LA CULTURA DE LA QUEJA


Juan Rojo Moreno

Epigrama del siglo dieciséis: “si la juventud supiera; si la ancianidad pudiera”.

Buzan y G. Segal se unen para escribir un libro en 1998 titulado “El futuro que viene” en el que se repasan de forma didáctica algunas directrices de nuestra historia y se hace un ensayo anticipatorio del futuro dentro de 500 y 5000 años. Ciertamente, explican que no es lo mismo “anticipar” que predecir. Ellos intentan anticipar el futuro, y la anticipación tiene siempre algo de lógica y razonamiento, y algo de intuición. La anticipación es una previsión no exenta de importante reflexión. Pero no es lo mismo que cuando se intenta predecir el futuro. En la predicción que es más sinónimo de adivinación y de profecía, el vuelo ya es libre. La profecía puede originar cierta o mucha admiración o, lo más frecuentemente, cierta risibilidad e hilaridad, como cuando, por poner uno de los más conocidos ejemplos, Thomas Watson, director de IBM dijo en 1943: “Creo que hay un mercado mundial para quizá cinco ordenadores”. [1]

Dice un anónimo que cada vez que la historia se repite aumenta su precio. Y algo de esto estamos viendo en el siglo XXI, un periodo de disconformidad, de “nueva” crisis, ahora con el precio del movimiento global y de la incertidumbre que se origina en la población “común” que se ve ajetreada por todas las fuerzas que intervienen y que nos vapulean. Todos quieren tener la razón y todos originan, con su mayor o menor acomplejada ineptitud, un estrés y desasosiego en la mayoría de las personas que solo desean vivir y trabajar. Las fuerzas del “todo” vapulean al individuo corriente.

Y no solo es una lucha ideológica o económica, realmente es una lucha por el poder (como siempre). Creo muy acertada la frase de George Orwell: “quien controla el pasado controla el futuro: quien controla el presente controla el pasado”.

Nuestra historia ha sido una carrera de obstáculos de supervivencia, pero podemos diferenciar dos periodos claramente separados: un antes y un después de que se tuviera la seguridad de poder “controlar” o doblegar la naturaleza.

A partir del siglo XV ocurren cinco cosas fundamentales: 1- Han aparecido en el siglo anterior las armas de fuego que elimina a los “imperios bárbaros” basados en la caballería. Además, señalan Buzan y Segal, 2- La aparición de un nuevo tipo de construcción política en Europa, el Estado Nacional (conciencia territorial, fronteras, gobierno, soberanía popular y ciudadanía), 3- el desarrollo de la sociedad industrial, la “revolución industrial” (posibilidad de consumo masivo, incorporación de fuentes de energía no humana ni animal), 4- la persistencia del conflicto dentro de Europa y 5- la expansión del poder y la población europea en ultramar.  Todo esto supuso la vivencia del dominio total en el  siglo XIX.

Un problema que subsiste y se ha ido patetizando más a medida que hemos mejorado los medios de producción y las condiciones de vida  ha sido el desarrollo desigual. Esto siempre ha existido desde que se conoce la civilización: ocurría en Egipto, Grecia, Roma, en la Edad Media y luego sigue en la Era Tecnotrópica. Hay una gran diferencia: ahora los medios de comunicación son globales, es posible saber lo que ocurre en casi cualquier parte del planeta y la mayoría de éste está comunicado no solo en información sino también en economía. Si la población en el planeta no se estabiliza cuando se encuentre pronto en los 12 o 13.000 millones (ahora 7.500) no va a ser posible frenar este patrón que como señalan Buzan y Segal “ha sido asombroso y prexistentemente desigual, en el tiempo y en el espacio”.

En el siguiente link “población mundial” y un “Contador de población/Reloj de población”  aquí .

Pero desde el siglo XIX los avances sobre el dominio de la tecnología han sido tan acelerados, y más aún en el XX  y lo que llevamos del XXI, que la concepción del mundo y del mismo hombre han mutado. La vivencia social de dominio sobre las cosas se realiza en el XIX y sobre el propio ser humano y su naturaleza en el XX (es fundamentalmente una vivencia pues seguimos sin saber qué o cuál es la naturaleza humana).

Uno de los problemas que tenemos ahora es que le evolución se desarrolla en una franja unilateral: hemos perdido posibilidades de contraste evolutivo. Esto quiere decir, señala Marshall Hodgson (citado por los autores de referencia) que ciertas trasformaciones han acelerado la historia, pues una vez que Europa abrió las puertas a la industrialización aceptó tasas mucho más altas de innovación y creó una distancia difícil de abreviar, alejándose occidente de otras civilizaciones y además con su pesada influencia impidió que aquellas civilizaciones desarrollaran su propio camino de evolución.

Por esto, cuando se intenta anticipar el futuro se hace muy complicado, aunque lo intenta la ciencia ficción y nos da miles de posibilidades en base a los conocimientos que han aparecido y van saliendo (originando nuevos tipos o estilos de ficciones) con su correspondiente porcentaje de imaginación. Algo parecido se podía haber hecho en los años 30 y 40 del siglo XX si no hubiera habido tanta guerra, pero ¿alguien anticipó internet? La respuesta es NO.

Y así, en la anticipación que hacen Buzan y Segal en 1998 pueden adelantar el multiculturalismo, el avance de la sociedad “global”, la cuestión social y económica China, etc. ¿Pero pudieron a finales de siglo XX vislumbrar el derrumbamiento de los Estados en Oriente Medio y el problema global que se ha originado con el yihadismo, el terrorismo, el autodenominado “Estado Islámico” y la oleada incontrolable de refugiados y emigrantes? La respuesta también es NO.

Si queremos anticipar algo de los próximos 100 años (exceptuando catástrofes globales como la era glacial que ha de venir, el meteorito que nos destruye…) no queda más remedio que enfrentarnos a la realidad de que el multiculturalismo supone un choque de civilizaciones (aunque esto no nos guste y no sea políticamente correcto decirlo).

El término multiculturalismo lo acuñó el gobierno anglófono canadiense para referirse a una nueva política de finales de 1960, pero el uso actual más generalizado suele entenderse como el reconocimiento de la coexistencia de grupos culturales diferentes, dentro de un mismo estado nacional.[2]

Se ha querido enfatizar que el problema del multiculturalismo no es un enfrentamiento de civilizaciones y por eso se ha hablado más de “alianza de civilizaciones”. Pero no ha sido más que un enfático interés positivo.

Tengamos en cuenta que se define Civilización (RAE) como el “Conjunto de costumbres, saberes y artes propio de una sociedad humana. La civilización china, occidental…”

Y el problema aparece cuando una “sociedad humana” junta costumbres y saberes históricos que son muy difíciles de conciliar. La tendencia al final es a que una de las estructuras expulse a la otra, la obligue, o la fagocite. El problema es cuál será la menoscabada.[3]

Ahora que tenemos en Europa el gran problema de la emigración y asilados masivos, de tantas personas destrozadas y sus países arruinados física y económicamente ¿aunque se acabe la guerra que hay en estos países van a volver en masa a sus ruinas? ¿Va a ser posible devolver a sus países a estos emigrantes que sin oficio competitivo ni conocimiento del idioma del país al que llegan se juegan la vida y su máxima alegría, hasta euforia, es conseguir pisar un suelo occidental?

¿Quién no se queja actualmente con lo que tiene o de lo que hay?

Quizá sea propio de la actual planetociedad la cultura de la queja, pues operamos constantemente con la realidad pero no somos capaces de crear una imagen del mundo[4].

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         ¿Se resolverá la cultura de la queja, con la anticipación de Buzan y Segal de un Mondo Cultura en el que toda la sociedad se unifica bajo directrices económicas y sociales globales para evitar la hecatombe de la humanidad? El Mondo Cultura es un mundo complicado y multicultural donde las culturas se interpenetran y hasta cierto punto se confunden. Pero como ellos dicen: la diversidad necesita ser contenida dentro de un marco de normas. ¿Seremos capaces de crear un nuevo marco de normas “de la diversidad”?

Sin que se desarrolle una “cultura común”, señala Buzan: la mezcla cultural será demasiado explosiva para mantenerse.

 ¿O será la tecnología la que nos permita dejar de quejarnos?

Difícil lo veo mirando a 500 años. Me conformo con anticipar que a 50 años este problema nos puede originar una disociación social planetaria. Disociación entre lo intelectualizado y lo viscienciado. Y seguiremos quejándonos, casi seguro.

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[1] Barry Buzan y Gerald Segal. El futuro que viene. Editorial Adres Bello, 1999 (edición inglesa en 1998). Nos va a servir de cifra de referencia.

[2] Sobre el multiculturalismo ya escribí  en este artículo en el que comentaba: “Realmente, la fricción no se encuentra entre culturas o entre religiones o en la sanidad. El roce se encuentra en que la evolución humana, tan comunicada actualmente, ha originado un choque entre el paradigma científico tecnotrópico y el paradigma “visciencial”. Las visciencias se producen mediante la intelectualización de las vivencias. Hoy en día las vivencias se intelectualizan ayudadas con el acceso a la información global que es un acicate para que las ideas y “pensamientos” que se adquieren originen una verdadera emergencia”. En este sentido Buzan y Segal comentan: “Si hay una amenaza a Occidente, ésta tiene un origen más interno, en las dudas acerca de su capacidad de manejar las consecuencias sociales de la aplicación de sus propias ideas”.

[3] Y se redoblan las manifestaciones en el campo del multiculturalismo. Así Rey de Bélgica aboga por multiculturalismo en discurso del día nacional (21 de Julio de 2017) http://www.criticajalisco.com/rey-de-belgica-aboga-por-multiculturalismo-en-discurso-del-dia-nacional/ y también reaparecen vía redes sociales, ahora, la noticia del rechazo al multiculturalismo de Holanda  desde 2011 http://blogs.periodistadigital.com/totalitarismo.php/2011/06/23/los-paises-bajos-abandonaran-el-multicul   . Y podríamos seguir con el “Brexit” http://theprisma.co.uk/es/2017/03/13/brexit-y-el-multiculturalismo/   y otros países más.

[4] La expresión “cultura de la queja” es de Robert Hughes (citado por Buzan y Segal) fundamentalmente para los países ricos.

Acerca de juanrojomoreno

Profesor Titular de Psiquiatría Universidad de Valencia
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