HACIA LA SALUD TOTAL


Juan Rojo Moreno

         Ramón Marqués, médico profundamente comprometido con el conocimiento profundo del ser humano y de sus enfermedades, publicó en 1997 un libro denominado Psicología Perenne que aunque pareciera que se trata de una obra psicológica realmente está en la línea del transhumanismo o de la comprensión del ser humano más allá de lo material, acercándose a la búsqueda de la comprensión total a partir del mundo cuántico.[1]

Ya señalaba Sonia Fernández Vidal [2] :  “No solo los humanos están preparados para conocer el camino cuántico y ampliar su conciencia, sino que dependen de ello para no acabar autodestruyéndose, por eso es esencial romper el sello que mantiene alejados a los humanos de este mundo y conocimiento. Hay que restablecer el equilibrio entre el mundo clásico y el universo cuántico y así se desarrollará la inteligencia cuántica”. Para ir a donde no se sabe hay que ir por donde no se sabe (San Juan de la Cruz).[3]

Ramón Marqués en su entendimiento de la “salud total” y la comprensión, por lo tanto, del todo unitivo humano sigue los pasos que ya explicaron los físicos David Peat y David Bohm sobre los tres niveles: 1- el material de las partículas, 2- el nivel subatómico o cuántico y 3- el “orden primario” o tercer nivel de sentido. Y además que entre los tres niveles ha de haber una conexión e influencia que se nos escapa a nuestro conocimiento actual. Sobre esto ya hablé en el artículo sobre “sincronicidad” (aquí) .

En esta línea señala Marqués cómo el actual paradigma científico ha hecho posible todo el progreso técnico del que disfrutamos pero su aspecto negativo es que se ha centrado en la cara observable de la realidad, en lo que se puede medir, y  lo que no entra en su paradigma ha dado la impresión de que no existía.

Pero ya lo decía Moeller “el misterio no es lo paradójico… ni impreciso o incognoscible o impensable; es, por el contrario, una realidad que tiene una razón positiva para no manifestarse en una presencia objetiva”. [4]

Ya hoy sabemos que lo que denominarnos el “vacío” es una realidad muy llena. El mundo subatómico, cuántico, es un mundo de ondas, de vibraciones (solo cuando el observador con conciencia observa el mundo cuántico se produce el colapso del sistema onda y aparecen las partículas) con otros parámetros espacio-temporales. En las mismas neuronas este mundo cuántico, con otro parámetro temporal y otro sentido, está “debajo y dentro” de ellas y de las sinapsis, aunque no sepamos cómo actúa efectivamente: ¿no será también un camino-mensajero hacia un nivel aún más complejo de orden y sentido que sin darnos cuenta nos está informando en nosotros mismos (desde el sentido y desde nosotros mismos)?

Ramón Marqués lo expresa diciendo: “he comprendido que detrás de la materia y detrás del campo vibracional existe el campo puro… formando un continuum inseparable, la materia no puede existir sin lo vibracional y lo vibracional no puede existir sin el campo puro”. El mundo es una realidad vibracional que nuestra conciencia hace tridimensional, señala Marqués.[5]

Las partículas subatómicas desaparecen y aparecen pero no van a “la nada” sino que también van y vienen del futuro: así, actualmente un antielectrón (llamado positrón) ya no se explica como un hueco en un mar de electrones inobservables sino más bien como un electrón de energía negativa que se propaga hacia atrás en el tiempo (propuesta de Feynman).

Y así Borja Peropadre y los investigadores del Instituto de Física Fundamental del CSIC, en su trabajo que se publicó en la revista Physical Review Letters,  aprovechado la tecnología de circuitos superconductores y haciendo interaccionar fuertemente dos átomos P (pasado) y F (futuro) con el vacío de un campo cuántico en distintos instantes de tiempo, han encontrado que P y F acaban fuertemente entrelazados. “Gracias a las fluctuaciones, es posible hacer que el vacío esté entrelazado en el tiempo. Es decir, el vacío que hay ahora y el que habrá en un instante de tiempo posterior, presentan fuertes correlaciones cuánticas”. “Es importante señalar que no sólo es que los átomos no hayan interaccionado entre ellos, sino que en un mundo clásico, ni siquiera sabrían de su existencia mutua”, comentan los investigadores.

Esta conexión a través del tiempo se podría emplear en el futuro como memoria cuántica: “Codificando el estado de un átomo P en el vacío de un campo cuántico, podremos recuperarlo pasado un tiempo, en el átomo F. Esa información de P, que está siendo ‘memorizada’ por el vacío, será transferida después al átomo F sin pérdida de información”, ha concluido Peropadre.

Y en esta línea, señala Marqués, hay que reconocer la validez de la intuición, sea de los grandes conocimientos intuidos universales, sea de las más modestas intuiciones de cada uno, cuya consciencia es una ventana abierta al “vacío”.

Y de forma semejante se expresa Sonia Fernández: “El camino de la verdad: un laberinto se interpone ante el conocimiento de la verdad. El laberinto se transforma constantemente. Cómo saber qué camino seguir ¡aquí solo sirve la intuición!”.

El procedimiento científico -señala Marqués- debe aprovechar los métodos intuitivos y las capacidades intuitivas evaluando incluso sus posibilidades estadísticamente como algo que hay que considerar conjuntamente con el método clásico de la información, lógica y raciocinio.

Porque a nivel humano Marqués, al igual que Bohm o Peat, considera “que todo el orden e inteligencia precisa de lo que está en el mundo sutil vibracional y del campo que es su base”.

Resumiendo, para Marqués tenemos:

1- Una realidad material basada en el fenómeno partícula (propiedades corpusculares).

2- Una realidad vibracional basada en el fenómeno onda (propiedades vibratorias).

3- Una realidad más allá de lo vibracional basada en el fenómeno campo (propiedades de campo).

Y por lo tanto se hace imprescindible considerar un orden que provenga no solamente de cada parte hacia el todo, sino también del todo hacia cada una de las partes.[6]

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Entender la “salud total”, más allá de solamente la salud física o mental, ha sido una aspiración que el evolucionismo humano del tipo Transhumanismo propone como algo alcanzable mediante un “salto evolutivo”. Pero sin adherirse explícitamente a esta concepción originada por Julian Huxley, y que en el caso de Hawking considera que ha de ser mediante potenciación electrocerebral, en el caso de Ramón Marqués se apoya al igual que otros muchos autores en las aportaciones de David Bohm, David Peat o del caólogo Ilya Prigogine. Al final nuestro autor de referencia (R. Marqués) no define ni dedica capitulo alguno a la “salud total” pero da a entender que el equilibrio de estos tres niveles (corpuscular, vibracional y de campo puro) es el factor fundamental de la salud. Plantea unos capítulos sobre depresión, neurosis o psicosomática basados fundamentalmente en la alteración de la “energía psíquica”.

Yo me he adherido (en las referencias que he puesto) y me adhiero al cuerpo fundamental de su concepción. Lo vemos en las curaciones de los enfermos psíquicos que muchas veces no sabemos cómo se producen cuando profundizamos más  (y un segundo más) y tampoco sabemos por qué no se producen otras curaciones que tratamos aparentemente (eso es, aparentemente, corpuscularmente) de la misma manera. No somos capaces de identificar, conocer  y aprovechar o mejorar los caminos de estos tres niveles entrelazados en lo unitivo, pues al fin y al cabo ascendente y descendentemente son una misma cosa.

Y no solo ocurre en psiquiatría, ocurre en medicina general cuando cualquier profesional se sorprende de lo inesperado de una curación o del fracaso de otro paciente que se esperaba buena respuesta al tratamiento.

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[1] Ramón Marqués. Psicología Perenne. Ediciones Indigo, 1997.

[2] Sonia Fernández Vidal. La puerta de los tres cerrojos. Edita La Galera (Narrativa Singular), 2011

[3] El nombre de Psicología Perenne se debe a Ken Wilber, 1975.

San Juan de la Cruz  escribe:

Yo no supe dónde estaba,

pero cuando allí me vi,

sin saber dónde estaba,

grandes cosas entendí;

No diré lo que sentí,

que me quedé no sabiendo,

toda sciencia transcendiendo.

[4] Moeller Ch. Literatura del siglo XX y Cristianismo (T. IV) Gredos , Madrid, 1960

[5] La tridimensional es la única forma en la que se puede dar la vida, como explica Hawking, pues las leyes físicas no permitirían un desarrollo de la vida en un mundo bidimensional ni en uno cuatridimensional (por lo menos en nuestro universo). Pero esto es para el mundo macro, en el cuántico (segundo nivel) y en un presumible tercer nivel no hay espacio ni tiempo como en el primero (macro- partículas).

[6] Y para quien tenga interés en el Mundo Cuántico, resulta que incluso los “saltos cuánticos” no son instantáneos parecen tener cierta continuidad y es posible predecirlos

Acerca de juanrojomoreno

Profesor Titular de Psiquiatría Universidad de Valencia
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