DEL YOISMO AL DEISMO


Materia sintiente y cerebro cuántico

Juan Rojo Moreno

         Suele escribirse una y otra vez (de tanto oírlo parece que tenga que ser verdad) que las leyes del mundo cuántico sirven solo para el micromundo, para lo infinitesimal, y las leyes de la física “clásica” para el resto. Eso ha de ser imposible. Ya en anteriores artículos he mantenido que nuestra vida cotidiana ha de ser entendida también como sintiente tanto de las fuerzas de lo micro como además de lo macro y de lo “supermacro” (lo cósmico).

Nuestro cuerpo, en definitiva, está formado por átomos, neutrones, electrones, quarks y demás partículas elementales entre las que el tiempo no tiene los parámetros de la física estándar y además pueden estar en forma de corpúsculo o en forma de onda y otras muchas características que han hecho que a algunas de estas partículas se les denomine con los nombres de “extraño”, “encanto” “fondo”, “arriba”, “abajo”.  Hay elementos en nuestro cuerpo, en nuestra persona, sobre los que no se sabe, por ejemplo, por qué la suma de las cargas de los quarks en un protón se corresponde exactamente con la del electrón (que es de signo opuesto). Los quarks pueden cambiar de tipo y a este cambio se le denomina “sabor”. También tienen color, cosa que no tiene nada que ver con la percepción de la frecuencia de la luz. Además se hipotetiza sobre la existencia de subestructuras de los quarks que serían los “preones”.

Creemos que lo que sentimos y vemos es “la realidad” pero nuestra cotidianidad está conformada por múltiples aferencias, muchas de las cuales aún no somos capaces de detectar. No solo desconocemos en el día a día la influencia de todos los mensajes paraverbales y estéticos de lo que nos rodea sino que además, por irnos al mundo del campo cuántico, 65.000 millones de neutrinos por centímetro cuadrado y por segundo provenientes del sol atraviesan sin modificación perceptible toda la masa de nuestro planeta y a nosotros ¿Esto nos afecta a cada uno de nosotros como seres cuántico y en definitiva a nuestra manera de ver y sentir la realidad?

Ciertamente algunas de estas partículas que forman parte de nuestro específico soma cuántico apenas duran “nada”: la partícula lambda dura 10-23 segundos…  pero tengamos en cuenta que estamos moviéndonos en niveles distemporales ¿cómo si no vamos a entender que el tiempo dentro aún del primer segundo tras el big-bang entre los 10-23 y los 10-4 segundos que duró la etapa hadrónica fuera decisivo para que hubiese universo? (antes se habían producido muchos más universos, unos envolventes a otros, entre 10-35 y 10-32 segundos, todo dentro del primer segundo). Menos mal que luego gracias a la génesis de leptones, que ya duró desde la diezmillonésima de segundo hasta veinte segundos a partir del instante cero, pudo seguir el universo evolucionando. Bueno, también gracias a que en la desintegración entre partículas y antipartículas sobraba un protón aproximadamente por cada mil millones de pares de protones y antiprotones (que se desintegraban) y así quedó disponible para formarse luego la materia y el mundo actual.

Cuando el psiquiatra C. G Jung habla del Inconsciente Colectivo o cuando el físico experto en física cuántica David Bohm habla de la relación no-local entre las partículas o de la realidad explícita e implícita, nos estamos moviendo en el mundo de las relaciones con o desde estas partículas que somos y en ese tiempo que también somos; así, por ejemplo “la teoría de Broglie-Bohm expresa que la no localidad y la velocidad de cualquier partícula depende del valor de la función de onda, la cual depende a su vez de la configuración global de la totalidad del universo”. Totalidad del universo que, por ahora, dentro de lo que conseguimos saber, solo supone el 5-10 % del mismo, pues de la llamada “materia oscura” no se sabe nada excepto que no es materia, tal como nosotros la entendemos, y que ocupa el 95% del universo y que tiene masa y poder de gravedad.

Por esto cuando hablo de mi Yo, de mi mí-mismo, de mi cuerpo y de mi conciencia, no es tan simple como decir que el cuerpo es materia y el cerebro neuronas que conectadas crean mi vivencia del mí mismo y que tengo la libertad de decidir lo que deseo hacer. Nuestros estados anímicos tan variables (que a veces achacamos al cambio de tiempo o a tener un “buen o mal día”), nuestra disposición, nuestras épocas más vitales y otras más apáticas ¿solo dependen -en general- de nuestra facilitación genética, temperamental y desarrollo biohistórico cultural? O hay que añadir a esto cómo estamos cada uno “observándonos” o modulando nuestro propio ser cuántico, del cual sabemos que se modifica solo con la observación. En este sentido Pribram y Bohm ya trabajaron en el entendimiento del cerebro como un holograma.

Porque al entender de los físicos G. Cohem-Tannoudji y M Spiro “la física cuántica ha modificado nuestra forma de pensar, nuestra relación con la realidad”, y lo ha hecho abriéndose a un campo mental en el cual “la materia, el espacio y el tiempo ya no como conceptos científicos sino como categorías gnoseológicas (que hay que conocer) se hallarán ontológicamente unificadas”. Veinte años antes había afirmado W. Heisenberg  que cuando en el curso histórico de la ciencia adviene una innovación verdaderamente fundamental, no solo se incrementa nuestro saber sino que además debe variar a la vez la estructura de nuestro pensamiento.[1]

Pedro Laín en su libro “Cuerpo y Alma” acude, para entender el sentido del hombre, a tres instancias sucesivas:

En primer lugar, a la concepción de reducción eidética de las notas esenciales de Husserl (aunque no lo nombra). Entonces cada cosa o ente, una vez eliminadas las notas accesorias, quedará definido por las que constituyen su idiosincrásica (y no más reducible) característica en sí.

Luego, en segundo lugar, aplica el concepto de sustantividad (o estructura) de Zubiri que lo entiende como el conjunto unitario, cíclico y clausurado de las notas que específica e individualmente caracteriza a algo. Por tanto se trata de una noción descriptiva y no de una construcción mental (como sería el concepto de sustancia). La sustantividad es el conjunto de notas constitucionales que  forman un sistema: todas ellas se hallan en mutua concatenación e interdependencia como resultado de su primaria unidad y son relativamente indisociables porque si una de ellas se separa de las restantes el sistema desaparece por desintegración, o da lugar a otro sistema; es una genuina combinación funcional. La nota actúa cada una en las demás y sobre el conjunto de ellas. Las notas constitucionales de una sustantividad, y por lo tanto de una estructura, son notas-de y se co-determinan, son codeterminadas por las restantes y codeterminadas ellas.

Y, en tercer lugar, aplica el concepto de emergencia: “hay una radical novedad en las propiedades sistemáticas de la estructura respecto de las que aisladamente poseen los elementos que la componen. Por consiguiente es imposible de predecir aquella partiendo del conocimiento de estos. Por todo esto la estructura es cualitativamente más que la suma de las partes que lo componen (cada estructura constituye un novum cualitativo). Las propiedades sistemáticas de una estructura lo son de la unitaria totalidad de las notas.

La palabra Kosmos en griego significa “Orden bien compuesto” y en este sentido P. Laín coincide con lo que expuse al principio del artículo en el sentido que cada una de las estructuras del cosmos (léase también el ser humano) es activa en sí misma, constitutivamente activa y “se articula con todas las restantes”.

Pero aparte de considerar esta posibilidad que aún no somos capaces de ordenar u organizar: ¿es esperable que una complicada evolución técnica y humana sea quien la facilite?

No está claro. Un suprasistema es más simple que la suma de los subsistemas que lo componen y tiene sobre ellos una jerarquía innovadora y reguladora, al decir de Laín. Y podemos ver fácilmente el ejemplo que ha supuesto internet en las comunicaciones: su creación fue muy simple y básica pero sobre algo básico se han modificado todas las concepciones de las estructuras comunicativas que hasta entonces había ¿Quién manda ahora cartas escritas por correo postal? ¿Y la comunicación en las empresas? ¿Y los modelos de expansión?, etc.

La aparición de un nuevo nivel estructural (en el que sintamos y manejemos el mundo micro y el macro en uno solo) es imposible de predecir desde las posibilidades inherentes del sistema actual. Pero una vez producido y desarrollado, podremos comprenderlo aunque no hayamos sido capaces de predecirlo: “En la dinámica del universo hay teleonomía (Monod), sentido inteligible a posteriori, mas no una teleología”.

Y ciertamente, en la evolución a veces han sido necesarios periodos largos pero en otras ocasiones el salto evolutivo se ha producido explosivamente: “la historia de la vida en la Tierra -ha escrito el biólogo Ager- es equiparable a la de la vida de un soldado en tiempo de guerra: largos periodos de aburrimiento entrecortados por breves periodos de terror”. Y  análogamente sabemos que tras periodos más o menos predecibles o tras un caos en lo establecido, emerge una nueva concepción (social, de pensamiento, vivencial, económica, etc.).[2] Siempre hay un tono global que une y equilibra al hombre en su historia, sociedad, biología y cultura. Tenemos que descubrir la participación en ese tono vital de nuestra materia cuántica interna y de la cósmica. En este sentido podemos adaptar el término que utiliza Laín: la necesidad de encontrar nuestra homeotonía.[3] La homeotonía no la podemos aún definir pero sabemos que es el camino unificador de la concepción física clásica y lo que aporta tanto Jung como Bohm y Pribram. Se hace entendible cuando Laín dice “la materia intelige sentientemente -o siente intelectivamente- en el hombre” porque abre las puertas a que el mí mismo se complete desde el máximo interior y desde el máximo exterior.

Y así también entendemos a Laín cuando escribe: la materia no debe ser vista como conjunto de corpúsculos masivos sometidos a la acción de energías varias, mecánica, térmica, eléctrica, etc., sino simplemente como dinamismo.

¿Y qué ley podemos aplicar a este dinamismo? Hasta ahora no podemos aplicar más que la ley de la probabilidad porque una homeotonía, –un tono estructurado, con base orgánica y en la que interactúan las leyes básicas de la física y química pero también las cuánticas-, solo podemos entenderlo análogamente como un sistema o “campo de probabilidad” (Eccles). Por esto señaló el físico Margenau (1984) que “en sistemas físicos tan complicados como el cerebro, las neuronas cuyos elementos constitutivos son suficientemente pequeños para que los gobiernen las leyes probabilísticas cuánticas, el órgano físico está siempre en situación de equilibrio para una multitud de cambios posibles, cada uno con una definida probabilidad”.

Los distintos autores, Arthur Koestler, Schrödinger, Eccles, Pinillos y Laín, cada uno a su manera vienen a apuntar a lo mismo: a la relación de complementariedad cuántica partícula-onda, lícitamente aplicada a nuestro cerebro para entender la emergencia mental.

Y además, siguiendo a Capra y Bohm, la física cuántica ha confirmado que una partícula elemental no puede ser rectamente conocida si no se la ve solidaria con el universo entero. Así, alcanzamos a intentar conocer la conexión microcosmos-macrocosmos aunque aún “la conciencia –escribe Schrödinger- es un singular cuyo plural se desconoce”.

La estructura, del cerebro y de todo el cuerpo humano como una unidad, es la base de la que parte Laín para aplicar a la sustantividad las leyes de la mecánica cuántica, pues sus elementos “resuenan”.

Laín incorpora e incluye a todo el cuerpo humano pues el cerebro codifica de forma simbólica las señales (mensajes-símbolos) que recibe de la visión, audición, tacto, datos de memoria etc.: “interviene el todo viviente del cuerpo, incluida su constitución individual y la huella biográfica que haya experimentado”, por lo que en el cerebro la función del sí mismo está incorporando activamente toda la sensorialidad global del organismo. Por esto Laín no habla de “mi cuerpo y yo” sino  de “mi cuerpo: yo”.

Con estas ideas, la unidad que se patentiza (el hombre) es una emergencia estructurada participativa. Microcosmos y macrocosmos forman parte identitaria de esta sustantividad.

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La física actual es, hoy en día, uno de los principales paradigmas de la filosofía humana pues  aboga, como decía Heisenberg, a la necesidad de una nueva mentalidad, en la que nos preparemos para asumir psíquicamente nuestra realidad actuante cuántica. Freud tuvo la genial idea de crear un método para conocer cómo la realidad inconsciente actuaba sobre la realidad global. ¿Quizá nos falte aún un nuevo “Freud” que encuentre el camino de interpretación de estas nuevas participaciones de nuestra global personalidad?

¿Deísmo?

¿Hemos estado todo el rato hablando de Deísmo?, o ¿de Religión? o ¿de Naturaleza? Cita Laín a P. Bonhomme quien dijo que “un deísta es un hombre a quien sobra fortaleza para ser cristiano y falta fortaleza para ser ateo”. El deísmo es la postura filosófica que acepta el conocimiento de la existencia y la naturaleza de Dios a través de la razón y la experiencia personal, en lugar de hacerlo a través de los elementos comunes de las religiones teístas como la revelación directa, la fe o la tradición. Se consideran deístas famosos a Aristóteles, Sócrates, Thomas Edison, Benjamín Franklin, Immanuel Kant, Leibniz o Montesquieu, por poner unos ejemplos. No así Laín que se manifiesta claramente cristiano. Quien lea lo anterior sabe que igual hemos estado también hablando de estructuralismo, de deísmo o de naturaleza, tal es la complejidad que los nuevos avances sobre el ser humano permiten a su propio perspectivismo. En nuestra exposición hemos visto como basándose en unos y otros cuando se integran los modelos actuales y la física actual, la filosofía sobre el hombre y sobre el mí mismo se acerca a la unión del sentido del Uno con el Todo y el camino evolutivo marca que la complejidad creciente ha de pasar por este salto nuevo de unificación. ¿Dónde estará en Uno, Dios, o el “sentido” o la física o la naturaleza? O incluso la Medicina.[4]

La realidad sobre esta cuestión es que a pesar de haber pasado casi 400 años aún es válida la sentencia de Pascal: “¿Qué quimera es, pues, el hombre? ¡Qué novedad, qué monstruo, qué caos, qué motivo de contradicción, qué prodigio!”.

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[1] Estas referencias están tomadas de Pedro Laín Entralgo. Cuerpo y Alma. Espasa Calpe, Madrid, 1991. Va a ser nuestra obra cifra de referencia.

[2] Laín hace referencia como ejemplo de la rapidez mutacional al caso de la mariposa moteada en Inglaterra que apareció en los alrededores de Manchester entre 1849 y 1850 como reacción a la industrialización de la comarca.

[3] Laín utiliza este término solo como referencia al tono equilibrante de los aparatos y sistemas orgánicos aunque nosotros ampliamos el concepto

[4] En el caso de las Ciencias de la Salud se nos abrirán nuevos caminos para entender y actuar sobre una nueva, real, práctica y unitiva Medicina Antropológica.

Acerca de juanrojomoreno

Profesor Titular de Psiquiatría Universidad de Valencia
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