¿PODRÁ SOBREVIVIR EL HOMBRE?


Juan Rojo Moreno

         Erich Fromm escribió este libro en 1962 haciendo una valoración político-económica -y social-, de las circunstancias que se daban entre las grandes potencias (EEUU y Rusia) en los años 60, que nos podían llevar a la catástrofe planetaria.[1]

Pero lo que nos interesa ahora no es comentar el libro que solo lo usamos como referencia. Más en cuanto que hace poco comenté, en un artículo, una obra del cosmólogo L. Krauss, Un universo de la nada, (aquí)   que nos planteaba cómo la física y las partículas “virtuales” eran el origen del universo y cómo acabaría el mismo en Nada por su expansión a mayor velocidad que la luz. Coincidió que al terminar de leer esta obra de Krauss tuve a mano la de Fromm y claro frente a tantos datos y especulación físico-dato-profética, con Fromm nos vemos  ahora vueltos súbitamente a lo “real” del ser humano aquí y ahora, al ser humano que sufre, que puede morir y que está siendo manejado por los poderes sociales, políticos  y económicos en su día a día. Es decir del hombre histórico que siente, piensa y sufre.

La sociedad está cambiando y a diferencia de antaño, que los cambios eran más lentos (o bien bruscos y revolucionarios no pacíficos), ahora el cambio ha sido desde finales de siglo XX y lo que llevamos del XXI no solo vertiginoso sino abrumador y muchas veces hasta, para algunos o muchos, perplejizante.

Pero en el fondo el esquema es el mismo. El cambio más o menos brusco es promovido, a menudo, por personas vitalizadas por un ideal que se opone frontalmente al sistema imperante. Pero cuando avanza algo el cambio, cuando consiguen las más mínimas metas, ya entonces esas personas convierten su idea en una ideología. En la ideología se sigue parafraseando el ideal pero éste ya les ha abandonado en su vitalismo. Ahora lo que quieren es imponer “las ideas”, realmente la ideología, y ser ellos el sistema “ideal” que realmente está ideologizado. Es decir, otro sistema. O como los cuentos infantiles de antaño de Iznogud, ser “califa en lugar del califa”. Con las ideologías -señala Fromm- “la idea se ha alienado, se convierte en un ídolo que se emplea para encubrir y racionalizar sus actos más irracionales e inmorales… y como contiene en sí misma la idea congelada, por así decirlo, satisface a los adherentes del sistema; ellos creen estar compenetrados íntimamente con las más fundamentales necesidades del hombre, con el amor, la libertad, la igualdad, la fraternidad, porque oyen y dicen esas palabras”.

Porque la dificultad en conllevar bien estos cambios -señala Fromm- en lo esencial es si: “somos o no capaces de aplicar la inteligencia de la historia a la acción política”.  Y por lo que se ve pocas veces se es capaz, salvo algunas -pocas- magníficas excepciones.

Porque ahora cuando la idea se transforma en idealismo se impregna de lo material, del consumismo o del “managerialismo”. Este último término “Managerialism” (sic) es un neologismo creado por Fromm derivado de manager, administrador, y que es caracterizado por la actitud deshumanizada de quienes acostumbrados al manejo de las cosas -y podemos decir también de las ideas-, no solo manejan éstas sino también a las personas como si fueran cosas.

Las ideologías pueden llevar a un pensamiento insano, e igualmente que existe una “Folie a deux” (una locura a dos, compartida) la insania de millones y el consenso en el error no transforma el error en verdad. Fromm pone por ejemplo la cacería de brujas durante la Edad Media y el odio contra los “hunos” durante la Primera Guerra Mundial. “Les Huns” – los hunos- era la designación invariable que la prensa francesa daba a los alemanes dando a entender que emulaban la barbarie y ferocidad de las hordas de Atila, matando a niños inocentes…. Y en este sentido, sigue nuestro autor señalando como puede ser difícil reconocer el pensamiento paranoide cuando es compartido por millones de personas y aprobado por autoridades que las dirigen (nos es fácil reconocer circunstancias recientes en este siglo XXI). El enemigo es entonces la encarnación de todo lo malo y el resultado es la indignación y el odio contra el “otro” y la autoglorificación y falta de crítica narcisista del “uno” propio.

En 1962 señalaba Fromm que la producción y el consumo se habían convertido en fines en sí mismos antes que en medios para una vida más humana, y que en este sentido “alcanzar al Occidente” se convierte para muchos países de simple slogan en una realidad. Señala, ese mismo año, cómo técnica e intelectualmente estamos viviendo en la Edad Atómica, pero emocionalmente vivimos todavía en la Edad de Piedra. Ahora en el siglo XXI, casi 60 años después, las cosas han cambiado sustancialmente. No solo los países menos desarrollados quieren alcanzar la productividad y bienestar de Occidente, sino que ya no es que vivamos en la edad “atómica” sino en la subatómica, en la cuántica, en la tecnotrópica y de la comunicación planetaria. Cualquier sociedad o mandatario que quiera mantener su dictadura ha de prohibir o limitar el acceso a la información, no solo política sino global, ha de prohibir o limitar el acceso a internet, a las redes de toda la planetociedad.

Ya hay satélites “cuánticos” y televisores cuánticos”. Vamos a la era de intentar hacernos con el mundo de los cuarks y del dataísmo. Aquí seguro que se preguntaría Fromm ¿y dónde está el hombre?

Para Fromm la solución política que debería aplicarse en los países “no alineados” era la de un Socialismo Democrático Humanista pero, como digo, casi 60 años después con la caída del comunismo soviético, la desaparición de la URSS, el “gato blanco, gato negro, da igual si caza ratones”  de los chinos y el desastre de la revolución democrática en los países árabes, además del destrozo y casi aniquilación de algunos de ellos por el denominado Estado Islámico, se plantea un cambio radical del escenario.

Quizá podamos considerar que con todos estos cambios la razón vital (orteguiana), aquello que nos mueve, ha dejado de ser de forma generalizada las ideas religiosas-políticas (más antiguamente) y la fe en la técnica y el progreso no hace tanto tiempo. Ahora quizá podamos distinguir cuatro grupos muy marcados: 1- El grupo que encuentra su razón vital en la religión, 2- El grupo que encuentra su razón vital en las ideologías, 3- El grupo que encuentra su razón vital en el materialismo y 4- El grupo (bastante numeroso) que encuentra su razón vital en no plantearse nada (más allá de la cotidianeidad y el costumbrismo ad hoc), en vivir solamente.

Y cada uno de ellos es muy razonante, muy racionalizador, pero ciertamente como dijo Fromm en todos los casos seguimos viviendo emocionalmente en la Edad de Piedra. Nuestros avances técnicos han llegado a lo Cuántico, los avances del desarrollo humanista individual, ético y moral, no han mejorado en miles de años (si eliminamos la variable impositiva social).

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Erich Fromm en 1962 cuando se plantea si podrá sobrevivir el hombre lo hace  fundamentalmente en base al problema de la guerra nuclear. Solo tenían bombas atómicas EEUU, Rusia, Gran Bretaña y Francia. China no detonaría su primera bomba nuclear hasta 1964. Y se planteaba las posibilidades de sobrevivir a una guerra nuclear, la guerra fría, etc. En 1961 se había producido la Invasión de Bahía de Cochinos   y en 1962 se produce la crisis de los misiles de Cuba (también llamada crisis del Caribe y crisis de Octubre) siendo una de las veces que más cerca se estuvo de una guerra nuclear. De hecho sólo dos veces en la historia se ha alcanzado una condición de defensa DEFCON 2 en Estados Unidos.

Hoy en día esta no es la preocupación primera cuando se hacen encuestas poblacionales; la llamada “guerra fría” en su modo más extremo ya terminó y los problemas diplomáticos son de otra forma y, por desgracia, excesivamente cambiantes en la globalidad.[2]

Si bien actualmente la pregunta de Fromm es igual de válida ¿Podrá sobrevivir el hombre?, no obstante la perspectiva con la que debemos plantearla no es aquella sino ¿qué tipo de hombre?

Si no destruimos al planeta o la vida nuestra en ella (aunque no sea por el camino de la guerra nuclear) ¿habrá seres humanos naturales, otros bio-tecno-estimulados y otros genético-modificados? Con la situación de planetociedad cultural y religiosa mezclada ¿habrá síntesis? ¿Solo convivencia? ¿Preponderancia de una? ¿O habrá una anomia histórico-cultural y prevalecerán los que solo quieren vivir la cotidianeidad y el costumbrismo ad hoc?

Fromm en las conclusiones de su libro es optimista:

“Hay tiempo todavía para anticiparse al desarrollo histórico próximo y para cambiar su curso”

¿Pero seremos capaces de hacer lo que importa?

“Lo que hoy importa es preservar el mundo, pero para preservarlo han de hacerse ciertos cambios y para hacer esos cambios, las tendencias históricas han de ser comprendidas y anticipadas”

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[1] Erich Fromm. Podrá sobrevivir el hombre. Paidós, Bs. As. 1ra edición 1962 (la edición que utilizo es la 8ª de 1978 y nos va a servir como cifra de referencia)

[2] Cierto, la guerra ”fría” ya terminó en el S. XX, pero ahora se plantea si con los existentes mandatarios, a día de hoy, en EEUU y Rusia, no se está volviendo de nuevo al rearme nuclear y a algún tipo nuevo de “guerra fría”.

Acerca de juanrojomoreno

Profesor Titular de Psiquiatría Universidad de Valencia
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