EL HOMBRE TROCEADO. EL CEREBRO DESPIERTO


(Bioelectrónica y autoconciencia)

Juan Rojo Moreno

         Uno de los grandes problemas que tenemos en la actualidad es que sabemos mucho. Esto parece una tontería plantearlo como un problema, pues más vale saber mucho que poco. El problema no está en la cantidad, sino en la calidad del saber, sobre todo cuando nos ponemos frente al propio ser humano (ya sea el otro o nosotros mismos) y más aún si lo que tenemos delante es el ser humano enfermo.

Y lo cierto es que gracias a los avances de las distintas “partes” de las ciencias hemos conseguido unos niveles de calidad humana y salud  nunca antes alcanzados (sobre todo lo segundo). Ramón y Cajal[1] refiere como a principio de los años 30s la esperanza de vida de los hombres y mujeres estaba en España entre 45 y 50 años (mayor para las mujeres, como siempre, aún), y ahora, en nuestros días, estamos hablando de una esperanza de 80-84 años y  esperamos llegar en unas décadas a una media de esperanza de vida alrededor de los 86-89 años. ¡Qué vamos entonces a decir en contra de los grandes avances científicos! Pero, ciertamente, si bien el conocimiento ha avanzado mucho y ha conseguido prácticas positivas para la calidad de vida del ser humano, todo esto lo ha hecho a consta de una fragmentación de las ciencias y de los conocimientos y por lo tanto del concepto que tenemos del Ser Humano. Refiere Ramón P. Muñoz[2] cómo estamos entrando en una nueva (y necesaria) era de integración y “para lograr esta integración en el campo científico ya no bastan los equipos de especialistas que conocemos, necesitamos nuevos equipos intuitivo-técnicos en los que pueda darse un acoplamiento adecuado entre la intuición pura y sus aplicaciones tecnológicas y sociales”

¡Cuantas veces nos olvidamos de la intuición! Los trabajos científicos -miles y miles diarios- valorizan el método científico, más aún si se quieren publicar en una revista de “impacto”, y se supone que ha habido una “intuición”, una idea, que ha surgido antes, que es lo que hace original el trabajo en sí; pero la intuición como tal no tiene más valor que el supuesto.

Sonia Fernández Vidal -doctora en Óptica e Información Cuántica-  cuando se plantea “el camino de la verdad, en su obra de divulgación del mundo cuántico[3] dice “aquí solo vale la intuición”. Algo parecido ocurre cuando Francesc Torralba habla de la Inteligencia y el aprendizaje: “estimular la curiosidad, la inquietud por las cosas, la imaginación, la intuición y la percepción; todo esto favorece la motivación en el aprendizaje y hace que el desarrollo integral sea más regular”[4].

La evolución integral del conocimiento no puede dejar solo como algo marginal (aunque lo considere importante) a la intuición. Necesitamos una nueva manera de entender el organismo, el cerebro y la función humana.

Y evidentemente esto pasa por que necesitamos “un nuevo cerebro” -dice Ramón Muñoz-, un cerebro a la segunda potencia.

Esto no quiere decir un cerebro más potente o que sabe más. Necesitamos un cerebro que esté “más despierto” que sea capaz de utilizar mejor sus recursos –que los tiene- y que al igual que cuando estamos adormilados o aturdidos no somos capaces de manejar con soltura nuestras potencialidades, ahora despiertos podamos utilizarlas mucho más. El cerebro despierto no es más, es él mismo cerebro pero capaz de vislumbrar nuevos horizontes  porque como señaló  W. Allport (sociólogo de la Universidad Federal  de la Columbia Británica)  “el hombre de nuestra generación, el hombre de la segunda mitad del siglo XX, es esencialmente distinto.  Se ha producido en estos últimos años un cambio, una mutación psíquica, por decirlo de alguna forma, que hace que la mayoría de nosotros pensemos y actuemos de forma muy distinta de lo que lo han hecho las generaciones que nos han precedido en la historia”[5]. Por su parte Stephen Hawking vislumbra una evolución en la que necesariamente  “potenciemos” de alguna manera las capacidades de nuestro cerebro, bien modificando el ADN o mediantes implantes.[6]

¿Pero tenemos realmente, en las condiciones actuales, un nuevo cerebro? ¡Si! responde Ramón Muñoz; nuestro cerebro ya no tenemos que considerarlo solo como limitado a nuestra caja craneana sino que funcionalmente ahora está acoplado a toda la información que nos viene por los medios auditivos y visuales y que nos conecta constantemente con estímulos continuos e informaciones de todo el mundo. Esta “extensión de los sentidos” como fenómeno tecno-antropológico del mundo moderno estaba fuera de las expectativas del hombre antiguo.[7]

Podemos decir que ha emergido una nueva concepción sensorial del mundo.

El sistema nervioso del hombre moderno acoplado ahora a una red electrónica mundial abre la era de la “bioelectrónica”. Y no siempre comprendemos el significado y las consecuencias futuras de este acoplamiento reciente entre fisiología y  técnica.

Hoy en día cuando un joven está usando de forma habitual, diaria, el terminal telefónico conectado con internet, con redes sociales y con la información constante y actualizada al momento, no está usando simplemente la técnica como cuando apareció la televisión o las computadoras. No está haciendo cálculos más rápidos como el que maneja simplemente una calculadora; está pensando de forma diferente a como se podía pensar hace 50 años. Pero esa diferencia no es solo cuantitativa sino fundamentalmente cualitativa. Y esto es debido a que actualmente la retroalimentación de la información hace que el cerebro funcione de una manera diferente, más rápida, más cambiante, moldeándose continuamente a nuevas adaptaciones.

Quizá por esto digamos frecuentemente que cierto abanico generacional no tiene “valores”. Quizá el problema no está en  la carencia de valores, sino en la inexistencia  de un sistema axiológico estable.[8] Los valores cambian en poco tiempo en un mundo tan interconectado, y esta concepción del mundo tan sensorial y fluyente no permite un contraste sosegado de valores paradigmáticos (referenciales).

Por esto dice Ramón Muñoz [9] que antes, según el “viejo modelo” de cerebro –de pensamiento lineal-, la acción humana modificaba lentamente  el mundo y dentro del marco de una generación casi no se notaban los cambios; pero hoy con un modelo de sistema nervioso bioelectrónico planetario con rapidísimos circuitos circulares de retroalimentación la acción del pensamiento produce efectos de boomerang casi instantáneos que hace que el flujo de acciones y reacciones sea tan poderoso que conmueve al individuo y a la sociedad.

Los efectos de la comunicación en masa son mayores de lo esperado, en este modelo bioelectrónico de feedback, y el “futuro” no llega lentamente como ocurría antes (esperando varias generaciones para que se produjesen las modificaciones del sistema y de las formas de pensar) sino que ahora, “el futuro”, nos invade casi de inmediato. No tenemos más que ver los movimientos que se han originado en estos últimos 10 años en los sistemas sociales en distintos países a medida que han tenido acceso cada vez más a la globalización rápida de la información (tanto la que producen como la que reciben), y como los modelos de pensamiento ahora, casi a la “velocidad de la luz”, se asimilan desde una parte a otro del globo terrestre, dejando perplejos a políticos, sociólogos y a sistemas comunitarios que realmente no saben como “encauzar” lo que tan rápidamente se mueve.

No obstante un problema se cierne sobre todo esto que hemos hablado. Un problema que podemos verlo en nuestra sociedad (ahora planetaria, tan interconectada que a nivel real y efectivo es una planetociedad) derivado de este vertiginoso cambio axiológico y sensorial. Y el problema es que  la nueva concepción sensorial del mundo no aporta una concepción sobre el sentido de la persona, del hombre en el mundo. Como dice Octavio Paz el mensaje de la técnica es operativo, pero no significativo “no es una imagen del mundo sino una operación de la realidad”. La revolución cibernética ha lanzado al hombre a un “espacio vacío” técnicamente eficiente, operativo y aunque lleno de mensajes e información, paradójicamente es existencialmente  carente de significado.   La nueva concepción el mundo no ofrece, por sí, significado y sentido a la existencia humana; no aporta valores sino movimiento velocísimo de valores y de información, pero no establece paradigmas referenciales. Y esto puede dar lugar a que estando la persona tan llena de información y cambio, no tenga “tiempo” para preguntarse por sí misma y para realizar una autognosis (un conocimiento de sí).[10]

Este peligro lo ve Ramón Muñoz como la posibilidad de que la persona evolucione hacia una “gran capacidad operativa” de su inteligencia pero separada de una igual evolución en su autoconciencia. Esto daría lugar a un poder autónomo (que él denomina cerebro maldito) de mentes cada vez más ilustradas, pero frías  y solo interesadas en la utilidad y manipulación de las cosas y de los hombres.

Tenemos que pensar que junto a nuestra red bioelectrónica, junto a esta red de comunicación universal que tanta información e imágenes nos aporta, en a esta planetociedad, necesitamos una red metafísica implotada en el mismo sistema cibernético; así podrá crecer el hombre en el nuevo mundo sensorial con una nueva concepción del mundo ciertamente más abierta -en expansión- pero así mismo con referentes axiológicos integrados, que han de ser constituyentes nucleares de su conciencia evolutiva.

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[1] Santiago Ramón y Cajal. El mundo visto a los ochenta años. Impresiones de un arterioesclerótico. Colección Austral. Espasa Calpe, 1948 (5ª edición)..

[2] Cerebro electrónico y expansión de conciencia -De la revolución Cibernética a la Egoencia del Ser-. “Conferencia Ernesto Dowling”  en el XVII Congreso Nacional de Neurocirugía, impartida por  Ramón P Muñoz Soler 29 de Mayo 1975, Buenos Aires.

www.ramonpmunozsoler.com.ar/docs/44esp.doc

[3] La  puerta de los tres cerrojos. Sonia Fernández Vidal Edita La Galera (Narrativa Singular), 2011

[4] Inteligencia Espiritual. Francesc Torralba. Editorial Plataforma. 4ª edición, 2011

[5] Allport G. W., citado por Miravitlles, Luis en: Visado para el futuro,  Biblioteca Básica .Salvat, España, 1970.

[6] Ahora nos hallamos en el comienzo de una nueva era, en que podemos aumentar la complejidad de nuestro registro interno, el ADN sin tener que esperar el lento proceso de la evolución biológica. La ingeniería genética de plantas y animales será permitida, en el futuro, por razones económicas y tarde o temprano alguien lo intentará con humanos; alguien en algún lugar diseñará seres humanos mejorados. Claramente la creación de seres humanos mejorados producirá grandes problemas sociales y políticos respecto a los humanos no mejorados; “no es mi intención defender la ingeniería genética humana como un desarrollo deseable, sino solamente decir que es probable que ocurra tanto si queremos como si no”. Creo que la especie humana y su ADN aumentarán rápidamente de complejidad. Deberíamos admitir esta posibilidad y considerar cómo reaccionar frente a ella.  Los humanos necesitan aumentar su complejidad si queremos que los seres biológicos se mantengan por delante de los electrónicos. Podemos ser muy rápidos o muy inteligentes pero no ambas cosas a la vez. Los implantes neuronales pueden permitir una interface mucho más rápida entre el cerebro y los ordenadores reduciendo la separación entre inteligencia biológica y electrónica. En los próximos años la ingeniería genética humana puede sustituir la evolución biológica, rediseñar la especie humana y plantear cuestiones éticas completamente  nuevas. Stephen Hawkins. El universo en una cáscara de nuez. Ed. Planeta  2003.

[7] Colobrans, Serra, Faura, Bezos y Martin  en 2011 en su comunicación denominada Tecno-Antropología consideran que esta rama es fundamental para el siglo XXI. Aunque consideran que el término proviene de los años 90s, ya Ramón Muñoz,  habló del fenómeno tecno-antropológico en el año 1975.

http://www.ub.edu/masteroficial/antropologia/images/tecnoantropologia_congreso%20leon_v2.pdf . Según estos autores una de las principales características de esta ciencia en el siglo XXI es el diseño cultural.

[8] La axiología (del griego άξιος ‘valioso’ y λόγος ‘tratado’), o filosofía de los valores, es la rama de la filosofía que estudia la naturaleza de los valores y juicios valorativos. El término axiología fue empleado por primera vez por Paul Lapie en 1902 y posteriormente por Eduard von Hartmann en 1908.

[9] Obra citada

[10] El término autognosis fue propuesto por Ortega y Gasset para referirse al conocimiento de sí mismo

Acerca de juanrojomoreno

Profesor Titular de Psiquiatría Universidad de Valencia
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2 respuestas a EL HOMBRE TROCEADO. EL CEREBRO DESPIERTO

  1. Jordi dijo:

    Muy bueno el artículo. Es cierto que el hombre y la sociedad se pierden en un maremágnum de información, y no digamos ya los poderes públicos tradicionales -no los económicos- que hace años que han perdido el norte y que es extraño que a día de hoy todavía no hayan perdido el poder…Pero ¿cómo se consigue una red metafísica que esté entretejida en el mundo electrónico y evolucione a su mismo ritmo?

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    • Tienes toda la razón Jordi ¿cómo conseguir una red metafísica que esté entretejida en el mundo electrónico y evolucione a su mismo ritmo? Ahí está el problema. Creo que el problema principal no es exactamente en conseguirla sino en que cuaje la misma no solo de modo afectivo, sino de modo efectivo. Afectivamente te encuentras con muchas personas acá y allá que comparten esta vivencia, pero aún no hay una efectividad que haga operativa la red.

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