LA FE QUE OPERA


(Transformismo y  Transontismo)

Juan Rojo Moreno

         El problema del hombre para entenderse a sí mismo viene de los albores de la humanidad. Aunque realmente no sabemos con certeza cuando fueron los albores de esta humanidad[1]. Y eso es porque siempre el ser humano ha estado confuso con respecto a sí mismo; aunque creo que ahora está cada vez más confuso. Realmente, a medida que aumenta la complejidad humana aumenta su confusión. Cuando el motivo principal de la vida era la supervivencia de cada día, entonces, la estrategia, la jerarquización, la organización y la finalidad objetiva (sobrevivir y comer) eran suficientes acicates para movilizar casi el 100% de la potencialidad humana. Con razón dice Julián Huxley que es necesario que el hombre tenga resuelto el nivel básico de supervivencia para que pueda plantearse con sosiego cuál es su puesto en el cosmos, el sentido que éste tiene y su evolución.  Si bien esto es necesario no es suficiente.  ¿Y por qué no es suficiente? Porque plantearnos estas cuestiones existenciales nos lleva  a menudo a situaciones personales o bien de sinsentido o bien de confusión o angustia, por lo que como señalaba Heidegger la existencia inauténtica prevalece rellenando los huecos de nuestro cotidiano vivir.

Pero en los últimos 100-200 años se ha producido un nuevo cambio, uno más, pero que ha introducido una emergencia con tres características significativas. Por una parte seguimos siendo instintivamente muy primitivos, aún muy anclados en nuestros impulsos básicos (no hay más que ver las la crueldad y brutalidad humana psíquica y física que sigue existiendo en nuestro alrededor). Por otra parte el cambio afecta ya a todo el planeta, y en tercer lugar la comunicación es planetaria y casi instantánea. Esta emergencia tiene un paradigma subyacente que se fundamenta en lo que señaló Teilhard de Chardin cuando consideraba que lo “difícil no es resolver los problemas, es planteárselos… por lo tanto, pronto o tarde, contra nuestra incredibilidad  el mundo dará ese paso” .

Y ahora el ser humano es cada vez más incrédulo y cada vez más se plantea que hay que dar un nuevo paso: un nuevo paso evolutivo humano. Cierto que no todo el mundo se plantea esto, pero como ahora estamos muy comunicados planetariamente es más fácil detectar que el número de personas que se lo plantean es, así mismo, cada vez más numeroso. El problema está en entender cómo, en líneas generales, se espera este cambio evolutivo. Podemos considerar globalmente tres formas de entenderlo:

  1. Como un avance técnico que hará a las personas más y más inteligentes, con más capacidades. En esta línea es referente Stephen Hawkins, entre otros muchos. Es posible que la estimulación cerebral y las manipulaciones asumidas genéticas nos hagan mejores hombres. O quizá solo más capaces, pero no está nada claro que mejores (El Mundo Feliz de Aldous Huxley no hacía mejores hombres a las personas). Aunque si seguimos la ley de complejidad-conciencia de Teilhard, al ser más capaces, al aumentar la complejidad debería de aparecer una mejora del nivel de conciencia. No obstante, por otra parte, si valorizamos a los individuos de nuestra especie que tienen mayor Cociente Intelectual, no por esto tienen mayor nivel ético ni mejor concepción del mundo ni de lo humano. De todas maneras la potenciación artificial cerebral a nivel suprahumano aún no se ha dado, excepto en ciencia ficción. Y de los humanos superdotados todos son muy listos, inteligentes, pero también muchos de ellos soberbios, crueles, insensibles y desde luego no sobresalen automáticamente por su buenhumanismo.
  2. Un segundo grupo muy numeroso está en la línea del cambio a partir de un “número crítico”. Tenemos como referente a Julián Huxley y su concepción del Transhumanismo. Más actualmente Michel Houellebecq también se ha pronunciado en sus obras en este sentido. El Hombre Cósmico de M. Rojo Sierra también está en esta dirección. De forma general se espera que cuando un número suficiente (crítico) de personas haya evolucionado en valores o en una nueva concepción del mundo, entonces el resto de la humanidad será “arrastrada” por este paradigma produciéndose un cambio global. Muchos cambios sociales y culturales se han producido según este modelo. Movimientos tales como los de igualdad de la mujer, derechos humanos o la popularización del sobretodo o abrigo, que no se consideraban anteriormente, no obstante, se originaron a partir de movimientos que alcanzaron un número crítico. Según este modelo se cambiarán las raíces del ser humano y nacerá un nuevo hombre.
  3. Es posible, y yo también lo espero. Pero si este ha de ser el camino de nuestra nueva y emergente evolución no la veo a corto plazo: aún hay mucha barbarie humana, y no solo en los bárbaros (que son muchos) sino también en las personas normales del día de hoy. ¿Cuantas veces vemos a “cienes y cienes” (perdón por la expresión, es de una canción), a miles y miles de personas en convivencia armónica y que repentinamente, en muy poco tiempo, por una influencia religiosa, sectaria, nacionalista o racial se transforman en barbaros que no dudan racionalmente en aniquilar o destrozar a sus congéneres con los que anteriormente estaban en armonía? Realmente, lo vemos demasiadas veces. Y se ve aún en naciones en las que un cambio político es capaz de movilizar a las masas que bajo sus primitivos instintos (el primer punto que hablábamos antes) destrozan a sus adversarios. Y en algún caso hasta el régimen se llama “democrático”.

Es posible que la humanidad cambie de paradigma global por un salto a través de un número crítico pero antes tendrá que realizar muchos avances parciales si el número crítico ha de realizar efectivamente su función evolutiva.

  1. Una tercera posibilidad es la que aportó el Transformismo de Teilhard de Chardin. Ortogénesis, la adición orientada de pequeñas mutaciones

¿Y LA TRANSONTIZACIÓN? (3)

         Todas las líneas anteriores en el fondo apuntan hacia la idea de la transontización. Es decir que el aumento de complejidad, el cambio de conciencia, el aumento del saber y el cambio cualitativo evolutivo, ha de suponer, de una u otra manera, una nueva manera de manifestarse el sentido de la vida del ser. Y posiblemente la manifestación más evolucionada ya rompa barreras entre lo físico y lo psíquico, entre la materia y lo espiritual, pues todo es lo mismo.

Pero aún no alcanzamos a vislumbrar cual es esta manera. Hay algunas personas en las que se ha descrito una peculiar capacidad para dar detalles del pasado cuando contactan con objetos que han pertenecido a ese pasado a veces remoto. Son datos curiosos documentados pero de los que no hay explicación científica. Es como si tuvieran una cierta conexión con la “línea temporal”. No obstante cuando se les ha preguntado sobre el futuro no hay concordancia entre ellos. El problema es que estamos moviéndonos en un mundo tridimensional; nuestro “facto” es tridimensional. Pero es como si la realidad fuera un puzle tetradimensional y nosotros moviésemos las piezas solo desde la visión tridimensional. Algunas encajan y más o menos creemos saber por qué, pero otras no encajan y no sabemos por qué y tampoco sabemos realmente por qué las que encajan dejan de encajar. Nuevas teorías vuelven a aplicarse para entender de nuevo el sentido cósmico que es al mismo tiempo el sentido que cada uno tiene en la vida. Pero el puzle sigue sin encajar. El ser humano sigue siendo un bárbaro porque sigue sin superar el dualismo psique-soma, sin superar el dualismo materia-espíritu. Sí, lo ha superado a nivel filosófico, a nivel ideológico, pero no lo ha superado a nivel ontológico, no ha dado el salto transóntico; el cambio de su modo de ser.

El ser humano mira constantemente el fututo, pero aún no se ha puesto realmente a “hacerse” mejor. Como dijo Gastón Berger “volverse hacia el futuro en lugar del mirar al pasado no es simplemente cambiar de espectáculo, es pasar de “ver” a “hacer”. Y hasta ahora realmente no hay una empresa del hacerse, solo nos vemos en el futuro y miramos al futuro. Aparentemente no podemos hacernos tetradimensionales pues es como querer que una hoja bidimensional se haga tridimensional. Pero la hoja puede plegarse y hacer un cubo tridimensional. Igual nosotros necesitamos forzar la actitud de despegamiento humano que nos permita el salto evolutivo.

A veces sin darnos mucha cuenta y sin entenderlo lo hacemos y entonces la fe “que opera”, que ha conseguido ser efectiva, moviliza algún recurso supraconsciente y nos parece una vitoria sobre el azar. Es como si se hubiera manifestado (desplegado) un nuevo orden que ha encajado la finalidad (proporcional a nuestra fe) dando con su movilidad una coherencia superior.

Y en este sentido considera Teilhard de Chardin que el milagro (como prodigio en el mundo físico) no es más que un caso muy particular de la “fe que opera” originando una sobreanimación de los fenómenos naturales.[2]

El tiempo es convergente, dice Teilhard. Y ciertamente, es posible que con unos cuantos milenios más se produzca una nueva emergencia humana planetizada que como señala François Russo supondrá un “segundo punto crítico de reflexión”, una “auto-revolución”.

Lo que no sé si a este paso nuestro planeta y nuestra humanidad tiene ese tiempo  para converger de una nueva forma creadora.

 ———————————————-

[1] Aunque si tenemos en cuenta la idea de Cosmogénesis de Teilhard de Chardin para cada uno de nosotros, no hay manera de encontrar un límite hacia atrás, puesto que cada uno de nosotros está infinitamente condicionado.

[2] Por esto dice Teilhard: La consideración del milagro ha dejado de actuar con eficacia en nuestros espíritus. Su constatación suscita tales dificultades históricas o físicas que probablemente son muchos los cristianos que en la actualidad siguen siendo creyentes no a causa sino a pesar de los prodigios (Teilhard, el cristianismo en el mundo, 1933). Ni el milagro ni la verdad se presentan como principios absolutos: transforman y animan algo. Cuanto más avanza la Ciencia más vemos que Dios para hacer un milagro local ha de retocar todo un conjunto (fisiológico… etc.), todo el conjunto (1944).

(3) http://carloscossio.com.ar/wp-content/uploads/2013/03/1980_ontico_ontologico.pdf

Acerca de juanrojomoreno

Profesor Titular de Psiquiatría Universidad de Valencia
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Una respuesta a LA FE QUE OPERA

  1. eliaroca dijo:

    Muy interesante. Habrá que intentar aportar nuestro granito de arena para contribuir a ese cambio evolutivo que desarrolle lo mejor de ser humano.

    Me gusta

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