ANTIPSICÓTICOS ESTANCADOS Y ESQUIZOFRENIA


“DEL RESOPLADOR AL HYPERLOOP”

Juan Rojo Moreno

         Desde que Paul Charpentier descubrió el primer neuroléptico (antipsicótico), Clorpromazina (1950) han pasado muchas cosas. Ya decía K. Jaspers a principios de siglo XX que apenas se podía hacer con muchos pacientes psiquiátricos más que cuidarlos de las enfermedades comunes. Pero desde que aparecen los neurolépticos se abre la caja de la esperanza de tratar estas enfermedades, las psicosis, y curarlas definitivamente. Al principio cuando empezaron los ensayos clínicos muchos psiquiatras eran escépticos ¿cómo va a ser posible que una pastillita cambie las vivencias del alma, las vivencias espirituales o transformadas del mundo que tienen los psicóticos? Parecía cosa de magia (no se sabía aún nada de los neurotransmisores cerebrales y su relación con estas patologías). Igualmente ocurrió con algunos psiquiatras ante los primeros ensayos con antidepresivo ¿una pastilla puede cambiar los estados profundos del alma y las vivencias emocionales de desesperanza? Bueno pues sí. Los ensayos demostraron que era posible, aunque también con la curiosidad que aquellos que se realizaron en centros hospitalarios en los que los psiquiatras eran “menos proclives” a creer en la eficacia de “las pastillitas” tuvieron peores resultados que en los centros en los que los psiquiatras tenían positivas esperanzas que funcionasen estos novedosos tratamientos. Hasta en esto influye el investigador. Pero en todos los casos el método científico pudo demostrar que la eficacia era significativamente mayor que los placebos u otras alternativas terapéuticas que existían, y explosionó la era de los psicofármacos y entre ellos de los antipsicóticos o neurolépticos.

Por esto dice J. M Andrés (1977), que esta ciencia psicofarmacológica tiene “larga prehistoria y corta historia”, pues desde siempre la humanidad ha intentado controlar las vivencias psíquicas, pero solo cuando aparecen los antipsicóticos realmente empieza la era científica e histórica del tratamiento psicofarmacoterápico.[1]

Fue todo un gran avance de la humanidad. En el caso de la psicosis se consiguió disminuir o hacer desaparecer completamente delirios y alucinaciones por lo que los pacientes pudieron volver pronto a sus casas con su familiares y se abrió paradójicamente la era de la “antipsiquiatría” que buscaba la desinstitucionalización de los “sujetos humanos que no eran considerados enfermos” sino que eran considerados un error conceptual de las etiquetas sociales y del sistema y con los cuales no había que utilizar fármacos. Como ocurre a menudo los avances de una ciencia es lo que permite que se desarrolle la anti-ciencia.

Pero desde entonces hemos pasado por mejoras constantes de los antipsicóticos: primero fue la disminución de los síntomas delirantes y alucinatorios y permitir que los pacientes fueran tratados a nivel de la comunidad (la psiquiatría comunitaria) y que las salas de psiquiatría estuvieran, como una más, en los hospitales generales [2] desapareciendo entonces los “manicomios” y después con los antipsicóticos de segunda generación mejorar algunos efectos secundarios y además mejorar una parte muy importante como son los denominados síntomas negativos y apragmasia. Muchos de estos pacientes “curados” que no tenían ni alucinaciones ni delirios no obstante, como decía Minkowski, tendrían dificultad de “aplicación práctica de la inteligencia”: la apragmasia. Hacían vagabundeo esquizofrénico, iba a clases en universidades en donde se había apuntado pero luego no estudiaban o no asistían a las clases (algún caso he conocido), se compraban “CD” que luego no lo oían, o simplemente estaban apáticos, inactivos pero no depresivos: los síntomas negativos supone una falta de hacer cosas, de participación y de proyecto que no es debida a efectos secundarios de los medicamentos ni a depresión u otra enfermedad: simplemente no hacían nada.

Vemos en esta tabla como definen las distintas escalas estos síntomas negativos: En 1982 Andreasen crea la Scale for Assessment of Negative Symptoms (SANS); en 1987 Stanley Kay, Lewis Opler y Abraham Fiszbein desarrollan la Positive And Negative Syndrome Scale (PANSS) y en 1989 LD Alphs, A Summerfelt, H Lann y RJ Muller, desarrollan la escala Negative Symptom Assessment (NSA).

Los nuevos antipsicóticos denominados atípicos mejoraban estos síntomas y favorecía que los pacientes se incorporaran a proyectos de rehabilitación como, por ejemplo, los CRIS (Centros de Rehabilitación e Integración Social) que en el caso de la Comunidad Valenciana, en España, puedo afirmar que han hecho y hacen una labor ejemplar e imprescindible.

…… y casi hasta aquí hemos llegado.

¿Qué aportan los nuevos neurolépticos?: mejoras significativas en cuanto que tienen menos efectos secundarios como, por ejemplo, el Aripiprazol, o que favorecen de forma significativa, en el caso de  los nuevos antisicóticos intramusculares, tipo Palmitato de Paliperidona (Xeplion) o Aripiprazol Maitena (Abilify) la cumplimentación. Esto es importante porque hay muchos casos en que estos pacientes dejan de tomarse la medicación oral y recaen en su patología psicótica que estaba curada o compensada.

¿Hemos avanzado mucho?

Sí, mucho sí, pero no hemos dado aún un nuevo salto cualitativo. La aparición de los neurolépticos supuso un salto cualitativo respecto a los tratamientos anteriores existentes y se abrió una nueva “Era” en el tratamiento de las psicosis. Y desde entonces hemos mejorado. Bastante, pero solo mejorado.

Esto me recuerda a que el otro día veía en un reportaje los aviones de la compañía Iberia en los años 60-70 que salían de Madrid y tras viaje trasatlántico iban a América. Eran buenos aviones aunque más lentos y menos preparados que los actuales: ¿pero ha habido un cambio revolucionario en la aviación comercial desde los años 60-70 hasta la actualidad en estos 50 años? Pues no. Se han mejorado mucho, pero esas mejorías nos son un salto cualitativo sino eso, mejorías muy importantes: más de lo mismo pero mejor.

Y casi igual ocurre con los trenes. Tardábamos 3.5 horas en ir de Valencia a Madrid y ahora con el AVE tardamos 1.5 horas. Ha mejorado tanto la comodidad, la técnica del tren y del ferrocarril y la velocidad ¿pero un salto cualitativo? Pues tampoco.

Con el “Resoplador” (1830)[3], dice Huxley, se desarrolló un espíritu de Progreso Inevitable por el que estaban convencidos que los conducía a toda velocidad a una nueva era de la evolución humana y hacia la paz universal y la hermandad de los hombres. Se ha mejorado, pero no tanto como para hablar de un cambio cualitativo.

Pero, ahora se está trabajando con el HYPERLOOP, (también aquí)  una especie de “tren” con el que podamos viajar a 1000  kilómetros por hora “volando” dentro de unos tubos (en teoría, avanzado el sistema se podría llegar a las 4.000 mph). Y también se espera que pronto se puedan realizar viajes en nuevos tipos de “aviones o cohetes” de manera que subiendo a la estratosfera y luego bajando se  pueda ir de una parte del planeta a la otra parte en 4 horas (enlace aquí). Eso sí es un salto cualitativo.

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Nuestros pacientes han mejorado mucho en sus tratamientos, en sus síntomas, en su calidad de vida, en sus capacidades de rehabilitación. Todo es cierto, pero ahí se ha quedado todo. Cuando he repasado el tratamiento de la psicosis y esquizofrenia y he buscado “nuevos tratamientos” u “otros tratamientos”, no he encontrado sino más de lo mismo. Todo muy bueno, mejorado pero no más. ¿Y que pasa con los pacientes que no mejoran significativamente a pesar de los antipsicóticos y rehabilitación, terapias psicológicas, intervención familiar etc.? Pues nada que ahí se quedan siendo los “nuevos crónicos curados”.

Necesitamos que se siga investigando como se hace ahora pero también una nueva perspectiva, un nuevo salto cualitativo; si no se consigue podremos mitigar con acciones y campañas y sobre todo con educación y cultura el estigma del enfermo mental, pero no desparecerá.

Conformarnos con lo que tenemos es creernos, soberbiamente, que es suficiente, autoabastecernos con lo poco. Y no nos puede servir el que digamos, como excusa, que antes había más escasez.

Pensar que hemos adelantado mucho es llegar a la luna cuando queremos como mínimo llegar al sol.

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[1] Esta frase “larga prehistoria y corta historia” la cita J. M Vallés en el libro Introducción a la Psiquiatría de J. A Vallejo Nájera (1977) pero el autor se la atribuye  a E. Fischer

[2] Aunque esto ahora lo vemos normal hubo muchas resistencia en algunos hospitales que se temían que los enfermos mentales  (los “locos”) pudieran escaparse de la sala de psiquiatría y pudieran hacer estropicios o agresiones o “no se sabe qué” en otras salas o a otros pacientes.

[3] 1830 – La línea Liverpool-Mánchester inaugura el primer servicio de pasajeros. La línea prueba la viabilidad del transporte por ferrocarril, dando comienzo en el Reino Unido a una masiva inversión de capital para la construcción de líneas, siendo imitado poco después por el resto del mundo.

Acerca de juanrojomoreno

Profesor Titular de Psiquiatría Universidad de Valencia
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