CONCIENCIA TRASCENDENTAL


Psicoanálisis acelerado en estado de coma. El proceso junguiano de individuación

Dr. Juan Rojo Moreno

         El Dr. Eben Alexander sufre repentinamente una meningitis por una bacteria (E. Coli) y entra en estado de coma durante 7 días, prácticamente desahuciado medicamente. Tuvo una extraordinaria experiencia mística que le trasformó profundamente. De profesión médico neurocirujano y conocedor de la neurobiología cerebral y las relaciones de esta con los estados psíquicos, solo después de su experiencia es cuando vivencia un sentido trascendente.[1]

El estado de coma médico en que se encontró supuso que una parte fundamental del cerebro, el Neocortex, estuviera desconectado o inactivo; esta parte es la que fundamentalmente nos convierte en “humanos”.[2] Las vivencias que el Dr. Alexander tiene las expresa con frases del tipo “entré en un mundo de conciencia que era completamente ajeno a las limitaciones de mi cerebro físico. El lugar al que fui era real y ajeno al racionalismo convencional”.

Si analizamos sus vivencias, de modo general siguen un patrón de individuación de tipo junguiano. C. G Jung, psicoanalista suizo, desarrolló un método clínico aplicable para la curación de pacientes psíquicos pero también para el desarrollo del proceso de evolución humana. Este proceso que denominó de individuación se desarrolla a medida que el individuo es capaz de resolver la contradicción de opuestos que en él mismo existen. Cuando se resuelven estos opuestos aparece algo nuevo que emerge desde “ese algo que late” en cada uno de los opuestos. La primera resolución de opuestos se hace entre lo que somos conscientemente (Jung lo denomina “persona”, máscara o prosopon) <–/–> el inconsciente individual (que denomina Sombra). Lo que nos creemos que somos -consciente- ha de contraponerse a todo aquello que hemos reprimido, bien porque lo consideremos como negativo o porque lo despreciemos, y también porque no está en nuestra cualidad temperamental (un individuo que se manifiesta extrovertido tendrá una sombra introvertida y viceversa). La sombra puede aparecer cuando bebemos alcohol y entonces a menudo se manifiestan muchas de las cosas que nosotros despreciamos en nuestro comportamiento. Pero Jung no considera la Sombra como algo negativo, sino que es también una parte de nosotros mismos y que tenemos que resolver de una forma dialéctica entre nuestro consciente e inconsciente.

Si seguimos avanzando, en el proceso de individuación, ya estamos en el punto en que asumimos nuestra conciencia y sus limitaciones y también nuestros impulsos inconscientes, ambos aspectos como propios. En esta evolución lo “nuevo” del hombre surgirá nutrido del germen que ya existe por lo tanto en el Ego (consciencia) como en el anti-ego (Sombra).  Una vez que este paso se ha dado entonces Todo lo Individual (que es la emergencia evolutiva del paso anterior) ha de confrontarse con Lo Universal (el Inconsciente Colectivo). Entonces aparecerá  en primer lugar el encuentro con el arquetipo sexual (opuesto a la singularidad del sujeto: el varón tiene un arquetipo sexual femenino y viceversa, pues en nuestra totalidad también están las otras características sexuales que no se manifiestan en la vida cotidiana) y el proceso de individuación sigue luego con el encuentro con el Arquetipo Luz. Entonces aparecen Símbolos de Trascendencia como son las aves. Ya se vivencia la superación del mundo “inferior” y ahora aparece la vivencia de la fuerza, del “cielo” donde en nuestra cultura decimos que están los muertos. El Yo se encuentra directamente ante el Poder en sí. Ahora aparece el Saber, el Conocimiento con una potencia deslumbrante. Así, al final del proceso de individuación (apareciendo imágenes simbólicas como son las mandalas, el arquetipo cósmico etc.) el sujeto ha evolucionado a lo que denomina Jung  “Selbst” o Sí-mismo. Vuelve a ser él mismo pero ha cambiado y para poder expresar esta vivencia ya refiere Jung como ha de recurrir a lo Divino, al “Fuego Central”, al “Dios en nosotros”.[3]

La vivencia de trascendencia la expresa el Dr. Alexander con la frase “lo que me reveló mi experiencia es que la muerte del cuerpo y del cerebro no supone el fin de la conciencia”. Pero ¿cómo fueron los pasos vivenciados?

1- Lo primero que recuerda es que pasa por lo que podríamos denominar la Sombra junguiana, lo terrorífico, desechado… y así expresa que “unos rostros grotescos de animal brotaban del lado, emitían un gemido o un aullido y volvían a desaparecer, a veces rugidos, ritmos aterradores y familiares como si en algún momento los hubiese emitido yo también”. Desagradables y amenazantes se mostraban las varas que brotaban de la negrura, había un olor como a heces, como a vómitos, un olor a muerte biológica, yo no pertenecía a aquel lugar, tenía que salir de allí”

2- En un nuevo paso el arquetipo femenino (una mujer) va a serle vehículo hacia el mundo Luz, al mundo cósmico, “hacia la fuerza”. El Dr. Alexander lo expresa como que atraviesa una puerta y entra en un mundo maravilloso, hermoso, brillante y asombroso. Aparece una chica preciosa de pómulos altos y hermosos ojos azules y con unos largos mechones de cabellos dorados que enmarcaban su precioso cuerpo. De esta imagen femenina dice “me dirigió una mirada que no era romántica ni tampoco amistosa, era algo que iba más allá de todo ello… más allá de todas las tipologías de amor que conocemos aquí en la tierra”[4]. Volaron juntos  sobre una superficie que era como una ala de una mariposa y el Anima (la chica) le tranquiliza “aquí te mostraremos muchas cosas -me dijo sin usar palabras sino transmitiéndome su esencia- pero al final regresarás”.

3- En el siguiente paso del proceso vivencial el Dr. Alexander ya contacta con el Arquetipo Luz y sus imágenes Simbólicas de Trascendencia. Aparecen unas bandadas de orbes transparentes y titilantes ¿Aves?, ¿Ángeles? , se pregunta el Dr. Alexander (como en el caso de las aves que hablábamos cuando indicábamos el proceso de individuación).  Criaturas distintas a cualquier cosa que hubiese visto en el planeta, eran más avanzadas, superiores “podía oír la belleza visual de las esplendentes criaturas. En aquel mundo no se podía ver nada porque la palabra “ver” implica una separación que allí no existía, al estar inmediatamente convertido en parte de lo que veías o escuchabas e incorporado a su naturaleza de algún modo misterioso.

En el siguiente paso el Dr. Alexander ya contacta claramente con la vivencia cósmica y trascendente “se levantó una brisa cálida y divina y comencé a formularle preguntas sin palabras a ese viento  o ser divino cuya acción sentía tras él o dentro de él” Y cada vez que formulaba una pregunta le llegaba inmediatamente la respuesta en forma de explosión de Luz, color, amor y belleza (ya estamos con el Arquetipo Luz, potencia, fuerza, conocimiento, etc.). Comprendía de forma inmediata y sin esfuerzo conceptos que en la vida terrenal habría tardado años en alcanzar. Entré -sigue refiriendo- en un  inmenso vacío negro como la boca de un lobo pero rebosante de luz y “a través de un orbe (lo denomina Om = Dios) se me reveló que existen innumerables dimensiones y universos”.

A partir de aquí Alexander alcanza la sabiduría del “Selbst”, del Sí-Mismo. Ya ha culminado interiormente el Proceso de Individuación junguiano y  tras haber avanzado en los distintos pasos, en este momento, su vivencia del YO es superior y ahora ya puede recorrer los distintos niveles de su personalidad, de su mismidad completa y en este sentido indica “algo tiró de mí” y vuelve a su Sombra (que denomina el Reino de la perspectiva del gusano) pero ahora es diferente: las sombras y la oscuridad, los rostros que aparecían y desparecían, las raíces que descendían, ya no me inspiraban ningún terror (ya ha integrado la sombra en él mismo) “comprendía que debía pasar por todos los niveles y pisos de la existencia (en el Selbst ha hecho integración de todas sus partes o complejos internos) y descubre que ahora sí que tiene control sobre su trayectoria y podía pasar y regresar a los distintos niveles y planos (en el Sí mismo uno ya es completo con sus partes y por lo tanto asume y controla sus partes) y señala Alexander “realicé este tránsito incontables veces entre el nivel de las tinieblas fangosas (Sombra) y la negra pero sagrada oscuridad del núcleo (inconsciente colectivo y arquetipo Luz y cósmico) comprendiendo como se comunicaban todas las cosas en los mundos que hay por encima de este.

El Dr. Ebin Alexander sale del coma tras siete día y su vivencia es que de repente se cierran las puertas de comunicación entre los niveles y empieza a captar estímulos externos del mundo y de forma casi repentina empieza bruscamente la recuperación del coma cuando ya médicamente consideraban que no habían posibilidades.

COMENTARIO

         Dos cosas se extraen claramente de la experiencia del Dr. Alexander: la primera es la vivencia de revelación mística y la segunda, a mi parecer, es que ésta vehiculizó su experiencia a un tratamiento existencial intensivo (que hemos interpretado con los conceptos de Jung por las coincidencias detectadas tan evidentes). Así, expresa como el “Conocimiento” se le enseñó y se almacenaba sin necesidad de memorizarlo (ahora -una vez salido del coma- lo percibo grabado en el fondo de mi ser, comenta). Para Alexander, nuestro físico, es decir, nuestro cerebro, es un filtro que bloquea nuestra capacidad para conectar con un trasfondo cósmico superior. Yo creo parcialmente en esa concepción; ciertamente nuestras capacidades actuales son insuficientes para poder desenmascarar una realidad más amplia, muchísimo más amplia que la que tenemos habitualmente, pero creo que es un problema de evolución, de que se abran resortes, cerrojos, para que nuestro cerebro y nosotros más allá del cerebro seamos capaces de acceder a un mundo que está también en nosotros y que hasta ahora nos está vedado cotidianamente.; no hemos encontrado o sido capaces, aún, de movilizar nuestro potencial cósmico.

El cerebro -dice el Dr. Alexander- es una barrera que nos impide experimentar y conocer cosas superiores. No estoy de acuerdo, creo que el cerebro es la más avanzada punta de lanza (quizá no sea la única) que nos va a permitir acceder al cosmos que está en nosotros mismos; aunque es cierto que aún no sabemos utilizar ese pasaje. El cerebro interviene en la herencia cultural, en la realidad que ahora ya somos capaces de vivenciar diariamente y que sabemos que no podemos reducirla solamente a neuroquímica cerebral. La conciencia que ha coevolucionado actualmente a partir de los genes y cultura, la conciencia neurocultural  no está solo en el cerebro, pero evidentemente el cerebro es el mayor catalizador de la misma.

Una y otra vez aparece lo que Sartre denominó “el instante” (l´instant): ese momento -sin tiempo-, que es decisivo para el hombre y para el universo. Así, por ejemplo, a nivel cuántico, en el fenómeno del entrelazamiento, dos partículas entrelazadas son como dos gemelos que tienen una conexión especial. Aunque estén separadas, cuando hacemos algo a alguna de ellas la otra lo siente al instante. A pesar de haberlas alejado siguen conectadas, esto significa estar entrelazadas. En el instante del Big-Bang todas las partículas nacieron entrelazadas.[5] Igualmente K. Jaspers cuando habla de los momentos de “existencia” también dice “La realidad existencial es la incondicionalidad en el instante de la decisión, […] porque “existir” es la profundización del instante”.[6] ¡Detente, instante; eres tan bello! exclamaba el Fausto de Goethe. Igualmente Jung señala el importante significado que tiene “el instante”, un momento concreto en que se suceden determinados hechos.[7] De igual manera señala el Dr. Alexander cómo lo que hizo que su experiencia fuera algo inusual fue la vivencia de inmediatez, cómo en un instante (inmediato, sin tiempo) se le reveló el papel esencial de la conciencia y del espíritu. En el instante se sabía, y eso quería decir que a la vez se experimentaba algo y se comprendía. Como señala Alexander, experimentar el pensamiento más allá del cerebro es como entrar en el mundo de conexiones instantáneas. Y en ese instante es posible comprender cualquier parte de las numerosas dimensiones del universo, si consigues abrirte a la convergencia “con esa parte del universo que ya posees”.

Quizá estamos tan agarrados al tiempo, -aunque realmente sabemos que no existe como tal absoluto- que aún no somos capaces de bucear por el “instante” hacia el nosotros, hacia el cosmos. Y no me estoy refiriendo a este cosmos que nos rodea y que aparece tras el Big- Bang, sino al sentido que hay más allá de todos los cosmos y que está no solo implícito en nosotros (usando terminología de David Bohm) sino implícito en todos los cosmos a los cuales podemos llegar desde nosotros mismos. Esto parece filosofía, pero creo que es también y fundamentalmente física (lo que tendremos que preguntarnos es qué tipo de física). Porque ¿qué tipo de física cerebral buscan muchos investigadores cuando detectan que su mayor creatividad aparece tras consumir ciertas sustancias que les llevan a “estados psíquicos anormales”?, como ya escribió Michael Brooks en su libro Radicales Libres.[8]

Hablar de lo divino y de Dios es a veces -si no siempre- muy complicado. Quizá esto sea debido en gran parte porque aún el hombre sigue necesitando a Dios y lo sigue buscando. Quizá cuando deje de necesitarlo y de buscarlo lo encuentre, y no estará muy lejos.


[1] Nos sirve como referencia el libro La prueba del Cielo. El Viaje de un neurocirujano a la vida después de la vida. Doctor Eben Alexander. Editorial Zenith/Planeta, Barcelona, 2013.

[2] También llamado isocórtex, es el cerebro racional. Estas áreas constituyen la “capa” neuronal que recubre los lóbulos prefrontal y, en especial, frontal, de los mamíferos. Se encuentra muy desarrollado en los primates y destaca el desarrollo en el homo sapiens. El neocórtex corresponde a aquella parte de la corteza en la que puede reconocerse la estratificación en seis capas horizontales segregadas por la célula tipo, neuronal de entrada, o célula densa.

[3] Veremos como el Dr. Alexander sigue es sus vivencias estos pasos aunque no nombre a C. G Jung.

[4] Rojo Sierra en su obra Introducción al pensamiento psicológico de Carlos Gustavo Jung (editorial Promolibro, 1991) señala como la proyección externa del Anima (la mujer) es de tipología psíquica invertida en relación con la Persona (máscara consciente) del varón; si él es muy intuitivo  la mujer escogida será  muy razonadora, y en nuestro caso, el Dr. Alexander, que es muy cerebral el
Anima es muy emocional, apasionada. Es la esencia de lo femenino.

[5] Sonia Fernández Vidal. La puerta de los tres cerrojos. Edita La Galera (Narrativa Singular), 2011

[6] Karl Jaspers. FILOSOFIA. Tomo I. Ediciones de la Universidad de Puerto Rico. Revista de Occidente, Madrid, 1958.

[7] C.G. Jung y Richard Wilhelm. El secreto de la flor de oro. Editorial Paidós, Barcelona, 1982 (segunda reimpresión española). También en https://juanrojomoreno.wordpress.com/2013/10/28/el-secreto-de-la-flor-de-oro/

[8] Michael Brooks. Radicales Libres Ed. Ariel, 2012. También en https://juanrojomoreno.wordpress.com/2012/03/26/ciencia-cientismo-y-homismo/

Acerca de juanrojomoreno

Profesor Titular de Psiquiatría Universidad de Valencia
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3 respuestas a CONCIENCIA TRASCENDENTAL

  1. ELIA dijo:

    También podríamos interpretarlo como resultado de lo que decía Becker (La negación de la muerte), y como sigue afirmando la teoría de la Gestión del terror, “la mayor conciencia de (o la proximidad a) la propia muerte suele provocar algún tipo de creencia mística”, que incluye alguna forma de inmortalidad, “real” o simbólica.

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    • Muy interesante Elia. Puede ocurrir que de forma consciente hagamos una cierta negación de la muerte, también de forma inconsciente, pero también puede ser que tengamos un anclaje genético-cultural que se ha desarrollado a través de los tiempos de forma colectiva en la evolución humana, y que en esos momentos cercanos a la muerte nos movilice estructuras simbólicas colectivas que están mucho más allá del Neocortex, que están… Aún no sabemos exactamente donde ni cómo se movilizan, pero arraigadas en el sentido profundo del ser humano.

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  2. Me ha gustado mucho el Post.
    Cuando pone: “Para Alexander, nuestro físico, es decir, nuestro cerebro, es un filtro que bloquea nuestra capacidad para conectar con un trasfondo cósmico superior. Yo creo parcialmente en esa concepción;” (…) y esto: ” creo que es un problema de evolución, de que (…) seamos capaces de acceder a un mundo que está también en nosotros y que hasta ahora nos está vedado cotidianamente.”
    Hay varios casos así. (Uno lo conozco personalmente).
    El de Anita Moorjani es también muy sorprendente:
    https://www.youtube.com/watch?v=rhcJNJbRJ6U en TED’s
    (y está mejor, en su conferencia en Sedona): https://www.youtube.com/watch?v=EU4J_aERtkI

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