A PROPÓSITO DE LOS EXISTENCIALISTAS: HEIDEGGER Y JASPERS


Juan Rojo Moreno

         Hay mucho escrito sobre Martin Heidegger, Karl Jaspers así como sobre Jean-Paul Sartre (entre otros muchos existencialistas) por lo que aquí queremos hacer algunos comentarios de los dos primeros pero no un resumen de sus obras, algo imposible en un espacio corto y que no es nuestro propósito.

Así, sobre Heidegger quien tenga interés en un resumen en un vídeo corto puede verlo aquí y sobre Jaspers aquí  (en italiano)

Es más difícil encontrar videos cortos sobre Jaspers al ser, quizá, su obra más plástica, siendo paradójico que si bien él intentó ser bastante comunicativo (a diferencia de Heidegger) actualmente es menos conocido o difundido.

Sara Bakewell nos introduce en su obra “En el café de los existencialistas” a partir de Sartre cuando él y Simone de Beauvoir (que fue su pareja en relación “abierta”) tuvieron conocimiento de una nueva manera de enfocar la filosofía: la fenomenología de E. Husserl,  [1]

La fenomenología se planteaba ir “a por la vida tal como se experimenta”.  Su lema “a las propias cosas” fundamentaba su método que era describir fenómenos “tal como se presentan a mi experiencia” eliminando de éstos todas las cosas innecesarias, llegando a conocer lo esencial. La fenomenología ayuda en medicina al permitir considerar los síntomas tal como los experimentan los pacientes en vez de considerarlos exclusivamente como procesos físicos.

La fenomenología, señala S. Bakewell, permitió que no estuviéramos enfrascados en la pregunta de si algo era real o no pues lo que importa es la vivencia  o percepción directa, y también nos libera de ideologías políticas y sociales y de todos los “ismos” (cientifismo, fundamentalismo, marxismo, fascismo…) pues al introducirnos en las esencias desaparecen esas consideraciones.

Otro fenomenólogo era Martín Heidegger que se preguntaba por el Ser. Realmente el propio Husserl esperaba que su discípulo Heidegger le sucediera en su puesto de director en Friburgo, y así fue. Pero no siguió la misma línea que Husserl y cuando éste leyó la obra principal de Heidegger “Ser y Tiempo” (incluso varias veces en un verano) vio que lo que planteaba era algo muy distinto a su método puro fenomenológico.

La obra Ser y Tiempo era la primera parte y la segunda (que nunca escribió) debería ser El Tiempo del Ser en la se suponía que “el sentido del Ser del Dasein es el tiempo”.

También Karl Jaspers en 1913 trabajaba como investigador en el hospital clínico de Psiquiatría de Heidelberg habiendo elegido la rama de psicología que le parecía más concreta que la filosofía clásica y también oyó hablar de la fenomenología.

Ambos investigadores del conocimiento coincidieron durante bastantes años y se completaron filosóficamente  pues su postura chocaba frontalmente con la filosofía clásica vigente hasta entonces. El primer cambio frente a esta filosofía clásica fue la fenomenología y en ella al principio los dos confluyeron

Para Heidegger el Ser no tiene definición (en algún momento incluso lo identificó con la “nada”). Él al igual que Jaspers evita toda referencia a conceptos teológicos o religiosos. No obstante al igual que ocurre en la teología negativa (podemos decir miles de cosas que no son Dios pero no definir a Dios)  podemos decir miles de cosas que no son el Ser pero no definirlo. Para Heidegger lo importante es que los seres humanos, las personas, somos concreciones del Ser (Dasein). Y por lo tanto Dasein es igual a existencia o igual a seres-en-el-mundo.

El mundo tiene sentido porque es iluminado por el Ser a través del Dasein. Es decir, nosotros concebimos un martillo, una casa o un árbol y todas las cosas esas son y tienen sentido porque nosotros se las damos. Si no hubiese ningún Dasein en el planeta esas cosas no tendrían significado propio. Por lo tanto, nosotros utilizamos las cosas (Ortega y Gasset también se refirió a esto diciendo que las cosas son prágmatas, es decir utilidades).

Como señala Bakewell, simplemente coger el hábito de decir Dasein te introduce ya a mitad de camino del mundo de Heidegger. Es un término tan importante que los traductores ingleses a veces tienden a dejarlo en el alemán original.

Con las “cosas” tenemos, pues, una relación práctica “ser a la mano”, de manera que un martillo es tal cuando lo tenemos para ese uso, pero también podemos tener una relación simplemente de ser-a-la-vista. Considera que un error de los filósofos ha sido el considerar todo como si fuera “a la vista” de manera que se han apartado de la vida diaria.

Además las cosas que son prácticas también tienen su historicidad. Si veo la mesa del comedor no solo es una mesa sino mi mesa en la que he comido anteriormente, igualmente he podido celebrar cumpleaños o mis padres comieron también. Todo es también social por la historicidad y en consecuencias somos ser-con (Mitsein). Cohabitamos con otros Dasein en un mundo-con (o Mitwelt).

Como el Dasein es una existencia (ex =fuera, sistere=estar, es decir está en el mundo, “está ahí”), ésta puede desarrollarse de múltiples formas o posibilidades, pero hay una forma autentica que es cuando asume que es un ser-para-la-muerte y otras formas inauténticas que es cuando queda prendado de las cosas (Dasman= el ellos) buscando el sentido en las cosas, saltando de una a otra y sin satisfacción en ninguna. Dasman es una forma de Dasein en la que se funciona por el “se”: hacemos las cosas como “se” hacen, pensamos como “se” piensa. Caemos en la banalidad.

Según Heidegger nos vemos arrojados al mundo y hay un momento que es inevitable: la muerte. Para él la existencia autentica, el ser-para-la-muerte, es un punto de avance supremo en el desarrollo del Dasein.

Jean Paul Sartre, por ejemplo, no está nada de acuerdo con esto pues para él la muerte es “una cancelación siempre posible de lo que puedo ser, lo cual está fuera de mis posibilidades” Para Sartre la muerte es accidental en su ocurrir y por tanto absurda. La muerte no puede ser mi posibilidad peculiar ni tan siquiera puede ser una de mis posibilidades. Es un hecho contingente que como tal se me escapa. No soy “libre para morir” (que diría Heidegger) sino un ser libre que muere (dice Sartre). No se puede preparar la muerte, ni puedo hacerla mía, no es algo con lo que se pueda ser decidido, ni algo que se pueda incorporar  y amaestrar.[2]

Heidegger escribió con un lenguaje complicado de entender, aunque eso no le importaba mucho pues consideraba que era un pago pequeño frente a la revolución filosófica que preconizaba. Quizá el que haya prevalecido tanto el pensamiento de Heidegger frente al de Jaspers ha sido porque una vez interpretado el primero ha sido muy práctico en el día a día. Así, señala Bakewell como en Ser y Tiempo lo más ontológico es el Ser cotidiano: el cuidado y la preocupación práctica son más primordiales que la reflexión, la utilidad viene antes que la contemplación: Ser-en-el-mundo y Ser-con-otros antes que Ser-solo. Así, por ejemplo, comenta esta autora, estoy dando  martillazos o escribiendo en el ordenador y apenas soy consciente del martillo o del PC, pero quizá de repente la cabeza del martillo se sale del mango o el ordenador se cuelga y me quedo perplejo mirando el martillo roto o viendo que escribo y no funciona nada. Lo que había sido un objeto-puesto-a-la-mano ha pasado repentinamente a ser-justo-presente y no más. Nos ha dejado perplejo la pérdida de su Ser-cosa-práctica que estaba utilizando la persona.

Karl Jaspers tuvo muchos puntos de contacto desde la filosofía con Heidegger y mantuvieron correspondencia y algunos encuentros. Habló de las situaciones límites (insuperables lógicamente) en las que podemos plantearnos o cerciorarnos de la Trascendencia (ésta tiene cierta equivalencia con el Ser de Heidegger).

Jaspers considera situaciones límites: la muerte, el sufrimiento, la lucha y la culpa: “Ante las situaciones límites no reaccionamos, por tanto, inteligentemente, mediante planes y cálculos para superarlas, sino por una actividad completamente distinta, llegando a ser la posible existencia que hay en nosotros; llegamos a ser nosotros mismos entrando en situaciones límite con los ojos bien abiertos. Estas solo son cognoscibles externamente para el saber; como realidades sólo pueden ser sentidas por la existencia. Experimentar las situaciones límites y existir son una misma cosa”.

La ciencia, al ser empírica, no puede llegar a conocer todo del hombre, pero es el fundamento necesario y la primera etapa de la filosofía. La filosofía empieza con la ciencia porque no existe ningún mundo independiente del mundo objetivo que explora la ciencia.

Para Jaspers hay tres formas de manifestarse el Ser:

estar-ahí,

ser-uno-mismo-

ser-en-sí.

Lo que él denomina “conciencia general” hace referencia al mundo de las cosas. Con este mundo general tenemos la relación de estar-ahí. Por lo tanto el mundo empírico es el estar-ahí (que es también el mundo de la ciencia). Pero más allá del estar-ahí el hombre puede avanzar (ser-uno-mismo) y llegar a cerciorarse de la Trascendencia (ser-en-sí).

Así pues, más allá de la vida en el mundo y las cosas, cuando me desarrollo en ejercitar mi libertad en el ámbito de ser-uno-mismo, es cuando reconozco que no puedo hallarme a mí mismo en los aspectos objetivos de mi existencia.

Al ser una posible existencia a la cual soy despertado y en cuanto me mantenga en el nivel de ser-uno-mismo, esto será “la conciencia de mi esencia”.

Pero la conciencia de la libertad que despierta al yo, en cuanto ser-uno-mismo,  ha de estar ligada a una concienciación en cuanto al yo en el mundo. Es decir, la evolución de la persona nunca supone apartarse del mundo.

Como señala H.S Blackham: La tensión ética que está en el corazón de la filosofía de Jaspers consiste en reconocer que hay una dualidad irreductible entre el ser-uno-mismo y el estar-ahí en el mundo. Y que al estar en el mundo hay una frustración en conseguir las tareas, fines e ideales. No obstante el único camino es el intentar alcanzar éstos como único medio de ser-uno-mismo y de lograr ser-en sí.

El ser-uno mismo  que se mantiene apartado del mundo empírico, el estar-ahí, o que se quedara al margen, sería estéril y autodestructivo.

El mundo objetivo, el estar-ahí, no es el Ser-en-sí (Trascendencia), la realidad fundamental, pero esta realidad no debe buscarse en ningún otro sitio.

Todo el esfuerzo de la filosofía está en acercarme desde el ser-uno-mismo a la Trascendencia,  y la existencia personal solo puede ser satisfecha con el ser-en-sí que es la existencia absoluta, que es la Transcendencia.

Concluye H.S Blackham en su síntesis sobre Jaspers que la filosofía de este existencialista no es una teología natural pero podría decirse que ocupa el lugar de una teología natural. La noción de Jaspers de la Trascendencia no es teísta ni tampoco es panteísta. Él rechaza tanto la religión como el ateísmo. La religión por cuanto se proclama autoritaria y se empeña en garantizar y administrar la experiencia de la Trascendencia y porque mantiene la idea de un más allá que es otro mundo, no un más allá que es el sentido oculto de este mundo. Cualquier cosa que venga a significar separación del mundo, o el trato de cualquier cosa del mundo como sagrada o privilegiada, es rechazada  radicalmente. Igualmente el positivismo ateo es rechazado porque niega la posibilidad de la Trascendencia y porque se dedica a buscar sustitutos que son falsos.

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Si se quiere ampliar más sobre Jaspers sin acudir a sus obras directamente  ya escribí anteriormente sobre su filosofía intentando utilizar el lenguaje más accesible posible  aquí  y aquí 

Para los muy interesados en la comparación entre estos dos autores, y que ya asimilan algo el lenguaje de los mismos, les puede interesar el trabajo de Hugo Campos-Winter  “Interpretación ontoepistemológica de Jaspers y Heidegger desde Holzapfel” (aquí)

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[1] Sarah Bakewell. En el café de los existencialistas (sexo, café y cigarrillos o cuando filosofar era provocador). Editorial Ariel, 2016. Va a ser nuestra primera obra cifra de referencia.

 [2] Algunas notas de estos autores y referencias de Sartre han sido tomadas también del libro “Seis pensadores existencialistas” de H.S. Blackham, editorial Oikos Tau, Barcelona, 1967 (segunda edición). Va a ser también nuestra segunda obra cita de referencia.

Acerca de juanrojomoreno

Profesor Titular de Psiquiatría Universidad de Valencia
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