PSICOGEOMETRÍA Y CIENCIA


Juan Rojo Moreno

          A veces son útiles, y otras no, las recomendaciones que en redes sociales compañeros o amigos te hacen de un libro. Me recomendaron un libro sobre psicogeometría y vi interesante el título y el resumen.

No le voy a poner pegas a un contenido bien estructurado, pensado y del que los autores tienen amplia experiencia. Pero tengamos en cuenta que lo que plantea es una cuestión cuasi-religiosa que “intenta” ser, en determinados momentos, “científica” pero sin hacer ciencia.[1]

Solo voy a hacer tres comentarios y un contraste. Insisto que no es una crítica al libro que es muy recomendable para los seguidores de esta manera de pensar, y me interesa también la concepción que hace de “la salud”.

En primer lugar, tengamos en cuenta, pues, que la geometría se vuelve sustentable o sagrada cuando crea o permite el desenvolvimiento y evolución de la vida orgánica, de la conciencia material del cosmos.

¿Cómo se origina la gravedad?: cuando la onda partícula gira en el movimiento trazado por una espiral, genera un vórtice de succión que lleva las velocidades de onda más allá de la velocidad de la luz. Este proceso creado por la fractalidad permite succionar o implotar la carga en diferentes escalas y acelerarla para producir gravedad (sic).

Mi primer comentario, es en relación a estas ideas que incluso se forjan en conceptos de la física cuántica. O te crees todo esto o no, no hay discusión, ni por supuesto demostración. Como indica: los investigadores rusos están convencidos de que armonizando los sonidos que emitimos, las palabras, en una determinada frecuencia se puede llegar a influir en el ADN. O te lo crees o no. A su entender el ADN se expresa a través de ondas solitónicas que son capaces de propagarse sin deformarse a grandes distancias en medios no lineales. El ADN tiene capacidad de una comunicación a nivel cuántico que rompe las barreras del espacio y del tiempo. Los científicos rusos (¿?) descubrieron con sus experimentos que la vibración oscilatoria de nuestro ADN puede causar patrones de perturbación en el vacío produciendo así agujeros de gusano magnetizados.

Un segundo apartado he querido hacerlo en relación a cuestiones que atañen a la salud y a la medicina pues ahí me encuentro algo más fraguado que cuando habla de los Toroides…

En este apartado hace algunas aseveraciones muy antiguas que luego se demostraron “no validas”, como por ejemplo cuando dice que el campo energético es ahora visible, fotografiable y sirve para la prevención y diagnóstico de enfermedades que están en el cuerpo electromagnético y que pueden llegar a manifestarse en el cuerpo celular.

Claro hay que tener en cuenta que, para los autores, “el cuerpo gravitacional opera con la energía del Orgón, así llamado por W. Reich, el más brillante discípulo de S. Freud”. Lo cierto es que al final de su trayectoria, muy alejada de Freud, Reich veía orgones por todas partes y desde luego no fue el “más brillante discípulo de S. Freud” esto es fácil de verificar cuando se estudia a Freud y las Escuelas que a partir de él surgieron.

Llama la atención como en este campo de medicina les falta hacer comprobaciones y formación. Se refieren al Caduceo de Hermes (o Mercurio) como símbolo de la medicina, lo cual no es cierto ya que era un símbolo del comercio. Lo confunden con el báculo o vara de Asclepio para los griegos o Esculapio para los romanos que es un antiguo símbolo asociado con la curación de enfermos. Consiste en una serpiente entrelazada alrededor de una vara larga.

El Caduceo de Hermes es utilizado como emblema en diversas instituciones dedicadas al estudio y enseñanza de las ciencias económicas, en los logotipos de la Liga de Defensa Comercial (Lideco) del Colegio de Contadores, Economistas y Administradores de Uruguay, de la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini de Buenos Aires y de la Escuela Superior de Comercio y Administración del IPN en México… Como señala también en su blog  Cesar Augusto como símbolo de la medicina el error deriva de las similitud con la vara de Esculapio, el símbolo que representa a la medicina, el cual sólo consta de una vara y una serpiente enrollada en ella.

Claro a partir de este error las interpretaciones ya son todas erróneas, como cuando se parte de una hipótesis falsa y se sacan conclusiones. Así, dice, derivado del Caduceo de Hermes (Mercurio) construido por el gráfico de dos espirales enroscadas en torno a una espada, los tres canales de la energía sexual: Shushumna en el centro y los canales Ida y Pingala rodeándolo para terminar a la altura de la cabeza irradiando su energía como un corazón alado expandiendo la energía sexual, los jugos de la espina para nutrir el corazón y el cerebro (bueno pues esto es los que le ocurre a los que estudian economía y mercado, claro, y las alas que expresan la rapidez con que mercurio iba de un sitio a otro, ahora será sexual).

Por último, en tercer lugar, un comentario respecto a la homeopatía que en cierto modo es la base de su tratamiento “médico” y admite que emplea algunas veces remedios carentes de ingredientes químicamente activos, pero geométricamente codificantes en ángulo, proporción, simetría y frecuencia. Esto se supone que se relaciona con la retícula Deca-Delta que rodea al planeta e interconecta la conciencia de la vida orgánica.

La enfermedad para nuestros autores se produce por una acumulación de emociones, pensamientos y movimientos que genera que se almacene la libido sin poder ordenarse de manera adecuada y cuando esto ocurre la energía del Gran Toroide Vertical no puede fluir libre por todo el sistema y ocasiona una fuga de energía por el subsistema más débil. Así el 80 % de las enfermedades son producidas por desequilibrios bioenergéticos y la homeopatía busca arreglar los desórdenes geométricos.

En definitiva, tanto la bulimia, como la anorexia, el insomnio, los cambios bruscos de temperatura, movimientos involuntarios, tics, e hiperactividad se deben a la alteración en el Toroide Mayor y por el caso del Toroide Emocional se originan las celotipias, fobias, miedo a la altura e irritabilidad, y por el Toroide Intelectual se originan fanatismo, dogmatismo, orden militar, limpieza obsesiva (se entiende TOC).

También mediante poliedros que se ponen a lo largo de la persona se armoniza el campo de resonancia fractal y se avanza en la terapia de enfermedades. ¡Ni hablar de los psicotrópicos o de las drogas químicas que devastan la fuerza de voluntad del individuo y le minan su fuerza vital! Baños fríos alternándolo con calientes y enemas son de gran ayuda (me recuerda esto a la medicina del siglo XIX)

Quiero terminar, volviendo a comentar que no es una crítica a su “filosofía” de la que me veo incapaz, cuando hablan de la geometría de la conciencia, geometría sustentable en el diseño, en la naturaleza, arquitectura biológica o de los números y la geometría sustentable.

Pero en lo referente a las cuestiones médicas si me he tenido que atrever a hacer un comentario, pues, la verdad, para algo me he comprado y leído el libro, muy recomendable para los que estén en esa “onda”.

Decía al principio que solo iba a hacer tres comentarios y un contraste. Ahora el contraste.

Evidentemente, todo esto desde la medicina de la evidencia y desde el conocimiento científico poco hay que decir. La medicina no es per se científica, pero gracias al uso del método científico ha avanzado enormemente y ha evitado que se siga utilizando, por ejemplo, la triaca o teriaca que era un preparado polifármaco compuesto por varios ingredientes distintos (en ocasiones más de 70) de origen vegetal, mineral o animal, incluyendo opio y en ocasiones carne de víbora. Se usó   como medicamento contra numerosas enfermedades, siendo considerado una panacea universal. Se popularizó en la Edad Media y perdió auge en los siglos XVIII y XIX en los que, con el desarrollo de la química, comenzaron a aparecer las primeras discusiones serias sobre la efectividad real de las triacas, y su importancia empezó a decaer. En 1745 William Heberden, médico inglés, publicó un tratado recogiendo los efectos inútiles de los ingredientes, lo que motivó la exclusión de las triacas de la farmacopea londinense al año siguiente.

En Bolonia desapareció a finales del siglo XVIII, en Venecia a mediados del siglo XIX y en Nápoles a principios del siglo XX. En México fue retirada en 1908. En España, el Colegio de Farmacéuticos de Madrid decidió en 1920 dejar de preparar el medicamento. O sea, que duró hasta el siglo XX.

Y como este ejemplo muchísimas otras cosas. Pero como señala M. Pérez Álvarez en su obra (2021)[2]  “cuando la ciencia al uso impide concebir los problemas de otra manera”, hay que tener en cuenta que “la ciencia se construye sobre conocimiento previo, pero también es cierto que la ciencia previa constriñe la ciencia actual imponiendo una estructura de formulaciones a priori, categorizaciones y contextos, así como herramientas técnicas y modelos experimentales de interés” (Susan Hawthorne 2014).

El cientifismo, la nueva ortodoxia, considera la ciencia como el mejor, si no el único, conocimiento sobre el que orientar los distintos aspectos de la vida y la sociedad. Otras fuentes y formas de conocimientos como las ciencias sociales, las humanidades, la filosofía las artes o la religión y ni que decir tiene, la tradición y el sentido común quedan a expensas de lo que diga la ciencia.

El contraste es pues esto, no veo, por ahora, a la medicina y a los avances del mundo teniendo en cuenta los Toroides energéticos, pero tampoco cerremos las vías de conocimientos con un cientismo excluyente. Quizá por esto último existe tanta venta de parafarmacia. La ciencia deberá recapacitar sobre sí misma y sus límites.

Podemos concluir[3] con dos reflexiones a este respecto. Una de Max Scheler: “Las preferencias que la ciencia occidental del hombre, en sus dos formas la ciencia natural y de medicina, ha revelado por el lado corpóreo del hombre y por la influencia de los agentes externos sobre los procesos vitales es una manifestación parcial del interés unilateral que es propio de la técnica occidental; la medicina india, por ejemplo, revela una orientación opuesta, la psíquica, de un modo no menos unilateral”. La otra, de Aldous Huxley: “[las humanidades no verbales], los verbalistas temen a los no verbales; los racionalistas temen al hecho concreto no racional… [y los primeros pueden mirar] con una sonrisa de superioridad a quienes son llamados farsantes, curanderos, charlatanes y aficionados ineptos, por los fariseos de la ortodoxia verbal”[4]

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[1] A. Ponce de León y N. Fregoso. Psicogeometría (la ciencia de la conciencia). Geometría sagrada y arquitectura biológica. Editado por los autores e impreso en México (2010).

[2] M. Pérez Álvarez. Ciencia y Pseudociencia en Psicología y Psiquiatría. Alianza Editorial, Madrid, 2021.

[3] Max Scheler. El puesto del hombre en el cosmos. Editorial Losada S. A. Biblioteca filosófica. Buenos Aires, 1938 (Décima edición 1972).

[4] Aldous Huxley. Las puertas de la percepción (cielo e infierno también en esta edición). Editorial Sudamericana, Buenos Aires. Séptima edición, 1975.

Acerca de juanrojomoreno

Profesor Titular de Psiquiatría Universidad de Valencia
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