PSIQUIATRÍA COTIDIANA. BIOGRAFÍA Y CUERPO EN UNA PSIQUIATRÍA PERSONALIZADA


Hemos publicado en 2022 este libro de cual presento aquí el Prefacio y un resumen

Podemos ver sus características en Pirámide: https://edicionespiramide.es/libro.php?id=7068257

También un video de presentación en el siguiente QR

Esta obra tiene un contenido atrevido y poco frecuente. En ella se defiende que el psiquiatra debe comprender la historia personal de cada paciente, para poder aplicar el mejor tratamiento, siendo este personalizado. Defiende que la psiquiatría debería prepararse para que aparezca una cordura creativa que haga que la medicina, manteniendo su modelo físico-natural, retome los valores de la medicina antropológica, donde el paciente ya no será solo un objeto que reparar. Es decir, no tendrá solo una patología o solo una enfermedad, sino también una historia personal. Esto permitirá a la psiquiatría aplicar al paciente el mejor tratamiento individualizado. La enfermedad no será comprendida psicológicamente o explicada biológicamente, sino que ambas cosas lo serán a la vez como persona enferma. En el libro se tratan, de forma muy documentada, aspectos fundamentales y necesarios para abordar los tratamientos psiquiátricos y, desde un conocimiento amplio y formación multidisciplinar del autor, se presentan numerosos ejemplos reales. Así, en el capítulo tres se realiza una interesante incursión al mundo de los big data para una psiquiatría del futuro, aunque también advierte de sus peligros si esta tecnología es mal utilizada. En el capítulo 4 se insiste en la importancia de la exploración médica somática y neurológica en psiquiatría presentando numerosos ejemplos clínicos que avalan esta defensa. También, en sucesivos capítulos se busca responder a preguntas sobre la realidad y la verdad de las vivencias del enfermo mental, sobre el tratamiento psiquiátrico a través del diagnóstico: ¿Cómo se llega a ese diagnóstico? ¿Qué es la fuerza eficaz de las vivencias? ¿Cómo influye para el tratamiento el temperamento y el carácter o valorar el proyecto vital? ¿Qué habilidades debe tener un psicoterapeuta? La obra es una herramienta útil y práctica, escrita en un lenguaje sencillo y accesible, documentada y llena de ejemplos reales. (cont.)

INDICE

Prólogo. Las clasificaciones internacionales DSM y CIE, ¿Cuánto detectan realmente del enfermo mental? La importancia en psiquiatría de conocer la vida del paciente. El diagnóstico y tratamiento psiquiátrico y big data. La exploración médica somática y neurológica en psiquiatría. La realidad y verdad de las vivencias del enfermo mental. La medicina personalizada. La medicina personalizada como medicina antropológica y antropofórica. El tratamiento psiquiátrico a través del diagnóstico. El amor y la técnica en los tratamientos psiquiátricos. Sobre psicoterapia. La percepción corporal (eidosoma).

PREFACIO

La psiquiatría es una ciencia heteróclita (al decir de López Ibor), lo que significa que si bien siempre seguimos siendo médicos (de ahí la parte iatría que significa médico), no obstante nos nutrimos de ramas muy afines como son la psicología, la antropología, la bioquí­mica, la farmacología, la genética…, aunque no somos en ningún caso profesionales especializados en estas ramas afines, ni somos psi­cólogos ni antropólogos, etc.

La motivación para escribir este libro ha sido tanto aportar in­formación como formación, en un lenguaje accesible, para médicos, psicólogos y así mismo para cualquier persona del mundo de las ciencias de la salud, y también para quien esté interesado en el ser humano y su enfermedad.

¿Pero sobre qué quiero formar e informar? Fundamentalmente sobre lo que hacemos en psiquiatría o lo que, en muchos casos, de­biéramos hacer. No es válido que un paciente vaya al psiquiatra y le cuente sus síntomas, y poco más, y se le recete un medicamento. In­cluso por el abuso de esta simplificación del acto médico se ha que­rido retomar conceptos antiguos propios de la «antipsiquiatría» (una corriente de los años sesenta que prácticamente ha desaparecido) creando una «nueva» corriente que se llama la «nueva psiquiatría» que en definitiva no son más que «nuevos odres para vino añejo», es decir, actualizan lo que ya es muy conocido, aunque aparece ahora como crítica a esta postura simple de escuchar algo al paciente y automáticamente recetarle.

Todo esto confunde mucho a las personas interesadas por las en­fermedades mentales y por lo que hacemos los psiquiatras.

Cierto es que nos nutrimos de los avances técnicos y bioquímicos que se conocen, cada vez más, sobre la enfermedad mental, pero de­bido a que no tenemos pruebas analíticas, ni radiografías, TAC o resonancia magnética que confirmen nuestros diagnósticos, estamos obligados a hacer una medicina personalizada, biografiada, cono­ciendo no solo desde cuándo se padece la enfermedad sino, además, qué supone la enfermedad para la persona y cuál es la estructura de su vida que ha podido facilitar o por el contrario compensar la en­fermedad mental. La psiquiatría supone comprender la historia par­ticular de cada paciente para poder aplicarle el mejor tratamiento personalizado. La psiquiatría bien aplicada supone conocer en el pa­ciente su estructura neurocultural.

Como indica Barcia (1979): «la medicina se encuentra sometida a dos realidades, la de la ciencia y la realidad del hombre individual», y en este sentido señala López Ibor (1966): «contentarse con conocer los cuadros clínicos tal como se hallan descritos en los libros y tratar de clasificar los enfermos con un único propósito nosológico (conocer sus características), es renunciar a la comprensión vital de cada caso. La experiencia clínica consiste en la singularización en la comprensión del enfermo. Esta es la psiquiatría que no está en los libros…, esta es la psiquiatría que está en la médula de los verdaderos psiquiatras».

No solo tenemos que descubrir los «hechos», pues si nos queda­mos ahí, esto nos conduce a lo que Demócrito denominó «forma bastarda de conocimiento», sino que, además, tenemos que conocer por qué aparecen esos hechos y cuál es su «fuerza» en la vida del paciente. Y también conocer y comprender por qué han desencade­nado o encronizado una enfermedad mental.

Por esto, en los distintos capítulos de este libro se plantean los diagnósticos de las clasificaciones internacionales DSM y CIE y cómo estos, si bien son muy útiles para poder clasificar rápidamente a los enfermos, no obstante solo hablan de «trastornos» y no de en­fermedades. Se olvidan del paciente singular.

Ya en otros libros anteriores reflexionamos sobre la ansiedad (Comprender la ansiedad, las fobias y el estrés. Pirámide, 2011) sobre la depresión (La enfermedad depresiva. Conocer y entender la depresión en lenguaje para to­dos. Albatros, 2008) y sobre la psicosis (Psicosis. Delirios, alucinaciones, sectas y estigma. Pirámide, 2018) y en todos ellos buscando que estas enfer­medades fueran conocidas en un lenguaje accesible.

El estigma sobre los pacientes con enfermedad mental solo puede ser mejorado o suprimido dando información seria, pero a la vezcomprensible. Pocas especialidades tienen este problema del estigma tan acusado como en psiquiatría, aunque haya excepciones como ocurre con el lupus y en dermatología con el vitíligo, el acné y la psoriasis.

Puede incluso parecer curioso que dediquemos un capítulo al «amor y la técnica en los tratamientos psiquiátricos», pero sigue siendo válido demasiado frecuentemente el comentario de Hono­rio Delgado (1992): «el positivismo, generalización abusiva de las ideas válidas solo en el dominio estricto de las ciencias físicas, lleva a considerar al enfermo como un simple objeto material, y a la medicina como una mezcla de ciencia y técnica, por ende, im­personal y mecánica». El amor en medicina no es solo un senti­miento, es un acto: un acto de comprensión humanitaria de todo sufrimiento que por la enfermedad se encuentra incardinado en la totalidad biológica, psíquica, social, neurocultural y también his­tórica, y no existe una verdadera vocación y amor por el hombre que sufre enfermedad si no hay una vocación humana por el resto de la humanidad.

Todo esto no origina, ni mucho menos, un rechazo a los avances técnicos. Desde luego prefiero ser tratado por un psiquiatra del siglo XXI que ha conseguido incorporar la ciencia a su profesión, que por otro de principios del siglo XX, que obligaba a comentar al psiquiatra K. Jaspers cómo apenas se podía hacer con muchos pacientes psi­quiátricos más que cuidarlos de las enfermedades comunes.

Creo que el problema no es el uso excesivo de fármacos ni de ciencia, sino cómo se usan. Si personificamos al paciente, si lo cono­cemos más íntimamente, si, como decía Jaspers, hacemos de la histo­ria clínica una antropología biológica, entonces da igual que medique­mos con uno o con cinco fármacos, o que apliquemos conocimientos de los neurotransmisores serotonina, adrenalina o dopamina, pues existirán objetivos claros personalizados. Cuanto más nos aporte la «personalización bioquímica y genética» sin que desaparezca la per­sonalización del enfermo con su biopatohistoria, más aumentaremos la efectividad y eficiencia en la cura del hombre real enfermo, que será siempre el beneficiado.

Quisiera agradecer a la profesora García-Merita su colaboración con un capítulo sobre psicoterapia. No es un capítulo al uso que solo hable de los distintos tipos de psicoterapia, sino que aporta su vasta experiencia para poder plantear la importancia de la actitudes y ap­titudes del psicoterapeuta, así como los límites de la psicoterapia y consideraciones que son de gran valor tanto para psicólogos como para cualquier profesional de la salud o persona interesada en ella.

También he de agradecer a quienes han corregido y revisado el texto, María Adela Rojo, Amparo Betés, y a los psiquiatras Carlota Valdemoro y Miguel Hernández y a la profesora M. L. García-Me­rita, que me han dado sus opiniones sinceras sobre la claridad y ca­racterísticas de los diversos apartados y párrafos para hacer el libro más fluido y comprensible.

Aunque no ha intervenido directamente en la realización del li­bro, quisiera también agradecer al psicólogo Francisco Santolaya Ochando (decano del Colegio Oficial de la Psicología de la Comuni­tat Valenciana —COPCV— y presidente del Consejo General de la Psicología de España —COP—), con quien he compartido muchos años en el ejercicio de la salud mental en el sistema público de la Generalitat Valenciana, por sus frecuentes comentarios y conversa­ciones que me han aclarado y aportado ideas sobre el trabajo unitivo de los profesionales en salud mental y por su continuo apoyo en el campo profesional y personal.

Y como siempre, no es posible escribir un libro y dedicar a la vez el tiempo suficiente a la familia y al trabajo, por lo que este no ha­bría sido posible sin el apoyo constante y paciencia de mi mujer Car­lota y mis hijos Miguel y Carlota.

Valencia, 2021.

Acerca de juanrojomoreno

Profesor Titular de Psiquiatría Universidad de Valencia
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