INTELIGENCIA, PENSAMIENTO Y SOCIEDAD


Juan Rojo Moreno

         En nuestros días prevalece más el hacer que el pensar. Antes un filósofo era un Intelectual, ahora es un Licenciado en Filosofía, y ahora puede ocurrir que -por poner un ejemplo- un presentador de un programa televisivo de letras y crucigramas ya, por eso mismo, pertenezca fácilmente a la autodenominada “Clase Intelectual” del país.

Dice Ortega y Gasset que ha de producirse una “retirada de los intelectuales al fondo del paisaje social y si es preciso a las catacumbas”.[1] Pero esto origina dos consecuencias, la primera de las cuales fue bien observada por nuestro autor de referencia:

Una, es que si bien se verían los intelectuales al margen de los negocios, sin prisa de dar soluciones prematuras y dejando que los problemas se dilaten según su propio radio elástico, no obstante el intelectual se quedaría solo, sin los otros, y “cuando el hombre descubre que se queda solo, descubre que su inteligencia empieza a funcionar para él, en servicio de su vida solitaria, sin intereses externos, pero cargada hasta la borda, con riesgo de naufragio, con intereses íntimos…  y entonces se descubre que la pura contemplación es una ilusión óptica [pues] la `pura inteligencia´ es también práctica y técnica”.

Este aspecto sobre el yo y la alteridad ha sido considerado por los clásicos y también por filósofos y psiquiatras como Jaspers o Künkel. En “Alteridad fundamentos gen-éticos y psicopatológicos” (aquí) abordé este asunto y, como dice Künkel, tan pronto como se logra el “hallazgo del sí” se ha logrado también el “hallazgo del nosotros”. No podremos llegar a un nosismo verdadero anulando al yo. El “nosotros” empieza por el Yo.

Es necesario un egotismo sano para empezar a crear en nosotros mismos un nosismo sano. Por esto señala Jaspers: “yo no puedo llegar a ser mi-mismo si no entro en comunicación con el otro”.

La segunda consecuencia, otro problema que aparece cuando se retira de la ajetreada vida pública y político-social el verdadero intelectual, es que, como los nichos biológicos de la naturaleza, pronto es reemplazado por categorías de individuos pseudointelectuales que se alzan, voz en alto, autodenominándose la “clase intelectual”. Tenemos un número sinfinito de éstos que se erigen como representantes sociales y cívicos de “la razón y la inteligencia” firmando manifiestos y otras algarabías que son de su interés. Son fundamentalmente ruidosos pero, como señala Ortega: “es reducido el número de hombres que, de verdad, tienen algo que decir”.

La ya centenaria crisis de la Razón viene dada porque las ciencias, el pensamiento y el razonamiento, han originado un gran salto adelante en la humanidad, pero solo a costa de una de sus partes. Como señala O. Lazarte “ha fracasado el mito del progreso automático por el que se pensaba que los avances científicos y económicos iban a originar automáticamente un avance en valores humanos e igualdad económica”.[2]

Igualmente, dice Ortega: “la fe en la inteligencia no tenía límites visibles ni en su carácter de fe ni en lo que esperaba de la inteligencia… pero un buen día se vio que si bien la inteligencia y la razón resolvían cada vez más innumerables problemas materiales, no obstante, habían fracasado en todos sus intentos de resolver todos los otros, principalmente morales y sociales… y perdido el hombre en la selva selvaggia de las ideas que él mismo ha producido, no sabe qué hacer con ellas. Sigue creyendo que sirven de algo inexcusable pero no sabe bien de qué”.

La ciencia, la técnica e incluso la inteligencia son hoy en día, en cierto modo, también un problema. Cuando algo resuelve todo no es un problema ni tampoco cuando no resuelve nada. Una cosa problemática es cuando no estamos convencido de lo contrario de ella. Estas variables anteriores (ciencia, técnica) son muy útiles y salvadoras, pero no estamos convencidos que no sean al mismo tiempo inútiles para resolver las crisis humanas y destructoras de la propia humanidad.

El pensamiento, dice J. O Whittaker, “es virtualmente sinónimo de resolución de problemas”[3], pero no paramos de pensar y tras resolver unos problemas creamos otros. ¿Realmente resolvemos los grandes problemas de nuestra planetociedad con el pensamiento?

Estamos en un “gran salto adelante” en el que no sabemos colectivamente ni lo que queremos ni a donde vamos, solo sabemos que vamos. Parafraseando a Ortega: sabemos que al ser humano le pasa algo gigantesco pero no sabemos qué es lo que le pasa y menos si lo que le pasa es bueno o malo.

Quizá el problema está en que ese “salto adelante” no parte del mismo nivel del suelo para saltar. Hace 150 años en occidente el suelo era la lógica, la razón, el pensamiento, y las tres cosas se identificaban. Pero hoy en día es tal el flujo de información, conocimientos y perspectivas, que podemos ver a cinco personas razonado sobre una misma idea y cada una de ellas aportando su lógica, su conocimiento y sus estudios, y no llegar nunca a conclusión alguna. Ya lo dijo Heráclito: La realidad se complace en ocultarse. Pero parece que hoy hay muchas realidades y no sabemos cuál es la que se oculta.

Quizá el problema también esté en que el pensamiento humano de hacerse tan lógico y razonable ha avanzado pero no hacia nuevas síntesis, sino que se ha heteroclitado. Es decir, se ha nutrido en su desarrollo lógico de múltiples campos afines: de creencias históricas, emociones, de filosofía de la vida, de filosofía de la ciencia y de otras muchas aventuras humanas, de manera que ya es capaz de razonar lógicamente todas esas variables para conseguir articular su utilidad vital. El pensamiento, dice Ortega, “queda ocultado en su `mismidad´ por todo aquello que tiene que ver con él pero no es él mismo”.

Lo cierto es que el pensamiento es uno de los pocos campos que el ser humano intenta definirlo desde él mismo: define el pensamiento porque piensa y desde su propio pensamiento se describe a sí mismo.

La lógica es otra confusión identitaria del pensamiento, pues tan lógico es que los humanos seamos responsables en las ciudades y no hace falta que se multe, pues tenemos que ser cívicos, como que debido a que la lógica no funciona han de ponerse multas. El problema de la lógica es que existen muchas cosas ilógicas que son demostrables y al contrario. La lógica permite que varios contertulios hablen entre sí y no lleguen a estar de acuerdo en nada.

Nuestro siglo XXI es bastante caótico porque hay un contraste muy grande entre lo lógico y lo vivencial. Las visciencias son el motor del “salto adelante” desde las creencias orteguianas.

Este último párrafo anterior quiere decir:

 1- Según la frase de Ortega “ningún hombre entrena humanidad”, nuestro condicionamiento histórico-social toma la forma de usos y vigencias (usos del pensamiento, del lenguaje…) que nos son inyectados desde el nacimiento por las diversas esferas sociales que nos rodean. Así se forman las creencias que no son pensadas, sino que se tienen, se viven, como interpretaciones que se dan hechas.

2- Para entender qué es una visciencia seguimos a M. Rojo Sierra que considera que una cosa son los conocimientos (que pueden ser reducidos a conceptos fríos denominándose noemas) y otra cosa son las vivencias de los sentimientos (que Rojo Sierra denomina Timemas). Así, cuando veo en el cielo una galaxia, automáticamente tengo el concepto (por la experiencia) de lo que estoy viendo (conocimiento o noema) pero a su vez vivencio la grandiosidad de la visión y lo que supone el espacio interestelar, siendo esta vivencia el timema. Las visciencias, dice Rojo Sierra, es la síntesis del noema y del timema, es  decir del conocimiento y de la vivencia y por eso las visciencias tienen “fuerza” y conocimiento.

Pues bien, el problema en este siglo XXI es que hay múltiples sistemas creenciales que antes solamente compartían fronteras humanas, raciales o territoriales, pero hoy en día, habiéndose diluido esas fronteras y desde la mezcla, desde el heteroclitismo, las visciencias, con su tremenda fuerza de conocimiento y sentimiento, entronan cada lógica y cada razonamiento, apelando a patentizar el pensamiento primordial, el real, el oculto, el verdadero (como si  todos saltaran de la misma plataforma creencial: por esto les es incomprensible a muchos que “los otros” no participen de sus ideas y principios vitales).

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Quien quiera entender al hombre, que según Ortega es un ser sustancialmente peregrino, tiene que echar por la borda todos los conceptos quietos y aprender a pensar con nociones en marcha incesante.

Inteligencia, pensamiento y sociedad, el conjunto está en periodo de “salto” pero no todos los humanos estamos saltando desde el mismo suelo, ni en la misma dirección y no sabemos, realmente, donde caeremos ni qué compartiremos: este es nuestro drama actual.

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[1] J. Ortega y Gasset, Reforma de la Inteligencia, La Nación, 26 de Abril, Buenos Aires, 1925. Este artículo también se ha reproducido en la obra  de Ortega que va a ser de referencia “Apuntes sobre el pensamiento” El Arquero, Revista de Occidente, Madrid, 1975.

[2] Lazarte O. El espíritu Médico. Conferencia pronunciada en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Cuyo (Mendoza), con el auspicio del Departamento de Medicina para graduados. 1959

[3] J. O Whittaker, Psicología. Interamericana, tercera edición, 1977

Acerca de juanrojomoreno

Profesor Titular de Psiquiatría Universidad de Valencia
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