EL MUNDO QUE NO EXISTE. EL NUEVO REALISMO DE MARKUS GABRIEL


Juan Rojo Moreno

         El filósofo alemán M. Gabriel escribe en 2015 Porqué el mundo no existe desarrollando lo que él denomina “una nueva corriente filosófica denominada Nuevo Realismo”. [1]

Ya desde el principio de su obra Gabriel insiste en que el mundo no existe pues no somos capaces de captar la totalidad de lo que ocurre en él ya que nuestra realidad no es “el mundo” y por lo tanto como tal no se nos presenta (existencia= manifestarse fuera = existir). No tenemos la conciencia ni la vivencia de todo lo que ocurre en el mundo y por lo tanto no tenemos una “realidad” del mismo y en consecuencia no existe.

En el mundo, actualmente y en cada momento, ocurren muchas cosas entre los animales, en la selva, entre los insectos, en cada ciudad, en cada casa, hay elecciones locales, duendes (todos son ámbitos objetuales) y no tengo noticia de todo eso y no está todo interconectado en una realidad única. Por esto es por lo que podrá haber una sinfinitud de mundos pero no “un mundo”, pues “no hay regla o fórmula que describa la totalidad del mundo y eso -dice- no se debe a que no se haya hallado todavía, sino al hecho de que no puede existir”.

Para él no es que hagamos una interpretación de la realidad, no es que nuestro cerebro intérprete lo que vemos u oímos sino que lo vivimos como real pues es la realidad misma. Rechaza por lo tanto el denominado postmodernismo o el constructivismo señalando que lo que nos importa cuando tengo hambre no es que nuestro cerebro esté haciendo fisiología  sino que la realidad y el hecho real es que “tengo hambre” y cuando veo una manzana no estoy viendo átomos dispersos ni corpúsculos ni analizando lo que veo, sino que hay un hecho: “veo una Manzana”.

Para Gabriel nuestros sentidos no son subjetivos “no los llevamos implantados bajo la piel ni pegados a ella sino que son estructuras objetivas en las que nos encontramos. Cuando oigo que  alguien llama a la puerta capto una estructura objetiva y no una impresión de mis sentidos alojada en el interior de mi cuerpo, ya que no es mi cuerpo lo que se golpea sino la puerta… el sentido no está dentro de nuestro cuerpo sino `ahí fuera, en la realidad´”

El nuevo realismo va a los hechos mismos “conocemos el mundo tal como es en sí”. Incluso mis sentimientos son hechos, mis fantasías y mis creencias, todo son hechos para mí y reales. Para Gabriel no hay un mundo sin hechos. Ni siquiera hay nada, sin que sea un hecho que no hay nada. Nada ni nadie puede escapar a los hechos. Tampoco Dios puede escapar a los hechos ya que en cualquier caso sería un hecho que Él/Ella/Ello es Dios.

El mundo es un  contexto global de hechos “el Mundo es una gama de ámbitos, el ámbito global que alberga a todos los ámbitos objetuales, en él aparecen todos los ámbitos existentes”.

Cuando conocemos algo, conocemos hechos, que son a menudo hechos en sí que perduran incluso sin nosotros.

Ya Julian Marías comentó hace tiempo: “el mundo no es simplemente un mundo de cosas, sino el mundo en el que se vive, tiene pues un carácter vital y circunstancial, definido por el individuo para quien es mundo. [2] Y en este sentido Gabriel suprime la palabra “mundo” y también quiere suprimir que sea el individuo quien lo defina. Solamente es su realidad, lo abarcante -que diría Jaspers- pero un abarcante sin entrar en analizarlo sino que se nos “presenta”. En este presentarse es lo que para Gabriel está el sentido.

El mundo como “todo el mundo” no existe pues señala: “yo nunca lo he visto, sentido o saboreado. Yo puedo pensar en el mundo y al mismo tiempo hay otras cosas en él como son lluvias y dolores de muela, de las que no tengo conocimiento ni me influyen ni forman parte de mi… nunca podemos comprender todo, el mundo no puede existir, en principio, porque no aparece en el mundo”. [3]

Para Gabriel la Existencia es la aparición de una representación, es que aparece algo (existencia para Gabriel = aparición de un campo de sentido. Campo de sentido = lugar donde aparece algo)

Se aleja por lo tanto en su concepto de existencia de los existencialistas como Heidegger, Kierkegaard, Jaspers o Sartre, aunque nombra a los dos primeros. Y para que puedan aparecer las cosas éstas han de pertenecer a ese lugar donde aparecen. Las cosas por lo tanto “son”, tienen autonomía independiente del sujeto.

Su término “campo de sentido” puede resultar confuso ya que se está refiriendo simplemente a un lugar en donde aparece algo y denomina sentido = la forma en que aparece un objeto y denomina hecho = algo que es cierto.[4]

Insiste que el mundo no existe, al igual que yo no puedo verme a mí mismo en la calle o en un paisaje, y si me tomo una fotografía, viendo el paisaje al hacerla, ya el que sale en ella no soy el yo activo que está viendo el paisaje. Igualmente en el mundo se dan todas las representaciones y hechos, pero el mundo no puede verse a sí mismo y por eso no existe pues no puede representarse.

Si existe todo es porque el mundo no existe- señala nuestro autor- y es porque incluso nuestros pensamientos sobre el mundo están dentro del mundo, son representaciones dentro del mundo, pero no hay nada fuera de las representaciones. Todo es parte del mundo pero él no puede mirarse a sí mismo. [5]

Como para Gabriel Existencia = aparición de una representación, el universo es inalcanzable para nosotros y no puede ser representado luego no existe y de igual manera una visión general de la totalidad es imposible porque la totalidad ni siquiera existe.

¿Y qué es nuestra vida? Para nuestro autor es “un movimiento continuo por diferentes campos de sentido cuyas relaciones mutuas imaginamos o descubrimos”, es decir un trasiego continuo de representaciones. Estoy leyendo y de pronto me acuerdo que el otro día fui a comprar (ya he cambiado de campo de sentido o representación), me centro en la lectura y luego me viene a la cabeza la imagen de un amigo (ya he cambiado a otra representación) y ahora levanto la cabeza y veo el edificio de enfrente (otro cambio de campo de sentido), etc.

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Husserl se planteó en la primera parte del siglo XX que había que repensar la filosofía, que ya no era útil la filosofía clásica para los acontecimientos del hombre y para el hombre en la actualidad y creó la escuela que denominó Fenomenología cuyo lema fundamental era “a las cosas mismas”. Había que centrarse en los hechos que ocurrían y no divagar tanto como había hecho la filosofía clásica. Husserl intenta llegar a la esencia de los hechos, de las cosas y de las vivencias y va eliminando lo accesorio de cada una de ellas hasta llegar a comprender que lo más irreductible es el acto de conciencia.

Ya escribí en Fenomenología, Fenotropía y Ciencia  (aquí)  que era necesario actualizar la fenomenología a los tiempos que son actuales en el siglo XXI. Realmente el trabajo de M. Gabriel se impregna en parte de un realismo fenomenológico actualizado a los tiempos kinéticos del hoy en día, que él llama “Nuevo Realismo” y al que se podría aplicar el mismo lema de la fenomenología “a las cosas mismas” solo que él diría “a los hechos mismos” (llamando hechos por esta autor a “algo que es cierto”). Solo que él no quiere entrar en buscar la esencia sino la realidad de la vivencia del hecho en sí: esa es su realidad, es el nuevo realismo: si veo a dos personas subirse a un tren no es una cuestión cerebral ni de neurotransmisión ni es el cerebro quien lo está viendo sino Yo, lo veo y es un hecho real y cierto (y ya está).

En su obra nombra a menudo a Heidegger, alguna vez  a Kierkegaard y solo cita los nombres sin más referencias de Sartre o K. Jaspers, pero en ningún momento nombra a Husserl (lo cual tiene cierta lógica pues Husserl buscaba la esencia de los fenómenos y Gabriel da por reales la representaciones directa de los mismos).

K. Jaspers se planteó prácticamente lo mismo que Gabriel cuando dice en la relación del hombre con los hechos, es decir en la relación yo-mundo: “Se da un estar-frente-a, que es vivido. Él vive inmediata, ingenua, irreflexivamente todos los posibles objetos como sus objetos. La vivencia es inmediata. La relación sujeto-objeto es vivida en tanto que está ahí, en cada momento como un `estar frente a´, sencillo, claro”.[6]

No hay una línea, por así decirlo, desde el sujeto al objeto, sino numerosas.

Gabriel sí que considera falsas todas las demás posturas filosóficas (es falsa la metafísica y el constructivismo también -al no reconocer que existen hechos en sí-, el materialismo es “simplemente falso”) y por supuesto la manera de concebir la realidad de los físicos señalando sobre Stephen Hawking:

“… un físico británico un tanto sobrevalorado como intelectual, declaró hace poco, en lo que quizá hay que entender más como una provocación que como penosa expresión de ignorancia lo siguiente: `… ¿cuál es la naturaleza de la realidad? ¿Necesitó el universo un Creador?…Tradicionalmente esas son cuestiones para la filosofía, pero la filosofía ha muerto. La filosofía no se ha mantenido al corriente de los desarrollos modernos de la ciencia… los científicos se han convertido en los portadores de la antorcha del descubrimiento en nuestra búsqueda de conocimiento´”.

Según Gabriel, Hawking subestima a la filosofía porque no tiene una idea adecuada de lo que trata.

Si la ciencia tuviera que explicarnos la realidad no sería válida para explicar por qué existe la República Federal de Alemania, ni el futuro, ni los números, ni  mis sueños, apunta Gabriel.[7]

También para Gabriel todas las concepciones del mundo son falsas porque suponen que hay un mundo del que formarse una imagen. Por esto mismo tanto la concepción científica del mundo como la religiosa están equivocadas al ser concepciones del mundo.

Al considerar automáticamente los hechos como realidades nos tendremos que preguntar en este “nuevo realismo” ¿qué significan las realidades? Porque las cosas, dice son en sí ¿pero qué son en sí? Por ejemplo cita Georges Friedmann como cuando se dio por primera vez a ciertos indígenas de África una carretilla empezaron queriéndola llevar en la cabeza.[8] Claro está que la carretilla es una cosa en sí, una representación real, un hecho, pero para los indígenas realmente no era una “carretilla”. Todo esto es una falsedad para M. Gabriel pues “cada vez que nos encontramos con la expresión `concepción del mundo´ debemos asumir que nos hallamos en un área de influencia del constructivismo y es absurdo”.

La creación de este “Nuevo Realismo” por M. Gabriel se origina, según el propio autor, el 23 de Junio de 2011 a las 13.30 horas (segundo más segundo menos), siendo cuando según su obra habría que datar el comienzo de la nueva Era Filosófica.

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[1] Markus Gabriel. Por qué el mundo no existe. Editorial Pasado y Presente (2019) (primera edición en alemán 2015)

[2] Julián Marías,  comentario, página 41 en: Teorías de las concepciones del mundo de Wilhelm Dilthey. Ediciones de la Revista de Occidente, Madrid, 1974 Traducción del alemán y Comentarios de Julián Marías.

[3] M Gabriel señala en su introducción que no aparecerán en su obra términos monstruosos o pomposos, pero no puede evitar decir por ejemplo: “Existe lo que no existe, solo que no existe en el mismo ámbito o dominio”. Por supuesto está en contra de entenderlo con los pasos que ya explicaron los físicos David Peat y David Bohm sobre los tres niveles: 1- el material de las partículas, 2- el nivel subatómico o cuántico y 3- el “orden primario” o tercer nivel de sentido. Y además que entre los tres niveles ha de haber una conexión e influencia que se nos escapa a nuestro conocimiento actual. También dice Gabriel: El Mundo es el ámbito global que alberga a todos los ámbitos objetuales a diferencia del universo que solo alberga el ámbito de las ciencias naturales.

[4] Las definiciones están sacadas del glosario de términos de su obra al final de la misma.

[5] También considera falso o erróneo el “superpensamiento” que reflexiona sobre el mundo en su totalidad y que Hegel denominó “la idea absoluta”. El idealismo absoluto es erróneo -dice Gabriel- pues para que pudiera ser cierto debería existir ¿pero en qué campo de sentido aparece? (en qué lugar aparece). El superpensamiento no puede aparecer en sí mismo.

[6] K. Jaspers. Psicología de las concepciones del mundo.

[7] Realmente su afirmación de que “no existe el mundo” es un juego de palabras pues su concepto no es equivalente ni se está refiriendo a lo mismo que otros autores. Así, ve insuficiente la concepción de Heidegger de Ser en el mundo como Dasein (=existencia, damos sentido al mundo) o cuando Jaspers se refiere a las concepciones del mundo como: “La concepciones del mundo auténticas están, además íntimamente unidas con la vida total del individuo, no están adheridas a él superficialmente. Solo se puede hablar de psicología de concepción del mundo en la época de la individuación. Para épocas comprometidas en la que una concepción del mundo es la misma para todos como algo lógico, solo puede darse una psicología social de la concepción del mundo”. Tampoco nombra a Dilthey que ya dijo: la comprensión de la realidad brota de la experiencia de la vida, de la estructura de nuestra totalidad psíquica. Toda concepción del mundo está condicionada históricamente. Gabriel considera falsa cualquier cosmovisión o concepción del mundo pues el mundo no existe.

[8] Georges Friedmann. El hombre y la técnica. Editorial Ariel (1970) (primera edición francesa 1966).

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A PROPÓSITO DE RAZA, EVOLUCIÓN Y COMPORTAMIENTO SEGÚN RUSHTON


Juan Rojo Moreno

         En 1999 J. Philippe Rushton escribe una edición resumida de su obra Raza Evolución y Comportamiento publicada en 1995. Hasta 2015 hemos tenido reediciones de esta edición resumida y que también se encuentra en internet  [1]

Es un tema complejo que da fácilmente pie a múltiples respuestas favorables o desfavorables y muchas de ellas con gran carga emocional más que científica.

De todas manera Rushton lo que plantea fundamentalmente es que en la evolución del ser humano, sobre todo en los últimos 100.000 años y más en los últimos 40.000, la interacción genes-medioambiente ha sido fundamental para orientar un desarrollo diferente neuro-genético-cultural según las necesidades localizacionistas.

Es decir las personas que habitan África debido a sus características medioambientales tuvieron con el paso de los milenios unos desarrollos corporales adaptativos generales diferentes a los que fueron a lugares más fríos, de poca luz y mucha nubosidad como los europeos y también diferentes a los que fueron a lugares orientales muchas veces incluso más fríos que en el norte de Europa pero con menos capa nubosa y mayor luz solar. Los dos últimos grupos tuvieron que esforzarse más evolutivamente para sobrevivir: más difícil era conseguir alimento, obtener refugio, fabricar vestuario para defenderse del frio y criar niños. Esto no solo exigió una adaptación de la piel para defenderse o aprovechar las circunstancias lumínicas y solares sino que también, según Rushton, la capacidad intelectual, la sexualidad, el desarrollo psicomotor y de la pubertad y en definitiva el desarrollo emocional fue diferente entre estos tres modelos generales que él adopta: los Orientales, los Blancos y los Negros.

Aporta múltiples datos que solo podrían ser contrastados por la ciencia antropológica que debería posicionarse sobre la realidad o no de la investigación científica del autor. Realmente Rushton quiere basarse en datos científicos y no en apreciaciones generales. El mismo autor es profesor de psicología de la Universidad de Ontario y por lo tanto da a su trabajo un carácter científico que por lo menos nos hace pensar.

Son evidentes las diferencias generales anatómicas entres estas tres “razas”, pero además se plantea dónde se han formado núcleos culturales avanzados en la historia de la humanidad y donde no, de manera que relaciona raza, evolución-inteligencia y cultura.

Para no entrar en polémica sobre el concepto de Raza, quien quiera información aceptable la puede leer en Wikipedia (aquí) , pero vamos a seguir con la idea que nos aporta Rushton.

De forma muy resumida el autor considera funcionalmente más ventajoso al desarrollo humano Oriental, luego en medio estaría el Caucásico-Blanco y luego en tercer lugar por debajo estaría el desarrollo adaptativo de las zonas con piel negra. Claro, que por esto dice que la raza es algo más que la piel pues considera que tanto en capacidad craneal, como en millones de neuronas corticales, logros culturales y sociabilidad los Orientales serían los más aventajados.

En relación con diversos aspectos encuentra nuestro autor que, independientemente de donde habiten, las mujeres de raza negra tienen ciclos mensuales más cortos y producen más frecuentemente dos óvulos en los ciclos menstruales de manera que el índice de mellizos por cada 1000 nacimientos es de 4 para los Orientales, 8 para los Blancos y 16 para los Negros.

Una curiosa aportación que hace Rushton es el concepto de “retroceso promedio” o Ley del Retroceso al Promedio. Viene a decir, por ejemplo, que cada raza tiene en muchos aspectos un “promedio” hacia el que se tiende. Si, por ejemplo, el promedio de una raza es medir 1,60 metros si tus padres miden más los hijos tenderán a medir menos para acercarse al promedio “racial” y si los padres son muy bajitos los hijos serán más altos para acercarse también al promedio. Claro que Rushton sitúa en general un promedio global evolutivo (intelectual, social…) más alto para los Orientales, intermedio para los Blancos y más bajo para los de raza negra.

La pregunta que no queda resuelta es: ¿es un promedio estático? Evidentemente no debería ser así pues en tal caso los europeos y americanos medirían en altura lo mismo (promedio) que los Blancos de hace 5 siglos y no ha sido así.  Claro es fácil entonces decir que en la altura la raza ha aumentado el promedio por la mejora de las condiciones de vida y alimentación, etc., pero ¿tenemos cada raza un promedio intelectual determinado? Para Rushton así es y de esta manera los Orientales tenderán (es un promedio, no tiene en cuenta individualidades) a mantener un promedio de Cociente Intelectual más alto que los Blancos y estos a su vez más alto que los Negros sea el lugar donde se viva (al final sería una cuestión racial no ambiental) y aporta distintos estudios de gemelos bivitelinos (mellizos= fraternal twins) así como de adopciones trans-raciales, entre otros estudios, para apoyar esta idea utilizando, por ejemplo, el test de CI de Matrices Progresivas de Raven que no tiene influencia cultural.

Según esta Ley del Retroceso al Promedio si tus padres tiene un Cociente Intelectual mayor al que le corresponde por raza, entonces los hijos tenderán a disminuirlo y, al contrario, si lo tienen inferior los hijos tenderán a aumentarlo. Nos plantea diversas dudas ¿es que la evolución de 40.000 años en zonas localizadas planetarias ha creado un promedio inmutable? Si el promedio intelectual de los Orientales es superior al del resto de los habitantes del planeta ¿no han tenido tiempo en 40.000 años de hacerse con el dominio del todo planetario? Y otra pegunta ¿al final, en 1000 años más, por ejemplo, si sobrevivimos, con la planetocidad (planetización de la sociedad) se llegará a un cociente Intelectual promedio para toda la humanidad? y seguimos… ¿de eso va a depender el futuro de la humanidad?

Creo que puede ser demasiado fácil hacer esta asociación, que hace Rushton, según la cual cada Raza tiene un promedio intelectual diferente y por lo tanto los rendimientos escolares y también la creatividad estará más en relación evolutiva directa con la raza que con el desarrollo de capacidades intrasociales. No debemos confundir “inteligencia” con Cociente Intelectual. Un mejor Cociente Intelectual (instrumental) ayuda pero no asegura la creatividad humana. Evidentemente un bajo Cociente Intelectual, a partir de un límite, dificulta significativamente la creatividad humana pues aunque apareciera la inspiración creadora tendría gran imposibilidad de articular el sujeto el proceso de verificación de la misma.[2]

Muchas habilidades intelectuales no son detectadas en los test de Cociente Intelectual y además se detecta un incremento de los resultados de los test de inteligencia con el paso de los años debido a diversos efectos ambientales. A este fenómeno se le denomina Efecto Flynn . Para los interesados en este tema está bastante aceptable la información en Wikipedia sobre Cociente Intelectual que también referencia los diferentes problemas y polémicas (aquí)  .

Por ultimo traer a colación otra de las aportaciones de Rushton que es muy interesante: La teoría de la Historia de la vida r-K.

La denominada estrategia “r” significa ser muy activos sexualmente y tener mucha descendencia. Es una manera de supervivencia de la naturaleza: las tortugas pueden poner desde 50 a 400 huevos pues el 90 % son muchas veces destruidos por mapaches y distintas aves. Las ostras pueden poner hasta 500 millones de huevos anuales y los peces 8.000.

La teoría K significa tener menos descendientes pero con el padre y la madre proporcionándoles más cuidados: la pantera puede dar a luz dos veces al año y el gorila una vez al año.

El biólogo E.O Wilson (U. Harvard) fue el primero en utilizar el término Teoría de la Historia de Vida r-K aplicándolo a las plantas y a los animales y Rushton lo aplica a las razas humanas, señalando que los humanos es la especie más K de todas y algunos humanos son mejores estrategas K que otros.

Por lo tanto la estrategia “r” supone prole numerosa, poco cuidado paterno, reproducción sexual precoz, pubertad temprana, elevado esfuerzo reproductivo, características sexuales primarias y secundarias más desarrolladas, actitudes sexuales más permisivas, débil competencia, bajo altruismo… Y la estrategia K supone prole escasa, baja mortalidad infantil, mucho cuidado paterno, reproducción sexual tardía, volumen demográfico estable, fuerte competencia, organización social superior, elevado altruismo.

Como es de esperar Rushton considera que la raza oriental es la más K, la Blanca está en sitio intermedio y la Negra es la menos K.

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         Bertrand Russell en una de sus obras hace referencia al movimiento que existió a principios de siglo XX sobre la castración o apartamiento de las personas con alteraciones mentales o debilidad mental para que no afectara a la evolución de la sociedad. Estas ideas no solo fueron desbordantes en el caso del nazismo sino que también estuvieron presentes en EEUU y otros países que argumentaban sobre la necesidad de mantener cierta pureza genética social. Sobre esta cuestión recuerdo que ante toda la información que había en aquel momento a favor de esta postura (que era muy predominante) Russell comentó algo así como: “no podré ahora desarrollar muchos argumentos en contra de todo este movimientos sobre los enfermos mentales y débiles mentales pero sé en mi interior que no está bien” (parafraseado).

Algo parecido me ocurre con la obra de Rushton. La evidencia científica confirmará con el tiempo o rechazará su estructura teórica científica fundamental pero tal como la presenta con esas diferencias tan marcadas entre las razas dudo que sea correcto. Tampoco tengo las evidencias científicas para contrarrestar sus ideas al no ser antropólogo de profesión, pero la realidad del mundo y su heterogeneidad en el desarrollo personal me hace pensar que no podemos estar tan cosificados por una situación estructurada genéticamente condicionada por la raza.

Pero el tiempo dirá, al igual que le dio la razón a Russell, si el sentimiento sobre el ser humano y la realidad de su desarrollo es más polimorfo que por el contrario concausado tal como señala Rushton.

Al fin y al cabo como señala el propio Russell “Las controversias sobre los fines no pueden resolverse como las controversias científicas acudiendo a los hechos; deben resolverse procurando cambiar los sentimientos de los hombres”. [3] Esto parecería que quisiera zanjar el final con una bonita frase filosófica pero no es así. El fin evolutivo del ser humano como especie tendrá muchos contrapesos pero lo construido, lo creativo, los cambios geniales en la historia no se han producido concausados sino emergidos como un novum ante situaciones que muchas veces parecían enquistadas.

El patrón que utiliza Rushton nos parece muy interesante como referencia y siempre, seguro, algo de verdad hay en los análisis científicos de la realidad. Pero tal como el mundo está planetizándose multiculturalmente solo debemos darle un respiro al planeta sin que lo destruyamos y podamos vivir en él sin catástrofes humanitarias destructivas para que en poco tiempo, en 50, puede que en 100 años (tal como evoluciona todo a nivel exponencial) nos tengamos que plantear otra visión de los habitantes mucho más compleja que la concausalidad racial (hablar de 300 o 500 años es a día de hoy más que una ilusión, pura fantasía o ficción).

Pero de todas maneras lo fácil e inicuo es tras leer a un autor que utiliza métodos científicos para desarrollar sus hipótesis tacharlo de racista o que es un tema incomodo social. La ciencia no tiene incomodidades, plantea los hechos y los verifica o no.

Si alguien hace mediciones con un telescopio de la distancia de la tierra a la luna y le aparece que hay 10.000 kilómetros aunque haya hecho muy bien su medida otros científicos harán la medida y si era acertada es que los dos astros van a chocar y si ha fallado de nuevo la ciencia le dice que no.

La respuesta a los estudios que aportan datos científicos solo puede ser desde la misma ciencia (y en las referencias que he indicado a lo largo del texto se puede acceder a las polémicas entre los antropólogos sobre este tema).

Las conclusiones pueden ser en muchos casos diferentes pues solo puede que parte de la hipótesis se pueda comprobar y en otra parte surjan discrepancias.

Al fin y al cabo estamos midiendo fenómenos y el lema del fenomenólogo Husserl y su escuela era “a las cosas mismas”.

En ese lema está el valor de la obra de J. Philippe Rushton y a quien no le guste lo que dice que investigue así mismo científicamente “a las cosas mismas” y puede que encuentre otras. En esto consiste la dialéctica tesis-antítesis.

(Mis excusas si la exposición ha sido un poco larga pero el tema es para pensar y controvertir)

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[1] Raza, evolución y comportamiento. Es fácil encontrar múltiples resúmenes de la obra en internet, como por ejemplo https://qbitacora.wordpress.com/2008/01/10/jp-rushton-raza-evolucion-y-comportamiento-resumen/ y también otras muchas críticas favorables y desfavorables y emocionales.

[2] Para la creatividad es imprescindible la formación previa de la persona. Yo puedo tener un sueño que podría ser una gran revelación física pero no soy capaz de detectarlo ni identificarlo como tal al no tener conocimientos suficientes sobre física. Así es el ejemplo del Químico alemán Kekulé y su famoso sueño para descubrir la estructura química atómica del benceno (aquí). Pero aunque se inspiró en un sueño, como él bien dijo en una conferencia 25 años después de su famoso sueño:  “Aprendamos a soñar, caballeros, así podremos encontrar la verdad, pero guardémonos de publicar nuestros sueños hasta que han sido probados por entender el despertar”.

[3] Bertrand Russell. El poder en los hombres y en los pueblos. Editorial Losada, Buenos Aires, 1953

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EL HOMBRE Y LA TÉCNICA


Juan Rojo Moreno

         Georges Friedmann sociólogo francés publicó un libro con este título que nos hace reflexionar sobre realidades que siguen vigentes hoy en día aunque lo escribiese en 1966. [1]

Es especialmente interesante la obra de nuestro autor de referencia porque la escribe en un momento de transición en que estaba desarrollándose el cine, la televisión y las comunicaciones de una manera muy rápida y se plantea hasta donde nos ayudará la técnica para ser más felices o tener mejor calidad de vida. Ahora que ha pasado tiempo podemos valorar las interesantes aportaciones. Por ejemplo dice de la televisión “que pronto formará parte de la decoración cotidiana en Europa” y se plantea hasta donde nos pueden influenciar en nuestra libertad de elección o inducirnos en nuestras ideas.

Evidentemente, no nos lo planteamos ahora solo con la televisión ¿y con Internet y las redes sociales? ¿Cuánto han influido en la elección Presidencial norteamericana, en el Brexit, en las elecciones españolas? Quizá aún no somos conscientes de cómo pueden sesgar la información y orientar el mismo dato informativo de muy diversa manera. No tenemos más que ver las tertulias políticas que aparecen en un canal televisivo y en otro de diferente “orientación” para comprobarlo. Al final nos crean un cliché y nos abundan con frases repetidas que de tanto decirlas “los expertos” acabamos creyéndolas.

Bueno eso de los “expertos” es otro tema a considerar. Como señala Markus Gabriel: “La vida moderna… suponemos que es racional, que los fundamentos de nuestro orden social están respaldados por métodos científicos. Tenemos la impresión de que la sociedad en su conjunto está en manos de expertos: expertos en gestión, expertos científicos o expertos legales. Esta es la hipótesis ilusoria o ideológica que Weber llamó el “desencantamiento del mundo”. El desencantamiento es un proceso social consistente en que suponemos que el orden social es racional.”[2]

Otra cuestión es la velocidad con que vivimos, el mundo kinético tecnológico y tecnificado. La técnica nos ha dado más herramientas para acceder más rápidamente a la información (sobre todo desde que apareció Internet) para viajar más rápido (nuestros abuelos tardaban varios días en recorrer un trayecto de 100 kilómetros), para obtener comida rápida, para alcanzar muchos servicios casi instantáneamente… pero los trabajos “a ritmo” se han hecho muchas veces casi insoportables, la presión vital-laboral es en muchas ocasiones (o en la mayoría) en los países desarrollados un modelo de supervivencia. Como señala Friedmann: la civilización técnica no es una civilización del trabajo sino del consumo y el bienestar. Para un número muy elevado de individuos el trabajo ya no incluye “fines” que le sean propios sino que pasa a ser un medio de consumir, de satisfacer “necesidades” cada vez más extensas.

Señala nuestro autor que los pasos lógicos de pensamiento en los contemporáneos de Lutero (s. XV- XVI) no son los mismos que en los usuarios del cine, televisión, y ahora también Internet y redes sociales. Evidentemente el marco socio-cultural influía significativamente en esos pasos. Pero creo que ahora, en el fondo, los pasos son los mismos solo que nos movilizan los afectos, ponen a prueba nuestra inteligencia emocional para que creamos que somos nosotros los que realizamos solos esos “pasos lógicos” que nos convencen de lo bueno y acertado de nuestra postura o nuestra concepción del mundo y de la realidad. El final del proceso es un autoconvencimiento lógico, pero en medio se ha producido fundamentalmente un procedimiento emocional. Si no ¿cómo es posible oír tantas estupideces y contradicciones  a responsables institucionales que lo repiten una y otra vez? Porque lo que importa no es el mensaje lógico sino el emocional.

El ritmo vital, la velocidad, impregna todo, no solo a nivel laboral. Es curioso la mención que hace este autor a las comidas. Para muchos de los jóvenes o relativamente jóvenes que puedan leer esto pueden considerar normal comer rápido, a veces  “de pie sobre un trozo de mesa”, dice Friedmann, o alimentos precocinados, o conservas o en casa cada uno come a una hora distinta o en un lugar distinto. Hoy en día vemos toda esta variedad del comer. Y eso que “comer” proviene del latín com-edere que significa comer-con. Y ese “con” hace referencia a que no deberíamos comer solos: es un acto social.[3] Este sentido social-familiar de la comida era habitual  hasta hace 50 años.

Hacemos esfuerzo para adaptarnos a este nuevo mundo hiperconectado, cambiante constantemente “en plena evolución, rápida, imperiosa y caótica, que impone al hombre una superabundancia heterogénea de estímulos exteriores”. Y curiosamente, ante tanta conectividad y conocimiento de lo que pasa en todas partes del mundo era de pensar que las personas estarían cada vez más unidas, más empáticas y solidarias con la diversidad de desastres y desgracias humanas que ahora conocemos están constantemente aquí y acullá.

¿Realmente desde que Internet y las redes sociales  se han planetizado estamos más unidos? Solo hay que mirar lo que ha ocurrido en estos 20 primeros años del siglo XXI en Europa con el Brexit, en Italia con la migración, en EEUU con Trump, la ruptura de los tratados de libre comercio y de control armamentístico y la imposibilidad de que el planeta se ponga de acuerdo en un control climático, y en los países árabes que parecían una muralla irrompible… bueno y hasta ahora (y lo que dure) en REA de Hong Kong con sus protestas por la libertad o mejor por su “paréntesis de libertad”. Claro esto no ocurre en los países en donde la denominada “libertad de expresión” es válida mientras no vaya contra el establishment.

Quizá nuestra tecnificación, como señala Friedmann, se ha traducido en una forma de intelectualismo seco, descarnado, privado de contacto con la sensibilidad… pero deberíamos añadir: con una estrategia de sensibilización emocional que nos haga pensar en la “dirección” asistida y que además seamos nosotros los que creamos que hemos llegado a esa conclusión motu proprio.

Otro problema que plantea Friedmann es el de la adaptación social y laboral en los periodos de transición: “Durante este periodo los antiguos automatismos están en plena decadencia bajo los efectos de las trasformaciones del medio, que evoluciona a través de profundas conmociones económicas, técnicas, científicas y sociales. Están en decadencia porque ya no tienen ocasión de ejercerse, porque ya no son solicitados por el medio y, porque entre tanto, aún no han surgido otros automatismos para reemplazar  a los primeros”.

Ya en 1931 hubo una huelga de aguadores en Murcia (España). Los aguadores eran los que llevaban el agua desde las fuentes hasta las casas antes de que se canalizara el agua potable a los domicilios. A día de hoy evidentemente la adaptación a los avances hizo que desapareciera esa antigua profesión. En este sentido se pregunta Harari ¿Es necesaria la conciencia para conducir un taxis o para construir automóviles en una fábrica? ¿Las impresoras 3D harán mejor las casas que los albañiles, y más baratas? ¿Cuántos agentes comerciales y de viajes necesitamos si podemos organizarnos casi todos nuestros viajes usando teléfonos, programas inteligentes y algoritmos? Los humanos no mejorados serán completamente inútiles ¿qué hacer con toda la gente superflua que serán “económicamente inútiles?” [4]

Por su parte valorando los posibles efectos negativos del Big Data escribe Cathy O’Neil su libro Armas de Destrucción Matemática: “bienvenidos al lado oscuro del big-data”.[5]

¿Sabrán los recopiladores de datos-poder con el esperado, y no sé si tan absolutamente deseable 5G (luego vendrá 6G, 7G)  lo que desayuno y lo que compro en el supermercado? Ahora ya saben dónde estoy y por donde paso y si me paro a comer en algún restaurante. ¿Y todos los médicos, taxistas, farmacéuticos y personal de servicios varios subsistirán igual que hasta ahora?

El hombre se transforma en la medida en que nacen y envejecen las civilizaciones, dice Friedmann que también considera que “lo único cierto es que el hombre no permanece igual a sí mismo. El hombre cambia”. La verdad yo no estoy tan seguro de esto.

Cuando sí que es posible que se trasforme el hombre es cuando está de vacaciones. Las vacaciones pagadas es un invento reciente de 1936  ¿por qué necesitamos desconectar? ¿No se dice que “el trabajo dignifica al hombre”? (K. Marx) y hasta Dios puso al hombre a trabajar (Génesis 2,15) y el trabajo es “para la persona y no para el producto” decía el Papa Juan Pablo II. Con todo esto solo un 1% vuelve más feliz de las vacaciones que cuando se fue.

Al final de todo está la búsqueda de la felicidad, algo que a finales del siglo XVIII era una “idea nueva” en Europa según expresión de Saint-Just.

Hedonismo vs. esfuerzo, esa balanza tan difícil de equilibrar: “un rasgo significativo de la civilización técnica es que los medios de felicidad están disponibles, que la felicidad es teóricamente posible”. Pero con esfuerzo continuado como señalaba el filósofo y psiquiatra K Jaspers “Querer un humanismo futuro es consentir en penar sin fin para asimilar y dominar la técnica, un campo ilimitado abierto al esfuerzo humano”.[6]

¿Todo lo que es eficaz es también bueno para el hombre y contribuye a su “buena vida”?

 termina preguntándose nuestro autor de referencia.

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[1] Georges Friedmann. El hombre y la Técnica. .Editorial Ariel, 1970 (primera edición francés 1966). Es una recopilación de varios estudios previos desde 1942 hasta 1963 y alguno inédito.

[2]   Markus Gabriel. Por qué el mundo no existe. Editorial Pasado y Presente (2019) (primera edición en alemán 2015)

[3] Etimología de comer: http://etimologias.dechile.net/?comer

[4] Yuval Noah Harari. Homo Deus. Breve historia del mañana. Editorial Debate, 2016.

[5] Cathy O’Neil.  Armas de destrucción matemática. Cómo el big data aumenta la desigualdad y amenaza la democracia. Capitán Swing, 2018

[6] K. Jaspers. Pour un nouvel humanisme, (Conditions et possibilités d’un nouvel humanisme).Neuchâtel, La Baconnière, 1949

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HACIA LA SALUD TOTAL


Juan Rojo Moreno

         Ramón Marqués, médico profundamente comprometido con el conocimiento profundo del ser humano y de sus enfermedades, publicó en 1997 un libro denominado Psicología Perenne que aunque pareciera que se trata de una obra psicológica realmente está en la línea del transhumanismo o de la comprensión del ser humano más allá de lo material, acercándose a la búsqueda de la comprensión total a partir del mundo cuántico.[1]

Ya señalaba Sonia Fernández Vidal [2] :  “No solo los humanos están preparados para conocer el camino cuántico y ampliar su conciencia, sino que dependen de ello para no acabar autodestruyéndose, por eso es esencial romper el sello que mantiene alejados a los humanos de este mundo y conocimiento. Hay que restablecer el equilibrio entre el mundo clásico y el universo cuántico y así se desarrollará la inteligencia cuántica”. Para ir a donde no se sabe hay que ir por donde no se sabe (San Juan de la Cruz).[3]

Ramón Marqués en su entendimiento de la “salud total” y la comprensión, por lo tanto, del todo unitivo humano sigue los pasos que ya explicaron los físicos David Peat y David Bohm sobre los tres niveles: 1- el material de las partículas, 2- el nivel subatómico o cuántico y 3- el “orden primario” o tercer nivel de sentido. Y además que entre los tres niveles ha de haber una conexión e influencia que se nos escapa a nuestro conocimiento actual. Sobre esto ya hablé en el artículo sobre “sincronicidad” (aquí) .

En esta línea señala Marqués cómo el actual paradigma científico ha hecho posible todo el progreso técnico del que disfrutamos pero su aspecto negativo es que se ha centrado en la cara observable de la realidad, en lo que se puede medir, y  lo que no entra en su paradigma ha dado la impresión de que no existía.

Pero ya lo decía Moeller “el misterio no es lo paradójico… ni impreciso o incognoscible o impensable; es, por el contrario, una realidad que tiene una razón positiva para no manifestarse en una presencia objetiva”. [4]

Ya hoy sabemos que lo que denominarnos el “vacío” es una realidad muy llena. El mundo subatómico, cuántico, es un mundo de ondas, de vibraciones (solo cuando el observador con conciencia observa el mundo cuántico se produce el colapso del sistema onda y aparecen las partículas) con otros parámetros espacio-temporales. En las mismas neuronas este mundo cuántico, con otro parámetro temporal y otro sentido, está “debajo y dentro” de ellas y de las sinapsis, aunque no sepamos cómo actúa efectivamente: ¿no será también un camino-mensajero hacia un nivel aún más complejo de orden y sentido que sin darnos cuenta nos está informando en nosotros mismos (desde el sentido y desde nosotros mismos)?

Ramón Marqués lo expresa diciendo: “he comprendido que detrás de la materia y detrás del campo vibracional existe el campo puro… formando un continuum inseparable, la materia no puede existir sin lo vibracional y lo vibracional no puede existir sin el campo puro”. El mundo es una realidad vibracional que nuestra conciencia hace tridimensional, señala Marqués.[5]

Las partículas subatómicas desaparecen y aparecen pero no van a “la nada” sino que también van y vienen del futuro: así, actualmente un antielectrón (llamado positrón) ya no se explica como un hueco en un mar de electrones inobservables sino más bien como un electrón de energía negativa que se propaga hacia atrás en el tiempo (propuesta de Feynman).

Y así Borja Peropadre y los investigadores del Instituto de Física Fundamental del CSIC, en su trabajo que se publicó en la revista Physical Review Letters,  aprovechado la tecnología de circuitos superconductores y haciendo interaccionar fuertemente dos átomos P (pasado) y F (futuro) con el vacío de un campo cuántico en distintos instantes de tiempo, han encontrado que P y F acaban fuertemente entrelazados. “Gracias a las fluctuaciones, es posible hacer que el vacío esté entrelazado en el tiempo. Es decir, el vacío que hay ahora y el que habrá en un instante de tiempo posterior, presentan fuertes correlaciones cuánticas”. “Es importante señalar que no sólo es que los átomos no hayan interaccionado entre ellos, sino que en un mundo clásico, ni siquiera sabrían de su existencia mutua”, comentan los investigadores.

Esta conexión a través del tiempo se podría emplear en el futuro como memoria cuántica: “Codificando el estado de un átomo P en el vacío de un campo cuántico, podremos recuperarlo pasado un tiempo, en el átomo F. Esa información de P, que está siendo ‘memorizada’ por el vacío, será transferida después al átomo F sin pérdida de información”, ha concluido Peropadre.

Y en esta línea, señala Marqués, hay que reconocer la validez de la intuición, sea de los grandes conocimientos intuidos universales, sea de las más modestas intuiciones de cada uno, cuya consciencia es una ventana abierta al “vacío”.

Y de forma semejante se expresa Sonia Fernández: “El camino de la verdad: un laberinto se interpone ante el conocimiento de la verdad. El laberinto se transforma constantemente. Cómo saber qué camino seguir ¡aquí solo sirve la intuición!”.

El procedimiento científico -señala Marqués- debe aprovechar los métodos intuitivos y las capacidades intuitivas evaluando incluso sus posibilidades estadísticamente como algo que hay que considerar conjuntamente con el método clásico de la información, lógica y raciocinio.

Porque a nivel humano Marqués, al igual que Bohm o Peat, considera “que todo el orden e inteligencia precisa de lo que está en el mundo sutil vibracional y del campo que es su base”.

Resumiendo, para Marqués tenemos:

1- Una realidad material basada en el fenómeno partícula (propiedades corpusculares).

2- Una realidad vibracional basada en el fenómeno onda (propiedades vibratorias).

3- Una realidad más allá de lo vibracional basada en el fenómeno campo (propiedades de campo).

Y por lo tanto se hace imprescindible considerar un orden que provenga no solamente de cada parte hacia el todo, sino también del todo hacia cada una de las partes.[6]

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Entender la “salud total”, más allá de solamente la salud física o mental, ha sido una aspiración que el evolucionismo humano del tipo Transhumanismo propone como algo alcanzable mediante un “salto evolutivo”. Pero sin adherirse explícitamente a esta concepción originada por Julian Huxley, y que en el caso de Hawking considera que ha de ser mediante potenciación electrocerebral, en el caso de Ramón Marqués se apoya al igual que otros muchos autores en las aportaciones de David Bohm, David Peat o del caólogo Ilya Prigogine. Al final nuestro autor de referencia (R. Marqués) no define ni dedica capitulo alguno a la “salud total” pero da a entender que el equilibrio de estos tres niveles (corpuscular, vibracional y de campo puro) es el factor fundamental de la salud. Plantea unos capítulos sobre depresión, neurosis o psicosomática basados fundamentalmente en la alteración de la “energía psíquica”.

Yo me he adherido (en las referencias que he puesto) y me adhiero al cuerpo fundamental de su concepción. Lo vemos en las curaciones de los enfermos psíquicos que muchas veces no sabemos cómo se producen cuando profundizamos más  (y un segundo más) y tampoco sabemos por qué no se producen otras curaciones que tratamos aparentemente (eso es, aparentemente, corpuscularmente) de la misma manera. No somos capaces de identificar, conocer  y aprovechar o mejorar los caminos de estos tres niveles entrelazados en lo unitivo, pues al fin y al cabo ascendente y descendentemente son una misma cosa.

Y no solo ocurre en psiquiatría, ocurre en medicina general cuando cualquier profesional se sorprende de lo inesperado de una curación o del fracaso de otro paciente que se esperaba buena respuesta al tratamiento.

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[1] Ramón Marqués. Psicología Perenne. Ediciones Indigo, 1997.

[2] Sonia Fernández Vidal. La puerta de los tres cerrojos. Edita La Galera (Narrativa Singular), 2011

[3] El nombre de Psicología Perenne se debe a Ken Wilber, 1975.

San Juan de la Cruz  escribe:

Yo no supe dónde estaba,

pero cuando allí me vi,

sin saber dónde estaba,

grandes cosas entendí;

No diré lo que sentí,

que me quedé no sabiendo,

toda sciencia transcendiendo.

[4] Moeller Ch. Literatura del siglo XX y Cristianismo (T. IV) Gredos , Madrid, 1960

[5] La tridimensional es la única forma en la que se puede dar la vida, como explica Hawking, pues las leyes físicas no permitirían un desarrollo de la vida en un mundo bidimensional ni en uno cuatridimensional (por lo menos en nuestro universo). Pero esto es para el mundo macro, en el cuántico (segundo nivel) y en un presumible tercer nivel no hay espacio ni tiempo como en el primero (macro- partículas).

[6] Y para quien tenga interés en el Mundo Cuántico, resulta que incluso los “saltos cuánticos” no son instantáneos parecen tener cierta continuidad y es posible predecirlos

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LA DIGNIDAD DEL ENFERMO MENTAL


Juan Rojo Moreno

El problema del estigma en ciertas enfermedades ha sido reconocido desde muy antiguo. El término estigma, fue definido por el sociólogo canadiense Erving Goffman en 1963 y se refiere a una condición, atributo, rasgo o comportamiento que hace que su portador sea incluido en una categoría social, hacia cuyos miembros se genera una respuesta negativa y se les ve culturalmente, inaceptables o inferiores.

En su obra llamada Stigma (1963) Goffman define el estigma como el proceso en el cual la reacción de los demás estropea la “identidad normal”.​ Goffman reconoce fundamentalmente tres motivos de estigmatización:

  1. la imposición de una enfermedad mental (o la experiencia del diagnóstico psiquiátrico).
  2. una forma de deformidad o una diferenciación no deseada.
  3. la asociación a una determinada raza, creencia o religión (o ausencia de ésta).

Podemos recordar lo que ocurría antiguamente con los que padecían lepra que eran excluidos de cualquier contacto humano y obligados a llevar aparatos ruidosos que informaran a la población de su cercanía para alejarse o agredirles. Un gran avance histórico se produce cuando el Padre Jofré  crea en 1409, con ayuda del arzobispado y de donaciones particulares, en Valencia, un hospital para “locos e inocentes”, siendo la primera institución en la historia en la que los enfermos mentales y discapacitados eran ayudados, no para proteger a la población de ellos sino a ellos de la población.

Otras enfermedades que han originado fácil estigma y de las que se habla menos que del estigma de la enfermedad mental pero son en ocasiones muy excluyentes han sido la psoriasis , el acné (aquí)  y el vitíligo o el lupus .

Los proyectos contra el estigma, señala A. Ortiz[1], conllevan acciones que atenúan el miedo de la población pero no restituyen el respeto de la persona ni su dignidad. Algunos foros en los que se proponen su participación continúan situando a la persona con enfermedad mental en un escenario en el que es observada como un espécimen exótico.

Unas y otra vez se hacen pantomimas del enfermo con discapacidad, incluso por personalidades de gran relieve social o político, siendo esto no solo lamentable sino especialmente cruel y dañino para la dignidad del enfermo mental o del discapacitado por su relevancia internacional. Cómo no recordar al Presidente de EEUU cuando en las Primarias se mofaba de un discapacitado periodista (video aquí )   o  en la película acerca  del Premio Nobel de Física John Forbes Nash cuando los estudiantes de la universidad detrás de él se mofan de su manera de andar, y así encontraríamos un largo etcétera.

Como señala Etxeberría (2008): la dignidad de la persona con enfermedad mental reclama su reconocimiento como persona digna.[2]

Hemos ido cambiando las denominaciones: antiguamente eran los locos, luego ya son los enfermos mentales y si apuramos más aún ahora son los usuarios de los servicios. Pero si solo los clasificamos con un diagnóstico,  sobre todo si es DSM o CIE, que tiende poco a escuchar el significado que la enfermedad tiene para el paciente, entonces seguimos teniendo dificultades para evaluar el impacto que la enfermedad y su diagnóstico tiene para él como persona, que ha de estar normalizada en la sociedad. No  solo integrada sino normalizada.

Podemos creer que para la sociedad solo los diagnósticos como psicosis o esquizofrenia son estigmatizantes pero no es así. Solo tenemos que oír a profesionales que trabajan en distintos campos y empresas en los que antes tienen que tomarse una baja laboral por dolor de espalda que por ansiedad. No les está “permitido” ese diagnóstico de ansiedad (menos aún el de depresión) si no quieren ser rebajados en sus puestos de trabajo. Ya no digo en los altos cargos directivos en los que dada su supuesta integridad psíquica cualquier diagnostico psiquiátrico tendría consecuencias nefastas.

Además los propios profesionales de la salud tenemos que integrar de forma gen-ética (asumida hasta nuestra profundidad interior) el trato digno y humano de las personas con cualquier tipo de discapacidad y tenemos que “digerir e integrar” en nuestro cuerpo emocional otras disciplinas afines como son el humanismo y la antropología para no convertirnos solo en científicos de las clasificaciones diagnósticas y del trato categorizado de los usuarios.

Y no es filosofía, es práctica clínica que como señala A. Ortiz: “para evitar la iatrogenia derivada de las prácticas excluyentes es fundamental crear oportunidades de encuentro entre la mayoría y la minoría… que diluya la experiencia “nosotros-ellos” en un “nosotros global” […] y la práctica clínica no puede constituir una ciencia porque la medicina carece de reglas que puedan ser aplicadas de forma generalizada e incondicional a cada caso”.

Personas inteligentes, personas con poder físico, instrumental o armamentístico, se consideran más dignas que otras personas con discapacidad. Parten del execrable error de creer que la dignidad se la confieren ellos mismo por su poder o inteligencia. La dignidad es una cualidad  de la persona que lleva unido el valor profundo del respeto.

La dignidad implica el reconocimiento de la condición humana y el respeto. ¿Acaso no tiene dignidad humana un discapacitado profundo?

La dignidad no hay que dársela al enfermo mental, es un derecho de él, que es digno, y debe ser obligatoriamente considerado como una persona digna.

Puede ser que por soberbia y prepotencia algunos intelectuales y algunos “poderosos” fuesen, -quizá por sus acciones y por su concepción de qué es el mundo y qué son los otros humanos-,  menos dignos de pertenecer a nuestra especie humana que el más afectado de los denominados “handicapped person”.

Pues como dice Hawking “nuestra especie humana no tiene un gran historial en comportamiento inteligente, pequeños hombres verdes podrían haberlo hecho mejor que nosotros”.[3]

Cierto, si en cuanto a dignidad se refiere podemos parafrasear a Gabriel Marcel: el hombre sigue siendo a pesar de sus avances científicos y tecnológicos un lobo en su lucha del hombre contra lo humano.[4]

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Solo un apunte final. El cuidado y la atención hacia la dignidad del ser humano y especialmente de los discapacitados y de los más desfavorecidos es cuestión de todos y de todas las perspectivas que la humanidad tenga. No me interesan especialmente los abanderados ideologizados que en nombre de “la dignidad” lo que hacen no es aportar ideas sino ideologías, no me interesa que solo se diga que en la “práctica asistencial se ha de situar la ética delante de la tecnología”.

Adelantemos en el siglo XXI y tanto la ética, la tecnología, la ciencia, la medicina basada en la evidencia, los sistemas clasificatorios DSM y CIE y todos los que se ocupan del enfermo psíquico, considerémoslos que deben ser incluyentes. Solo las ideologías excluyen a unos frente a otros.

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[1] Alberto Ortiz Lobo. Hacia una psiquiatría critica. Grupo 5, 2013

[2] Etxeberría Mauleon, X (2008) Perspectiva ética de la práctica de rehabilitación psicosocial. Norte de Salud Mental, 32: 31-36, 2008

[3] Stephen Hawking. Breves respuestas a las grandes preguntas. Editorial crítica, 2018

[4] En 1951 Gabriel Marcel reúne una serie de artículos y publica un libro: “El hombre contra lo humano”. Ya anteriormente el comediógrafo latino Plauto (250-184 a. de C.) dijo “Lobo es el hombre para el hombre” (en latín lupus est homo homini) que es una frase célebre extraída de su obra dramática Asinaria y que sería popularizada por el filósofo inglés del siglo XVIII Thomas Hobbes en su obra El Leviatán (1651). Hobbes escribiría “el hombre es un lobo para el hombre” (en latín homo homini lupus) para referirse a que el estado natural del hombre lleva a una la lucha continua contra su prójimo.

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EL PÁNICO Y LA SALUD


Juan Rojo Moreno

         El dios Pan es un dios de los pastores en la mitología griega (en la romana Fauno) pero es al mismo tiempo dios de las brisas del atardecer y amanecer, dios de la fertilidad y sexualidad y al mismo tiempo terrible y brutal con las personas que entraban en sus terrenos. Parte dios, parte animal, parte algo demoníaco, se relacionó con el temor y de ahí la palabra pánico.

Pilar Pedraza en su novela Pánikas [1] nos introduce en una situación en la que se une lo habitual y algo de costumbrismo junto a lo que nos desborda, lo psicótico y lo que nos da pánico. Como señala en el prólogo que hace de la obra Luis Pérez Ochando: “el título original de esta novela era, de hecho, `Surfeo en el infierno´ y en ésta se encuentra tanto el paraíso, la carne y el infierno… es una novela del cuerpo, un diario de la enfermedad, un cambio de un viaje iniciático… Pedraza busca los sagrado en las afecciones del cerebro, en los desequilibrios neuronales, en los fogonazos y apagones que tienen lugar dentro de nuestro cráneo”.

La obra de Pilar Pedraza nos sirve como referencia para plantearnos el modo de vida, nuestro modo cultural no como estructura sino como ser neurocultural que somos. La enfermedad psíquica puede originar una importante ruptura con el sentido que tenemos de la vida, pero también puede permitir al recuperarnos un perspectivismo del sentido del mundo en que nos encontramos inmersos. Como señala Sofía, la protagonista de Pánikas, al recuperarse: “tenía un corazón como todo el mundo… y era capaz de experimentar lo que es común a todos”.

La vivencia de normalidad es muy importante, en ese sentirse participe del sentido común o mejor comunitario (porque lo de sentido-común puede ser más complicado) pero si analizamos el contraste entre el enfermo psíquico que se encuentra preso, aherrojado,  por su biología alterada y el  sano al que supuestamente la biología le permite la libertad neurocultural vemos que no todo es tan claro.

Nuestra cultura “sana” es pánica: sensual y sexualizada, parte humana noble y bondadosa y parte animal que, como dice Sofía: “era profesora de literatura griega en un departamento universitario donde cada cual pugnaba por hacer infelices a los demás”. La parte animal del ser humano sigue siendo primitiva, intransigente, violentadora y egoísta de su terruño, de su espacio, de sus dominios, como el dios Pan.

Tenemos pánico a la enfermedad, al futuro, a que se destruya el planeta de un momento a otro, a quedarnos sin trabajo, sin casa, sin juventud sin…sin… pero ¡cómo podemos sobrevivir así sin echar a correr!, sin huir, aunque el deseo sea más de una vez de “dejarlo todo”, irse un fin de semana, una vacaciones… y “desconectar de todo”. ¿Cómo podemos sanamente sobrevivir?

Posiblemente ayuda estar solo en el “acto”, en la sociedad kinética que no te permite parar. Como dice L. Abad Carretero en relación con este tipo de sociedad: “Esta cultura no es de unos cuantos sino que es de todos y no se ordena por la idea sino por la emoción y el sentimiento” (aquí).

Lo divino y  lo demoniaco, lo sagrado y lo mundano conviven en nosotros y solo la revolución científica nos ha dado la esperanza y la ilusión de que actuando, moviéndonos y con lo “objetivo” y demostrable a la vista tenemos en nuestras manos el Ser de la realidad.

Pero en nuestra evolución cultural otros dioses-demonios han configurado nuestra historia. Así, por ejemplo, Abraxas, que fue considerado el  dios supremo de los gnósticos, y del cual dice Herman Hesse: “delicia y espanto, hombre y mujer mezclados, lo más santo y lo más nefasto unidos, honda culpa palpitante bajo la más tierna inocencia; así era mi sueño de amor y así era Abraxas” (sobre abraxas escribí aquí).

Cuando tomamos conciencia del contacto con lo más profundo de nosotros nos asombramos de lo que somos. Ya C. G Jung cuando trataba a enfermos psíquicos realizaba con ellos un “proceso de individuación” que significaba  en primer lugar contactar y tomar conciencia de nuestra máscara que tenemos ante los demás y el mundo (pero que no es el todo de nosotros), en segundo lugar contactar con nuestro inconsciente individual (que denominó Sombra) en donde está todo lo que desechamos y consideramos horrible, falaz y reprobable pero que también somos nosotros y, en tercer lugar, el contacto con nuestra parte sexual complementaria (animus o anima) y con los arquetipos de luminosidad y grandeza (arquetipos luz y místicos). Todo  asombrosamente en uno, lo más cósmico y lo más mundano.

Este “asombro” también lo denota Pedraza en su novela cuando la protagonista contacta en sus visiones con el dios Pan: “no tuve miedo ni angustia, únicamente un maravilloso asombro… me sentí completa, entera, perfecta… pero (Pan) abrió los ojos y se clavaron en mi con la pupilas diabólicas y siniestras… y emprendí una carrera enloquecida en pleno pánico… había despertado en mí deseo y terror pánico”.

¡Cuánto miedo tenemos realmente a conocernos a nosotros mismos!

 Ese conócete a ti mismo suele conformarse con el conocimiento superficial, el de la conciencia del sí, que no admite, sino a regañadientes, lo perverso que todos tenemos, que no admite que la evolución del uno mismo no es solo por caminos “objetivos” o conscientes y deseables.

Nuestra sociedad se conforma repudiando a los malvados, a los que hacen crímenes y agresiones brutas, pero no siempre sus componentes -el ser humano neurocultural- se plantea que muchos de esos instintos gravosos están en ellos mismos aún sin digerir, solo aplacados. Como me decía un profesional de la conducción, si él pudiera arreglaría el tráfico de la ciudad con un lanzallamas quemando a todos los que aparcaran en segunda fila. No sé cuánto podía ser en broma pero seguro que si pudiera, si la estructura lo dejara por un día, lo haría. En la película distópica “The Purgue” se plantea esto .

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El dios Pan no ha muerto, titula Pilar Pedraza el último de los capítulos de su novela Pánikas. Y en nuestra cultura kinética sobre esto quizá sea necesario también reflexionar.

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[1] Pilar Pedraza. Pánikas. Ediciones El Transbordador, 2019. Nos va a servir como cifra de referencia pero no hacemos un resumen de la misma, solo extraemos algunas referencias que nos sirven a nuestro propósito. Recomendamos la lectura de la obra original.

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EL EFECTO PLACEBO Y NOCEBO


Juan Rojo Moreno

El efecto placebo hace referencia a los cambios favorables originados en los síntomas de una enfermedad cuando se administra una “sustancia inerte”. Pero es algo más que eso y como indican Kaptchuck y Miller (2015) debe entenderse mejor como “las mejoras en los síntomas de un paciente que pueden atribuirse a su participación en el encuentro terapéutico, con sus rituales, símbolos e interacciones”.

Th. Chivers define por primera vez el efecto placebo (The Lancet 1920): “los efectos placebo de los fármacos surgen cuando parece haberse producido un efecto psicoterapéutico real”.

Y esto es así porque cuando damos un placebo (por ejemplo una capsula vacía o que tiene solo azúcar o una sustancia sin actividad) no es solo “dar la capsula” o poner la inyección analgésica para el dolor (aunque solo tenga agua destilada) sino que previamente el sujeto ha de conocer qué es un analgésico, conocer el ritual de qué es una inyección y esperar algo positivo de la supuesta medicación que se le está dando.

Este campo lo estudia magníficamente J. Toro Trallero en su obra Placebos, fármacos y psicoterapias. [1]

Cuatro  son las cuestiones fundamentales que se han planteado en relación con el placebo, de las cuales tres de ellas están más o menos  en vía de conocimientos, no así la cuarta.

Primero

El efecto placebo existe en prácticamente todas las actividades terapéuticas ya sea con psicofármacos, psicoterápicas o en las múltiples denominadas terapias alternativas.

En muchos casos ha servido para descartar el posible efecto “terapéutico” de alguna actividad supuestamente sanadora. Es muy ilustrativo el trabajo de Diamond (1960)[2] en pacientes con angina de pecho cuando se hace una falsa cirugía con anestesia local, incisión torácica y arteria mamaria expuesta pero sin ligarla consiguieron mejoría en un 83% de los casos frente a un 73% cuando sí se produjo la ligadura de la arteria. Esto condujo a eliminar la ligadura de la arteria mamaria en esta enfermedad.

Pero lo importante es entender que para que se produjera el efecto placebo era necesaria toda la parafernalia de preparación para la intervención, anestesia incisión quirúrgica, quirófano, etc. ¿Habría ocurrido esto igual si se realiza por primera vez a un aborigen de las amazonas que no conoce ni tiene asimilado todo el simbolismo preparatorio quirúrgico?

Muchos medicamentos se han quedado sin alcanzar su comercialización al no superar, en los ensayos clínicos doble ciego, de manera significativa al placebo. En los ensayos a doble ciego el propio investigador no sabe si está dando al paciente un principio activo (medicamento) o un placebo y se escogen al azar los pacientes a los que se les da las “sustancias”.

Porque si el propio investigador sabe que está dando un placebo o una sustancia activa ya con su actitud o lenguaje paraverbal se ha demostrado que influye en los resultados.

Que el efecto placebo influye en la psicoterapia es evidente pues la propia relación terapeuta-paciente ya actúa según las características de efecto placebo, también en la acupuntura (en la que se han realizado estudios usándola como falsa acupuntura, sin atravesar la piel del paciente, frente a la acupuntura que sí la atraviesa).

Otro trabajo interesante (Kaptchuk, 2006) que cita J. Toro (2019) es cuando en 270 pacientes con dolor grave se trataron la mitad de ellos con comprimidos para tratar el dolor y la otra mitad con acupuntura y resultó que mejoraron más los que se trataron con acupuntura que los que tomaron  medicación antiálgica, pareciendo probar la mayor eficacia ante el dolor de la acupuntura. Pero no fue así pues los comprimidos supuestamente analgésicos estaban hechos de harina de maíz y las agujas de acupuntura eran falsas, replegables, que en ningún momento perforaban la piel.

Hasta prácticamente el siglo XIX el efecto placebo era muy predominante en toda la farmacopea y aún hoy en día son billones de dólares o euros los que se siguen gastando para aprovechar, más o menos inconscientemente, más o menos interesadamente, este efecto por amplios sectores de la población.

Por ejemplo hasta el siglo XIX fue considerada una panacea universal la denominada Triaca que “era un preparado polifármaco compuesto por varios ingredientes distintos (en ocasiones más de 70) de origen vegetal, mineral o animal, incluyendo opio y en ocasiones carne de víbora”, también se usaron las duchas frías, las sanguijuelas etc. pero en este siglo XXI también se propone el ‘Sungazing’ que es la técnica de mirar al sol para “curar cuerpo y mente”.

Hoy en día gracias a los ensayos controlados con placebo se conoce mucho más sobre esta cuestión, pero como señala J. Toro (2019): “las repercusiones clínicas del placebo suelen tolerarse como un ruido molesto necesario… y la mirada que se le dirige suele se desdeñosa. Con ello se renuncia de algún modo a aprovechar el notable potencial terapéutico del placebo…”

Segundo.

¿Mediante qué mecanismos actúa el efecto placebo?

         Para que funcione el efecto placebo es necesario que haya una expectativa de mejora y también un “ritual de acto terapéutico” del cual señala J. Toro: “los elementos más relevantes son los médicos y las enfermeras, cómo tratan al paciente, cómo y qué le dicen y cómo le informan”.

Pero también va a ser especialmente significativo el tiempo de dedicación al paciente, siendo que en numerosas ocasiones he hablado e insistido que para un buen diagnóstico y un tratamiento más personalizado no solo es necesaria la técnica y las pruebas sino dedicarle tiempo a las visitas y tener tiempo para individualizar el enfermo y su enfermedad. Pues resulta que también es importante este tiempo para el efecto placebo.

Las llamadas medicinas alternativas se basan fundamentalmente en aspectos de esta índole: ambientes agradables, escuchar al paciente, atender sus preocupaciones y lo que es muy importante, señala J. Toro: “reduciendo la ansiedad. Para actuar así sin duda es preciso disponer de tiempo, un tiempo del que no siempre se dispone en la práctica médica media usual”. Datos de Alemania (Queen et al. 2013), duración en minutos de una consulta/visita usual de diferentes “especialistas”: Homeópatas 60, Quiroprácticos 30, Herbolarios 20, Médicos Generales 8, Psiquiatras (primeras visitas) 60-90, Psiquiatras (seguimientos) 20-30.[3]

Y todo esto ¿qué cambios origina en el organismo y en el cerebro?

Se han realizado múltiples estudios para valorar sobre qué sistemas actúa el efecto placebo pues si mejoran síntomas ha de poner “en marcha” sistemas biológicos o incluso expresiones génicas determinadas.

Así, para resumir, se ha relacionado su acción sobre el dolor con la activación del sistema endorfínico (sistema opiáceo endógeno), sobre el Parkinson mejorando la dopamina, sobre la depresión y ansiedad actuando sobre diferentes áreas cerebrales y expresiones genómicas y sobre el sistema inmune actuando sobre algunos mediadores de la inmunidad, y un largo etc.

En psiquiatría el efecto placebo puede llegar a ser de hasta el 30% en depresión, ansiedad o trastorno por estrés postraumático, pero es muy bajo en caso de TOC o Psicosis.

Tercero.

El efecto Nocebo

Es un apartado muy interesante que desarrolla J. Toro (2019) en nuestra obra de referencia. Casi no hablamos de ese efecto, sino mucho más del placebo, pero, evidentemente, si podemos producir mediante una acción contextual-simbólica un efecto positivo en pacientes basándonos en la relación terapeuta-paciente, según las esperanzas del paciente… igualmente se pueden producir efectos perjudiciales si el signo de esa relación y del contexto es negativo. Entre el 4 y el 25 % de los pacientes asignados  en las investigaciones al efecto placebo abandonan el ensayo a causa de los efectos negativos que han tenido (Kaptchuk y Miller, 2015).

Y todos los médicos solemos tener la experiencia de la aparición de efectos secundarios en pacientes con dosis tan bajas que hace “casi” imposible que se tenga tanta sensibilidad, en algunos casos notan las molestias nada más tragar el medicamento cundo éste aún no ha podido apenas llegar al estómago.

Recuerdo un paciente que tomando para dormir un medicamento en gotas notaba tanta somnolencia por las mañanas que ya me llamó cuando seguía notándola incluso tomando “media gota”. En este caso ante tanta sensibilidad le ofrecí un medicamento que no tenía apenas ningún efecto secundario, pero también le originó somnolencia invalidante a la mañana siguiente de tomarlo. Tuve que explicarle que lo que le había prescrito fue un placebo.

Cuarto.

Lo que no sabemos

Ciertamente como señala T. Kaptchuk (citado J. Toro 2019) se está descubriendo el cableado del efecto placebo y por lo tanto cómo éste modifica la neurobiología.

Pero lo que aún no somos capaces de vislumbrar es cómo podemos manejar éste efecto placebo más allá que sea en cierto modo una parte del arte médico terapéutico. Me contaba una paciente que un familiar suyo (por lo tanto no tengo el relato directo) que había sido tratada correctamente con quimioterapia, una vez finalizado el tratamiento sufría unos efectos secundarios que los médicos no conseguían mejorar y que fue a un Homeópata y se los mejoró significativamente. Aunque le comenté el efecto placebo, el convencimiento ante “la realidad de lo que había visto de mejoría en su familiar” hacía que de todas maneras creyese en esa propuesta.

Yo quisiera que la medicina científica y la llamada de la evidencia o la ciencia médica en general fuera capaz de saber manejar ese efecto sin necesidad de tener que acudir a un homeópata o a otra asistencia alternativa cuando de enfermedades se trata.

Estamos conociendo el cableado del efecto placebo, dice el gran conocedor del tema Ted Kaptchuk, pero lo que también necesitamos conocer es cómo producir intencionadamente y científicamente ese efecto.

Ante una verruga común que está originada por el virus del papiloma humano señala Lewis Thomas “si mi inconsciente es capaz de manipular los mecanismos necesarios para esquivar un virus (caso de las verrugas) y para desplegar todas las diversas células en el orden correcto para rechazar el tejido, entonces lo único que tengo que decir es que mi inconsciente está mucho más adelantado que yo”. No nos basta lo que señala la Academia Española de Dermatología y Venereología y la Academia Americana de Dermatología: “…además, la propia disposición psicológica tiene un gran peso en la curación (de las verrugas), tirando por traste también el supuesto buen hacer de los remedios [caseros].[4]

Queremos saber cómo poner en marcha esa capacidad que está “más adelantada” de lo que yo conscientemente soy capaz de hacer.

Es necesario conocer el “cableado” del fenómeno placebo y nocebo, pero al igual que con el cableado eléctrico bien estará que sepamos además cómo producir electricidad y no solo esperar a  que un rayo, metafóricamente hablando, ilumine el fenómeno en sí.

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[1] Josep Toro Trallero. Placebos, fármacos y psicoterapias. Editorial Pirámide, 2019. Es nuestra obra cifra de referencia pero no hacemos un resumen de la misma sino que solo extraemos algunas referencias que nos sirven a nuestro propósito. Recomendamos la lectura de la obra original.

[2] Diamond et al, 1960, Cobb et al, 1959, citado por J. Toro, obra de referencia

[3] Las condiciones laborales de los profesionales de la salud influyen mucho en el tipo de asistencia que se da. Aquí protestas para que al menos se tengan 10 minutos para atención al paciente en atención primaria   y aquí los médicos de Canadá protestan porque ganan mucho dinero

[4] http://elmedicointeractivo.com/mayoria-verrugas-comunes-desaparecen-solas-anhos-20110820002751060796/

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