EL HOMBRE Y LA TÉCNICA


Juan Rojo Moreno

         Georges Friedmann sociólogo francés publicó un libro con este título que nos hace reflexionar sobre realidades que siguen vigentes hoy en día aunque lo escribiese en 1966. [1]

Es especialmente interesante la obra de nuestro autor de referencia porque la escribe en un momento de transición en que estaba desarrollándose el cine, la televisión y las comunicaciones de una manera muy rápida y se plantea hasta donde nos ayudará la técnica para ser más felices o tener mejor calidad de vida. Ahora que ha pasado tiempo podemos valorar las interesantes aportaciones. Por ejemplo dice de la televisión “que pronto formará parte de la decoración cotidiana en Europa” y se plantea hasta donde nos pueden influenciar en nuestra libertad de elección o inducirnos en nuestras ideas.

Evidentemente, no nos lo planteamos ahora solo con la televisión ¿y con Internet y las redes sociales? ¿Cuánto han influido en la elección Presidencial norteamericana, en el Brexit, en las elecciones españolas? Quizá aún no somos conscientes de cómo pueden sesgar la información y orientar el mismo dato informativo de muy diversa manera. No tenemos más que ver las tertulias políticas que aparecen en un canal televisivo y en otro de diferente “orientación” para comprobarlo. Al final nos crean un cliché y nos abundan con frases repetidas que de tanto decirlas “los expertos” acabamos creyéndolas.

Bueno eso de los “expertos” es otro tema a considerar. Como señala Markus Gabriel: “La vida moderna… suponemos que es racional, que los fundamentos de nuestro orden social están respaldados por métodos científicos. Tenemos la impresión de que la sociedad en su conjunto está en manos de expertos: expertos en gestión, expertos científicos o expertos legales. Esta es la hipótesis ilusoria o ideológica que Weber llamó el “desencantamiento del mundo”. El desencantamiento es un proceso social consistente en que suponemos que el orden social es racional.”[2]

Otra cuestión es la velocidad con que vivimos, el mundo kinético tecnológico y tecnificado. La técnica nos ha dado más herramientas para acceder más rápidamente a la información (sobre todo desde que apareció Internet) para viajar más rápido (nuestros abuelos tardaban varios días en recorrer un trayecto de 100 kilómetros), para obtener comida rápida, para alcanzar muchos servicios casi instantáneamente… pero los trabajos “a ritmo” se han hecho muchas veces casi insoportables, la presión vital-laboral es en muchas ocasiones (o en la mayoría) en los países desarrollados un modelo de supervivencia. Como señala Friedmann: la civilización técnica no es una civilización del trabajo sino del consumo y el bienestar. Para un número muy elevado de individuos el trabajo ya no incluye “fines” que le sean propios sino que pasa a ser un medio de consumir, de satisfacer “necesidades” cada vez más extensas.

Señala nuestro autor que los pasos lógicos de pensamiento en los contemporáneos de Lutero (s. XV- XVI) no son los mismos que en los usuarios del cine, televisión, y ahora también Internet y redes sociales. Evidentemente el marco socio-cultural influía significativamente en esos pasos. Pero creo que ahora, en el fondo, los pasos son los mismos solo que nos movilizan los afectos, ponen a prueba nuestra inteligencia emocional para que creamos que somos nosotros los que realizamos solos esos “pasos lógicos” que nos convencen de lo bueno y acertado de nuestra postura o nuestra concepción del mundo y de la realidad. El final del proceso es un autoconvencimiento lógico, pero en medio se ha producido fundamentalmente un procedimiento emocional. Si no ¿cómo es posible oír tantas estupideces y contradicciones  a responsables institucionales que lo repiten una y otra vez? Porque lo que importa no es el mensaje lógico sino el emocional.

El ritmo vital, la velocidad, impregna todo, no solo a nivel laboral. Es curioso la mención que hace este autor a las comidas. Para muchos de los jóvenes o relativamente jóvenes que puedan leer esto pueden considerar normal comer rápido, a veces  “de pie sobre un trozo de mesa”, dice Friedmann, o alimentos precocinados, o conservas o en casa cada uno come a una hora distinta o en un lugar distinto. Hoy en día vemos toda esta variedad del comer. Y eso que “comer” proviene del latín com-edere que significa comer-con. Y ese “con” hace referencia a que no deberíamos comer solos: es un acto social.[3] Este sentido social-familiar de la comida era habitual  hasta hace 50 años.

Hacemos esfuerzo para adaptarnos a este nuevo mundo hiperconectado, cambiante constantemente “en plena evolución, rápida, imperiosa y caótica, que impone al hombre una superabundancia heterogénea de estímulos exteriores”. Y curiosamente, ante tanta conectividad y conocimiento de lo que pasa en todas partes del mundo era de pensar que las personas estarían cada vez más unidas, más empáticas y solidarias con la diversidad de desastres y desgracias humanas que ahora conocemos están constantemente aquí y acullá.

¿Realmente desde que Internet y las redes sociales  se han planetizado estamos más unidos? Solo hay que mirar lo que ha ocurrido en estos 20 primeros años del siglo XXI en Europa con el Brexit, en Italia con la migración, en EEUU con Trump, la ruptura de los tratados de libre comercio y de control armamentístico y la imposibilidad de que el planeta se ponga de acuerdo en un control climático, y en los países árabes que parecían una muralla irrompible… bueno y hasta ahora (y lo que dure) en REA de Hong Kong con sus protestas por la libertad o mejor por su “paréntesis de libertad”. Claro esto no ocurre en los países en donde la denominada “libertad de expresión” es válida mientras no vaya contra el establishment.

Quizá nuestra tecnificación, como señala Friedmann, se ha traducido en una forma de intelectualismo seco, descarnado, privado de contacto con la sensibilidad… pero deberíamos añadir: con una estrategia de sensibilización emocional que nos haga pensar en la “dirección” asistida y que además seamos nosotros los que creamos que hemos llegado a esa conclusión motu proprio.

Otro problema que plantea Friedmann es el de la adaptación social y laboral en los periodos de transición: “Durante este periodo los antiguos automatismos están en plena decadencia bajo los efectos de las trasformaciones del medio, que evoluciona a través de profundas conmociones económicas, técnicas, científicas y sociales. Están en decadencia porque ya no tienen ocasión de ejercerse, porque ya no son solicitados por el medio y, porque entre tanto, aún no han surgido otros automatismos para reemplazar  a los primeros”.

Ya en 1931 hubo una huelga de aguadores en Murcia (España). Los aguadores eran los que llevaban el agua desde las fuentes hasta las casas antes de que se canalizara el agua potable a los domicilios. A día de hoy evidentemente la adaptación a los avances hizo que desapareciera esa antigua profesión. En este sentido se pregunta Harari ¿Es necesaria la conciencia para conducir un taxis o para construir automóviles en una fábrica? ¿Las impresoras 3D harán mejor las casas que los albañiles, y más baratas? ¿Cuántos agentes comerciales y de viajes necesitamos si podemos organizarnos casi todos nuestros viajes usando teléfonos, programas inteligentes y algoritmos? Los humanos no mejorados serán completamente inútiles ¿qué hacer con toda la gente superflua que serán “económicamente inútiles?” [4]

Por su parte valorando los posibles efectos negativos del Big Data escribe Cathy O’Neil su libro Armas de Destrucción Matemática: “bienvenidos al lado oscuro del big-data”.[5]

¿Sabrán los recopiladores de datos-poder con el esperado, y no sé si tan absolutamente deseable 5G (luego vendrá 6G, 7G)  lo que desayuno y lo que compro en el supermercado? Ahora ya saben dónde estoy y por donde paso y si me paro a comer en algún restaurante. ¿Y todos los médicos, taxistas, farmacéuticos y personal de servicios varios subsistirán igual que hasta ahora?

El hombre se transforma en la medida en que nacen y envejecen las civilizaciones, dice Friedmann que también considera que “lo único cierto es que el hombre no permanece igual a sí mismo. El hombre cambia”. La verdad yo no estoy tan seguro de esto.

Cuando sí que es posible que se trasforme el hombre es cuando está de vacaciones. Las vacaciones pagadas es un invento reciente de 1936  ¿por qué necesitamos desconectar? ¿No se dice que “el trabajo dignifica al hombre”? (K. Marx) y hasta Dios puso al hombre a trabajar (Génesis 2,15) y el trabajo es “para la persona y no para el producto” decía el Papa Juan Pablo II. Con todo esto solo un 1% vuelve más feliz de las vacaciones que cuando se fue.

Al final de todo está la búsqueda de la felicidad, algo que a finales del siglo XVIII era una “idea nueva” en Europa según expresión de Saint-Just.

Hedonismo vs. esfuerzo, esa balanza tan difícil de equilibrar: “un rasgo significativo de la civilización técnica es que los medios de felicidad están disponibles, que la felicidad es teóricamente posible”. Pero con esfuerzo continuado como señalaba el filósofo y psiquiatra K Jaspers “Querer un humanismo futuro es consentir en penar sin fin para asimilar y dominar la técnica, un campo ilimitado abierto al esfuerzo humano”.[6]

¿Todo lo que es eficaz es también bueno para el hombre y contribuye a su “buena vida”?

 termina preguntándose nuestro autor de referencia.

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[1] Georges Friedmann. El hombre y la Técnica. .Editorial Ariel, 1970 (primera edición francés 1966). Es una recopilación de varios estudios previos desde 1942 hasta 1963 y alguno inédito.

[2]   Markus Gabriel. Por qué el mundo no existe. Editorial Pasado y Presente (2019) (primera edición en alemán 2015)

[3] Etimología de comer: http://etimologias.dechile.net/?comer

[4] Yuval Noah Harari. Homo Deus. Breve historia del mañana. Editorial Debate, 2016.

[5] Cathy O’Neil.  Armas de destrucción matemática. Cómo el big data aumenta la desigualdad y amenaza la democracia. Capitán Swing, 2018

[6] K. Jaspers. Pour un nouvel humanisme, (Conditions et possibilités d’un nouvel humanisme).Neuchâtel, La Baconnière, 1949

Acerca de juanrojomoreno

Profesor Titular de Psiquiatría Universidad de Valencia
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