ANTROPOLOGÍA NEUROCULTURAL Y CUÁNTICA


(ANTROPOLÓGICAS)

Juan Rojo Moreno

Luis Cencillo escribe en 1978 su obra El Hombre, Noción Científica en la que nos plantea interesantes cuestiones antropológicas.[1]

La investigación de lo humano (Antropología) ha sido tan prolífera y complicada en cada una de las múltiples áreas que ocurre como con los coches modernos que sabemos qué es un automóvil, sabemos que tiene motor, ruedas, asientos… pero si tuviéramos que comprender cómo funcionan todos los microchips y todas las partes nos vemos tan perdidos como conocer cómo funciona una televisión “Q-led”. Igualmente hay tanto escrito sobre “lo humano” que más allá de saber que somos humanos no entendemos sino parcialidades que nos aportan distintas ciencias y saberes sobre nosotros mismos sin comprender realmente qué somos.

Por esto dice acertadamente Cencillo que “se impone un cambio de concepción, de intención y de métodos en la Antropología semejante a la que supuso para la Física y la Química tradicionales la revolución einsteniana y cuántica”. La paradoja de la antropología es que disponiendo de sinfinitas vías de penetración para conocer al hombre, no nos acaba de decir qué es el hombre y en qué consisten los proceso humanos, a diferencia de la Física que con muchas menos vías de penetración se atreve situarnos, sin apocamiento, en múltiples universos paralelos y con “teorías de las cuerdas” o la Teoría M del entendimiento “total” del universo tras el descubrimiento del Bosón de Higgs… que son indemostrables experimentalmente, siendo todo muy científico y haciendo autentico cosmo-humanismo y hasta teología sobre si existe o no Dios. La antropología, más “miedosa”, solo se atreve con parcialidades humanas a las que poder aplicarle el método científico, sin alcanzar a definir su propio estatus de complejidad.

Señala L. Cencillo que la denominada ciencia exige una cuantificación fisicomatemática (cuantificación, verificación, modelización matemática…) y cuando una investigación sociológica, antropológica, psicológica o clínica se aparta de este proceder se le considera como acientífica o incluso como “literaria”.

Es necesario que aparezca una nueva ciencia que incorpore todos los campos del saber “o se arbitran métodos específicos, con igual valor científico que la fisicomatemática, más adaptados al fenómenos humano o el fenómeno humano y el hombre no serán en absoluto susceptibles de reflexión científica”. En ella la modelización no ha de ser forzosamente matemática ni la verificación solo cuantificadora y el dato no ha de reducirse exclusivamente a medida.

 Sería perfectamente absurdo -insiste Cencillo- que el hombre y sus procesos y fenómenos no pudieran ser conocidos por el hombre mismo con el mismo rigor y control que los procedimientos científicos exigen, en su genuidad total… y quizá sea necesario arbitrar otro tipo de saber, igualmente riguroso y controlado, pero que no se llame “ciencia”. Lo que está en estos malentendidos es el prejuicio, nada justificado, de que una ciencia ha de versar acerca de objetos cósicos, tangibles y medibles y que los fenómenos más complejos y menos físicos no son susceptibles de un conocimiento riguroso, controlado y preciso.

La “verdad” científica, sigue nuestro autor, no es nunca absoluta ni definitiva y puede coexistir con otros “valores de verdad”. Hacer de la ciencia la base única de la certeza y el único modo de obtener conocimientos absolutamente válidos en todos los órdenes es absurdo pues no puede explicar totalidades complejas, porque no existe una ciencia total de la totalidad, y se limita a campos a puntos muy concretos de cada región. Esto es lo científicamente serio aunque no impide que en las distintas áreas científicas se construyan generalizaciones que no son verificables sino a gusto personal de los cultivadores de una disciplina concreta. [2]

Este problema es abundante en ámbitos de encaramiento ante lo humano, como ha ocurrido en la sociología, la psicología y la psiquiatría. En el primer campo las encuestas de opinión y de valoración permiten transmutar en números lo que la gente “piensa”, pero luego “se manejan” los números dando resultados en ocasiones sorprendentes. Realmente a muchos encuestadores no les interesa la opinión real sino la “orientación” (evidentemente hay otras ramas de la sociología más “serias”). En psicología ocurre algo parecido cuando usamos test y técnicas concretas de intervención psicológica: un profesional aplica una técnica y unos test determinados y puede trabajar con la persona desde una perspectiva, pero otro profesional utiliza otros test y diferente técnica y la perspectiva de trabajo cambia totalmente (y hasta cierto punto la “concepción” del hombre). En psiquiatría tenemos también un tanto cuando se utilizan solo criterios clasificatorios (tipo DSM o CIE) para definir la enfermedad y aplicar el tratamiento sin determinar el padecimiento en la biohistoria individual y situacional. Este problema ha hecho incluso que aparezca una corriente denominada “Nueva Psiquiatría” que no es tan nueva ni sólo psiquiatría pero significa una protesta ante la cosificación diagnóstica del enfermo psíquico (corrientes de este tipo ya ha vivido la psiquiatría en su historia: son “nuevos odres para vino añejo”).

Por ello, señala L. Cencillo: exigir de la Psicología o de la Antropología procedimientos experimentales exclusiva o prevalentemente para su validación como tales “ciencias positivas” es una ingenuidad metodológica pues entre otras cosas el objeto (el ser humano) además tiene historia.

Podemos preguntarnos ¿por qué existen tantas “antropologías”? Existe una antropología social, también cultural, existencial, filosófica…, y si bien estamos de acuerdo con lo expresado por nuestro autor, pero el problema de lo humano lo soslaya (en parte) cuando dice “primero asumir el objeto de la investigación [el hombre] y en función de él construir el método más adecuado a su naturaleza peculiar”. Ahí está uno de los grandes problemas del porqué se han fragmentado las antropológicas. ¿Cuál es la naturaleza del ser humano? Este asunto aún queda indeterminado, y como en el caso de la Teología Negativa que dice todo lo que NO es Dios, pero no llega a definir a Dios, pues aquí ocurre algo parecido: el ser humano (su naturaleza) NO es la bondad, la inteligencia, el habla, la fantasía, el pensar… siempre encontraremos algún ser humano cruel, malvado, menos inteligente, de mucho hacer (faber) y poco pensar o reflexionar… Si la antropología quiere que se le aplique una “Ciencia Total” antes deberá definir claramente  en qué consiste el objeto/sujeto al que se le aplica, es decir, su naturaleza.

Por esto señala Cencillo “no vamos a comenzar afirmando que existe un ser que es el hombre, tal como se le percibe sensorialmente y con unas propiedades muy determinadas. Pero lo que sí tenemos que afirmar es que a todos los niveles se nos da como objeto de percepción, de reflexión y de investigación un tipo especial de fenómenos específicos que clasificamos de humanos”.

 Siguiendo la tesis de Mühlmann de que “naturaleza y cultura no son planos antitéticos, sino meramente dispares: Naturaleza es solamente un potencial, mientras que Cultura es la manifestación del mismo”, considera Cencillo que es un error considerar ambas cosas separadamente como si alguna vez en la historia humana hubiese vivido algún pueblo en “estado de naturaleza” o como si en el ser humano se pudiese prácticamente localizar una “naturaleza” independiente de los demás aspectos comunicacionales, sociales diferenciados, psíquicos y, en definitiva, culturales.

——

Luis Cencillo en su voluminosa obra, que nos ha servido de referencia, hace un profundo, intenso y apasionado intento de vislumbrar una nueva “ciencia” que fuese capaz de acercarnos al complejo ser que es lo humano.

Y en este sentido señala: ¿se nos hace necesario renunciar a una verdadera ciencia del hombre en cuanto humano?, ¿o habrá que contentarse con un saber científico pero reduccionista del objeto hombre (lo social, lo biológico, lo ecológico…)  que lo mutile y nos dé una “ciencia” no del hombre sino de un objeto imaginario y constructo convencionalmente preparado por el científico y por su ideología?

Un saber que no dejará de ser útil pues arroja unos resultados parciales válidos hasta cierto punto, y en determinadas regiones realizaría avances del conocimiento acerca del fenómeno humano. Pero no podría llamarse con propiedad Antropología pues no estudiaría al hombre en cuanto tal. Dado que el saber y la ciencia orientan la planificación de la vida colectiva y su ejecución y el objeto presentado por ella se constituye en paradigma de la praxis, el objeto de la antropología si aparece mutilado y falseado por la ciencia misma, tendrá como consecuencia inevitable la mutilación y la falsificación de los hombres concretos y vivos.

Se impone un modelo totalizador propio y específico de la antropología, un método que no provenga de ninguna otra ciencia (como ha venido sucediendo) sino de la antropología misma de acuerdo con la especificidad de su objeto: lo humano.

A mi entender, aún no ha fraguado esta posibilidad. Quizá con el tiempo y gracias a las mayores capacidades de integración que nos permiten los análisis dimensionales y cualitativos (y otros que desconozco) se pueda a partir del conocido Big-data (o nuevas creatividades) tener una imagen más cercana y real del todo humano o de los filtros humanos.

Y quizá, para conocer una imagen del hombre no solo nos venga bien lo vivencial, lo situacional, lo biológico, lo neurocultural…, quizá tengamos que llegar a integrar en esa “nueva ciencia” cómo crea en su naturaleza incluso lo más minúsculo de su constitución: el mundo cuántico. Quizá la Antropología (completa) haya de nutrirse también de una parte aún olvidada para ella e inalcanzada: de una Antropología cuántica.

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[1] Luis Cencillo Ramírez. El hombre, noción científica. Ediciones Pirámide, Madrid 1978. Es nuestra obra de referencia. Agradezco a un “amigo” de años del mundo de la comunicación la recomendación de leer a L. Cencillo.

[2] Ya lo decía Gabriel Marcel en “Los Hombres contra lo Humano”: la civilización occidental, en su última fase de progreso, ya no es consciente del individuo, y nada permite esperar que alguna vez llegue a serlo. Esta sociedad no conoce únicamente más que algunas de las dimensiones del individuo; para ella, no existe el hombre integral tomado individualmente. El occidente ha creado una sociedad semejante a la máquina. Obliga a los hombres a vivir en el seno de esta sociedad y a adaptarse a las leyes de la máquina. Cuando los hombres se parezcan a las máquinas, entonces no quedará ya hombre sobre la tierra”.

Hoy ya no es solo la “sociedad occidental”. Si nos descuidamos igual los hombres conseguimos vencer a “lo humano”, aunque no sabemos si como “máquinas” seremos capaces de sobrevivir.

Acerca de juanrojomoreno

Profesor Titular de Psiquiatría Universidad de Valencia
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4 respuestas a ANTROPOLOGÍA NEUROCULTURAL Y CUÁNTICA

  1. Carlos Segovia dijo:

    Hola amigo Juan. “Dialéctica del concreto humano” puede que te ofrezca algunas respuestas sobre lo que Cencillo consideraba “naturaleza humana” ( pensó rehacer la obra en sus últimos años). Básicamente nos podemos remitir a Ortega ( el hombre no tiene naturaleza sino historia) pero sin las concesiones a las “galerías” que tanto le irritaban del pensador hispano por excelencia. Aquí hace un análisis pormenorizado de lo que para él es la persona y “su” personalidad. Con todo, su alarde de rigor no oculta, ni lo pretende, un trasfondo unamuniano….

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    • Seguro que sí, y gracias por hacerme conocer a Cencillo. Hombre curioso. Ya iré leyendo esta obra suya poco a poco.
      Ya la compré, pero me decidí primero por “la Ignorancia lúcida” para tener una visión más general y luego esta que comento. Más adelante me atreveré con “Dialéctica del concreto humano”.
      Un fuerte abrazo

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  2. Carlos Segovia dijo:

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