PSICOLOGÍA DE LA EVOLUCIÓN DEL HOMBRE


Juan Rojo Moreno

Ouspensky (filósofo y escritor) dictó 5 conferencias en Londres (1934) que las fue retocando hasta su publicación en 1950 (tres años después de su fallecimiento en 1947; la introducción la escribió en 1945) con el nombre de  Psicología de la Posible Evolución del Hombre [1].

Se plantea Ouspensky una importante diferencia entre la psicología “científica” que estudia al hombre tal como lo encuentra y otra psicología que estudia al hombre desde el punto de vista de su posible evolución.

Por esto llega a dar cuatro definiciones de psicología:

1- La psicología es el estudio de los principios, leyes  y hechos relativos a la posible evolución del hombre.

2- Psicología es el estudio de uno mismo. Pues uno de los mayores obstáculos del hombre es su ignorancia de sí mismo y la ilusoria convicción de conocerse, al menos en cierta medida, y de poder describirse él mismo, cuando en realidad no se conoce en absoluto.

3-  La psicología es el estudio de la mentira. El hombre no sabe que evolución le es posible ni en qué punto de ella se halla actualmente, y se atribuye rasgos que pertenecen a fases superiores de la evolución. Él no puede estudiarse, siendo incapaz de distinguir entre lo imaginario y lo real en sí. Mentir quiere decir deformar o, en ciertos casos, disimular la verdad o lo que se cree es la verdad. No podemos conocer la verdad pero podemos simular que la conocemos. Y eso es mentir. La mentira llena nuestra vida entera -señala Ouspensky. La gente finge saber de todo pero en realidad casi nada sabe “y cada vez que habla de algo que ignora como si lo supiera, miente. Por consiguiente, el estudio de la mentira se torna de capital importancia en psicología” .

4- La psicología es el estudio de un nuevo lenguaje. Y ese nuevo lenguaje es la lengua universal que los hombres se esfuerzan a veces por descubrir o inventar. Es universal en el mismo sentido que lo son los símbolos matemáticos. Jaspers hablaría de lenguaje “cifrado” y Ouspensky dice “no conocéis aún sino unas pocas  palabras de ese lenguaje, pero ya os dan la posibilidad de pensar y de hablar con más precisión de lo que os lo permite el lenguaje ordinario, aun si usáis terminologías y nomenclaturas científicas o filosóficas”[2]

Ouspensky se interesa, más que  por el análisis de los fenómenos de la psique humana, por las fuerzas ocultas del hombre pero no fue un psicoanalista [3] sino que desarrolla un humanismo o misticismo fuertemente influenciado por su maestro George Gurdjieff .

La evolución del hombre no se ha producido de una manera automática (está Ouspensky muy en contra del mecanicismo y del hombre-máquina) sino que ha sido necesario el esfuerzo consciente del propio hombre. El esfuerzo dirige los pasos evolutivos pues “la evolución del hombre significará el desarrollo de ciertas cualidades y características interiores que habitualmente permanecen embrionarias y que no pueden desarrollarse por sí solas”.

Uno de los problemas evolutivos actuales, desde esta perspectiva, es que estamos tan mecanizados, tan atentos a los valores exteriores y cosas del mundo que no estamos desarrollando de forma  intensa fuerzas internas evolutivas: “sin esfuerzo la evolución es imposible; sin ayuda es igualmente imposible; la evolución es una cuestión de esfuerzo personal”.

El esfuerzo también es considerado fundamental en el desarrollo de la conciencia por C. G Jung cuando señala: “Al estudiar la historia del desarrollo humano nos vemos constantemente impresionados ante la comprobación de que con el desarrollo mental corre pareja una ampliación del campo de la conciencia, así como que cada paso de avance representa una conquista sobremanera dolorosa y penosa. [4]

Entra nuestro autor de referencia de forma directa en una cuestión que ahora muchos científicos, filósofos y divulgadores frecuentemente lo hacen de forma mucho más “light”: no todos los hombres pueden desarrollarse y evolucionar. Estamos acostumbrados a leer cada vez más  libros y artículos que nos prometen estimulación cerebral, datos que nos van a ayudar a controlar todo, prótesis orgánicas, desaparición de enfermedades por conocimiento genético (y/o manipulación). Pero si estimulamos la memoria ¿todo el mundo recibirá el mismo estímulo o seguirá habiendo mejores y peores estimulados? Si estimulamos la capacidad cognitiva ¿habrá quien maneje mejor y otros peor esa estimulación?

Quizá Y. N Harari (Homo Deus)[5] es uno de los que más ponen en claro el problema de las personas que, según él, serán “económicamente inútiles”, y algunos autores que escriben sobre transhumanismo también se plantean: ¿la estimulación cerebral o la superinteligencia nos hará más felices, más sociales o humanamente mejores?

Para Ouspensky muchos no evolucionarán simplemente porque no lo desean. Para el desarrollo, para la evolución, es condición necesaria que el hombre no se conforme con su estado presente “deben sentir un gran interés o deseo por el estado nuevo desconocido que debe aportar el cambio”.

El hombre, dice nuestro autor, no solo no se conoce sino que “no conoce siquiera hasta qué punto no se conoce”. Es una máquina, una marioneta tirada aquí y allá por hilos invisibles. Por esto puede estar contento con cómo se encuentra pues no conoce que su libre albedrío es completamente condicionado.

Algo semejante escribe en 1957 López Ibor cuando señala que la vida actual se halla sometida a la ley del rendimiento. El hombre vale, gana y se cotiza según rinde, por lo que la ley de la vida no depende tanto de lo que realmente se es. El hombre renuncia así paulatinamente a su carácter de persona para caer en la uniformidad de la máquina.[6]

Aunque el hombre tiene una oportunidad, según Ouspensky: puede saber que es una máquina y si se da plena cuenta de ello puede hallar los medios de cesar de ser una máquina.

Y para esto un primer paso fundamental es el asumir la otredad, la alteridad: “saber que él no es uno, sino que es muchos”. En este punto Ouspensky enlaza con toda la filosofía del yo-a través-del-otro, que viene del antiguo misticismo oriental y entre los europeos nombrar al menos al psiquiatra y filósofo K. Jaspers y a Ortega y Gasset. No en vano, como señalamos al principio, el maestro de Ouspensky fue George Gurdjieff que desarrolló su doctrina basándose en múltiples orígenes y en diversas tradiciones tales como el budismo, sufismo, hinduismo y cristianismo ortodoxo oriental.

El hombre centrado en sí mismo que no se conoce a través de la alteridad sigue enfrascado frecuentemente en emociones negativas y, muy a menudo, orgulloso de su identificación y de la consideración. La identificación es un hecho curioso por el que “se identifica” con todo: con lo que dice, con lo que sabe, con lo que cree, con lo que desea o no desea, “si el hombre pudiera liberarse de la identificación, se liberaría de muchas de las manifestaciones inútiles y estúpidas”. La consideración, entiende Ouspensky, significa que el hombre necesita constantemente “ser considerado” y se preocupa constantemente de lo que los demás piensan y valoran de él.

Para un hombre mecánico, en relación con las emociones negativas (fastidio, irritación, envidia, temor, etc.) basadas en la identificación y en la consideración, entiende Ouspensky que la cosa más difícil de admitir es que ni las propias ni las de los demás tienen el menor valor y que no contienen nada de noble ni de bello.

Lo más extraño y fantástico de las emociones negativas es que la gente las adora. Su único aspecto bueno es que  siendo perfectamente inútiles, pueden ser destruidas sin perjuicio alguno. Y cuando esto ocurre llega un momento en que el hombre debe sacrificar su sufrimiento. Esto es quizá lo más difícil pues en realidad las personas sacrifican todo antes que sus emociones negativas: “no existe placer ni goce que el hombre no esté dispuesto a sacrificar por razones fútiles, pero jamás sacrificará su sufrimiento, […] ya que el hombre espera siempre algo del sacrificio de sus placeres, pero nada espera del sacrificio de su sufrimiento”.

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Hemos tenido oportunidad de escribir anteriormente sobre otras perspectivas que interesan la evolución humana, el tecnohumanismo, la biomejoración, etc. Con Ouspensky volvemos a retomar el camino del esfuerzo personal y de la superación para la propia evolución, y de nuevo nos introduce en niveles de conciencia y complejidad-conciencia. Y, ¡cómo no! en la lucha contra la superficialidad del Ser. Ya no podemos alargarnos pero en su última conferencia se adentra en la diferencia entre el ser y el saber y el desarrollo unilateral y parcial que aparece cuando se identifica la evolución solo con el saber.

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[1] P. D Ouspensky. The Psychology of Man’s Possible Evolution. New York: Hedgehog Press, 1950. (la edición que utilizo es la Argentina de 1965- 4ª edición-,  Piscología de la posible evolución del hombre, Hachette). Está en  castellano accesible en https://drive.google.com/file/d/0Bz7L2Pl4PvsYblZBSHNZNk9aRDA/view en inglés en  http://www.holybooks.com/wp-content/uploads/Ouspensky-The-Psychology-of-Mans-Possible-Evolution.pdf

[2] Para Ouspensky la división de la palabra “hombre” en siete palabras: hombre 1, hombre 2, hombre 3,4,5,6 y 7, con todo lo que de esto deriva, es un ejemplo de este lenguaje nuevo. Habla del hombre Nº 1 que es el hombre físico (predominio del centro instintivo o el motor), el hombre Nº 2 es el hombre emocional, el hombre Nº 3 es el hombre intelectual. Todos los hombres nacen 1,2 o 3 y no pueden alcanzar categorías superiores si no es pasando por escuelas (algún maestro o guía)

El hombre Nº 4 no ha nacido tal. Es el producto de una cultura de escuela (formación guiada). Difiere del hombre 1,2 o 3 por el conocimiento que posee de sí mismo, por la comprensión de su propia situación. En él la idea de su desarrollo se ha tornado más importante que todos sus demás intereses. El hombre Nº 5 ha adquirido la unidad y la conciencia de sí. El hombre Nº 6 ha adquirido la conciencia objetiva. El hombre Nº 7 ha alcanzado cuanto un hombre puede alcanzar: tiene un Yo permanente y una voluntad libre

[3] Para Ouspensky son expresiones erróneas, términos equivocados, las de subconsciente o pensamiento subconsciente. Nada es subconsciente de manera permanente, por la razón de que nada es consciente tampoco de manera permanente y no existe “pensamiento consciente”. Los dos únicos estados de conciencia en los que vive el hombre son el sueño y el sueño despierto.

[4] C. G. Jung. Psicología y Educación. Editorial Paidós. Buenos Aires, 1949.

[5] Yuval Noah Harari. Homo Deus. Breve historia del mañana. Editorial Debate, 2016

[6] J.J. López Ibor. Mesura y desmesura en la educación  (1957). En discurso a los universitarios españoles. Biblioteca del pensamiento actual, Segunda edición aumentada, Ediciones Rialp, Madrid, 1957.

Acerca de juanrojomoreno

Profesor Titular de Psiquiatría Universidad de Valencia
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Una respuesta a PSICOLOGÍA DE LA EVOLUCIÓN DEL HOMBRE

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