SOCIEDAD, EXISTENCIA Y ESQUIZOFRENIA


Juan Rojo Moreno      

            Hay síntomas que veíamos antaño en la esquizofrenia y que ahora apenas detectamos, como son las estereotipias y manerismos; otro síntoma como es la excentricidad se valora poco y en cambio la exaltación sí que la observamos con cierta frecuencia. Todos estos síntomas hace 100 años eran muy frecuentes en esta enfermedad y quizá por el tratamiento neuroléptico y la desinstitucionalización de estos enfermos algunos de ellos casi han desaparecido o disminuido mucho.

Ludwig Binswanger[1] se planteó, tras realizar un estudio analítico-existencial de la Exaltación, Excentricidad y Manerismo, si estos son síntomas propios de enfermedades psiquiátricas o son características que se dan en la población general y también en estas enfermedades, pues si bien las enfermedades son el almácigo de los síntomas ello no quiere decir que éstos solo aparezcan en ellas.

Vamos a hablar de Existencia, ya que “existere”, además de su sentido filosófico (ser-en-el-mundo) significa en latín surgir, aparecer, y por lo tanto nos vamos a referir también a cómo, porqué o que fundamentos tienen estos “comportamientos” que surgen o aparecen en el ser humano: la exaltación, excentricidad y los manerismos.

La exaltación

La exaltación la detectamos casi diariamente en la vida cotidiana; no exageramos mucho si decimos que nuestra sociedad es una sociedad “exaltada” aunque habrá quien piense que con motivos. Pero motivos, si se quieren buscar, siempre ha habido en la historia. Los movimientos radicales sociales y políticos que van apareciendo, cada vez más, son expresiones que recogen parte de la exaltación de fondo vivenciada en el cotidiano estar.

La palabra exaltación se asocia a estar “fuera de camino, extraviado en las alturas”, es decir “sin los pies en la tierra”, y señala Binswanger como la persona exaltada se encuentra atascada en una determinada experiencia, privada de la comunicación. Esto, considera este autor, es propio de la exaltación maniaca[2] y esquizofrénica, pero también de los fenómenos exaltados de las masas. Esta volatilidad de la exaltación impide “hacer-pie” en la escala de la problemática humana y también impide actuar de forma madura, pues exaltación significa absolutización de una única decisión.

La excentricidad

Kraepelin y Bleuler mencionan la “falta de unidad y coherencia interna” en la vida anímica de los excéntricos. Es interesante como este último autor ya señalaba que en los excéntricos la afectividad no es lo único o principal que está afectado.

La palabra excentricidad hace referencia a “salir de su propio centro”  (Binswanger refiere este concepto como “tornillo torcido”). En español diríamos que un excéntrico es alguien a quien “le falta un tornillo”.

En su análisis Existencial, Binswanger detecta que ni la afectividad, ni el temple ni el temperamento -bases esenciales de la personalidad en relación con la psicopatología- son decisivos en las personas excéntricas, y por ello considera que no se puede entender la esencia de la excentricidad desde el concepto de personalidad sino desde la forma peculiar de existir o de ser-en-el mundo.

Desde la descripción analítico-existencial de Binswanger la excentricidad es una forma de Ser en la cual la existencia está arrojada sin su intervención (del ser).

Es cierto que –como observa Grühle- los jóvenes adolescentes y los esquizofrénicos son ambos parecidamente excéntricos, pero mientras que nos es posible tener una comprensión empática de la interioridad del joven (criterio que Jaspers lo valoriza mucho), no ocurre así con el esquizofrénico que nos es incomprensible empáticamente.

Cuando hablábamos de la exaltación, su sentido antropológico se podía interpretar sin más a partir de una dirección significativa fundamental de la existencia humana -el subir- (la persona exaltada es como si estuviera subida en las alturas, “está por las nubes” diríamos en castellano); con la excentricidad no va a ocurrir lo mismo. En la excentricidad se designa tanto la forma de ser total de un hombre determinado, así como un determinado comportamiento de este hombre.

Ahora bien ¿de qué clase son este ser y ese comportamiento?

El lenguaje vulgar relaciona al excéntrico con un ser-trastornado, pero ese “trastornado” no nos está diciendo nada de su persona más intima sino de lo que aparece en el trato con los demás[3].

Por lo tanto, Binswanger llega a una primera conclusión cuando señala que solo podemos alcanzar una comprensión analítico-existencial de la excentricidad, no como algo intratable e inaccesible, sino desde la perspectiva de que los excéntricos son co-existentes (están con nosotros). Y en esa co-existencia, al excéntrico le falta la visión de la circunstancia, sin posibilidad de empatizar y con una falta de coherencia en la vida anímica y comportamental.

El excéntrico quiere dar una señal de fortaleza, cuando realmente está mostrando un signo de debilidad. Lo vemos día a día en nuestros excéntricos sociales que tienen a bien alegrarnos o fastidiarnos la vista con sus apariciones públicas, orgullosos de su forma de manifestarse “diferente”. A veces son duros asertivos en su forma de hablar y pronunciarse sobre diferentes temas de actualidad, otras veces susceptibles frente a los demás. En todos los casos la existencia se dispone a existir en-bien-de su particularidad (que es lo que les interesa y les da sentido y singularidad). Lógicamente, en este “existir en-bien-de-su particularidad” hay un fracaso de la genuina alteridad social, y realmente “el uno-con-otros” es anulado (solo puede ser co-participado cuando se exaltan por una idea, un grupo, y se movilizan como masa excéntrica por unos supuestos ideales que no todo el mundo comparte -no son universales-). La mayoría de los excéntricos sociales hablan en nombre del derecho (que tienen) de los “principios” o de que actúan como consecuencia de algo. Porque, como indica Binswanger, la excentricidad representa una forma especial de frustrase de la existencia en general, es una amenaza para su realizarse. Y esto es debido a que el excéntrico realmente no responde desde la situación ni desde el uno-con-otros, sino que responde desde lo que dice y hace únicamente sobre la base de un concepto, idea o principio “prepotente”. En consecuencia a la esencia de la excentricidad le es ajena la esencia de la discusión y más aún del autentico diálogo.

Con todo esto Binswanger llega a la segunda y fundamental conclusión de que la esencia del ser-excéntrico debe ser buscada y encontrada más allá de la distinción entre psicosis, psicopatía y normalidad. El análisis existencial nos dice que no es posible distinguir unas características específicas de la excentricidad esquizofrénica diferente, por ejemplo, de la excentricidad del psicópata. Insiste Binswanger “unas acciones o exteriorizaciones excéntricas aisladas, en cuanto tales, en principio no permiten decisión “diagnóstica” alguna.

En resumen, para Binswanger, lo que muestra la interpretación analítico-existencial sobre la excentricidad (que llama “hombre con tornillos flojos o torcidos”) se puede extraer en las siguientes ideas:

a- El excéntrico no hace caso de la “naturaleza de la cosa”, solo quiere lo que a él como ente singular “se le ha puesto en la cabeza”, sin consideración ni para con la cosa misma, ni para con los otros que tratan con el mismo “material”; esta falta de consideración hacia los otros suele originar muy a menudo irritación.

b- Ante la reacción de los demás por su excentricidad puede o bien tener una postura de enfado y “agresividad” o bien de susceptibilidad e hipersensibilidad por lo que “todo lo toma a mal”.

c- Cuando hablamos de excentricidad hablamos de un mundo o de un “espíritu” atravesado, con el cual hemos de chocar y por esto es por lo que la excentricidad se experimenta en el trato.

d- Cuando tratamos con los esquizofrénicos chocamos con la falta de rapport anímico, con la falta de resonancia, en definitiva chocamos con un “vacío”. Sin embargo por lo que se refiere a los excéntricos, en esencia, de ningún modo chocamos con el vacío sino con lo atravesado. La excentricidad no es vacío, ni marcha en el vacío de la existencia humana, pero tampoco es plenitud y movimiento de realización, sino una forma intermedia de ambas.

La interpretación analítico-existencial de Binswanger nos abre de nuevo los ojos al estudio profundo y crítico del síntoma, que por desgracia hoy en día tanto se ha perdido en nuestra clínica habitual, acostumbrados a utilizar los sistemas diagnósticos DSM o CIE, tan “prácticos” que favorecen una salida airosa diagnóstica “sin tener mucho que pensar”.

¿El análisis existencial va a cambiar, a corto plazo, el método de diagnóstico en nuestra clínica diaria? Creo que no, pero puede ser un incentivo que nos ayude a plantearnos que la psiquiatría cuando diagnostica enfermedades, este diagnóstico solo es un paso más incluido en la valoración, hasta lo más profundo,  de lo que ocurre en el paciente, que nos va a permitir conocer cómo puede tener significado un comportamiento determinado en él, pues el enfermo nunca deja de ser un “ser humano particular”.

Por otra parte decíamos en el primer apartado que nuestra sociedad es una sociedad “exaltada” y tras lo visto con Binswanger de su concepto de excentricidad como “tornillo retorcido” ¿no será también una sociedad profundamente excéntrica, atravesada? Vivimos tiempos de perplejidad ante la velocidad de los acontecimientos sociales y del comportamiento del hombre y de las estructuras sociales. Es como si  ahora el tornillo que debe bajar uniforme en la madera y seguir un camino, se hubiera torcido y nadie sabe cómo agarra y donde va a acabar; se han atravesado valores, roles, estructuras familiares, generaciones que tras independizarse vuelven a ser dependientes de los padres, nuevas incertidumbres en la juventud respecto al futuro; en definitiva si viésemos desde arriba nuestro mundo no hay quien comprenda cómo funciona: realmente, es de lo más retorcido y excéntrico que pueda nadie imaginarse.

Manerismo

Este término como tecnicismo psiquiátrico alude a formas de expresarse que carecen de naturalidad y aparecen como complejas y artificiosas, de forma que queda en un segundo plano aquello que el paciente realmente quisiera expresar y nuestra atención se ve atraída por el artificio que hay en su expresividad. Los manerismos han sido uno de los síntomas que más han contribuido en la historia de las enfermedades psiquiátricas a dar la impresión de “locura” por los comportamientos extravagantes expresados[4]. Manerismos y movimientos estereotipados aparecen muy frecuentemente en las películas como características prototípicas del “loco” que está ingresado en un hospital y que se mueve repetidamente y sin sentido de un lado a otro.

Ya el hombre normal tiene la inclinación a exagerar o por lo menos a hacer que se destaquen lo que considera más positivo en él, pero señala Bleuler: “el vanidoso se dará a conocer en su vestimenta y en toda su conducta; el orgullosos de su forma física en el caminar y en todos sus movimientos, pero no solo nos llaman la atención quienes son algo sino que lo hacen aún más quienes quieren ser algo que no son; y esto último parece ocurrir de forma parecida en los esquizofrénicos, solo que en estos casos falta el control y los complejos desarrollan una tiranía mucho mayor que en el hombre normal; cuando esto ocurre la exageración es aún más fuerte. De ahí la afectación catatónica, la conducta grosera de los hebefrénicos, la ridícula majestad de los megalómano”.

Para Binswanger el problema está claro:

– Kraepelin ve la “causa” de las maneras en una perturbación mórbida de los “impulsos de la voluntad” y Bleuler en una perturbación mórbida de la afectividad y del curso del pensamiento; Reboul-Lachaux agrega el automatismo y una perturbación mórbida del juicio.

Para Binswanger lo que ocurre es que se está buscando una perturbación fundamental psicopatológica (construcción de una teoría psicopatológica) y el hombre es dividido en diferentes funciones: querer, sentir y pensar. Y en lugar del hombre esquizofrénico aparece aquí la construcción psicopatológica de la esquizofrenia, de tal manera que se deja completamente de lado el hecho de que el “autentico objeto de estudio” es para la psiquiatría “el hombre” en el sentido de la existencia humana y sus mutaciones. Binswanger insiste en que si la psicopatología no tiene en cuenta al hombre en el sentido del humano ser-en-el-mundo, entonces sus construcciones flotan en el aire pues no ve ni sabe qué es que lo que verdaderamente se debe explicar .

¿No será por esto último que tantos y tantos psicofármacos que funcionan de maravilla -sobre los síntomas- en los estudios previos a la comercialización, luego no aportan ni la mitad de lo esperado cuando los usamos en la clínica real con “seres humanos enfermos individualizados”.

¿Y cómo explica Binswanger el manerismo desde el punto de vista de la interpretación analítico-existencial?

Realmente para explicar esto acude a conceptos de Heidegger y de C. G Jung.

Heidegger habla de existencia inauténtica cuando la persona (Dasein) se encuentra existiendo en su ser-en-el-mundo siguiendo fundamentalmente el patrón del “Se” (actúa como Se actúa, vive como Se vive, piensa como Se piensa, sigue la moda que Se sigue, etc.). Por lo tanto la inautenticidad es perderse en el Se y entonces el sujeto deja de ser sí-mismo (existencia autentica). En la existencia autentica hay firmeza del sí-mismo en el sentido de haber-logrado-posición y estabilidad, firmeza de posición. En el manerismo es imposible hablar de todo esto pues aquí la existencia (que es inauténtica) “no está situada” sobre su más auténtico fundamento sino sobre el Se que va a ser un suelo carente de firmeza que le atasca en una im-postura de un sí-mismo auto-engañado.

Con todo esto el paciente con manerismo lo que está ejerciendo es un existir como máscara[5]. No detrás de la máscara sino que en el manerismo esquizofrénico la existencia queda absorbida totalmente por la máscara. Ha desaparecido completamente la oposición entre Existencia y máscara.

En definitiva Binswanger interpreta desde el punto analítico-existencial el manerismo en la esquizofrenia como una existencia inauténtica que arrojada al Se, ha quedado adsorbida por la máscara que ha de presentar al mundo, según lo que en su apragmatismo (vacío)  vivencia que el mundo le impone en su expresión.

 —————

            Quizá ha llegado el momento de que volvamos a saber realmente qué es lo que acontece en estos pacientes,-como seres humanos-en-el-mundo-, y entonces quizá sepamos mejor qué es lo que diagnosticamos y qué es lo que tratamos, cuando decimos que un paciente padece una esquizofrenia.


[1] Tres formas de la existencia frustrada. Amorrotu editores, 1972 (edición alemana, 1956)

[2] Se refiere aquí a la Manía, por ejemplo en la enfermedad Maniaco-Depresiva o Trastorno Bipolar

[3] Este “trato” es lo que Heidegger llama “estar al alcance de la mano” (el mundo mismo, la mundaneidad)

[4] No todos los manerismos se transforman en estereotipias (repeticiones de conductas siempre de la misma manera y forma, sin ningún objetivo) aunque, ciertamente, como ya Kraepelin señaló, los manerismos sí que tienen gran tendencia a “estereotiparse”. Bleuler describió la “Psicosis de Muecas” caracterizada, en esquizofrénicos, por la aparición de gestos y muecas incoherentes y caricaturizados.

[5] El concepto de máscara (prosopon) de Jung, es la postura consciente que tenemos ante los demás, ante el mundo. Cada uno de nosotros tenemos una “máscara” social, laboral etc. Jung obtiene este concepto recordando que en el teatro griego cuando un actor cambia de papel se pone una “mascara” diferente.

Acerca de juanrojomoreno

Profesor Titular de Psiquiatría Universidad de Valencia
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2 respuestas a SOCIEDAD, EXISTENCIA Y ESQUIZOFRENIA

  1. Diego dijo:

    Gracias por compartir su conocimiento profesor. Es muy interesante la forma en que se plantea el ser humano por una diferencia entre lo común y el desiquilibrio de lo distinto. Sin embargo con el tiempo aquel ser tan divergente a la sociedad se llega a tomar como un ícono para la misma. Y es ahí donde yo veo la esquizofrenia global que existe en nuestra época. Ahora todo aquel que no vive en base al sensacionalismo es un individuo apartado de la sociedad. La tiranía del gusto es la que domina a nuestra cultura. Muy buen aporte, gracias por la información.

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    • Gracias Diego por tu comentario. Totalmente de acuerdo. Y realmente ¡cuán difícil es definir la salud! Sobre todo la psíquica. Qué fácil es estigmatizar al paciente por ser “enfermo psíquico” y qué poco se comprende a sí mismo el propio ser humano que se cree “sano”.

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