EL FUTURO DE LA VERDAD (TOP DOWN)


LA REALIDAD SANDWICH

Juan Rojo Moreno

¿Por qué somos lo que somos y estamos donde estamos? ¿Por evolución natural? ¿Por un designio divino o trascendental? o porque nuestro universo -y nosotros mismos- se ha generado él solo ¿espontáneamente?

Dice Stephen Hawking que las leyes de la Teoría M permiten diferentes universos con leyes aparentemente diferentes y permiten muchos tipos de espacios internos, hasta 10500, lo cual significa que permitiría unos 10500 universos, cada uno con sus propias leyes. Y solo uno corresponde al que conocemos.[1]

Pero puede que desde otro punto de vista todo tenga un sentido que  como decía Teilhard de Chardin “desde dentro, desde el corazón del más pequeño de los átomos hasta la energía de las leyes más universales ha invadido, individualmente y en su conjunto, a cada uno de los elementos, a cada uno de los resortes, a cada una de las conexiones de nuestro cosmos”.[2]

Si hay tantos miles de millones de universos y tantas dimensiones espaciales y tantas leyes ¿somos unos bichos raros, o lo son los demás? ¿Hay también millones de universos como el nuestro?

En esto S. Hawking nos ayuda a entender cómo para que se haya podido dar la vida en un universo y con las características que se han dado en el nuestro han de coincidir tantas cosas que no todo es tan fácil. Si seguimos a este autor no debemos entender la cosmología como si tuviera una historia bien definida que se ha ido desplegando en el tiempo (“de abajo arriba” o botton-up), sino que habría que trazar una historia descendente (de “arriba abajo” o top-down) hacia atrás, partiendo del instante actual. Según esta concepción cambia la visión en la relación causa-efecto: nosotros creamos la historia mediante nuestra observación en lugar de que nuestra historia nos cree a nosotros (es aplicar el principio cuántico de que la observación modifica el fenómeno, a la cosmología).

Esta idea de S. Hawking tiene además una gran novedad, y es que nos induce a entender que nuestra “realidad real” es una realidad sándwich. Me explico: por una parte está el mundo cuántico que funciona en toda nuestra estructura, átomos, cerebro, cuerpo, naturaleza, y no sabemos ciertamente hasta qué punto influye en nuestra concepción del mundo y de la realidad. Por otra parte estamos “nosotros” que vivimos en este mundo aparente gobernado por la leyes clásicas, que sentimos, vivenciamos, nos caemos, nos hacemos daño, reímos y sufrimos dentro del “orden” que creemos tener. Y en tercer lugar estamos envueltos en un sentido global de nosotros mismos, del universo, de la “realidad” que según apuntábamos en el párrafo anterior lo estamos creando en cada momento: el futuro y el pasado se crean desde el momento presente. Por esto último estamos también aplicando a lo “supermacro” y a nuestra realidad englobante las leyes cuánticas (Top-Down) y por esto decía que nuestra realidad es “sándwich” pues todo funciona cuánticamente (micro y super-macro) menos lo que creemos que somos y estamos que debe ser lo único que vivenciamos como real, sin serlo.

El mundo cuántico, con sus leyes, (que son muchas no-leyes) nos rodea por arriba, por abajo y por todos los lados y ni nos enteramos. Parafraseando a Teilhard de Chardin, cuanto más profundo miramos, más universal encontramos la influencia de lo infinitamente cercano e infinitamente lejano.

Y en medio estamos “nosotros” que como señala Chardin “aun cuando, a la manera del Sabio de los Sabios llevaras en tu memoria la imagen de todo lo que puebla la Tierra o flota sobre las aguas, esa Ciencia será como nada para tu alma, porque todo conocimiento abstracto se refiere al ser marchito; porque no basta saber para comprender el Mundo: hay que ver, tocar, vivir en la presencia, beber la cálida existencia” .

Dice S. Hawking que “por alguna razón que desconocemos” en nuestro universo se expandieron tres dimensiones espaciales y las otras no (que quedan irrelevantes) y esto quiere decir que, queramos o no, hemos elegido una probabilidad determinada de existencia (en otros universos han podido desplegarse otras de las dimensiones aunque es muy probable que en muchos de ellos la vida no sea posible –aunque esto, claro, por ahora, no se sabe con certeza-).

Ha sido necesario que se diese un salto cualitativo, un salto crítico pues los valores de los parámetros fundamentales e incluso las leyes aparentes de la naturaleza no son requeridas por ningún principio físico o lógico, y no sabemos ciertamente por qué nuestro universo, incluso la vida en la tierra, ha emergido por sincronicidad de distintas posibilidades. Así, en el sistema solar solo hay una pequeña zona habitable, en donde está la Tierra, y es fundamental el grado de deformación de la elipse (excentricidad) que tiene la tierra respecto al sol, así como la masa del sol y la distancia de éste con la Tierra (si el sol fuera un 20% más o menos masivo no sería posible la vida en la Tierra). El principio antrópico débil viene a decir que ya que vivimos en el planeta está claro que ha sido necesario que se crease un ambiente necesario para nuestra vida; es decir nuestra existencia impone ciertas reglas y restringe el tipo de entorno en el que nos podemos hallar. Hawking considera que en vez de principio antrópico debería llamársele “principio de selección” pues: el principio se refiere a cómo nuestro conocimiento de nuestra propia existencia impone reglas que seleccionan, de todos los entornos posibles, solo aquellos que permiten la vida.

Hay otro principio antrópico denominado “fuerte” que sugiere que el hecho que existamos impone restricciones no solo con respecto a nuestro entorno sino también sobre la forma y contenido posibles de las propias leyes de la naturaleza, y surgió no solo por las peculiares características de nuestro sistema solar, que son extrañamente compatibles con el desarrollo de la vida humana, sino también por las características del conjunto del universo. En este sentido decía Chardin que el Hombre lo mismo que el átomo no tiene valor más que en la parte de sí mismo que pasa al Universo.[3]

Los acontecimientos que caracterizan la evolución del universo se han regido por el equilibrio de las fuerzas fundamentales de la naturaleza, cuyas relaciones mutuas tenían que ser justo las adecuadas para que pudiéramos existir.[4]

Si no fuera por una serie de intrigantes coincidencias en los detalles precisos de las leyes físicas, parece que no habríamos podido llegar a existir los humanos ni formas de vida semejantes que conocemos, señala Hawking.

Nuestro físico de referencia no cree en el Diseño Inteligente sino en la probabilidad de existencia de millones de millones de universos posibles, el Multiverso. Hay millones de millones de sistemas solares y el nuestro es aquel en el que la probabilidad se ha patentizado, y al igual ha ocurrido con los detalles precisos del universo. Es como una cuestión de millones de probabilidades y en algunas de ellas se hace patente la sincronización posible para la vida.

Con esto podemos hipotetizar un “cómo” pero, hay algún ¿por qué?

Para Hawking el problema de la complejidad es fundamental, pues a medida que los seres son más complejos tienen la vivencia de libre albedrío cuando en realidad ante ese libre albedrío lo que hay es una incapacidad para llevar a cabo los cálculos que nos permitan predecir las acciones.[5]

Para él, el universo, los multi-universos, el Multiverso, es una creación espontanea cuántica que “apareció espontáneamente empezando en todos los estados posibles, la mayoría de los cuales corresponden a otros universos, y mientras que algunos de dichos universos son parecidos al nuestro, la gran mayoría son muy diferentes”.[6] Por lo tanto es un modelo de universo que se crea a sí mismo. Es, en definitiva, una manera elegante y culta de adscribirse al grupo de lo que propugnan la teología negativa; fundamentalmente decir lo que considera que no es Dios: el comienzo.

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Stephen Hawking nos aporta una idea física para entender como ocurren cosas. Bueno, más bien para entender como ocurren cosas “físicas”. Al final se basa en unas ecuaciones para llegar a la conclusión de que todo se ha creado espontáneamente y por esto dice “no hace falta invocar a Dios para encender las ecuaciones y poner el universo en marcha”. Creo que si la “guerra” que tienen los físicos y las religiones está en explicar “quién o qué” puso en marcha el Big-Bang, realmente necesitamos entonces una nueva física y nuevos físicos y una nueva religión y nuevos religiosos.[7] El reduccionismo del sentido solo ha servido para luchas dialécticas cuando no para otro tipo de lucha. Porque como indica K. Jaspers, “comienzo” no es lo mismo que “origen”; el comienzo es histórico, el origen es la fuente de la que mana en todo tiempo el impulso.[8] Y Por mucho que interpretemos desde nuestro espacio, aunque usemos parámetros físicos cuánticos que también son de nuestro espacio, podremos llegar al comienzo, pero para hipotetizar un origen por “generación espontánea” ya es entrar en plena filosofía, es dar “el salto”.

Tiene mucha razón Hawking cuando dice que el universo que se ha hecho es tal porque nosotros existimos. Formamos parte del universo y sus leyes han de permitir que existamos porque nosotros somos parte de las leyes.

¿Pero cuáles son sus leyes? ¿Se formó espontáneamente por la gravedad y antigravedad como dice él? Soy, evidentemente, incapaz de responder a esto ni saber que otras leyes hay en otros universos. Quizá como dice Teilhard de Chardin estemos perdidos en un Cosmos en que lo Divino, el Espíritu y la Materia mezclen íntimamente sus dimensiones; o puede que siguiendo a Hawking no ocurra así en este universo pero sí en otro de los miles de millones de universos en que se patentizan más claramente esas dimensiones, porque nuestra capacidad está limitada por los límites que este universo ha tenido que establecer para que nosotros mismos pudiéramos llegar a ser. Y si desde él hoy estamos creando el futuro y el pasado de todo el universo -como señala Hawking (Top Down)- no solos nosotros, sino todos los habitantes de nuestro universo, tenemos algo de divinos, creadores de mundos, de espacio y tiempo.

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[1] Stephen Hawking y Leonard Mlodinow. El Gran Diseño. Editorial Crítica, Barcelona, 2010. Va a ser una de nuestras obras cifra de referencia. En este artículo usaremos simultáneamente dos obras cifra de referencia.

[2] P. Teilhard de Chardin. Himno del Universo. El futuro de la verdad. Editorial Taurus, Madrid, 1967. Va a ser nuestra otra obra cifra de Referencia. En ella hay varios apartados de Teilhard de Chardin y un capítulo de Pensamientos Escogidos por Fernande Tardivel

[3] Algo parecido se planteaba T. de Chardin, claro que no desde el punto de vista físico, cuando decía: ¿Por qué no admitir, por ejemplo, que la acción absolutamente libre y especial por la que el Creador ha querido que la Humanidad coronase su obra haya influenciado, haya preorganizado tan bien la marcha del Mundo antes del Hombre, que éste nos aparece ahora como el fruto naturalmente esperado por los desarrollos de la vida?

[4]  No estaríamos aquí, por ejemplo con una variación de tan solo un 0.5% de la intensidad de la fuerza nuclear fuerte o de un 4% de la fuerza eléctrica, o si los protones fueran un 0,2% más pesados, o si la fuerza nuclear débil fuera algo más o menos débil, o si la suma de las masas de los quarks que constituyen un protón se modificara en un 10%.

[5] Hay muchas maneras de entender el aumento de complejidad. Hawking pone el ejemplo de un robot alienígena que fuese tan complejo que nos pareciese “humano” y que tomando sus decisiones realmente el libre albedrío del robot lo confundiríamos porque no conocemos su funcionamiento supercomplejo avanzado. No sería tal libre albedrío sino un problema de nuestro desconocimiento. Teilhard de Chardin por el contrario piensa que cuando hay un aumento de complejidad aparece un salto cualitativo de conciencia y dice: el animal sabe, no lo dudamos, pero no sabe que sabe, por lo que un sector de lo Real le está cerrado, un sector dentro del cual nos movemos nosotros, pero en el que él no podrá entrar. En relación con él por el hecho de ser reflexivos no solo somos diferentes sino otros. No solo simple cambio de grado, sino cambio de naturaleza, resultado de un cambio de estado. La vida en ascensión de conciencia no puede continuar avanzando en su línea sin transformarse en profundidad. Ella debe, como toda magnitud creciente en el Mundo llegar a ser diferente para continuar siendo ella misma […] La trama del Universo al hacerse pensante no terminó aún su ciclo evolutivo y por lo tanto estamos avanzando  hacia adelante en la dirección de algún nuevo punto crítico.

[6] Utiliza para explicar esto los métodos de Feynman, para calcular las probabilidades cuánticas para observaciones del universo.

[7] El transformismo científico, estrictamente hablando no prueba nada en favor o en contra de Dios. Nos presenta una anatomía (que puede ser muy compleja) y en modo alguno una razón última de la vida. Decidir si el movimiento evolutivo es inteligente en sí o si exige de un Motor primero, es un problema que atañe a la metafísica (T. de Chardin).

[8] K. Jaspers. La Filosofía. Edita fondo de cultura Económica, México, 1957.

Acerca de juanrojomoreno

Profesor Titular de Psiquiatría Universidad de Valencia
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2 respuestas a EL FUTURO DE LA VERDAD (TOP DOWN)

  1. Me apasiona este tema. Qué lecturas relacionadas recomienda de Chardin? Enhorabuena por la naturaleza inquisitiva de sus posts.Gracias.

    Le gusta a 1 persona

    • Todas las obras de Teilhard de Chardin son magníficas. Pero si hay que elegir alguna para empezar creo que muchos lo hicimos con “el fenómeno Humano” y con “El future del Hombre” pero cualquiera que te llegue a tus manos seguro que le sacas muy buen partido

      Le gusta a 1 persona

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