DEL HOMBRE OPERATIVO AL HOMBRE PARTICIPATIVO


                                                   (Transformación y Renuncia)

Juan Rojo Moreno

         Leer un libro clásico como el de Jorge Waxemberg “De la mística y los estados de conciencia”, te suele producir gran satisfacción, no solo porque al ser este autor un “creyente” emana una gran fuerza en sus pensamientos escritos y en sus ideas, sino además porque tiene la virtud (ahora perdida en muchos textos actuales tan cargados de datos) de hacerte pensar fácilmente en el hombre y en su situación en el mundo. [1]

Para los que están interesados en estas cuestiones de la evolución humana y el desarrollo del hombre ya es familiar oír hablar y leer acerca de la evolución en “pares de opuestos”: lo bueno-malo, yin-yang, positivo-negativo, yo-tú etc. El ser humano ha de superar ese nivel básico de moverse entre los opuestos y uno de ellos que quiero ahora mencionar es el opuesto yo-medio (que nos rodea). La superación del yo-medio es un paso importante en la evolución del individuo: no estamos contra la naturaleza ni frente a la naturaleza, somos la naturaleza. Otro paso importante es la superación del opuesto yo-otros. Como ya señaló Jaspers sólo a través del otro puedo volver a encontrarme realmente a mí mismo. El “otro” no es,  sensu stricto, una parte de mí, mas yo no puedo tener identidad real sino con el otro[2]. Esto puede parecer confuso, pero si no avanzamos en superar opuestos en los que no se pueda concebir el yo sin el otro “en mí”,  ni el yo “sin el medio” en mí, es difícil la evolución del hombre.

Por esto, en un trabajo anterior ya comenté que: “Es fundamental que se asimilen los opuestos: por una parte el mundo físico, material, científico y por otra el ético o axiológico, el de los valores humanos[3]; pero los dos con igualdad de “valor” o categoría, no siendo mejor ni superior uno u otro. Es necesario que evolucione el ser humano a una nueva concepción del mundo o nivel de conciencia, en la que ya emerja como una “unidad”, la síntesis de los opuestos[4]. Esta unidad ordenadora del mundo nos prepara para un nuevo saber, un saber para el que Heráclito utiliza la palabra cosmos[5] y por esto a este estado de la evolución humana M. Rojo Sierra lo denomina “hombre cósmico”.[6]

Pero lo interesante es que no podemos quedarnos en nuestra evolución solo en la síntesis de opuestos (como hacía el método hegeliano), sino que tenemos que avanzar más. Tenemos que considerar que la síntesis de opuestos es una unidad, que vamos a llamar “lo unitivo”. Porque esta unidad que no es la suma de los opuestos sino que es una emergencia nueva que ha sintetizado los opuestos, al mismo tiempo éstos están formando la unidad como algo nuevo. Y entonces cuando en la evolución humana la conciencia unitiva, -que ya ha integrado en sí misma los opuestos sin hacerlos desaparecer-, entra en dialéctica con otra conciencia unitiva, ya no es simplemente una nueva dialéctica de opuestos sino de unidades complejas evolucionadas que exponencialmente van formando una nueva conciencia en la que la Unidad está a su vez formada por un número cada vez mayor de “unidades” que han integrado un número cada vez mayor de opuestos. En esta línea también comenta Waxemberg como entonces los hombres se re-unen según estados de conciencia similares.

La evolución del hombre se realizará mediante una evolución analéctica, es decir mediante una dialéctica de la complementariedad jerarquizada.[7]

Pero ahora quisiera mencionar un concepto muy interesante que aporta Waxemberg, y es el de “participación”: “cuando se trasciende la representación dualista se transforma en participación”. Y es muy sugestivo  este concepto ahora porque en esa evolución que hemos señalado no podemos dejar de entender que la unidad de la persona con el otro y con el medio al fin y al cabo ha de ser participativa.  Al participar  deja de existir el otro y el medio como separados de nosotros, “es un nuevo estado de conciencia” -señala Waxemberg-, y significa por lo tanto una capacidad de transformación y una capacidad de superación de crisis.

Aquí la palabra transformación adquiere especial significado pues si el proceso de evolución sólo nos sirve para comprender mejor el mundo, las cosas y ser más operativos, esto no es suficiente. El pensamiento y la actitud positiva, -señala nuestro autor de referencia-,  sirve para adquirir conocimientos, para desarrollar la sensibilidad, facultades mentales, mejorar la voluntad, conquistar el medio…, pero no la felicidad: “por el esfuerzo positivo uno puede controlarse pero no transformarse”. El esfuerzo positivo es eficaz para adquirir bienes, dominar el medio y la naturaleza, mejorar la vida, pero no es suficiente para comprender a los hombres y comprenderse a sí mismo. Es indispensable para vivir y desarrollarse materialmente, para saber qué hacer, para ser operativo. Pero no se puede confundir crecimiento con transformación, pues en el primer caso (crecimiento) la persona no para de preguntarse por el sentido de lo que hace, busca nuevas fórmulas para al cabo de un tiempo volver a preguntarse por el sentido de su hacer, pero en el segundo caso (transformación) el desenvolvimiento interior fundamenta la expansión del estado de conciencia.

Y ahora estamos en un punto significativo de inflexión porque ¿Qué podemos observar en nuestro mundo en relación con esta transformación? Veamos tres  concepciones generales:

1- Hay una serie de países, culturas o áreas sociales muy cargadas de operativa espiritual en su estructura manifiesta, en sus costumbres cotidianas, en sus organizaciones directivas…, pero son al mismo tiempo espacios dinámicos bárbaros con “lo humano”, poco ejecutivos en el camino final de la transformación sistémica supraindividual.

2- Vemos otra serie de países, culturas o áreas, muy operativas en el desarrollo social, en la estructuración racional de las costumbres…, en las que lo espiritual y místico parece relegado a ser conceptos “antiguos”, caducos. Pero que tampoco son capaces de transformar la urdimbre humana más allá de mejorar el nivel de vida y facilitar unos derechos humanos en mayor proporción que en el primer caso (lo cual ya es un gran avance). Son áreas operativas que han mejorado sistemáticamente la humanidad.

3- Por último, vemos individuos más o menos aislados capaces de escribir sobre interesantes conceptos de la evolución humana, pero con la única diferencia frente a siglos pasados que ahora es más fácil comunicarse por redes sociales, por internet, correos electrónicos, foros sobre “neo-conciencia” etc. creándose un frágil esbozo de red metafísica y en alguno casos incluso algún conato de organización que quiere tener “conciencia universal”. No obstante no se ha conseguido aún una transformación expandida, sino, a lo más, transformaciones individuales del nivel de conciencia, como ya ha ocurrido muchas veces en la historia. Ahora es más fácil que ocurra que “los hombres se reúnan según su estado de conciencia”, pero no es fácil que haya entre ellos una transformación comunicativa y expansiva.[8]

¡Avanzamos en la superación de los opuestos, avanzamos en la unitividad, pero no conseguimos una transformación expansiva de la unitividad, con el medio y el otro, en uno mismo! No logramos una participación real.

Renuncia

(estado evolutivo de apertura a la intuición epistemológica)

         Vamos a utilizar un término, “Renuncia”, que debe ser bien comprendido en el contexto en el que estamos hablando.

Quizá el problema está en que los logros individuales (el tercer y último punto que nombrábamos en el apartado anterior) están esperando a que se produzca una “transformación de la humanidad” y no han conseguido de verdad crear una red metafísica basada en la Renuncia colectiva. Esto parece un absurdo pues ¿si buscamos conseguir un estado colectivo avanzado, cómo vamos a “renunciar” a él? [9]

Pero no entendamos la palabra Renuncia como un abandono, ni algo obligado para llegar a un punto, sino un estado en el que el esfuerzo se hace, no para conseguir algo, sino para ampliar el significado[10]. Pero el significado está realmente anclado a este mundo, no es solo una idea o una concepción, y por esto la Renuncia no es un acto, ni una acción, sino un estado que está en el mundo, no fuera del mundo, no aleja a la persona de los demás y del medio sino que le hace responsable de los demás y del medio, puesto que en el significado alcanzado, como decíamos, participa con el otro y con el medio.[11]

Pero no confundamos los términos.

Una cosa es lo que Waxemberg ha denominado la Renuncia Positiva, es decir, la actitud del que quiere avanzar en renunciar a las cosas para alcanzar un mejor equilibrio personal. Pero esto no es más que una actitud positiva: observa lo que pierde, lo que sacrifica y lo compara con lo que “gana”. Si la riqueza material no sacia sus anhelos  interiores renuncia a ella, si el amor instintivo produce  apego, lo rechaza, si el deseo era la fuente de su dolor, ahora no quiere desear. Aquí renunciar es dejar, es rechazar, es despojarse, rechazar lo que considera malo y abrazar lo que considera bueno. En esta etapa la realización espiritual es un objetivo concreto: el éxtasis a través de ejercicios apropiados, la salvación por la perfección. El no ganar, no tener y el no ser, se constituyen en objetivos concretos que se pretenden realizar a través de una actitud y un esfuerzo positivo. Es un importante avance esta etapa, pero en ella aún las virtudes son dones que se pretenden alcanzar y los defectos son imperfecciones que se deben eliminar. No se ha superado aún el nivel de  “opuestos”.

Otra cosa, cuando hablamos de “ampliar el significado” mediante la Renuncia, ya se han superado los opuestos, ya no se busca algo concreto, el creer se ha transformado en saber -dice Waxemberg-, la persona ya no tiene una actitud, alcanza un estado en el que no busaca algo concreto, sino que está abierto al significado, es decir a la participación, a la relación de la parte con el todo. Es un estado de apertura a la intuición epistemológica (a la intuición del conocimiento). Ahora el “conocimiento”, el saber, es participación concomitante, y no es una actitud positiva, ni reflexiva, sino un estado de apertura intuitiva concomitante.[12]

Hablábamos al principio de este apartado sobre la Renuncia, de la necesidad de crear una red metafísica basada en la Renuncia colectiva; cuando esto ocurra de forma general, la red metafísica que une a seres humanos con actitud evolutiva cambiará a un estado metafísico de comunicación expansiva, que alcanzará a todas las áreas, culturas y sociedades. Entonces será cuando la ciencia y la sociología tendrán que decir algo más sobre  la humanidad.

——————————————————————————————————

[1] Waxemberg J. De la mística y los estados de conciencia.. Ediciones Adcea. Buenos Aires, 1976.

[2] Nos es difícil concebir que el hombre, en una situación hipotética, fuese capaz de crear su sí mismo sin estar en contacto con el medio o el otro.

[3] Podríamos decir ética-axiológica  ya que la ética (del latín  ethicus y éste del griego clásico  ēthikós, «moral, relativo al carácter»), tiene como objeto de estudio la moral y la acción humana,  y la Axiología (del griego axios, ‘lo que es valioso o estimable’, y logos, ‘ciencia’), es la teoría del valor o de lo que se considera valioso .Puede hablarse de una ‘ética axiológica’, que fue desarrollada, principalmente, por Max Scheler y Nicolai Hartmann. El estudio axiológico culmina con el desarrollo de un sistema de valores.

[4] Para Ramón Muñoz el problema  reside en que entre el hombre  que ha realizado la unidad bipolar  y el hombre que no ha llegado a ese nivel de conciencia “hay una brecha generacional”, un “hiato-gen-ético”

[5] Anaximandro (discípulo de  Tales de Mileto) introduce por primer vez la noción  “cosmos” que originariamente significaba “orden” (Sanchís Lozano M.A, Filosofía griega y ciencia moderna .Un viaje en el tiempo desde Aristóteles hasta Einstein.  Ediciones ECADE, 2001).

[7] J. Rubio Carracedo en su libro antropología prospectiva, refiriéndose a Teilhard de Chardin, utiliza el término “analéctica” en este sentido de dialéctica de la complementariedad jerarquizada. Según Jesús Villagrasa, este término fue creado por Bernhard Lakebrink. Fue difundido (en un sentido diferente al que estamos usando) por Enrique Dussel (filósofo y teólogo argentino nacido en 1934) en su obra Filosofía de la Liberación.[

[8] Contacté  con una sociedad centrada en valores humanos, conciencia y evolución general que estaba más interesada en ser “sociedad” que en contactar. Como señala Waxemberg  el hombre nunca alcanzará la liberación mientras la entienda como su liberación.

[9] Personalmente no me gusta demasiado este término. Es cierto que incluso la Real  Academia Española admite la acepción de “renunciar a uno mismo” de privarse para bien del prójimo de hacer la propia voluntad, pero al oír esta palabra se asocia en nuestra mente muy frecuentemente la idea de abandono, o dejación  de obligaciones, como el que “renuncia a cuidar a sus hijos” etc. El mismo Enrique Pascual en su obra “Una liberación sin dogmas” (Narvaja Editor, 2006) señala como al mencionar la palabra Renuncia en una reunión con otras personas avanzadas en el campo de la humanización, fue desconcertante porque no entendieron  lo que quería decir con esa palabra. Aunque no he encontrado una palabra que claramente sustituya a este concepto, quizá sea mejor  decir que alcanzamos un estado de desapego con naturaleza doble en la Unidad, capaz, por una parte, de mantener las acciones necesarias que nos dan pertenencia  al mundo pragmático en el que vivimos y al mismo tiempo, por otra parte, capaz de trascendernos del vínculo practico finalista de nuestra existencia.

[10] La palabra significado hace referencia a la relación de las partes con el todo. Cuando decimos que algo tiene significado para nosotros de alguna manera estamos entendiendo que le estamos dando un valor  a esa cosa o a ese hecho con el todo vivido nuestro o con lo que concebimos. Por esto dice Waxemberg  “esperar los frutos de la Renuncia es perder los frutos de la Renuncia”, pues solo podemos abrirnos a una concepción de significados, pero no será un acto operativo.

[11] Waxemberg considera que la clave de la mística de la Renuncia es una actitud interior. Creo que en el periodo de unitividad  por superación de opuestos esta actitud es necesaria, pero para superar este punto no es suficiente; hemos de alcanzar un estado de Renuncia. Actitud significa una postura, en castellano el verbo Ser y Estar están muy unidos y un “estado” de Renuncia está más unido al Ser  que a una postura que podamos tomar.

[12] La palabra Conciencia significa “saber concomitante”.

Acerca de juanrojomoreno

Profesor Titular de Psiquiatría Universidad de Valencia
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3 respuestas a DEL HOMBRE OPERATIVO AL HOMBRE PARTICIPATIVO

  1. ELIA ROCA dijo:

    ELIA ROCA COMENTÓ: “Muy profundo pero muy interesante. El concepto de Renuncia me suena a Budismo. Seria un buen tema para incluir en los Diálogos sobre Ciencia y Budismo, en los que sus participantes tratan de unir fuerzas para hacer aportes en la inmensa tarea de ayudar a mejorar a los seres humanos”

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