HAND CONNECTED


(“conectados con la mano”)

Inmortalidad, Felicidad y “Divinidad”

Juan Rojo Moreno

El libro de Y. N. Harari “Homo Deus” es atrevidamente interesante y nos va a servir como cita de referencia pues el autor es resonante con una corriente cada vez más intensa que se plantea “qué tipo de ser humano” va a venir en un futuro más o menos cercano.[1] Este planteamiento sería uno más de los que agrada leer pero hay que subrayar ciertos aspectos interesantes que encara.

Un aspecto viene en el sentido que ya planteó Julian Huxley con sus ideas transhumanistas: la evolución humana necesita que se haya superado el umbral mínimo de supervivencia. Plantearnos un evolucionismo hacia un “nuevo hombre” cuando estamos preocupados por sobrevivir alimentariamente no es posible; toda la energía se dedica a la sobrevivencia. Y.N. Harari de forma parecida se plantea que si el ser humano ya ha conseguido (más o menos) controlar el hambre, la peste (infecciones masivas destructivas) y la guerra ¿Qué vamos a hacer con nosotros?

Pero tengamos en cuenta que estamos en plena disonancia histórica. Por una parte antes del descubrimiento de la penicilina (1928 y comercialización a partir de 1940) los cuadros infecciosos hacían estragos no solamente por la mortalidad infantil sino también con las bajas por heridas en guerras y con las diferentes pandemias, como por ejemplo en la llamada Gripe Española que en 1918 afectó a un tercio de la población mundial y mató cerca de 100 millones de personas. Y estamos hablando de un tiempo transcurrido hasta nuestros días deumbral un siglo. Pero también en un tiempo tan breve han habido guerras entre diversos países europeos, países occidentales y otros orientales y dentro de la misma Latinoamérica en el siglo XX han tenido guerras países como Perú, Surinam Argentina (frente a Reino Unido), el Salvador, Guatemala, Cuba, etc.

Y por otro lado es solo a partir de 1980 que empieza efectivamente internet y sobre todo las famosas “www” a partir de 1990, es decir apenas veinte-treinta años. Cierto, los jóvenes de 20 o menos años han aprendido a escribir con las tablets u otros utensilios parecidos a diferencia de los que tenemos significativamente más edad que aprendimos a escribir con las “máquinas de escribir” y muchos tenían que ir a hacer un curso a una academia para aprender mecanografía o a manejarse con cierta soltura con esas máquinas.

Estamos realmente hablando de tan pequeño lapsus temporal que si bien cuando comparamos con hace 150-300 o más años los datos de avance en salud, educación y seguridad son espectaculares, no obstante aún no hemos eliminado realmente las guerras, ni el hambre ni las infecciones, como podemos comprobar con solo darnos un paseo por nuestro planeta.

Pero en los países más avanzados en los que sí que, de forma general, no hay gran dificultad en superar el umbral biológico de subsistencia, la medicina no solo es curativa sino también preventiva y han cesado las guerras entre nosotros (¿quién concebiría ahora una guerra entre Portugal y España o entre Alemania y Dinamarca o Reúno Unido?). En estos lugares podemos plantearnos ¿Qué haremos los humanos si todo el planeta estuviese igual? Creo que así la pregunta reformulada es más correcta[2].

El mundo virtual y de la comunicación nos invade como antiguamente lo hacían las plagas. Hoy cuando alguien te dice que no usa un teléfono móvil te quedas extrañado, como pensando que pueda tener alguna anomalía, es como decirte que no tiene televisión en casa. Nos hemos acostumbrado tanto a los datos y a la información que cada nuevo Smartphone tiene más potencia y velocidad que un ordenador de hace solo 4-5 años. Y si no es así pues lo será el año próximo (los distintos artículos que he leído ya consideran al Smartphone por velocidad, acceso, prestaciones, etc., más “potente” que los PC). En definitiva tenemos todo el mundo de la conexión, de los datos, de la tecnotropía, en la mano. Como ya señalé en un pie de página anteriormente (en 2011) estamos completamente hand-connected (mano-conectados).[3]

La evolución histórica ha supuesto que pasáramos de ser primitivamente cazadores-recolectores (usando las manos como fuente primaria) a luego con la agricultura y la ganadería facilitándose un segundo paso que permitió la organización en grupos mayores (aún prevalecía el uso manual) y luego con la escritura y la moneda se rompe la barrera abriéndose el mundo de la interconexión entre los grupos humanos apareciendo como fundamento el “mundo de la materia”. Considera Harari que ahora hemos pasado del mundo de la materia al del conocimiento.

Por supuesto estoy completamente de acuerdo, pero hay que matizar algo: el conocimiento está llegando “a la gente” ahora no a través de libros ni de PC, sino ahora de nuevo a través de la mano: “mano-conectados”. La radio, la televisión, el PC y el ordenador portátil fueron los primeros pasos de conexión a “todo” pero ahora con los móviles hasta en las reuniones, en las comidas y en las esperas de las paradas del autobús o metro cada individuo mira su mano, mejor, mira su móvil en la mano. La gran revolución de los datos será cuando se supere la velocidad de la mano y sea la voz o el pensamiento el que nos permita acceder rápidamente a los mismos, a la conexión global.

Inmortalidad y Felicidad

         Cierto, cada vez salen más y más expertos, sobre todo referenciando a Silicon Valley, que nos auguran no solo vivir hasta los 125 años (que al parecer es el límite biológico natural) sino el poder vivir con los “arreglos” necesarios, 200 o 300 años o eternamente. Alguna entrevista he visto de personas acreditadas sobre esto  que vienen a decir que el que quiera morirá “cuando quiera” y el que no, no morirá, cumpliendo así la Declaración Universal de los Derechos Humanos que dice que tenemos derecho “a la vida” (y punto). No dice que tengamos derecho a vivir hasta los 89 o 96 años.

La enfermedad se considera cada vez más como un “simple” problema técnico. Así A. Jores (1967) ya valoró como que la Medicina Pragmática (formulada científico-naturalmente) supone la curación como en un taller de reparaciones y un profesional convencido de la perfección de la técnica. Exige un profesional formado científicamente y adquieren gran relevancia las exploraciones, las radiografías y las pruebas “objetivas”. El especialista se hace más impersonal en la práctica y el paciente se acerca cada vez más a ser “un caso”. El profesional no sabrá nada de la biografía del paciente, solo algo de su historia clínica, y se prefiere que el paciente se conduzca de modo pasivo y que se pliegue a las prescripciones.

Ya es conocida, pues, la visión de ir al médico como a un taller de reparaciones y que lo que no se cura es porque “técnicamente” aún no se conoce el remedio, pero la investigación y la ciencia lo aportará antes o después. La última epidemia del Ébola fue fundamentalmente criticada por la lentitud en actuar de la OMS y de los países civilizados en poner los remedios técnicos para curarla y/o detenerla. Debido a su alta letalidad originó una alarma planetaria y esto teniendo en cuenta que los casos a nivel mundial no han llegado a 25.000. Es evidente que el conocimiento científico y médico actual ha sido mucho más eficaz que las plegarias que se realizaron en los tiempos de la peste negra o de la gripe española.

Con todo esto la idea que sigue habiendo en los centros de investigación más innovadores es que se podrá llegar no a la inmortalidad sino, como señala Harari, a la amortalidad. Aun pudiendo vivir biológicamente cientos de años se podría morir por un accidente.

¿Quieres la Inmortalidad o por lo menos la Amortalidad? Creo que de entrada sin pensárselo mucho todo el mundo diría sí. Ya K. Jaspers se planteaba esta cuestión en relación con la filosofía del Ser[4] y de forma conjunta teólogos, biólogos y filósofos realizaron conferencias con el título “El Hombre y la Inmortalidad” en 1964 sin llegar a ninguna conclusión significativa.[5] Pero aún a la espera de que la investigación nos de la sorpresa ¿deberemos seguir pensando, como señala Bury, que tanto la idea del Progreso Indefinido al igual que la de la Providencia o la de la Inmortalidad no pueden probarse su verdad o falsedad y que exigen un acto de fe? [6]

En el caso de la alquimia china con la preparación del oro se obtenía la “droga de la inmortalidad” y ahora queriendo trasformar la biología en datos manejables, como ocurre en informática, se podría conseguir esta interacción bio-tecnológica que permitiera la potenciación de la naturaleza humana más allá de lo programado. En eso se está. Y lo cierto es que cuando podamos generar órganos y tejidos, o regenerarlos, a partir de algoritmos y datos personalizados, como dice Harari: “si la ciencia hace progresos importantes en la guerra contra la muerte, la batalla real pasará de los laboratorios a los parlamentos, a los tribunales, a la calle”.

Podríamos pensar que el tener acceso a la inmortalidad esto nos dará la felicidad, aunque nada absoluto, per se, ha hecho feliz hasta ahora al ser humano. El aumento del PIB en los países avanzados ha mejorado las condiciones de vida pero no ha mejorado los “índices de felicidad”. Por ejemplo, ha mejorado la prosperidad pero han aumentado sus índices de suicidio. Y los niveles subjetivos de bienestar no cambian en estos países avanzados cuando se les compara con cómo estaban hace 60 años.

Uno de los grandes problemas para adquirir la felicidad es que no es lo mismo que adquirir placer. Se pueden tener sensaciones placenteras de forma muy diversa. Algunas de ellas nos liberan endorfinas que son las sustancias propias del “bienestar” en el cerebro. Como ocurre cuando se hacen deportes de riesgo, en las relaciones sexuales, o al conseguir un éxito. Pero esto puede tenernos contentos un rato, un día, una temporada, pero no por ello sentirnos más felices. Para conseguir la felicidad -apunta Harari- “los humanos necesitan desacelerar la búsqueda de sensaciones placenteras, no acelerarla… el segundo proyecto del siglo XXI, garantizar la felicidad global, implicará remodelar al Homo sapiens para que pueda gozar del placer perpetuo”. Bueno, según este autor es una cuestión bioquímica. Creo que por ahí van los tiros de la sociedad del consumo. El otro día estando viendo las noticias, entre las personas que me acompañaban había dos jóvenes de alrededor de 20 años que apenas hacían caso de las crónicas hasta que llegó una: el salón o feria de informática y nuevas tecnología (o algo así) mostraba que ya está casi al alcance que podamos controlar la casa, el coche, el frigorífico, todo mediante datos y computadores que “harán todo”. Esto sí que les interesó. Por lo menos su “sentido” de felicidad está mediatizado por el mundo de los datos y de la red informática que les libere de tiempo y les de seguridad. Pero ¿cómo ocuparán el tiempo? ¿Inmersos en nuevas estructuras kinéticas de datos y más datos?

Según Y.N. Harari la evolución seguirá uno de estos tres caminos: ingeniería biológica, ingeniería ciborg o ingeniería de seres no orgánicos. En cualquiera de esos casos se podría conseguir la inmortalidad o la felicidad pero solo a consta que desaparezca la conciencia. La conciencia no puede ser datificada y por ahora no tiene viso de poder ser algoritmizada

Bertrand Russell cree que es posible la felicidad, y son factores que la favorecen el entusiasmo, el afecto, la familia, el trabajo, los intereses personales, el esfuerzo y la resignación.[7] Esto no tiene especial interés en la ingeniería biológica, ciborg…Pero quizá es porque Russell ha sido un hombre del siglo XX y no del XXI. El tiempo lo dirá.

———————————————————

[1] Yuval Noah Harari. Homo Deus. Breve historia del mañana. Editorial Debate, 2016. En el sentido del planteamiento del “tipo humano” que ha de venir serían incontables los autores que ya hablan o han hablado de esto; entre ellos  nombrar a A. Toffler, E. O Wilson, M. Minsky,  M. Rojo Sierra, P. Muñoz Soler, J. Huxley, M. Houllebecq, E. Laszlo, J.L San Miguel de Pablos, J. León (entre otros muchísimos).

[2] Y.N.Harari en su revisión sobre las muertes por violencia señala cómo mientras que en las sociedades agrícolas la violencia humana originaba el 15 por ciento de todas las muertes, en el siglo XX solo causó el 5 por ciento y en el siglo XXI es solo responsable del uno por ciento de la mortalidad global; mata más la diabetes que la violencia. Pero habría que apostillar que no es lo mismo pasearse y vivir en un país como Islandia o Dinamarca o hacerlo en Colombia o Venezuela. Por no nombrar los países que tienen “situación de conflicto armado o guerra”.

[3] En página 39, pie de página http://clinicaprofesor-rojo.es/images/librohombrecosmico.pdf

[4] Karl Jaspers. Filosofía.Tomo II. Ediciones de la Universidad de Puerto Rico. Revista de Occidente. Madrid, 1959.

[5] El Hombre y la Inmortalidad. Norbert M. Luyten (Orden de los Predicadores, teología católica); Adolphe Portmann (biólogo); Karl. Jaspers (médico y filósofo) y Kark. Barth (teología protestante)

Este libro de Ediciones Troquel, Buenos Aires, 1964, corresponde a 4 conferencias pronunciadas en la radio en Alemania sobre este tema.

[6] John Bury. La Idea del Progreso. Alianza Editorial, Madrid, 1971. Sobre esto ya escribí “Injusticia y progreso. Las tres humanidades” https://juanrojomoreno.wordpress.com/2015/09/25/injusticia-y-progreso-las-tres-humanidades/

[7] Bertrand Russell. La conquista de la Felicidad. Selecciones Austral. Espasa Calpe. S.A, 1978 (primera edición 1930).. Escribí un artículo sobre esto denominado “Felicidad. Filosofía del sentido común” https://juanrojomoreno.wordpress.com/2014/03/22/la-felicidad-filosofia-del-sentido-comun/

Acerca de juanrojomoreno

Profesor Titular de Psiquiatría Universidad de Valencia
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