LA PERSONALIDAD


Juan Rojo Moreno

                   La personalidad es algo muy complejo en cuanto que intervienen muchos factores que son muy difíciles de cuantificar para la elaboración de la misma: factores genético-temperamentales, culturales, ambientales (familia, amigos, relaciones sociales, escolares…) y compensaciones que se realizan en la infancia y en la adolescencia, etc. El campo de la psicología le ha dedicado múltiples manuales y estudios así como intentos de cuantificación mediante test o cuestionarios de personalidad como, por ejemplo, el 16 PF “dieciséis factores de personalidad”, el EPQ “Eysenck Personality Questionnaire” o el  cuestionario “Big Five” que valora las que considera cinco principales estructuras de la personalidad. Hay otros muchos cuestionarios muy conocidos como el MMPI, Test de Rorschach, TAT, etc.

Desde el punto de la psiquiatría nos hemos dedicado más a lo que antes se denominaba psicopatías y ahora, ampliado el concepto, Trastornos de Personalidad.

Ponerme a escribir sobre personalidad puede ser un atrevimiento ya que sobre este tema hay grandes eruditos en múltiples áreas afines y, quizá, especialmente en este campo, valdrían los palabras de Sullivan cuando dice: “es sumamente fácil aprender ciertas cosas en psiquiatría -es decir, llegar a un punto en que uno puede hablar sobre ellas- pero resulta extremadamente difícil conseguir que dos personas quieran decir exactamente lo mismo cuando hablan sobre lo que supuestamente han aprendido”.

Mi interés de ahora por este tema deriva (y se limita) desde las sugerencias que hizo el psiquiatra H. Stack Sullivan en su obra La Teoría Interpersonal de la Psiquiatría que se fundamenta en unas conferencias y notas que escribió en 1946 y 1947.[1]

Según Sullivan para entender la personalidad y los trastornos en la edad adulta es necesario conocer la “ruta evolutiva”, es decir, los más mínimos detalles de la infancia, preadolescencia y adolescencia. Para él, conocer el desarrollo de la personalidad es conocer el desarrollo de las posibilidades ocurridas en las relaciones interpersonales. Aboga claramente por la psiquiatría interpersonal y social.[2]

El primer factor que va a influir en el proceso de la personalidad desde la primera infancia es la ansiedad, que ya aparece en los primeros meses de vida (Sullivan, neopsicoanalista , no atribuye la ansiedad infantil ni al trauma del parto como hizo Otto Rank o a la libido freudiana  ni al pecho kleiniano, etc.). Considera que las perturbaciones emocionales de las personas significativas (madre, padre, cuidadora…) le originan ansiedad “primitiva” o temor al niño.[3] Aunque el cómo la ansiedad de la madre induce ansiedad en el niño no está claramente definido (hay muchas teorías, neuronas espejo, neurociencia cognitiva social –NCS-, etc.), pero sí que es un proceso empático.

Adelantemos algo: sería muy fácil, tras las explicaciones de Sullivan, que pensásemos en una pedagogía educacional hacia los padres y cuidadores. Mucho se ha escrito pero aún nadie ha conseguido un libro que sirva como “diccionario” para los familiares y la sociedad.

Es imposible que el niño no presente ansiedad en su modo de vivir prototáctico en el que no diferencia o distingue detalles insignificantes de experiencia sino sólo el patrón más allá de cuyo límite los hechos son significativamente distintos,  y para nuestro autor lo único que puede hacerse es que la madre deje de estar ansiosa.

Pero de nuevo he de poner atención en la “facilidad” con que hemos visto cómo profesionales de la salud culpabilizan a la madre (más frecuentemente que al padre) de los males psíquicos del hijo. Es fácil culpar y no valorar la complejidad del campo etiopatogénico.

La ansiedad va a ser el origen de que luego el niño presente comportamiento de ira o de furia: “la criatura ansiosa aterrada que puede ser descrita como gritona y pataleante”. ¿A veces no diagnosticaremos a niños de Trastorno Negativita Desafiante (TND) o  de Trastorno Explosivo Intermitente (TEI) (DSM-5) sin preguntarnos detalladamente sobre la biohistoria emocional del niño y de la familia? Es más fácil conocer un diagnóstico que conocer a un enfermo.

Será importante saber cómo el niño a medida que crece también elabora mecanismos de control y disminución de la ansiedad pues cada vez se va a estar más inmerso en estructuras culturales, y la cultura está basada en muchos principios contradictorios, siendo que es  “en la educación para la vida en la cultura que todos hemos experimentado una buena parte de nuestra ansiedad”, señala Sullivan.

De tal manera que ya en la edad juvenil la personalidad ha de equilibrarse en relación con la subordinación social  (o será un desadaptado) y al mismo tiempo con la acomodación social.[4]

Cuando nos encontramos en una cultura con niños con escolarización obligatoria aparecen nuevas figuras de autoridades como son los maestros, directores, educadores en el autobús, en el recreo, policía y también aparecen las “autoridades” en clase: los llamados “matones” o “populares” de un grupo o clan intraescolar. Por no hablar ya del Bullying y de otros tipos de aislamientos que aparecen en esta época evolutiva y de la formación de la personalidad. Como indica a este respecto Sullivan “parte de la increíble ganancia en capacidad de vivir procede de que uno encuentre un modo de sobrellevar la vida bajo los ejercicios episódicos y destructivos de autoridad de estos compañeros”.

Y además están la autoridades paternas, en plural, pues muchas veces están  en desacuerdo en el esquema educacional en esta época de cambio del niño y los padres, en un mundo cada vez más anómico, a menudo no tienen empatía pedagógica o están separados o divorciados, y el joven ya es capaz de buscar hendiduras entre ellos y aherrojar con sus deseos y voluntades.

De una forma u otra, si no quedan desadaptados y apartados, avanza la acomodación social. Aunque bien señala Sullivan cómo en esta etapa hay una “insensibilidad verdaderamente horrible hacia los sentimientos de valor personal de las otras personas por lo que los años de escuela son una época en la cual la regla es un grado de crudeza en las relaciones interpersonales que muy rara vez es igualado en la vida posterior”.

A partir de los 11 años ya se va a desarrollar una serie de etapas muy rápidas entrando en la segunda metamorfosis de Conrad (adolescencia). La personalidad (rasgos temperamentales que se han ido afianzando con el ambiente) ha estructurado un carácter emergente que obliga a tener en primer lugar un gran amigo/a del mismo sexo, en la preadolescencia o adolescencia inicial, y pronto rozando ya los 14-15 años ha de germinar la armonización social y el proyecto de vida que cuajará normalmente antes de los 19 años (excepto si se ha desarrollado una estructura infirme o insegura de la personalidad).

Época de posibles grandes desviaciones que pueden complicar el resto de la vida, pero también de una nueva (y quizá de las últimas) gran oportunidad de armonizarse con el ambiente y el sí mismo, con un proyecto específico. Jóvenes que hemos visto aislados, desestructurados e incluso con una muy baja autoestima, si consiguen armonizarse adecuadamente en la adolescencia pueden desarrollar un equilibrio de su personalidad que les permite una estabilidad para cuajar su proyecto vital en la adultez. Aquí el grupo, la pandilla, va a tener un papel fundamental, bien positivo que será armonizante e integrante, o bien negativo desestructurante y antisocial.

A menudo hemos encontrado en esta etapa jóvenes con una primera infancia aislada, esquizoide, casi “autística” con ningún o apenas un compañero con quien se ha relacionado y, entonces, posteriormente, la armonización de la etapa adolescente ha sido definitiva para su normalidad o enfermar posterior.

Hablar de adolescencia y personalidad nos obliga, para terminar, a nombrar algo sobre el impulso sexual. Aunque como se ha escrito tanto sobre esto, aquí solo vamos a seguir unas ideas desde las opiniones de Sullivan que no es en absoluto psicoanalista y por lo tanto está muy alejado de las ideas freudianas de la libido. Considera que en esta etapa improntan en el desarrollo de la personalidad unos patones que denomina:

1-Autifílico: en él no se ha producido el desarrollo preadolescente o de producirse éste ha sido desintegrado debido a un profundo rechazo y la persona ha sido devuelta a un estado anterior a la preadolescencia.

2- Isofílico: la persona isofílica no ha podido progresar más allá de la preadolescencia y continua considerando como apropiadas para su intimidad solamente a personas de su propio género.

3-Heterofílico: la persona heterofílica ha atravesado todo el periodo de la preadolescencia y está interesada en tener relaciones íntimas con personas del sexo opuesto.

La isofilia es un periodo que  si oscila entre 2 y 3 años es una fase normal de todo desarrollo; pero esta fase puede continuar a través de toda la vida.

La homosexualidad y heterosexualidad está relacionada con la fase preadolescente y adolescente, el autosexual representa una fase anterior; el catasexual supone pasar más allá de los confines de la especie humana. Pero explicita claramente que: “respecto a esta formulación me agradaría que se comprendiera cuán fatuo resulta lanzar los adjetivos `heterosexual´, `homosexual´ o `narcisista´, con el propósito de clasificar a una persona. Tales clasificaciones no alcanzan ni remotamente para un pensar inteligente, son excesivamente burdas. Por ejemplo: hablar sobre homosexualidad como de un problema significa en realidad más o menos lo mismo que decir que la humanidad es un problema”.

El aspecto sentido del impulso sexual no puede ser eliminado de la personalidad, como tampoco puede serlo el hambre, pero pensar que se puede remediar una desviación de la personalidad por medios de remiendos en la vida sexual, es un craso error:

“Cuando un paciente acude a un psiquiatra por un problema sexual ha de verse algo más en estas personas. Con mucha frecuencia no es nada difícil encontrar algo mucho más grave que la dificultad sexual; y con mucha frecuencia también la dificultad sexual es remediada en el proceso de tratar los otros problemas”.

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[1] H. Stack Sullivan. La teoría Interpersonal de la Psiquiatría. Editorial Psique. Buenos Aires, 1974.

[2] Un resumen en 6 puntos de las ideas de Sullivan las hace María Diéguez Porres (2014): a) Popularizó el término “Interpersonal” en contraste con la visión intrapsíquica dominante en el psicoanálisis de la época. b) Para Sullivan, la necesidad de relaciones sociales no es secundaria a otras necesidades esenciales, sino la necesidad más importante y básica del individuo. c) La psicopatología es el estudio de las relaciones interpersonales. d) Un psiquiatra es fundamentalmente un experto en relaciones interpersonales. e) Una gran parte de los trastornos mentales son el resultado o son perpetuados por una comunicación inadecuada. f) Enfatiza que los actos humanos tienen sentido y deben ser entendidos desde su contexto interpersonal histórico o actual.

[3] Son especialmente conocidas  las tres formas de valorar la experiencia según Sullivan. Utilizó los términos “manera prototáctica, paratáctica y sintáctica”. La manera prototáctica se refiere a la primera y genuina forma de experimentar estados momentáneos. El niño en esta forma no tiene conciencia de sí como entidad separada del resto del mundo; “capta” estados anteriores y posteriores pero sin distinguirlos entre sí. En la manera paratáctica de captar la realidad ya diferencia partes pero no puede aún relacionarlas lógicamente no hay reflexión ni “pensamiento” en relación con las partes que se detectan. Cuando ya alcanza la manera sintáctica de la experiencia, el niño encuentra un significado “válido por consenso”. Estos significados han sido adquiridos en actividades de grupos, actividades interpersonales y experiencia social.

[4] Estamos considerando las etapas de desarrollo de manera que la infancia o niñez supone de 0-6 años (con 6-7 años se produce la primera metamorfosis de Conrad). La juventud sería desde los 6-7 años hasta los 11años en que empieza la preadolescencia o adolescencia temprana hasta los 14 años. A partir de los 15 y 19 la adolescencia media y la tardía, y a partir de los 20 la adultez.

La Organización Mundial de la Salud postula que la juventud comprende, en general, el rango de edad entre los 10 y los 28 años, aun cuando reconoce —por ejemplo— que puede haber «discrepancias entre la edad cronológica, la biológica y las etapas psicosociales del desarrollo», o también «grandes variaciones debidas a factores personales y ambientales».​ Abarca la pubertad o adolescencia inicial (de 10 a 14 años), la adolescencia media o tardía (de 15 a 19 años) y la juventud plena (de 20 a 28 años).

Acerca de juanrojomoreno

Profesor Titular de Psiquiatría Universidad de Valencia
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