LA MÁQUINA DE LAVAR CEREBROS


Juan Rojo Moreno

Lajos Ruff, un húngaro que escapó en el momento de la revolución de Octubre de 1956,  tras estar prisionero durante varios años y que sufrió sobre sí mismo la insistencia del método de confesión de “lavado de cerebro”, escribió el libro que lleva el título de este artículo[1]

A lo largo de su experiencia de prisionero escribe: “los acusados debían reconocerse culpables, no a causa de la violencia que se ejercía sobre ellos, no por la razón de los golpes, sino porque era necesario que fuesen, en el fondo, realmente culpables. El acusado era el enemigo cuyo cuerpo y cuya alma había que quebrantar”.

Con pocas palabras define muy bien el núcleo principal del “lavado de cerebro” que tanto se utilizó en la época china de Mao sobre millones de personas y que consiguió “convertir o educar” a tantos de ellos.

Lo que nos trae interés hoy no es comentar el libro en sí, que es un magnífico, impresionante y recomendable relato, sino el fondo de la manipulación de los demás, de sus ideas.

Se ha discutido mucho sobre si existe o no el libre albedrío.  William James en su obra Pragmatismo  dice: “el libre albedrío es una teoría cosmológica general de promesa… carece de significado a menos que sea una doctrina de consuelo”.

Pero no podemos entrar en este tema que nos consumiría mucho tiempo aunque tengo amigos instruidos que escriben por estos lares sobre el libre albedrío y que pueden hacer algún comentario. También sería complicado desarrollar el campo de la Libertad en todas las circunstancias, por ejemplo en el sentido sartriano, cuando uno se ve sometido a un sistema estructurado de lavado de cerebro (Hsi Nao).

El término brainwashing (traducción literal del chino “cerebro lavado”) fue utilizado por primera vez por el periodista, y también agente de la CIA, Edward Hunter en 1950.

Un resumen acerca  de lo que suponía la técnica de lavado de cerebro es el siguiente:

1- Torturas. Con el noble objetivo de la rehabilitación.

2- Hambre.

3- Humillación y degradación.

4- Privación de privacidad. Comer juntos, dormir juntos, trabajar juntos, estudiar juntos… y por supuesto se deben registrar mutuamente los presos unos a otros, criticarse y exponer públicamente los avances o retrocesos del otro.

5- Confesión (Sheng fen: colocar los problemas sobre la mesa). Todos deben saber los pensamientos de los demás. Es el ideal del espíritu  social colmenario.

6- La autocrítica y el relato autoinculpatorio. Es una parte fundamental, pues el sujeto es reeducado ya que es culpable y ha de reconocerlo y escribir detalladamente sus crímenes, además de una forma verosímil: “tras un doloroso proceso que duraba uno o dos años entre la víctima y los interrogadores se llegaba a una confesión con ciertos visos de credibilidad. La elaboración del relato no concluía hasta que el juez se daba por satisfecho y estaba convencido de que la confesión era completa y completamente sincera” (P. Cubero, 2005). [2]

7- Privación del sueño y trabajos forzosos.

8- La arbitrariedad.

¿Pero actualmente de manera sutil no estamos sometidos a formas sociales de lavado de cerebro? (sin tener en cuenta a las sectas que en esos caso lo de “sutil” ya no lo es tanto).

Siguen existiendo tópicos históricos y sociales que hacen difícil enfrentarse a ellos pues el que lo hace es tachado de intelectualmente degenerado -o algo parecido- y es degradado por las “fuerzas vivas” que son actuantes. Veamos un ejemplo por encima.

En la última campaña de elecciones norteamericana, con ayuda de una organización que estudiaba qué mensajes tenían que darse en determinados distritos, un candidato consiguió vencer a su oponente. Otro ejemplo que no me atrevo a escribir es el de una breve canción infantil que se cantaba a modo de estribillo por niños en España hace 30 años y que no tenía ninguna  malicia, por entonces, y que hoy sería imposible de escribir o canturrear sin ser llamado xenófobo y machista.

Se utiliza constantemente el denominado Petitio Principii  o Petición de Principio (del latín petitio principii, “suponiendo el punto inicial“)  que es una falacia que se produce cuando la proposición que ha de ser probada se incluye implícita o explícitamente entre las premisas. Si parto diciendo “somos una sociedad solidaria” y por lo tanto… o “la banca nos roba” y por lo tanto… o “mi partido no es corrupto” pero otros… En todos estos casos ya partimos de un supuesto, y el resto de las argumentaciones que se dan a continuación solo hacen que apoyar el presupuesto, que no se analiza sino que se da por hecho.

Esta suposición del punto inicial o Petición de Principio impide un análisis tranquilo de las situaciones y es lo que impera en las sociedades actualmente. No es un sistema de lavado de cerebro coactivo, cierto,  pero desde que se ha aprendido a manejar a las gentes movilizando afectos más o menos inconscientes es más fácil promover actitudes y después movilizar votos o campañas. Y quien no esté de acuerdo es un “contra”…lo que sea (pero nada bueno ni para la sociedad ni para la humanidad… según ellos).

Lo que se movilizan son vivencias-fuerza, las denominadas visciencias,  que en definitiva son fundamentalmente estados emocionales. Vivencias pero aderezadas y complementadas con una retórica de pensamiento o argumentación (muchas, muchísimas veces basada en Petitio Principii) que hace parecer que en vez de transmitirse una vivencia-idea se transmite un razonamiento.

Podemos observar en este vídeo como argumenta “Educados para no pensar” el  escritor, humanista y economista español  José  Luis Sampedro

Si el siglo XI fue conocido como el “siglo de las cruzadas”, podríamos decir que el siglo XIX fue el del apogeo del Racionalismo derivado del fuerte empuje que le dio primero Descartes y luego Kant.

El siglo XX ha sido llamado el «Siglo de la Vanguardización»  : se caracterizó por los avances de la tecnología, medicina y ciencia, fin de la esclavitud en los llamados países subdesarrollados, liberación de la mujer en la mayor parte de los países occidentales…. Al decir de Walter Isaacson, director gerente de la revista Time: «Ha sido uno de los siglos más sorprendentes: inspirador, espantoso a veces, fascinante siempre»

Al siglo XXI no es posible darle un apelativo hasta que no acabe, pero hasta ahora podemos decir que ha sido el siglo del “choque emocional” (emotional crash, “em-crash”) Se están movilizando campos emocionales que chocan y se activan en política, en la sociedad y en actitudes que están adquiriendo características continentales.

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Solo decir, para terminar, que aunque queda mucho siglo para que podamos augurar lo que va a ocurrir y qué marcará este siglo, pero usando alguna de las palabras de Walter Isaacson yo veo hasta ahora  -para los que hemos vivido una parte importante del siglo XX-  que este siglo XXI es más apocalíptico que fascinante; lo de inspirador ya puede ser más o menos discutible.

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[1] Lajos Ruff. La máquina de lavar cerebros. Ediciones Índice. Testigos de Hoy, Madrid, 1958

[2] Cubero Bros P. (2005). El grupo paranoide. Ediciones Experiencia.

Acerca de juanrojomoreno

Profesor Titular de Psiquiatría Universidad de Valencia
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