MEDICINA PSICOSOMÁTICA. PASADO Y ESTADO


Juan Rojo Moreno

         La denominada Medicina Psicosomática es como la energía: está en todas partes y realmente nadie sabe qué es.

Si, ciertamente, el Diccionario de la Lengua Española (DLE) define psicosomática como: “Que afecta a la psique o que implica o da lugar a una acción de la psique sobre el cuerpo o al contrario” y como indica P. Laín también hay otra acepción mediata y plenaria: “la consideración científica de las afecciones morbosas conforme a la índole personal de su realización psicofísica”.[1]

Si entendemos estos conceptos de forma general, pareciera que siempre la medicina ha sido psicosomática, pero no se ha considerado como tal durante muchos siglos. Realmente la claridad de esta relación psique-soma nos viene de una manera definitiva desde finales de siglo XIX o principios del XX con S. Freud, pero no antes.

Pero si repasamos brevemente la historia (siguiendo a Laín) vemos que en la cultura asirio-babilónica el enfermo pensaba que la dolencia era siempre un castigo de los dioses: “la enfermedad era, primariamente, un pecado, una impureza moral… El hombre existía “para” los dioses, era un servidor de la divinidad”. Por esto señala Laín que los mecanismos por los que actuaban los dioses eran fundamentalmente tres: o bien una acción directa del dios enojado, o bien mediante un apartamiento de la divinidad (los dioses se separaban del hombre y le abandonaba siendo entonces presa de los espíritus malignos que constantemente le rondaban) o bien, en tercer lugar, podía haber ocurrido un encantamiento por cualquier hechicero como consecuencia del pecado.

El proceso “curativo” primero consistía en interrogar al paciente para encontrar la falta o pecado y si se consideraba culpable ya se sabía qué prácticas expiatorias había que hacer. Si no se encontraba su falta moral había que realizar ritos de adivinación.

En la cultura arcaica griega (como ejemplo en la Ilíada o en la Odisea) la enfermedad sigue siendo causada también por un pecado o transgresión moral contra los dioses, pero se impone una diferencia con la anterior asirio-babilónica: también se considera que hay una impureza corporal y física por lo que además de complacer a los dioses también ha de hacerse una purificación somática.

Esta diferencia, considera Laín, hizo que la medicina asirio-babilónica acabara en vía muerta mientras que en la griega arranca la visión de la enfermedad desde el punto de vista de lo que el hombre es “por naturaleza”.

A partir de este momento triunfa el naturalismo griego y ya tenemos con Alcmeón de Crotona en el 500 a.C la primera explicación “científica y natural” de lo que la enfermedad humana es en sí misma y con Hipócrates el único rector del médico son las sensaciones corporales.

Entonces la enfermedad ya es siempre, y solo, una desarmonía en la conmensuración de la physis (naturaleza) y los médicos han de ser ante todo physiólogos. El desorden de la physis del sujeto es la causa de todas las enfermedades que padece y de forma remota también se produce una alteración entre la physis individual y la universal. El castigo de los dioses se ha convertido en “desorden” de la divina naturaleza.

Este fue el avance “oficial” de la medicina griega, pero al mismo tiempo  en la calle, en su cultura del día a día, seguía permaneciendo una medicina creencial que buscaba curaciones en el culto al dios Dionysos, y conjuros terapéuticos mediante imposición de manos o mediante la repetición de palabras rituales.[2] A esta medicina acudían desahuciados, enfermos crónicos, desvalidos y gente menesterosa. Allí estaban en virtud del poder que los dioses les había ofrecido para obrar sobre la naturaleza. Señala Laín: si el médico fisiólogo puede porque sabe, el sanador “no fisiólogo” se ha creído que sabe porque puede.

Pero en todos los casos la condición moral del ser humano (intimidad, libertad, responsabilidad moral, etc.) fue considerada solo física y hasta solo somáticamente. Y un par de siglos más adelante, con la obra de Galeno, el triunfo histórico del naturalismo médico quedó asegurado. Pero la patología de Galeno no supo ser “biográfica” ni “personal”.

Así, de forma resumida, para el asirio el enfermo es ante todo un pecador, en la Grecia de Homero la ética ya tiene una expresión física y con Galeno se viene a sostener técnicamente que la física, la “fisiología”, constituye el solo fundamento de la ética.

Solo con S. Freud es cuando coinciden dos aspectos fundamentales:

 Por una parte el interrogatorio del paciente y lo que relata hace que sea considerado de forma completa a su modo personal: cada paciente es individualizado detalladamente. La psique ya no es más un atributo de la fisiología sino una parte “completa” de un individuo concreto. Su biografía su historia y sus circunstancias conforman su persona.

Por otra parte, además, Freud introduce el concepto de Conversión: la conversión supone que un impulso o conflicto psíquico se transforma en un correlato somático (mediante un mecanismo simbólico). Por lo tanto, no es que nos den un susto y tengamos taquicardia, sino que es más bien que una persona que tiene un conflicto en el trabajo, cada vez que va a salir de casa para ir al mismo al ir a abrir la puerta tenga un despeño diarreico.[3]

Como decía Von Weizsäcker: nada orgánico carece de sentido; nada psíquico carece de cuerpo. Lo que había que buscar era el “sentido”.

A partir de aquí, múltiples autores como Dumbar, Alexander, etc… estudiaron la elección de los órganos más psicosomáticos, la personalidad y otras características. Algunos órganos y sistemas son más sensibles a las manifestaciones psicosomáticas como el aparato digestivo, el respiratorio o la piel.

Y empezaron las investigaciones aplicando el método científico. Más y más investigaciones hasta nuestros días correlacionando por una parte datos exploratorios clínicos, por ejemplo colon irritable, asma, liquen plano bucal, glosodinia… y, por otra parte, test psicológicos que valoran ansiedad, depresión, personalidad… Y así han aparecido miles de resultados que “correlacionan” psique y soma. Así, por ejemplo, la ansiedad y la depresión aumentan la vulnerabilidad a  infecciones como la mononucleosis infecciosa o al herpes simple. Scheifer en 1980 demuestra la disminución de la trasformación linfoblástica en viudos recientes  y Riley en 1981 cómo por el estrés hay un aumento de infecciones o neoplasias.

Esto en principio ha dado cuerpo científico a la psicosomática pues como dice Rof Carballo: “Para acceder a las realidades que se ponen en evidencia en la llamada Patología psicosomática no hay más que proseguir hasta sus últimas consecuencias, con rigor, método y entusiasmo los caminos de la más estricta Medicina científico-natural. Cuando un método es continuado hasta sus últimas consecuencias acaba por mostrar hasta aquella realidad que el propio método no era capaz de descubrir. Esta realidad no descubierta aparece entonces como un “hueco”, como un “vacío”, pero aparece”.[4]

Y, cierto, esto es lo que ocurre actualmente con la medicina psicosomática no hace sino darnos relaciones y más relaciones pero no acaba de descubrir lo unitivo de la persona en su globalidad. Como decía a principio de este artículo: la denominada Medicina psicosomática es como la energía: está en todas partes y realmente nadie sabe qué es.

No conocemos los mecanismos profundos humanos biológicos que están ocurriendo en las patologías psicosomáticas más allá de las “relaciones”. Se estudia el colon irritable, el asma o el liquen plano bucal y hay cientos de artículos que los relacionan con la ansiedad, con el estrés, con múltiples características de personalidad y de nuevo otros cientos de nuevos test se aplican y también aparecen relaciones.

¿Pero qué sucede realmente para que se produzca esa conversión en la unidad, en lo unitivo, en toda la persona que padece el colon irritable, para que un problema de la vida cotidiana tenga esa inmensa repercusión orgánica? Eso lo desconocemos.

Como señala Ruiz Ogara (1987): “La explicación por mecanismos psicodinámicos o por mecanismos psicofisiológicos, no es un verdadero modelo patogénico psicosomático integrado, ya que superponen los hallazgos psíquicos y somáticos,  establecen correlaciones entre ellos, pero esto no es un verdadero modelo científico explicativo.  Y sigue diciéndonos este autor: “No se gana estatus y coherencia científica en psicosomática uniendo datos biológicos y psicológicos…. Cuando en numerosas investigaciones y teorías psicosomáticas encontramos datos que proceden de verificaciones biológicas unidos a datos que proceden de la conducta, en vez de estar contemplando un  modelo plurifactorial, lo que contemplamos es un verdadero disparate explicativo” [5]

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Con Laín hemos podido entender hasta qué punto antiguamente se consideraba (o no) la totalidad somatopsíquica del ser humano y cómo realmente es con Freud donde podemos empezar a considerar verdaderamente una Medicina psicosomática.

Pero luego en el estado actual de la misma llevamos más de 100 años haciendo una ciencia “de las relaciones soma-psique”. Realmente con la medicina psicosomática avanzamos mucho en el siglo XX para entender ciertas enfermedades, pero se ha quedado estancada. En realidad su estancamiento supone que sigue en sus investigaciones considerando la concepción antigua cartesiana de dos entidades muy conexionadas: la psique y el soma. No ha avanzado más.

No sabemos qué medicina se hará dentro de 50 o 100 años. Es de esperar unos avances espectaculares en el campo técnico de la misma. Esperemos que también se avance a la vez en esa medicina como un Todo sobre una persona enferma que también es un todo. Si no, seguro que aparecerán nuevas enfermedades “psicosomáticas” y nuevos retos  que la técnica no podrá solo ella curar.

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[1] P. Laín Entralgo. Enfermedad y Pecado. Ediciones Toray, Barcelona 1961. Va a ser nuestra obra cifra de referencia.

[2] Del dialogo tan conocido entre Sócrates y un Tracio, suele difundirse parte de él. Sócrates dice que no puede curarse el ojo sin curar la cabeza, y la cabeza sin curar todo el cuerpo. El tracio le responde: así tampoco el cuerpo sin curar el alma. Hasta aquí el dialogo parecería lo más puro psicosomático y sobre todo antropológico y que no sería viable la partición de la medicina entre una “somatoterapia” y una “psicoterapia”. Pero el fragmento sigue y el Tracio le sigue diciendo a Sócrates: “el alma debe ser tratada en primer término para que se hallen bien la cabeza y todo el cuerpo. Pero el alma, buen amigo, hay que tratarla mediante ciertos conjuros”. Para Platón el sentido de estos conjuros o ensalmos, señala Laín,  serían discursos que dan templanza y serenidad. Y en este sentido Platón se aleja de la postura oficial de la physis griega volviendo a introducir de nuevo el saber y el poder de la medicina creencial en esa conversación. Laín considera que la condición tracia del médico de la conversación y que haga una explicita mención (el tracio) a Zamolxis hacen más que probable que los conjuros a los que se refiere tengan que ver con el culto a Dionysos.

[3] ¿Por qué antes de Freud no hay una verdadera psicosomática? Tres razones señala Laín:

1- La primera, la más importante, es de orden principal: La indiscutible vigencia del naturalismo en la antropología “científica” de Occidente y por lo tanto en su patología.

2- Otra es metódica: la constante carencia de un método capaz de abrir la intimidad del paciente a la pesquisa clínica y a la ulterior reflexión patológica.

3- Otra, la tercera, ha sido la falta de paciencia necesaria para obtener mediante la inspección de la conducta del enfermo, o mediante el diálogo con él, hallazgos utilizables en una doctrina patológica y completa acerca del proceso morboso observado. Todos los médicos que a fines del siglo XIX comenzaron a estudiar la intimidad de los enfermos histéricos (Charcot, Janet, Breuer, Freud…) debieron comenzar siendo hombres de gran paciencia.

[4] Juan Rof Carballo. Medicina y actividad creadora. Edita Revista de Occidente, Madrid, 1964

[5] Y en relación con el paradigma psicosomático señala Ruiz Ogara (1987) : “No podemos, por lo tanto continuar con el paradigma actual que no distingue suficientemente los niveles explicativos de los trastornos psicosomáticos, sin destacar las  lagunas de conocimiento  e hiatos que existen  entre ellos, produciendo la falsa convicción de que existe un modelo científico válido y deduciendo de las correlaciones psicosomáticas la existencia de relaciones de causalidad, en vez de deducir que existen relaciones de implicación”.

Acerca de juanrojomoreno

Profesor Titular de Psiquiatría Universidad de Valencia
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