INTELIGENCIA GERMINAL (Inteligencia Espiritual)


Juan Rojo Moreno

         Empecemos analizando tres puntos:

Por una parte, ciertamente, todos nosotros nos damos cuenta que tenemos una percepción intelectual de nosotros mismos; el ser humano ha avanzado hasta este punto. Cada cual se siente inteligente en mayor o menor medida; por eso dice el aforismo “la inteligencia está muy bien repartida pues todo el mundo está contenta con la que tiene”.

Por otra parte, hay también personas que habiendo crecido y desarrollado como nosotros, sin embargo han evolucionado con su capacidad reflexiva a un nivel de autoconsciencia que les ha permitido crear y aportar grandes beneficios para la humanidad; Así podemos hablar no solo de Lao-Tsé, Confucio, Buda, Jesucristo…, sino también de grandes filósofos que nos han hecho aprender e incorporar nuevos paradigmas evolutivos, como han podido ser Sartre, Kierkegaard, K. Jaspers, Heidegger, Gandhi…,  sin olvidarnos de los filósofos griegos y de muchos otros grandes pensadores de épocas pasadas y de nuestros tiempos.

Por último, han existido y siguen existiendo verdaderos “monstruos”, seres humanos como nosotros pero capaces de realizar crímenes que la mayoría entienden como “inhumanos”, como Hitler, Stalin, y sin necesidad de irnos más lejos en la historia vemos, en la actualidad, día si, día no, como se producen verdadera matanzas en poblados africanos, o como escolares con una pistola matan indiscriminadamente  a compañeros de clase, o hace poco una cruel matanza realizada a jóvenes reunidos en una isla, o incluso últimamente una persona que ha estudiado medicina asesina indiscriminadamente en una sesión de cine a los que puede (evidentemente el ser médico solo le sirvió para aprender conocimientos, pero nada acerca de los valores humanos de la medicina)  y así un largo etc.[1]

Evidentemente, en estos casos al igual que en los casos de las personas “normales” los sujetos van a tener también una “filosofía de vida” y una capacidad de autorreflexión, sobre su actos (que los verán justificados).

 ¿Qué está pasando? ¿Dónde está el hombre? ¿Qué es el hombre?

         En todos estos tres puntos hallamos al menos dos cosas en común muy significativas.

 Una: tienen estas personas conciencia reflexiva y lo que se llama normalmente o vulgarmente “Inteligencia” es decir Capacidades que se suponen normales (no estamos hablando de enfermos psíquicos diagnosticados o cosas semejantes)[2].

Dos: la segunda cosa en común es que su inteligencia germinal se está manifestando, pero evidentemente ésta no ha dado frutos de forma similar (a continuación aclaramos que es la Inteligencia Germinal).

Cuando hablamos de Inteligencia Germinal, puede a muchos lectores extrañarles o bien originarles curiosidad acerca de qué será eso. Es cierto que de lo que voy a hablar se ha denominado con otros términos como “Inteligencia existencial” (pero no ha cuajado mucho el nombre pues parece demasiado filosófico) o “Inteligencia trascendente” (pero parece demasiado religioso) y por último se ha utilizado mucho el termino Inteligencia Espiritual (éste parece ser el término más aceptado). El término inteligencia espiritual fue acuñado por Zohar y Marshall en 1997. Múltiples autores han utilizado este nombre, pues parece que no se ha encontrado otro que tenga tanto “gancho”, aunque se insiste una y otra vez en que el término “espiritual”, que proviene de Spiritus y significa lo mismo que el término griego “pneuma o hálito”, ha sido utilizado abusivamente como algo opuesto a cuerpo, y tenemos que admitir que si vamos a oír una conferencia sobre algo “espiritual” pensaremos a priori que se trata de algo religioso o de sectas o cosas semejantes[3]. Por esto se ha intentado desligar de ese carácter obligadamente religioso y se ha hablado incluso de una “espiritualidad laica”.

Aborda muy bien y ampliamente la cuestión de la inteligencia espiritual el libro de Francesc Torralba[4] que parte de tres supuestos: 1- que el ser humano goza de un sentido espiritual y de necesidades de orden espirituales. 2- el olvido de las dimensiones espirituales conduce a un grave empobrecimiento. 3- todo ser humano independientemente de su credo religioso o adhesión confesional dispone de una inteligencia espiritual, más allá de la adscripción confesional; las necesidades de orden espirituales pueden realizarse tanto dentro de las tradiciones religiosas como fuera de ellas.

Pero planteémonos y analicemos de qué estamos hablando.

Veamos primero: ¿Estamos hablando realmente de una “Inteligencia”?.

¿Y de qué tipo de inteligencia?

Entendamos que existen unas capacidades que clásicamente se han denominado talento: talento lingüístico, musical, lógico-matemático, kinésico… y además del talento (o capacidades) el ser humano en su evolución ha llegado a lo que ningún otro animal de nuestro planeta había conseguido alcanzar: la Autoconciencia (o conciencia reflexiva). Por la autoconciencia podemos distanciarnos de nosotros mismos y reflexionar sobre el mundo, sobre nosotros, sobre los valores que hemos elegido… y esta perspectiva nos abre un nuevo camino a la Inteligencia. La palabra inteligencia deriva de inteligere término compuesto por prefijo –inter– (entre) que significa tanto elección (entre), como leer hacia el adentro (íntimus) (interior, íntimo, intus, interioridad)[5] . Además la otra parte de “inteligere” es legere que significa escoger o leer.

Por lo tanto la palabra inteligencia supone: “entre  e íntimo” y también “escoger y leer”

Consecuentemente la inteligencia es bifronte: supone tanto una capacidad de elección como una capacidad de leer las cosas que están en el interior. Y podemos entender que ese interior es lo que está más allá de lo superficial, por lo tanto más allá de las cosas,  de lo aparente, “en el adentro del mundo y de las cosas” y por lo tanto aprender a leer el lenguaje cifrando de la existencia; pero al mismo tiempo supone una capacidad de aprender a leer en nuestro interior en nuestro adentros y así aprender a discernir, a elegir, a escoger mejor.

Porque cuando decimos leer lo intimo no solo se refiere a “el adentro” de nosotros, sino también al “adentro” del mundo (lo que está más allá de lo aparente del mundo, en su interior no visible o perceptible fácilmente).

La inteligencia no va a ser algo estático. Desde la autoconciencia que nos plantea las reflexión del sentido del mundo y de nosotros mismos, la capacidad inteligente va a descubrir en la dinámica de los “adentros del más allá” [6] de las cosas y de nuestro interior una nueva manera de entender al mundo y a nosotros mismos, por lo tanto una neogénesis. Es una neogénesis (creación nueva) pues nos permite nuevas posibilidades de  enfrentarnos  a la realidad (y resolver las cuestiones que en ella se nos presentan, ya sean emocionales, científicas, o de la vida misma) que al final  nos es imprescindible actualizar pues no podemos evadirnos de nuestro mundo práctico que compartimos con los demás. Por esto sí podemos hablar de inteligencia, cuando partimos de la autoconciencia.

Veamos, en segundo lugar:

     Esta inteligencia ¿es espiritual?

         En este sentido Viktor Frankl habla de una capacidad singular del ser humano que le lleva a superar barreras, a superarse a sí mismo, a buscar lo que se esconde más allá de los límites de su conocimiento. Zohar y Marshall (1997) descubren que cuando las personas efectúan alguna práctica espiritual o hablan sobre el sentido global de sus vidas, las ondas electromagnéticas en sus cerebros presentan oscilaciones de hasta 40 megahercios a través de las neuronas; estas oscilaciones recorren todo el cerebro (siendo mayor la oscilación en el lóbulo temporal). Frances Vaughan (2002) dice que la inteligencia espiritual es más que una habilidad de la mente; permite intuir elementos que unen y que subyacen en todos, lo que permanece más allá de las individualidades. Y por último, para no seguir nombrando muchos más autores, David B. King (2007) cuando se refiere a este aspecto  indica que “habilita una expansión del estado de conciencia; nos hace aptos para entrar y salir de estados de conciencia”.

Por todo esto señala G. Sing (2008): la inteligencia espiritual es un dato antropológico, no una cuestión de fe. [7]

Creo que lo que debemos entender es que no existe antropológicamente  la inteligencia espiritual como tal, sino más bien el germen de esa inteligencia capaz de leer en los adentros el lenguaje cifrando del mundo exterior y del interior. Por esto hablamos de Inteligencia Germinal. La autoconciencia es el principal catalizador de la inteligencia germinal, que no es una capacidad sino solo una posibilidad de desarrollo evolutivo humano.

Si volvemos a los tres supuestos del principio, evidentemente esta inteligencia germinal se manifestó de diversas maneras en Gandhi, Einstein, Cristo, etc. Y se manifiesta en todas aquellas personas que más allá de los conocimientos y capacidades, a través de su autorreflexión, consiguen abrir nuevas posibilidades que no son deducibles solo con el esfuerzo, ni con el pensamiento, ni siquiera solo con la autorreflexión (aunque sea necesario el esfuerzo, el pensamiento y la autoconciencia).

Al igual que el concepto de energía no es fácil de definir, pero sí sus manifestaciones (energía magnética, eléctrica, calórica, etc.), la Inteligencia Germinal no tiene definición: vemos sus manifestaciones creativas en el esfuerzo para superar un record mundial (que no solo depende de la formación y entrenamiento o preparación física), y esto es así porque en ese caso se está manifestado de forma unitiva en el anatosoma (toda la vivencia corporal) o en cualquier acto creativo artístico o en múltiples inventores que han aportado nuevos paradigmas técnicos o sociales.

Todas estas personas son “inteligentes” como en el primer supuesto que comentábamos al principio de este escrito; tienen capacidades, pero algo más también: la fuerza que les ha abierto desde la autoconciencia a una nueva manera de entender la realidad. Porque trascender es “indagar más allá” de lo que conocemos y sirve para el explorador, el artista, el científico…no solo, pues, para la religión. La inteligencia germinal nos faculta, nos da la posibilidad de elaborar una cosmovisión.

La inteligencia germinal es la que abre la manifestación de la vocación (que en sentido etimológico  es la “llamada” -que no debe ser entendida en sentido solo religioso-). La denominada vocación nos hace vivenciar una misión, y unida a la misión está el entusiasmo (por escribir, ayudar a la sociedad, por descubrir,…). La palabra entusiasmo  proviene del griego y significa “tener un dios dentro” (en su sentido antiguo) y quiere decir, fuerza, acción, trasformación. El entusiasmo forjado desde la inteligencia germinal se desarrolla en la realidad de la persona y transforma la realidad de la persona.

¿Pero que ocurre con los casos “monstruosos”. También tienen autoconciencia, conciencia reflexiva, y pueden sentir vivamente el arte, la música… Pero en ellos la inteligencia germinal no se ha desarrollado o lo ha hecho infectada: en vez de  manifestarse  y leer el mundo como una ordenación axiológica nostral (en la que el otro tiene los mismos valores humanos que tu mismo), su manifestación contaminada hace una ordenación axiológica por capacidades, conceptos y a lo mucho por emociones (pueden llegar a sentir cierto “amor” o pasión por alguien). Pero el “otro” como ser humano con valores iguales  a los suyos no existe.

No tenemos la respuesta acerca de qué o quien produce la “infección” o “contaminación” ¿Quizá el momento cultural, la falta de valores sociales, o la educación? o quizá simplemente es que no ha sido capaz de desarrollarse esa inteligencia y germinar más allá de las capacidades, de la autorreflexión, de la autoconciencia, y lo que existe es una verdadera atrofia o latencia de la inteligencia germinal que está sin lenguaje en el mundo.

Cuando la Inteligencia Germinal da frutos entonces aparecen manifestaciones que son expresión de su lenguaje, como puede ser la práctica de la soledad, el gusto por el silencio, la contemplación, el ejercicio autoaplicativo del filosofar, saber no hacer nada (como actividad), la meditación, la solidaridad, conseguir más allá de la autorreflexión la autodeterminación en el compromiso nostral; como dice Viktor Frankl “mi libertad del modo de ser la conozco en la autorreflexión; mi libertad para la modificación la conozco en la autodeterminación” [8]. También la inteligencia germinal da lenguaje a la vivencia de la vida como proyecto que obliga a la comunicación: “vivir humanamente –escribe Pedro Laín Entralgo- es proyectar y preguntar; quien proyecta pregunta, y quien pregunta, proyecta. La pregunta es la expresión racional del proyecto; el proyecto es el fundamento vital o existencial de la pregunta”.

Por el contrario cuando se produce una atrofia de esta inteligencia[9] aparecen expresiones mundanas muy características[10] como el fundamentalismo, la violencia como expresión habitual, la provisionalidad frente a la vida, el pensamiento gregario (masificado que diría Ortega y Gasset), el sectarismo, el fanatismo, la banalidad, el aburrimiento existencial, la intolerancia, el narcisismo y la parálisis vital. Esta última tendencia, dice el filosofo Gilles Lipoversky, es muy visible en nuestro tiempo presente pues en él “ninguna ideología política es capaz de entusiasmar, la sociedad postmoderna no tiene ídolo ni tabú, ni siquiera imagen gloriosa de sí misma, ningún proyecto histórico movilizado… la gente quiere vivir enseguida, aquí y ahora, conservarse joven, ya no aspira a forjar el hombre nuevo”

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Ahora, es ya nuestro momento evolutivo. En la época griega la evolución del pensamiento hizo saltar la chispa desde la inteligencia germinal; ahora con los nuevos avances estamos en condiciones de realizar un nuevo salto evolutivo. El Hombre cuando ya no podía conquistar más mundo, por más velocidad que tuviera al correr, entonces utilizó el mar y los barcos para ampliar sus horizontes y crear un nuevo mundo; cuando esto fue insuficiente, inventó el avión que le permitió conectarse rápidamente a nivel planetario y con él plantearse el acceso al espacio exterior mediante naves o cohetes. Ahora la velocidad no es solo para ganar tiempo (eso ya lo hacemos con el mundo nuevo de las comunicaciones mediante la Red e Internet) ahora la  nueva velocidad que necesitamos ha de ir dirigida hacia un nuevo cambio que haga evolucionar más al hombre; que el paradigma axiológico, el de los valores, deje de ser un paradigma y sea realmente una parte asimilada gen-éticamente en la normalidad de nuestra cultura, sociedad y mundanidad. Entonces puede que la inteligencia germinal halle nuevos caminos productivos para manifestar su carácter creativo y bienhechor de la humanidad con una nueva concepción del mundo parangón de otra forma de Ser del Hombre.


[1] Estoy casi seguro que desde que escribo esto a mediados de Agosto de 2012 alguna otra matanza incomprensible habrá saltado a los medios de comunicación o pronto ocurrirá.

[2] Aunque hay una tendencia generalizada, ante lo incomprensible de estos actos, de considerar como “loco” o “demente” a estas personas y a la más mínima posibilidad se les encasquilla en un “diagnóstico psiquiátrico operativo”

[3] He preguntado a un grupo de jóvenes de 16-19 años que era lo primero que les venía a la cabeza si les nombraba la palabra “espíritu” y la gran mayoría han indicado: cosas de almas, del más allá, muertos, fantasmas, sectas; y cuando les he preguntado que pensaban si los invitaba a una “reunión espiritual” me han dicho que pensarían que se trataba de sectas o algo así. Si buscamos en Internet “mundo espiritual” aparecen los siguientes resultados en primera línea: horóscopos, ángeles, numerología, kabala, tótems, vida póstuma, cielo, infierno, “entrar en el mundo espiritual es cosa de valientes, no de cobardes” etc.

[4] Francesc Torralba. Inteligencia Espiritual. Editorial Plataforma, 4ª edición, 2011

[5] Breve diccionario etimológico de la lengua española. Joan Corominas. Editorial Gredos, 1961

[6] Cuando me refiero al “más allá” no lo estoy haciendo en sentido religioso sino que el ser humano en el proceso evolutivo es capaz de detectar, captar, intuir o vivenciar “más allá” de las cosas aparentes (mundo exterior) y  más allá de su propia autorreflexión (mundo interior)

[7] D Zohar, I Marshall, Inteligencia espiritual, Plaza de Janés, Madrid , 2001 (Esta y las referencias de Frances Vaughan y G. Sing  las he obtenido del libro ya mencionado de Francesc Torralba)

[8] V. Frankl. El hombre doliente. Ed. Herder, 2003

[9] Fracesc Torralba en su capitulo “La atrofia de la inteligencia espiritual” explica bien como una atrofia no es un fracaso, porque en el fracaso se ha intentado al menos un proyecto que no se ha conseguido; cuando uno se atrofia -dice- es porque no se ha desarrollado un dispositivo que estaba en él. Aquí hemos preferido hablar de una infectación, una contaminación, esto es porque bien sabemos que un músculo bien desarrollado puede atrofiarse por dejar de usarse o por alguna enfermedad; en este sentido incluso una persona que hubiera abierto y dado lenguaje a su inteligencia germinal no por eso está libre de desviarse, infectarse o contaminarse; más de una vez la soberbia, la adulación, el Poder, ha transformado a un Gran Hombre en un verdadero ser mísero.

[10]  Que describe muy bien Francesc Torralba en su obra ya señalada.

Acerca de juanrojomoreno

Profesor Titular de Psiquiatría Universidad de Valencia
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