PSICOGEOMETRÍA Y CIENCIA


Juan Rojo Moreno

          A veces son útiles, y otras no, las recomendaciones que en redes sociales compañeros o amigos te hacen de un libro. Me recomendaron un libro sobre psicogeometría y vi interesante el título y el resumen.

No le voy a poner pegas a un contenido bien estructurado, pensado y del que los autores tienen amplia experiencia. Pero tengamos en cuenta que lo que plantea es una cuestión cuasi-religiosa que “intenta” ser, en determinados momentos, “científica” pero sin hacer ciencia.[1]

Solo voy a hacer tres comentarios y un contraste. Insisto que no es una crítica al libro que es muy recomendable para los seguidores de esta manera de pensar, y me interesa también la concepción que hace de “la salud”.

En primer lugar, tengamos en cuenta, pues, que la geometría se vuelve sustentable o sagrada cuando crea o permite el desenvolvimiento y evolución de la vida orgánica, de la conciencia material del cosmos.

¿Cómo se origina la gravedad?: cuando la onda partícula gira en el movimiento trazado por una espiral, genera un vórtice de succión que lleva las velocidades de onda más allá de la velocidad de la luz. Este proceso creado por la fractalidad permite succionar o implotar la carga en diferentes escalas y acelerarla para producir gravedad (sic).

Mi primer comentario, es en relación a estas ideas que incluso se forjan en conceptos de la física cuántica. O te crees todo esto o no, no hay discusión, ni por supuesto demostración. Como indica: los investigadores rusos están convencidos de que armonizando los sonidos que emitimos, las palabras, en una determinada frecuencia se puede llegar a influir en el ADN. O te lo crees o no. A su entender el ADN se expresa a través de ondas solitónicas que son capaces de propagarse sin deformarse a grandes distancias en medios no lineales. El ADN tiene capacidad de una comunicación a nivel cuántico que rompe las barreras del espacio y del tiempo. Los científicos rusos (¿?) descubrieron con sus experimentos que la vibración oscilatoria de nuestro ADN puede causar patrones de perturbación en el vacío produciendo así agujeros de gusano magnetizados.

Un segundo apartado he querido hacerlo en relación a cuestiones que atañen a la salud y a la medicina pues ahí me encuentro algo más fraguado que cuando habla de los Toroides…

En este apartado hace algunas aseveraciones muy antiguas que luego se demostraron “no validas”, como por ejemplo cuando dice que el campo energético es ahora visible, fotografiable y sirve para la prevención y diagnóstico de enfermedades que están en el cuerpo electromagnético y que pueden llegar a manifestarse en el cuerpo celular.

Claro hay que tener en cuenta que, para los autores, “el cuerpo gravitacional opera con la energía del Orgón, así llamado por W. Reich, el más brillante discípulo de S. Freud”. Lo cierto es que al final de su trayectoria, muy alejada de Freud, Reich veía orgones por todas partes y desde luego no fue el “más brillante discípulo de S. Freud” esto es fácil de verificar cuando se estudia a Freud y las Escuelas que a partir de él surgieron.

Llama la atención como en este campo de medicina les falta hacer comprobaciones y formación. Se refieren al Caduceo de Hermes (o Mercurio) como símbolo de la medicina, lo cual no es cierto ya que era un símbolo del comercio. Lo confunden con el báculo o vara de Asclepio para los griegos o Esculapio para los romanos que es un antiguo símbolo asociado con la curación de enfermos. Consiste en una serpiente entrelazada alrededor de una vara larga.

El Caduceo de Hermes es utilizado como emblema en diversas instituciones dedicadas al estudio y enseñanza de las ciencias económicas, en los logotipos de la Liga de Defensa Comercial (Lideco) del Colegio de Contadores, Economistas y Administradores de Uruguay, de la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini de Buenos Aires y de la Escuela Superior de Comercio y Administración del IPN en México… Como señala también en su blog  Cesar Augusto como símbolo de la medicina el error deriva de las similitud con la vara de Esculapio, el símbolo que representa a la medicina, el cual sólo consta de una vara y una serpiente enrollada en ella.

Claro a partir de este error las interpretaciones ya son todas erróneas, como cuando se parte de una hipótesis falsa y se sacan conclusiones. Así, dice, derivado del Caduceo de Hermes (Mercurio) construido por el gráfico de dos espirales enroscadas en torno a una espada, los tres canales de la energía sexual: Shushumna en el centro y los canales Ida y Pingala rodeándolo para terminar a la altura de la cabeza irradiando su energía como un corazón alado expandiendo la energía sexual, los jugos de la espina para nutrir el corazón y el cerebro (bueno pues esto es los que le ocurre a los que estudian economía y mercado, claro, y las alas que expresan la rapidez con que mercurio iba de un sitio a otro, ahora será sexual).

Por último, en tercer lugar, un comentario respecto a la homeopatía que en cierto modo es la base de su tratamiento “médico” y admite que emplea algunas veces remedios carentes de ingredientes químicamente activos, pero geométricamente codificantes en ángulo, proporción, simetría y frecuencia. Esto se supone que se relaciona con la retícula Deca-Delta que rodea al planeta e interconecta la conciencia de la vida orgánica.

La enfermedad para nuestros autores se produce por una acumulación de emociones, pensamientos y movimientos que genera que se almacene la libido sin poder ordenarse de manera adecuada y cuando esto ocurre la energía del Gran Toroide Vertical no puede fluir libre por todo el sistema y ocasiona una fuga de energía por el subsistema más débil. Así el 80 % de las enfermedades son producidas por desequilibrios bioenergéticos y la homeopatía busca arreglar los desórdenes geométricos.

En definitiva, tanto la bulimia, como la anorexia, el insomnio, los cambios bruscos de temperatura, movimientos involuntarios, tics, e hiperactividad se deben a la alteración en el Toroide Mayor y por el caso del Toroide Emocional se originan las celotipias, fobias, miedo a la altura e irritabilidad, y por el Toroide Intelectual se originan fanatismo, dogmatismo, orden militar, limpieza obsesiva (se entiende TOC).

También mediante poliedros que se ponen a lo largo de la persona se armoniza el campo de resonancia fractal y se avanza en la terapia de enfermedades. ¡Ni hablar de los psicotrópicos o de las drogas químicas que devastan la fuerza de voluntad del individuo y le minan su fuerza vital! Baños fríos alternándolo con calientes y enemas son de gran ayuda (me recuerda esto a la medicina del siglo XIX)

Quiero terminar, volviendo a comentar que no es una crítica a su “filosofía” de la que me veo incapaz, cuando hablan de la geometría de la conciencia, geometría sustentable en el diseño, en la naturaleza, arquitectura biológica o de los números y la geometría sustentable.

Pero en lo referente a las cuestiones médicas si me he tenido que atrever a hacer un comentario, pues, la verdad, para algo me he comprado y leído el libro, muy recomendable para los que estén en esa “onda”.

Decía al principio que solo iba a hacer tres comentarios y un contraste. Ahora el contraste.

Evidentemente, todo esto desde la medicina de la evidencia y desde el conocimiento científico poco hay que decir. La medicina no es per se científica, pero gracias al uso del método científico ha avanzado enormemente y ha evitado que se siga utilizando, por ejemplo, la triaca o teriaca que era un preparado polifármaco compuesto por varios ingredientes distintos (en ocasiones más de 70) de origen vegetal, mineral o animal, incluyendo opio y en ocasiones carne de víbora. Se usó   como medicamento contra numerosas enfermedades, siendo considerado una panacea universal. Se popularizó en la Edad Media y perdió auge en los siglos XVIII y XIX en los que, con el desarrollo de la química, comenzaron a aparecer las primeras discusiones serias sobre la efectividad real de las triacas, y su importancia empezó a decaer. En 1745 William Heberden, médico inglés, publicó un tratado recogiendo los efectos inútiles de los ingredientes, lo que motivó la exclusión de las triacas de la farmacopea londinense al año siguiente.

En Bolonia desapareció a finales del siglo XVIII, en Venecia a mediados del siglo XIX y en Nápoles a principios del siglo XX. En México fue retirada en 1908. En España, el Colegio de Farmacéuticos de Madrid decidió en 1920 dejar de preparar el medicamento. O sea, que duró hasta el siglo XX.

Y como este ejemplo muchísimas otras cosas. Pero como señala M. Pérez Álvarez en su obra (2021)[2]  “cuando la ciencia al uso impide concebir los problemas de otra manera”, hay que tener en cuenta que “la ciencia se construye sobre conocimiento previo, pero también es cierto que la ciencia previa constriñe la ciencia actual imponiendo una estructura de formulaciones a priori, categorizaciones y contextos, así como herramientas técnicas y modelos experimentales de interés” (Susan Hawthorne 2014).

El cientifismo, la nueva ortodoxia, considera la ciencia como el mejor, si no el único, conocimiento sobre el que orientar los distintos aspectos de la vida y la sociedad. Otras fuentes y formas de conocimientos como las ciencias sociales, las humanidades, la filosofía las artes o la religión y ni que decir tiene, la tradición y el sentido común quedan a expensas de lo que diga la ciencia.

El contraste es pues esto, no veo, por ahora, a la medicina y a los avances del mundo teniendo en cuenta los Toroides energéticos, pero tampoco cerremos las vías de conocimientos con un cientismo excluyente. Quizá por esto último existe tanta venta de parafarmacia. La ciencia deberá recapacitar sobre sí misma y sus límites.

Podemos concluir[3] con dos reflexiones a este respecto. Una de Max Scheler: “Las preferencias que la ciencia occidental del hombre, en sus dos formas la ciencia natural y de medicina, ha revelado por el lado corpóreo del hombre y por la influencia de los agentes externos sobre los procesos vitales es una manifestación parcial del interés unilateral que es propio de la técnica occidental; la medicina india, por ejemplo, revela una orientación opuesta, la psíquica, de un modo no menos unilateral”. La otra, de Aldous Huxley: “[las humanidades no verbales], los verbalistas temen a los no verbales; los racionalistas temen al hecho concreto no racional… [y los primeros pueden mirar] con una sonrisa de superioridad a quienes son llamados farsantes, curanderos, charlatanes y aficionados ineptos, por los fariseos de la ortodoxia verbal”[4]

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[1] A. Ponce de León y N. Fregoso. Psicogeometría (la ciencia de la conciencia). Geometría sagrada y arquitectura biológica. Editado por los autores e impreso en México (2010).

[2] M. Pérez Álvarez. Ciencia y Pseudociencia en Psicología y Psiquiatría. Alianza Editorial, Madrid, 2021.

[3] Max Scheler. El puesto del hombre en el cosmos. Editorial Losada S. A. Biblioteca filosófica. Buenos Aires, 1938 (Décima edición 1972).

[4] Aldous Huxley. Las puertas de la percepción (cielo e infierno también en esta edición). Editorial Sudamericana, Buenos Aires. Séptima edición, 1975.

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DESDE EL PUESTO DEL HOMBRE EN EL COSMOS DE MAX SCHELER


Juan Rojo Moreno

         Escribir “desde” Max Scheler supone que mi intención no es ni mucho menos resumir esta obra de la que ya hay múltiples resúmenes y reflexiones que son fáciles de encontrar en Internet, así como el mismo libro que es de descarga gratuita El Puesto del Hombre en el Cosmos https://docer.com.ar/doc/n10ex58  

Es una obra póstuma pues escribió el prólogo en abril de 1928 y en mayo de ese mismo año fallece repentinamente de una enfermedad cardiaca.[1]

Vamos a destacar algunos aspectos que nos invocan a ciertas reflexiones que son válidas hoy en día. Hay que tener en cuenta que Scheler era un fenomenólogo (formado con Husserl, el padre de la fenomenología) y que por lo tanto los afectos son dados desde el principio a las personas. Igual que cuando vemos una pared blanca no hacemos una percepción y luego deducimos que es blanca, sino que el color se nos da de forma primaria al mismo tiempo que la percepción, igual ocurre con los sentimientos.

Además, Scheler tiene la gran virtud, no solo por su capacidad, que nunca le importó corregirse y ampliaba o modificaba lo anteriormente escrito (esto le originó agresivas críticas). Hacía continua dialéctica consigo mismo y su concepción del mundo.

Conocer la estructura esencial del hombre es su fundamento y ya entonces se congratula que esto no sea solo un campo filosófico sino también médico, biológico, sociológico y psicológico.

Ahora que acabamos de considerar a los animales (en España oficialmente) como seres sintientes y que no son cosas, se cumplen las ideas que ya anticipó Scheler cuando diferenciaba la evolución vital de los vegetales y plantas enraizadas al suelo y nutriéndose de lo inanimado inorgánico pero no pudiendo escapar en su “mundo” más que en la longitud “me nutro de abajo crezco hacia arriba”, y ni siquiera tienen independencia en la procreación sino que dependen del polen, de las abejas, del aire, de los insectos…

Claro que los animales son diferentes a las plantas.

Las plantas poseen, a diferencia de los minerales, un impulso vital (que Scheler llama afectivo estático) sin conciencia ni representación y, como el mismo término “impulso” indica, no hay sentimiento ni instinto. Pero puede atribuírseles un “ser íntimo” del que carece la materia inorgánica. No obstante, carecen de la referencia a un centro, que es propio de la vida animal. Les falta por completo esa reflexión, por primitiva que sea, y su existencia se reduce a la nutrición, crecimiento, reproducción y muerte.

Y cuando nos referimos al hombre, la misma palabra designa un conjunto que se opone del modo más riguroso al concepto de “animal en general”. Esto va a llevarnos al concepto esencial del hombre que es el tema que subraya Scheler en este libro: considerar si tiene alguna base legítima ese concepto que concede al hombre como tal un puesto singular, incomparable con el puesto que ocupan las demás especies vivas.

Un problema no resuelto del ser del hombre hoy en día es que aún mantiene ese impulso afectivo básico que también tienen las plantas, aunque en éste, en su evolución, como capas de una cebolla, se han ido interponiendo sus nuevas complejidades evolutivas, pero no podemos generalizar a todos por igual, siendo que en algunos prevalece más el impulso afectivo estático que otros avances evolutivos.[2]

La inteligencia se produce de modo rigurosamente uniforme y paralela a la vida anímica asociativa. La memoria asociativa la atribuimos únicamente a los seres vivos cuya conducta se modifica en forma dotada de sentido. En esto se basa la conducta emanada del principio ensayo-error. ¿Los animales no realizan esta conducta, pero hacen ensayos errores? Por supuesto que sí. El hombre tiene una ventaja y es que puede imaginar y fantasear, antes del ensayo, cual puede ser probablemente o con una probabilidad aproximada el resultado. Esta capacidad de la fantasía y de imaginarnos objetos esenciales, formas, trayectorias previas al ensayo…, nos ha dado ventaja evolutiva sobre todos los animales, incluso con los más cercanos a nosotros como son los chimpancés.

Como señala Scheler no hay casi asociación ninguna sin influencia intelectual. Pero nunca se da el caso de que el tránsito de la reacción asociativa causal a la reacción inteligible crezca en rigurosa relación de continuidad con el número de ensayos. El paso del azar al “sentido” tiene lugar algo antes de lo que el puro principio de la prueba-error haría esperar conforme a las reglas de la probabilidad.

Ciertamente, la creatividad y los novedosos logros humanos, no han sido por pensar miles de horas en lo mismo ni por encontrar la solución en anteriores asociaciones. Lo creativo rompe la regularidad de lo asociado.

La influencia del principio asociativo significa en la estructura del mundo psíquico (más a medida que algunas civilizaciones han realizado su Renacimiento) la decadencia del instinto.

El principio de asociación en relación con la inteligencia técnica es un principio de rigidez de hábitos, pero con respecto al instinto ha supuesto un poderoso instrumento de liberación.

La evolución a una inteligencia práctica supone una adaptación nueva a lo nuevo, o como señala Scheler: un ser vivo se conduce inteligentemente cuando pone en práctica una conducta caracterizada por las notas siguientes: tener un sentido, no derivarse de ensayos previos, responder a situaciones nuevas y acontecer de súbito y sobre todo independientemente del número de ensayos.

Esto se ha podido observar, aunque con dificultad, en conductas nuevas adaptativas de los chimpancés, pero lo que nunca han llegado a dar es el salto del signo al símbolo, y descubrir las ideas esenciales (poder articular en su mente imágenes esferoides, triangulares, independientemente de los objetos), es decir, alcanzar el concepto límite perfecto.

Pero por llegar, en estos casos de los chimpancés, a poder manifestar más que una conciencia básica (de lo vivido en el instante) y poder articular cosas para alcanzar resultados nuevos, es por lo que se ha prohibido la experimentación investigadora en estos animales (y otros grandes simios)[3]. Como señalaba Scheler, en todo lo afectivo el animal está mucho más cerca del hombre que en lo que se refiere a la inteligencia [de objetos esenciales]; ofrendas, reconciliaciones amistades y otras cosas parecidas pueden encontrarse entre ellos.

En España el 2 de diciembre de 2021, el Congreso aprobó una nueva ley para que los animales dejen de ser considerados “bienes inmuebles o cosas”, y ahora serán reconocidos como “seres sintientes” o seres vivos dotados de sensibilidad.

La inteligencia humana se caracteriza por tener una “X”, un referente que comprende el concepto de la razón, emprende ideas y también entiende una especie de intuición, la de los fenómenos primarios o esencias (para Scheler esa X es el espíritu). La propiedad fundamental de un ser “espiritual” es su independencia, libertad o autonomía existencial frente a los lazos y a la presión de lo orgánico, de la “vida” y por ende también de la inteligencia impulsiva propia de ésta. Semejante ser “espiritual” no está vinculado a sus impulsos, ni al impuso circundante y está abierto al mundo. Semejante ser “tiene mundo”.

Este construirse un mundo, una concepción del mismo, y “tener mundo” va unido a que en el hombre la vivencia de la realidad no es posterior, sino anterior a toda “representación” del mundo (es primaria) y gracias a su capacidad de formalizar las esencias puede desrealizar el mundo.[4]

¿Qué significa desrealizar el mundo o “idear” el mundo? Significa, señala Scheler, abolir, aniquilar fictivamente el momento de la realidad misma. Y por esto el hombre es el ser vivo que puede adoptar una conducta ascética frente a la vida. Comparado con el animal que dice sí a la realidad incluso cuando la teme y rehúye, el hombre es el ser que sabe decir no, el asceta de la vida, el eterno protestante contra toda mera realidad.

El hombre es el único que puede elevarse por encima de sí mismo, como ser vivo, y convertir las cosas, y entre ellas también a sí mismo, en objeto de su conocimiento. Esta facultad de separar la existencia y la esencia constituye la nota fundamental del espíritu humano.

A veces, para lo mejor, pero otras para lo peor, y por eso se ha dicho que el hombre puede ser más o menos que un animal, pero nunca un animal.

Mejor o peor el hombre hará su “mundo” pues como escribe Scheler: «cuando el hombre se ha colocado fuera de la naturaleza y ha hecho de ella su “objeto”, se vuelve en torno suyo, estremeciéndose, por decirlo así, y se pregunta ¿Dónde estoy yo mismo? ¿Cuál es mi puesto? Ya no puede decir con propiedad “soy una parte del mundo; estoy cercado por el mundo”; pues el ser actual de su espíritu y de su persona es superior incluso a las formas de ser propias de este “mundo” en el espacio y en el tiempo».

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[1] Max Scheler. El puesto del hombre en el cosmos. Editorial Losada S. A. Biblioteca filosófica. Buenos Aires, 1938 (Décima edición 1972)

[2] Y esto mismo lo podemos detectar en algunos animales, no solo en chimpancés sino también son múltiples las experiencias que tenemos, por ejemplo, en perros.

[3] En 2008 Estados Unidos prohibió la experimentación médica y de laboratorio con chimpancés en todo su territorio. Esta «victoria» ha sido posible gracias a la firma de la «Chimpact» por parte del presidente de Estados Unidos, George Bush, con la que quedaba prohibido el envío de chimpancés a centros de experimentación médica, tanto públicos como privados. En España en 2013 el Consejo de Ministros aprobó un Real Decreto que «prohíbe expresamente» la experimentación con los grandes simios (gorilas, chimpancés, orangutanes y bonobos).

[4] Cuando vamos a entrar en una habitación de una casa conocida, antes de entrar el cerebro ya hace una pre-presentación automática, de lo que espera encontrarse antes incluso de haber entrado.

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LA HISTERIA DE AYER Y DE HOY


Juan Rojo Moreno

Muchos psiquiatras nos preguntamos desde hace tiempo ¿dónde están los pacientes histéricos?

Han sido pacientes muy llamativos, con manifestaciones somáticas intensas, parálisis, sorderas, cegueras, anestesias… y todo sostenido por factores psíquicos, alguna vez adaptativos, vitales.

El libro de Georges Didi-Huberman “La invención de la histeria” (Charcot y la iconografía fotográfica de la Salpêtrière) nos muestra tal cantidad de casos, imágenes y manifestaciones histéricas que se dieron en aquellos tiempos que parece que se trate de otra psiquiatría y de otros pacientes como no los hay hoy apenas.[1]

Quizá la respuesta esté en la patoplastia: es decir, en la modificación en el tiempo de las formas de expresión de las enfermedades. Quizá a finales del XIX y principios del XX eran “comprensibles” o entendibles ciertas formas de reacción ante situaciones vitales, mediante estas somatopatías funcionales, pero eso ahora es más difícil que la sociedad y los familiares lo acojan o conciban. No así “la depresión” o “la ansiedad”. Tendríamos que revisar cuantos casos diagnosticados de ansiedad o depresión, si no se hace de forma rigurosa, nos están manifestando otra manera de expresar estos estados emocionales que acullá se presentaban de forma histérica.

HISTERIA

Una buena manera de introducirnos en este campo y entender algo puede hacerse leyendo los artículos del Dr. Francisco Traver en su blog de neurociencia-neurocultura ¿Qué es la histeria? y también en este otro sobre la Histeria del Trauma.

El lugar donde nos vamos a centrar, que fue un núcleo de gran importancia histórica y cultural, es en la Salpêtrière. En 1860 lo visitó el médico español Dr. Pedro González Velasco y de las instituciones parisinas escribió: “París tiene tres grandes hospitales destinados al socorro de los enajenados; uno, Charenton, para los que pagan una cantidad para ser asistidos, y dos gratuitos, uno para hombres, Bicêtre, y otro para mujeres, la Salpêtrière, o sea la antigua Salitrería… [La Salpêtrière] es hospicio de la vejez para mujeres incurables, epilépticas, locas, idiotas y necesitadas, aunque no estén enfermas.”

Llegó a albergar de 6 a 8 mil mujeres y cuando Charcot se hizo cargo de la institución. En 1862 tenía aun a su cargo miles de mujeres ingresadas y era un asilo “pequeño gobierno con su jefe de policía interna y siempre con sus celdas y celdillas, jaulas de locos y mazmorras” es como la definió Pinel que fue el psiquiatra francés que 100 años antes había quitado las cadenas a las locas en este lugar. Cuando llega Charcot había casi 600 empleadas, y cerca de 100 mujeres en “reposo”, 2700 “administradas” y más de 100 niños.

Como señala Didi-Huberman fue el lugar señero de la reclusión a gran escala, hospital general de las mujeres o más bien de todos los desechos femeninos “anormales constitucionales, asesinas natas, la ciudad de las mujeres incurables, vagabundas, mendigas, caducas, mujeres chochas, mal proporcionadas y contrahechas”.

Se le considera a Charcot el fundador de la neurología. Preconizó muy acertadamente, antes de nuestra época, el aislamiento de los enfermos, la persuasión, el uso de agentes físicos, la electrización y redescubrió la histeria dándole nombre y sobre todo separándola de la epilepsia y del resto de enajenaciones mentales, y como señala Didi-Huberman: “la aisló como objeto nosológico puro”.

La observación de los enfermos fue luego con Freud ex-auditus (auditiva) oyéndolos, pero en la época ce Charcot aún era ex-visu (visual) “hacer que el ojo discurra” (y no hablar ni escuchar verdaderamente): el ideal de la descripción exhaustiva. Como señaló Freud en referencia a Charcot: no era un hombre reflexivo, un pensador, tenía la naturaleza de un artista, era, por emplear sus propias palabras un visual, un “hombre que ve”.

Y en esta época los tratados de psiquiatría llevaban multitudes de láminas: los idiotas de Baillarger y Bourneville los lipemaniacos de Dagonet… Bourneville fotografiaba a idiotas y basándose en los retratos buscaba un concepto característico de idiotez: labios, pómulos, velo del paladar…

Una fotografía clásica de Salpêtrière es el de la joven aquejada de una contractura espasmódica del párpado y que se quedaba afónica cuando Gilles de la Tourette, su médico, intentaba suprimirle ese permanente guiño.

 La histeria en las mujeres era una patología muy difícil de ordenar o sistematizar (y en esto fracasó Charcot) y bien decía Giles de la Tourette (1898) que “las autopsias de histéricas que habían sucumbido bien por ataques de espasmos o por anorexia…no han revelado nada palpable, nada orgánico, en una palabra”.

No se encontraba causalidad y solo se hablaba de factores provocadores o predisponentes que, como señala Didi-Huberman, ha sido un cajón de sastre caótico y fantástico de causa, una y otra vez. Diseminación de la casualidad… se buscaba en el útero, en los ovarios y no se hallaba nada; vapores o delirios, se buscaba en el cráneo y tampoco se encontraba nada.

Escribió Giles de la Tourette ese axioma considerado histórico: “Nada puede imitar la histeria, que constituye el síntoma de la propia histeria”. Una actriz nunca llegará tan “lejos ni en “profundidad” como una histérica sea cual sea el papel que interprete, porque a una histérica no le bastará con interpretar un solo papel, querrá interpretarlo todo, o interpretar demasiado, y por ello nunca resultará creíble.

Loa hombres no empezaron a entrar en la Salpêtrière más que a partir de junio de 1881 fecha de apertura de la denominada “consulta externa” y hubo que esperar hasta 1888 para poder contemplar los rasgos fotográficos de un hombre histérico.

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         Por esto, para terminar, el problema irresuelto de ¿Dónde están esos pacientes tan frecuentes a finales del XIX y principios del XX? Si ahora no se ven como entonces esto quiere decir que habrán mutado a otras formas de manifestación de la enfermedad, pero el fondo estructural (que no fue nunca sistematizado) seguirá manteniendo un pronóstico y un tratamiento que ha de individualizarse o si no tendremos posiblemente “depresivos y ansioso” crónicos no bien identificados.

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[1] Georges Didi-Huberman “La invención de la histeria” (Charcot y la iconografía fotográfica de la Salpêtrière). Ediciones Cátedra (Grupo Anaya, S. A) (segunda edición) 2018.  Es nuestra obra de referencia

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ÉTICA, SEGURIDAD, LIBERTAD


Juan Rojo Moreno

La obra de Adela Cortina “Ética cosmopolita. Una apuesta para la cordura en tiempos de pandemia”, analiza magistralmente los aspectos del título y otros diversos[1].

Muchos nos hemos dado cuenta que en la “era de internet” que ha supuesto una revolución en la comunicación humana, también se esperaba de ella que al estar más intercomunicadas todas las partes del planeta fuese, entonces, más fácil la democratización y mejoría de los valores éticos y sociales, aunque solo fuera por el contraste entre lo que ocurre en tu continente, país o ciudad y lo que ocurre en otros. Pero ya han pasado más de 30 años de comunicación social, de planetociedad, y lo que vemos es casi lo contrario.

 Algunos países que se habían “democratizado” han vuelto a formas pseudodemocráticas, en los que si bien hay unas elecciones populares en las que “el pueblo” puede votar a sus dirigentes, no obstante, o bien se encarcela antes a la oposición o se anulan medios de difusión informativa de los que no apoyan al “poder”. Nos sirve como ejemplo lo que ha ocurrido (y ocurre) en Rusia, Bielorrusia, Venezuela, Nicaragua y algún otro país. Son las llamadas “democracias iliberales”.

Como señala A. Cortina “el progreso no es lineal, venimos viviendo desde el cambio de siglo el retroceso del mejor de los sistemas políticos, venimos viviendo una recesión democrática… parece que los medios sociales que nacieron con la promesa de fortalecer la democracia, dado su funcionamiento, están ayudando a socavarla en muy buena medida.”.

Quizá en gran parte con tanta planetización hayan menguado valores universales y el problema de fondo sea que nos hemos saturado de técnicas, conocimientos y multicultura, sin que tengamos una jerarquía de valores consensuada.

 Recuerda Philip Pettit que los mecanismos de control de una sociedad moderna son fundamentalmente tres: la mano invisible de la economía de mercado, la mano visible del Estado y la mano intangible de los valores. En el mismo sentido Levitsky y Ziblatt (2018) señalan que, aunque las democracias cuentan con constituciones y reglas escritas, no obstante, funcionan mejor y son más duraderas en los países en los que están reforzadas con reglas del juego no escritas que son códigos de conducta que la comunidad acepta y respeta.

Fijémonos, incluso en países con democracias plenas (que no son tantas en el mundo) que puntuaciones o valoraciones suelen tener la “clase” o líderes políticos… y, entonces, entendemos como la transmisión de valores jerárquicos positivos se encuentra menguada. Como señala Cortina “en el mundo del marketing económico está prohibido tratar de vender el propio producto desacreditando a los contrarios; en la política diaria es, por desgracia, el método habitual… y es descorazonador que la destrucción sistemática del adversario genere votos y que las pruebas palmarias de que algunos políticos han mentido abiertamente o han difundido bulos, no merezcan ningún castigo en las urnas… el esquema simplista nosotros/ellos resultan sumamente rentable”.

Las encuestas de calidad de los representantes y estructura políticas muestran constantemente un problema que no solo no se ha resuelto, sino que ha ido aumentando: la desafección de la gente por sus estructuras y representantes. Es necesario, señala Cortina, construir credibilidad, generar confianza y capital social, crear amistad cívica.

Pero por desgracia cuando en una encuesta un representante político tiene una puntuación de 2,5 sobre 10, lo que más le importa “parece ser” es que el opuesto tenga un 3,2 y el otro un 2,1. No se plantean que una puntuación tan baja es de por sí ya un problema social.

Otra cuestión que trata con mucho acierto A. Cortina es el problema de la gerontofobia y nos lleva este asunto al triaje médico que se ha hecho con los mayores en el periodo más álgido de saturación hospitalaria y UCI.

Ya escribí en su momento sobre la edad mayor o “vejencia«. Si vivimos mucho somos considerados como una especie “de cáncer social” , como unos Viejos Crónicos  y que como toda enfermedad crónica la mejor “curación” que tiene es que desaparezca lo antes posible (lo agudo, es decir los recién viejos son más soportables, pero su duración, su cronicidad, es perjudicial) y señalaba como con los achaques, físicos y psíquicos, no siempre esta edad ha sido bienaventurada pues como decía Gracián “hemos llegado sin sentir a los helados dominios de la vejencia, con sus honores y horrores”.

Sí, cierto, se lleva mucho tiempo haciendo triaje en Medicina sobre todo en urgencias médicas y en la elección de ciertos tratamientos oncológicos, cirugías, etcétera. Salió repetidamente la noticia en los informativos que no se trataban del Covid19 a ancianos de residencias y que muchos médicos llorando les decían a familiares que no ingresaban en UCI a personas tan mayores pues tenían menos posibilidades de supervivencia y había déficit importante de recursos.

No es lo mismo hacer un “triaje” en urgencias para detectar que es lo realmente urgente, que hacerlo segregando por edad un tratamiento contra una enfermedad. El triaje, trillaje o cribado, del francés “triage” significa cribado o clasificación; con la misma etimología que el español trillado «separación del grano de la paja». Es un método de selección y clasificación de pacientes, empleado en enfermería y en medicina de emergencias y desastres. Evalúa las prioridades de atención, privilegiando la posibilidad de supervivencia, de acuerdo con las necesidades terapéuticas y los recursos disponibles. En una guerra tras un bombardeo y un solo médico que tenga que atender a los heridos no será lo mismo asistir a un paciente con 10 impactos de bala que a otro con 2 impactos siendo que el primero esté a punto de morir y el segundo pueda ser salvado. No es esto lo mismo que “por ser anciano”, por tener Alzheimer, por estar en una residencia, automáticamente te hagan el filtro de la no atención hospitalaria o en UCI.

Tenemos que ponernos de acuerdo: ¿hay gerontofobia? ¿A los pacientes con Alzheimer, aunque estén respiratoriamente bien, les hacemos triaje y a morirse?”. Un capitulo dedica A. Cortina en nuestra obra de referencia, titulándolo: “Gerontofobia. Un atentado suicida contra la dignidad humana”. En este capítulo explica muy bien, entre otras cosas, la necesidad de individualización clínica, diagnóstica, pronóstico y calidad de vida si se plantea la necesidad de un triaje. Pero muy acertadamente señala: “Triaje. Toda vida humana tiene igual valor… y se prescribe explícitamente no discriminar por razón de edad o discapacidad… los pacientes de mayor edad deben ser tratados en las mismas condiciones que el resto de la población, atendiendo a cada caso particular, y lo mismo sucede con las personas con discapacidad o demencia”.

Quizá en la pandemia y ante las exigencias de triaje más de uno de nuestros dirigentes pudo pensar, en su intimidad, como el ministro japonés de finanzas en 2013 que se explica a continuación (aunque como puede haberlo pensado en su intimidad nunca lo sabremos con seguridad a diferencia de Taro Aso que lo dijo explícitamente).

Parece muy rudo, es lo menos que puede decirse, que en su momento (2013) el ministro japonés de finanzas Taro Aso pidió a los ancianos “que se den prisa y se mueran” para así aliviar la carga fiscal que originan por su atención médica: “clamó contra las unidades de reanimación y los tratamientos para prolongar la vida”, según el diario The Guardian, que le cita explicando que le sentaría mal que le ayudaran a prolongar su vida, más si cabe sabiendo que ese tratamiento lo paga el Estado. Taro Aso, ministro japonés, sobre los ancianos: «¡Que se den prisa y se mueran!» (telecinco.es)

Como señala Cortina “la mentalidad griega y la latina desprecia a quien no se basta a sí mismo, sea anciano o enfermo, porque al enfermo se le tiene por infirmus, débil, pusilánime y la falta de firmeza no merece aprecio” y por esto, señala, cuidar a vulnerables, a los débiles y a los enfermos que hubieran perecido sin remedio en la lucha y el conflicto entre los más fuertes ha sido y es el mayor timbre de gloria de los seres humanos.

Mucho tenemos que reflexionar en esta era tan acelerada, tan comunicada pero que apenas da tiempo para uno mismo.

 Hay que exigir reflexiones tanto de los problemas de la gerontología, de la vejez, que ahora no es político denominarla así sino solo como “edad mayor” (adulto mayor es un término reciente que se le da a las personas que tienen más de 65 años de edad) o de la gerontofobia y  de toda la “guerra” actual en las redes, del poder de los datos, del uso de nuestra privacidad y si pueden incluso de nuestra intimidad.

Muchas de estas reflexiones y otras más que han sido muy bien desarrolladas por A. Cortina en su obra que es de agradecer.

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[1] Adela Cortina; Ética cosmopolita, Una apuesta para la cordura en tiempos de pandemia. Editorial Paidós (Estado y sociedad), 2021. [no haceos resumen de esta obra sino solo nos ha servido como guía]

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PSIQUIATRIA, BIOLOGICA, SOCIAL Y ONLINE


Nueva Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental

Juan Rojo Moreno

Acaba de realizarse el XXIV Congreso Nacional de Psiquiatría, esta vez en Valencia. Hemos tenido la posibilidad de hacerlo online, pero también presencial, y de nuevo el gusto de estar sentado en las salas de presentaciones y tratar de nuevo con cierta normalidad entre unos y otros compañeros de manera “presencial”.

Por mi parte he podido comprobar, como siempre en los congreso de las asociaciones españolas de psiquiatría, un buen programa, diverso, actualizado y con diversas opciones, como viene siendo ya habitual en estos congresos en donde las sesiones paralelas en el mismo horario permite ampliar el número de opciones y facilitar la elección.

         Solamente quisiera hacer 4 comentarios  a propósito.[1]

1-   Un primer comentario  es que en este Congreso la Sociedad Española de Psiquiatría y la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica van a celebrar sendas Asambleas Generales Extraordinarias al efecto de aprobar, en su caso, la fusión SEP-SEPB en una única entidad denominada Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental.

Me ha alegrado mucho que por fin cuajara esa idea que ya propuse  en una de las Asambleas hace más de 30 años (creo que fue en un congreso en Sevilla). Me dijeron, más o menos, en confianza, que eso no era posible y que mi propuesta, o pregunta, venía a propósito dada mi juventud e ingenuidad.

Veía complicado y poco práctico en esa época que cada 2 años fuera el Congreso de la Sociedad Española de Psiquiatría y cada año el de  Psiquiatría Biológica, de manera que el año que coincidían los dos, por ejemplo en Mayo era uno en una ciudad y el Junio el otro en otra, suponía unos costes considerables y que solo eran asumidos (y cada vez con más reticencia sobre todo en relación con los congresos de la SEP) por las ayudas a Congresos que aportaba la industria farmacológica, tanto a los participantes como a las Asociaciones con sus stands publicitarios.

En 1993 se decide hacer en un solo Congreso ambas asociaciones y el primero que ser realiza se denominó “Sevilla -95”.

Me hubiera gustado tener hace 30 años la comunicación que el Presidente de la SEPB aporta aquí Víctor Pérez Solá, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica. – YouTube  o la carta de ambas sociedades aquí SEP-SEPB (mailchi.mp).

De todas formas quizá se necesitaba ese periodo de “juventud”, y no sé si tanto de ingenuidad, para que llegase ahora lo que ya planteé entonces. Quizá cada momento tiene su tiempo y puede que esta pandemia también haya obligado a replantearse muchas cosas que antes de la misma eran solo pensables con más superficialidad.

2- Un segundo comentario hace referencia al Simposio sobre “La llegada de la Psiquiatría Digital, Apps e Inteligencia Artificial”, muy interesante, actual y bien desarrollado por sus presentadores, como no podía ser de otra forma. Pero, no obstante, quizá este campo aun tenga mucha juventud y alguna ingenuidad. Así fue un comentario acerca de la extrañeza que no esté todo el mundo en esta “área digital psiquiátrica”, cuando hay que tener en cuenta que atañerá “a todos” si el tiempo lo dice. Siempre hay maneras de hacer psiquiatría que es una disciplina heteróclita, decía López- Ibor, y por lo tanto nutrida de otras muchas especialidades, que permite diferentes formas de encarar la clínica, todas ellas igualmente válidas.

 Se realizó la consideración, con la que no estoy nada de acuerdo, de que en psiquiatría “existe la ventaja de que no tenemos por qué tocar al paciente ni explorarlo”.  No considero que eso sea correcto para la psiquiatría, ni para la profesión ni para el profesional.

Se desarrollaron varias líneas, entre ellas es curioso que existe un efecto placebo digital con un 50% de abandonos y el profesional “tiene que estar convencido que funciona”.

Ya he escrito mucho anteriormente sobe la necesidad de un “tiempo suficiente de dedicación” al paciente psiquiátrico, de la necesidad de su exploración física y del contacto interpersonal.

Esta área de las apps y de la tecnología wearable (para llevar puesto) es tan interesante, novedosa e importante que incluso nos aportaron a todos los congresistas una revista (Psychiatric Times, número 4, 2021) en la que uno de los artículos era exactamente “Cómo la tecnología puede mejora la práctica psiquiátrica”. Lo veo muy adecuado y se estudia lo que mide la tecnología wearable, lo que proporcionan los smartphones y los datos que se proporcionan por el sujeto cerca de un evento (Ecological Momentary Assessment), y se concluye que la tecnología puede ser muy útil como “complemento de obtención de la información” pero, añado yo, tendremos que tener cuidado en no querer transformar al paciente de manera completa en un big-data.

3- En tercer lugar vi muy interesante,  así mismo, el simposio sobre “Lifestyle Psychiatry: encarando el futuro, volviendo al pasado” en el que se subraya la reconexión con al naturaleza en los tratamientos psiquiátricos, Psiquiatria de la vida saludable, gestión del estrés…

En Valencia he tenido la suerte de compartir Unidad de Psiquiatría con el Dr. V. Balanzá que nos ha introducido en este campo con múltiples trabajos nacionales e internacionales y dirección de investigaciones.

Aun así, recuerdo que me llamó la atención que hace más de 15 años en un Congreso de la Asociación Americana de Psiquiatría ya unos “residentes” hicieron una aportación y revisión sobre este campo, amplia y novedosa.

Pues, aun así tiene mucho más impacto la bio-farmacoterapia que la bio-naturoterapia. Quizá se necesiten más canales de difusión en este campo del “contacto con la naturaleza”, terapia forestal, psiquiatría nutricional…

4- Por último, en cuarto lugar, he de nombrar que asistí a los homenajes IN MEMORIAN de varios psiquiatras o profesionales españoles con grandes aportaciones en el campo de la psiquiatría, como Carlos Carbonell, Eduardo Cuenca, Juan Gilbert o Carlos Ballús pero quisiera recordar  especialmente al Prof. Carlos Ballús con el que siempre tuve una vivencia de confianza por su parte y de verdadera empatía, y con el que los recuerdos me vienen desde nada más terminar medicina y hacer la especialidad.

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[1] Evidentemente, hubieron muchos Simposio, trabajos y reuniones científicas diferentes y yo aquí me limito a comentar alguna, sin quitar la más mínima importancia o relevancia a otras muchas se hicieron

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SOCIEDAD ESPAÑOLA DE PSIQUIATRÍA


Sobre la Ley de Salud Mental propuesta por Unidas Podemos

La Sociedad Española de Psiquiatría está trabajando en un posicionamiento sobre la Ley consensuado con otras sociedades científicas, pero cree conveniente adelantar estos comentarios preliminares.

Ante la admisión a trámite de la Proposición de Ley General de Salud Mental, la Sociedad Española de Psiquiatría, como sociedad científica que agrupa al mayor número de psiquiatras de España, considera necesario realizar una serie de observaciones a la misma.

La Sociedad Española de Psiquiatría está trabajando en un posicionamiento sobre la Ley consensuado con otras sociedades científicas, pero cree conveniente adelantar estos comentarios preliminares.

El problema principal de esta Propuesta de Ley es que, de aprobarse, conseguirá lo que, en teoría, dice querer evitar:

  1.       La estigmatización de los trastornos mentales y de la salud mental frente a otras áreas de salud. El tener una ley específica, el regular lo que no se hace en otras áreas de la medicina, el dar por sentado que las personas con trastornos mental deben recibir un trato distinto al del resto de personas, o que los profesionales de la salud mental, incluidos los psiquiatras, no hacen una buena labor o debe protegerse a la sociedad de los mismos, son todos ejemplo de estigma. 

  2.        Al no distinguir entre síntomas y trastornos mentales se conseguirá la psicologización y psiquiatrización de fenómenos que nada tienen que ver con los trastornos mentales como los define la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esta ley, centrada en la pobreza, la opresión social, el patrono opresor, etc. está tan alejada de la práctica clínica habitual y de los problemas reales de las personas con trastornos mentales graves, que lo único que conseguirá será diluir las carencias actuales de la atención en salud mental con otros problemas de la sociedad, alejados de lo que se considera patológico.

Hay que señalar que no se habla en todo el documento de los trastornos mentales graves, que son los que ocupan el quehacer principal de la atención en salud mental de nuestro país, y los que sufren las carencias del sistema en número de profesionales: recursos intermedios, listas de espera, plazas de hospitales de día y centros de rehabilitación, políticas de integración en la vida laboral, etc.

Se cita continuamente los “malestares psicosociales y malestares de la vida cotidiana”, pero no se nombra ni una vez la esquizofrenia, el trastorno bipolar, el autismo, las demencias o los trastornos obsesivos-compulsivos.

¿Busca realmente esta Ley la prevención y el mejor tratamiento y cuidado de estas personas o se usa la terminología “salud mental” para otros intereses alejados de las necesidades reales de las personas, y más cercanos a aspectos sociales, económicos y laborales del conjunto de la población?

La ley está plagada de apriorismos falsos y contrarios a los datos y evidencia de años de investigación en este campo. La única vez que se hace referencia a dicha evidencia se habla de filósofos contemporáneos vinculados a sistemas filosóficos muy concretos. Lo que no hace más que reforzar la idea de que esta es una ley más del ámbito de la filosofía y sociología que de los trastornos mentales; al menos como los entiende la OMS y el resto del mundo civilizado.

Una búsqueda detallada hace que se encuentre la palabra social 77 veces frente a 0 veces la palabra biopsicosocial (o ninguna vez la palabra cerebro, trastorno mental mayor, esquizofrenia, autismo, trastorno bipolar, innovación, guías clínicas o terapéuticas, evidencia científica, estándares internacionales, etc.). Se intenta dar la impresión de que los trastornos mentales (aunque de lo que realmente se habla es de síntomas; “malestar subjetivo”), son producto de problemas sociales, dando una explicación reduccionista a un problema mucho más complejo.

Desde hace décadas, toda evidencia científica demuestra que cualquier trastorno mental tiene componentes biopsicosociales, y no solo de cada una de estas dimensiones. Desde la exposición de motivos, la Propuesta de Ley está impregnada de apriorismos no sustentados por la evidencia científica. Por ejemplo, cuando se afirma (pág. 2) que “Otros factores culturales, como la difusión de discursos individualistas que ponen el foco en la autoexigencia y en la hiperresponsabilización individual, obviando las causas y estructuras sociales, contribuyen a perfilar una sociedad del cansancio en la que las personas tornan en empresarias de si? mismas, como han diagnosticado algunos filósofos contemporáneos”.

Si fuera como aparece en el texto, los países más desarrollados tendrían menos (o simplemente no tendrían) trastornos mentales. Esto no solo no es cierto, si no que en muchos casos es lo contrario. La mortalidad por trastorno mental es mayor en el Reino Unido que en Bulgaria, hay más prevalencia de trastornos mentales en Francia que en Rumanía (OECD and Global Burden of Disease data, 2021). Si los trastornos mentales fueran causados exclusivamente por aspectos sociales (pobreza, opresión, …) su aumento en estos últimos dos años hablaría muy mal de la gestión del Gobierno de España. Incluso hay patologías como los trastornos de la conducta alimentaria o las adicciones comportamentales que ocurren más en países desarrollados. No parece que niveles socioeconómicos altos protejan de dichos trastornos o influyan en la aparición de otros trastornos mentales graves.

Los estudios confirman, por ejemplo, que la incidencia de esquizofrenia es similar en países de distinto nivel socioeconómico (Saha S, Welham J, Chant D, McGrath J. Incidence of schizophrenia does not vary with economic status of the country: evidence from a systematic review. Soc Psychiatry Psychiatr Epidemiol. 2006 May;41(5):338-40).

Incluso el trastorno por déficit de atención e hiperactividad tiene una prevalencia similar entre países, culturas y regiones del mundo cuando se controla por los diversos factores de confusión. (Polanczyk G, Lima MS, Horta BL, Biederman J, Rohde LA. The worldwide prevalence of ADHD: a systematic review and metaregression analysis. Am J Psychiatry. 2007; 164:942–948. doi: 10.1176/appi.ajp.164.6.942; Willcutt EG. The prevalence of DSM-IV attention-deficit/hyperactivity disorder: a meta-analytic review. Neurotherapeutics. 2012; 9(3):490-499. doi: 10.1007/s13311-012-0135-8).

En suma, la Propuesta de Ley está impregnada de aseveraciones que provienen de terrenos alejados a la atención clínica de los trastornos mentales, y confunde sistemáticamente la respuesta adaptativa del ser humano a las dificultades o la mera aparición de síntomas (cansancio, descontento, preocupación, malestar, etc.) con los trastornos mentales.

Aspectos específicos:

Hay numerosos apartados que consisten en vaguedades que podrían incluirse en cualquier ley. Ejemplo, página 2: “La salud mental, como la salud en general, debe ser promovida con políticas públicas integrales que erradiquen la pobreza, la exclusión y las desigualdades sociales y garanticen los derechos sociales y laborales”. Quién no firmaría que se debe erradicar la pobreza, al igual que quién no firmaría que se debe erradicar el cáncer de mama o los infartos de miocardio. El incluir esto en una ley de salud mental no es más que otro ejemplo de estigmatización.

No se entiende lo que se quiere decir en la frase (pág. 4): “Contamos con una atención fragmentada, insuficiente, biologicista y centrada en la reducción sintomatológica”. ¿Atención biologicista?, ¿reducción sintomatológica? Lamentablemente muchos de los trastornos mentales graves son patologías crónicas, al igual que en otras áreas de la medicina; y la reducción de los síntomas, por los que se definen los diagnósticos, es el mejor tratamiento posible. ¿Se haría esta crítica de la atención a otras patologías en nuestro sistema sanitario, como la reducción del dolor en las patologías dolorosas crónicas? Más estigma.

En su artículo 4 (pág. 8) se define el suicidio como “acto deliberado, voluntario y consciente realizado con la intención de quitarse la vida que acaba en muerte”. “Un acto voluntario”, obviando que las personas que mueren por suicidio lo hacen, en su mayoría, impulsadas por un estado mental alterado fruto de una patología que limita, modifica o anula su libertad de acción y voluntariedad,  ya que en más de un 90% de los suicidios consumados puede demostrarse que existe un trastorno mental activo (ref.: Henriksson, M. M., Aro, H. M., Marttunen, M. J., Heikkinen, M. E., Isometsa, E. T., Kuoppasalmi, K. I., et al. (1993): “Mental disorders and comorbidity in suicide”, Am J Psychiatr, 150, pp. 935-940; Sociedad Española de Psiquiatría (SEP), Sociedad Española de Psiquiatría Biológica (SEPB) y Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental (FEPSM). (2020). Depresión y Suicidio 2020. Documento estratégico para la promoción de la Salud Mental).

Varios apartados de la Propuesta de Ley se refieren a leyes de rango superior (Ley de Enjuiciamiento Civil) o de cómo se regula el uso de medicamentos en este país.  Ejemplos de esto son las alusiones a las “personas referentes” o la “defensoría de la persona con problemas de salud mental” (sic). De nuevo, el no diferenciar “síntomas”, “problemas” o trastornos, definidos por la OMS, llevaría a que toda persona en este país necesitara designar su “defensor”. ¿Ante qué?, de nuevo el estigma.

El artículo 16 (pág. 11) dice: “Cualquier tratamiento farmacológico potencialmente inadecuado en la clínica, así como la utilización preventiva de medicación neuroléptica o antipsicótica, sin sintomatología franca, deberá ser comunicado previamente a la Defensoría de la persona con problemas de salud mental.” Se obvia que estos fármacos son eficaces. Una revisión sistemática concluyó, al contrario de lo que algunos falsos prejuicios pueden hacer creer, que los psicofármacos, en conjunto, no son menos eficaces que cualquier otro fármaco médico general (Leucht et al. British J Psych, 2012). Los ejemplos en práctica clínica son innumerables y ampliamente respaldados por literatura científica. A modo de ejemplo, el mayor predictor de recaída después de un primer episodio psicótico es dejar de tomar la medicación antipsicótica en personas con trastornos psicóticos (ejemplo: esquizofrenia, trastorno bipolar, trastorno esquizoafectivo) estables sin sintomatología “franca” (Maintenance antipsychotic treatment versus discontinuation strategies following remission from first episode psychosis: systematic review. Thompson A, Winsper C, Marwaha S, Haynes J, Alvarez-Jimenez M, Hetrick S, Realpe A, Vail L, Dawson S, Sullivan SA BJPsych Open. 2018 Jul; 4(4):215-225.)

Es un hecho que la buena adherencia al tratamiento psiquiátrico se asocia, no solo con mejor control de la enfermedad, si no con menor riesgo de suicidio e incluso menor mortalidad general en enfermedades como la depresión, la esquizofrenia o el trastorno bipolar (Krivoy A, Balicer RD, Feldman B, Hoshen M, Zalsman G, Weizman A, Shoval G. Adherence to antidepressants is associated with lower mortality: a 4-year population-based cohort study. J Clin Psychiatry. 2016 May;77(5): e566-72; Taipale H, Tanskanen A, Mehtälä J, Vattulainen P, Correll CU, Tiihonen J. 20-year follow-up study of physical morbidity and mortality in relationship to antipsychotic treatment in a nationwide cohort of 62,250 patients with schizophrenia (FIN20). World Psychiatry. 2020;19(1):61-68; Chakrabarti S. Treatment-adherence in bipolar disorder: A patient-centred approach. World J Psychiatry. 2016;6(4):399-409. Published 2016 Dec 22. doi:10.5498/ wjp.v6.i4.399).

Este punto va en contra de todas las guías clínicas internacionales y del criterio de todas las agencias reguladoras. ¿Se va a regular por ley en contra de los criterios de las agencias reguladoras, AEMPS, EMA, etc.? ¿Se haría esto en cualquier otra rama de la medicina? De nuevo, el estigma.

El mismo artículo dice (pág. 11): “Las personas medicadas con fármacos psiquiátricos que deseen reducir su consumo o dejar de consumirlos tendrán derecho a un acompañamiento especializado por parte de profesionales sanitarios para la reducción progresiva de la medicación, destinado a evitar las situaciones de crisis derivadas de los síndromes de abstinencia por interrupción brusca de la medicación psiquiátrica.” Esto denota un perjuicio claro contra los fármacos psicótropos en general. Sólo las benzodiacepinas (no “la medicación psiquiátrica” sic), utilizadas mayoritariamente en atención primaria, producen síndrome de abstinencia. (Ohayon MM, Lader MH. Use of psychotropic medication in the general population of France, Germany, Italy, and the United Kingdom. J Clin Psychiatry. 2002;63(9):817–825).

El riesgo de abuso y dependencia está claramente relacionado con un uso inadecuado, como automedicación y fuera de prescripción y seguimiento de un facultativo (Kan CC, Hilberink SR, Breteler MH. Determination of the main risk factors for benzodiazepine dependence using a multivariate and multidimensional approach. Compr Psychiatry. 2004 Mar-Apr;45(2):88-94. doi: 10.1016/j.comppsych.2003.12.007. PMID: 14999658).

Y, desde luego, no son el grupo más representativo de medicaciones para tratar los trastornos mentales, especialmente los trastornos mentales más graves, para los que contamos con intervenciones psicofarmacológicas contrastadamente eficaces.

En el artículo 21, sobre prevención primaria, se habla solo de “factores psicológicos y sociales”. ¿No se pretende hacer prevención primaria reduciendo factores de riesgo biológicos (ejemplo, entre otros muchos, consumo de fármacos antiepilépticos o alcohol durante el embarazo …)?

El artículo 22 es una antología a la contrariedad. Se dice una cosa y la contraria en varias ocasiones. Véase (pág. 13): “Protección contra la psiquiatrización y medicalización del niño, niña y adolescente, promoviendo una atención orientada a la resiliencia desde los recursos comunitarios. Se prohíbe la medicalización preventiva.” Por cierto, ¿la medicalización preventiva de qué? ¿Se está criminalizando o acusando de algo a los profesionales de la salud mental (psiquiatras, psicólogos clínicos)?

Asimismo, “Se reforzarán los espacios de colaboración y coordinación entre los dos niveles asistenciales, compartiendo la responsabilidad de los cuidados profesionales entre atención primaria de salud y atención especializada, permitiendo dar respuesta a los llamados malestares psicosociales o malestares de la vida cotidiana y frenando los cada vez más frecuentes procesos de psicologización, psiquiatrización o medicalización de la vida cotidiana de las personas.” ¡Precisamente es la atención a los malestares de la vida cotidiana que sufre toda la población la que conseguirá lo contrario de lo que se quiere evitar, la psicologización de la vida cotidiana!

Pág. 4: “El estigma aún presente en torno a la cuestión de la salud mental provoca, en primer lugar, que los datos epidemiológicos sean incompletos”. Es cierto que el estigma influye en diversos ámbitos, no así a nivel científico, donde hay larga evidencia sobre la epidemiología de los trastornos mentales a nivel mundial.

Artículo 6 a 13 (pág. 9). Entendemos que el resto de los pacientes médicos también tienen ese derecho. ¿Por qué hay que separar las personas con problemas de salud mental?

Las personas con trastornos mentales de este país necesitan que se incremente, en los Presupuestos Generales del Estado, la inversión en la prevención y tratamiento de los mismos, asimilándolos al menos a la media de la Unión Europea; y que no se les estigmatice (ni a ellos ni a los profesionales de la salud mental) ni se les utilice para proponer leyes que conseguirán lo contrario de lo que en teoría se pretende conseguir.

El Comité Ejecutivo, en Madrid, a 13 de octubre de 2021

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LAS NEUROSIS DE RENTA. SINISTROSIS


Juan Rojo Moreno

 Los psiquiatras no solemos ver estos pacientes, neuróticos de renta, que antaño sí eran evaluados y valorados por nosotros. Ahora o bien son las mutuas de accidentes quienes los valoran o se transforma en un problema médico-legal.

Bien señala Pablo Guerreiro, fisioterapeuta, en el portal de una mutua, Asepeyo, diferenciando al simulador del neurótico de renta[1]: si partimos de la base de que cada uno tiene un código diferente en la CIE (Clasificación Internacional de Enfermedades, de la OMS), Simulador/a; CIE10 Z76.5 y Neurosis de renta; CIE10 F68, queda claro que no es lo mismo, entonces ¿por qué nos cuesta tanto identificarlos y con frecuencia nos empeñamos en tratarlos por igual?

Para el neurótico de renta su fin es la búsqueda de una compensación, ya sea económica o personal por lo ocurrido (normalmente un accidente), por la mala relación laboral pasada o presente, bien por una mala atención prestada al inicio del proceso; también por la insatisfacción con el resultado del tratamiento o por la decepción con el grado de atención personal recibida en medios sanitarios. Es decir, cree justa esa compensación y la necesita para resarcirse de los problemas causados. Aunque en algunos casos parece existir una clara motivación derivada de la posibilidad de obtener indemnizaciones consecutivas a accidentes o lesiones “el síndrome no remite necesariamente con rapidez cuando el litigio ha sido exitoso.[2]

L.M Iruela (cit. Pablo Guerrero) da algunos consejos útiles para el profesional sanitario que detecta una posible simulación o neurosis de renta.

En primer lugar, que nuestra misión es ayudar al que sufre, diagnosticando y tratando de acuerdo con los estándares y procedimientos científicos y profesionales aceptados. Añade que el diagnostico de simulación es forense y en eso no estoy completamente de acuerdo. Serán, en justicia, médico-legales o forenses las consecuencias que pueda querer obtener el simulador o la valoración de la demanda de indemnización del neurótico de renta, pero nuestro diagnóstico médico puede incluir tanto simulación como neurosis “de renta”, aunque no, claro, las consecuencias o demandas que haga.

Por esto veo muy acertados, en segundo lugar, los siguientes apuntes que hace Iruela: entrevistas cálidas y empáticas, ahondar en la psicobiografía del enfermo, comprender, ayudar y aconsejar [dentro de los postulados médicos, he de añadir], derivar al paciente a psicoterapia.

Un trabajo centrado en este tema realizado por el psiquiatra Dr. Alfredo Calcedo Ordoñez, especialista en psiquiatría legal, nos sirve de referencia con su aportación: “Las llamadas Neurosis de Renta”[3].Estas neurosis suponen: a) tener síntomas neuróticos b) aparecer o relacionarse con un accidente c) en un contexto legal que proponga la posibilidad de una indemnización.

También se le ha llamado enfermedad de Erichsen, cirujano inglés que fue el primero en 1866 en estudiar de forma sistemática varios casos relacionados con accidentes (ferrocarril, carruajes, …). Y en 1908 Brissaud describe con el nombre de sinistrosis una especie de “delirio razonante” que arranca de una idea falsa de reivindicación. No deriva en sí del accidente, sino de la opinión errónea sobre la cuantía o del tipo de reparación que estima le es debida. El termino neurosis de renta aparece en la escuela alemana a partir de 1926, “Rentenneurose”.

Los síntomas son muy diversos, algunos de aspecto hipocondriacos, otros depresivos, otros de cansancio, mareos, vértigos… y no aparecen inmediatamente sino después de un periodo de latencia tras el accidente.

Detrás del accidente ha de aparecer la posibilidad de que la sociedad haya viabilizado una indemnización. No se dan estas neurosis de renta cuando no hay esa posibilidad de indemnización, y por lo tanto son más frecuentes en trabajadores de grandes instituciones que en autónomos o en trabajadores liberales.

Se diferenció de la simulación pues en esta el sujeto simula (muchas veces exageradamente o sin los detalles necesarios) una patología y lo hace de modo consciente para obtener un beneficio. No quieren dar muchos detalles de sus padecimientos y eluden en lo posible las visitas médicas. En el caso de las neurosis de renta todo lo contrario, quieren explicar las molestias y síntomas que tienen relacionados con el accidente y quieren toda la ayuda posible e incluso que se le hagan el mayor número de pruebas posibles.

No siempre cuando consiguen la indemnización desaparecen los síntomas en estas neurosis.

Hay un paso importante en la conceptualización de este trastorno cuando Viktor von Weizsäcker en 1929 (cit. Calcedo) plantea que el deseo de renta y la representación de estar enfermo son visiones demasiados simples para comprender las neurosis de renta. Indemnización y sintomatología son elementos de segundo orden, lo verdaderamente importante es la privación de lo que estima que son sus derechos y por esto la denomina “neurosis de derecho”, en vez de neurosis de renta.

Por lo tanto se está ya más claramente diferenciando del simulador que conscientemente busca un beneficio o fin con su “simulación” y ahora, si bien es cierto que para que se dé la neurosis de renta es necesario que haya en la sociedad una posibilidad de indemnización y un accidente, pero ya con Weizsäcker supone que empecemos a valorar la individualización de cada caso, las personalidad, la psicobiografía, circunstancias sensibilizantes previas, y también los factores sociales, los sistemas de salud y sus coberturas es decir aquí hay que individualizar sujeto-ambiente-sanidad.

Podemos decir que la neurosis de renta es verdaderamente una neurosis de reivindicación de derecho: es decir lo que reivindica el paciente es un derecho que tiene a ser valorado médicamente, socialmente y económicamente, en base a lo que le ha ocurrido y sobre todo a lo que le afecta.

Por esto dice Calcedo que las neurosis de renta son el prototipo de enfermedad social, sea desencadenada por accidente de trabajo o de otro tipo… y si el médico rechaza o se muestra escéptico sobre los trastornos, lo que en realidad hace es ahondar más la ofensa y por consiguiente reforzar la lucha por el derecho.

Los hallazgos objetivos en las pruebas exploratorias que se realizan son escasos o nulos y si aparecen no justifican la afectación tan importante que tiene el paciente.

Para Calcedo lo más importante es la vivencia de insuficiencia que tiene el paciente frente a las solicitaciones fundamentalmente laborales del ambiente que antes resolvía sin dificultad. La conexión entre vivencia de insuficiencia y el accidente se establece pronto.

Hay varios motivos por los que antaño no existían las neurosis de renta: uno, que no había indemnizaciones, otro, que el medio familiar y profesional eran más cordiales. López Ibor (1966) insistió sobre el carácter de eficacia y mayor rendimiento de las sociedades industrializadas y sobre la menor protección que tienen “sobre el aspecto vital” de cada uno de los miembros.

Por esto Calcedo insiste en que la “actitud” de renta es por una parte la manifestación de queja, reivindicación del sujeto a cuenta de lo que ha pasado (accidente…), y también por otra parte es consecuencia de legislaciones que protegen y amparan frente a posibles secuelas.   En el fondo siempre está la vivencia de insuficiencia ante las situaciones de esfuerzo. El deseo de indemnización es una actitud, pero no un síntoma.

En resumen, apunta Calcedo:

1-Hace falta un accidente o traumatismo.

2-Este ha de resultar indemnizable.

3-Vivencia de insuficiencia ante el esfuerzo, con desproporción entre la sintomatología subjetiva tan incapacitante y los hallazgos objetivos.

4-La neurosis de renta no es un concepto médico en sentido estricto, sino médico-jurídico.

Y por esto señala Calcedo: “claro está que al principio los síntomas son función del accidente, pero después resulta que lo son en función del paciente […] El diagnóstico no está exento de dificultades, implica naturalmente diferenciar y excluir los cuadros similares de base orgánica y la simulación”.

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Cierto que normalmente los psiquiatras no nos planteamos la finalidad de indemnización o no, que corresponde a la medicina legal y que para nosotros el paciente, su sintomatología y bio-situación son aspectos preferentes.

Pero todos conocemos, en nuestra especialidad, la vivencia de desamparo que algunos pacientes sufren cuando ante su sintomatología claramente psiquiátrica y la justa retribución económica que deberían percibir como enfermedad crónica, en bastantes ocasiones, se les deniega como si fuera una “invención” o una exageración. Recuerdo el caso de un comercial que había trabajado, como le corresponde, viajando mucho y que ahora padeciendo un trastorno agorafóbico no era apenas capaz de salir de su casa si no iba acompañado. Por supuesto ni alejarse de casa ni del barrio ni conducir un automóvil. Con la correspondiente medicación y psicoterapia conseguimos en 6-8 meses que ya pudiese salir sólo dando una vuelta a su casa o a lugares muy concretos que le daban seguridad cerca de casa. Se le denegó cualquier ayuda dándole el alta médica que desde luego fue imposible de cumplimentar incorporándose al trabajo.

En ocasiones, como ya está “previsto”, habrá un número de enfermos que, ellos y sus familiares, asumirán esa “alta laboral” como un mal inevitable, pero otros si tienen recursos económicos y formativos (cultura, siempre a más cultura más igualdad y más conocimiento) podrán recurrir legalmente para que un juez determine al final del proceso, con todos los informes, el veredicto definitivo.  ¡Lamentable discriminación!

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[1] Pablo Guerreiro. Fisioterapeuta del centro asistencial de Móstoles. Portal Sanitario Asepeyo

[2] Iruela LM. Neurosis postraumática. En valoración del daño corporal. Fundación MAPFRE. Madrid, 1996.

[3] Alfredo Calcedo Ordoñez. Las llamadas neurosis de renta. Memoria galardonada con el Premio de la Real Academia de Medicina 1975. Instituto de España. Real Academia Nacional de Medicina, 1975

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REFLEXIONES DESDE LA MEDITACIÓN DE ORTEGA Y GASSET DEL PUEBLO JOVEN


Comunicación y circunstancias.

Juan Rojo Moreno

Las estancias que hizo J. Ortega y Gasset a partir de 1916 a Latinoamérica le indujeron a reflexionar sobre diversos aspectos. Esa obra está en Internet en forma libre (descargar aquí) pero nosotros vamos solamente a utilizar unas reflexiones que nos acontecen entrando en ella.[1]

Casi ningún país se encuentra contento con su “estado” o situación actual (hay quien exceptuaría a Islandia). Los unos porque tienen muchos impuestos, otros porque tienen mucha migración, otros por su pobreza o falta de libertades y otros porque sienten que diversos países influyen demasiado en su protagonismo. Señala Ortega que la historia humana es obra del descontento, que es una especie de amor sin amado y como un dolor que sentimos en miembros que no existen.

Curiosamente, existe una gran paradoja en este mundo internacionalizado, interconectado y supracomunicado, y es que si bien aparentemente todo el mundo habla con otro todo mundo pero, aun así, lo que más existen son los monólogos. Los vemos constantemente en las tertulias televisivas, por poner un ejemplo, uno suelta su speech, discurso o incluso arenga y la mayoría de las veces es atendido pacientemente por los demás contertulianos (en muchas ocasiones no existe ni siquiera ese mínimo de educación) y cuando acaba o se le hace acabar, el nuevo locutor ahora suelta su discurso que en su mayor tiempo no tendrá apenas nada que ver con el anterior (solo la temática que se está hablando) y cuando acaba, otro interlocutor o el anterior responde o inicia un nuevo discurso que son monólogos. En el fondo  se cree (y posiblemente tengan razón) que la audiencia va a recibir el impacto emocional de sus argumentos y así poder movilizar una idea o una ideología.

Por esto en lo regímenes totalitarios, y en los partidos políticos que aspiran a ello, el control de los medios de comunicación es tan importante.

Ya nos decía Ortega que el pensamiento honesto es siempre en tal sentido dialéctico y la dialéctica es colaboración y que “la vida intelectual española [ahora ampliable a muchos otros países por la interconexión] cruza por una etapa de audaz monologuismo. Cuando se interrumpe este no es para el diálogo, sino al contrario, para ejecutar alguna estúpida agresión. Nadie se otorga el lujo de comprender al otro y, partiendo de esa comprensión, tal vez rebatirle”.

Es cierto que, en definitiva, cada uno de nosotros tenemos la valoración y decisión última, como señala Ortega, si bien nuestra existencia nos aparece constituida por un conjunto de circunstancias que nos obligan e imponen un régimen de forzosidad. Pero esto  no supone en nuestro vivir que deba ir éste rigiéndose por una trayectoria ineludible y mecánica sino que deja siempre un margen a la decisión. Todo hombre tiene que tomar en peso su destino [sus circunstancias] y plasmarlo con su albedrío.

Ciertamente, no hay vivir si no se acepta la circunstancia dada, pero sobre esta circunstancia tenemos que hacer malabares para entre lo estipulado, lo que nos estipulan, lo que creemos que es nuestro y es inyectado, y entre lo más verdadero nuestro, al final en la autognosis, en el autoconocimiento, uno debe sacar su propia conclusión. Es a menudo difícil pues tenemos que estar constantemente andando y saber cuándo hay que parar. Este equilibrio es parecido al que decía Nietzsche, refiriéndose al poeta, que es una persona que “danza encadenado”.

Todos tenemos problemas, los pueblos y naciones tienen problemas y debemos entrenarnos -lo cual no es fácil- para vivir la vida y saber sobrevivir ante o frente a nuestras circunstancias y el mundo que nos rodea, con sus tensiones y complejidades.

La palabra entrenamiento no es sino la traducción del vocablo askesis, ascetismo, que usaban los griegos en los juegos atléticos y con el cual denominaban al régimen de difíciles ejercicios al que se sometían para mantenerse “en forma”. Señala Ortega que este constante entrenamiento es el único capaz de hacernos creativos y hemos de mantenernos en constante entrenamiento, y para esto es necesario que las circunstancias nos inciten.

¿Pero realmente nos entrenamos para la vida [más allá de haber recibido, por fortuna, una educación al menos básica y obligatoria]? ¿O simplemente nos dejamos llevar por las circunstancias como el kayak que baja por un rio turbulento y no más que intentamos no ahogarnos entre nuestras ideas, nuestras creencias, la opresión de las estructuras y nuestras circunstancias personales o familiares?

Es difícil mantener una tabla de entrenamiento en un mundo tan politizado e ideologizado que además está hiperconectado ¡Política de ideas!

Señala Ortega que nuestras sociedades tienden siempre a que todo en ellas se convierta en política y entonces acontece que viven sólo de un centro creador de historia: la política, careciendo de otras instancias y centros de equilibrio a los cuales recurrir. Esa otra instancia –señala Ortega- tiene que ser la vida intelectual… pero no os hagáis ilusiones, la pura inteligencia es enemiga del puro político.

¿Cabría hoy poder encontrar, en nuestros días, en este siglo XXI, una sociedad como la  francesa de principios de siglo XX “Union pour la vérité” que publicaba unos cuadernos donde los hombres de ciencia y de letras discutían entre sí, de espaldas al público, sin tolerarse vanos aspavientos, felonías ni otras ruindades inspiradas por el afán de quedar encima? Un riguroso imperativo de veracidad presidía a la polémica. Una insolencia, una pedantería, una deslealtad, serían automáticamente castigadas con la exclusión.[2]

Si existiese una sociedad parecida en nuestros días más de uno se apuntaría, aunque para muchos parecería disarmónica con los tiempos de la popularización de opiniones diversas y, si posible, de la imposición de las mismas.

Pero aunque no exista, hay algo parecido que no se dice ni se escribe, de gran importancia en nuestras sociedades y que nuestro autor de referencia denomina: “las cosas consabidas”. Por esto hay unidad social, hay comunidad -quiérase o no- cualquiera que sea la independencia y aun la autoridad de los estados. Pues hay cosas que no solamente las sabemos cada uno de nosotros, sino que además sabemos que las saben también los demás. Esto que sabemos junto con otros lo consabemos.

Ese tesoro de lo consabido -sigue Ortega- de lo que hemos vivido juntos (por ejemplo el estado de alarma durante la pandemia Covid-19 y lo que sigue ocurriendo, el problema sanitario, económico, humanitario…) de lo nuestro por ustedes, de los de ustedes por nosotros, no nos lo puede quitar nadie ni siquiera nuestra propia voluntad. El hombre no es sino “lo que le pasa”, y ese pasado que le ha pasado a uno, a nosotros, al hombre, no es algo que se fue sino al contrario: porque nos pasó, queda operante dentro de nosotros.

Esto que no se divulga en las noticias nos une, no solo a un país sino hoy en día por la hiperconectividad también a los europeos, americanos y otros países de occidente y oriente. Realmente a toda la humanidad. Lo consabido no suele ser portada de periódico pero actúa como dulce o amargo amanecer dando luz a un sentido planetario que aún se resiste a deslumbrar, no por fallo en el imaginario popular, sino por la sinrazón de los que en uno y otro lado ostentan o determina el poder. No el poder militar, sino hoy más que nunca el poder de la información, de los datos y de la manipulación.

¿O es que, como señala Ortega, podría uno preguntarse si no habremos venido los hombres a este mundo precisamente para no entendernos? porque no cabe negar que el no entendernos es cosa que sabemos hacer concienzudamente.

C. G Jung ya habló del Inconsciente Colectivo, estructuras arquetípicas que  compartimos toda la humanidad y “aparentemente”  este inconsciente es silencioso. Lo consabido tiene también algo de silencio, quizá un murmullo bajo del que no llega a entenderse ni oírse bien sus palabras.

Nos consabemos vitalmente los unos a los otros -señala Ortega-, nos consabemos o somos lo consabido recíprocamente. Y lo demás es ganas de hablar y hablar, es casi siempre no entenderse. Nos entendemos más por lo que damos por supuesto y callamos que por lo que efectivamente decimos. De donde resulta una extraña pero inevitable paradoja: que el hablar, el auténtico hablar se compone principalmente de silencio.

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[1] José Ortega y Gasset. Meditación del pueblo joven. Revista de Occidente, Madrid 1962. Es la edición que hemos alcanzado. En otras ediciones se titula “Meditación del pueblo joven y otros ensayos sobre América”.

[2] Asociación de «educación filosófica y cívica mutua», fundada a finales del siglo XIX. Publicó un Boletín – Unión por la Acción Moral entre 1892 y 1905. En 1896, La Unión se hizo conocida por el público a través de una rotunda campaña de comunicación al exhibir en las paredes de París una letra grande encargada a Puvis de Chavannes después de su decoración del Panteón (Sainte Geneviève) y grabada por Auguste Lauzet. Este «cartel moral», destinado a traer belleza a la gente, es alabado o burlado en una gran prensa y da visibilidad a la acción de Desjardins y sus amigos. La Unión se disolvió durante el asunto Dreyfus, dando a luz la Unión por la Verdad, por un lado, y la Acción francesa de Henri Vaugeois y Maurice Pujo por el otro. Paul Desjardins asumió la dirección de la Unión para la Vérité: https://fr.wikipedia.org/wiki/Paul_Desjardins

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BIOGÉNESIS HUMANA TRASCENDENTE


NEUROBIOLOGÍA DE DIOS

Juan Rojo Moreno

Leer a neurobiólogos casi siempre es gratificante y más aún si éste es David Linden, Profesor de Neurociencias de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, que además intenta en muchas de sus obras facilitar la comprensión siguiendo la máxima de Max Delbrück “imaginaos que el público al que os dirigís tiene cero conocimientos, pero una inteligencia infinita”. La lectura de los textos de neurobiología muchas veces nos animan con la ley de los tres “casi”: casi nos descubren como funcionamos los seres humanos, casi nos dicen cual puede ser el futuro del ser humano y (cuando se atreven) casi nos dicen si somos o no seres espirituales.

El libro que ha caído en mis manos “El cerebro accidental” de David Linden nos plantea muy bien estas cuestiones y se atreve con la última de ellas[1]. De forma resumida viene a explicar como el cerebro es lo que llama un kludge[2]. Es una aglomeración ineficiente y poco elegante de materia, pero que sorprendentemente funciona muy bien. Explica el autor cómo el cerebro es capaz de hacer predicciones, por ejemplo, predecir dónde nos vamos a hacer cosquillas uno a sí mismo y por eso no es posible hacerlas, y así mismo observa que la mayoría de las sinapsis del cerebro no son fiables sino que son fundamentalmente dispositivos probabilísticos.

El cerebro no tiene un “diseño previo” sino que ha ido añadiendo capas (como bolas de un helado, unas encima de otras) de complejidad evolutiva apañándose con lo que tenía desde el principio. “El cerebro humano -dice Linden- se ha desarrollado principalmente por aglomeración”. La diferencia de nuestro cerebro y el de un lagarto o el de un ratón, está en que hemos añadido alguna capa nueva evolutiva sobre la estructura prexistente. Para funcionar bien necesita un número grandísimo de neuronas y procesar simultáneamente mucha información en paralelo; además necesita de la plasticidad cerebral (la experiencia modela sutilmente las conexiones sinápticas). Esto último renueva el circuito y permite que sea eficiente un dispositivo tan impresionante a partir de unas partes de calidad tan escasa. La influencia del entorno (en su sentido más amplio) puede ser tan importante, que incluso las hormonas producidas durante el embarazo por un gemelo puede influir en el desarrollo encefálico del otro. Pero como la cabeza del bebé ha de pasar por el canal del parto, la mayoría del crecimiento cerebral y de sus interconexiones se tiene que producir después del mismo. Los detalles sutiles de la interconexión cerebral se producen desde el final del embarazo hasta los primeros 20 años de la vida (cien mil millones de neuronas y quinientos billones de sinapsis). Desde el nacimiento hasta los 20 años de edad el cerebro ha incrementado en más del 300 por ciento su tamaño.

¿Quiere esto decir que nuestro cerebro ya está rigidificado a partir de los 20 años, que ha adquirido su máximo tamaño?

Puede que no sea así y conozcamos porqué. Veamos dos cosas curiosas.

Por una parte:

Si bien en esos años, desde el nacimiento hasta los 20, ha aumentado mucho el tamaño del cerebro y las interconexiones neuronales, sin embargo no ha aumentado el número de neuronas sino que más bien se han perdido unas cien mil millones de neuronas sobrantes. Esto es debido a que las neuronas compiten por las funciones y aquellas que no activan sus sinapsis se atrofian o desaparecen. Por lo tanto el medio ambiente, la educación, la experiencia durante la infancia y adolescencia, el entorno en definitiva, va a ser quien realice la selección entre un conjunto prexistente de sinapsis y neuronas. Las que sobreviven son las activas eléctricamente. Las experiencias pueden hacer que surjan nuevas ramificaciones en los axones que luego desarrollarán nuevas terminaciones sinápticas y también esto ocurre a nivel postsináptico. Esto, ya vimos, es la plasticidad neuronal. Evidentemente, todo esto tiene unos límites y hasta ahora se conoce que una vez que el entorno (como las vitaminas) es apto y ya se cumplen las dosis mínimas o suficientes, no por más estimular aparecen personas superdotadas o mejores intelectualmente. Lo interesante es que ahora se ha comprobado que la plasticidad neuronal sigue durante toda la vida del sujeto.

En segundo lugar, por otra parte:

En el caso de la sinestesia (que un sonido provoque un sabor o un color) se admite que de algún modo las conexiones sinápticas aberrantes (por ejemplo, de áreas auditivas a áreas del color) que no llegan a ser eliminadas en las primeras etapas del desarrollo postnatal, dada su conservación y elaboración en etapas posteriores de la vida, esto conduce a una experiencia sinestésica particular. Podemos preguntarnos: en cada uno de nosotros ¿han quedado destruidas estas posibilidades?, o como dice  D. Linden hay genes que pueden activarse o desactivarse en determinados puntos del desarrollo, o como respuesta a señales particulares; es decir la expresión génica es el proceso a través del que los genes se activan o desactivan. Esto nos sugiere volver a la consecuente pregunta ¿y esta expresión génica será capaz de activar genes “dormidos” a lo largo de nuestra vida? Por lo que hemos obtenido de D. Linden:

–         Dado que tenemos potencialmente millones de neuronas y sinapsis que con la “estimulación clásica o natural” no se activan y quedan latentes o muertas, si el ser humano evolucionase de una manera que la estimulación natural permitiese que parte de esas neuronas y sinapsis se mantuviesen sin que a cambio se eliminaran otras “significativas”, ¿no cambiaría la concepción del mundo que este ser humano adquiriría? [3]

¿Podría aparecer una concepción y capacidad  diferente, propia de un salto evolutivo?

¿Esto solo puede ocurrir en los primeros 20 años o quedan latentes estructuras genómicas potenciarias que pueden desarrollarse a lo largo de la vida, y aparecer en la adultez la patentización genética de esa nueva cosmovisión? o ¿por el contrario ya a partir de una edad hay cierta rigidez para tal aventura humana?

¿Y que tiene todo esto que ver con Dios? Aquí vamos a ver como psicología, filosofía y neurobiología se unen.

Ya Bergson creyó que la naturaleza desarrolló lo que él llamaba religión estática, que sería un  fenómeno implícito en el proceso evolutivo, y por lo tanto anclada en la biología. C.G. Jung, aunque psicoanalista, al hablar de los arquetipos del inconsciente colectivo (arquetipo Luz, Trascendente) pensaba que se transmitían no solo por tradición sino también por herencia. Como señala Julio V. Maffei[4] el hombre deviene religioso por un proceso de evolución en el que lo genético ha de interpretarse como de orden estructural. Y ahora el mismo David Linden ya comenta “la predisposición al pensamiento religioso deriva de este cerebro ineficiente y extraño que ha sido modelado a lo largo de nuestra historia evolutiva” [5]

El argumento que mantiene D. Linden es que la presencia de la religión en todas las culturas convierte a ésta en un universal cultural. No existe cultura alguna que carezca de prácticas o ideas religiosas. Y la conclusión a la que llega Linden es que el cerebro ha necesitado adaptarse mediante la creación de “historias coherentes, sin lagunas” y que esta propensión a la creación de relatos forma parte de lo que predispone a los seres humanos al pensamiento religioso. Explica como en el caso de amnesias que se rellenan con confabulaciones o en el caso de personas con los hemisferios cerebrales desconectados uno del otro, el cerebro ante “el vacío” construye un relato o narración que sea coherente con lo que se le pregunta o vivencia. Llega a la conclusión que ante la realidad subconsciente que tenemos, aunque no la conozcamos, cargada de símbolos, falta de lógica, y sin causalidad, e incluso ante una realidad consciente que no siempre es causal, la corteza del hemisferio izquierdo patentiza la predisposición como especie al pensamiento religioso, dado el caos irrazonable y a-cognitivo de la herencia evolutiva que compartimos como seres humanos.

“Nuestro cerebro ha evolucionado para hacernos creer” y de esta manera “el amor, la predisposición al pensamiento religioso son el resultado de una aglomeración particular de soluciones ad hoc que se han ido amontonando a lo largo de millones de años de historia evolutiva”. Al final D. Linden está coincidiendo con A. Vergote cuando señalaba en 1969 que la religión es una realidad dinámica y evolutiva, como la persona y la cultura, y también coincide con William James que escribió “oramos porque no podemos evitarlo”, solo que D. Linden como buen Neurobiólogo asume estos principios pero apostillándolos en el más puro sentido bi-etimológico de la palabra religión: Sí a la religión, pero atada o dependiente a la evolución de la corteza cerebral y del hemisferio izquierdo, que teniendo que dar coherencia a todo lo que el ser humano recibe sin coherencia, ha creado una narrativa coherente que le “predispone” al pensamiento acerca de lo divino (que luego podrá rechazar, intelectualizar, aceptar…). [6]

Realmente, siguiendo el esquema de Welte[7], D. Linden, envalentándose al tratar el campo religioso desde la neurobiología, efectivamente plantea un ateísmo positivo, pues al fin y al cabo la necesidad religiosa, para él, solo es una necesidad evolutiva que el cerebro ha creado para dar coherencia a la concepción del mundo incoherente que es la realidad histórica. David Linden con su esquema neurobiológico evolutivo que da “coherencia” al mundo incoherente hace explicable, a su manera, esta frase de Moeller “el misterio no es lo paradójico… ni lo impreciso o incognoscible o impensable; es, por el contrario, una realidad que tiene una razón positiva para no manifestarse en una presencia objetiva”.[8] Con Linden, diríamos que no se manifiesta pues necesitamos el misterio como una parte del relato que da en cierto modo sentido al contenido de la realidad que vivimos. Pero también podemos tomar la postura de Linden desde la concepción de J. Huxley que considerando el humanismo evolucionista no elimina la “materia” de la  ecuación ante lo trascendente.

Puede que las ideas de David Linden nos sirvan para entender una trascendencia en uno mismo desde la materia. Refiere Linden cómo los ciegos, con lesiones en áreas superiores del cerebro, pueden “ver” [9] gracias a antiguas partes del cerebro que no son conscientes; y de la misma forma nos podemos preguntar: ¿Esa predisposición a lo espiritual o religiosa ha de quedarse en las neuronas, en el hemisferio izquierdo y las sinapsis? O este mundo al que me voy a referir ahora: el mundo cuántico, también aparentemente incoherente (y que sigue siendo material), con otro parámetro temporal, otro sentido, que está “debajo y dentro” de las neuronas y de las sinapsis, pero existente en todos nosotros, y en las sinapsis aunque no sepamos cómo actúa efectivamente: ¿no será también un camino-mensajero hacia lo trascendente, que sin darnos cuenta nos está informando en nosotros mismos (desde los trascendente y desde nosotros mismos) y nos dirige, como a los ciegos, cuando nuestra inteligencia germinal está predispuesta, hacia la categorización de valores morales?

Como señalaba Teilhard de Chardin “sagrada emoción del átomo que descubre en el fondo de sí mismo el rostro del Universo”[10]. Porque cuando hablamos de “materia” tenderemos que empezar a definir donde empieza y donde termina la “materia” que somos en el cosmos, que no deja de ser nuestra realidad actuante. Quizá un día la neurobiología se atreva también con el mundo cuántico para explicar al ser humano y su trascendencia.

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[1]  El cerebro accidental. La evolución de la mente y el origen de los sentimientos Editorial Paidós, 2010

[2] Palabra formada por las iniciales de los adjetivos klumsy (torpe), lame (poco convincente), ugly (feo), dumb (tonto), [but]  good enough ([pero] (bastante bueno)

[3] Ya en 1951 P. Teilhard de Chardin comentaba “sin salir del plano de la anatomía individual, nada prueba (ni mucho menos) que disponibilidades evolutivas importantes no se hallen en reserva dentro de la sustancia de nuestros cerebros”. En el libro “La visión del Pasado” (ed. Taurus, 1958).

[4] Psicología evolutiva y religión. Editorial Latinoamericana Libros srl, 1981.

[5]   Ya Teilhard de Chardin en “La visión del pasado” correlacionó la “biogénesis” con la “cerebración”.

[6] Dos formas de entender la etimología de la palabra “religión”: San Agustín la entiende como “religare” es decir “atar o hacer dependiente” y Cicerón prefirió como origen del vocablo “relegere”, es decir, cuidado y atención que se pone en observar todo lo referente a las cosas divinas.

[7] Este teólogo alemán diferencia entre un ateísmo negativo (solo existe lo que se puede comprender), un ateísmo crítico (lo espiritual o divino  es objeto de critica mientras no responda a todas las preguntas) y un ateísmo positivo (acepta que el hombre tiene necesidad natural de lo infinito, pero niega que esa necesidad provenga de nada superior a él mismo)

[8] Moeller Ch. Literatura del siglo XX y Cristianismo (T. IV) Gredos , Madrid, 1960 (citado por  Maffei)

[9] No ven con la vista pues son ciegos, pero “saben” donde están objetos luminosos que se les colocan delante,  a veces acertando a cogerlos en 9 de 10 intentos.

[10] Teilhard de Chardin. La visión del pasado. Editorial Taurus, 1958

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