TRES COSAS HAY EN LA VIDA


Juan Rojo Moreno 

         Realmente no me gusta mucho hablar de estas cosas, pero el mundo se mueve tan vertiginosamente que se hace imposible evitar hacer aunque solo sea un comentario, sobre esto que prosigue.

El otro día me vino a la cabeza la antigua canción que dice  “tres cosas hay en la vida, salud, dinero y amor, el que tenga esas tres cosas que le dé gracias a Dios…” [1] y entonces se asoció en mi mente una conversación que tuve hacia mediados de los años 80s con el Prof. Cristian Müller en el Hospital Psiquiátrico de Cery (Lausana) en donde realizaba una estancia durante unos meses; en aquella conversación me contaba que a su entender hubo tres momentos en los que con cierto optimismo se pensó que se curarían todas las enfermedades psiquiátricas:

Un primer momento cuando apareció el tratamiento de Cerletti y Bini (Terapia Electroconvulsiva, TEC o Electroshock) y a partir de 1938, hubo tantos éxitos, y se consiguieron devolver a tantos pacientes -que llevaban tiempo en hospitales psiquiátricos- a sus casas, que se empezó a aplicar esta terapia a todo tipo de enfermos esperando la curación de toda enfermedad. Evidentemente no fue así.

Un segundo momento cuando se descubrieron los psicofármacos; de nuevo se pensó que se podrían curar todas las enfermedades psiquiátricas; el avance era rapidísimo, pronto se descubrió la acción sobre los neurotransmisores (receptores benzodiacepínicos para los ansiolíticos, serotonina y noradrenalina para los antidepresivos y dopamina para la esquizofrenia) y las esperanzas de encontrar la “etiología” bioquímica de las enfermedades psiquiátricas dio a su vez esperanzas de curarlas utilizando los psicofármacos. Evidentemente el avance fue y sigue siendo muy grande pero no se ha conseguido la curación definitiva de las enfermedades psiquiátricas.

Un tercer momento cuando apareció con fuerza la genética y ya se veía la idea de descifrar el código genético humano, y con ello la esperanza de, conociendo los genes de nuestro código, descubrir las alteraciones profundas que originan las enfermedades psiquiátricas y pronto habría la posibilidad de actuar sobre las posibles alteraciones para evitar que aparecieran estas enfermedades; hasta ahora evidentemente no ha sido así.

Salud, dinero y amor…, eso dice la canción, son las tres cosas que unidas dan un ideal cercano a la felicidad.

¿Cuáles son las tres cosas que ahora prevalecen como modelos de perfección para mejorar más aún la cura del enfermo psiquiátrico en el futuro?

Pues el problema es que lo que más le podemos desear al enfermo psiquiátrico va a ser, tal como están las cosas, dinero, amor y esperanza (salud no le podemos ofrecer así a bote pronto pues partimos que está enfermo). Y no es que esté hablando irónicamente.

Analicemos las derivas de la psiquiatría y los grandes avances últimos (me refiero a los Grandes avances, pues avances concretos hay constantemente).

1-La psicofarmacología hace pequeños avances, pero no avances espectaculares; en los últimos 10-15 años han aparecido fundamentalmente moléculas que han mejorado algo las existentes, han ofrecido más comodidad de administración y alguna línea nueva de sustancias no ha aportado las esperanzas previstas (que de todas maneras no eran revolucionarias).

2- El tiempo de dedicación del profesional al paciente está siendo disminuido en los sistemas públicos; se introduce la informática y se ahorra en personal auxiliar; ahora el medico ha de introducir delante del paciente en el ordenador los datos de la historia, pedirle las exploraciones, análisis, hacerles las recetas mirando la pantalla del ordenador y todo eso a costa de tener menos tiempo para “hablar” con el paciente. Sí, parece que la eficiencia puede ser mayor, pero esto ocurre cuando la valoramos sobre todo en términos económicos de ahorro de gasto, etc. (mucho habría que hablar para valorar  en este contexto  la eficacia en términos de salud para el paciente).

3- Las TICS (tecnologías de Información y comunicación) en el caso de psiquiatría está teniendo un impacto novedoso: comodidad para el paciente en los tratamientos crónicos, pero no aporta nada significativo al grado de curación del paciente.

4- Los modelos de gestión sanitaria se están trasladando al médico – que ya no es solo receptor de “una concienciación de la importancia de la gestión” (como se decía  hace algún tiempo) y al cual se le animaba a colaborar-, y  se le está transformando, con presiones económicas y de otro tipo, para que haga actos de gestión, muchas veces menoscabando los actos médicos como tales (claro está sin que el paciente se entere o lo detecte; todo lo contrario, salga, a ser posible, contento porque así las encuestas de satisfacción son muy positivas).

Un comentario sobre esta cuestión realizado por Médicos de Cabecera o Atención Primaria la podemos ver aquí

Quizá sea un poco pesimista. Lo mejor es ver la vida con optimismo. Vamos a ello:

Si el paciente tiene dinero tendrá menos estrés, en esta época de crisis económica en la que vivimos y tendrá más posibilidades de recuperación. Si el paciente tiene amor tendrá más apoyo familiar o de personas cercanas y tendrá más posibilidades de recuperación en esta época a veces tan deshumanizada. Si el paciente tiene salud…

Y ahora lo más reciente (2013) de nuestra sanidad es que parece que ya “gracias a Dios” han desaparecido los “discapacitados”. Ahora de un plumazo les han cambiado las tarjetas de prestación farmacéutica de pensionista y ha dejado de estar exentos de pagar los medicamentos aquellos discapacitados que tenían una discapacidad del 65 % o más (incluso 75% con ayuda de tercera persona, o más minusvalía).  ¡No! Ahora ya no son minusválidos, no son informáticamente pensionistas según nuestra sanidad. El sistema informático te dice que son informáticamente “activos” como los trabajadores normales activos con vida laboral [2].  Gracias a nuestra sanidad y al sistema informático se ha conseguido el milagro: dar una alegría a los discapacitados y minusválidos jubilados pues ahora ya son (informáticamente) como  los trabajadores activos

Es una verdadera canallada contra la dignidad del paciente, minusválido, discapacitado, pensionista: atacarle con la informática, ante la cual puede en muchos casos sentirse desprotegido y con dificultad de recursos para defenderse de la injuria, por su propia condición de discapacidad.

Pero claro, quizá como oía hoy en una tertulia, la estructura social y sanitaria está centrándose completamente en tener un  objetivo económico y no se centra en el hombre enfermo más que en un segundo plano que queda desdibujado. La economía primero, el ser humano después.

¿Ocurrirá algún día que también los jubilados “de repente” pasarán a ser “activos” para el sistema informático aunque tengan 88 años? Bueno, así desaparecerían todos los jubilados “informáticamente” ¡Un gran logro!

Con todo lo dicho anteriormente, evidentemente lo mejor que puedo recomendar hoy en día definitivamente al paciente es:

“Salud, dinero y amor, y que le dé gracias a Dios”.

(En 2015 se produjo una alternancia política en algunas comunidades autónomas de España y en el caso de la Comunidad Valenciana  muy significativamente se hizo el esfuerzo y se corrigió esta injusticia social que se había producido con jubilados y discapacitados)


[1] La música y letra de esta canción se debe al compositor argentino Rodolfo Sciammarella, quien la compuso y estrenó en 1941. Gracias a la radio, enseguida se convirtió en un éxito internacional.

[2] En España los pensionistas y jubilados por edad o por enfermedad o discapacidad estaban excentos del pago farmacéutico (hasta 2013)

(Actualmente desde 2015 cambios políticos han corregido ésta ignominia del copago en éstos colectivos vulnerables, siendo pionera en esta corrección la Comunidad Valenciana)

Acerca de juanrojomoreno

Profesor Titular de Psiquiatría Universidad de Valencia
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