PERSONA, CARÁCTER, DESTINO


Juan Rojo Moreno

         Cayó en mis manos este interesante libro de Max Pulver titulado como este artículo. Max Pulver (Suiza 1889-1952) fue uno de los grandes genios de la grafología moderna simbólica teniendo formación multidisciplinar: psicología, poesía, drama, filosofía y narración. [1]

El planteamiento de Max Pulver  nos lleva directamente a tres cuestiones.

1- Todos hemos notado que cada persona desde que nace tiene unos rasgos de personalidad específicos. En una familia hay tres hermanos y ninguno tiene el mismo “carácter”. Lo que Max Pulver denomina carácter hoy lo denominaríamos “rasgos del temperamento” y para no confundirnos utilizaré este concepto en vez del de Carácter que utiliza Max Pulver. La primera idea fundamental de este autor es que estos rasgos de temperamento heredados son una “marca” que nos va a condicionar nuestra tendencia futura en elecciones y prioridades y, por lo tanto, en cierto modo nos va a condicionar el destino.

2- Un segundo aspecto fundamental es el de “persona”. No somos solo nuestro temperamento que modelándose a lo largo de las distintas etapas de nuestra vida junto al ambiente forman nuestro carácter (temperamento-ambiente) sino que tomamos posición ante nosotros mismos, ante la vida, y desarrollamos una actitud y una postura vital, de forma que maduramos siendo “personas” .

3- El destino en sus rasgos fundamentales ya viene prefijado, solo lo podemos modelar si somos auténticos con el desarrollo de nuestro temperamento.

Para nuestro autor de referencia hay una ley que quisiéramos negar llamándola casualidad, otras veces destino o providencia. De esa ley “el hombre solo puede barruntar su eficacia pero no su realidad o incluso comprenderla”; “el destino nos tiene a todos nosotros, lo queramos o no, lo sepamos o no, queramos o no darnos cuenta de ello. Se puede uno refugiar en la ciencia, en la religión o en la estupidez, pero por eso su zarpazo no será más leve”.

Goethe ya habló de la “forma acuñada” refiriéndose a algo moldeado, estructurado que, según el sentido que estamos desarrollando, ya antes del nacimiento tenemos y “determina más que todo lo demás el destino del hombre”. “La ley del destino” se dirige inexorablemente al tirano y al mendigo, a la doncella, a la matrona y al niño y precisamente su inexorabilidad tranquiliza y su imparcialidad consecuente le da algo así como belleza. Allí hay un mismo derecho para todos: es el destino humano y en ello hay un consuelo para el ánimo. Pero al mismo tiempo como formuló Jacobo Burckhardt (historiador Suizo 1818-1897) y sigue siendo válido hoy, quizá aun con más firmeza,  el hombre se ha convertido en un hombre de preocupaciones, agarrado convulsivamente a los hechos y a lo pragmático. Ya no cree en los mitos pero si en las circunstancias (y en las noticias).

Hoy más que nunca Ortega está vigente con su famoso “yo soy yo y mis circunstancias”. Y el “yo” circunstancial se lo aplican los individuos, las comunidades, los estados, y los conjuntos de naciones. Todos tienen sus “circunstancias” que son, lógicamente, más valoradas que las circunstancias de los demás. El problema está en que ahora los “Yoes” no son solo personas, sino entidades y cada vez hay más grupos diferentes que constituyen en conjunto diversos yoes y sus circunstancias, ahora todos interconectados y noticiados por las comunicaciones mundiales.

Y por esto la frase de Goethe “forma acuñada” se aplica a diversas instancias: a crónicas de ideas, derecho tributario, al idioma español  a la “química sagrada”, etcétera (3.600 entradas en google) y H. Heller la aplicó de manera creativa al contexto jurídico: «la Constitución es forma acuñada que se desarrolla viva»

Pero las circunstancias generales nunca dan un sentido que satisfaga al hombre. El ser humano es el único ser de la tierra que para crecer como tal necesita un sentido y necesita que las circunstancias generales sintonicen con las suyas personales para que el sentido social sea vivenciado como propio. Porque cada uno necesita, al fin y al cabo, un sentido individual, personal. Si los acontecimientos que ocurren no intervienen en mi sentido entonces son hechos; si intervienen son parte de mi destino. La suerte o infortunio solemos sintonizarla como una casualidad personal y por lo tanto propia del destino. Hace unos días  veía las noticias de los atentados terroristas en Bruselas y una de las personas heridas refería que también había estado en el atentado del maratón de Nueva York. La “suerte” le había acompañado. También lo podemos valorar como que el destino había supuesto que estuviera en peligro dos veces. Y ¿han influido sus rasgos temperamentales para que haya tenido una cierta actitud en la vida y decisiones que le hayan llevado a estar en esas dos circunstancias de atentados?

La idea que proviene de Max Pulver es que el destino está unido a las situaciones y también al porqué estamos en esas situaciones y eso tiene que ver con el temperamento que nos ha facilitado la herencia y que nos ha tendenciado a esas situaciones a lo largo de la vida pues hemos evolucionado eligiendo dentro del rango de nuestras posibilidades. Poniendo un ejemplo: un joven que desde muy pequeño tenga facilidad para las matemáticas ¿elegirá y tomará decisiones en relación a su facilidad o lo hará en campos que le son mucho más dificultosos? Tendrá un amplio abanico de posibilidades de elección pero posiblemente más las favorecidas por su tendencia temperamental.

Pero a lo largo de la vida cada uno vamos formando nuestra propia individualidad y por esto dice Max Pulver “la persona supone aquello que se desvía de lo típico-específico y no tiene los rasgos típicos generales”, y por esto cada uno de nosotros nos sentimos “uno” diferente a los demás. Si bien el temperamento se hereda y es innato como valor, estos rasgos se pueden disciplinar y llegar a controlar, hasta cierto punto, aunque debajo siguen viviendo. A pesar de un alto grado de inteligencia un hombre puede seguir estando entregado a sus impulsos pues la inteligencia no garantiza una influencia eficaz sobre los factores temperamentales

El desarrollo auténtico, teniendo en cuenta el temperamento, es la Persona. Para esto es necesaria la autodeterminación, el verdadero autocontacto. La Persona no elige sus disposiciones hereditarias ni tampoco la estructura de su ambiente, pero ha de hacerse cargo de ellas. Ha de adoptar una actitud frente a su temperamento y a su destino, y aunque “por su actitud no puede suprimir sencillamente ambas cosas”, no obstante, puede aprender a utilizar sus propias fuerzas para reformar el modo de acción temperamental por medio de la Persona (lo personal) mediante lo que se denomina elaboración. Indica Max Pulver que el proceso de elaboración no puede ser consciente “lo que ha de elaborarse tiene que empezar por perderlo uno de vista, tiene que ser sometido a procesos largos y pacientes, procesos de asimilación comparables a una digestión interna. Elaborar es apropiarse. Solo así se convierte uno en aquello que ha comido”.

Max Pulver estuvo muy influido por la Psicología de C. Gustav Jung (al cual le remitió uno de sus libros) y por lo tanto imbuido en conocer la parte “oscura” de nosotros mismos, el inconsciente personal (la Sombra junguiana), y el Inconsciente Colectivo. Para Max Pulver en la escritura no solo se manifiestan los impulsos individuales sino también los colectivos pues todos nosotros desde la unidad formamos parte de la colectividad.[2] Por esta influencia no es de extrañar que frente a la fuerza natural de los impulsos no baste con adiestrar el entendimiento: la luz no logra nada sobre las tinieblas si no baja hasta ellas y reúne el valor de empezar por dejarse tragar por las tinieblas (vemos aquí la influencia de los pasos del proceso de individuación junguiano). Tener Persona quiere decir tener valor: la Persona es un riesgo.

El instinto de autoformación de nuestra persona, que esencialmente es su autoevolución, no puede crearse de la nada pero si fortalecerse a sí misma para transformar lo existente, lo que nos ha sido dado. Pulver sigue señalando que si bien me transformo en Persona si encuentro el valor para llegar a mí (siendo el acontecimiento “mi mismo” el decisivo), no obstante, cómo me hago persona y en qué clase de persona me convierto eso no lo elijo yo libremente en ningún momento. Solo aparentemente elijo mi camino pues está ya prediseñado por mí ser fundamental y sería una ambición falsa, que me apartaría de la autorrealización, seguir un supuesto mejor camino si éste se desarrolla sin permanecer fiel a mi propia tendencia.

Realmente hace falta valor para la autogeneración pues significa aceptar lo preestablecido como mi propio impulso primario, como mi decisión original. Y los rasgos típicos, tal como están en el bosquejo de mi germen personal, no tienen obligatoriamente por qué ser lo mejor ni lo más bello ni lo más brillante, pero son mi auténtica referencia.

Así, por ejemplo, avanza la Persona cuando asume su tendencia “obsesiva” o repetitiva y la transforma en tozudez positiva o en constancia creativa. No puede hacerlo solo con saberlo; esto puede ser solo una etapa, pero luego el tiempo de su autoconocimiento es el que tiene que asumir su rasgo y conseguir transformarlo.

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Max Pulver nos introduce de lleno en la compleja temática de la libertad y del desarrollo personal. El famoso libre albedrío. Desde la filosofía y también desde la neurobiología nos dicen unos y otros autores que no somos tan libre como creemos y nos autoafirmamos.

Nuestro autor de referencia, influenciado por C. G Jung, plantea que los rasgos temperamentales ya nos encasillan en ciertas circunstancias, favoreciéndonos ciertas decisiones y dificultándonos otras. Esto se ha visto incluso al estudiar la influencia  de la crianza en la enfermedad mental. Así, por ejemplo, si un  niño es introvertido originará un modelo de relación de los padres característico hacia el niño debido a la introversión de éste, pero a su vez este modelo de relación de los padres hacia él influenciará en cómo el hijo de nuevo interactuará con los padres. Y esto podemos ampliarlo también a las relaciones sociales… y si seguimos a Max Pulver a las decisiones que los padres favorezcan en la relación del hijo con los demás y también en la actitud que el hijo tenga en el mundo. Desde la niñez acotará el infante las posibilidades de realización en un “infinito restringido”.[3] Sí, cierto, este es un planteamiento que abunda en la eliminación de la idea de “tabula rasa” de Locke desde el nacimiento. Por esto Pulver enfatiza que el crecimiento personal supone la asimilación del mí mismo, en definitiva está promoviendo el proceso de individuación de C. G Jung.

¿Libertad de pensamiento, libertad absoluta? Mientras escribía esto veía un documental en TVE2 denominado “El Juego de la Muerte” que hace referencia a la “franja extrema”. A una serie de personas se les introduce en un programa de televisión (que no es tal) y ganan dinero (1 millón de euros) si dan descargas eléctricas a otro concursante cuando éste falle las preguntas que el primero le hace. Han de conseguir llegar hasta el final que supondría descargar 480 voltios si falla la última pregunta. A lo largo del “juego” el concursante que recibe las descargas (que solo lo oyen pero no lo ven) se queja y suplica dejar el juego, pero el 80 % (de los que dan las descargas) se mantiene y le aplican todas estando bajo “las circunstancias” de una autoridad conformada por: 1- la presentadora (sobre todo, que le conmina a seguir con frases que tiene prefijadas), 2- el juego en sí, “la presión” del plató y 3- el público (que no sabe que el juego no es real). Solo el 20% dejan de aplicar las descargas al considerarlas inhumanas, rebelándose “contra la autoridad”. El trabajo consigue demostrar cómo obedecemos a la autoridad incluso “contra nuestra voluntad” llegando a asumir la tortura, y el problema no está en los valores sino en qué capacidad tenemos de aplicarlos cuando somos impelidos a lo contrario por “el grupo” o alguien que habla en nombre del grupo (el documental se centra en valorar e interpretar el poder de influencia de la televisión).

En el mundo actual de tantos inputs que no controlamos y que nos avasallan en donde como dice Max Pulver lo que mandan son las preocupaciones y los hechos ¿seguimos siendo tan libres? Max Pulver al menos se lo plantea desde el individuo y como dice en el epilogo de la obra de referencia “el destino colectivo de pueblos, naciones o masas no se puede calcular sumando los destinos individuales. Pero la colectividad no es hasta tal punto independiente del individuo; colectividad e individuo comulgan juntos por mil canales y el individuo también tiene su parte de responsabilidad en sus colectividades”.

Y terminamos: cuanto más haya avanzado la Persona en su mismidad más libre será y, evidentemente, las personas cuanto más libres más catalizan sociedades libres. El desarrollo autentico de las Personas en sus “Infinitos restringidos”, favorece la emergencia de una sociedad infinita universal (que bien nos está haciendo ya falta).

No nos es posible abarcar en ese artículo cómo se equilibrará esto con lo que se ha denominado, para el futuro, la spintencología, quarktecnología, la singularidad tecnológica o el posthumanismo. Si eso ocurre veo muchos cambios para tanto primitivismo humano.

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[1] Max Pulver. Persona, Carácter, Destino. Editorial Victoriano Suarez. 1962. Traducción de la segunda edición Alemana por el Dr. Gorgonio Rueda (primera edición alemana 1944). Va a ser nuestra obra cifra de referencia.

Para quien le interese la polémica sobre la utilidad o no de la grafología (no es lo mismo que el peritaje caligráfico) puede verse aquí

[2] Max Pulver. El simbolismo de la escritura. –Editorial Victoriano Suarez. Madrid, 1953 (Primera Edición alemana 1931)

[3] Quizá aquí el concepto de “Sinfinito” pudiera ser aplicado: La Sinfinitud supone que existe un número finito de algo pero tan grande que no somos capaces de abarcarlo, por ejemplo: el número de granos de arena de las playas de Sicilia es inmenso pero finito… pero nadie sabría exactamente cuántos granos hay. No es un número infinito, es sinfinito. Llamamos sinfinito lo que en una vida o en la historia entera de la humanidad no pudiera recorrerse, aun cuando matemáticamente pudiera ser calculado. La sinfinitud es superada en la realidad por la infinitud llena de contenido y esta es accesible por virtud de la idea. https://juanrojomoreno.wordpress.com/2014/08/31/la-quiebra-del-pensamiento/

Acerca de juanrojomoreno

Profesor Titular de Psiquiatría Universidad de Valencia
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