SOCIEDAD PARACITADA Y DISCAPACITADA. EL HOMBRE PARASITADO


Juan Rojo Moreno

Algunos seres humanos se comportan a menudo de una manera tan peculiar que a veces no es la propia, que esperamos, del ser humano.

Hace tres años escribí:

“Ya sea por la ansiedad y el estrés o por la pena y tragedia que rezuma el mundo, lo cierto es que cuando veo las noticias de la televisión o leo los periódicos siempre me viene a mi mente lo mismo: ¡qué desastre! Solo la creatividad del ser humano nos dará luz para la esperanza de que éste sea capaz de crear una nueva concepción del mundo distinta a la que hoy impera”. [1]

Pero tras tres años, evidentemente, seguimos igual y como dice P. Meseguer, al mundo le duele el hombre.[2]

El otro día yendo en un taxi se planteó el problema de la circulación y  de la dificultad de los aparcamientos que existe en las grandes ciudades y el taxista me dio una magnífica solución: “si yo tuviera un lanzallamas carbonizaba inmediatamente a todos esos coches que están en doble fila y vería que pronto se arreglaba el problema de circulación y aparcamiento”.

Pero no creamos o lo entendamos como que fue una expresión extravagante. Estas irrupciones mentales mantenidas más o menos tiempo y vivenciadas con toda certeza las vemos (u oímos) muy frecuentemente, demasiado frecuentemente. En otra ocasión oía a un jefe político, de un país occidental y civilizado, en un debate, decir que si no se conseguía lo que pedía propugnaría la desobediencia civil, la desobediencia a las leyes (que lógicamente no son de su agrado). Me pregunto si en el hipotético caso que ese político gobernara admitiría, con normalidad, que los ciudadanos también hicieran desobediencia civil a las leyes de su gobierno.

Ocurrió un hecho en España, en Tordesillas: en una festividad, los asistentes contrarios a la Fiesta Taurina y los que están a favor de los toros discreparon y se agredieron mutuamente a pedradas, habiendo varios heridos que tuvieron que ser trasladados a urgencias. Muchas veces luchando por la dignidad del toro de lidia o de cualquier otro animal, al que se considera que no hay que maltratar, los defensores no dudan en atacar, apedrear y agredir a otros seres humanos. La ética con el animal por delante de la ética con el ser humano, ¡cosa curiosa!

Y también relativamente reciente en México “por ideología” un alcalde (por lo tanto representante de la ley), la policía y “otros” asesinan a 43 estudiantes que también estaban bastante “ideologizados”. [3]

Vamos a analizar estas manifestaciones humanas:

Primero: ¿Son actos y manifestaciones propias de personas dis-capacitadas? Rotundamente no, las personas discapacitadas no hacen ni dicen per-se ese tipo de anomalía mental o social.

Segundo: El que el taxista quiera en un momento carbonizar todos los coches que están en segunda fila para solucionar el tráfico ¿es un acto propio de un enfermo mental? ¿Podemos deducir, tras oír al taxista, que es un enfermo mental? Evidentemente no. Podríamos decir que ha dicho una extravagancia, pero es un tipo de extravagancia que si pudiera realizarla estoy casi seguro que la haría y se quedaría tan contento porque así ayudaría a mejorar el tráfico y el problema del aparcamiento.

Como decía F Leuret (1797-1851) “cuando yo examino todas las ideas de los hombres, los absurdos que ellos pueden decir y sus ideas más extravagantes, quedo como avergonzado y me parece que nuestros enfermos (psíquicos)  están a menudo menos locos que sus semejantes”.

Tercero: ¿El alcalde, los policías y los que ejecutan a los 43 estudiantes en México son enfermos mentales? No veo razón para dar una respuesta afirmativa.

Muchas veces cuando una acción humana no se comprende, por su aberración, es recurso fácil decir de la persona que la comete que “debe estar loco”. Lo veo a menudo en tertulias de la Televisión ante actos crueles de difícil  comprensión.

Cuarto: ¿Podemos decir que esas personas que convencidas manifiestan esas ideas como necesarias, o que realizan esos actos que son por ellos considerados con razón, son seres humanos completamente capacitados? También creo que no.

Resumiendo, así pues, vemos que no son discapacitados, no son enfermos mentales y tampoco son personas que actúan con una capacitación humana normal.

¿Qué son?

Creo que son personas paracitadas”. Sí, está correctamente escrito. He utilizado la palabra paracitada como un neologismo por hibridación del prefijo “para” (=al lado de) y la palabra “capacitada” (corresponde  correctamente a para-capacitada, es decir capacitada de una forma distinta a los demás, “al lado” de los demás). Sí, desde luego, son personas capacitadas, viven realizando sus funciones y sus actividades, pueden ser buenos en sus profesiones, pero… de pronto les aparece ese “gen” que al manifestarse hace que los valores superiores desaparezcan. Son gen-éticamente pobres.[4]

¿Y cómo es esto posible?

Aquí habría millares de interpretaciones, pero creo que el fundamento es más profundo que pensar que solo es una cuestión educacional o situacional (sin que por ello no digamos que la influencia de la cultura, sociedad y crianza puede tener mucha importancia). Pero creo que hay que tener en cuenta otros factores y me voy a aventurar a hipotetizar sobre uno.

Por ejemplo: se ha descubierto recientemente que los humanos de hoy tenemos genes de hasta tres especies primitivas de nuestros antecesores. ¿Será que en esas personas los genes antecesores son sutilmente más actuantes? Y por lo tanto la sutil primitividad está más presente en ellos. ¿Es posible que en estos casos la evolución epigenética cultural y educacional en valores humanos sea más superficialmente asimilada?[5]

Y entonces la palabra que he utilizado al decir que son seres paracitados, en cierta medida, en este caso, también nos serviría para decir que son seres “parasitados”, y en ellos esa parasitación no es solo la existencia de genes primitivos de nuestros antecesores sino que están parasitados por la facilitación más evidente de estos genes hacia nuestra naturaleza primitiva menos desarrollada éticamente en valores humanos superiores. Son personas paracitadas (para-capacitadas) y posiblemente  gen-éticamente  parasitadas.

¿Podremos dividir en el futuro a la raza humana en grupos según la “parasitación” de nuestros genes antecesores?

Pongámonos ahora en la tesitura opuesta. Supongamos, por el contrario, que la influencia genética más primitiva no fuera la que facilita la discapacidad gen-ética, sino que son otros elementos, que por ahora desconocemos, de esa llamada “naturaleza humana”.

La pregunta entonces sería ¿Podremos dividir en el futuro a la raza humana en grupos según su porcentaje de paracitación (Para-capacitación) que origine en algunos de ellos (de estos grupos) una discapacidad axiológica (ética) práctica? Aunque el problema para responder a esta pregunta está en que como estas personas “funcionan” normalmente como capacitadas, no sabemos, por ahora, como detectarlas antes de que se manifieste claramente, su para-capacitación (paracitación)

Veo a muchos de estos seres paracitados en las calles y luego veo muchos otros que están, a mi entender, clara e histobiográficamente libres de esa paracitación.

Capacitados y paracitados. A final todos somos iguales, debo suponer yo.

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[1] En el prólogo a mi libro: Comprender la ansiedad, las fobias y el estrés. Juan Rojo Moreno, PIRAMIDE, 2011.

[2] Pedro Meseguer: prólogo a la edición española de la obra  de Igor Caruso. Análisis psíquico y síntesis existencial. Editorial Herder, Barcelona, 2ª edición española, 1958.

[3] http://seprin.info/2014/11/13/porque-mataron-a-los-43-estudiantes-en-mexico/ o también http://internacional.elpais.com/internacional/2014/11/08/actualidad/1415475628_050143.html

[4] ¿Es el ser humano genéticamente agresivo? No podemos entrar aquí, con detalle, en esta compleja cuestión, pero vemos claro que frente a la evolución técnica, una evolución axiológica desarrollada, evolucionada (valores, ética) no se ha asimilado a nuestra constitución de una forma definitiva. Si nos preguntamos de 20 conocidos y amigos cuántos de ellos pensamos, que ante un movimiento ideológico extremo (nacionalista, social etc.), serían capaces de agredir o incluso matar por esos ideales a sus semejantes -y quizá hasta poco tiempo antes amigos y conocidos- posiblemente nos extrañemos de nuestra reflexión y encontremos que identificaríamos a un número mayor del que creemos en principio. No hay más que ver lo que ha ocurrido en las diferentes guerras civiles y movimientos armados extremistas para observar cómo personas “normales” se convierten en asesinos que racionalizan sus actos. Pero por otra parte también observo a ciertas personas de las que me extrañaría mucho que dada su evolución personal y biográfica, incluso en esas circunstancias, accedieran a cometer asesinatos ideológicos. Creo, evidentemente, que no tenemos codificado un gen de la agresividad pero la epigenética cultural en valores humanos no se desarrolla de igual manera en unos y otros individuos y por eso hablamos de evolución ge-ética (en este caso uniendo la palabra gen con la  ética).

[5] La epigenética (del griego epi, en o sobre, y -genética) hace referencia, en un sentido amplio, al estudio de todos aquellos factores no genéticos que intervienen en la determinación de la ontogenia o desarrollo de un organismo, desde el óvulo fertilizado hasta su senescencia, pasando por la forma adulta; y que igualmente interviene en la regulación heredable de la expresión génica sin cambio en la secuencia de nucleótidos. Se puede decir que la epigenética es el conjunto de procesos químicos que modifican la actividad del ADN pero sin alterar su secuencia. http://es.wikipedia.org/wiki/Epigen%C3%A9tica

Acerca de juanrojomoreno

Profesor Titular de Psiquiatría Universidad de Valencia
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