PSICOSIS. DELIRIOS, ALUCINACIONES, PARANOIA, SECTAS Y ESTIGMA


 (Prefacio, Prólogo, Programa ¿Qué me pasa doctor? e Índice)

Dr. Juan Rojo Moreno.

Editorial Pirámide (2018)

PREFACIO

         El delirio es una de las complicaciones médicas más frecuentes en personas hospitalizadas y en la vida común no es una enfermedad rara. Puede aparecer tanto relacionado con enfermedades psíquicas como con enfermedades somáticas (Alzheimer, infecciones, intoxicaciones, etc.).

Cuando una persona sana se plantea que puede padecer una depresión o un trastorno de ansiedad o cuando ve a familiares o amigos con estas enfermedades hay cierta empatía con los síntomas. La ansiedad es entendida, erróneamente, como un fallo en el control y  la idea que subyace es “si me controlo bien no tendré ansiedad”, pero entendemos que todos tenemos algún día con mayor o menor nerviosismo ante diversas circunstancias. Algo parecido ocurre con la depresión, considerada equivocadamente un trastorno de la “voluntad”. La idea que subyace es que con voluntad se pueden superar las malas etapas aunque, cierto, siempre hay momentos y días que estoy más o  menos triste o apesadumbrado. Los síntomas que padecen los trastornos de ansiedad y depresión se denominan homónimos que quiere decir que una persona sana puede sentir que los vivencia algo: puede sentirse triste como el depresivo o nervioso como el ansioso. Algo muy distinto ocurre cuando hablamos de delirios y de pacientes psicóticos: esto parece que está fuera de mi rango vivencial. El psicótico, el delirante, es considerado más como una persona con vivencias extrañas, a veces como un “loco” que es apoderado por sus delirios y cuya conducta no es fiable. Por esto se dice que sus síntomas son heterónimos. Nadie sano tiene “un poco” de delirio de envenenamiento o de delirio de persecución o un poco de delirio de Capgras en el que se está seguro que han sustituido a los padres por sosias.

En anteriores obras ya tratamos la depresión y la ansiedad en un lenguaje accesible para cualquier persona que esté interesada en estos asuntos y por supuesto para profesionales de psicología y de las ciencias de la educación y de la salud.[1] En esta ocasión hemos querido acercarnos a explicar desde esta perspectiva los delirios y las psicosis. Un amigo sin formación en ciencias de la salud que había leído las obras anteriores cuando le expliqué que tenía el propósito de escribir ésta me comentó que “eso era otra cosa”.  ¿Por qué es otra cosa? Me quedé meditando. Si, cierto, no es lo mismo decir que tu hijo, tu mujer o tu marido tiene depresión o ansiedad que decir que tiene una psicosis, una esquizofrenia o un trastorno delirante. El estigma de las enfermedades psíquicas abarca muchas categorías pero desde luego los psicóticos son una de las principales. Y no es fácil cambiar esto: como dijo A. Einstein: “¡triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”.

Por supuesto que hemos tratado en este libro la historia y cómo empiezan y evolucionan los delirios, las alucinaciones y la concepción antigua del “loco”, pero también hemos querido acercarnos al problema de las sectas, del estigma, y del sufrimiento no solo de los pacientes sino también de los familiares que han de cuidar y convivir con ellos cuando la enfermedad se hace crónica, y de los psiquiatras que han de tratar estas enfermedades.

El problema de los medios de comunicación es también importante. Cuántas veces vemos que ante un hecho inexplicable realizado por una persona (que estrella un avión voluntariamente, realiza una matanza en un colegio, etc.) lo primero que se plantea en los medios de comunicación es que ha de tratarse de un enfermo mental: lo que no podemos explicar de forma razonada ha de ser por la enfermedad psíquica que lo justifica. Justifica el acto pero a su vez lo carga de especial dramatismo, como señaló Peter Marzuk (1996): “de alguna manera es más tranquilizador saber que alguien fue asesinado a balazos en el robo a una tienda de comestibles que apuñalado hasta la muerte por un enfermo mental”.

Como ya escribí en otro lugar: “dejemos a los enfermos psíquicos en paz, que bastante tienen con su enfermedad, con el esfuerzo de curarse y con el sufrimiento de padecerla. No los mezclemos con todos estos majaderetas que lo único que consiguen, cuando los medios de comunicación los equiparan a los enfermos psíquicos, es degradar a estos últimos a niveles que no les corresponde”.

El enfermo psicótico, delirante, como un ser humano enfermo es, como cualquier otro, un paciente sufriente y comprender esta enfermedad es el primer paso que todos tenemos que hacer para así no asumirla como extraña y alejada de la persona. Esto subyace en el fondo del este libro: aumentar la información como fundamento del acrecimiento formativo y cultural que supone, como señaló S. Pufendorf, superar nuestro barbarismo original.

Para terminar, muchas personas, amigos y compañeros me han apoyado para que siguiera con este proyecto de acercar  en un lenguaje comprensible el mundo psicótico y delirante, pero especialmente quiero agradecer la revisión y correcciones del texto que han realizado Maria Adela Rojo, el psiquiatra Miguel Hernández Viadel, la Profesora M.L García Merita (que realiza el prólogo de ésta obra) y la Psiquiatra C. Valdemoro, que además de dar ideas y corregir errores, siendo mi mujer, me ha apoyado continuamente en todos los proyectos que he realizado.

Escribir un libro al mismo tiempo que se realiza un trabajo asistencial y universitario docente y de investigación supone muchas horas que le privas a la familia que siempre ha constituido mi constelación vital: Carlota mi mujer y mis hijos Miguel y Carlota.

Juan Rojo

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PRÓLOGO

El tema de la locura es algo que ha interesado, inquietado, asustado y desasosegado a mucha gente. Aunque es un término que está en desuso entre los profesionales de la salud, no ha dejado de utilizarse en el lenguaje vulgar o coloquial. Cuando oímos hablar de locura con gran probabilidad estamos escuchando algo que tiene que ver con psicóticos, delirantes y esquizofrénicos. Por ello, considero que el título de esta obra del Dr. Juan Rojo Moreno es muy apropiado para lo que pretende conseguir.

Aunque está escrito, fundamentalmente, para profesionales de la salud, Rojo lo hace en un lenguaje accesible para cualquier persona que esté interesada en estos asuntos. Baste mirar el índice de este libro para entender a qué me estoy refiriendo. Pero no nos llevemos a engaño: en absoluto es un libro solo de divulgación, muy al contrario, los profesionales de la salud pueden encontrar en sus páginas acertadas explicaciones científicas de los intrincados temas que aborda su autor.

Juan Rojo es Profesor Titular de Psiquiatría en la Universidad de Valencia desde 1986. Procede de una saga de grandes psiquiatras, cuya raíz es centro-europea. A través de su padre y principal maestro, el Profesor Miguel Rojo Sierra y de los maestros de este, sus raíces ascienden hasta grandes figuras de la psiquiatría, como Kleist, Bumke y Bonhoefer. Se ha formado en el saber de la Antropología Psiquiátrica de Binswanger y sus conocimientos en Filosofía y Psicología son patentes. Su concepción de la psiquiatría es holística. A través de sus publicaciones, tanto de orden biológico como fenomenológico, podemos ver como su interés es siempre integrativo. También hace incursiones al campo de la Física y de la Cibernética. Podría decir que Juan Rojo es un humanista del siglo XXI, pero me quedaría corta con esa definición, pues ante todo es un gran ser humano. Le caracteriza una gran autenticidad personal y su entrega frente al ser humano que sufre en esa especial relación médico-enfermo que él defiende. Esta dedicación es manifiesta en su larga trayectoria profesional ya que, junto a la docencia y la investigación, ejerce su actividad clínica psiquiátrica desde hace más de 30 años.

El Dr. Rojo dedica un primer capítulo a la historia de la enfermedad mental. Pero no lo hace como es lo habitual en los compendios de psiquiatría, sino que presenta una cara de esa historia que resulta altamente interesante y clarificadora. No se queda constreñido a la concepción europea, sino que también nos va a desentrañar como se veía esa locura en el antiguo Egipto, en India, en China o en la cultura judaica de la que somos en parte herederos. Para, poco a poco, ir desplegándose desde la antigua Grecia pasando por la cultura romana, hasta el retroceso que supuso la Edad Media (con notables excepciones como Tomas de Aquino), la llegada al Renacimiento y por fin a la actualidad.

Un segundo capítulo está dedicado a los Delirios. Se centra en aquellos que no están relacionados con enfermedades infecciosas o metabólicas, sino que aparecen en las enfermedades mentales. Utilizando sus propias palabras: “la palabra delirio proviene del término latino de-lirare que significa salir del surco cuando se labra la tierra. Ha tenido fundamentalmente dos derivas: una popular que hace referencia a que la persona dice cosas raras o es un extravagante o no se ajusta a lo que se considera verdadero o adecuado; y otra en psiquiatría y en medicina que hace referencia a una enfermedad”. Presenta aquí los tipos de delirios más frecuentes, de forma muy amena y plagada de ejemplos que el autor ha vivido en primera persona en su dilatada trayectoria como Psiquiatra.

En el capítulo tercero, explica como comienzan y evolucionan los delirios. Nuevamente en este apartado nos parece muy interesante la multitud de ejemplos con que nos clarifica este intrincado mundo que representan los Delirios.

Me gustaría destacar que el profesor Rojo no se queda adherido a la moda de los sistemas clasificatorios, moda que hace que si una enfermedad no está incluida en estos sistemas clasificatorios, no existe. Tal es el caso de las psicosis cicloides y los bouffées delirantes, con un mejor pronóstico que las esquizofrenias, y que, en el mejor de los casos, si es que no se han confundido con estas, los que las padecen sean clasificados de una manera marginal como otros trastornos de forma que el paciente quede marginado a recibir unos tratamientos poco adecuados. El autor hace mucho hincapié en lo importante que es un diagnóstico certero. Insiste en que para ello es necesario un profundo conocimiento de la psicopatología y contar con el tiempo suficiente de dedicación al paciente. Desgraciadamente ambas cosas son cada vez menos comunes en nuestros días.

Dedica el capítulo cuarto al estudio de la Personalidad Paranoide analizando Los grupos de contagio paranoide, los movimientos mesiánicos, las sectas y el lavado de cerebro.

Dice Juan Rojo que vivimos en un mundo que tiende, globalmente, a la paranoia y que, aunque se defiende de las sectas, no se da cuenta que en pleno siglo XXI tiene una tendencia global sectaria. Explicando, a continuación, los motivos en que se basa para hacer esta afirmación tan categórica.

No es demasiado frecuente el acercamiento que hace el autor al estudio de la Personalidad Paranoide. Normalmente los manuales de psiquiatría dedican más espacio a la Paranoia y a la Esquizofrenia Paranoide, mencionando muy de pasada la personalidad paranoide.

Diferencia el autor entre una cierta tendencia personal o rasgo temperamental paranoide, y la creación de un estado que facilita una actitud paranoide. Es en este segundo punto donde se va a extender más y de forma muy amena y documentada situará los aspectos más importantes de lo que él llama grupos de contagio paranoide, movimientos mesiánicos y sectas. Por último, en este capítulo dedica un apartado al Lavado de Cerebro. Nuevamente, nos sorprende gratamente la forma de abordar este importante aspecto tan olvidado en los manuales de psiquiatría y psicología. Subraya como las sectas y demás grupos mesiánicos realizan estas técnicas de una manera encubierta.

Termina este capítulo haciendo una incursión al mundo de la psicopatía, ya que defiende que el resultado extraño que aparece en los casos paranoides y sectarios ocurre porque se juntan, y en cierto modo friccionan, dos tendencias básicas del ser humano: La Tendencia Paranoide que proviene de la desconfianza existente aún entre nosotros y la Tendencia Psicopática que proviene de nuestro deseo primario de que los demás (y el mundo) se adapte a nuestras necesidades. Por ello presenta una introducción al modelo de desadaptación psicopático para terminar hablando de los denominados Grupos Paranoides Psicopatizados, que se comportan de forma muy distinta, tanto sean los pequeños grupos como los grandes grupos, a como lo hacen los individuos paranoides y/o psicópatas.

Puede percibirse en este capítulo la formación multidisciplinar de Juan Rojo ya que se atreve a presentar una serie de preguntas que se hace y contesta sobre la evolución humana con sus posibles caminos: bien por medio de la ingeniería biológica, la ingeniería ciborg o mediante la ingeniería de seres no orgánicos.  Termina el capítulo con unos sobrecogedores interrogantes: ¿es posible el salto del Homo a un tecno-humano, a un ciber-humano sin sistema creencial? ¿O solo lo será virtualmente engañado como el ejemplo Matrix? Porque si todos vamos a estar potenciados, si todos vamos a estar conectados a big-data y desaparecidos de nuestra mismidad ¿seremos todos iguales? o ¿la matriz de datos hará diferencias? Si la matriz de datos va a ser la estructura creencial ¿el ser humano sin conciencia dejará que haya niveles o se rebelará? Pero si se rebela ya tendrá conciencia. ¿Será entonces un paranoico?

El capítulo quinto está dedicado a las Alucinaciones. Las conceptualiza, explica lo que son, sus características, su historia y sus causas. Se remonta a la antigua Grecia y hace una revisión de acercamiento antropológico y cultural para estudiarlas. De hecho, afirma que el ser humano es neuro-cultural.

Dedica todo un apartado a describir las alteraciones perceptivas que aparecen en personas sanas y no son alucinaciones, aquellas otras que aparecen en pacientes psicóticos y tras el consumo de drogas y no son alucinaciones, describe las pseudoalucinaciones, ya muy patológicas, para terminar por fin con el estudio de las alucinaciones propiamente dichas. Nuevamente este capítulo está plagado de ejemplos extraídos de casos reales que el autor ha tratado personalmente. Que, insisto, hace que la lectura de este libro sea muy amena y clarificadora.

El capítulo sexto está dedicado a las Esquizofrenias y a la Psicosis Maniaca. Realiza, en primer lugar, una revisión histórica del vocablo de forma similar a como lo hacen casi todos los tratados de psiquiatría para luego volver a poner su impronta antropológico-cultural también en este tema. En este intento de conceptualización, de conocer las relaciones con la genética, la biología, la bioquímica…. termina afirmando con contundencia, ante las pocas respuestas que tenemos sobre este desconocido mal: Es más beneficioso tratar lo que sabemos que no acabamos de saber, que no tratar lo que es, aunque no sepamos exactamente qué es. Todo esto puede parecer un galimatías de palabras, pero de ellas deriva, a mi parecer, una de las verdades de la ciencia del ser humano: nos sentimos obligados a avanzar desde una incertidumbre que debemos asumir, ordenar e intentar esclarecer.

Esto tiene sus riesgos, pero en la otra orilla está cubrirnos de la certeza por ignorancia o, lo que es peor, simplemente por comodidad o interés.

Dedica a continuación un epígrafe a hablar sobre la posible cura de la esquizofrenia y sobre la supuesta peligrosidad de los esquizofrénicos. Para este último punto que tanta controversia social conlleva en infinidad de ocasiones, y que hace que muy frecuentemente estos enfermos sean marginados y temidos, tiene una contestación documentada que resume en esta frase: “Tras 33 años de trabajo nunca he sido agredido por un paciente psicótico ni, evidentemente, esquizofrénico. Realmente ni siquiera he sido amenazado por estos pacientes. La única vez que me agredió un paciente, recién terminada la especialización en psiquiatría, fue en urgencias hospitalarias y el enfermo estaba en un estado confuso debido a un cuadro infeccioso.

Con estos antecedentes, y pasando consulta diariamente durante tantos años, he de responder claramente que el paciente esquizofrénico no es violento ni peligroso.”

Habla a continuación de los tratamientos de la esquizofrenia, para ello repasa de una manera ágil y amena las diferentes estrategias terapéuticas, tanto médicas como psicológicas y sociales. Defiende, tras su revisión, que debemos plantearnos el tratamiento del paciente psicótico no solo en base a sus síntomas, síndrome, trastorno y familia, sino teniendo en cuenta que todo está enraizado en la individualidad del sujeto. Sin conocer bien cómo se ha desarrollado esa individualidad y, cuando mejora de los síntomas, sin actuar también sobre la individualidad de su estructura vital, solo tendremos acceso a una parte de la enfermedad, de los síntomas, del síndrome, pero no a al ser humano enfermo. Hay que tener en cuenta el enraizamiento de la enfermedad individual según los aspectos histórico-culturales, y así el tratamiento estará también incardinado con el enfermo singular. En esta postura da importancia y describe brevemente el papel de los Psicólogos Clínicos, los Trabajadores Sociales y la Enfermería Psiquiátrica, en el tratamiento de estos enfermos.

En un apartado describe los diferentes tipos de esquizofrenia o, mejor dicho, a las diferentes formas predominantes de aparición de la misma. No por ello deja de mencionar otras formas de clasificación al uso. A continuación, se introduce en el tema de la Psicosis Maniaca (Manía unipolar o fase exaltada del trastorno bipolar). Considera el autor que para entender al paciente maniaco es necesario partir de dos conceptos fundamentales: el de Vitalidad y el de tiempo vivenciado. Para su explicación va a recurrir al esquema desarrollado por su padre y maestro Miguel Rojo Sierra, aportando para su comprensión un caso clínico.

Vuelve al final de este capítulo a mostrar su gusto por contar al lector aspectos antropológicos, culturales, sociales o literarios que, como ya he señalado, hacen a este libro totalmente distinto al resto de manuales de psiquiatría. Así, nos cuenta el estudio del Dr. Alonso Fernández acerca de la patología manifestada por el Hidalgo Alonso Quijano transformado en Don Quijote. No sin aportar a este estudio sus comentarios y ampliaciones.

El capítulo siete está dedicado a describir los prejuicios y estigmatización de los pacientes psicóticos. Presenta Juan Rojo sus opiniones bien argumentadas y hace un llamamiento a la buena praxis. Termina el capítulo hablando de la inmigración y sus posibles consecuencias para la salud mental y las dificultades con las que los profesionales de la salud se encuentran a la hora de atender a estos pacientes.

Por último, el capítulo ocho se titula Enfermedad Mental y Sufrimiento. Justifica el Dr. Rojo la inclusión de un capítulo entero dedicado a este tema, dada la ausencia de su estudio en los manuales de psiquiatría. Es necesario, opina, hacer una referencia explícita a esta importante realidad del sufrimiento en la enfermedad mental. Lo esquematiza en tres apartados que vienen marcados por las características de Marginación, Aislamiento, y Desregulación. Pero no se queda solo en el sufrimiento del enfermo, sino que también analiza el sufrimiento de la familia y del propio psiquiatra.

Son muy acertadas sus palabras cuando señala que el psiquiatra (yo diría que también el psicólogo) tiene que conseguir un equilibrio entre una serie de aspectos. Debe sentir empatía con la crisis personal e histórica del paciente, pero sin sentirse inundado por la misma. Ser consciente de que aplicamos esquemas científicos y técnicos sobre enfermedades, pero no podemos garantizar los resultados.  No obstante, a pesar de lo dicho, el contacto continuo con las crisis vivenciales de los pacientes nos pone a prueba constantemente sobre nuestras propias crisis personales.  Por otra parte, insiste Rojo, si hacemos una negación de esto, entonces, nos hacemos fríos y distantes con el paciente y tendemos a cosificarlo, pero si por el contrario lo  exageramos, entonces nos angustiamos excesivamente en la relación médico-paciente.

En conclusión, estamos ante un libro de psiquiatría que aporta infinidad de aspectos y matices que no podemos encontrar en otros manuales. Su redacción está plagada de ejemplos reales que hacen más comprensibles los complicados temas que aquí se abordan, facilitando su lectura, especialmente, a aquellas personas que no sean profesionales de la salud mental. A través de sus páginas puede detectarse como Juan Rojo, no solo desmenuza con fluidez sus conocimientos psiquiátricos, sino que expone de manera viva aquello que él considera fundamental para todo psiquiatra (o psicólogo) que pretenda la curación de la enfermedad mental, especialmente cuando se trata del tipo de psicosis que se analizan en este libro. Porque, como constantemente insiste su autor, la curación no puede referirse solo a la eliminación de los síntomas, sino que también debemos tener presente la repercusión afectiva que está teniendo dicha enfermedad sobre el paciente e, incluso, la que en un futuro puede suponerle. Rojo se ha puesto muchas veces frente a la durísima prueba de enfrentarse con uno mismo, con nuestras inseguridades, con nuestros miedos… en ese especial tipo de relación con el ser humano que sufre y que es donde se forja el verdadero espíritu de un psicoterapeuta.

Marisa García Merita

 Catedrática Emérita de Psicopatología de la Universidad de Valencia

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PROGRAMA ¿QUÉ ME PASA DOCTOR?

         En este programa en el que el Dr. Bartolomé Bertrán desde hace años realiza el esfuerzo de generar una medicina comprensible y accesible tanto para todos los profesionales de las ciencias de la salud, que no podemos estar al día en todos los campos, como para personas que no están dedicadas profesionalmente a la salud pero sí significativamente interesadas en este universo, en este caso mediante el titulo PSICOSIS en el siguiente vídeo del programa (Link AQUÍ) nos introducimos en esta enfermedad de los delirios, alucinaciones, estigma…

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ÍNDICE

  1. La locura, los locos. 23

1.1.         La enfermedad mental en la antigüedad. 24

1.2.         La enfermedad mental en la Edad Media. 27

1.3.         El avance a «medio gas» de la psiquiatría en los siglos xv-xvi (Renacimiento) y xvii-xviii. 28

1.4.         Por fin el siglo xix (y el xx). 31

  1. Los delirios. 35

2.1.         Tipos de delirios más frecuentes. 36

2.1.1.      Delirio autorreferente, de significación alusiva, de persecución, de control. 36

2.1.2.      Delirio de grandeza (megalomanía). 39

2.1.3.      Delirios sexuales pasionales. 40

2.1.3.1.  Delirio celotípico. 40

2.1.3.2.  Delirio erotomaníaco. 42

2.1.4.      Delirios somáticos, nihilista y delirio licantrópico. 43

2.1.4.1.  Delirios somáticos. 43

2.1.4.2.  El delirio nihilista o de muerte o síndrome de Cotard. 45

2.1.4.3.  El delirio licantrópico. 47

2.1.5.      Delirio de ruina y de culpa. 49

2.1.6.      Delirio de sosias o de Capgras. 51

2.2.         La locura masturbatoria. 53

  1. Cómo comienzan y evolucionan los delirios. 59

3.1.         El temple o trema delirante. 59

3.2.         Psicosis agudas. 60

3.3.         Evolución de los delirios. 67

  1. La personalidad paranoide. Los grupos de contagio paranoide, movimientos mesiánicos y sectas. Lavado de cerebro. Sociedad y paranoia. 75

4.1.         La personalidad paranoide. 77 9

4.2.         Los grupos de contagio paranoide. Movimientos mesiánicos y sectas . 79

4.3.         El lavado de cerebro. 80

4.4.         Sociedad y paranoia. 83

4.4.1.      El modelo de desadaptación psicopática. 84

4.4.2.      Las dos esferas de los grupos paranoides Psicopatizados (GPP). 86

4.4.2.1.  El pequeño grupo paranoide psicopatizado (PGPP). 86

4.4.2.2.  Los grandes grupos paranoides Psicopatizados (GGPP). 87

4.5.         Evolución humana como ciberhumanos o tecnohumanos. ¿Existirá la paranoia?                                                                                                                                                      pág. 88

  1. Las alucinaciones. Si veo cosas que no hay, ¿tengo alucinaciones? 93

5.1.         Qué son las alucinaciones. Las «alucinaciones» en el ser humano no enfermo. La aparición de la conciencia reflexiva crítica. 93

5.2.         Algunas alteraciones perceptivas que aparecen en sujetos sanos y no son alucinaciones. 101

5.2.1.      La imagen eidética. 101

5.2.2.      La imagen alucinoide o alucinoidia. 102

5.3.         Algunas alteraciones perceptivas que aparecen en pacientes psicóticos tras el consumo de drogas y no son alucinaciones. 102

5.3.1.      Distorsiones formales perceptivas. 102

5.3.2.      Escisiones perceptivas. 103

5.4.         Las pseudoalucinaciones. 104

5.5.         Las alucinaciones. 105

5.5.1.      Las alucinaciones auditivas. 106

5.5.2.      Las alucinaciones visuales. 107

5.5.3.      Las alucinaciones cenestésicas. 108

5.5.4.      Las alucinaciones cinestésicas. 108

5.5.5.      Las alucinaciones funcionales. 108

5.5.6.      Las alucinaciones mixtas. 109

  1. Las esquizofrenias y la psicosis maníaca. 113

6.1.         ¿Qué es la esquizofrenia y cuándo apareció? 114

6.2.         ¿Por qué se habla de las esquizofrenias en plural? 118

6.3.         Detección del inicio de la psicosis. ¿De la psicosis vengo, a la psicosis voy? 122

6.3.1.      De la psicosis vengo. 122

6.3.2.      A la psicosis voy. 124

6.4.         ¿Se cura la esquizofrenia? ¿Son peligrosos los esquizofrénicos? Diferencia entre peligrosidad y riesgo. 126

6.4.1.      ¿Son peligrosos los esquizofrénicos?. 128

6.4.2.      Diferencia entre peligrosidad y riesgo. 131

6.5.         Tratamientos de la esquizofrenia. 133

6.5.1.      Tratamientos acompañantes y/o alternativos. 137

6.5.1.1.  Tratamiento psicosocial. 135

6.5.1.2.  Otros tratamientos. 142

6.5.2.      Tratamientos intramusculares de larga duración (de depósito). 144

6.5.3.      El paciente psicótico y su tratamiento. 146

6.5.3.1.  Una perspectiva individual. Tratamiento teniendo en cuenta la historicidad y cultura del paciente.146

6.5.4.      El papel del psicólogo clínico, enfermería psiquiátrica y trabajador social en el tratamiento. 153

6.5.4.1.  Psicología clínica. 153

6.5.4.2.  Enfermería psiquiátrica. 154

6.5.4.3.  Trabajo social. 155

6.6.         Resumen de los distintos tipos clínicos de esquizofrenia. 158

6.6.1.      Esquizofrenia simple. 159

6.6.2.      Esquizofrenia hebefrénica (predomina trastorno afectividad).159

6.6.3.      Esquizofrenia catatónica (predomina trastorno psicomotricidad).159

6.6.4.      Esquizofrenia paranoide. 161

6.6.5.      Otros conceptos clasificatorios. 162

6.6.5.1.  Esquizofrenia tipos I, II, trastorno esquizofreniforme y formas paranucleares. 162

6.6.5.2.  Trastorno esquizoafectivo. 163

6.7.         La psicosis maníaca (manía unipolar o fase exaltada del trastorno bipolar). 164

6.7.1.      Un caso clínico. 165

6.7.2.      Síntomas. 166

6.7.2.1.  Sentimientos somato-sensoriales. 166

6.7.2.2.  Sentimientos psicovitales. 167

6.7.2.3.  Percepción, memoria, pensamiento. 167

6.7.2.4.  Conciencia, motórica, expresión. 168

6.7.3.      El mundo del maníaco. Análisis antropológico-existencial. 170

6.7.4.      Don Quijote, ¿un psicótico maníaco?. 171

6.7.4.1.  Los maníacos Quijotes de hoy. 174

6.7.4.2.  El Quijote que no llega a ser en las adicciones. 174

  1. Prejuicios y estigmatización de los pacientes psicóticos. Emigración y enfermedad mental. 177

7.1.         El estigma del enfermo mental. 177

7.1.1.      La individualización del paciente. 178

7.1.2.      «El estigma del enfermo psiquiátrico». 181

7.2.         Emigración, exilio y enfermedad mental. 186

  1. Enfermedad mental y sufrimiento. 191

8.1.         El sufrimiento del enfermo psíquico. 193

8.1.1.      El sufrimiento en el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). 196

8.2.         El sufrimiento de los familiares del enfermo mental. 198

8.3.         El sufrimiento del psiquiatra. 201

Bibliografía. 205

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[1]  Comprender la ansiedad, las fobias y el estrés. Editorial Pirámide, 2011 y La enfermedad depresiva: conocer y entender la depresión en lenguaje para todos. Editorial Albatros, 2008.

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EL HOMBRE MATEMATIZADO


(Clopening and Clifdating)

Juan Rojo Moreno

         Armas de Destrucción Matemática (ADM) es el título del libro escrito por Cathy O´Neil doctorada en Matemáticas por Harvard que nos va a  servir como cifra de referencia.

Las matemáticas no solo valen para resolver y explicar el mundo, las cosas o el cosmos; desde que internet, luego las redes sociales y ahora los Smartphone no hacen más que aportar datos y más datos de las personas, de nosotros mismos, las matemáticas y el big-data ahora están sirviendo para analizar a los seres humanos y los matemáticos con sus aplicaciones aspiran a ser los nuevos filósofos de la humanidad capaces de decir lo que nos gusta, lo que nos conviene y también si estamos preparados para aquello que deseamos en la vida. Los nuevos dioses son los modelos matemáticos y señala O´Neil: los veredictos de sus sumos sacerdotes -los matemáticos y los informáticos- han sido indiscutibles e inapelables. Mediante el término Armas de destrucción Matemática dice esta autora: “bienvenidos al lado oscuro del big-data”.

El problema es que el modelo crece exponencialmente y además es opaco. Cuando vamos a pedir un crédito a un banco no nos dicen que datos han tenido en cuenta para aplicarnos un interés u otro diferente (aunque sabemos que el rango es amplio) y a medida que accedan a un mayor número de datos nuestros a partir de las redes sociales y códigos postales (geolocalización) sabrán automáticamente donde vivimos, en qué clase de barrio, qué amistades tenemos y cuáles son nuestras  preferencias. Es decir los matemáticos podrán hacer con sus algoritmos nuestro perfil humano no solo situacional sino incluso emocional.

No está esto tan lejano como pudiera parecernos. Refiere O’Neil cómo en relación con el examen SAT y las entrevistas para entrar en una Universidad estadounidense  existe “un campamento para mejorar la solicitud  de plaza” de cuatro días de duración que cuesta 16.000 dólares (alojamiento y comida aparte) en el que los jóvenes alumnos de secundaria mejoran su estilo de redacción, aprenden a “bordar” una entrevista y crean una “ficha de actividades” en la que resumen todos los premios, actividades deportivas… que los responsables de admisión en las universidades andan buscando”.

Esto anterior parece muy “americano” pero fijémonos en cualquier otro país avanzado en donde o bien te admiten para hacer una especialidad médica tras una entrevista (deberías prepararte) o bien has de formarte en medicina no solo para “saber” sino quizá más fundamentalmente para aprobar el MIR (en España, examen para especializarte como Médico Interno Residente) que supone un año de estar adscrito a una academia a propósito para “aprender” a responder este examen o incluso irte a algún sitio en donde al parecer te forman más específicamente. Cierto, nuestro sistema MIR no es una Arma de Destrucción Matemática (ADM) pues no es opaco, pero no olvidemos que estamos dedicando recursos desde los 18 años a aprender lo que el modelo matemático considera mejor opción (con escasa retroalimentación pues no existe alternativa).

La verificación de la bondad del modelo es muy importante; el inconveniente es cuando se crea el modelo y los datos solo sirven para  verificar las bondades del mismo pues no hay opción. El problema, señala O´Neil, está en que muchos de los sistemas que nos clasifican utilizando datos utilizan valores sustitutivos. Las calificaciones electrónicas no tienen en cuenta, por ejemplo, tu historia de pocos accidentes en la conducción para un seguro, sino que a través de un aluvión de datos según tu edad, el coche que te has comprado y donde vives y cuanto conduces, derivan de “casos similares” el resultado para aplicar al individuo. Y si el resultado de los “datos similares sustitutivos” dice que has de ser un delincuente, un holgazán o un mal conductor pues así se te aplicará el método. Puede que esto en general funcione bien pero el problema es cuando se aplica mal a una persona pues ésta se encontrará completamente indefensa ante ese resultado que es objetivo por los datos que se conocen. Señala O´Neil que las calificaciones electrónicas cuentan con escasos recursos para presentar una queja y aún menos para corregir un error en el sistema: “en el reino de las ADM, ellos son los daños colaterales…lo más probable es que la mayoría de las víctimas no descubran el error sino que lleguen a la sencilla conclusión de que la vida es simplemente así de injusta”.

Los trabajadores de las grandes corporaciones en Estados Unidos han inventado un nuevo verbo: clopening (close, “cerrar” y open, “abrir”) es lo que hace un empleado que trabaja hasta el cierre por la noche en una tienda o un bar y vuelve unas horas más tarde antes del amanecer para abrir. Genera horarios absurdos para el empleado  que además sufre alteraciones del sueño.

En el clopening el trabajador se ve arrastrado por el horario y no se tiene en cuenta ni su vida, ni su ritmo circadiano o su organización familiar: ha de cerrar y abrir  porque las necesidades mandan.

En el Clifdating (“Closure of Life by Data”) ahora nuestra vida queda estipulada, cercada, por los datos. Las perspectivas nos las dan las estadísticas que nos dicen qué es lo mejor y en las profesiones qué debemos hacer. Aparecen los árboles de decisiones y otros algoritmos aplicados a distintas profesiones que han de seguirse si no se quiere ver punido. No atender a los datos es como una especie de sociopatía o individualismo de alto riesgo. Todas las ciencias buscan datos y las que no son ciencias buscan datos para ser científicas.

Pero el método matemático, el algoritmo, no es capaz de detectar muchas variables. O´Neil pone el ejemplo del software de la empresa Cataphora que buscaba entre los trabajadores aquellos que tenían más capacidad de generar ideas. También detectó a los “conectores” que son los que mejor distribuyen y transmiten la información. Al llegar la crisis económica y tenerse que despedir a muchos trabajadores Cataphora mantuvo a estos dos grupos, pero no se pudo comprobar si se habían despedido a los que relajaban el ambiente o a los que tenían ideas “fantásticas” pero no las compartían en internet o en las redes o a los que eran cohesionadores del grupo… Es un ejemplo de cómo los datos nos cierran la vida (Clifdating) y al no retroalimentarse (no se hizo un seguimiento de las personas despedidas) se crea su propia realidad y con los datos posteriores se mantiene.

Las diferentes compañías están valorando utilizar las redes sociales como un elemento más para dar o no crédito: “Lenddo, Neo Finance, Affirm, ZestFinance y AvantCredit son algunas entre un creciente número de compañías otorgadoras de crédito que utilizan datos personales encontrados en redes sociales tales como Facebook, LinkedIn y Twitter para calificar el riesgo crediticio de los consumidores. Si usted es de las personas que tiene muchos amigos en Facebook, significa, en cierta medida, que usted es popular en algunos círculos. Ahora, para algunas entidades otorgadoras de crédito usted también puede ser merecedor de un crédito”.

En el mundo de las ADM, señala O´Neil, la privacidad se irá convirtiendo progresivamente en un lujo que solo los ricos se podrán permitir. Y “estos programas automáticos determinarán cada vez más cómo nos tratarán el resto de las máquinas: las que escogen los anuncios que vemos, deciden los precios que debemos pagar o confeccionan nuestras rutas”. Aún la gente cree que lo que escribe en Facebook o en las otras redes sociales no es intervenido por la compañía que da preferencia, según sus algoritmos, a unas noticias y a ciertas palabras frente a otras “la empresa decide conforme a sus propios intereses qué vemos y qué descubrimos en su red social”. O´Neil refiere el trabajo de la investigadora Karrie Karahalios (Universidad de Illinois) (2013) sobre el algoritmo de Facebook, en el que descubrió que el 62% de los encuestados no era consciente de que la compañía interviene en lo que aparece en el muro. “Pensaban que el sistema compartía inmediatamente todo lo que publicaban con todos sus amigos”. (Aún hoy el porcentaje debe ser similar o quizá mayor entre quienes siguen pensando eso).

El Clifdating, “cercado, vallado por los datos” avanza sin parar incluso a niveles de seguros médicos. Varios ejemplos señala O´Neil en este sentido, como el del Profesor de matemáticas de la Universidad de Washington que ha de conseguir en “salud y bienestar” 3.250 puntos o si no pagará 50 dólares mensuales más por su prima de seguro. Así mismo refiere como las empresas Michelin o la cadena de farmacias CVS ponen objetivos médicos (colesterol, triglicéridos, perímetro de la cintura, glucemia, presión sanguínea…) y si no los cumplen puede costarle el seguro desde 600 a 1000 dólares más al año al trabajador.

Estos programas de “salud y bienestar” no son ADM según O´Neil pues no son opacos pero si son opresivos, definitivamente son Clifdating.

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         El Big data no es ni bueno ni malo. O’Neil nos quiere mostrar el “lado oscuro” pues se ha hecho mucho énfasis en su lado bueno que posiblemente nos permitirá acceder a muchos datos sintéticos tras recopilar millones y millones semejantes y puede que en muchas ramas, como en medicina, nos permitan diagnósticos más rápidos, nos ayuden a tratamientos más eficaces y en otros muchos campos como en la misma conducción de vehículos nos ayuden a evitar errores humanos. Pero  también señala  esta matemática que las máquinas necesitan la comprensión del contexto, el sentido común y el sentido de la justicia que solo los seres humanos pueden aportar: “tenemos que imponer valores humanos en estos sistemas aunque sea a costa de la eficiencia… los datos no van a desaparecer ni tampoco los ordenadores…y aún menos las matemáticas”.

Pero lo importante no es solo que haya muchos datos y que se puedan relacionar y unir entre ellos en este Big-data, lo importante subraya O’Neil en la última página de su Capítulo Conclusión “son las decisiones que tomamos sobre cuáles son los datos a los que debemos prestar atención. Y estas decisiones no se refieren únicamente a cuestiones logísticas, de beneficio o eficiencia, sino que son fundamentalmente decisiones morales”.

En este video Cathy O´Neil expone en pocos minutos los aspectos fundamentales de la obra que nos ha servido de referencia.

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ASESINOS Y ENFERMEDAD MENTAL


Juan Rojo Moreno

         Es difícil no responder al constante y martilleante mensaje de que cuando ocurre un asesinato atroz con grave repercusión mundial o social pronto salen algún político y “entendidos” en los medios de comunicación diciendo que se trata de “enfermos mentales”. Ya comenté anteriormente en un artículo “El esquizofrénico agredido” este aspecto.

Pero con la matanza en un colegio de Florida (EEUU) (2018) vuelve a plantearse el mismo problema y ante mi estupefacción incluso el Presidente de Estados Unidos dice “Es un problema de enfermedad mental”. No dice que sea un problema de control de armas o de educación o de control de impulsos arcaicos o valores sociales… ¡No!: es un “problema de enfermedad mental”….

Pues bueno, ya cansa esto.

Cuando en 2015 un piloto alemán estrelló un avión que hacía la ruta Barcelona – Düsseldorf con 144 pasajeros, en medio de los Alpes, tras encerrarse en la cabina y dejarlo caer, de nuevo salió lo mismo: “enfermedad mental”, “había sido tratado de depresión” y en el caso del chico que hace la matanza en Florida igual, “había sido expulsado del colegio” y así una y otra vez.

¿Acaso los que padecen Ansiedad, Depresión, TLP… son, por tener esas enfermedades, potencialmente asesinos?

Lo respuesta es rotundamente NO.

En el libro que he publicado “Psicosis. Delirios, alucinaciones, paranoia, sectas y estigma”  (2018)  muestro algunos datos, entre los que entresaco: “no se halló patrones predecibles que vinculara la conducta criminal con los síntomas propios de la enfermedad mental (Peterson, 2014)”.

Así mismo comento este aspecto en mis conclusiones de la entrevista que la cadena de televisión española Antena 3- La Sexta me hizo este mes de febrero (2018) en el programa ¿Qué me pasa doctor? (Dr. Bartolomé Beltrán) sobre Psicosis en el que se tratan distintos aspectos de los delirios, estigma, sectas, lavado de cerebro, esquizofrenia…

Como ya he comentado en anteriores ocasiones, nosotros no queremos psiquiatrizar la vida (aquí). Pero tampoco tratamos  como psiquiatras a una gran variedad de personas anómalas que  carecen de valores sociales o los desarrollan de forma muy egodistónica y que realmente no son enfermos psíquicos pero sí capaces de hacer cualquier atrocidad ¿El terrorismo de ISIS es una enfermedad psíquica? ¿El grupo  Boko Haram  capaz de raptar y violar a cientos de mujeres, es también un grupo enfermo psíquico?

Y más cercano: todos aquellos que día a día en distintos países violan a mujeres, que se vengan de otras personas cruelmente, que agreden a otra persona hasta casi matarla por cualquier causa o por ir vestido de una forma que no es como ellos consideran, o que por pertenecer a otra opción política son agredidos… todas esa personas agresoras, que diariamente se ven y con los que te puedes encontrar, por desgracia, cualquier día en la calle, en un  partido de futbol, o cuando vas conduciendo, ¿son también enfermos psíquicos?

¡No! Sr. Presidente de Estados Unidos, no puede decirse que las atrocidades que producen todos lo que están en el corredor de la muerte son debidas a enfermedades mentales ni que cualquier animalidad brutal que nos conmueve a la sociedad o al ciudadano particular es también por la “enfermedad mental”.

Por favor, Sr. Presidente, -y otros tantos que antes y seguro que después seguirán manifestando con impunidad estos asertos-, por favor, no manchen la dignidad de los enfermos mentales, que bastante tienen con su enfermedad para que encima personas de relevancia social o incluso mundial los estigmatice más aún. Dejen en paz a los enfermos mentales, no los hagan “cabezas de turco” cuando quieren excusar una acción cruel que no pueden comprender.

Incluso en su propio país se lo dice una gran conocedora de este tema, la anterior Presidenta de la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) Renée Binder, M.D

“In an article published today in JAMA Psychiatry, APA Past President Renée Binder, M.D., and Matthew Hirschtritt, M.D., M.P.H., both of the University of California, San Francisco, wrote that while political rhetoric focusing the blame for mass shootings on individuals with serious mental illness may be “politically expedient,” such an approach “stigmatizes an already vulnerable and marginalized population, fails to identify individuals at the highest risk for committing violence with firearms, and distracts public attention from policy changes that are most likely to reduce the risk of gun violence”.  (aquí)

El enfermo mental es solo eso, un enfermo, no es un asesino, un homicida ni…otras cosas que se le atribuye ante lo incomprendido.

Y muchos “sanos anómalos” serán lo que se quiera que sean y deberá ser la sociología o la psicología quien los clasifique pero NO dentro de las enfermedades mentales.

En muy pocos casos se produce que pacientes psicóticos originen agresiones (ocasionalmente, si no están medicados y sobre todo si además consumen drogas) y esos pocos caso son un grano de arena frente al mundo agresivo y destructor, competitivo y aplastador en que nos movemos.

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Ya señalaba E. Fromm en 1962 cómo técnica e intelectualmente estamos viviendo en la Edad Atómica, pero emocionalmente vivimos todavía en la Edad de Piedra.

Bueno, habrá que mejorar las emociones, la ética, la pedagogía y  como decía Bonaparte: “la mejor educación que se le puede dar a un niño es la que se les da a sus padres 20 años antes de que él nazca”.

Bien, hagamos todo eso, pero si no lo hacemos no salgamos con el recorte fácil de la enfermedad mental para no tener que dar más explicaciones ni quitarse de encima las propias responsabilidades.

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RESPUESTAS PSIQUIÁTRICAS. PSICOSIS


 

Juan Rojo Moreno

 

ARTICULO LIBRO PSICOSIS LAS PROVINCIAS-2

Escribir un libro sobre PSICOSIS en lenguaje que sea comprensible para cualquier profesional de las Ciencias de la Salud, pero también para cualquier persona que tenga interés sobre estos temas, ya sean pedagogos, educadores o que tengan cualquier actividad, y a la vez para pacientes, familiares o personas cercanas, es un reto complicado.

No solo porque hay que cuidar el lenguaje que se utiliza al escribir  sino además porque hay que dar una información que sea útil transversal y longitudinalmente: es decir, ha de servir tanto a los más informados como a los menos, en el mundo de las Ciencias de la Salud, pero que estén interesados, y ha de favorecer una comunicación clara entre las diversas capas de lectores.

Además, y esto es muy importante, el libro tiene que ser fluido e interesante cuando se lee. No puede ser solo un libro  que dé formación e informe sobre esta enfermedad, sino que además debe “meterte” e interesar al lector cuando está ocupado en él.

Por esto es de agradecer el comentario que del mismo hace la periodista Laura Garcés del diario Las Provincias, de la Comunidad Valenciana (España), y que hemos puesto al principio.

Enlace Las Provincias, 24 de febrero 2018, página. 48:

redirector.kioskoymas.com/portada/lector/2203

o

http://lector.kioskoymas.com/epaper/viewer.aspx?noredirect=true

También en el vídeo del programa ¿QUÉ ME PASA DOCTOR? SOBRE PSICOSIS nos introducimos en este tema (aquí LINK)

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¿PODRÁ SOBREVIVIR EL HOMBRE?


Juan Rojo Moreno

         Erich Fromm escribió este libro en 1962 haciendo una valoración político-económica -y social-, de las circunstancias que se daban entre las grandes potencias (EEUU y Rusia) en los años 60, que nos podían llevar a la catástrofe planetaria.[1]

Pero lo que nos interesa ahora no es comentar el libro que solo lo usamos como referencia. Más en cuanto que hace poco comenté, en un artículo, una obra del cosmólogo L. Krauss, Un universo de la nada, (aquí)   que nos planteaba cómo la física y las partículas “virtuales” eran el origen del universo y cómo acabaría el mismo en Nada por su expansión a mayor velocidad que la luz. Coincidió que al terminar de leer esta obra de Krauss tuve a mano la de Fromm y claro frente a tantos datos y especulación físico-dato-profética, con Fromm nos vemos  ahora vueltos súbitamente a lo “real” del ser humano aquí y ahora, al ser humano que sufre, que puede morir y que está siendo manejado por los poderes sociales, políticos  y económicos en su día a día. Es decir del hombre histórico que siente, piensa y sufre.

La sociedad está cambiando y a diferencia de antaño, que los cambios eran más lentos (o bien bruscos y revolucionarios no pacíficos), ahora el cambio ha sido desde finales de siglo XX y lo que llevamos del XXI no solo vertiginoso sino abrumador y muchas veces hasta, para algunos o muchos, perplejizante.

Pero en el fondo el esquema es el mismo. El cambio más o menos brusco es promovido, a menudo, por personas vitalizadas por un ideal que se opone frontalmente al sistema imperante. Pero cuando avanza algo el cambio, cuando consiguen las más mínimas metas, ya entonces esas personas convierten su idea en una ideología. En la ideología se sigue parafraseando el ideal pero éste ya les ha abandonado en su vitalismo. Ahora lo que quieren es imponer “las ideas”, realmente la ideología, y ser ellos el sistema “ideal” que realmente está ideologizado. Es decir, otro sistema. O como los cuentos infantiles de antaño de Iznogud, ser “califa en lugar del califa”. Con las ideologías -señala Fromm- “la idea se ha alienado, se convierte en un ídolo que se emplea para encubrir y racionalizar sus actos más irracionales e inmorales… y como contiene en sí misma la idea congelada, por así decirlo, satisface a los adherentes del sistema; ellos creen estar compenetrados íntimamente con las más fundamentales necesidades del hombre, con el amor, la libertad, la igualdad, la fraternidad, porque oyen y dicen esas palabras”.

Porque la dificultad en conllevar bien estos cambios -señala Fromm- en lo esencial es si: “somos o no capaces de aplicar la inteligencia de la historia a la acción política”.  Y por lo que se ve pocas veces se es capaz, salvo algunas -pocas- magníficas excepciones.

Porque ahora cuando la idea se transforma en idealismo se impregna de lo material, del consumismo o del “managerialismo”. Este último término “Managerialism” (sic) es un neologismo creado por Fromm derivado de manager, administrador, y que es caracterizado por la actitud deshumanizada de quienes acostumbrados al manejo de las cosas -y podemos decir también de las ideas-, no solo manejan éstas sino también a las personas como si fueran cosas.

Las ideologías pueden llevar a un pensamiento insano, e igualmente que existe una “Folie a deux” (una locura a dos, compartida) la insania de millones y el consenso en el error no transforma el error en verdad. Fromm pone por ejemplo la cacería de brujas durante la Edad Media y el odio contra los “hunos” durante la Primera Guerra Mundial. “Les Huns” – los hunos- era la designación invariable que la prensa francesa daba a los alemanes dando a entender que emulaban la barbarie y ferocidad de las hordas de Atila, matando a niños inocentes…. Y en este sentido, sigue nuestro autor señalando como puede ser difícil reconocer el pensamiento paranoide cuando es compartido por millones de personas y aprobado por autoridades que las dirigen (nos es fácil reconocer circunstancias recientes en este siglo XXI). El enemigo es entonces la encarnación de todo lo malo y el resultado es la indignación y el odio contra el “otro” y la autoglorificación y falta de crítica narcisista del “uno” propio.

En 1962 señalaba Fromm que la producción y el consumo se habían convertido en fines en sí mismos antes que en medios para una vida más humana, y que en este sentido “alcanzar al Occidente” se convierte para muchos países de simple slogan en una realidad. Señala, ese mismo año, cómo técnica e intelectualmente estamos viviendo en la Edad Atómica, pero emocionalmente vivimos todavía en la Edad de Piedra. Ahora en el siglo XXI, casi 60 años después, las cosas han cambiado sustancialmente. No solo los países menos desarrollados quieren alcanzar la productividad y bienestar de Occidente, sino que ya no es que vivamos en la edad “atómica” sino en la subatómica, en la cuántica, en la tecnotrópica y de la comunicación planetaria. Cualquier sociedad o mandatario que quiera mantener su dictadura ha de prohibir o limitar el acceso a la información, no solo política sino global, ha de prohibir o limitar el acceso a internet, a las redes de toda la planetociedad.

Ya hay satélites “cuánticos” y televisores cuánticos”. Vamos a la era de intentar hacernos con el mundo de los cuarks y del dataísmo. Aquí seguro que se preguntaría Fromm ¿y dónde está el hombre?

Para Fromm la solución política que debería aplicarse en los países “no alineados” era la de un Socialismo Democrático Humanista pero, como digo, casi 60 años después con la caída del comunismo soviético, la desaparición de la URSS, el “gato blanco, gato negro, da igual si caza ratones”  de los chinos y el desastre de la revolución democrática en los países árabes, además del destrozo y casi aniquilación de algunos de ellos por el denominado Estado Islámico, se plantea un cambio radical del escenario.

Quizá podamos considerar que con todos estos cambios la razón vital (orteguiana), aquello que nos mueve, ha dejado de ser de forma generalizada las ideas religiosas-políticas (más antiguamente) y la fe en la técnica y el progreso no hace tanto tiempo. Ahora quizá podamos distinguir cuatro grupos muy marcados: 1- El grupo que encuentra su razón vital en la religión, 2- El grupo que encuentra su razón vital en las ideologías, 3- El grupo que encuentra su razón vital en el materialismo y 4- El grupo (bastante numeroso) que encuentra su razón vital en no plantearse nada (más allá de la cotidianeidad y el costumbrismo ad hoc), en vivir solamente.

Y cada uno de ellos es muy razonante, muy racionalizador, pero ciertamente como dijo Fromm en todos los casos seguimos viviendo emocionalmente en la Edad de Piedra. Nuestros avances técnicos han llegado a lo Cuántico, los avances del desarrollo humanista individual, ético y moral, no han mejorado en miles de años (si eliminamos la variable impositiva social).

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Erich Fromm en 1962 cuando se plantea si podrá sobrevivir el hombre lo hace  fundamentalmente en base al problema de la guerra nuclear. Solo tenían bombas atómicas EEUU, Rusia, Gran Bretaña y Francia. China no detonaría su primera bomba nuclear hasta 1964. Y se planteaba las posibilidades de sobrevivir a una guerra nuclear, la guerra fría, etc. En 1961 se había producido la Invasión de Bahía de Cochinos   y en 1962 se produce la crisis de los misiles de Cuba (también llamada crisis del Caribe y crisis de Octubre) siendo una de las veces que más cerca se estuvo de una guerra nuclear. De hecho sólo dos veces en la historia se ha alcanzado una condición de defensa DEFCON 2 en Estados Unidos.

Hoy en día esta no es la preocupación primera cuando se hacen encuestas poblacionales; la llamada “guerra fría” en su modo más extremo ya terminó y los problemas diplomáticos son de otra forma y, por desgracia, excesivamente cambiantes en la globalidad.[2]

Si bien actualmente la pregunta de Fromm es igual de válida ¿Podrá sobrevivir el hombre?, no obstante la perspectiva con la que debemos plantearla no es aquella sino ¿qué tipo de hombre?

Si no destruimos al planeta o la vida nuestra en ella (aunque no sea por el camino de la guerra nuclear) ¿habrá seres humanos naturales, otros bio-tecno-estimulados y otros genético-modificados? Con la situación de planetociedad cultural y religiosa mezclada ¿habrá síntesis? ¿Solo convivencia? ¿Preponderancia de una? ¿O habrá una anomia histórico-cultural y prevalecerán los que solo quieren vivir la cotidianeidad y el costumbrismo ad hoc?

Fromm en las conclusiones de su libro es optimista:

“Hay tiempo todavía para anticiparse al desarrollo histórico próximo y para cambiar su curso”

¿Pero seremos capaces de hacer lo que importa?

“Lo que hoy importa es preservar el mundo, pero para preservarlo han de hacerse ciertos cambios y para hacer esos cambios, las tendencias históricas han de ser comprendidas y anticipadas”

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[1] Erich Fromm. Podrá sobrevivir el hombre. Paidós, Bs. As. 1ra edición 1962 (la edición que utilizo es la 8ª de 1978 y nos va a servir como cifra de referencia)

[2] Cierto, la guerra ”fría” ya terminó en el S. XX, pero ahora se plantea si con los existentes mandatarios, a día de hoy, en EEUU y Rusia, no se está volviendo de nuevo al rearme nuclear y a algún tipo nuevo de “guerra fría”.

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LA DEPRESIÓN


Juan Rojo Moreno

articulo depresion provincias m.rojo

Hace 26 años, en 1992, M. Rojo Sierra escribía este pequeño artículo en el diario Las Provincias, en Valencia (España). En él con pocas palabras se hacen unos apuntes muy certeros sobre la depresión, que pasado ese tiempo realmente no han cambiado sustancialmente. Y nos llama la atención como en pocos años hay avances tan rápidos en unas áreas pero en otras seguimos algo estancados.

Seguimos en nuestra sociedad sin avanzar demasiado en conseguir evitar la estigmatización del enfermo psíquico. Y no solo nos estamos refiriendo al paciente psicótico sino que la depresión, la ansiedad a veces, también, siguen siendo enfermedades que las padecen “otros”. Cierto, el “depre” aún existe. Aún sigue habiendo quien cree que la depresión no es una enfermedad sino cosa de la “voluntad”. Y hay que ver que se han escrito no solo manuales de psiquiatría sino que hay fácil acceso serio a diversas publicaciones y libros sobre la depresión que se han realizado por psiquiatras (y psicólogos desde su perspectiva) intentando acercar el conocimiento de este padecimiento no solo a los diversos participantes y profesionales de las Ciencias de la Salud sino al público en general interesado por esta realidad humana de la enfermedad. Solo por nombrar algún psiquiatra español que se ha esforzado en esto:  J. A. Vallejo Nájera (que quizá fue el pionero con su Introducción a la Psiquiatría, 1976) que ha servido de referencia a múltiples profesionales durante muchos años, al Dr. E. Rojas que también ha realizado y sigue realizando una amplia divulgación  (La Depresión: como curar la melancolía, Adiós Depresión…) y en este campo  aporté un libro: “La enfermedad depresiva: conocer y entender la depresión en lenguaje para todos” (aquí).

Pero de una u otra forma sigue sin haber, en amplios sectores de la población, una claridad evidente que los que padecen ésta enfermedad no son ni más ni menos que eso: enfermos.

Cierto que, como comenta Rojo Sierra, también han habido factores comerciales dado que quien investiga fundamentalmente en este campo (y en múltiples otros de la salud y sus tratamientos) no son los gobiernos ni las instituciones  públicas sino empresas internacionales.  En este sentido cada vez son mayores las regulaciones que estas mismas empresas se imponen y que además les imponen los países o en su caso la Unión Europea en nuestro continente. Pero en el otro extremo aún vemos publicados a día de hoy (y esto resulta realmente increíble) cosas como: “Los `antidepresivos´ no son antidepresivos, inducen un estado mental cuyo efecto beneficioso no supera al placebo de manera reseñable”. Claro, las Redes Sociales hoy permiten decir lo que se quiera.

Ya Rojo Sierra en 1992 hacía referencia al marketing que podían hacer las multinacionales para al final tratar con antidepresivos lo que fuera. Un ejemplo de esto fue cuando un laboratorio quiso (y en principio lo consiguió) que se pusiera a su antidepresivo ISRS (inhibidor selectivo de la recaptación de la serotonina) la indicación de “timidez”, pero gracias a los colegios profesionales y a las críticas de las instituciones médicas tuvo que retirarse pronto esa “indicación”.

Pero en el otro extremo ahora estamos en el periodo de los que no quieren vacunar a sus hijos, de los que no quieren llevar a éstos a las escuelas y de los que no quieren dar antipsicóticos para las Psicosis ni antidepresivos para la Depresión cuando estas enfermedades son tales. Eso ocurría obligadamente a principios del siglo XX (y antes claro) al no existir estos medicamentos y no voy a repetir las manifestaciones de desvalimiento y desamparo que manifestaban los profesionales médicos en aquellas circunstancias (que ya he comentado en algún artículo anterior) y que rápidamente se ve cuando se lee a nuestros compañeros de esas épocas.

Diagnosticar con seriedad nuestras enfermedades por profesionales cualificados y tratarlas según los métodos demostrados. Ya dijo Ajuriaguerra en 1983: “la psicocracia no es nuestra meta”. Nosotros no queremos psiquiatrizar la vida. Los psiquiatras no curamos ni tratamos “la vida” y sus problemas sino solo enfermedades (y cuando podemos, que no es siempre). Por esto ya hablé de “La psiquiatría de la población o tratar enfermedades de la vida” (aquí).

Y por esto mismo Rojo Sierra  ya señalaba: “se cree que la tristeza es el síntoma fundamental de la depresión. Esto es una horrorosa falsedad. La tristeza es inherente a la vida y a la salud…el pueblo ha confundido las adversidades con las depresiones. Y como la existencia está llena de adversidades y estas dan tristeza, la gente ha simplificado `depresión´ por `depre´”.

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Sí, al final van a tener razón, en parte, los que dicen que los antidepresivos hacen lo mismo que el placebo. Si no sabemos diagnosticar bien una depresión como enfermedad y tratamos “la vida” con sus tristezas y estrés, es posible que para “la vida” sea igual un antidepresivo que un placebo.

Por esto termina Rojo Sierra indicando algunos datos necesarios para un buen diagnóstico.

Si los profesionales de la salud diagnosticamos bien, entonces trataremos bien. Si son otros los que hacen los diagnósticos, entonces, igual la “vida” pasa a ser un diagnóstico, pero de eso no nos podemos ocupar en psiquiatría sino solamente rechazarlo como hacen las sociedades médicas, psiquiátricas, científicas y cualquier experto profesional que de verdad haya tenido que tratar y responsabilizarse de enfermos psíquicos depresivos.

 

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INTELIGENCIA, PENSAMIENTO Y SOCIEDAD


Juan Rojo Moreno

         En nuestros días prevalece más el hacer que el pensar. Antes un filósofo era un Intelectual, ahora es un Licenciado en Filosofía, y ahora puede ocurrir que -por poner un ejemplo- un presentador de un programa televisivo de letras y crucigramas ya, por eso mismo, pertenezca fácilmente a la autodenominada “Clase Intelectual” del país.

Dice Ortega y Gasset que ha de producirse una “retirada de los intelectuales al fondo del paisaje social y si es preciso a las catacumbas”.[1] Pero esto origina dos consecuencias, la primera de las cuales fue bien observada por nuestro autor de referencia:

Una, es que si bien se verían los intelectuales al margen de los negocios, sin prisa de dar soluciones prematuras y dejando que los problemas se dilaten según su propio radio elástico, no obstante el intelectual se quedaría solo, sin los otros, y “cuando el hombre descubre que se queda solo, descubre que su inteligencia empieza a funcionar para él, en servicio de su vida solitaria, sin intereses externos, pero cargada hasta la borda, con riesgo de naufragio, con intereses íntimos…  y entonces se descubre que la pura contemplación es una ilusión óptica [pues] la `pura inteligencia´ es también práctica y técnica”.

Este aspecto sobre el yo y la alteridad ha sido considerado por los clásicos y también por filósofos y psiquiatras como Jaspers o Künkel. En “Alteridad fundamentos gen-éticos y psicopatológicos” (aquí) abordé este asunto y, como dice Künkel, tan pronto como se logra el “hallazgo del sí” se ha logrado también el “hallazgo del nosotros”. No podremos llegar a un nosismo verdadero anulando al yo. El “nosotros” empieza por el Yo.

Es necesario un egotismo sano para empezar a crear en nosotros mismos un nosismo sano. Por esto señala Jaspers: “yo no puedo llegar a ser mi-mismo si no entro en comunicación con el otro”.

La segunda consecuencia, otro problema que aparece cuando se retira de la ajetreada vida pública y político-social el verdadero intelectual, es que, como los nichos biológicos de la naturaleza, pronto es reemplazado por categorías de individuos pseudointelectuales que se alzan, voz en alto, autodenominándose la “clase intelectual”. Tenemos un número sinfinito de éstos que se erigen como representantes sociales y cívicos de “la razón y la inteligencia” firmando manifiestos y otras algarabías que son de su interés. Son fundamentalmente ruidosos pero, como señala Ortega: “es reducido el número de hombres que, de verdad, tienen algo que decir”.

La ya centenaria crisis de la Razón viene dada porque las ciencias, el pensamiento y el razonamiento, han originado un gran salto adelante en la humanidad, pero solo a costa de una de sus partes. Como señala O. Lazarte “ha fracasado el mito del progreso automático por el que se pensaba que los avances científicos y económicos iban a originar automáticamente un avance en valores humanos e igualdad económica”.[2]

Igualmente, dice Ortega: “la fe en la inteligencia no tenía límites visibles ni en su carácter de fe ni en lo que esperaba de la inteligencia… pero un buen día se vio que si bien la inteligencia y la razón resolvían cada vez más innumerables problemas materiales, no obstante, habían fracasado en todos sus intentos de resolver todos los otros, principalmente morales y sociales… y perdido el hombre en la selva selvaggia de las ideas que él mismo ha producido, no sabe qué hacer con ellas. Sigue creyendo que sirven de algo inexcusable pero no sabe bien de qué”.

La ciencia, la técnica e incluso la inteligencia son hoy en día, en cierto modo, también un problema. Cuando algo resuelve todo no es un problema ni tampoco cuando no resuelve nada. Una cosa problemática es cuando no estamos convencido de lo contrario de ella. Estas variables anteriores (ciencia, técnica) son muy útiles y salvadoras, pero no estamos convencidos que no sean al mismo tiempo inútiles para resolver las crisis humanas y destructoras de la propia humanidad.

El pensamiento, dice J. O Whittaker, “es virtualmente sinónimo de resolución de problemas”[3], pero no paramos de pensar y tras resolver unos problemas creamos otros. ¿Realmente resolvemos los grandes problemas de nuestra planetociedad con el pensamiento?

Estamos en un “gran salto adelante” en el que no sabemos colectivamente ni lo que queremos ni a donde vamos, solo sabemos que vamos. Parafraseando a Ortega: sabemos que al ser humano le pasa algo gigantesco pero no sabemos qué es lo que le pasa y menos si lo que le pasa es bueno o malo.

Quizá el problema está en que ese “salto adelante” no parte del mismo nivel del suelo para saltar. Hace 150 años en occidente el suelo era la lógica, la razón, el pensamiento, y las tres cosas se identificaban. Pero hoy en día es tal el flujo de información, conocimientos y perspectivas, que podemos ver a cinco personas razonado sobre una misma idea y cada una de ellas aportando su lógica, su conocimiento y sus estudios, y no llegar nunca a conclusión alguna. Ya lo dijo Heráclito: La realidad se complace en ocultarse. Pero parece que hoy hay muchas realidades y no sabemos cuál es la que se oculta.

Quizá el problema también esté en que el pensamiento humano de hacerse tan lógico y razonable ha avanzado pero no hacia nuevas síntesis, sino que se ha heteroclitado. Es decir, se ha nutrido en su desarrollo lógico de múltiples campos afines: de creencias históricas, emociones, de filosofía de la vida, de filosofía de la ciencia y de otras muchas aventuras humanas, de manera que ya es capaz de razonar lógicamente todas esas variables para conseguir articular su utilidad vital. El pensamiento, dice Ortega, “queda ocultado en su `mismidad´ por todo aquello que tiene que ver con él pero no es él mismo”.

Lo cierto es que el pensamiento es uno de los pocos campos que el ser humano intenta definirlo desde él mismo: define el pensamiento porque piensa y desde su propio pensamiento se describe a sí mismo.

La lógica es otra confusión identitaria del pensamiento, pues tan lógico es que los humanos seamos responsables en las ciudades y no hace falta que se multe, pues tenemos que ser cívicos, como que debido a que la lógica no funciona han de ponerse multas. El problema de la lógica es que existen muchas cosas ilógicas que son demostrables y al contrario. La lógica permite que varios contertulios hablen entre sí y no lleguen a estar de acuerdo en nada.

Nuestro siglo XXI es bastante caótico porque hay un contraste muy grande entre lo lógico y lo vivencial. Las visciencias son el motor del “salto adelante” desde las creencias orteguianas.

Este último párrafo anterior quiere decir:

 1- Según la frase de Ortega “ningún hombre entrena humanidad”, nuestro condicionamiento histórico-social toma la forma de usos y vigencias (usos del pensamiento, del lenguaje…) que nos son inyectados desde el nacimiento por las diversas esferas sociales que nos rodean. Así se forman las creencias que no son pensadas, sino que se tienen, se viven, como interpretaciones que se dan hechas.

2- Para entender qué es una visciencia seguimos a M. Rojo Sierra que considera que una cosa son los conocimientos (que pueden ser reducidos a conceptos fríos denominándose noemas) y otra cosa son las vivencias de los sentimientos (que Rojo Sierra denomina Timemas). Así, cuando veo en el cielo una galaxia, automáticamente tengo el concepto (por la experiencia) de lo que estoy viendo (conocimiento o noema) pero a su vez vivencio la grandiosidad de la visión y lo que supone el espacio interestelar, siendo esta vivencia el timema. Las visciencias, dice Rojo Sierra, es la síntesis del noema y del timema, es  decir del conocimiento y de la vivencia y por eso las visciencias tienen “fuerza” y conocimiento.

Pues bien, el problema en este siglo XXI es que hay múltiples sistemas creenciales que antes solamente compartían fronteras humanas, raciales o territoriales, pero hoy en día, habiéndose diluido esas fronteras y desde la mezcla, desde el heteroclitismo, las visciencias, con su tremenda fuerza de conocimiento y sentimiento, entronan cada lógica y cada razonamiento, apelando a patentizar el pensamiento primordial, el real, el oculto, el verdadero (como si  todos saltaran de la misma plataforma creencial: por esto les es incomprensible a muchos que “los otros” no participen de sus ideas y principios vitales).

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Quien quiera entender al hombre, que según Ortega es un ser sustancialmente peregrino, tiene que echar por la borda todos los conceptos quietos y aprender a pensar con nociones en marcha incesante.

Inteligencia, pensamiento y sociedad, el conjunto está en periodo de “salto” pero no todos los humanos estamos saltando desde el mismo suelo, ni en la misma dirección y no sabemos, realmente, donde caeremos ni qué compartiremos: este es nuestro drama actual.

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[1] J. Ortega y Gasset, Reforma de la Inteligencia, La Nación, 26 de Abril, Buenos Aires, 1925. Este artículo también se ha reproducido en la obra  de Ortega que va a ser de referencia “Apuntes sobre el pensamiento” El Arquero, Revista de Occidente, Madrid, 1975.

[2] Lazarte O. El espíritu Médico. Conferencia pronunciada en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Cuyo (Mendoza), con el auspicio del Departamento de Medicina para graduados. 1959

[3] J. O Whittaker, Psicología. Interamericana, tercera edición, 1977

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