¿BUSCANDO A ABRAXAS?


 Juan Rojo Moreno

         Muchos de los lectores puede que no hayan oído hablar nunca de Abraxas, siendo que se trata de un dios importante. Con este nombre se ha dado pie a introducir una amalgama de cosas muy variadas que han servido  tanto para relacionar aspectos diversos míticos y místicos, o incluir a psicoanalistas como C.G Jung, o hablar de brujos y brujas o magos y hechiceros.

Colin Wilson en la introducción al libro que nos va a servir inicialmente como referencia de estas líneas[1] comenta  que “el hombre tardó en comprender que algo tan cercano como la psicología o la sociología son ciencias reales” y lo que este autor nos sugiere, sin decirlo, es que nos preguntemos cuándo va el hombre a comprender que los diferentes niveles de conciencia y las concepciones del mundo unidas a ellos son también realidades que pueden ser accesibles a la ciencia, con sus efectos globales sobre el ser humano y lógicamente sobre la relación yo-mundo.

Buscar a Abraxas, dicen los autores, equivale a buscar la Realidad. Desde los tiempos más remotos el hombre ha comprendido que solo percibe una “parte de la realidad” y por ello se han formulado numerosas técnicas para llegar a conocer las demás fases y formas de la existencia.

Abraxas es el dios que aparece grabado en numerosos amuletos y talismanes gnósticos. Tiene cuerpo humano, cabeza de gavilán y piernas de serpiente. Comparando el nombre “Abraxas” con valores numéricos se observa que alcanza un total de 365[2].

Abraxas aparece como el supremo poder del ser, en el que la luz y la oscuridad se unen y trascienden a la vez. La cabeza de gallo simboliza el estado de vigilia atento y se relaciona tanto con el corazón humano como con el corazón universal, el sol cuya salida es invocada por el canto matinal del gallo… las piernas con forma de serpiente indican la prudencia que necesita la soberanía dinámica del ser universal para gobernar sus energías todopoderosas[3]. Herman Hesse cuando se refiere a él dice “delicia y espanto, hombre y mujer mezclados, lo más santo y lo más nefasto unidos, honda culpa palpitante bajo la más tierna inocencia; así era mi sueño de amor y así era Abraxas”. Albrech Dieterich publicó en 1891 un trabajo sobre Abraxas  basado en un papiro del año 350 d.C en el que se define a Abraxas como el  dios supremo de los gnósticos.

  El gnosticismo ofrece un complejo sistema místico en el que el individuo recibe la inspiración de Esferas superiores por medio de la revelación, y posteriormente procura ganar los niveles espirituales ya sea con la meditación o ya en el viaje astral que realiza el alma después de la muerte. Abraxas es el regidor del primer cielo, difusor de las siete esferas y Señor de las trecientas sesenta y cinco zonas del dominio interior. [4]

Existe un primer cielo, un segundo, y también hay cielos inferiores. Los cielos (denominados Aeons o “eternidades”) están fuera del espacio y el tiempo y constituyen las diversas emanaciones de un Primer Principio más visible en tanto que energía vibrante. Los primeros aeons eran puros y perfectos en sí mismos pero a medida que fueron descendiendo y acercándose al nivel que llamamos realidad quedaron marcados con el contacto con el mundo. Se consideran básicamente deficientes todas las cosas materiales ya que no son más que efímeros reflejos de lo divino. El camino del autoconocimiento elimina la ignorancia y el sufrimiento y conduce a una renovación espiritual.

En esta línea, con algunas variaciones, estuvieron los ofitas[5] -que no consideraron a la iglesia como autoridad- pues se ocupan directamente de la relación entre el hombre y el primer Aeon.

Otro grupo que tuvo unas ideas semejantes fue el de los cátaros en el suroeste de Francia. Según los cátaros el mundo y la carne son básicamente malos y el destello divino del hombre tiene que liberarse del cuerpo en que se sume; consideran fenómenos ficticios el nacimiento de la Virgen, la muerte de Cristo y la resurrección física. “Catarismo” viene de la misma raíz griega que katharsis  que significa “limpieza, purificación”, pues esta era la misión que ellos consideraban que tenían en un mundo espiritualmente desmoronado. Como indica Robert Hughes[6] estas comunidades tienen su origen en Colonia, en 1143, pero Francia fue el bastión del culto, y en particular el Languedoc. Prácticamente se destruyeron todos sus escritos por lo que pocas cosas sabemos ciertas sobre ellos; parece ser que el origen de su fe tenía sus raíces en los Balcanes y en el Imperio Bizantino. Fundamentalmente, pensaban en términos de un universo dualista gobernado por dos principios creativos, uno bueno y el otro maligno. El bueno era totalmente espiritual, el maligno era material creado por un demiurgo al que los cátaros identificaban con Satanás y al que llamaban “Rey del Mundo”, Rex mundi. El mundo que habitamos y nuestros cuerpos son producto de este; la procreación sexual era un acto de crueldad ya que hacía descender a un alma desvalida y subdesarrollada a un mundo de imperfección absoluta.

El gran objetivo de la búsqueda espiritual de la humanidad era escapar de este mundo envilecido de sustancia y deseos materiales, gobernado por el Diablo y sus subordinados, y entrar en un mundo de puro espíritu articulado más allá del deseo. Para lograr esto pensaban que eran necesarias varias reencarnaciones, para completar el viaje de Perfección. Quienes lo hacían eran conocidos como perfecti y eran -extremadamente ascetas- una minoría venerada dentro del culto cátaro. Los demás, simplemente creyentes, llevaban vidas relativamente normales, dedicándose a la agricultura y al comercio, pero absteniéndose de ingerir carne, leche, queso y otros productos animales, sin hacer juramentos ni participar en actos de violencia. Con todo esto, lógicamente, rechazaban la creencia en el infierno, el purgatorio, los sacramentos, la eucaristía, la doctrina de la Trinidad…

Por todos estos motivos el Papa Inocencio III inició la denominada Cruzada Albigense[7] y en 20 años de cruzada en Francia mataron a prácticamente todos los cátaros. Solo en Beziers, ante la pregunta de cómo distinguir a los católicos que había allí de los cátaros la respuesta del comandante Abad cisterciense, Arnaldo Almalric, fue “matad a todos, el Señor reconocerá a los suyos”. Mataron 7000 personas el primer día y otros miles después; fueron cegados, mutilados, arrastrados a caballo, empalados y colgados como blancos para los arqueros. El comandante Abad cisterciense informó con servil satisfacción al Papa Inocencio III “Hoy, su Santidad, se ha pasado a cuchillo a veinte mil herejes sin tomar en consideración su categoría social, edad o sexo”. Después de esta matanza y la instauración de la Santa inquisición en Francia que los buscó por todas partes, prácticamente desapareció como tal esta corriente espiritual.

La cábala es una tradición oral expuesta por judíos y rabinos cuyo origen se perdió en la antigüedad: QBLH significa en hebreo literalmente “recibir de boca al oído”. La primera obra que hace referencia a esta tradición aparece aproximadamente en el siglo III d.C (El libro de la Creación) y ha tenido varias interpretaciones, por ejemplo, como comentario del Génesis y también como mandatos por los que el hombre mismo aprende a crear. Esta última  interpretación dio lugar a una serie de historias referentes a una figura misteriosa: el Golem. El Golem es una figura creada con la tierra, animada por un alma que si bien es muda puede llevar a cabo tareas esenciales. En el siglo XII se estableció una técnica para fabricar golems (por ejemplo en el manuscrito del Pseudo-Saadya del Britsh Museum) y también explica como luego poder destruirlos. De forma semejante Alexandra David Neel[8] muestra como en el adiestramiento místico en el Tíbet se alcanza a dar corporeidad, tras meditación prolongada, a un “yidam” (o dios tutelar) que acaba por cobrar vida y que tiene un poder temeroso pero cuya benevolencia consiguen sus fieles. El yidam acompaña al novicio a pasear y puede tardar en “disolverse”.

La tradición de la cábala tuvo muchos seguidores -Papas incluidos-  entre los que estaban diferentes pensadores y los Rosacruces. Progresivamente aparece también la Orden del Alba Dorada que en el siglo XIX que  aportó la mayor parte de las obras escritas sobre Magia, la Cábala y la Tradición Esotérica, creando ingente número de imágenes y símbolos capaces de explicar todo lo que se quiera explicar. Si nos paramos un poco en ver esta evolución detectamos que en la cábala pasamos de una tradición religiosa (rabinos etc.) a magos y otros “interpretadores” de símbolos y relaciones esotéricas diferentes.

Pero,  aunque todo esto nos puede parecer lioso, mezclado y hasta antiguo (aunque si conociéramos la cantidad de personas que siguen creyendo en estas cosas en el mundo civilizado actual seguro que nos sorprenderíamos) muchas veces lo “antiguo” vuelve a aparecer a mediados y finales del siglo XX aunque con otro envoltorio. Por ejemplo, Austin Spare, explorador del atavismo y vehículos para fantasmas (1888-1956) creía en la reencarnación y consideraba al subconsciente como fuente potencial de todas sus propias personificaciones físicas o personalidades anteriores. Spare utiliza diferentes métodos en su filosofía mística, pero prefiere uno que implica un éxtasis de autoinducción en el que el cuerpo se pone rígido, pasando por lo que denomina una “postura de muerte”; luego ocurre otra fase en la que aparecen espasmos -a menudo bastantes dolorosos- descritos como “saltos a modo de rana” y seguidamente la última fase -más raramente conseguida- es la fase de levitación. Pues bien, esto mismo, recuerdo, que adquirió una gran popularidad allá por los años 1970s-80s con un grupo que se denominó Meditación Trascendental (MT), -creados por Maharishi Mahesh Yogiy- que mediante esta técnica de meditación decían no solo conseguir dar esos saltos “gigantes” sino incluso levitar. Aún tengo en casa los libros que publicaron con gran profusión de datos científicos, estudios neurofisiológicos y electroencefalográficos, para demostrar “el cambio del estado de conciencia” que suponía la MT. Los grupos de MT querían sincronizar su pensamiento para así modificar al mundo. El Dr. José María Cámara Teruel en su Tesis Doctoral (1987) sobre niveles de conciencia utilizó tres grupos de estudio, y uno de ellos fue de Meditación Trascendental.[9] A veces lo antiguo, vuelve a ser nuevo.

Se sigue buscando, hasta  la actualidad, ese “estado de conciencia” que consiga modificar a las personas o al mundo. Así, mediante meditación concertada, el Club de  Budapest fundado en 1993 por el filósofo de la ciencia Ervin Laszlo, intervino en unas jornadas de meditación-oración por la paz global (2007) en las que un millón de personas sincronizadas en todo el mundo dirigieron a la vez su poder de meditación y oración por la Paz Global.[10] Evidentemente, a fecha de 2012 y por las noticias internacionales, podemos valorar más la buena intención del acto que su efecto global o histórico.

Hemos titulado este artículo ¿Buscando a Abraxas?, y ¿qué sacamos en conclusión de todo lo que hemos señalado.

Abraxas es un dios y un demonio y desde su nombre aparecen relaciones con los astros (las siete letras corresponden a los siete planetas que se conocían en la antigüedad), con los números, con los deseos, mitos, y desde su interpretación llegamos al cosmos, a la vibración, al átomo, a las brujas, al inconsciente, a los valores etc. ¿Y qué tenemos de todo esto en el mundo actual?

Cada uno de nosotros tiende a erigirse, (en base a los conocimientos que nos da la televisión, las noticias, la informática… -y a veces, aunque no todo lo frecuente que debiera ser, también la educación-) en conocedor de todo, juzgamos todo, opinamos de todo y en el fondo cada vez somos, en esencia, menos solidarios, con valores menos uniformes. A veces los seres humanos son espléndidos, generosos y bondadosos con las causas que consideramos buenas, y otras veces crueles con las que consideramos malas, xenófobos, agresivos, insolidarios… Nuestra sociedad no tiene valores universales digeridos, asimilados de forma natural, solo establecidos por la ley y por las constituciones avanzadas, que nos obligan a pensar (o creernos) que somos civilizados, hasta que leemos los periódicos y oímos las noticias. La magia, el tarot, los programas televisivos que nos dicen el futuro, la gente que va a los hechiceros ¿Dónde está el avance humano en valores humanos asimilados socialmente? Abraxas no es solo un dios y un demonio, es lo que permite que nosotros seamos con nuestras opiniones y con nuestras actitudes muchas veces como dioses bondadosos (si lo que ocurre está en concordancia con nosotros) y otras veces como demonios egoístas (cuando “los otros” son los malos) y eso es nuestra sociedad, avanzada en leyes y arcaica en evolución humana. Dicen los autores del libro “En busca de Abraxas” que un punto de inflexión especial fue el momento en que mucha gente, a partir de la época Hippie, tuvo acceso a sustancias alucinógenas que les hizo ver otra realidad y desde entonces ha calado en la sociedad ante lo religioso, ante lo místico, ante lo espiritual, la pregunta ¿qué está ocurriendo? Ya no vale solo decir “ten fe”. Quizá ese haya sido un momento crucial pero ahora también estamos en otro momento crucial dado por la mundialización de las comunicaciones y el acceso a la información generalizada y casi instantánea que nos relativiza todo lo que queramos relativizar.

Solo hace 200 años (no es mucho) el Papa León XII excomulgaba a una costurera que diseñara vestidos de talle bajo o a la clienta que se lo pusiera[11] y solo hace ciento y pico años (1864) en el documento papal “listado recopilatorio de los principales errores de nuestro tiempo” (Syllabus Errorum) se condenaba tanto la libertad de pensamiento como el no someter la inteligencia al magisterio de la iglesia; se condenaba la imprenta y se afirmaba rotundamente que ningún pontífice romano “puede ni debe reconciliarse con el progreso, el liberalismo y la civilización moderna, ni adaptarse a ellos”.

Como decíamos, en los últimos 60 años todo ha cambiado mucho.

¿Quién o qué puede ser ahora el paradigma o referencia del bien o el mal?

¿Cada uno de nosotros que somos “dioses” o “demonios” con los demás según nuestros “principios”?

¿Buscamos a Abraxas o ya está aquí?


[1] En busca de Abraxas. N. Drury & S. Skinner. Ediciones FELMAR, Madrid, 1975. Es un libro que debe estar agotado pues lo encontré este año en la Feria del Libro Antiguo de Valencia.

[2] Es el número de los días del año. En griego es alfa 1, beta 2, ro 100, alfa 1, xi 60, alfa 1, sima 200. Total 365. La numeración en hebreo es alef 1, bez 2, res 200, alef 1, qoz 100, alef 1, samek 60. Total 365.

[3] El dios vivo y la neurosis epistemológica de nuestro tiempo. Mario Berta. Colección Psicoterapia abierta, Montevideo, 2007

[4] La palabra Abraxas (o Abrasax o Abracax, del griego ἄβραξας) era un término que se grababa en ciertas piedras antiguas, llamadas Piedras Abraxas, y que las sectas gnósticas solían usar como talismán. Se creía que Abraxas era el nombre de un dios que representaba el Bien y el Mal, un dios y deidad adorada y un demonio y daimon temido en una única existencia. Este término fue usado por los Basilideanos, una secta gnóstica del siglo II, para nombrar al ser supremo o dios que ellos adoraban. Abraxas fue también considerado un dios egipcio y un demonio. Es probable que la mística palabra abracadabra fuera derivada de tal nombre, aunque existen algunas otras explicaciones al respecto. En otras culturas se lo conoce como Abraxis, Rasaxe, Baechen, Avichehem, Avichaem y Anusix. Solo obedece a aquellas personas a que considera buenas; si quien le ordena es una persona mala solo lograra enfurecerle.

[5] Ofitas es un nombre genérico para varias sectas gnósticas en Siria y Egipto que se desarrollaron alrededor del año 100 d.C. El nombre, o palabra, se deriva del griego ophis que significa “serpiente”. El pensamiento común que tenían estas sectas es la gran importancia que daban a la serpiente de los relatos bíblicos de Adán y Eva, puesto que este animal es la conexión entre el árbol del conocimiento (del bien y del mal) con la gnosis o conocimiento. Contrariamente a la interpretación cristiana de la serpiente como Satanás, los ofitas miran a la serpiente como la heroína y asignan a la figura que la Biblia identifica con Dios con la del malvado Demiurgo. Ya que la Biblia no identifica con precisión a la serpiente como Satanás, los ofitas se sintieron perfectamente justificados en su posición, asegurando que lo que la serpiente buscaba en realidad era entregar a Adán y Eva el conocimiento, y la prohibición de este conocimiento, era por tanto, asimilable con la figura que tanto el cristianismo como el judaísmo identifican con Dios. Los ofitas fueron perseguidos con particular violencia. Debido a que la ortodoxia de la iglesia finalmente destruyó todos los manuscritos y textos de los ofitas (siglo IV), la mayor información acerca de las sectas ofitas sólo puede ser obtenida de aquello que sus enemigos decían de ellos: Hipólito, Ireneo de Lyon, Orígenes y Epifanio de Salamis.

[6] Robert Hughes. Roma. Una historia cultural. Ediciones CRITICA, Barcelona 2011

[7] Incorrecta denominación pues no empezó en Albi ni atacó esa ciudad.

[8] Alexandra David-Neel. Místicos y Magos del Tíbet. Colección Austral. Espasa Calpe, 1968

[9] CAMARA TERUEL, J. M.: Aportaciones al Nivel Sofrónico de la Consciencia: Su objetivación y delimitación. Tesis Doctoral. Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia, 1987.

[10] Ervin Laszlo. El cambio cuántico. Editorial Kairós. 2009

[11] Anécdotas de excomuniones más antiguas las hay como la del Papa Urbano VIII (1623-1644) que publicó una bula papal por la que fumar tabaco pasaba a ser castigable con la excomunión ya que cuando los fumadores estornudaban, su convulsión se parecía al orgasmo, y esto le parecía a Urbano un pecado mortal de la carne (cit. obra de Robert Hughes).

Acerca de juanrojomoreno

Profesor Titular de Psiquiatría Universidad de Valencia
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