cualificados y tratarlas según los métodos demostrados. Ya dijo Ajuriaguerra en 1983: “la psicocracia no es nuestra meta”. Nosotros no queremos psiquiatrizar la vida. Los psiquiatras no curamos ni tratamos “la vida” y sus problemas sino solo enfermedades (y cuando podemos, que no es siempre). Por esto ya hablé de “La psiquiatría de la población o tratar enfermedades de la vida” (aquí).

Y por esto mismo Rojo Sierra  ya señalaba: “se cree que la tristeza es el síntoma fundamental de la depresión. Esto es una horrorosa falsedad. La tristeza es inherente a la vida y a la salud…el pueblo ha confundido las adversidades con las depresiones. Y como la existencia está llena de adversidades y estas dan tristeza, la gente ha simplificado `depresión´ por `depre´”.

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Sí, al final van a tener razón, en parte, los que dicen que los antidepresivos hacen lo mismo que el placebo. Si no sabemos diagnosticar bien una depresión como enfermedad y tratamos “la vida” con sus tristezas y estrés, es posible que para “la vida” sea igual un antidepresivo que un placebo.

Por esto termina Rojo Sierra indicando algunos datos necesarios para un buen diagnóstico.

Si los profesionales de la salud diagnosticamos bien, entonces trataremos bien. Si son otros los que hacen los diagnósticos, entonces, igual la “vida” pasa a ser un diagnóstico, pero de eso no nos podemos ocupar en psiquiatría sino solamente rechazarlo como hacen las sociedades médicas, psiquiátricas, científicas y cualquier experto profesional que de verdad haya tenido que tratar y responsabilizarse de enfermos psíquicos depresivos.

 

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INTELIGENCIA, PENSAMIENTO Y SOCIEDAD


Juan Rojo Moreno

         En nuestros días prevalece más el hacer que el pensar. Antes un filósofo era un Intelectual, ahora es un Licenciado en Filosofía, y ahora puede ocurrir que -por poner un ejemplo- un presentador de un programa televisivo de letras y crucigramas ya, por eso mismo, pertenezca fácilmente a la autodenominada “Clase Intelectual” del país.

Dice Ortega y Gasset que ha de producirse una “retirada de los intelectuales al fondo del paisaje social y si es preciso a las catacumbas”.[1] Pero esto origina dos consecuencias, la primera de las cuales fue bien observada por nuestro autor de referencia:

Una, es que si bien se verían los intelectuales al margen de los negocios, sin prisa de dar soluciones prematuras y dejando que los problemas se dilaten según su propio radio elástico, no obstante el intelectual se quedaría solo, sin los otros, y “cuando el hombre descubre que se queda solo, descubre que su inteligencia empieza a funcionar para él, en servicio de su vida solitaria, sin intereses externos, pero cargada hasta la borda, con riesgo de naufragio, con intereses íntimos…  y entonces se descubre que la pura contemplación es una ilusión óptica [pues] la `pura inteligencia´ es también práctica y técnica”.

Este aspecto sobre el yo y la alteridad ha sido considerado por los clásicos y también por filósofos y psiquiatras como Jaspers o Künkel. En “Alteridad fundamentos gen-éticos y psicopatológicos” (aquí) abordé este asunto y, como dice Künkel, tan pronto como se logra el “hallazgo del sí” se ha logrado también el “hallazgo del nosotros”. No podremos llegar a un nosismo verdadero anulando al yo. El “nosotros” empieza por el Yo.

Es necesario un egotismo sano para empezar a crear en nosotros mismos un nosismo sano. Por esto señala Jaspers: “yo no puedo llegar a ser mi-mismo si no entro en comunicación con el otro”.

La segunda consecuencia, otro problema que aparece cuando se retira de la ajetreada vida pública y político-social el verdadero intelectual, es que, como los nichos biológicos de la naturaleza, pronto es reemplazado por categorías de individuos pseudointelectuales que se alzan, voz en alto, autodenominándose la “clase intelectual”. Tenemos un número sinfinito de éstos que se erigen como representantes sociales y cívicos de “la razón y la inteligencia” firmando manifiestos y otras algarabías que son de su interés. Son fundamentalmente ruidosos pero, como señala Ortega: “es reducido el número de hombres que, de verdad, tienen algo que decir”.

La ya centenaria crisis de la Razón viene dada porque las ciencias, el pensamiento y el razonamiento, han originado un gran salto adelante en la humanidad, pero solo a costa de una de sus partes. Como señala O. Lazarte “ha fracasado el mito del progreso automático por el que se pensaba que los avances científicos y económicos iban a originar automáticamente un avance en valores humanos e igualdad económica”.[2]

Igualmente, dice Ortega: “la fe en la inteligencia no tenía límites visibles ni en su carácter de fe ni en lo que esperaba de la inteligencia… pero un buen día se vio que si bien la inteligencia y la razón resolvían cada vez más innumerables problemas materiales, no obstante, habían fracasado en todos sus intentos de resolver todos los otros, principalmente morales y sociales… y perdido el hombre en la selva selvaggia de las ideas que él mismo ha producido, no sabe qué hacer con ellas. Sigue creyendo que sirven de algo inexcusable pero no sabe bien de qué”.

La ciencia, la técnica e incluso la inteligencia son hoy en día, en cierto modo, también un problema. Cuando algo resuelve todo no es un problema ni tampoco cuando no resuelve nada. Una cosa problemática es cuando no estamos convencido de lo contrario de ella. Estas variables anteriores (ciencia, técnica) son muy útiles y salvadoras, pero no estamos convencidos que no sean al mismo tiempo inútiles para resolver las crisis humanas y destructoras de la propia humanidad.

El pensamiento, dice J. O Whittaker, “es virtualmente sinónimo de resolución de problemas”[3], pero no paramos de pensar y tras resolver unos problemas creamos otros. ¿Realmente resolvemos los grandes problemas de nuestra planetociedad con el pensamiento?

Estamos en un “gran salto adelante” en el que no sabemos colectivamente ni lo que queremos ni a donde vamos, solo sabemos que vamos. Parafraseando a Ortega: sabemos que al ser humano le pasa algo gigantesco pero no sabemos qué es lo que le pasa y menos si lo que le pasa es bueno o malo.

Quizá el problema está en que ese “salto adelante” no parte del mismo nivel del suelo para saltar. Hace 150 años en occidente el suelo era la lógica, la razón, el pensamiento, y las tres cosas se identificaban. Pero hoy en día es tal el flujo de información, conocimientos y perspectivas, que podemos ver a cinco personas razonado sobre una misma idea y cada una de ellas aportando su lógica, su conocimiento y sus estudios, y no llegar nunca a conclusión alguna. Ya lo dijo Heráclito: La realidad se complace en ocultarse. Pero parece que hoy hay muchas realidades y no sabemos cuál es la que se oculta.

Quizá el problema también esté en que el pensamiento humano de hacerse tan lógico y razonable ha avanzado pero no hacia nuevas síntesis, sino que se ha heteroclitado. Es decir, se ha nutrido en su desarrollo lógico de múltiples campos afines: de creencias históricas, emociones, de filosofía de la vida, de filosofía de la ciencia y de otras muchas aventuras humanas, de manera que ya es capaz de razonar lógicamente todas esas variables para conseguir articular su utilidad vital. El pensamiento, dice Ortega, “queda ocultado en su `mismidad´ por todo aquello que tiene que ver con él pero no es él mismo”.

Lo cierto es que el pensamiento es uno de los pocos campos que el ser humano intenta definirlo desde él mismo: define el pensamiento porque piensa y desde su propio pensamiento se describe a sí mismo.

La lógica es otra confusión identitaria del pensamiento, pues tan lógico es que los humanos seamos responsables en las ciudades y no hace falta que se multe, pues tenemos que ser cívicos, como que debido a que la lógica no funciona han de ponerse multas. El problema de la lógica es que existen muchas cosas ilógicas que son demostrables y al contrario. La lógica permite que varios contertulios hablen entre sí y no lleguen a estar de acuerdo en nada.

Nuestro siglo XXI es bastante caótico porque hay un contraste muy grande entre lo lógico y lo vivencial. Las visciencias son el motor del “salto adelante” desde las creencias orteguianas.

Este último párrafo anterior quiere decir:

 1- Según la frase de Ortega “ningún hombre entrena humanidad”, nuestro condicionamiento histórico-social toma la forma de usos y vigencias (usos del pensamiento, del lenguaje…) que nos son inyectados desde el nacimiento por las diversas esferas sociales que nos rodean. Así se forman las creencias que no son pensadas, sino que se tienen, se viven, como interpretaciones que se dan hechas.

2- Para entender qué es una visciencia seguimos a M. Rojo Sierra que considera que una cosa son los conocimientos (que pueden ser reducidos a conceptos fríos denominándose noemas) y otra cosa son las vivencias de los sentimientos (que Rojo Sierra denomina Timemas). Así, cuando veo en el cielo una galaxia, automáticamente tengo el concepto (por la experiencia) de lo que estoy viendo (conocimiento o noema) pero a su vez vivencio la grandiosidad de la visión y lo que supone el espacio interestelar, siendo esta vivencia el timema. Las visciencias, dice Rojo Sierra, es la síntesis del noema y del timema, es  decir del conocimiento y de la vivencia y por eso las visciencias tienen “fuerza” y conocimiento.

Pues bien, el problema en este siglo XXI es que hay múltiples sistemas creenciales que antes solamente compartían fronteras humanas, raciales o territoriales, pero hoy en día, habiéndose diluido esas fronteras y desde la mezcla, desde el heteroclitismo, las visciencias, con su tremenda fuerza de conocimiento y sentimiento, entronan cada lógica y cada razonamiento, apelando a patentizar el pensamiento primordial, el real, el oculto, el verdadero (como si  todos saltaran de la misma plataforma creencial: por esto les es incomprensible a muchos que “los otros” no participen de sus ideas y principios vitales).

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Quien quiera entender al hombre, que según Ortega es un ser sustancialmente peregrino, tiene que echar por la borda todos los conceptos quietos y aprender a pensar con nociones en marcha incesante.

Inteligencia, pensamiento y sociedad, el conjunto está en periodo de “salto” pero no todos los humanos estamos saltando desde el mismo suelo, ni en la misma dirección y no sabemos, realmente, donde caeremos ni qué compartiremos: este es nuestro drama actual.

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[1] J. Ortega y Gasset, Reforma de la Inteligencia, La Nación, 26 de Abril, Buenos Aires, 1925. Este artículo también se ha reproducido en la obra  de Ortega que va a ser de referencia “Apuntes sobre el pensamiento” El Arquero, Revista de Occidente, Madrid, 1975.

[2] Lazarte O. El espíritu Médico. Conferencia pronunciada en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Cuyo (Mendoza), con el auspicio del Departamento de Medicina para graduados. 1959

[3] J. O Whittaker, Psicología. Interamericana, tercera edición, 1977

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EL FIN Y LOS MEDIOS


(Teo-cientifismo)

Juan Rojo Moreno

Aldous Huxley escribió un libro con el nombre de  este artículo pero lo que me ha originado la reflexión sobre este asunto no ha sido el mismo (al que le dedicaremos más adelante un tiempo) sino otro del cosmólogo Lawrence Krauss titulado “Un universo de la nada (El Origen sin Creador)”[1].

Huxley señala que “el fin no puede justificar los medios, por la sencilla y clara razón de que los medios empleados determinan la naturaleza de los fines obtenidos”. Y ciertamente el fin último no lo conocemos. Si vamos a la tan manida pregunta ¿si pudieras volver al pasado y anular a una persona de forma que se evitara la guerra mundial y sus millones de fallecidos, lo harías? Entran ahí múltiples factores éticos sobre qué es eso de “anular a una persona” y si tenemos el derecho de hacerlo, pero claro, en el otro lado está el “bien del fin” que es evitar millones de muertes. Cierto que ese es un fin  limitado, pues si suponemos que por haber cambiado la historia ocurre que dentro de 50.000 años no nace una persona que salvaría a la humanidad de un cataclismo cósmico, entonces la modificación pasada ha tenido un mal fin, pues ha supuesto la destrucción de la humanidad. Evidentemente, tendríamos que saber qué es lo que le sucede a la humanidad en millones de años (si existe ésta) para poder estar más seguro del fin correcto de la decisión que habíamos tomado.

Y  es aquí donde entra la obra de Lawrence Krauss ¿qué dice la física que va a ser el futuro del universo? Nuestro fin último.

Esta magnífica obra que me veo incapaz de valorar, aunque como es de esperar tiene muy buenas referencias, me ha recordado lo que ocurría en la época griega y hasta el renacimiento en muchos campos, como en medicina. Las referencias de los estudiosos del asunto (religioso, técnico, político, económico) eran las bases de la verdad de su momento. En el caso de la medicina hasta el final de la Edad Media, durante más de mil años, lo que había dicho Galeno y otros antiguos médicos sobre los humores era una verdad incuestionable. Ahora la física nos dice lo que parece incuestionable aunque hemos de tener en cuenta que se basa en conceptos sobre los que el mismo Krauss dice: “la energía del espacio vacío, de la que no entendemos prácticamente nada… ¿por qué la gravedad es mucho más débil que las otras fuerzas de la naturaleza?… con las matemáticas adecuadas… sin embargo las matemáticas aún no nos han llevado tan lejos… la última palabra la tienen los datos…”.

Y la primera pregunta crucial es ¿por qué hay algo en vez de nada?

Todo el problema va a quedar reducido, ni más ni menos, a saber qué fue y qué motivó el Big- Bang. A partir de ese momento diríamos que todo es posible. La  física cuántica permite hipotetizar cómo aparecen “de la nada” partículas que chocan con otras y cómo electrones desaparecen y vuelven a aparecer. Esto nos haría pensar en una creación desde la “nada”.

Así interpreta un dibujo de Feynman nuestro autor: “un solo electrón se mueve y a continuación se crea de la nada y en otro punto espacial un par electrón-positrón (el positrón sería el equivalente al electrón con carga positiva) y después el positrón se encuentra con el primer electrón y ambos se aniquilan y al final queda un solo electrón en movimiento”.

Esas partículas, que aparecen y desaparecen en un periodo tan corto de tiempo que hace imposible medirlas, se denominan “partículas virtuales”. No se pueden medir pero existen, al entender de los físicos. Usando una ecuación determinada (de Dirac) y la existencia predicha de estas partículas se obtienen mejores predicciones. Las partículas virtuales, por tanto, existen -sentencia Krauss-: resulta que son responsables de la mayoría de nuestra masa y de todo cuanto es viable en el universo (señala el autor). Son las responsables, en definitiva, de la mayor parte de la energía en reposo del protón y del neutrón. Y por lo tanto de las personas que estamos hechas de estos elementos.

Por lo tanto podríamos deducir que nuestra realidad es virtual. Cierto, quizá es ésta una deducción algo exagerada, pero si estas partículas virtuales son las que conforman el entramado profundo de nuestro ser y aparecen y desaparecen de la nada, nos tendríamos que preguntar: ¿estamos conectados sin tener conciencia de ello, con la virtualidad de las partículas de todos los seres vivos, de la naturaleza? En definitiva es física.

Y en este sentido, con otras palabras, el físico David Bohm  habló del orden implicado y del orden explicado.[2] ¿No serán esas partículas virtuales las que nos enlazan con otras realidades más profundas que no alcanzamos a conocer pero a veces sí a sentir? Krauss no nombra en ningún momento a Bohm ni al Premio Nobel de Física  W. Pauli que trabajó con C. G Jung en relación con las relaciones acausales.[3]

Para Krauss, uno de los principales problemas (y según él, soluciones) es que algo surge de la nada. Nuestro inicio proviene de la Nada en donde surgió el Algo, y acabaremos (nuestro universo) en la Nada. Pero tengamos en cuenta que esa Nada ya está viciada por el hecho de que “algo” ha ocurrido desde el Big-Bang, aunque muchas cosas no las conozcamos. La seguridad de la “nada de nada” solo la podríamos suponer antes del Big-Bang o más allá del universo (o del Multiverso, si es que existe un más allá de éste).

Las galaxias se encuentra reunidas en supercúmulos (nuestra galaxia está en el supercúmulo de Virgo cuyo centro está a 60 millones de años luz de nosotros) y la cantidad de la materia oscura -“algo completamente nuevo que no existe en la Tierra que no es materia estelar ni terrestre”- supera con mucho la que permiten los cálculos de la nucleosíntesis del Big Bang.

En esa materia oscura, señala Krauss, hay espacios de “nada” (sin materia conocida) y en esos espacios desconocidos las partículas virtuales aparecen de la nada, creando materia oscura. Y a partir de ahí “todas las estructuras que podemos ver, estrellas, galaxias… fueron creadas por fluctuaciones cuánticas de la nada”. De la “nada” aparece algo.

Como señalábamos, también ha de haber otra “nada de nada”. Por ejemplo, el universo se expande a gran velocidad, creando universo, pero no a consta de ocupar un espacio preexistente sino creciendo en la nada. Esa Nada que hay tras el universo en expansión no tendrá ni partículas virtuales ni nada en absoluto pues ahí no ha llegado la influencia del Big-Bang. Y esa se supone que es la Nada que había antes del Big Bang. Por lo tanto el Big Bang apareció en la Nada.

Esta discusión no soluciona nada (parece ya redundante), se hace interminable, entre los teólogos, positivistas, ciertos “neurofilósofos” por un lado y los que Krauss denomina “intelectualmente honrados”, es decir los científicos, por otro lado.[4]

Y volviendo a los medios y los fines. Nuestro universo parece ser un universo plano en constante aceleración, y ésta es aún mayor en los confines del mismo. Pero en los supercúmulo las galaxias están acercándose (dentro de 5.000 millones la Andrómeda chocará con la Vía Láctea). Tendremos, por una parte, supermetagalaxias cada vez mayores -en un millón de años todo nuestro cúmulo será una gran  supermetagalaxia- y, por otra parte, el resto del universo cada vez más separado. Cuando dentro de un par de billones de años llegue la expansión del universo a superar la velocidad de la luz, entonces, los seres que habiten en esas supermetagalaxias no sabrán nada de las otras ni del Big-Bang, ni les llegará información del Fondo de Microondas Cósmico que se originó al principio (muchos de los puntos blancos que vemos en las televisiones antiguas cuando se acababa la programación).

A tal velocidad de expansión los habitantes de estas galaxias habrán perdido su sentido histórico cósmico de origen. Y a tal será la velocidad para ellos el universo será estático, no en expansión, pues no les llegará información de las otras supergalaxias. Todo habrá desaparecido. ¿Crearan su propio sentido histórico de origen? Seguro que sí. Pero se habrá roto (sin que lo sepan) su conexión temporo-historica con el Origen verdadero, el Big- Bang. Claro que esto nos lleva a preguntarnos ¿nuestro origen primero es el Big-Bang? ¿O el Big-Bang es un paso de otro origen previo que no podemos llegar a conocer nunca?

Ciertamente, con las concepción del Multiverso, según la cual existirían múltiples universos, siendo posible hasta infinitos universos (¿o sinfinitos?), pierde relevancia todas estas preguntas pues escaparía a nuestra posibilidad de entender el “sentido” que tuviera el conjunto. Señala Krauss que seguro que habría algunos sentidos físicos, aunque sean dimensiones distintas y leyes distintas a las que conocemos o podamos conocer en este universo.

Pero, aunque solo sea una polémica más sin respuesta, no todo lo soluciona el Multiverso. Si el Multiverso es sinfinito (es decir incontable pero numerable, como los granos de arena del planeta tierra) ¿tiene un sentido global el Multiverso? ¿Es concebible un esqueleto físico, una concepción física, para algo más allá del Multiverso?

Volviendo a la hipótesis del Multiverso, no solo puede ocurrir lo que dice Krauss sino que, si existe, ni siquiera sabemos si están los universos separados por “espacios” por “nada” o por dimensiones u otra cosa. No sabemos Nada sobre esas “hipótesis”, y menos aún tenemos “datos” que tanto les gustan a los físicos y cosmólogos.

Una mente verdaderamente abierta –dice Krauss- “supone obligar a nuestra imaginación a que se adecue a la realidad demostrada y no viceversa”.  De lo que puedo estar casi seguro es que -por poner un ejemplo- la expansión del homo Sapiens fuera de África supuso “imaginación” que no se adecuaba a la realidad demostrada. Imaginación y “realidad demostrada” casan a menudo mal.

Para terminar dos cuestiones:

 Primera, Fines o Medios. Evidentemente coincidimos con Huxley, lo importante son los medios, ya que los fines escapan a toda posibilidad de alcance desde el aquí y ahora.

Segunda, Dios (al menos en el concepto deísta de “sentido”) ¿existe o no existe? (existir en el sentido de la etimología ex-sistere = se manifiesta). Pues tampoco lo podemos saber dentro de las magnitudes que estamos considerando. Para Krauss la pregunta fundamental es la que se hizo Einstein: ¿Tuvo Dios alguna elección al crear el universo? (Dios como  “orden” o sentido que da orden al mismo). La respuesta es que puede que sí o que no, dependiendo que exista el Multiverso con muchas leyes y ordenes diferentes (entonces la respuesta es sí) o puede que solo una limitada combinación de todas esas leyes y dimensiones puedan ser viables para crear vida semejante a la nuestra (entonces la respuesta sería no).

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Como siempre los cosmólogos y los físicos, a mi entender, son los que mejor nos ayudan a reflexionar en filosofía, en teología y en relación con nuestro puesto en el cosmos. Son los científicos que más, desde la ciencia, nos llevan a los confines de la imaginación evolutiva antropológica: son los que han creado el verdadero teo-cientifismo. Señala Richard Dawkins en el Postfacio que hace a la obra de Krauss: “los teólogos quizá quieran especular sobre los ángeles, los físicos tienen sus propios ángeles (cuantos, quarks, el “encanto”, la “extrañeza”, el “spin”). La ciencia quizá sea más extraña y menos comprensible que ninguna teología, pero la ciencia funciona, obtiene resultados. Quizá no comprendamos la teoría cuántica pero una teoría que predice el mundo con diez decimales no puede estar equivocada. A la teología no solo le faltan decimales, le falta el más mínimo indicio de conexión con el mundo real”.

Esto último dice Dawkins, aunque le veo muy “suelto” a la hora de definir “el mundo real”. El mundo real es mucho más complejo como para poder decir que le pertenece a uno u a otro.[5]

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[1] Laurence Krauss. Un Universo de la Nada. El Origen sin Creador. Editorial Pasado y Presente, 5ª Edición, 2017. Va a ser nuestra obra de referencia pero no hacemos una valoración de la misma.

[2] Para el físico David Bohm existe un orden implicado y todo está plegado dentro de todo. “Las cosas están desplegadas (orden explicado, físico) en el sentido de que cada cosa solo está en su región particular del espacio (y del tiempo) y fuera de las regiones que  pertenecen a otras cosas. Sostiene que lo sutil es lo básico y que lo manifiesto es su resultado y que las energías de ese orden sutil e implicado son un instrumento de la intuición que es capaz de reorganizar la materia del cerebro.

[3] Para Jung  en la Sincronicidad hay un principio de conexión acausal desconocido.  El físico y Premio Nobel W. Pauli, lo tomó en serio y escribió con Jung un libro en este sentido

[4] Exactamente Krauss se está refiriendo a la creencia  en la Creación Divina y dice: “Creo que para ser intelectualmente honrados debemos elegir con conocimiento de causa y con un conocimiento surgido de los hechos, no de una revelación”.  En esta frase está haciendo una oposición entre la fe teologal y la ciencia y veo bien el contraste; pero a mi entender aplicar la “honestidad u honradez” solo a quien interpreta los hechos es demasiado cientifismo para mi gusto.

[5] Seguro que habrán inexactitudes en las referencias físicas o cosmológicas que hago, pero el libro nuestro de referencia de Lawrence Strauss ha sido solo una “obra de referencia”.  Quien esté interesado por los datos exactos y en la filosofía exacta del autor le recomiendo que lea el libro referido. El  mismo Strauss dice: “una lección que podemos extraer del posible final futuro de la vida y la inteligencia en el universo es que nuestras afirmaciones deben dar cabida a cierto grado de humildad cósmica… por difícil que sea tal cosa para un cosmólogo”. Straus explica en 4 minutos sus conceptos fundamentales en este Link

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¿HA DE REEMPLAZARSE AL HOMBRE?


La nueva “escama humana”. El hombre reemplazado y su consciencia ¿Dónde está? 

Juan Rojo Moreno 

Al leer a Teilhard de Chardin sucede, como con otros grandes autores que escribieron hace tiempo, que parece esté relatando lo que le ocurre en la actualidad a la sociedad, al hombre y a sus perspectivas.

Para Teilhard sólo en el hombre se ha producido una cerebralización que ha permitido establecer en el planeta una esfera pensante sobreimpuesta a la biosfera:  la noosfera  donde culmina la evolución psíquica del pensamiento reflexivo y la inteligencia. [1]

         No solamente existe lo infinitamente inmenso y lo infinitamente pequeño (el universo macro y el cuántico) sino que al mismo tiempo, y en ellos, está lo inmensamente complejo. El grado de complejidad también es un nuevo estado del ser del universo. No solo basta con que cada infinito (macro y micro) tenga su propia complejidad, que aún desconocemos, ni que la complejidad de ambos sea “una sola complejidad”, pues la unidad del cosmos no admite que esos infinitos “funcionen” de forma separada (otra cosa es que no seamos capaces de descubrir la totalidad de sentido de ambos, como tampoco sabemos qué es la materia oscura o la energía oscura del universo). No basta, decía, con “la complejidad” del universo sino que es necesario entender el grado de complejidad y cuándo ese grado es capaz de hacer emerger una nueva aportación al mismo, como es el caso de la conciencia.

La aparición de la conciencia en la evolución de la humanidad ha sido clave para separarnos de nuestros ancestros australopitécidos y más aun  teniendo en cuenta tres desarrollos específicos de la misma: uno, la conciencia en el cerebro-manual (nuestra evolución humana manual), otro, la conciencia reflexiva y, en tercer lugar, desde hace muy pocos milenios un progreso de ésta última; la conciencia que es capaz de tener un yo análogo para reflexionar, es decir, una conciencia reflexiva-crítica-analítica (esto último lo desarrollé aquí).

¿Ha favorecido la complejidad también la aparición de algún tipo de conciencia cósmica? O por el contrario: ¿la vida y el pensamiento no son más que epifenómenos de la naturaleza?

Desde luego cuando chocan dos galaxias, destruyéndose vida y conciencia sintiente, no podemos considerar que será debido a la emergencia de una “conciencia universal”. Pero si bien simplemente aplicar solo la “mecánica” a lo que desconocemos puede ser demasiado simplista, tampoco vemos claridad, en estos casos, como el ejemplo de las galaxias, cuando Teilhard dice: “el universo como si se hallara `lastrado´ de complejidad cae por arriba sobre formas de disposición cada vez más perfeccionadas”.

El enfrentamiento entre la mecánica y el “sentido” [universal] sigue sin resolverse.

Teilhard se pregunta de forma reiterada sobre la complejidad-conciencia en el ser humano:

¿Es un automatismo natural que lleva la materia a comprometerse con una complejidad creciente? La vía materialista dirá que siempre habrá complejidad fortuitamente realizada.

O ¿debido a que cada vez hay más conciencia, que va emergiendo gradualmente, ésta es la que nos permite alumbrar la complejidad que está ya preparada? (vía espiritualista).

Pero en todos los casos, señala,  si en una u otra forma nuestro Mundo es, en verdad, algo que ordena, entonces la vida no puede ser considerada en el universo como un accidente superficial sino que una vez aparecida es incapaz de no utilizar toda oportunidad y todos los medios para llegar al extremo de lo que puede alcanzar en cuanto a Complejidad y en cuanto a Conciencia.

En relación con el resto del mundo zoológico solo podemos decir que los seres humanos tenemos mayor nivel de complejidad-conciencia debido a la mejoría en nuestra cefalización o cerebralización (el problema fundamental -señala Teilhard- es que todavía no hemos conseguido definir el factor esencial y, por lo tanto, cuál es el verdadero parámetro de la cerebralización y donde está su límite).

Pero desde el australopiteco, que fue el primero que hizo una marcha bípeda eficiente hace aproximadamente 2,5 millones de años, y luego el Homo Erectus hace 800.000 mil años y el de Neandertal hace 200.000, la evolución real ha sido -dice Teilhard- en “escamas” (al igual que una piña de pino o una cebolla), una “estructura escamificada en todo el phylum, y en particular en el phylum humano”.

Siguiendo estas ideas de Teilhard, podemos decir que el hombre es un ser restituyente. Se restituye a sí mismo constantemente. La nueva escama será una vez más otra faz del Restitutio Homimi. Del hombre `reemplazador´.[2]

Este concepto de evolución en “escamas” que aporta Teilhard es significativamente interesante pues nos permiten entender que continuamente cada nueva mutación que se origina, al principio en sujetos dispersos, luego grupos con mayor eficiencia, supuso la sustitución de los anteriores. La escama actual o bien será sustituida por otro salto evolutivo que incluso ha podido empezar pero aún está en sujetos dispersos en nuestra planetociedad, y no son distinguibles, o bien aún no ha aparecido el germen diseminado de esta nueva escama evolutiva.

Pero el hombre moderno no solo se agrupó sino que se socializó, y ha llegado a tal nivel de desarrollo científico que ya está en disposición -si no destruye la vida habitable del planeta- de poder crear, por primer vez en la historia, su propia escama evolutiva. La ciencia ha adquirido tal autonomía que corporeizada como un yidam, como “personoide”, quiere, manejando genes y ambiente, adelantarse a la lenta naturaleza evolutiva. Quiere ser quien configure la nueva capa del futuro humano. No sabemos qué ocurrirá si lo consigue y tampoco sabemos, si se produjera, cómo sería un nuevo salto “natural” de la evolución-cerebralización humana (la regla hasta ahora ha sido siempre que el grupo antiguo ha sido el rechazado).

Pero una nueva manera de socialización ha aparecido. No solo la  que se ha desarrollado desde que apareció la agricultura y luego las ciudades, no solo una socialización por convergencia de personas y por comprensión. Ahora gracias al desarrollo de la cerebralización-conciencia es posible que se desarrolle una psico-socialización evolutiva. ¿Será pareja a la antropotécnica, o integrándola la culminará o simplemente la superará? [3]

En este sentido Teilhard también  reflexiona: “todo el problema, sin embargo, estriba ahora en decidir hacia qué especie de perfeccionamiento biológico nos conducen, en sus formas renovadas, las fuerzas inmutables de la Ortogénesis”.

Teilhard es optimista a este respecto y así entiende que nada tendría de sorprendente que una elevación de la “temperatura psíquica” con el aumento de interioridad mental, de inventiva y de comprensión planetaria humana se acompañe automáticamente de una mejor disposición social. Para él, si bien la vida activa de una familia o género zoológico se considera como de cincuenta millones de años, no obstante, el Hombre es más que un género y que una familia puesto que representa por sí solo una “capa” biológica planetaria, en la que la evolución continúa a un ritmo cada vez más acelerado.

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Teilhard de Chardin espera que en “millones de años” la humanidad pueda llegar al punto Omega en donde el proceso de ultra-hominización alcanza su cenit cuando la biología y la creatividad psíquica se unen “ya fuera del espacio y del tiempo”. Pero en el camino le vienen las dudas de hasta donde el proceso complejidad-conciencia nos hace, mediante la socialización, más solidarios en un todo unitivo (singularidad y totalidad). Y es lógico que tenga sus reticencias. Los Neandertales ya cuidaban de sus homólogos con discapacidad y si bien ha evolucionado mucho la complejidad-conciencia desde entonces con el Homo sapiens, pero quizá no tanto los valores humanos.

La conciencia planetaria a la que Teilhard piensa que llegaremos puede que sea posible, pero actualmente si miramos al planeta no sabemos de qué hombre estamos hablando: ¿del que está en el mundo del caos y guerras, sin apenas poder subsistir? ¿Del que se encuentra en países dictatoriales y sin libertad ni de expresión ni de igualdad de género? ¿O del hombre del mundo en paz y más civilizado? Y dentro de este último habría que hablar acerca de qué valores humanos existen (si es que existen unos “valores” humanos claramente compartibles para todos).

Demasiada diversidad para hablar de la conciencia unitiva planetaria. Ya Teilhard lo indica: “la síntesis implica riesgos, una cosa es que se desarrolle la ultra-hominización y otra que ésta no tenga éxito… si antes que la humanidad llegue a su maduración el planeta se hace inhabitable o se producen trampas y callejones sin salida como la mecanización político-social, el bloqueo administrativo, la sobrepoblación, etc.  Y además ha de darse una super-condición: a la vez que la evolución se refleja sobre nosotros, el gusto por vivir ha de ser reforzado, lo cual supone el mantenimiento de una `atmósfera´ más cálida a medida que avanzamos” (sic).

¿A qué “gusto por vivir, que ha de ser reforzado” se refiere Teilhard? ¿Al gusto por tener cosas, por la vida cómoda, por disfrutar en el campo en vacaciones, en la playa, al gusto por  tener y tener y tener…? Teilhard se refiere al hombre en camino de evolución humana, en camino de una mayor Complejidad-Conciencia ¿y dónde está ese hombre? La humanidad lo sigue viendo en las películas de ciencia ficción.[4]

No hay nada -dice Teilhard- que pueda impedir al hombre que crezca todavía si conserva en el corazón la pasión de crecer, pero al mismo tiempo tampoco hay ninguna presión exterior, por fuerte que sea, que pueda impedirle que se declare en huelga si viniera a perder el interés, a desesperarse, con respecto al movimiento que le llama hacia adelante.

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[1] P. Teilhard de Chardin “El grupo zoológico humano”. Ediciones Taurus, Madrid, 1967, será nuestra obra cifra  de referencia

[2] Restituir deriva de Constituir: 1438, `restituere´ reponer, restablecer. Y también deriva Sustituir `reemplazar´, 1620 “poner a alguno en lugar de alguien”. (Joan Corominas. Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana, Editorial Gredos, 1961).

[3] En cierto modo Teilhard considera que aunque el cerebro no pudiera crecer más, aunque la “cefalización” en cuanto tamaño ya estuviese terminada, aun suponiendo esto, el nuevo salto evolutivo se puede producir debido a la socialización de nuestra conciencia neurocultural. Así dice: “Las múltiples y multiformes `unidades colectivas´ humanas nacidas en el curso de la historia por el juego combinado de la cultura y de la raza, son el en el campo de lo Reflexivo y de lo Libre, grupos justamente tan naturales como cualquier otra variedad de rumiantes o de carnívoros, con la sola diferencia de que teniendo lo psíquico un lugar más importante aquí que lo fisiológico y lo morfológico, algunas propiedades hasta entonces excepcionales o incluso desconocidas se manifiestan en el juego  de las fuerzas vivientes, siendo así que la antigua herencia cromosómica se halla a partir de ahora reforzada por una herencia `educativa´, extra-individual, por la acumulación y conservación de lo adquirido que asume una importancia de primer orden en la Biogénesis… Gracias al artificio maravilloso de la socialización en medio reflexivo ha aparecido oportunamente en la naturaleza del hombre un nuevo tipo de ordenación “psicogénica” (generadora de conciencia) de carácter educacional y colectivo, justamente para relevar las formas antigua y acaso parcialmente agotadas de cerebralización”.

[4] Y en este sentido Michel Houellebecq  plantea bien el problema en su obra Las partículas elementales (Les Particules élémentaires, 1998), publicada por Anagrama en 1999. Premio Novembre y finalista del Premio Goncourt.

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PSICOLOGÍA Y EDUCACIÓN


Juan Rojo Moreno

C.G. Jung publica en 1949 Psicología y Educación en donde se unifican algunas conferencias anteriores. [1]

Es realmente un libro muy interesante pues uno espera que nos aporte una serie de normas o fundamentos importantes para la educación de nuestros hijos, y más proveniente del genial psicoanalista C.G. Jung. Estamos acostumbrados a ver en las librerías, y por supuesto en la Red, tantas aportaciones sobre “cómo educar” a los niños, a los que tienen rabietas, a los que son unos dictadores, a los que lloran, a los que no duermen, etc., que esperamos un análisis profundo que nos dé por fin un cierto catecismo pedagógico educacional.

Cuando la educación va bien y nuestros hijos se van formando de forma adecuada en este campo, tanto a nivel familiar como social y escolarmente, entonces, el método educacional se considera correcto y que es el “natural”. Cuando aparecen problemas en el comportamiento infantil lo primero y más fácil es echarle la culpa a los padres, en segundo lugar pensar que no están educando adecuadamente al hijo y en tercer lugar que puede el niño tener un trastorno o alteración. Tanto en el primer y segundo considerando “la culpa es de los padres o no están educando adecuadamente al hijo” se buscan mil y una maneras para reconducir la directriz educacional hacia una forma equilibrada que lógicamente ha de ser la más “natural”. Y a este propósito aparecen tantos y tantos consejos educacionales como hemos tenido en la historia, y seguimos teniéndolos, además de las recomendaciones actuales por profesionales psicopedagogos de la educación.

Pues nada de esto hace C. G Jung. En los distintos casos que analiza y expone en la obra de referencia, fundamentalmente lo que hace es “escuchar”. Ya que el análisis de los sueños no son un vehículo fundamental para ahondar en los motivos inconscientes del niño y entender con ellos el comportamiento infante, Jung escucha el relato consciente del niño, sus sueños, sus fantasías y las explicaciones que da “a su manera” de su mundo circunstancial. Y también escucha la historia personal del padre y de la madre y las conexiones dinámicas y circunstanciales que han establecido con el niño. Todo esto, por supuesto, requiere tiempo. Con ello consigue en su análisis comprender las alteraciones, generalmente de comportamiento, que presenta el niño o los padres le manifiestan.

Tenemos que tener  en cuenta que en el niño coincide una dinamicidad histórica que tiene al menos 4 dimensiones y que el infante va asimilando a velocidad de vértigo, al tiempo que él mismo cambia en sus concepciones del mundo de año en año.

Por una parte está la historicidad cultural en el que el niño se ve inmerso (las creencias de Ortega). Hábitos, costumbres y entorno que le viene dado por su estructura socio-cultural. En segundo lugar está la historicidad del padre y en tercer lugar la de la madre. Cada uno de los progenitores perspectivizan a su vez “qué es la educación” y que roles han de tomar en la misma y cómo han de proyectarlo en el niño, y esto está muy fundamentado en la propia historicidad educativa y formativa que los padres han desarrollado hasta que han tenido delante su vástago y la obligación inapelable de educarlo (de aquí los problemas entre los padres cuando se fricciona demasiado la posibilidad de acuerdo educativo porque la balanza se desnivela, hacia uno de ellos, por entrometerse en la educación del niño de forma decisiva los abuelos de una rama familiar). La cuarta dimensión histórica viene dada por el propio niño y su personalidad que está haciéndose.

Mientras que en nuestra historia cultural nos sirve lo que han hecho nuestros antepasados, y sobre ellos se ha ido construyendo un saber histórico común a lo largo de los milenios, no obstante, cuando nacemos cada uno ha de empezar a crear su propia historia, su propia individualidad relatada de sí mismo. Y el niño, en el que esta dimensión aún no está medianamente cuajada, ha de ensamblarla a la vez con las otras dimensiones históricas y mantenerse estable y aceptablemente adaptado con todas estas directrices en un “sí mismo” que va entendiendo el mundo de manera muy diferente con pocos años de diferencia.

Por esto frente a los métodos cliché que se quieren actualmente proponer sobre “cómo” educar a los hijos, Jung hace un relato personal de cada caso y su método real es: ninguno. Pero valora significativamente la realización histórica.

No culpabilizar a los padres fácilmente no quiere decir que no puedan influir sus biohistorias en la formación y educación del niño pues a veces, señala Jung: “como la maldición que pesa sobre los Atridas, los estados neuróticos suelen arrastrarse a través de generaciones enteras. Ante esta contaminación  a veces los niños se defienden con una protesta silenciosa, otras veces es muy ruidosa, o bien caen en la parálisis de una imitación compulsiva”.  Pero también tengamos en cuenta que “la teoría de la represión de la sexualidad o la del trauma infantil, han servido innumerables veces para desviar la atención de la verdadera causa de las neurosis. Naturalmente, es incuestionable que muchas neurosis se preanuncian ya en la infancia por vivencias traumáticas, pero aún queda sin explicar por qué una misma vivencia es de efecto traumático en un niño y no en otro”.

El método predilecto para el tratamiento de los niños neuróticos es para Jung el del análisis anamnésico, [2] “pues en ellos no es aplicable el método del análisis de los sueños que toca las grandes profundidades del inconsciente  […] y es en las neurosis donde se puedo apreciar con mayor claridad que no existen enfermedades sino enfermos”.

En lo que sí que hace hincapié Jung es en la necesidad de formación del educador y señala cómo el pedagogo ha de prestar mucha atención a su propio estado psíquico. No siempre es el educador quien educa, ni tampoco el niño un educando. El educador es un hombre que puede fallar y el niño educado por él reflejará sus errores. Por eso es recomendable que el educador se percate lo más claramente posible de sus propias ideas y en particular de sus propios defectos.[3] De ahí, insiste Jung, que el médico piense que el mejor método educacional probablemente consiste en que el propio educador sea educado y que comience probando en sí  mismo toda la sabiduría psicológica que le suministró su estudio. Para Jung: “lo verdaderamente eficaz no es aquello que el educador enseña con palabras, sino aquello que él es. Todo educador debería de continuo preguntarse si aplica a sí mismo y a su vida, del mejor modo posible y con el máximo de conciencia, aquello que enseña a los demás. Esto supone la autoeducación”.

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         C.G Jung, un gran maestro que nos aboca a la reflexión del tiempo de dedicación en escuchar a los pacientes, a los niños, a los padres, a los profesores… Conocer todo el entorno efectivo y afectivo que el niño vivencia. En definitiva, la individualización de cada caso. ¿Cuántos diagnósticos se hacen sin individualizar al paciente, al infante, utilizando esquemas o clasificaciones que apenas rascan la dermis psíquica de la estructura vivencial patógena?

Como señala el propio Jung: “Resúltame divertido que algunos competentes médicos aseguren curar con el método de Adler, o de Künkel, o de Freud, o hasta de Jung. Tales cosas no ocurren ni pueden ocurrir, pero si ocurren constituyen un firme camino al fracaso. Si trato al señor X debo aplicar el método X; con la señora Z, el método Z. La índole del enfermo es la que determina en forma preponderante el proceder y el método de tratamiento a seguir”.

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[1] C. G. Jung. Psicología y Educación. Editorial Paidós. Buenos Aires, 1949.

[2] Anamnesis: En las ciencias de la salud, la anamnesis (del griego αναμνησις, recolección, reminiscencia) alude a la información recopilada por un especialista de la salud mediante preguntas específicas, formuladas bien al propio paciente o bien a otras personas relacionadas (en este caso, también se le denomina heteroanamnesis) para obtener datos útiles, y elaborar información valiosa para formular el diagnóstico y tratar al paciente. https://es.wikipedia.org/wiki/Anamnesis_(ciencias_de_la_salud) .

[3] De forma resumida explica Jung su perspectiva general con las siguientes palabras: El médico puesto que no es especialista en la materia, desde el punto de vista de su ciencia poco es lo que tiene que  decir acerca de la educación en general y en particular de la pedagogía escolar. Pero sí, en cambio, en lo que hace a la educación de los niños difíciles. A causa  de su experiencia práctica sabe él muy bien cuanto pesan las influencias de los padres y los efectos educacionales de la escuela. Los adultos de su ambiente y los padres en particular son los que ejercen sobre el niño los más enérgicos efectos en razón de su influencia psíquica. También la escasa educación y la inconsistencia de los propios educadores tienen efectos harto más intensos que sus consejos más o menos buenos, o sus castigos e intenciones.

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