LA VISCIENCIA Y LA SOCIEDAD KINÉTICA


(la fenomenología del querer)

Juan Rojo Moreno

         En un artículo anterior  introduje el término visciencia tal como lo usó M. Rojo Sierra que considera que una cosa son los conocimientos (que pueden ser reducidos desde la fenomenología a conceptos fríos: son los noemas) y otra cosa son las vivencias de los sentimientos (que Rojo Sierra denomina Timemas) (artículo referído aquí).

Así, cuando veo en el cielo una galaxia, automáticamente tengo el concepto (por la experiencia) de lo que estoy viendo (conocimiento o noema) pero a su vez vivencio la grandiosidad de la visión y lo que supone el espacio interestelar, siendo esta vivencia el timema. Las visciencias, dice Rojo Sierra, son la síntesis del noema y del timema, es  decir, del conocimiento y de la vivencia y por eso las visciencias tienen “fuerza” y conocimiento, siendo el foco de toda iniciativa que transforma al yo pasivo en un yo activo.

Pero ya indiqué que, hasta donde pude conocer, la primera vez que se usó este término fue por Luis Abad Carretero en su libro “Aparición de la visciencia” [1] y he querido conocer qué sentido le dio a este neologismo el autor que lo creó y si coincide o no con el sentido que le da Rojo Sierra.

L. Abad Carretero, discípulo de Ortega y Gasset, desarrolla fundamentalmente tres conceptos que son la estructura de su obra: la visciencia, el instante y el “querer”.[2]

Lo genuino, lo primario, lo que nos impulsa a todo y a cualquier cosa es el querer. Aunque no lo admita Abad Carretero, “el querer” es algo parecido, en el instante, al Elan Vital de Bergson.[3] Antes de todo conocimiento, de que pensemos nada, ni que tengamos conciencia de algo, hay una fuerza y un impulso propio que es el querer. Las personas “queremos”. Nuestro querer es el motor del presente pues para el hombre no hay otra realidad que lo que quiere o no quiere. Y ese querer se manifiesta de manera propia y genuina en el instante (en el acto).

Para nuestro autor no puede haber realidad del pasado ni del futuro pues la única realidad es la del instante y “cuando interviene el pensamiento puede aparecer como real el juicio o razonamiento pero esa realidad si bien surge en virtud de la actualidad no obstante se da por medio de representaciones”. El postulado esencial es que el querer, el desear, es el fenómeno primordial de la psique humana y “una vez que tenemos el deseo interviene [después] el pensamiento y prepara las situaciones futuras diciéndonos in mente cómo lo vamos a hacer, con qué método hemos de lanzarnos a la acción… El querer impulsa nuestro acto, cualquier acto, por ser él quien provoca la iniciativa primordial”.

El instante no se refiere de manera única a un micro rango temporal infinitesimal o sin dimensión sino a que en él se produce el “acto”. Cada instante tendrá la amplitud que requiera la situación vital en que está actuando el sujeto. Se trata de actos realizados en instantes pero no de instantes físicos sino “de instantes que se presencializan pues nunca hemos creído que el instante humano no tuviera dimensión ni contenido ya que en ese instante se realiza un acto que ha de tener sentido. Lo que llamamos instantáneo en el hombre siempre tiene dimensión sin dejar de ser instante”.

Claro que todo esto ha de tener una plataforma de patentización y entonces la visciencia “es la plataforma fundamental de la vida psíquica para realizar una función eminentemente vital y sentidológica… el hombre no puede penetrar en el plano de la inmediatez que se da en el sentido de sus actos “externos” [y] por eso creemos que la visciencia es quien tiene saber y poder suficientes para realizarlos apoyándose en el querer… La visciencia no es más que la depositaria de las funciones básicas del querer en sus relaciones con la vida, con la subconsciencia y la conciencia”.

Ciertamente, el planteamiento de Abad Carretero es fenomenológico pero no coincide con la fenomenología de Husserl que “se apoya en la intuición y en la razón y nosotros lo hacemos en el sentido y en el querer”.

El sentido emana del querer, y es la visciencia la que se pone de inmediato en contacto con la vida (en el instante del acto) produciendo un sentido “esta inmediatez es fundamental, tanto como lo es el sentido y la realidad creada por el querer”.

Su estructura sentidológica es muy análoga a la que realizó Freud mediante el Super-yo, Ego y Ello (Id), claro que eliminando todo el trasfondo psicoanalítico y de la sexualidad o libido. Considera que el núcleo fundamental del sentido de la persona está en el acto que se da en el instante gracias al impulso del querer (nuestra realidad vital nos la da el querer) y donde se desarrolla la visciencia (es el núcleo fundamental de la persona, como el ego resolutivo de Freud, solo que aquí es un fenómeno vivencial, vital). Pero este núcleo de la visciencia, que es la estructura sentidológica, se nutre fundamentalmente del subconsciente (Abad Carretero no explica bien qué es ese subconsciente aunque localiza allí los impulsos vitales más primitivos) del que provienen los que denomina conceptos subvolitivos (correspondería al Ello o Id de Freud) “los deseos desde la subconsciencia se hacen `filtradamente´ presentes en la visciencia”. Esta última también fundamenta y se nutre de la consciencia de donde provendrían los conceptos volitivos. Pero considera que la consciencia se da “a posteriori”, al ser un razonamiento, un juicio (representaciones) que se realizan después del “acto” instantáneo, por lo que tienen más “peso” en la visciencia los conceptos subconscientes subvolitivos: “los hombres no viven empleando la conciencia en su relaciones con personas y cosas porque la instantaneidad de sus actos no permite la formación inmediata de juicios”.

Los actos más importantes para este autor son los “externos”, pues los del pensamiento y todos los “internos” ya están mediatizados por la lógica, juicios y conciencia y no son instantáneos sino posteriores (y la realidad que aporta será una “realidad aplazada”). Mientras que en los externos nos viene dado en sí el sentido, en el mismo acto y será categórico e inmediato (hay simultaneidad entre sujeto y objeto), por el contrario, el sentido que se pueda tener desde la conciencia será mediato (en nota al pie se especifica más sobre los actos externos e internos según este autor, para los interesados).[4]

La visciencia es considerada la facultad del sentido, y aunque haya sentido en los actos de la subconsciencia y de la conciencia, éste será distinto, pues en el primer caso “es íntimo y emocional y en los segundos es prefigurado o postfigurado, en tanto que en la visciencia es un instante social”. La realidad auténtica se da en la visciencia, inmediata vivida por el sujeto en el instante con su querer.

A semejanza del esquema tripartito (Ego, Super-yo y Ello-Id) de Freud, nuestro autor considera que hay tres funciones diferentes: la visciencia, la consciencia y la subconsciencia. La primera nos pone en inmediata relación con la vida y se comunica con la subconsciencia mediante los conceptos subvolitivos, y por su parte los productos elaborados en la conciencia pasan a la visciencia por medio de los conceptos volitivos.

Por ello considera que la visciencia es la plataforma, el puente o estructura de sentido (sentidológico) que:

Por un lado, por los impulsos inconscientes y el captar el sentido del acto, “va hacia la vida, participa de ella”. En la visciencia se recoge de modo instantáneo las inmediatas relaciones del hombre con la vida.

Por otro lado, se dirige a la consciencia, trasladando así “lo vital a lo mental, pues es necesario que los fenómenos vitales adquieran presencia en la vida psíquica”.

Así, pues, entre consciencia y subconsciencia no hay relación sino a través de la visciencia.

El “instante” no participa del tiempo cronológico pues lo importante es el acto que se da en el instante. En el momento que lo relacionemos con pasado o futuro ya entramos en el plano de la consciencia, pero no en el de la visciencia en la que “nuestro vivir es una sucesión de quereres y no una sucesión de segundo o instantes”. Por lo tanto el plano de la visciencia es la puerta de entrada de la conciencia e “impulsa a la consciencia para realizar su función mental”.

En el momento del acto se funden en el presente de la visciencia, el querer con el impulso hacia el futuro (ya que el querer es instantáneo y primario pero no estático).

La filosofía del Instante le lleva a Luis Abad Carretero a hacer asimismo un análisis de la sociedad en los años 70´s que sigue no solo vigente hasta hoy en día sino que se ha acelerado exponencialmente. Dice, nuestro autor, que ha aparecido una nueva cultura que denomina kinética o del movimiento, frente a la cultura más “clásica” que denomina ácrona (personas muy cultas y con elevados conocimientos, creativos, pero a la vez sumergidos, generalmente, en un cierto pasado “fuera del instante”).

Hoy en día no puede haber nadie que viva al margen de la cultura kinética (ni los ácronos). Las fronteras interculturales han desaparecido debido a las mejores disposiciones económicas, acceso a medios de información (y además a todas las telecomunicaciones y redes sociales). De tal manera que ambas culturas en muchos momentos se funden: en la cultura kinética aparecen enlazados Platón y el tendero o el taxista, por lo que ya no es posible que haya cultura ácrona que mire solo al pasado pues “no hay ninguna cultura que pueda desentenderse de la vida y de los tiempos en que los hombres viven”. De esta manera tendemos a una cultura estandarizada y gracias a los medios de comunicación (vulgarizadores, los denomina Abad Carretero) las más novedosas creaciones llegan a ser del dominio público; “la cultura kinética es más divulgadora que creadora ya que en realidad son muy pocos los hombres excelsos, por lo que la mayor parte se dedican a vulgarizar o a hacer refritos de lo hecho por aquellos […] Los que viven preferentemente en la cultura kinética no se presentan provistos de muchos conocimientos sino que lo hacen a través de unos medios que la sociedad les suministra, que les dan hechas a cada instante las relaciones que les ligan a los demás, pudiendo obtener interpretaciones fáciles con el mayor grado de simplicidad”.

La cultura kinética apoyándose en la ácrona, aunque el sujeto medio la posea escasamente, se nutre de las formas que han ido creando los demás hombres para forjar sus propios órganos como son el periódico, cine, radio televisión (y hoy añadimos, redes sociales) que van a ser los interpretativos del “cuerpo social [ya que] la cultura kinética es la de la actualidad, la del presente, en la que se sorprende el vivir inmediato del sujeto”. La cultura kinética es cultura del instante, evita grandes esfuerzos mentales, suministra hechos que ocurren en cualquier punto del planeta y podemos entender su crecimiento exponencial, al decir de Abad Carretero, porque “se acomoda a la visciencia del sujeto, predominando el sentido, no la razón, y en la existencia de este sentido se apoyan los que manejan los resortes de la cultura kinética”.

Aunque los que dirijan los órganos de la cultura kinética tengan una buena formación cultural “han de orientar sus producciones teniendo en cuenta la inmediatez en que los sentidos se producen y la relación que todas las imágenes que lanzan tienen con la imaginación de los espectadores… produciendo emociones, abarcando grandes escenarios, captando el movimiento de los fenómenos de la naturaleza, reuniendo lo emotivo, lo estético y lo kinético”. Esta cultura no es de unos cuantos sino que es de todos y no se ordena por la idea sino por la emoción y el sentimiento.

Sí, ciertamente, estas ideas las publicó nuestro autor en 1963 (cuando no solo no existía internet ni redes sociales, sino que ni siquiera habían teléfonos móviles) y podemos comprobar que actualmente se han hipertrofiado o acelerado hasta un punto que en aquel tiempo sería inimaginable.

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Luis Abad Carretero trabajó en telégrafos, estudió Filosofía y Derecho, ejerció de maestro en Ceuta y luego (lamentablemente) por cuestiones políticas tuvo que salir de España, dedicándose bien a la pintura o a dar clases de español, inglés y matemáticas. Escribió varios libros de filosofía. Para poder expresar sus ideas desarrolló diversos neologismos como el que nos ha interesado de visciencia (también viscepción, viscebir y visceptos).

El concepto de visciencia no se corresponde con el término que luego usó M. Rojo Sierra y si bien no tenemos constancia que este último leyera en ningún momento a L. Abad Carretero no obstante puede que conociera el término a partir del Diccionario de Filosofía de Ferrater Mora. Ahora gracias a Internet podemos encontrar y comprar libros de muy diversos lugares, pero hace relativamente pocos años esto no era posible.

Me ha llamado la atención el enorme desconocimiento que hay sobre este autor y de sus contribuciones desde la fenomenología. Seguro que antes o después revalorizaremos las aportaciones que hizo Luis Abad Carretero, cuando el mundo del pensamiento y el paradigma de la comprensión total científica abarquen nuevas penetraciones desde el sentido de las captaciones de la vida. Pero, quizá, aún tenemos que darle una vez más la razón a Laín Entralgo cuando dijo que “escribir en España al margen de la pura literatura sigue siendo algo así como vivir en el fondo de un pozo”. [5]

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[1] Luis Abad Carretero. Aparición de la visciencia. Herrero Hermanos, sucesores, S. A, México, 1963, va a ser nuestra obra cifra de referencia.

[2] La palabra visciencia, señala Abad Carretero, proviene del latín “sciencia” que significa conocimiento y del vocablo “vis” que quiere decir fuerza: Por lo tanto significa “fuerza y conocimiento” o sea, vigor para captar, para apoderarse de las situaciones vitales por medio del sentido. Participa del impulso y al mismo tiempo del sentido. “De este modo la palabra ‘visciencia’ participaría de impulso y al propio tiempo de sentido. Es una expresión correlativa al concepto volitivo” (Vida y sentido, 1960, pág. 270). Esta palabra se encuentra en el Diccionario de Filosofía de José Ferrater Mora (pág. 912-913) http://www.mercaba.org/Filosofia/FERRATER/Jos%C3%A9%20Ferrater%20Mora%20-%20Diccionario%20Filos%C3%B3fico%20V.pdf

[3] El autor de referencia da sus explicaciones de por qué su filosofía es diferente a la de Bergson, como por ejemplo “no partimos de la memoria y del espíritu, sino del acto mismo, del instante”. A pesar de ello no hay grandes diferencias (sino solo interpretativas) entre el concepto del “querer” como la fuerza impulsora, potencia que impele al sujeto al sentido del instante en el acto y el Elan Vital de Bergson, y así en un momento determinado ha de decir “claro es que el querer parece quedar como si fuera un impulso misterioso sin apoyo en nada, que el sujeto saca de sí mismo sin saber de dónde ni cómo”.

[4] En los actos externos no hay distancia entre el sujeto y el objeto porque el sujeto crea el objeto con su querer en el instante pues reacciona siempre de modo inmediato. Pero en los actos internos, los de la consciencia, ya el sujeto no ve las situaciones vitales inmediatas, ni su querer, sino las mediatas y su pensamiento, o sea que el objeto aparece ante el sujeto en virtud del recuerdo y no de la imagen. Por lo tanto en la consciencia el sujeto opera con objetos representados de actos en los que antes intervino, de modo es que en ellos la distancia es “larga y representada” y en la visciencia “corta, concreta y vivida”.

[5] En su libro Cuerpo y Alma  http://www.iberlibro.com/Cuerpo-alma-Estructura-din%C3%A1mica-Humano-LA%C3%8DN/1223717622/bd

Acerca de juanrojomoreno

Profesor Titular de Psiquiatría Universidad de Valencia
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Una respuesta a LA VISCIENCIA Y LA SOCIEDAD KINÉTICA

  1. arthur dijo:

    Magnífico. Le felicito. La fenomenología del querer es poco conocida y el matiz entre vivencia y visciencia muy interesante. Quizá el complejo fenomenológico quedase algo diluido por su semejanza al la estructura freudiana y en la época en que se realize que estaba muy en auge la fenomenología de Husserl.

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