ECONOMÍA BUENA O ECONOMÍA MALA


(Economía Emocional, Inteligencia Emocional y Visciencias)

Juan Rojo Moreno

¿Es la economía es buena o es mala? Ciertamente, es difícil responder a esto de manera determinante pues la economía tiene muchas definiciones, como son las denominadas objetivas (clásica o marxista), la subjetiva o marginalista, la sistémica, etc. Y además hay muchos tipos de economía: micro y macro, normativa, positiva, ortodoxa y heterodoxa, etc.

El origen etimológico de la palabra economía proviene, en última instancia, del griego oikos = casa, y nomos = ley o administración. Y en definitiva nos permite una interpretación básica como una “gestión de recursos” (que es al fin y al cabo lo que se hace cuando se establece una norma que permita el funcionamiento de una casa). La Real Academia Española define, en su primera acepción, Economía como “la administración eficaz y razonable de los bienes”.

Por esto, Ivan Thompson señala que, en síntesis, la definición de economía describe a ésta última desde dos puntos de vista:

  1. a) La recta y prudente administración de los recursos escasos de una sociedad, familia o individuo, con la finalidad de satisfacer sus necesidades en lo material.
  2. b) El estudio de la manera o el modo en que las sociedades gestionan la transformación de los recursos naturales en productos y servicios finales que son distribuidos y/o usados por los individuos que conforman la sociedad. Además, la economía explica cómo los individuos y organizaciones logran sus ingresos y cómo los invierten.[1]

Pero si miramos más profundamente  y nos salimos del conocimiento especializado de esta materia, cada uno de nosotros vivenciamos el tiempo que pasamos en nuestra vida -es el tiempo vivido o vivenciado- que no es lo mismo que el tiempo del reloj, y en ese tiempo, en el día a día de cada persona, tenemos una vivencia de nuestra propia administración de recursos ya sean emocionales, efectivos y evidentemente económicos. De aquí que, en definitiva, cuando hablamos de economía estamos hablando de la administración o gestión de recursos personales humanos y ese es en profundidad su verdadero origen etimológico.

En el sentido último que hemos dado, y permitiéndonos una  interpretación amplia como “gestión de recursos humanos”, vamos a establecer tres líneas diferentes para estimar la bondad o maldad de la economía y al final valorar las confluencias de las mismas.

1.-La economía emocional. Si entramos en internet y buscamos  los términos de Economía Emocional o Economía de las Emociones aparecen 2.460.000 resultados que da la idea de que hoy en día no solo es importante la gestión del dinero sino también la buena gestión de los recursos emocionales. La llamada neuroeconomía no solo hace referencia a cómo nos gastamos el dinero o cómo y porqué ahorramos sino a las actitudes que tomamos en la vida y a decisiones que tienen que ver con nuestras motivaciones, adaptaciones y relaciones sociales. Como ejemplo, señala Santiago Arango Sarmiento en “7 tendencias que están redefiniendo el futuro del Branding”: el factor emocional de los consumidores se transforma en el principal medio para generar relaciones duraderas y estables. El objetivo a alcanzar, más allá de emociones reconocidas como felicidad, alegría, o incluso afecto, es la confianza que las compañías puedan inspirar en sus usuarios.[2]

Todo esto ha llevado a un sinnúmero de artículos, libros y otras referencias para gestionar las emociones en la vida, en la relación familiar, con los hijos, con el trabajo, con el rendimiento y hasta con la felicidad; “la transferencia de las emociones es la base de la relación interpersonal” se dice en otra presentación y así mismo se dan cursos y consejos para gestionar  el “banco emocional” en relación con la educación de tus hijos.

2-La Inteligencia emocional y la gestión del yo al nosotros

La inteligencia emocional es la base fundamental de la denominada inteligencia interpersonal.

Parafraseando a Jaques Maritain,[3] es imprescindible una educación en valores emocionales. La educación ha de tener por tarea esencial formar a la persona; pero esta formación que escapa tanto al maestro como al discípulo, reside en lo que él denomina “principio vital interior” (en donde más puramente se manifiesta el estrato emocional). Olvidar esta dimensión  esencial significa reducir el aprendizaje a una mecánica sin significado humano, al servicio del rendimiento.[4]

Al igual que el concepto de energía no es fácil de definir, pero sí sus manifestaciones (energía magnética, eléctrica, calórica, etc.), la Inteligencia Emocional no tiene fácil definición: vemos sus manifestaciones creativas en el desarrollo de cada persona, en sus relaciones interpersonales, en sus actitudes, valores y sobre todo en como evoluciona en cada sujeto a lo largo de su biohistoria la capacidad de expresión y empatización no solo con los otros humanos sino con el reino animal y con la naturaleza en general. Es evidente que cuando nos encontramos con un sujeto psicópata frío que ha realizado alguna matanza no solo entendemos que puede tener emociones, pero también entendemos que no ha evolucionado mucho (o nada) su germen intelectual emocional. Aunque pueda ser más o menos expresivo con sus personas cercanas, no obstante, carece de la más mínima posibilidad de intuir siquiera qué es la trascendencia emocional. Porque en estos casos “monstruosos” que también tienen autoconciencia, conciencia reflexiva, y pueden sentir vivamente, en algunos casos, el arte o la música… no obstante en ellos la inteligencia emocional no se ha desarrollado o si lo ha hecho ha sido infectada: en vez de  manifestarse  y leer el mundo como una ordenación axiológica nostral (en la que el otro tiene los mismos valores humanos que tú mismo), su manifestación emocional contaminada hace una ordenación axiológica (valores) por capacidades o por conceptos y a lo mucho por emociones puramente instintivas básicas (atrofiadas) (pueden llegar a sentir cierto “amor” o pasión por alguien). Pero el “otro” como ser humano con valores iguales  a los suyos no existe, porque la otredad exige no solo conceptos sino empatía y ésta está basada en la estructura del desarrollo emocional

Por el contario quien desarrolla una buena inteligencia emocional va a acercarse a una buena gestión vital, a una buena economía global pues se ha abierto a la fuerza que desde la autoconciencia le promueve como realidad el mundo emocional, como necesario para su existencia y por lo tanto le promueve a una nueva manera de entender la realidad. Porque trascender emocionalmente es “indagar más allá” de lo que conocemos y sirve para el explorador, el artista, el científico, el taxista, el bombero y para cualquier ser humano que desarrolle su inteligencia emocional y…no solo, pues, para la religión. La inteligencia emocional nos faculta, nos da la posibilidad de elaborar una nueva y más humana cosmovisión. Cosmovisión que va a ser más unitiva y por lo tanto capaz de gestionar mejor los recursos humanos.

Y la gestión de recursos humanos se basa fundamentalmente en que nos preguntemos lo mejor para la nostredad y el mejor proyecto para  la común universalidad.

Esto no solo exige pensamiento y reflexión sino pura autoconciencia e inteligencia emocional captadora de la otredad, pues  “vivir humanamente –escribe Pedro Laín Entralgo- es proyectar y preguntar; quien proyecta pregunta, y quien pregunta, proyecta. La pregunta es la expresión racional del proyecto; el proyecto es el fundamento vital o existencial de la pregunta”.

3- ¿La trampa del progreso humano? O ¿la salvación en el progreso humano?

El progreso humano ha permitido un crecimiento exponencial de la población y que hasta ahora los recursos consigan, en parte, satisfacer las demandas básicas, pero la idea de progreso como un desarrollo infinito que suceda también en las generaciones siguientes es una utopía “fantasiosa”. Primero, y ante todo, porque no somos capaces de definir bien qué es “el progreso”. Ya anteriormente en un artículo comenté esto hablando sobre “injusticia y progreso” (aquí). Y, en segundo lugar, porque se hace inimaginable un progreso continuado sin fin en un “mundo feliz” dadas las características del ser humano, tan inconformista como es, tal como se ha manifestado en los ultimos 40.000 años (y  también antes). La economía como gestión del progreso humano hasta ahora más nos lleva a la destrucción de la humanidad y del planeta que a la felicidad universal.

——–

         Para entender la bondad o maldad de la economía tenemos que entender qué es una visciencia.[5]  M. Rojo Sierra considera que una cosa son los conocimientos (que pueden ser reducidos a conceptos fríos denominándose noemas desde fenomenología) y otra cosa son las vivencias de los sentimientos (que Rojo Sierra denomina Timemas). Así cuando veo en el cielo una galaxia, automáticamente tengo el concepto (por la experiencia) de lo que estoy viendo (conocimiento o noema) pero a su vez vivencio la grandiosidad de la visión y lo que supone el espacio interestelar, siendo esta vivencia el timema. Las visciencias, dice Rojo Sierra, es la síntesis del noema y del timema, es  decir del conocimiento y de la vivencia y por eso las visciencias tienen “fuerza” y conocimiento. La visciencia es el foco de toda iniciativa que transforma al yo pasivo en un yo activo, es el vigor para captar, para apoderarse de las situaciones vitales por medio del sentido, participando del impulso y al mismo tiempo del significado.

No es posible una armónica gestión de los recursos humanos si no participamos a la vez de los conocimientos y del sentido. Entendiendo que las palabras sentido (tomar una dirección reflexionada) y significado (relación de la parte con el todo) no solo pueden ser pensadas o vivenciadas, sino que en la visciencia se unen creando una nueva fuerza gestora, económica. El progreso humano ha conseguido afianzar la ilusión por el conocimiento pero ha desmantelado el desarrollo emocional, el desarrollo de la inteligencia emocional. Como señalaba el Abbé de Sant Pierre nuestros sabios mediocres saben veinte veces más que Sócrates y Confucio, pero nuestros hombres más virtuosos no son más virtuosos que ellos.

¿Economía buena o mala?

 Mientras no tenga la economía fuerza humana y conocimiento, es decir mientras no sea una economía viscienciada, no será más que gestión. ¿Dónde encontramos hoy una población satisfecha con la gestión que sea útil para toda la humanidad? No, desde luego, en los países subdesarrollados, y por lo que vemos en los desarrollados con un más elevado índice de desarrollo humano (6)  y que fueron definidos por Kofi Annan como aquellos “que proveen a sus habitantes una vida libre y saludable en un ambiente seguro” tampoco hay muy buena satisfacción no siendo buenos gestores de visciencias humanas, si no véase los movimientos sociales “significativos” que se dan en países que están entre los primeros de los desarrollados como son Austria, Reino Unido, Francia, España o el  “efecto trump”  en EEUU.

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[1] http://www.promonegocios.net/economia/definicion-economia.html

[2] http://www.youngmarketing.co/7-tendencias-que-estan-redefiniendo-el-futuro-del-branding/

[3] Jaques Maritain. Para una Filosofía de la Educación, 1947

[4] Jaques Maritain se está refiriendo a la Inteligencia Espiritual, pero le estamos parafraseando. https://es.scribd.com/doc/29087950/Jacques-Maritain

[5] Aunque el primer autor que tengo referencia de este concepto es Luis Abad Carretero en su obra Aparición de la visciencia (1963) relacionada con la filosofía del instante, pero utilizo el concepto que le da M. Rojo Sierra.

(6) https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%8Dndice_de_desarrollo_humano

Acerca de juanrojomoreno

Profesor Titular de Psiquiatría Universidad de Valencia
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Una respuesta a ECONOMÍA BUENA O ECONOMÍA MALA

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