¿HA DE REEMPLAZARSE AL HOMBRE?


La nueva “escama humana”. El hombre reemplazado y su consciencia ¿Dónde está? 

Juan Rojo Moreno 

Al leer a Teilhard de Chardin sucede, como con otros grandes autores que escribieron hace tiempo, que parece esté relatando lo que le ocurre en la actualidad a la sociedad, al hombre y a sus perspectivas.

Para Teilhard sólo en el hombre se ha producido una cerebralización que ha permitido establecer en el planeta una esfera pensante sobreimpuesta a la biosfera:  la noosfera  donde culmina la evolución psíquica del pensamiento reflexivo y la inteligencia. [1]

         No solamente existe lo infinitamente inmenso y lo infinitamente pequeño (el universo macro y el cuántico) sino que al mismo tiempo, y en ellos, está lo inmensamente complejo. El grado de complejidad también es un nuevo estado del ser del universo. No solo basta con que cada infinito (macro y micro) tenga su propia complejidad, que aún desconocemos, ni que la complejidad de ambos sea “una sola complejidad”, pues la unidad del cosmos no admite que esos infinitos “funcionen” de forma separada (otra cosa es que no seamos capaces de descubrir la totalidad de sentido de ambos, como tampoco sabemos qué es la materia oscura o la energía oscura del universo). No basta, decía, con “la complejidad” del universo sino que es necesario entender el grado de complejidad y cuándo ese grado es capaz de hacer emerger una nueva aportación al mismo, como es el caso de la conciencia.

La aparición de la conciencia en la evolución de la humanidad ha sido clave para separarnos de nuestros ancestros australopitécidos y más aun  teniendo en cuenta tres desarrollos específicos de la misma: uno, la conciencia en el cerebro-manual (nuestra evolución humana manual), otro, la conciencia reflexiva y, en tercer lugar, desde hace muy pocos milenios un progreso de ésta última; la conciencia que es capaz de tener un yo análogo para reflexionar, es decir, una conciencia reflexiva-crítica-analítica (esto último lo desarrollé aquí).

¿Ha favorecido la complejidad también la aparición de algún tipo de conciencia cósmica? O por el contrario: ¿la vida y el pensamiento no son más que epifenómenos de la naturaleza?

Desde luego cuando chocan dos galaxias, destruyéndose vida y conciencia sintiente, no podemos considerar que será debido a la emergencia de una “conciencia universal”. Pero si bien simplemente aplicar solo la “mecánica” a lo que desconocemos puede ser demasiado simplista, tampoco vemos claridad, en estos casos, como el ejemplo de las galaxias, cuando Teilhard dice: “el universo como si se hallara `lastrado´ de complejidad cae por arriba sobre formas de disposición cada vez más perfeccionadas”.

El enfrentamiento entre la mecánica y el “sentido” [universal] sigue sin resolverse.

Teilhard se pregunta de forma reiterada sobre la complejidad-conciencia en el ser humano:

¿Es un automatismo natural que lleva la materia a comprometerse con una complejidad creciente? La vía materialista dirá que siempre habrá complejidad fortuitamente realizada.

O ¿debido a que cada vez hay más conciencia, que va emergiendo gradualmente, ésta es la que nos permite alumbrar la complejidad que está ya preparada? (vía espiritualista).

Pero en todos los casos, señala,  si en una u otra forma nuestro Mundo es, en verdad, algo que ordena, entonces la vida no puede ser considerada en el universo como un accidente superficial sino que una vez aparecida es incapaz de no utilizar toda oportunidad y todos los medios para llegar al extremo de lo que puede alcanzar en cuanto a Complejidad y en cuanto a Conciencia.

En relación con el resto del mundo zoológico solo podemos decir que los seres humanos tenemos mayor nivel de complejidad-conciencia debido a la mejoría en nuestra cefalización o cerebralización (el problema fundamental -señala Teilhard- es que todavía no hemos conseguido definir el factor esencial y, por lo tanto, cuál es el verdadero parámetro de la cerebralización y donde está su límite).

Pero desde el australopiteco, que fue el primero que hizo una marcha bípeda eficiente hace aproximadamente 2,5 millones de años, y luego el Homo Erectus hace 800.000 mil años y el de Neandertal hace 200.000, la evolución real ha sido -dice Teilhard- en “escamas” (al igual que una piña de pino o una cebolla), una “estructura escamificada en todo el phylum, y en particular en el phylum humano”.

Siguiendo estas ideas de Teilhard, podemos decir que el hombre es un ser restituyente. Se restituye a sí mismo constantemente. La nueva escama será una vez más otra faz del Restitutio Homimi. Del hombre `reemplazador´.[2]

Este concepto de evolución en “escamas” que aporta Teilhard es significativamente interesante pues nos permiten entender que continuamente cada nueva mutación que se origina, al principio en sujetos dispersos, luego grupos con mayor eficiencia, supuso la sustitución de los anteriores. La escama actual o bien será sustituida por otro salto evolutivo que incluso ha podido empezar pero aún está en sujetos dispersos en nuestra planetociedad, y no son distinguibles, o bien aún no ha aparecido el germen diseminado de esta nueva escama evolutiva.

Pero el hombre moderno no solo se agrupó sino que se socializó, y ha llegado a tal nivel de desarrollo científico que ya está en disposición -si no destruye la vida habitable del planeta- de poder crear, por primer vez en la historia, su propia escama evolutiva. La ciencia ha adquirido tal autonomía que corporeizada como un yidam, como “personoide”, quiere, manejando genes y ambiente, adelantarse a la lenta naturaleza evolutiva. Quiere ser quien configure la nueva capa del futuro humano. No sabemos qué ocurrirá si lo consigue y tampoco sabemos, si se produjera, cómo sería un nuevo salto “natural” de la evolución-cerebralización humana (la regla hasta ahora ha sido siempre que el grupo antiguo ha sido el rechazado).

Pero una nueva manera de socialización ha aparecido. No solo la  que se ha desarrollado desde que apareció la agricultura y luego las ciudades, no solo una socialización por convergencia de personas y por comprensión. Ahora gracias al desarrollo de la cerebralización-conciencia es posible que se desarrolle una psico-socialización evolutiva. ¿Será pareja a la antropotécnica, o integrándola la culminará o simplemente la superará? [3]

En este sentido Teilhard también  reflexiona: “todo el problema, sin embargo, estriba ahora en decidir hacia qué especie de perfeccionamiento biológico nos conducen, en sus formas renovadas, las fuerzas inmutables de la Ortogénesis”.

Teilhard es optimista a este respecto y así entiende que nada tendría de sorprendente que una elevación de la “temperatura psíquica” con el aumento de interioridad mental, de inventiva y de comprensión planetaria humana se acompañe automáticamente de una mejor disposición social. Para él, si bien la vida activa de una familia o género zoológico se considera como de cincuenta millones de años, no obstante, el Hombre es más que un género y que una familia puesto que representa por sí solo una “capa” biológica planetaria, en la que la evolución continúa a un ritmo cada vez más acelerado.

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Teilhard de Chardin espera que en “millones de años” la humanidad pueda llegar al punto Omega en donde el proceso de ultra-hominización alcanza su cenit cuando la biología y la creatividad psíquica se unen “ya fuera del espacio y del tiempo”. Pero en el camino le vienen las dudas de hasta donde el proceso complejidad-conciencia nos hace, mediante la socialización, más solidarios en un todo unitivo (singularidad y totalidad). Y es lógico que tenga sus reticencias. Los Neandertales ya cuidaban de sus homólogos con discapacidad y si bien ha evolucionado mucho la complejidad-conciencia desde entonces con el Homo sapiens, pero quizá no tanto los valores humanos.

La conciencia planetaria a la que Teilhard piensa que llegaremos puede que sea posible, pero actualmente si miramos al planeta no sabemos de qué hombre estamos hablando: ¿del que está en el mundo del caos y guerras, sin apenas poder subsistir? ¿Del que se encuentra en países dictatoriales y sin libertad ni de expresión ni de igualdad de género? ¿O del hombre del mundo en paz y más civilizado? Y dentro de este último habría que hablar acerca de qué valores humanos existen (si es que existen unos “valores” humanos claramente compartibles para todos).

Demasiada diversidad para hablar de la conciencia unitiva planetaria. Ya Teilhard lo indica: “la síntesis implica riesgos, una cosa es que se desarrolle la ultra-hominización y otra que ésta no tenga éxito… si antes que la humanidad llegue a su maduración el planeta se hace inhabitable o se producen trampas y callejones sin salida como la mecanización político-social, el bloqueo administrativo, la sobrepoblación, etc.  Y además ha de darse una super-condición: a la vez que la evolución se refleja sobre nosotros, el gusto por vivir ha de ser reforzado, lo cual supone el mantenimiento de una `atmósfera´ más cálida a medida que avanzamos” (sic).

¿A qué “gusto por vivir, que ha de ser reforzado” se refiere Teilhard? ¿Al gusto por tener cosas, por la vida cómoda, por disfrutar en el campo en vacaciones, en la playa, al gusto por  tener y tener y tener…? Teilhard se refiere al hombre en camino de evolución humana, en camino de una mayor Complejidad-Conciencia ¿y dónde está ese hombre? La humanidad lo sigue viendo en las películas de ciencia ficción.[4]

No hay nada -dice Teilhard- que pueda impedir al hombre que crezca todavía si conserva en el corazón la pasión de crecer, pero al mismo tiempo tampoco hay ninguna presión exterior, por fuerte que sea, que pueda impedirle que se declare en huelga si viniera a perder el interés, a desesperarse, con respecto al movimiento que le llama hacia adelante.

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[1] P. Teilhard de Chardin “El grupo zoológico humano”. Ediciones Taurus, Madrid, 1967, será nuestra obra cifra  de referencia

[2] Restituir deriva de Constituir: 1438, `restituere´ reponer, restablecer. Y también deriva Sustituir `reemplazar´, 1620 “poner a alguno en lugar de alguien”. (Joan Corominas. Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana, Editorial Gredos, 1961).

[3] En cierto modo Teilhard considera que aunque el cerebro no pudiera crecer más, aunque la “cefalización” en cuanto tamaño ya estuviese terminada, aun suponiendo esto, el nuevo salto evolutivo se puede producir debido a la socialización de nuestra conciencia neurocultural. Así dice: “Las múltiples y multiformes `unidades colectivas´ humanas nacidas en el curso de la historia por el juego combinado de la cultura y de la raza, son el en el campo de lo Reflexivo y de lo Libre, grupos justamente tan naturales como cualquier otra variedad de rumiantes o de carnívoros, con la sola diferencia de que teniendo lo psíquico un lugar más importante aquí que lo fisiológico y lo morfológico, algunas propiedades hasta entonces excepcionales o incluso desconocidas se manifiestan en el juego  de las fuerzas vivientes, siendo así que la antigua herencia cromosómica se halla a partir de ahora reforzada por una herencia `educativa´, extra-individual, por la acumulación y conservación de lo adquirido que asume una importancia de primer orden en la Biogénesis… Gracias al artificio maravilloso de la socialización en medio reflexivo ha aparecido oportunamente en la naturaleza del hombre un nuevo tipo de ordenación “psicogénica” (generadora de conciencia) de carácter educacional y colectivo, justamente para relevar las formas antigua y acaso parcialmente agotadas de cerebralización”.

[4] Y en este sentido Michel Houellebecq  plantea bien el problema en su obra Las partículas elementales (Les Particules élémentaires, 1998), publicada por Anagrama en 1999. Premio Novembre y finalista del Premio Goncourt.

Acerca de juanrojomoreno

Profesor Titular de Psiquiatría Universidad de Valencia
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