LAS NEUROCIENCIAS


(Herencia-Ambiente)

Juan Rojo Moreno

         He estado este mes de Septiembre en el 29º Congreso Internacional del European College of Neuropsychopharmacology (ECNP) en Viena titulado “For The Science and Treatment of Disorders of the Brain” y una vez más, como es habitual en los congresos de nuestra especialidad, se vivencia la vitalidad que tiene tanto la psiquiatría como en conjunto las neurociencias. Cuando uno está allí llama la atención el recuerdo que tenemos los docentes de psiquiatría acerca de que nuestra especialidad pueda ser considerada por los estudiantes de Medicina como menos “biológica o material” que otras ramas solo por el hecho que en éstas últimas tienen al alcance más pruebas de “evidencia” que aporta una primera impresión técnica-científica más llamativa y sugerente.

Pero en este congreso la tónica de los diversos simposios era del tipo “biomarcadores en la respuesta al tratamiento antidepresivos, biomarcadores en el trastorno bipolar, o epigenética y eficacia de los antidepresivos o activación de la microglia en la esquizofrenia con tratamiento con minociclina”, por poner unos ejemplos.

Evidentemente, también habían sesiones con temas clínicos y novedades terapéuticas: especialmente me interesó la estimulación cerebral profunda en pacientes con Trastorno obsesivo-compulsivo y un simposio sobre estrés y homeostasis.

Pero la intención de este artículo no es repasar los distintos aspectos que se presentaron en este Congreso y que de una u otra forma son equivalentes a los que se presentan en congresos de psiquiatría, sino valorar donde está situado el “mundo” de la neurociencia.

Y para ello quiero utilizar como referencia una sesión a la que acudí con especial interés y entusiasmo: su título fue “El papel del estrés y de los acontecimientos vitales adversos en la enfermedad depresiva y ansiosa”, impartida por la Dra. Elizabeth Binder, Directora y Miembro científico de Psiquiatría del Instituto Max Planck (Múnich)[1].

Me interesó especialmente pues se ha escrito tanto y tanto sobre acontecimientos vitales y ansiedad / depresión que siendo una conferencia o Sesión Plenaria estaba intrigado sobre que nuevas aportaciones ofrecía sobre este tema. Sin por supuesto hacer el más mínimo juicio de valor sobre la extraordinaria presentación de la Dra. Binder sí que he de señalar algunos aspectos interesantes. El esfuerzo que se está haciendo para conocer cómo un acontecimiento vital significativo adverso (divorcio de los padres, malos tratos infantiles, separación maternal, etc.) interviene a nivel celular y genómico produciendo un posible aumento de riesgo de enfermedad psíquica a partir de metilaciones génicas o actuando sobre células progenitoras (neurogénesis) del hipocampo.

Y la Dra. Binder nos muestra que los SNPs (Single Nucleotide Polymorphism), los Polimorfismos de nucleótido único, [2] son la primera respuesta gnómica transcriptiva al estrés.

Los SNP constituyen hasta el 90% de todas las variaciones genómicas humanas y estas variaciones en la secuencia del ADN pueden afectar a la respuesta de los individuos a enfermedades, bacterias, virus, productos químicos, fármacos, etc. Una de estas variaciones debe darse al menos en un 1% de la población para ser considerada como un SNP. Si no se llega al 1% no se considera SNP y sí una mutación puntual.

Ciertos SNP en las regiones no codificantes de algunos genes correlacionan con un aumento en la probabilidad de desarrollar cáncer. Los SNP se consideran una forma de mutación puntual que ha sido lo suficientemente exitosa evolutivamente para fijarse en una parte significativa de la población de una especie y existen marcadores SNP que detectan el cambio de ese único nucleótido.

Para el estudio de enfermedades complejas se pueden estudiar los polimorfismos de un sólo nucleótido. En muchos casos no se parte de la hipótesis de que la enfermedad sea heredable sino de la pregunta de si en la población en general existe una asociación positiva (o lo que es lo mismo, una predisposición) o, por el contrario, una asociación negativa (protección) de determinado haplotipo con la enfermedad.[3]

Hasta ahora, pues, parece ser que algunas mutaciones que se dan de forma continuada en una población pueden favorecer una enfermedad. Esto nos lleva a las interesantes preguntas: ¿el aumento de depresiones y ansiedad en el último siglo ha sido debido solo a las modificaciones del sistema de vida? ¿O estas modificaciones de nuestra sociedad han favorecido una mutación que nos hace también padecer más enfermedades depresivas y ansiosas? Por algo se dice que estamos en el siglo “de la depresión”, del estrés, de la ansiedad. O como dice el Dr. doctor José Luis Cidón: “la depresión es la gran pandemia del siglo XXI” o cuando se refiere el Dr. David Puchol de la Universidad de Valencia (España) a los “Trastornos de Ansiedad como la verdadera epidemia silenciosa del siglo XXI: los Trastornos de Ansiedad son considerados, en la actualidad, como los trastornos mentales más comunes en los Estados Unidos. En algún momento de sus vidas se prevé que cerca del 25% de la población experimentará algún tipo de Trastorno de Ansiedad”. [4]

Existen bases de datos bioinformáticas de SNPs al igual que la hay de genes o proteínas. Una de ellas es EGP (del inglés, Environmental Genome Project): esta base de datos contiene SNPs que se saben relacionados con la interacción con estímulos ambientales.[5]

Hasta aquí todo muy bien, pues al parecer podríamos llegar a detectar si los diferentes acontecimientos vitales estresantes adversos que hemos tenido en nuestra vida han puesto en marcha un SNP que traducido en un riesgo poligénico luego tendríamos en mayor riesgo de enfermedad psíquica, por ejemplo mayor riesgo y vulnerabilidad para padecer un Trastorno de Ansiedad o una enfermedad depresiva.

Hasta aquí ha sido una perspectiva muy interesante de la investigación realizada. No obstante todo se empieza a complicar más y más.

Aparece el gen FKBP5.

Los estudios genéticos han identificado un papel para FKBP5 en el Trastorno por Estrés Postraumático, la Depresión y la Ansiedad. Por ejemplo,  se ha encontrado que los Polimorfismos de un Solo Nucleótido  (SNPs) en FKBP5 que interactúan en casos de trauma infantil podrían predecir la gravedad en los adultos del Trastorno por estrés postraumático (TEPT).  Estos hallazgos sugieren que los individuos con estos SNPs que padecen abusos en la infancia son más susceptibles al TEPT cuando sean adultos.  El gen FKBP5  se ha relacionado de forma estadística también con una mayor tasa de trastornos depresivos.

Pero aún a día de hoy, como señalan T. Klengel (y colaboradores)[6]: Aunque el hecho de que la predisposición genética y la exposición ambiental interactúan para determinar el desarrollo y función del cerebro humano, en última instancia aún no se han elucidado los mecanismos moleculares correspondientes para el riesgo de trastornos psiquiátricos,  aunque una desmetilación relacionada con el gen “del estrés” FKBP5  se relacionó con aumento de la transcripción del gen seguido por una desregulación a largo plazo del sistema de la hormona del estrés (glucocorticoides) y un efecto global sobre la función de las células inmunes y las áreas del cerebro asociadas con la regulación del estrés.

Y, casi para terminar, ¿todo esto tiene algo que ver con la Resiliencia?

La Resiliencia es la capacidad que tiene una persona para superar circunstancias traumáticas como la muerte de un ser querido, un accidente, etc. Es un término que se toma de la resistencia de los materiales que se doblan sin romperse para recuperar la situación o forma original (y en este sentido es un término opuesto al de estrés que también proviene de la metalurgia y hace referencia al agotamiento o desgaste de los materiales perdiendo su capacidad de adaptabilidad).

Porque la Resiliencia significa una combinación de factores que permiten a un niño, a un ser humano, afrontar y superar los problemas y adversidades de la vida, y construir sobre ellos (Suárez Ojeda 1995), y por lo tanto la capacidad que tiene un individuo de generar factores biológicos, psicológicos y sociales para resistir, adaptarse y fortalecerse, ante un medio de riesgo, generando éxito individual, social y moral (Oscar Chapital C. 2011). Porque “clínicamente se hace una diferenciación neurobiológica entre las personalidades no-resilientes y las pro-resilientes en situaciones de estrés postraumático. En los sujetos no-resilientes o poco resilientes se observan fenómenos llamados de alta “call memory”. Call Memory se define por la frecuencia e intensidad en que se reactiva en la memoria consciente el momento traumático o altamente distresor. Desde la perspectiva clínica, tales reminiscencias traumáticas se pueden presentar como flash-backs o como pensamientos intrusivos, siempre de modo compulsivo. La investigación neurológica ha demostrado que tales evocaciones del trauma se generan con activaciones autónomas de diversas partes del cerebro, en especial las de la memoria y las de vigilancia, es decir, regiones del cerebro tales como los núcleos de la amígdala, el hipocampo, y luego el neocórtex.”.[7]

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Al final de la conferencia de la Dra. Binder lógicamente se confrontaba:

Riesgo poligénico –/– Ambiente

Riesgo –/– Resiliencia

 Se acabó la conferencia y no hubo preguntas. Quizá todo quedó claro para todo el mundo o quizá todos los asistentes se fueron a reflexionar.

Al fin y al cabo, aunque cada vez más sofisticadamente, seguimos basándonos y desarrollando el clásico esquema de Luxemburger que hizo una gráfica de ordenadas y abscisas poniendo en una la Herencia y en la otra el Ambiente, tal como vemos abajo. Ambos aspectos son sinérgicos.[8]

luxemburger-ambiente-herencia

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[1] Dra. Elizabeth Binder: https://www.mpg.de/7453162/psychiatrie_wissM2

[2] Un polimorfismo de un solo nucleótido o SNP es una variación en la secuencia de ADN que afecta a una sola base (adenina (A), timina (T), citosina (C) o guanina (G)) de una secuencia del genoma.

[3] Un haplotipo, en genética, es una combinación de alelos de diferentes loci de un cromosoma que son transmitidos juntos.

[4] Puchol, D. (2003, 29 de septiembre). Los trastornos de ansiedad: la epidemia silenciosa del siglo XXI. Revista Psicología Cientifica.com, 5(3). Disponible en: http://www.psicologiacientifica.com/trastornos-de-ansiedad-epidemia

[5] Muchos de estos datos sobre SNP provienen de https://es.wikipedia.org/wiki/Polimorfismo_de_nucle%C3%B3tido_%C3%BAnico

[6] T. Klengel, D. Mehta, Ch. Anacker (et al.)  . Allele-specific FKBP5 DNA demethylation mediates gene–childhood trauma interactions. Nature Neuroscience  16, 33–41 (2013) http://www.nature.com/neuro/journal/v16/n1/full/nn.3275.html or http://f1000.com/prime/717970140

[7] Resiliencia: https://es.wikipedia.org/wiki/Resiliencia_(psicolog%C3%ADa)

[8] Como señala Enrique Baca Baldomero (2008): La llamada psiquiatría biológica fue ganando puestos impulsada por el avance espectacular de los conocimientos en neurociencia. La psiquiatría llegó a parecer, en algún momento y en algunos autores, como una especie de actividad provisional que sería englobada en el campo más concreto y amplio de la neurociencia, a medida que los conocimientos fuesen progresando. Sin embargo ha sido precisamente la investigación genómica y los estudios de la función y las propiedades de los genes lo que ha proporcionado una base científica para entender la interacción entre ambiente y genética, que ofrece la posibilitad de superar la dicotomía operativa en la que se ha movido hasta ahora la medicina (y la psiquiatría). La descripción de los mecanismos a través de los cuales las influencias ambientales modifican la expresión génica convierte al ambiente en una causa eficiente que determina el funcionamiento actual del sistema nervioso central y también el desarrollo y modificación de las funciones cerebrales y, en un paso más, el desarrollo y modificación de las estructuras estables (El ser humano y la enfermedad mental. Revista  Eidon, 27:11-17. http://www.revistaeidon.es/numeros_anteriores/eidon_27.pdf )

Acerca de juanrojomoreno

Profesor Titular de Psiquiatría Universidad de Valencia
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