REFLEXIONES DESDE LA MEDITACIÓN DE ORTEGA Y GASSET DEL PUEBLO JOVEN


Comunicación y circunstancias.

Juan Rojo Moreno

Las estancias que hizo J. Ortega y Gasset a partir de 1916 a Latinoamérica le indujeron a reflexionar sobre diversos aspectos. Esa obra está en Internet en forma libre (descargar aquí) pero nosotros vamos solamente a utilizar unas reflexiones que nos acontecen entrando en ella.[1]

Casi ningún país se encuentra contento con su “estado” o situación actual (hay quien exceptuaría a Islandia). Los unos porque tienen muchos impuestos, otros porque tienen mucha migración, otros por su pobreza o falta de libertades y otros porque sienten que diversos países influyen demasiado en su protagonismo. Señala Ortega que la historia humana es obra del descontento, que es una especie de amor sin amado y como un dolor que sentimos en miembros que no existen.

Curiosamente, existe una gran paradoja en este mundo internacionalizado, interconectado y supracomunicado, y es que si bien aparentemente todo el mundo habla con otro todo mundo pero, aun así, lo que más existen son los monólogos. Los vemos constantemente en las tertulias televisivas, por poner un ejemplo, uno suelta su speech, discurso o incluso arenga y la mayoría de las veces es atendido pacientemente por los demás contertulianos (en muchas ocasiones no existe ni siquiera ese mínimo de educación) y cuando acaba o se le hace acabar, el nuevo locutor ahora suelta su discurso que en su mayor tiempo no tendrá apenas nada que ver con el anterior (solo la temática que se está hablando) y cuando acaba, otro interlocutor o el anterior responde o inicia un nuevo discurso que son monólogos. En el fondo  se cree (y posiblemente tengan razón) que la audiencia va a recibir el impacto emocional de sus argumentos y así poder movilizar una idea o una ideología.

Por esto en lo regímenes totalitarios, y en los partidos políticos que aspiran a ello, el control de los medios de comunicación es tan importante.

Ya nos decía Ortega que el pensamiento honesto es siempre en tal sentido dialéctico y la dialéctica es colaboración y que “la vida intelectual española [ahora ampliable a muchos otros países por la interconexión] cruza por una etapa de audaz monologuismo. Cuando se interrumpe este no es para el diálogo, sino al contrario, para ejecutar alguna estúpida agresión. Nadie se otorga el lujo de comprender al otro y, partiendo de esa comprensión, tal vez rebatirle”.

Es cierto que, en definitiva, cada uno de nosotros tenemos la valoración y decisión última, como señala Ortega, si bien nuestra existencia nos aparece constituida por un conjunto de circunstancias que nos obligan e imponen un régimen de forzosidad. Pero esto  no supone en nuestro vivir que deba ir éste rigiéndose por una trayectoria ineludible y mecánica sino que deja siempre un margen a la decisión. Todo hombre tiene que tomar en peso su destino [sus circunstancias] y plasmarlo con su albedrío.

Ciertamente, no hay vivir si no se acepta la circunstancia dada, pero sobre esta circunstancia tenemos que hacer malabares para entre lo estipulado, lo que nos estipulan, lo que creemos que es nuestro y es inyectado, y entre lo más verdadero nuestro, al final en la autognosis, en el autoconocimiento, uno debe sacar su propia conclusión. Es a menudo difícil pues tenemos que estar constantemente andando y saber cuándo hay que parar. Este equilibrio es parecido al que decía Nietzsche, refiriéndose al poeta, que es una persona que “danza encadenado”.

Todos tenemos problemas, los pueblos y naciones tienen problemas y debemos entrenarnos -lo cual no es fácil- para vivir la vida y saber sobrevivir ante o frente a nuestras circunstancias y el mundo que nos rodea, con sus tensiones y complejidades.

La palabra entrenamiento no es sino la traducción del vocablo askesis, ascetismo, que usaban los griegos en los juegos atléticos y con el cual denominaban al régimen de difíciles ejercicios al que se sometían para mantenerse “en forma”. Señala Ortega que este constante entrenamiento es el único capaz de hacernos creativos y hemos de mantenernos en constante entrenamiento, y para esto es necesario que las circunstancias nos inciten.

¿Pero realmente nos entrenamos para la vida [más allá de haber recibido, por fortuna, una educación al menos básica y obligatoria]? ¿O simplemente nos dejamos llevar por las circunstancias como el kayak que baja por un rio turbulento y no más que intentamos no ahogarnos entre nuestras ideas, nuestras creencias, la opresión de las estructuras y nuestras circunstancias personales o familiares?

Es difícil mantener una tabla de entrenamiento en un mundo tan politizado e ideologizado que además está hiperconectado ¡Política de ideas!

Señala Ortega que nuestras sociedades tienden siempre a que todo en ellas se convierta en política y entonces acontece que viven sólo de un centro creador de historia: la política, careciendo de otras instancias y centros de equilibrio a los cuales recurrir. Esa otra instancia –señala Ortega- tiene que ser la vida intelectual… pero no os hagáis ilusiones, la pura inteligencia es enemiga del puro político.

¿Cabría hoy poder encontrar, en nuestros días, en este siglo XXI, una sociedad como la  francesa de principios de siglo XX “Union pour la vérité” que publicaba unos cuadernos donde los hombres de ciencia y de letras discutían entre sí, de espaldas al público, sin tolerarse vanos aspavientos, felonías ni otras ruindades inspiradas por el afán de quedar encima? Un riguroso imperativo de veracidad presidía a la polémica. Una insolencia, una pedantería, una deslealtad, serían automáticamente castigadas con la exclusión.[2]

Si existiese una sociedad parecida en nuestros días más de uno se apuntaría, aunque para muchos parecería disarmónica con los tiempos de la popularización de opiniones diversas y, si posible, de la imposición de las mismas.

Pero aunque no exista, hay algo parecido que no se dice ni se escribe, de gran importancia en nuestras sociedades y que nuestro autor de referencia denomina: “las cosas consabidas”. Por esto hay unidad social, hay comunidad -quiérase o no- cualquiera que sea la independencia y aun la autoridad de los estados. Pues hay cosas que no solamente las sabemos cada uno de nosotros, sino que además sabemos que las saben también los demás. Esto que sabemos junto con otros lo consabemos.

Ese tesoro de lo consabido -sigue Ortega- de lo que hemos vivido juntos (por ejemplo el estado de alarma durante la pandemia Covid-19 y lo que sigue ocurriendo, el problema sanitario, económico, humanitario…) de lo nuestro por ustedes, de los de ustedes por nosotros, no nos lo puede quitar nadie ni siquiera nuestra propia voluntad. El hombre no es sino “lo que le pasa”, y ese pasado que le ha pasado a uno, a nosotros, al hombre, no es algo que se fue sino al contrario: porque nos pasó, queda operante dentro de nosotros.

Esto que no se divulga en las noticias nos une, no solo a un país sino hoy en día por la hiperconectividad también a los europeos, americanos y otros países de occidente y oriente. Realmente a toda la humanidad. Lo consabido no suele ser portada de periódico pero actúa como dulce o amargo amanecer dando luz a un sentido planetario que aún se resiste a deslumbrar, no por fallo en el imaginario popular, sino por la sinrazón de los que en uno y otro lado ostentan o determina el poder. No el poder militar, sino hoy más que nunca el poder de la información, de los datos y de la manipulación.

¿O es que, como señala Ortega, podría uno preguntarse si no habremos venido los hombres a este mundo precisamente para no entendernos? porque no cabe negar que el no entendernos es cosa que sabemos hacer concienzudamente.

C. G Jung ya habló del Inconsciente Colectivo, estructuras arquetípicas que  compartimos toda la humanidad y “aparentemente”  este inconsciente es silencioso. Lo consabido tiene también algo de silencio, quizá un murmullo bajo del que no llega a entenderse ni oírse bien sus palabras.

Nos consabemos vitalmente los unos a los otros -señala Ortega-, nos consabemos o somos lo consabido recíprocamente. Y lo demás es ganas de hablar y hablar, es casi siempre no entenderse. Nos entendemos más por lo que damos por supuesto y callamos que por lo que efectivamente decimos. De donde resulta una extraña pero inevitable paradoja: que el hablar, el auténtico hablar se compone principalmente de silencio.

———————————————


[1] José Ortega y Gasset. Meditación del pueblo joven. Revista de Occidente, Madrid 1962. Es la edición que hemos alcanzado. En otras ediciones se titula “Meditación del pueblo joven y otros ensayos sobre América”.

[2] Asociación de “educación filosófica y cívica mutua”, fundada a finales del siglo XIX. Publicó un Boletín – Unión por la Acción Moral entre 1892 y 1905. En 1896, La Unión se hizo conocida por el público a través de una rotunda campaña de comunicación al exhibir en las paredes de París una letra grande encargada a Puvis de Chavannes después de su decoración del Panteón (Sainte Geneviève) y grabada por Auguste Lauzet. Este “cartel moral”, destinado a traer belleza a la gente, es alabado o burlado en una gran prensa y da visibilidad a la acción de Desjardins y sus amigos. La Unión se disolvió durante el asunto Dreyfus, dando a luz la Unión por la Verdad, por un lado, y la Acción francesa de Henri Vaugeois y Maurice Pujo por el otro. Paul Desjardins asumió la dirección de la Unión para la Vérité: https://fr.wikipedia.org/wiki/Paul_Desjardins

Acerca de juanrojomoreno

Profesor Titular de Psiquiatría Universidad de Valencia
Esta entrada fue publicada en Filosofia y ciencia para el hombre y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .